Hola! Lamento la tardanza, la verdad que no recuerdo cuando publiqué el anterior, los días se me pasaron volando, la Copa América me tenía absorbida y ese final fue muy triste para nosotros los argentinos-otra desilusión más en un año, demasiado duro, buaaaahhh- Pero como mi equipo ganó Central, ganó su partido correspondiente en la Copa Argentina el ánimo no tardó mucho en levantarse, jajajaj. A decir verdad, sufrí más por ver sufrir a mi hijo, llorar como el año pasado en realidad, pero yo creo en los merecimientos y en la justicia y ganó el que jugó mejor así que de mi parte felicitaciones a mi amiga chilena Patri y a la esposa de mi primo y sus hijas.
Y ahora para no hacer esto más largo porque debo ir al supermercado hoy publicaré porque es el cumpleaños de una de mis amigas queridas y quiero dedicarle este capítulo. Agustina, una genial escritora a la que conocí en este fandom y con la que compartimos el amor por estos hermosos hermanos y el brotherly love
¡Feliz cumpleaños Agus! Qué seas muy feliz y alcances todos tus sueños!
Y por último mi agradecimiento a todas las que dejaron review (perdón que no sea más extensa en el saludo, es que de verdad tengo que salir!)
En el próximo les contesto! Gracias a todas por leer y que lo disfruten!
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…-¡Maldita sea!-ambas ofuscadas exclamaciones resonaron al mismo tiempo en el interior del Impala pero de improviso la voz del rubio pasó de ese enojado tono a la aprensiva y ansiosa preocupación del hermano mayor que en ese momento sintió un apenas detectable cambio en el chico inconsciente en su regazo por lo que volteó la mirada hacia él de inmediato.
-¿Sammy? ¿Me oyes?-lo llamó mientras ponía una mano bajo su barbilla para controlar su pulso. Encontrar que latía demasiado rápido lo preocupó y alivió en iguales proporciones, quizás estuviera recuperándose de lo que mierda sea que Castiel le había hecho o sólo estaba empeorando fue lo que pensó mientras sentía la garganta apretada y los músculos de su espalda anudados en respuesta a tanta tensión-¡Sammy!-repitió el mayor casi desesperado cuando de repente la respiración de Sam se aceleró y su cuerpo se arqueó aumentando el esfuerzo del cazador por sostener el peso de su torso entre sus brazos-¡Sam!
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-¿Qué demonios pasa, Dean?-preguntó el cazador exasperado por el tono angustiado con el que el rubio llamaba a su hermano y ofuscado por no poder girar para mirar con sus propios ojos lo que estaba pasando-¡Cálmate Dean, dime qué pasa!-reclamó Bobby una vez más cuando la voz casi ronca del joven llegó nuevamente a sus oídos.
En ese momento el viejo cazador intentó duramente no recordar la escena que viera por el espejo retrovisor del Impala cuando desde el asiento trasero los sollozos desgarradores de Dean, aferrándose con desesperación al cuerpo inerte de su hermano, le destrozaron el corazón casi con la misma fuerza que la abrumadora pérdida del chico.
Y, mientras el Impala rugía por el camino apenas ocultando el llanto quebrado del mayor de sus muchachos a medida que iban dejando atrás ese maldito pueblo embrujado donde perdieron a Sam, se dio cuenta de que había estado aferrándose sentimentalmente a ellos más de lo que pensaba desde el día en que llegaron a su puerta en búsqueda de consejo cuando la posibilidad de quedarse huérfanos los volvió más vulnerables de lo que nunca los había visto. En ese instante, al volver a verlos después de tanto tiempo, recordó todos los momentos que habían pasado juntos cuando para el pequeño Sammy era su tío Bobby, el que siempre tenía un libro interesante para leer o muchos cuentos emocionantes para contar, y para Dean el cómplice de juegos en lugar de entrenamientos además de un apoyo incondicional cuando las responsabilidades de criar al más chico de la familia era demasiado pesadas para tan jóvenes hombros.
Desde ese día-hacía ya cinco años-había retomado otra vez un puesto largamente vacante en la vida de los hermanos y al que ya no estaba dispuesto a renunciar. Para él eran sus hijos, y los amaba como tal, por lo que internamente puso todo su esfuerzo para calmarse y ser el apoyo que sus muchachos necesitaban.
-Dean, necesito que te tranquilices, hijo-dijo con la voz más calma que pudo. Si dejaba que el mayor se derrumbara no estaba seguro de que él solo pudiese recuperar a Sam-Tu hermano te necesita y tú lo conoces mejor que nadie así que dime qué es lo que le pasa-le ordenó y su voz suave, en lugar del acostumbrado tono gruñón, hizo que el rubio cazador lo mirara arqueando las cejas y tragara compulsivamente tratando de hundir a un rincón lejano el miedo que carcomía sus entrañas.
-¡No sé Bobby, está respirando demasiado rápido parece una locomotora descompuesta!-fue la respuesta temblorosa del mayor de los Winchester quien intentaba calmar su creciente preocupación-no quería decirle pánico-con una de sus habituales bromas.
Para colmo las sirenas policiales retumbaron en las paredes de los callejones sonando casi como el aullido aterrador de los perros del infierno lo que aumentó casi al unísono el nivel de los latidos de los corazones de ambos hermanos, cosa que no pasó desapercibida para Dean quien, de inmediato, posó una de sus manos en el pecho del joven y comenzó a trazar suaves círculos calmantes al tiempo que, apartando de su mente el gran problema en el que estaban y confiando plenamente en que Bobby los sacaría a salvo de ese maldito lugar, se concentró solamente en su principal preocupación.
-Cálmate Sammy, no pasa nada, saldremos de esta, te lo prometo-Dean intentó calmar a su hermano aunque ni siquiera estaba seguro de que esa agitación repentina estuviera relacionada con la persecución policial en la que estaban inmersos-Tranquilo chico, respira más lento-alentó el rubio apoyando su frente un instante en la cabeza de Sam susurrando después unas reconfortantes palabras que sólo quería que él oyera-Por favor hermanito…no puedo seguir sin ti…no quiero seguir sin ti.
Y como si Sam hubiera estado esperando la confirmación de esos sentimientos que sabía que Dean tenía hacia él y que, acostumbrado como estaba a ocultar lo que sentía detrás de su coraza protectora pocas veces le hacía escuchar, se quedó nuevamente absolutamente inmóvil, su respiración bajando al mismo tiempo que la frecuencia de los latidos de su corazón lo que inmediatamente volvió a la realidad al joven cazador que sólo en ese momento, después de suspirar aliviado, se dio cuenta de que no sólo Sam se había quedado quieto sino que también el familiar ronroneo del Impala no se hacía escuchar como antes cuando rugía potente bajo la hábil mano del conductor.
-¿Qué pasó Bobby?-preguntó Dean mientras miraba a su alrededor dándose cuenta que estaban parados detrás de un gran camión repleto de cajones de bebidas alcohólicas que tapaba casi la mitad del callejón ocultándolos de la vista desde la transitada calle que, al fin, podían distinguir a pocos metros de distancia.
-Los perdí Dean, eso pasó-afirmó el viejo ladeándose hacia atrás para poder disfrutar del rostro sorprendido que le dedicó el muchacho a su respuesta, consciente de que el mayor había estado tan concentrado en su hermano que ni siquiera se había dado cuenta de que hacía un par de minutos había aprovechado el enorme muro que representó el camión para que las patrullas pasaran a toda velocidad por la calle atestada que les esperaba a pocos metros de distancia y no los descubrieran-¿Cómo está Sam?-preguntó ansiosamente, al fin pudiendo poner en palabras el nudo de preocupación que le atoraba la garganta mientras su principal misión era esquivar a los policías que parecían no cejar en su empeño por encontrarlos.
-Ahora está tranquilo-respondió el mayor con suavidad sin sacar la mano que tenía sobre el ancho pecho de su hermano a pesar de las cejas arqueadas del barbudo cazador en expresión de sorpresa por esa rara muestra de contacto cariñoso no habitual en el mayor-al menos no delante de otros, incluso del chico que generalmente tenía que estar muy herido o enfermo por lo que no daba cuenta de la ternura con la que lo trataba el mayor-Pero sigue sin despertar Bobby-agregó y su tono ahogado le confirmó al viejo lo que ya sabía.
El sabio cazador tenía la certeza de que tanto la duda, el miedo, la preocupación, así como la desilusión y la furia por la traición de su amigo celestial, estaban carcomiendo al mayor de los Winchester opacando así el brillo de esos ojos verdes que lo miraron en busca de ese apoyo y esas respuestas que muchas veces necesitara oír de la boca de John pero que no las obtuviera a pesar de las pocas ocasiones en que las pidiera.
Y ahora ese padre que necesitaba ya no estaba y, prácticamente, nunca había estado. Todo lo que había sido hasta sus primeros cuatro años de vida se había perdido junto con las llamas que se llevaron el cuerpo de su esposa dejando detrás de las cenizas una familia rota, dos niños que perdieron su inocencia y un soldado que ya no dio marcha atrás.
Pero había quedado él y aunque no fueran sangre de su sangre día a día, año tras año, fueron dejando de ser los hijos de John para transformarse en "sus" chicos. Bobby sintió su corazón sobrecogerse por la inmensidad de esa certeza y por el lugar que desde hacía un largo tiempo había comenzado a ocupar.
La vulnerabilidad, la fragilidad no habitual que le transmitiera el rubio con más claridad desde su mirada que desde su voz ahogada casi rompe el formidable corazón del cazador quien sintió todo el peso de esa tácita responsabilidad paterna sobre sus hombros viendo como Dean lo miraba como si él tuviera todas las respuestas.
-No te preocupes hijo. Sam despertará, es el chico más testarudo y fuerte que he conocido en mi vida. Además de ti-agregó el viejo en respuesta a la sonrisa orgullosa que le regaló el mayor.
-¿Qué crees que… le hizo Castiel?-preguntó Dean algo titubeante luego de unos segundos de silencio en el que ambos cazadores parecían estar sumergidos en los mismos pensamientos y que ninguno de los dos se animaba a poner en palabras mientras observaban el cuerpo inmóvil del más joven de la familia.
Bobby dudó unos instantes en contestar temiendo la explosión de emociones que su respuesta ocasionaría. Sabía que Dean no quería escuchar esas palabras aunque internamente supiera la respuesta porque oírlas directamente sería casi como hacerlas realidad. Se daba cuenta por la temblorosa pregunta del muchacho que él no podía, ni quería, imaginar que la estratagema de Castiel para mantenerlos alejados usando a su hermano pequeño como distracción hubiera sido otra cosa más que eso y que, quizás, tenía la vaga esperanza de que Castiel sólo había dejado inconsciente a Sam sabiendo que tanto él como Bobby pondrían al chico en el lugar más alto dentro de sus listas de prioridades.
Ninguno de los dos, por pequeño o grande que fuera el problema, habría pensado siquiera en descuidar a Sam aunque el mundo estuviera en riesgo de un nuevo Apocalipsis.
Dean seguía mirándolo expectante apenas esperanzado en que, por una vez en sus vidas, las cosas no siguieran poniéndose de mal en peor y que el camino equivocado del que había llamado su amigo no había llegado a convertirse en la traición de un ángel cuya soberbia había conseguido opacar esa luz celestial que convirtiera a ese frío y metódico guerrero de Dios en un partidario de la defensa de la libre elección de la humanidad.
Pero ellos eran Winchester y las cosas nunca fueron fáciles para ellos y mucho menos cuando esa mierda de destino elucubrado desde el principio de los tiempos comenzó a socavar una grieta que casi consigue separar esa unión aparentemente inquebrantable que había sorprendido a Bobby desde el día que siendo niños llegaron hasta su puerta por lo que el viejo cazador-molesto por ese pensamiento-carraspeó nerviosamente de repente interesado en el camión que tenían adelante y en los hombres que estaban descargando los cajones repletos de botellas.
-¡Bobby!-exclamó Dean molesto por el prolongado silencio pero, más que nada, porque íntimamente sentía que estaban teniendo los mismo pensamientos-¿Qué crees que Castiel le hizo a Sammy?-preguntó de nuevo con voz dura intentando ocultar detrás de la exigencia la vulnerabilidad de sus propias emociones.
El viejo cazador que había estado al lado de ellos en las buenas y en las malas trató de controlar el vaivén de sus pensamientos iracundos con el ángel que había colaborado con el rey del infierno para torturar y asesinar a su amiga pensando que con su enojo no le haría ningún bien al mayor de sus muchachos quien lo miraba con una furia ciega destellando en el fondo de sus ojos verdes.
Sabía que Dean hubiera sido capaz de perdonarle a Castiel su unión con Crowley en la búsqueda obsesiva de acabar con los problemas de rebelión y poder en el cielo, que trató de entenderlo, de ayudarle y que le costó mucho aceptar que el ángel que lo había rescatado del infierno podía estar teniendo tratos con un demonio, defendiéndolo cuando él y Sam sospecharon que algo había detrás de sus desapariciones y prolongados silencios.
Incluso, hasta le podría haber disculpado que no le dijera nada de que había traído de regreso a su hermano desde la jaula donde quedara encerrado condenándose a las torturas del infierno para salvar la humanidad de ese maldito Apocalipsis que tanto ángeles como demonios tenían planeado. Pero, lo que Bobby sabía con seguridad, que lo único que Dean nunca le perdonaría al ángel era lo que estaba a punto de confirmarle.
Castiel había cometido el peor error que hubiera cometido en su milenaria existencia porque hacerle daño al hermano menor del muchacho era meterse con lo más sagrado y amado que él poseía. Y seguramente lo iba a pagar caro.
-Lo siento, Dean-comenzó el barbado cazador girando nuevamente para enfrentar su mirada-Creo que los dos sabemos lo que hizo-agregó con voz ronca y algo temeroso de que el joven se enojara con él porque sabía que si lo hacía estaba en todo su derecho.
Los dos habían compartido el mismo dolor desde que Sam le preguntara sobre su alma al ángel atrapado en el círculo de fuego. La sospecha de que Castiel había deliberadamente rescatado del averno sólo el cuerpo del chico para usarlo en los planes maquiavélicos de Crowley en pos de capturar a todos los Alfas para que éstos le confesaran la entrada al purgatorio se había hundido como una puñalada en ambos cazadores.
Esa incertidumbre, fue para los dos, mucho más dolorosa que la culpa que sentía Bobby por haberse callado cuando supo que Sam estaba de regreso y la culpa que sufría Dean por ese año que pasó en esa vida de aparente felicidad familiar sin saber que su hermanito estaba vivo y por los meses que pasara sin darse cuenta de que ese cazador espeluznante en que se había convertido Sam era como consecuencia de la ausencia de su alma.
Por eso habían estado evitando hablar del tema, demasiado preocupados en evitar la posible ruptura en la pared protectora que Muerte había levantado en la mente de Sam, como para enojarse por cosas que ya no tenían remedio.
-No puede haber roto la pared, eso no-murmuró Dean aún negándose a creerlo moviendo lentamente la cabeza en aturdida negación pero sin quitar la mirada del pálido rostro de su hermano.
Durante meses estuvo rayando la sobreprotección obsesiva-aún más de la habitual en él-tratando de evitar todo posible contacto con cualquier palabra, persona o recuerdos que pudieran afectar ese muro de protección que el último Jinete del Apocalipsis-atado al diablo por obligación y en desacuerdo con él durante el breve intento de reinado del arcángel caído-había edificado en la mente de Sam para protegerlo de las memorias de ese infierno desde donde lo había rescatado por lo que, la sola idea de que quien consideraba parte de su familia haya dañado deliberadamente lo único que estaba manteniendo el alma de su hermano pequeño lejos de los tormentos de la jaula, hizo hervir la sangre en sus venas.
Por más de cien años Sam, su Sammy, fue el juguete de dos hermanos traumatizados que no tenían nada más que hacer que desquitar sus frustraciones en él, su prisionero por elección, él nunca creyó que lo vería de nuevo y después de haber muerto-otra vez-con el único objetivo de recuperar al Sammy que él amaba no podía tolerar la idea de que estaba a punto de perderlo por la desleal acción de quien consideraba digno de toda su confianza, un amigo, casi un hermano.
-Dean, hijo-la voz de Bobby sonó ahogada y rota. La imagen destrozada del mayor, esa combinación intensa de dolor, miedo y rencor reflejados en el brillo esmeralda de sus ojos mientras sostenía en sus brazos a Sam como si fuera la única cosa que lo mantenía anclado a este mundo le estaba partiendo el alma en dos-Castiel ya no sabe lo que hace, cayó envuelto en su propia red maníaca de conspiraciones-agregó el viejo cazador pero no pudo decir nada más porque el pecoso lo interrumpió con una vehemencia cercana al gruñido furioso de un león acorralado.
-¡Pero Cass sabía que el alma de Sam no resistiría los recuerdos! ¡Él me lo advirtió!-exclamó el mayor intentando por todos los medios contener esa furia ciega que estaba quemándolo por dentro como la lava de un volcán burbujeando poderosa mientras buscaba la salida hacia la cima donde explotaría con imponente y destructora fuerza.
Las palabras de advertencia de Castiel, cuando viniera a revisar a Sam luego de la instauración de su alma por parte del Jinete, resonaron en su cabeza como un doloroso recordatorio de que el único en quien había confiado para que toque el alma de su hermano era el mismo que había abierto las puertas deliberadamente para intentar hacerla pedazos.
…Voy a decirte como se sentía su alma cuando la toqué, como si hubiera sido desollada viva, Dean. Si querías matar a tu hermano le hubieras dado un tiro…
-Ya no hay nada que podamos hacer al respecto Dean, tienes que calmarte-las palabras de Bobby ya casi rayanas a la súplica tuvieron el efecto inverso en el preocupado hermano mayor.
-¡¿Cómo diablos quieres que me calme Bobby?-una vez más su ira burbujeando hacia arriba-¡Maldito sea Castiel por hacerme esto…- comenzó Dean pero de inmediato apretó la mandíbula con fuerza tragando el resto de sus pensamientos sumidos en el dolor de la traición.
Había creído en Castiel, había confiado en él más de lo que imaginara cuando el ángel luchó a su lado aconsejándolo, cuidándolo como a un amigo y demostrándole que hubiera dado su vida por él. Castiel lo enderezó cuando casi abandona la lucha para detener el Apocalipsis y lo había acompañado en esas batallas entre ángeles y demonios por el dominio de la humanidad y él-en consecuencia-lo había unido a su pequeño clan familiar y lo consideraba casi un hermano. Y todo fue así hasta el aciago día en que se enteró de que el guerrero de Dios había sacado el cuerpo de Sam del infierno y no le había dicho nada y, mucho peor aún, cuando se dio cuenta que liberó su cuerpo pero no su alma.
Ese último pensamiento, le recordó al joven cazador que desde el momento en que perdiera a su hermanito-después de ese salto mortal condenando su alma a pasar el resto de sus días en agonía sin fin solo para asegurarse de que el resto de la humanidad pudiera seguir con su vida-el ángel rebelde había caído en el obsesivo influjo del poder condenándolos a ellos y a la humanidad a una posible destrucción si conseguían abrir el purgatorio y liberar las almas de tantas criaturas malignas atrapadas allí.
Para colmo de males-acorde a la típica suerte Winchester-Sam eligió ese momento para arquear su espalda en un inesperado e intenso movimiento que sorprendió y asustó a los dos cazadores que sintieron su corazón sobrecogerse con horror al escuchar el gemido lastimero que escapó de los labios del joven herido.
-¡Sammy!-exclamó Dean desesperado aferrándolo fuertemente para que no cayera en el espacio que los separaba del asiento delantero como consecuencia de la intensidad con la que se sacudía.
El rostro pálido de Sam de repente se había tornado rojo remolacha y apretaba los dientes con tanta fuerza que Dean podía sentirlos rechinar dentro de su mandíbula mientras los tendones de su cuello se estiraban con tanta fuerza que el mayor apenas tuvo tiempo de pensar que quizás llegara a desgarrárselos.
Bajo la mano con la que sostenía el pecho de su hermano los latidos intensos de su corazón sólo fueron una confirmación más del poder de ese ataque inesperado y, mientras lo sujetaba con desesperación, veía detrás de sus párpados el frenético movimiento de sus ojos que parecían indicar que una inundación de imágenes en full-HD tenía lugar en el cerebro del muchacho. Imaginar lo que estaría viendo sólo hizo que un nudo se formara en su estómago y que el pánico comience a dominarlo.
Pero, de pronto, tan rápidamente como había aparecido, la convulsión cesó y Sam volvió a quedar completamente inmóvil. Fue tan sorpresivo, y duró tan pocos segundos, que Bobby ni siquiera tuvo tiempo de reaccionar convirtiéndose solamente en el mudo testigo de la dolorosa impotencia del mayor de sus muchachos quien, cuando su hermano quedó quieto, pálido y tan fláccido como si estuviera muerto, apenas consiguió sofocar el sollozo que quiso escapar por su garganta y llevar su temblorosa mano bajo el cuello del castaño.
-¿Sam…my?-tartamudeó Dean mientras apretaba sus dedos con cuidado bajo la barbilla de su hermano-¿Sam?…Sammy, vamos, no me hagas esto-murmuró entre sus dientes apretados sintiendo sus instintos protectores en estridente estado de pánico hasta que al fin pudo detectar el latir del pulso aletear débilmente bajo la punta de sus dedos lo que hizo que un suspiro soplara suavemente el cabello desordenado del chico sobre sus ojos. Tiernamente, apartó esa hebra castaña de la frente de su hermano para luego rozar su mejilla. Sentir su piel bastante caliente, su corazón latiendo a un ritmo desigual y rápido y su respiración tan suave que casi pasaba desapercibida sólo agregó más muescas a su terror en aumento
-Vamos Sammy, despierta, dime que todavía estás allí-le pidió con la voz llena de intensos sentimientos sin importarle siquiera la húmeda mirada de Bobby fija en ellos quien, a su vez, trataba de controlar sus propias emociones-Por favor-agregó el rubio, claramente al borde del ruego hacia quien estuviera dispuesto a escuchar sus plegarias porque Sam siguió tan quieto, con respiraciones cada vez más espaciadas, que le estaba resultando prácticamente imposible no derrumbarse en tantas piezas que ya no creía que pudieran volver a juntarse-Respira Sammy, sólo sigue respirando-le pidió frotándole el pecho como si pudiese forzar al aire a entrar a sus pulmones por pura fuerza de voluntad sintiendo después como una sonrisa esperanzada surcaba sus labios en el momento que, en aparente respuesta a su solicitud, el joven en su regazo tomó una profunda respiración-Muy bien, Sammy, eso es, sigue respirando-instó Dean mientras seguía frotando el pecho de su hermano con suavidad-¡Éste es mi muchacho!-elogió el rubio cuando finalmente el pecho del chico comenzó a subir y bajar con regularidad.
La repentina imagen de un Sammy muchísimo más pequeño, acurrucado en sus brazos cuando esa neumonía maldita le dificultaba el paso del aire y el llanto asustado del chiquillo no colaboraba con su respiración, volvió a su memoria con intensidad haciendo que cada onza de sobreprotección que había sentido por él en ese momento volviera con la fuerza arrolladora de un tsunami haciendo retroceder el paralizante miedo a perderlo y devolviendo al hermano mayor que podía hacer hasta lo imposible para proteger y cuidar al niño al lugar que siempre había tenido.
Sabía que si él se derrumbaba Sam no iba a tener nada a lo que aferrarse, algo por lo que luchar y eso no iba a permitirlo, tenía que ser fuerte para y por él.
-Lucha Sammy ¿Me escuchas? ¡Sé que puedes hacerlo, tienes que luchar contra esto, sé que tú puedes lograrlo, lo sé!-la confianza en que ese chico testarudo y rebelde que él criara estuviera escuchándolo en alguna parte de su cerebro se instaló con fuerza en su corazón pero, así como sus instintos de hermano mayor le hicieron retomar el control de sus emociones para conseguir así restaurar casi milagrosamente la intermitente respiración del castaño, esos mismos instintos le gritaron desde el fondo de su alma que no podía dejar que algo así volviera a pasarle a su hermano pequeño.
-¡Hijo de puta!-gritó de pronto el mayor incapaz de contenerse más, sobresaltando a Bobby que estaba a punto de decirle algo, apenas recuperado-y maravillado-de la asombrosa conexión que había visto entre sus muchachos-¿Me oyes Cass? ¡Trae tu jodido culo emplumado de nuevo aquí y arregla esto o voy a perseguirte hasta el fin del mundo si es necesario!-amenazó el joven sintiendo en ese momento que era capaz de arrancarle una por una las malditas plumas de sus alas sólo por haberse atrevido a tocar a Sam-El chico salvó al mundo y tú…-la mano de Dean se posó un segundo en sus labios intentando detener el sollozo ahogado que quería escapar por su garganta atenazada de angustia, sofocada con la rabia intensa que quemaba el tono de su voz haciéndola sonar ronca y grave como un gruñido- ... ¿Le pagas de esta manera?-agregó luego de recomponerse apenas como para que el sonido de su decepción no se escuchara detrás de la voz tensa y furiosa con la que clamaba por el regreso del ángel en quien confió.
Mientras jadeaba por el aire que se le escapaba como consecuencia del torbellino de emociones que hacían un caos en su interior sintió la callosa mano de Bobby apoyarse en su cuello dando un suave apretón reconfortante que decía mucho más que mil palabras.
A pesar del apoyo silencioso del que había sido un segundo padre para ellos sintió como en su pecho el corazón parecía querer escapar a través de sus costillas mientras esperaba anhelante ese batir de alas que nunca llegó. El mayor de los Winchester cerró los párpados con fuerza ante la nueva desilusión para evitar que esas lágrimas calientes que mojaban sus pestañas escaparan hacia su barbilla, quizás rezando en silenciosa plegaria para que Castiel pudiera entrar en razón, para que regresara a reparar el daño que había hecho, para darse cuenta del terrible error que estaba cometiendo.
Pero como de costumbre, el cielo estaba sordo a sus súplicas y el ángel estaba haciendo caso omiso a su llamado teñido de amarga súplica y apenas velada amenaza, decidido a seguir con su brillantemente estúpido plan para derrotar a Rafael sabiendo que no había nada que él pudiera hacer para detenerlo.
No con Sam en ese estado, inmóvil y casi sin vida quizás solo retenido en este mundo por el poderoso lazo de su unión. Y eso Castiel lo sabía y era lo que había utilizado para seguir adelante con sus nefastos planes.
-Dean, no logras nada con gritar-la voz gruñona de Bobby contradecía la suavidad con la que su mano acarició el cuello del muchacho antes de dar un cálido apretón para llamar su atención y que, al fin, el angustiado joven lo mirara a los ojos-Vamos a salir de aquí, llevar al chico al cuarto seguro, averiguar como podemos ayudarlo y encontrar la forma de detener a ese bastardo arrogante-una mueca de impotencia y rabia apareció en los labios de Dean cuando escuchó las últimas palabras de su amigo pero empujó nuevamente hacia abajo la furia para mirar otra vez a Sam y subir una mano a su cuello en la búsqueda de ese latido que lo hiciera aferrarse a la vida-Te aseguro que no será en este mugriento callejón la última vez que hablaste con Sam-agregó por último el sabio cazador antes de darse vuelta para poner nuevamente en marcha el motor del Impala a sabiendas de que la idea de perder a su hermano era lo que tenía en ese estado al muchacho quien todavía no había conseguido equilibrar el peligroso cazador que era-para poner su mente en el juego-con el abnegado hermano mayor que también era.
Y, en el fondo, se alegró de que no lo hiciera porque esa fue siempre la principal razón por la que Dean no se había convertido en John. Ser hermano mayor era su vida, su trabajo y su responsabilidad y, para el muchacho, no había nada más importante que eso.
Sintiendo como ese pensamiento-más esa conexión que acaba de presenciar-hacían mella profundamente en su corazón murmuró una maldición entre sus dientes apretados mientras ajustaba la gorra sobre su cabeza para disimular la forma en que se limpió las lágrimas que mojaban su mirada. Después tomó el volante del Chevy para girar las ruedas delanteras, salir hacia la calle principal maniobrando por detrás del camión de los repartidores y conseguir que el imponente auto negro saliera a toda velocidad de la penumbra del callejón semejando a un gigantesco murciélago escapando de un agujero del infierno.
Su único objetivo: llevar a un lugar seguro a las personas en su interior y la principal prioridad del conductor: alejarse de esos condenados callejones, tener la fortaleza necesaria para hacerse cargo de la seguridad de sus muchachos evitando que el mayor se derrumbe y encontrando una forma de salvar al más joven de la familia.
Después de todo, era lo que un padre tiene que hacer por sus hijos fue lo que pensó cuando echó una última mirada al espejo retrovisor y la imagen vulnerable de sus chicos manteniéndose unidos por algo más que la fuerza simbólica de su abrazo conmovió hasta la última fibra de su ser.
Y, aunque interiormente se insultó a si mismo por haberse vuelto tan blando, estaba completamente decidido a no abandonar a sus muchachos y a protegerlos pasara lo que pasara.
Aunque le costara la vida.
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Hasta el próximo capítulo! (y las hojas siguen aumentando, jajajaja)
Si les gustó, por favor dejar sus palabras y prometo que en el próximo les contesto a todas!
Un abrazo!
