(Se asoma detrás del sofá) ¿Hola? ¿Alguien está por aquí todavía?
¡He vuelto! Sí, sus ojos no las engañan! Lo siento que me tomó tanto tiempo aparecer sobre todo teniendo en cuenta (y acá es donde temo que me odien,xd) que este capi hace semanas que está terminado! Pero dio la casualidad que lo terminé unos días antes del partido más importante de la ciudad y como ganó mi equipo (aumentando la paternidad, jajajaj) la felicidad que me embargó fue tanta que ya no pensé en otra cosa, videos, cargadas, ver la repetición del partido, los videos conmemorativos de los tres anteriores seguidos que les ganamos (con este el cuarto,jajajaj) sumados a que llegó la época de las evaluaciones, las libretas, los registros y hacer los regalitos para el día del niño de mis veintiocho alumnitos de primer grado, sumados a que me compré un tv de 42" y me puse a ver temporadas pasadas, más videos de youtube, etc, etc (estoy que deliro! Jajajaj) Conclusión: casi no prendo la pc, sábados y domingos no me quedo en casa nunca, el río y mi club están cada vez más lindos, y de lunes a viernes vuelta a lo mismo trabajo en escuela y casa, tv, etc, etc.
Parece un karma pero llegamos al mismo capítulo donde había terminado antes de borrarla y subirla otra vez y me atoré!
Les aviso con tiempo que en septiembre jugamos otra vez el clásico de la ciudad (y esta vez en nuestro estadio) por lo que trataré de terminar antes, sino aparezco sabrán que andaré loca por ahí,en los festejos, o deprimida (cosa más difícil pero no imposible-y cruzo los dedos que sea imposible!)
Por lo tanto, esperando que me perdonen dejo ya mismo el capítulo 6 y les debo mis palabras a las que comentaron tantas cosas lindas (como siempre las alabanzas que me dedican son las que me incentivan a seguir escribiendo aunque la vida trate de que lo deje)
Por fi, no me odien y si pueden dejen unas pequeñas palabras si gustó o no
0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0
Un rápido vistazo a la habitación del pánico en cuanto se puso de pie y apartó la vista de su hermano fue más que suficiente como para que Dean Winchester fuera agredido por ingratas emociones que quisieron opacar la calidez que había llenado su interior al decirle al chico inconsciente esos sentimientos que quemaban su garganta desde que el terror a perderlo para siempre se aferrara a su corazón con saña al verlo derrumbarse en ese maldito callejón.
Esa breve fortaleza que había encontrado cuando le susurró a su hermano esa promesa comenzó a tambalearse en el mismo instante en que la visión de la habitación donde estaba inundó sus retinas y el caos que él había dejado desparramado por el piso del cuarto fue el reflejo de lo que era su interior. Tantas piezas fragmentadas, tantas cosas hechas añicos que dolían como el infierno lo hicieron respirar pesadamente tratando de recuperar la compostura mientras empezaba a recoger las pruebas de su furia prometiéndose, con cada pieza que levantaba del suelo, que si ponía las manos encima de Castiel ni siquiera se molestaría en barrer los pedazos por haberse atrevido a lastimar a su hermano. Porque cuando el ángel descarriado rompió el muro protector lo único que Dean podía sentir era pánico por Sam e ira hacia quien le había hecho daño lastimando sin ningún remordimiento a la persona más importante de su vida.
Y él no podía entender cómo se había atrevido a hacer eso.
-Estoy furioso-murmuró el joven apretando los dientes con rabia-¡Más que furioso! ¡Si alguna vez pongo las manos encima de tu cuello emplumado te parecerá que Alastair es un santo!-masculló con voz ronca mirando el pequeño pedazo de cielo que apenas se vislumbraba entre las aspas de metal que giraban sobre su cabeza-¿Cómo…cómo te atreviste…a hacerle daño?-el susurro ronco de su voz se quebró nuevamente pleno de furia y dolor.
No podía entenderlo. De verdad que no.
Castiel podría haberle hecho daño a él o a Bobby y él probablemente no lo habría perdonado pero podría haber comprendido. Pero no podía entender como alguien-cualquier persona o cosa-podía deliberadamente hacer daño a Sammy y no sentirse como si estuviera pateando a un cachorro recién nacido.
Él no le había mentido al ángel, era de la familia, como un hermano más, por el que habría hecho todo como lo habría hecho por Adam.
Hubiera muerto por él y le hubiera perdonado cualquier cosa.
Diablos, había confiado en él con Sam. Había confiado en él tanto que le había permitido hundir su mano en el pecho del chico para que pudiera tocar su alma.
¿Y qué fue lo que le devolvió a cambio?
Lastimar a Sammy.
Lastimar intencionalmente a su Sammy utilizándolo como un desvío de la atención que venían teniendo en él, para mantenerlos ocupados así no se metían con su estúpido plan maestro haciendo que Sam reviva el tipo de dolor que ningún ser humano ha conocido antes en pos de mantenerlos alejados.
Y ésa era la única cosa que no podría-ni quería-perdonar.
-¡Voy a matarte Castiel!-pensó Dean con repentina vehemencia cuando su mirada se posó en Sam y nuevamente lo invadió la furia sobreprotectora que siempre sentía cuando alguien amenazaba a su hermanito aunque el susodicho rodara los ojos con cansancio y le insistiera que podía defenderse solo.
Pero ahora no era así-y para él nunca lo sería-no importaba el tamaño que alcanzara el antes pequeño niño ni los músculos de atleta que desarrollara con los años.
Para él siempre sería el niño que prácticamente había criado y como tal lo defendería.
Por lo que verlo ahora tendido ahí, en silencio, en aparente paz, casi como si estuviera dormido, lo llenaba de impotencia y dolor, teniéndolo tan al alcance de la mano y sin embargo tan lejos, sabiendo que no podía hacer nada para protegerlo de lo que le estaba haciendo daño, doliéndole más que las garras de los perros del infierno saber que el chico estaría ahogándose en un mar de recuerdos infernales gracias a la traición de su amigo celestial, otra vez encerrado en esa maldita habitación que hacía tan poco tiempo atrás-apenas unos meses-había sido la jaula del prisionero sin alma, tendido nuevamente en ese catre plegable que aún estaba en el mismo lugar donde lo habían dejado sosteniendo otra vez el peso de algo más que el del muchacho que sobrevivió al infierno.
Dean apenas pudo sofocar el sollozo que le apretó la garganta y con un suspiro profundo trató de encontrar el equilibrio entre el hermano y el guerrero en él para que la desesperación y el miedo a la pérdida del ser amado no nublaran sus emociones con demasiada fuerza empujando esos recuerdos que tantas veces le trajeron pesadillas.
Dios, odiaba esa habitación.
Es más, odiaba ver a Sam en esa habitación pero no sabía donde más podría protegerlo eficazmente de toda la mierda que les estaba cayendo encima a pesar de que cada vez que miraba a su hermano inmóvil en ese catre era casi como estar oyendo nuevamente sus gritos durante las desintoxicaciones, casi como si pudiera ver a esa copia sin alma esposado a la cama después de tratar de matar a Bobby mirándolo con esa fría y vacía mirada que se tornó tan drásticamente en esa expresión de terror, de súplica, que conmovió hasta la última de sus células protectoras. Casi como estar viendo otra vez esa pálida y enfermiza tez después de que ese grito desgarrador lo había llevado a la inconsciencia después de que Muerte empujó la resplandeciente alma de su hermanito en su pecho dejándolo apenas respirando-apenas con vida-mientras su cuerpo trataba de ajustarse al alma dañada en su interior mientras que, desde el exterior, sólo podían tenerlo conectado a esa línea intravenosa que quizás no fuera suficiente para mantenerlo con vida.
Las piernas de Dean casi cedieron cuando la idea de que esta vez su hermanito realmente podría desaparecer para siempre lo golpeó con toda su fuerza y sólo la mano que apoyó en la mesa que estaba en la cabecera del catre de Sam y la visión del muchacho inconsciente-que igual que muchas otras veces dependía exclusivamente de él para la protección y el cuidado que sus padres debieron darle-fue lo que le ayudaron a mantenerse en posición.
-Sammy-murmuró Dean como si con sólo decir su nombre pudiera anclarse a la realidad.
-Dean-la voz ronca del viejo cazador sobresaltó al mayor de los hermanos quien habiéndose recuperado con asombrosa rapidez de estar a punto de tener un nuevo arranque eruptivo de furia emocional-porque jamás reconocería que acababa de tener un vahído-se dio vuelta para mirar a Bobby en cuanto escuchó su voz con su cara de póquer de nuevo en su lugar siendo el Dean Winchester que el resto del mundo conocía, el intrépido cazador pateando culos sobrenaturales sin que le temblara el pulso. El que se preparaba para culpar al exceso de whisky si se le preguntaba por ese leve temblor de sus manos o por la húmeda mirada y no a la sensación de pérdida inminente que él no era capaz de alejar a distancia desde que Sammy se derrumbó en sus brazos hacía poco menos de tres horas-Acá están las toallas-agregó Bobby luego de carraspear para aclarar su garganta, el nudo de emoción por la escena antes vista y por la angustia palpable que en vano el joven trataba de esconder aún jugaban en su contra para poder asumir ese papel que sin darse cuenta siquiera había comenzado a ocupar desde que los chicos regresaron a su casa en la búsqueda de ese padre que les había faltado la mayor parte de sus días.
El viejo cazador estaba tratando de hacer todo lo posible para retratar en su mirada y en su expresión una confianza que en realidad no sentía. Sus hijos estaban en un serio peligro, quizás mortal, uno derrumbándose en el silencio del coma en el que había caído y el otro perdiéndose en ese mundo de desesperación por cada minuto que pasaba y su hermanito-la única luz de su vida-no despertaba.
Y eso literalmente lo estaba asustando como el infierno.
No podía recordar sentir más miedo que en ese momento.
Los chicos de John-mejor dicho, mis chicos-se dijo con un suspiro pensando en que eso eran los muchachos para él-estaban perdiéndose ante sus ojos.
Y él no podía perder a sus muchachos.
No cuando eran la principal razón para seguir adelante y lo único que continuaba aferrándolo a este mundo.
Ante la certeza de eso y a pesar del dolor, Bobby no pudo evitar sonreír con cariño ante la imagen de los jóvenes cazadores que tan firmemente se habían apoderado de su corazón, su necesidad de protegerlos creciendo en empatía con la sobreprotección que Dean destinaba a su hermano menor.
Tal vez ellos no eran hijos de su sangre pero seguramente lo eran en todos los demás sentidos de la palabra.
-¿Vamos a poner cómodo al chico o quieres algo más de tu nueva ama de llaves?-preguntó con simulado sarcasmo tratando de aligerar el ambiente y de que ambos puedan reagrupar sus emociones bajo esa coraza que como experimentados cazadores compartían habiendo aprendido además que nadie, ni siquiera él, tomaba decisiones sobre el hermanito de Dean sin consultarlo con él primero.
El mayor de los Winchester miró hacia su hermano sintiendo la ola de proteccionismo que se apoderó de él cuando la imagen que llegó a sus retinas fue el vivo retrato de esa vulnerabilidad e inocencia que tan duro había tratado de proteger cuando Sammy era pequeño y fue en ese momento en que volvió a darse cuenta-y no demasiado lejos en el tiempo-cuánto le estaba costando dejarlo crecer e intentó que la ternura que estaba sintiendo calmara el caos de ira y desilusión que desde el momento que Castiel puso su mano sobre Sam le estaba carcomiendo el alma. Volviendo apenas la mirada hacia Bobby asintió levemente deseando que para él fuera suficiente porque en este momento no confiaba en que su voz no traicionara la agitación interna de esa dura pelea entre los cálidos sentimientos que trataron de calmar su alma con tan preciados recuerdos contra la ira, el temor y la traición empujando con saña la espina en su corazón.
Bobby también asintió con la cabeza con la esperanza de que Dean supiera lo mucho que apreciaba que le permitiera ayudarlo con Sam. Esa asignación era realmente uno de los mejores elogios que el veterano cazador había recibido alguna vez. Que el joven estaba confiando en él lo suficiente como para cuidar de su hermano menor sabiendo que Dean siempre fue reacio a permitir que otro intentara hacerse cargo de Sam, sea quien fuera-incluso su padre-como si se tratara de una regla no escrita de que sólo él podía cuidar a Sam y no necesitaba que nadie más lo haga por él y, la implicancia de ese pequeño gesto, hizo su garganta estrecha y su pecho apretado reafirmándole que los lazos que lo ataban a esos dos chicos eran más fuertes que cualquier cosa que hubiera sentido antes, incluso el amor que le tenía a su esposa no había llenado su pecho con la misma fuerza cálida.
¿Acaso esto era lo que se sentía ser padre?
Nunca lo sabría con seguridad porque se había convencido hacía mucho tiempo que no quería serlo, aterrorizado de que él iba a terminar como su propio viejo por lo que había desestimado la idea aún a pesar del dolor y la desilusión de Karen. Pero la vida había tomado otras decisiones por él y desde que ese joven cazador novato había llegado a su casa en busca de su experiencia con un bebé en brazos y un pequeño pecoso aferrado a su pierna la idea de que ser padre no era sólo un derecho de sangre fue afirmándose en su interior cada vez con más fuerza.
Por eso sintió más que nunca como la calidez de saberse parte de esa familia de dos se sumaba al temor de perderlos y amenazaba con derrumbar la precaria entereza que había demostrado en cuanto pudo reponerse a la escena presenciada y entrar en el cuarto seguro.
Él y Dean habían sufrido pérdidas inimaginables-tanto por separado como juntos-por lo que de pronto se dio cuenta de que ninguno de ellos sobreviviría perder a Sam otra vez.
Sam-ese dulce chico de ojos brillantes-era el ancla a la cordura, el que le había dado esperanzas al viejo borracho que él era cuando los niños llegaron a su casa por primera vez y el que le daba propósitos a un hermano mayor como Dean.
Si Sam no volvía de ese sueño Bobby sabía que iba a perder a los dos muchachos-y a sí mismo también-y eso no estaba ocurriendo.
No en su reloj.
Dean se dejó caer en la silla del escritorio que estaba detrás de la cabeza de Sam sintiéndose de repente demasiado agotado como para decidir por dónde comenzar y se frotó la cara entre las manos deseando arrastrar esa pesadez que amenazara consumirlo mientras se preparaba para la ardua tarea de mantener constante vigilancia a la respiración, sudoración, fiebre, frío, hidratación y todo lo que hiciera falta para atender a Sam.
-¿Y ahora qué Dean?-Bobby se apoyó en la mesa junto a Dean y su pregunta sonó tan agotada como Dean se sintió.
Fue sólo entonces cuando el joven procesó que Bobby había perdido a alguien hoy así que él también tenía que estar furioso con Castiel por su participación en la muerte de Ellie Visyack. Pero Dean no había podido procesar cualquier otro daño además de su hermano que no responde, que no reacciona, tendido en ese catre frente a él.
-Él lastimó a Sam, Bobby. Él trajo a mi hermano sin alma desde el infierno, mintió al respecto y lo dejó en la jaula con Michael y Lucifer durante casi doscientos años-en ese momento la voz de Dean se volvió aún más cruda y rasposa pero tragó saliva a duras penas y continuó-y luego rompió a propósito el muro de protección sabiendo lo que podía pasarle a Sam con eso ¡Demonios, él me lo había advertido!-las palabras salieron roncas, le dolía la garganta y la bilis le quemaba pero Dean se tragó la enfermedad hacia abajo.
Bobby sintió su pecho apretado, su propia furia e impotencia luchando por salir hacia fuera con el rugido gutural de un león protegiendo a sus crías sobre todo porque sabía que no había nada que pudiera hacer o decir a esa aplastante verdad.
Sabía que si Dean pudiera tomar el trauma en la cabeza de Sam lo haría sin dudar y que si Sam estuviera despierto se alegraría de que él tuvo la peor parte en todo esto y sabía que él no podía ser parte de esa unión pero que si podía ofrecer estar al lado de sus chicos y maravillarse con ello.
Porque Bobby había visto el dar y el recibir tanto como el reproche y el resentimiento en la relación de esos muchachos desde hacía casi veintiséis años y él nunca había estado tan cerca de ellos como en este momento. Aunque todavía podía ver a Sam levantando ese cuchillo para sacrificarlo no se le escapaba que la palabra padre lo había llevado a eso-y por supuesto no tener su alma-y por eso él sobrellevó el dolor que ese momento le causó cuando la calidez de saber que estaba incluido, quien sabe desde cuando, en ese lazo familiar aparentemente inquebrantable en el que la relación de los hermanos prevalecía sobre todo y cualquier cosa que se interpusiera entre ellos calentó su agrietado y endurecido corazón.
Con un mundo posiblemente en riesgo de caer a su alrededor otra vez, listo para aplastarlos en cuanto salieran del refugio donde se replegaron para atender al miembro más joven de su equipo Bobby sentía como estos chicos le importaban y le preocupaban-y siempre lo harían-más que nada y que nadie.
-Estás haciendo todo lo que puedes, hijo-dijo finalmente con voz suave-Y no sirve de nada que ahora pienses en eso, cuidar a tu hermano es lo único que puedes hacer por ahora.
-No es suficiente-murmuró Dean inclinándose para mirar la cara pálida de Sam.
-No tienes que darte por vencido-continuó el viejo cazador y Dean lo miró con enojo-Bueno, eso fue una estupidez-admitió Bobby rascándose la barba con cansancio mientras Dean fruncía el ceño aún más mientras volvía su mirada hacia Sam-También estoy preocupado por el muchacho, Dean, todo lo que estoy tratando de decir es…
-¿Sammy?-Dean se disparó desde su silla para inclinarse más cerca del inconsciente joven.
-¿Qué está pasando?-Bobby también dio un paso cansado hacia el catre y miró al mayor con el ceño fruncido.
-Algo está mal-Dean se inclinó aún más sobre su hermano examinándolo de arriba a abajo concentrado en algo que sólo él podía sentir.
-¿Cómo lo sabes? El chico no ha movido un solo músculo-terció Bobby preocupado por la expresión cercana al pánico del mayor de sus muchachos.
-No sé, sólo siento que…-Dean dejó de hablar repentinamente mientras señalaba como los dedos de la mano derecha de Sam habían empezado a temblar.
Y así tan de repente como Dean había salido disparado de su silla Sam saltó del colchón, rígido, como si hubiera sido pinchado por un palo electrificado, su respiración se hizo dificultosa y su cuerpo se arqueó bruscamente en la cama. Todo su sistema nervioso se estaba rebelando contra él y comenzó a convulsionar.
Duro.
-¡Mierda!-gritó Dean agarrando los hombros de Sam fijándolo al catre pero manteniendo las manos suaves-¡Sammy! ¡Sammy! ¡Resiste!
-¡Oh, el infierno!-Bobby reaccionó un poco más lento que Dean e intentó ayudar de inmediato sosteniendo las piernas del joven que en ese momento emitió un ronco jadeo, sonando como si estuviera ahogándose, moviendo sus brazos con rigidez en lo que parecía un descoordinado y frenético intento de escapar por sí mismo de lo que fuera que estuviera viendo o sintiendo.
-Grmmmmaahhhhh-gimió profundamente, su manzana de Adán contrayéndose como si un arbusto espinoso se hubiera atascado en su garganta, sus brazos sacudiéndose de arriba abajo, los dedos torcidos y arañando el aire como si estuviera intentando escalar una pared.
-¡Hey, hey, Sammy…tranquilo, tranquilo!-Dean jadeó prácticamente sin aliento mientras luchaba por conseguir poner a Sam de lado para evitar que se ahogara con su propia saliva.
-Mmmmrrrgahhh-más sonidos lastimeros salieron de la garganta de Sam anudando los estómagos de los cazadores mayores que sólo atinaban a sostenerlo con toda la fuerza que podían sin lastimarlo aún más.
-¡Dean, sujétalo!
-¡Maldición! ¿Qué crees… que estoy haciendo?
Ambos cazadores gritaron al unísono, el pánico, la adrenalina, la alarma y la preocupación volviendo sus tonos roncos y amenazantes.
-Sammy, por favor…Sammy, no lo hagas-la voz de Dean cambió bruscamente a un murmullo preocupado, sofocado por la angustia y el miedo por su hermano mientras se esforzaba por sujetar las muñecas de Sam sobre su pecho sin hacerle daño-¡Vamos, basta, por favor, no hagas esto!-Dean pidió una y otra vez poniendo más presión sobre Sam para evitar que el chico cayera al duro suelo de cemento.
-Nnnnmm nnngggg nmm-los sonidos guturales continuaron retumbando en el fondo del pecho de Sam hundiendo cada vez más la esperanza de que algo les iba a salir bien a los Winchester.
-¡Vamos, vamos…detente Sammy, por favor!-suplicó Dean una vez más pero Sam no estaba escuchando, su cuerpo todavía sacudiéndose arriba y abajo con violencia.
-¡Bolas, chico!-Bobby insultó mientras luchaba por aferrarse a las piernas de Sam-¡Es como un rayo…atrapado dentro…de una botella!
-¡Bobby! ¡No ayudas!-Dean regañó luchando a su vez por mantener a raya ese pánico que se podía palpar en el aire entre los dos cazadores-¡No hagas esto Sammy…no me hagas esto!-gritó Dean con voz ronca sintiendo como su estómago se anudaba cuando por toda respuesta Sam emitió un extraño gorgoteo en su garganta luchando por respirar mientras su pecho se tensó drásticamente-¡No! ¡Sammy!-clamó el mayor diciendo el nombre del joven herido con una voz rayana a la súplica desesperada poniendo la palma de su mano en el pecho de Sam en el seguimiento de su consumo de aire.
Bobby cerró los ojos sintiéndose incapaz de ver a su chico sufrir mientras continuaba convulsionando por lo que no lo vio girar hacia un lado inclinándose más cerca de Dean como si inconscientemente estuviera buscando ese confort que sólo su hermano mayor sabía darle.
-Lo sé, Sammy, sé que duele pero estoy aquí, te tengo-fue la respuesta instintiva de Dean sin preocuparse siquiera por si sonaba como una madre preocupada, sólo sintiendo sus instintos protectores pateándolo con fuerza instándolo a hacer lo que había hecho infinidad de veces durante el crecimiento de su hermanito-Ven aquí-le dijo mientras aferraba a Sam acurrucándolo con fuerza contra su pecho, manteniendo la cabeza de Sam en el hueco de su cuello mientras su mano cuidadosa apretaba la helada mejilla del chico-¿Me escuchas Sammy? Estoy aquí, no te vayas-Dean temblaba junto con Sam mientras lo sostenía en sus brazos, entrando cada vez más en pánico cuando pudo sentir el frenético golpeteo del corazón contra sus costillas-¡Dios!-gritó cuando ya no pudo tolerar el terror a perderlo-Ayúdalo…por favor-rogó con voz quebrada.
Lo que estaba matando a Sam lo estaba matando también, quebrando en piezas su alma con cada temblor, con cada sacudida y gemido gutural que salía por los dientes apretados de su hermano.
Nunca pudo soportar estoicamente ver a Sam sufrir y aunque las heridas se habían hecho algo casi cotidiano cuando ingresaron a ese niño demasiado pequeño para su edad en el negocio familiar nunca había sido más fácil, al contrario, le dolía tanto que sabía que si le hubieran dado la oportunidad habría hecho cualquier cosa con tal de evitar que alguien o algo le hiciera daño y hubiera tomado el dolor desde él sin pensarlo en segundo.
-Basta hermanito, por favor, basta-rogó bajando la cabeza apoyándola en la coronilla de Sam, atrayéndolo aún más cerca de su pecho con la mano suave y gentil que tenía apoyada en su pálida mejilla e, imposiblemente para Bobby que escuchaba todo luchando por mantener a raya sus lágrimas detrás de los párpados que apretaba con fuerza para mantenerlos cerrados, los tirones y sacudidas de Sam se hicieron cada vez más espaciados y los temblores comenzaron a disminuir-Eso es todo amigo. Sigue así, cálmate-alentó Dean en voz baja y serena sintiendo como el corazón de Sam comenzaba a latir a una velocidad más normal.
Cinco segundos más tarde la incautación se detuvo y Sam cayó de nuevo hacia la cama con Dean acompañando suavemente sus movimientos aunque siguió sin soltarlo del refugio de sus brazos a pesar de que ya estuviera sintiendo los calambres que tanta tensión acumulada estaban formando en ellos.
Ansiosamente le miró el rostro deseando ver esos ojos color avellana que tanto necesitaba pero sólo la palidez fantasmal, la mandíbula cerrada con fuerza y unos labios apretados tornándose de un leve color azul inundaron su mirada trocando la ansiedad nuevamente en pánico.
-Sammy-con una temblorosa mano extendida sobre el pecho de su hermano Dean lo sacudió-No, no, no ¡Respira, tienes que respirar!
-¿Qué está pasando?-Bobby abrió los ojos ante el pedido desesperado-¿Dean?
Sin responder el mayor sacudió duro a Sam mientras pensaba que debería abrirle la mandíbula cerrada para darle varias respiraciones pero, antes de que pudiera poner en acción su pensamiento, Sam abrió la boca y se quedó completamente flojo, su cabeza rodando hacia la parte interior del brazo de Dean.
-Eso es, éste es mi chico-susurró Dean al ver que la respiración de Sam se volvió lenta y constante y su cuerpo se quedó quieto y relajado en su regazo provocando que una ola de alivio lo abrumara volviéndolo momentáneamente débil por lo que apoyó su mejilla en el cabello castaño de su hermano y su memoria lo llevó de inmediato a esos tiempos en que sólo él y sus abrazos conseguían calmar las aterradoras pesadillas que atacaran la inocencia del chico mucho tiempo antes de que las conociera en el mundo real-Te tengo-susurró en el cabello de Sam-Te tengo, no voy a dejar que nada malo te pase-murmuró repitiendo esas promesas de la infancia aunque le parecieran una cruel ironía dadas las circunstancias pero necesitando terriblemente sentir que su hermano todavía tenía esa conexión con él y que podía sacarlo del tenebroso mundo donde sus sueños lo llevaban-Por favor, no vuelvas a hacernos esto-pidió por último cuando sintió, más que vio, la mirada del viejo fija en ellos.
-Jesús-murmuró Bobby mirando hacia otro lado para disimular lo absorto que había quedado al ver la escena fraternal que había sido tan privada durante el crecimiento solitario de esos chicos. Tragándose la sensación de ardor en la garganta con torpeza se sentó en la silla mientras su inquieta mano tiraba su gorra vieja y sucia hacia atrás para poder frotarse la cabeza mientras lanzaba un tembloroso suspiro-Estos muchachos van a ser mi muerte-pensó mientras miraba como Dean bajaba tiernamente a Sam sobre su espalda y quitaba con una suavidad impensada para un rudo cazador el flequillo sudoroso desde la frente de su hermano, usando después la manga de su camisa para limpiar con delicadeza la saliva de la barbilla para terminar frotando su pulgar en círculos suaves sobre la mejilla de Sam lo que hizo que una lágrima que había estado evitando se deslizara por su mejilla para caer en su barba entrecana.
-Levántate Sammy, sólo…levántate-pidió Dean sintiendo como su corazón aún dolía con cada latido desenfrenado, ese pánico que lo había abrumado desde que Sam comenzara a convulsionar aumentando su adrenalina y sus instintos protectores hasta tal punto que no se daba cuenta de que estaba siendo tan emocional delante de Bobby-No me puedes dejar ¿Me oyes Sammy?
Aunque la voz de Dean apenas era un ronco murmullo que invitaba a retirarse para honrar la privacidad de un momento que parecía casi místico Bobby observó a sus chicos mientras su agotamiento fue drenando su energía lejos y la ternura que veía y escuchaba fue tornando ese helado pánico que había sentido durante toda la incautación de Sam-y si era sincero desde que Castiel se había materializado detrás de su chico más joven-en una corriente cálida que lo recorrió de punta a punta más que cualquier otro momento que hubiera pasado en su vida.
Lo que volvió a confirmarle algo que por años había tratado de no admitir para que la elección que había hecho de ser el solitario y huraño cazador no se le tornara tan pesada.
Ellos eran sus chicos y todo lo que tenía.
Sí, él estaba ahí y le gustaría estar todo el tiempo que pudiera y después de eso también aunque corriera el riesgo de convertirse en un espíritu errante pero él sabía que ellos eran mutuamente la piedra angular del otro, cada uno el respaldo que evitaba la caída hacia atrás. Tal vez él podría cuidarlos más rápido y fácil de lo que los dos podían cuidarse el uno al otro pero él sabía que no podría tomar un mejor cuidado que el que ellos se dieron.
Como en este caso.
La escena que estaba viendo reafirmando sus pensamientos mientras observaba como toda una vida de atención, como toda una vida a cargo de la crianza del más chico se reflejaba en cada gesto de ternura, en cada mirada de pánico y de dolor, en cada respiración que tomaba siguiendo la de su hermano sin quitar su mirada de él como si temiera que con sólo hacer eso el chico se desvanecería delante de sus ojos.
No. Él nunca podría hacer nada mejor que eso, lo único que podía hacer era ayudar en todo lo que hiciera falta.
-Voy por agua-dijo Bobby poniéndose dificultosamente de pie, sus rodillas quejándose por enésima vez en lo que iba del día, miró a Dean sin esperar respuesta casi seguro de que no lo estaba escuchando concentrado como estaba en cada respiración de su hermano y sabiendo también que Dean necesitaba espacio para tranquilizarse y poder decirle esas palabras y regalarle esos gestos que él sólo había presenciado en los momentos de mayor pánico pero que sabía que estaban-y estarían-siempre ahí. Imposible detener lo que habían hecho en el hermano mayor tantos años de exclusiva dedicación hacia ese pequeño que habían depositado en sus brazos esa noche de terror casi veintiséis años atrás-Y también una botella de whisky-murmuró entre dientes dando media vuelta y saliendo del cuarto seguro apenas con tiempo para ver por el rabillo del ojo la breve inclinación de la cabeza de Dean en asentimiento.
Seguramente Bobby no había llegado al segundo escalón cuando Dean se inclinó cerca de Sam, todavía sin levantarse de la incómoda posición en el borde del catre donde se había sentado, para así volver a subirlo en su regazo una vez que escuchó la puerta que indicaba que Bobby ya había llegado al comienzo de la escalera.
-¿Dónde estás Sammy? ¿Eh? ¿Dónde vas? Tienes que venir de vuelta-dijo con tristeza acariciando la frente de Sam-Por favor, chico-su tono de voz fue bajo y persuasivo lleno de esa ternura que sólo destinaba para él desde el día que había nacido y su mamá lo puso en sus brazos envuelto en esa blanca mantilla.
Nunca había imaginado cuanto crecería ese pedacito de sus padres pero desde que su pequeña manita se había envuelto alrededor de su dedo supo que nunca dejaría de verlo como su hermano pequeño a quien protegería y cuidaría por encima de todas las cosas.
-Sammy-dos grandes lágrimas cayeron de sus pestañas inferiores en el momento en que pronunció su nombre con voz quebrada salpicando como gotas de lluvia la mejilla de Sam haciendo que de inmediato el hermano mayor se las secara suavemente con el pulgar encogiéndose interiormente ante la viscosidad y la frialdad de esa piel fantasmalmente blanca-No voy a dejar que te vayas, hermanito-le dijo tragando con esfuerzo esas ganas de llorar que sus lágrimas habían delatado. Él era un Winchester y no había sido entrenado para llorar como una niña-Vuelve Sammy, puedes vencer lo que sea que te esté pasando, lo sé, te criamos para eso-su temblorosa mano apartó con suavidad el flequillo de su frente contradiciendo la firmeza de esa afirmación ya que no podía dejar de temblar ante la dolorosa realidad que su mente se encargaba de recordar con cada latido frenético de su corazón.
Sam había pasado años en el infierno.
Había vivido un año y medio en la jaula con el arcángel más terrorífico y su maldito hermano mayor que hacían que sus treinta años de tortura y sus diez años torturando parezcan unas vacaciones al lado de lo que podrían haber llegado a hacerle en todos esos años.
¿Cuánto tiempo había pasado el alma de Sam en la jaula si en el infierno un mes eran diez años?
Ni siquiera quería intentar calcular, no podía ni quería probar. La sola idea le daba ganas de saltar de la cama y destruir todo lo que pudiera de la habitación o vomitar su propia alma.
Tragándose nuevamente la enfermedad hacia abajo Dean apretó suavemente su mano contra el cuello de Sam, palpando sus latidos, respirando profundamente mientras trataba de unir ese palpitar al suyo, tratando de restablecer esa conexión que siempre lo había mantenido vivo-la que lo había rescatado de esa cáscara vacía que había sido todo ese tiempo en que Sam no tuvo su alma-abrazándolo aún más fuerte en cuanto esos recuerdos no muy lejanos llegaron a su memoria necesitando sentir a su hermano más cerca como si con sólo sostenerlo en sus brazos pudiera evitar que sus almas se desintegraran con el paso de las horas y ninguno de los dos pudiera volver a ser lo que era ni estar donde tenía que estar.
-Éste es el lugar donde quiero estar, Sammy-afirmó con la voz más fuerte y segura que se había oído en horas empujado por esos pensamientos tan instintivos, tan arraigados en su interior desde el día que el pequeño había elegido caminar hacia él en lugar de su papá y había descubierto que ser hermano mayor le importaba más que cualquier otra cosa.
0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0
¿Y bien? ¿Podrán perdonarme después de la lectura de este capítulo o no les gustó?
Prometo que le daré batalla a las rutinas y a la adicción a mirar tv y las viejas temporadas y los videos en youtube y las convenciones y ¡Volveré!
Yo no sé lo que es abandonar,jejeje,así que más temprano o más tarde el capítulo 6 (y ni siquiera me arriesgaré a decir que es el último,jajajaj) lo tendrán por aquí! Espero que ustedes no me abandonen a mi *_* Abrazos a todas!
