Disclaimer: La serie de HBO: Juego de Tronos no me pertenece, ni tampoco lo hace la novela "Canción de Hielo y Fuego" del estadounidense George R. R. Martin.
The Queen of Ice and Fire
Capitulo 4:
Reina de la Magia
El sol iluminaba los paisajes de Meereen de una manera que jamás habia visto antes. Era hermoso, pero era otro recuerdo para ella que ya no se encontraba en su hogar y que la mayoría de su familia estaba muerta o desaparecida. Ahora tan solo tenía a Daenerys y sus hijos, pero continuaba teniendo un vacío dentro de ella, como si le faltara la mitad del alma.
Las únicas veces en las que se sentía completa era estando junto a Jon. Ambos siempre habian compartido una relación tan especial y única que no podían describirla, pero que estaba ahí latiendo con fuerza. Se conocían mejor que nadie en el mundo y podían llegar a intuir cosas sobre el otro antes de que sucedieran o de que el mismo lo supiera. Solo su dulce Jon habia sabido donde encontrarla cuando habia escapado de Invernalia en medio de la tormenta de nieve más fría que hubiese visto el Norte nunca cuando tenía nueve años. Y solo ella habia partido en búsqueda de su primo cuando habia sentido su duda; lo habia encontrado en la habitación de un burdel con la puta de Theon, Ros, sobre él. Hermione solo le habia lanzado su camisa a la cabeza para sacarlo a rastras allí antes de que perdiera su virginidad con una mujer como esa.
Ahora él se encontraba en el Muro, a cientos de miles de kilómetros de distancia de ella combatiendo salvajes y otra clase de peligros para defender Poniente. En cambio, Hermione se encontraba a las afueras de Meereen observando el cielo para localizar a su dragón de hielo.
Eddarion era mucho más mágico que sus hermanos, con poderes de los que jamás habia escuchado. No se tenía practicamente ningún conocimiento escrito sobre esa raza de dragón, asi que ella debía aprender todo lo que podía de su hijo azul mediante la vista. Era la primera vez que la humanidad veía un dragón de hielo con sus ojos, pero el hecho de que estos pudiesen volverse invisibles aclaraba muchas cosas. Habia escuchado alguna vez una leyenda que decía que el Muro habia sido levantado sobre un dragón de hielo para que durara por la eternidad, pero no sabía que creer acerca de ella.
La mayoría de las personas creían que esa raza de dragón no existía, que eran solo cuentos de viejas brujas, pero Eddarion demostraba lo contrario. Era único en el mundo como sus tres dragones, los cuales no podían ser más diferentes de un dragón de Valyria normal.
Vhagar era un dragón de fuego, pero de fuego rojo como la sangre. Aun no entendía como él lograba prenderle fuego a su propio cuerpo. Era una defensa contra ataques, porque sus llamas eran tan calientes que derretían el acero antes de ser tocado por él. Era aterrador a los ojos de todos, una bestia que podría causar que el Vhagar original saliera volando en pánico puro.
Rhaegon, por otro lado, era visto como la reencarnacion de Balerion, el actual Terror Negro. Era el segundo en nacer, pero era el más grande de los tres. Sus escamas eran negras como una pesadilla y tan duras como el acero valyrio, y sus dientes parecían espadas capaces de pulverizar la roca de una sola mordida. Pero su cuerpo no era lo más aterrador de él; era su fuego negro capaz de lograr que el hombre más valiente se orinara de miedo.
Vhagar y Eddarion eran fuego y hielo, pero Rhaegon era como ella; una tormenta. No sabía como describir el aliento de su hijo negro porque era una mezcla de relámpagos y fuego que derretían la roca como un copo de hielo en la mano. Al menos ambos dragones de hielo y fuego se llevaban bien, fastidiándose mutuamente de manera constante. Debía agradecer que ambos tuviesen exactamente el mismo tamaño, porque de lo contrario debería soportar que uno de los dos se volviera un presumido.
Cada día aumentaban su tamaño a un ritmo más rápido de lo que se tenía registrado de un dragón normal, y eso la asustaba. Rhaegon quizás estaba a un par de años o menos de alcanzar el tamaño del cráneo de Balerion, el que habia visto en las catacumbas de la Fortaleza Roja. No deseaba que les sucediese lo mismo que a los dragones en el Foso Dragón durante la Danza de Dragones. No habian nacido para ser encerrados, debían ser libres. Pero el hecho de que Vhagar asaltara los rebaños de los criadores cercanos la preocupaba.
—Un dragón es indomable, Hermione—Volteó hacia su tía de pie tras ella. Estaba ante la playa y el océano de Meereen con los brazos cruzados sobre el pecho, y su tía debía intuir lo que pensaba—. Nadie puede domarlos, ni siquiera su madre.
—No quiero domarlos, quiero que sean libres de elegir—Hermione replicó de manera inmediata—. ¿Hace cuánto los dragones reinaban los cielos? Nuestros mismos antepasados se encargaron de aniquilarlos por sus ambiciones egoístas. El Foso Dragón fue un error, cada generación de dragones desde que los encerraron allí creció siendo deforme hasta extinguirse, el ultimo del tamaño de un perro. Necesitan ser libres para crecer sanos.
—Es una hermosa visión, pero ellos son capaces de arrasar ejércitos en unos minutos. Necesitan a un jinete que sea capaz de mandarlos lo suficiente—Daenerys replicó con el ceño ligeramente fruncido. La joven sonrió ligeramente cuando Vhagar habia aterrizado de improvisto sobre la arena. No lo habia visto en semanas, y solo sabía de él gracias a los informes de los criadores de animales.
—Ya tiene un jinete—La Portadora de Tormentas añadió con firmeza—. Él ya eligió quien debe montarlo. —Ser Barristan le habia dicho que ella sería Aegon renacida montando al Terror Negro, pero siempre le habia dado la impresión de que Daenerys seria Visenya montando a Vhagar otra vez. Aun debían encontrar a la cabeza del dragón restante, quien sería Rhaenys, quien se convertiría en una leyenda al ser el primer jinete de un dragón de hielo.
Vhagar se acercó con lentitud hacia ambas mujeres Targaryen, pero centrando su atención mayormente en Daenerys. Él ya era lo suficientemente grande para ser montado, y por la manera en la que se movía, supo que habia venido a eso. El dragón rojo inclino la cabeza mientras abria las alas ante su tía.
No le importaba ser la primera persona en montar un dragón en más de cien años, podría vivir sabiendo que le habia dado ese honor a su tía. Hermione volteó hacia Daenerys para darle una mirada de aliento y le dio un suave empujón para que avanzara hasta el dragón.
La Reina de Hielo y Fuego vio cómo su tía subía sobre el lomo de Vhagar con lentitud hasta sentarse en el cuello de este mientras se sujetaba de los cuernos que salían de él. Con un susurro suave de expectación le ordenó volar, y la sonrisa de la Khaleesi dothraki no pudo haber sido más grande mientras se elevaba sobre el océano.
La joven solo sonrió ante la vista. Era paciente, y esperaría el momento en que el mismo Rhaegon le suplicara ser montado por ella.
—Mi Reina, por favor venga conmigo—Missandei susurró con la vista baja, como si no tuviese el valor de verla a los ojos. Ella solo se preguntó que podía ser tan grave para tenerla de ese ánimo, ya que en el último tiempo su amiga de cabello oscuro vivía esperanzada gracias a su romance creciente con Gusano Gris.
Hermione luchó por mantenerse estoica desde su lugar en el trono de Meereen cuando vio a Ser Jorah entrar. No pudo creer que el hombre a quien le habia dado su confianza habia sido un espía para Poniente todo el tiempo, pero despues de ver el perdón real firmado por Robert Baratheon lo habia creído con todo el dolor de su corazón. El oso se habia vuelto uno de sus consejeros más leales y nobles, y lo quería como a un buen amigo. Agradecía que Daenerys continuara surcando los cielos sobre Vhagar porque prefería ahorrarle el dolor de confrontarlo, despues de todo, ella habia sido la que lo conocía por más tiempo y la principal afectada por las pasadas acciones del hombre.
Intentó mantener la cabeza en alto mientras el caballero Mormont subía los escalones, pero estaba segura de que su mirada temblaba gracias al dolor. Gusano Gris y Ser Barristan le cerraron el paso al caballero para protegerla de un posible ataque, ya no confiaban en él y ella tampoco lo hacía. Comenzaba a entender porque su tío lo habia exiliado de Poniente.
— ¿Por qué Robert Baratheon te perdono? —Hermione cruzó las manos sobre su regazo para verse elegante ante la situación, pero estas estaban temblando ligeramente.
—Si habláramos a solas…
—No—La joven replicó inmediatamente—. Habla conmigo aquí. Explícalo frente a todos.
— ¿Quién cree que envió esto a Meereen? ¿Quién se beneficia? Es obra de Tywin Lannister. Quiere dividirnos. Si peleamos entre nosotros, no pelearemos contra él—Ella podía ver que era un truco del desgraciado, pero aun así no soportaba creer que le habia dado su confianza a un traidor que habia puesto a sangre de su sangre en peligro.
—El perdón fue firmado el mismo año en que conociste a Daenerys. ¿Por qué el Usurpador te perdonó? No intentes decir que el documento fue falsificado, conozco las firmas a la perfección—Ella no era una estúpida, habia visto al gordo Rey firmar al menos una decena de documentos cuando este la invitaba a su despacho para ver la cara de Lyanna Stark en ella—. ¿Por qué te perdono?
—Enviaba cartas a Varys.
—El Maestro de Susurros de Robert, lo conozco muy bien—Hermione asintió con la cabeza, sus labios apretándose mientras más su fortaleza se debilitaba—. ¿Qué información le diste?
—De cuando Daenerys y Viserys llegaron a Pentos, el plan de casar a su tía con Khal Drogo, cuando se casaron, cuando Viserys murió—Ser Jorah sabía que debía decirle la verdad. Ella una mujer de armas tomar, dispuesta a mancharse las manos con sangre para que la justicia reinara sobre la injusticia. Ella tenía los mismos ideales que Ned Stark, quien lo habia llevado al exilio por la venta de esclavos, y sabía mandar como el verdadero Guardian del Norte.
— ¿Les dijiste que ella estaba embarazada? ¿Qué esperaba al bebé de Khal Drogo? —Hermione preguntó con los puños apretados. Era una madre ahora, y no podía imaginar cómo sería su vida si ya no tuviese a sus hijos de dos años. No podía creer que hubiese pasado tanto tiempo desde que hubo llegado a Essos, tanto desde que su tío habia sido asesinado. Aún recordaba la mezcla de sentimientos que habia tenido en el pecho cuando Varys le habia dicho del intento de asesinato a su tía embarazada, lo cual la habia llevado a advertirle por medio de una carta.
Ser Jorah habia sido el traidor que la habia puesto en peligro, el principal causante de toda la desgracia que ella debió sufrir.
—Majestad…
—No me llames así. Responde.
—Sí—Él aceptó finalmente bajando la cabeza. La Reina de Hielo y Fuego respiró hacia un lado mientras se ponía de pie con lentitud para enfrentarlo. Ahora lo sabía completamente. Él tenía la culpa de que su primo muriera, él habia causado la serie de eventos que habia llevado a Daenerys a confiar en esa bruja de quinta categoría.
—Ese mercader de vinos intento asesinarla debido a tu información—La joven comenzó a descender para acercarse al oso.
—Evite que ella bebiera ese vino.
—Porque sabías que estaba envenenado—Hermione escupió con sus labios carnosos—. La traicionaste a ella y a mí. Pusiste su vida en peligro, por tu culpa su hijo está muerto—Ser Jorah trató de hablar, pero ella no tenía la fortaleza de oírlo—. Le vendiste nuestros secretos al Usurpador, al hombre que mató a mi padre. A quienes destruyeron a mis Casas. ¿Cómo esperas que te perdone?
—La amo—Él admitió con la vista en el piso, y ella retrocedió un paso con sorpresa. No lo habia esperado, pero ahora entendía porque el oso le dirigía todas esas mirada de odio a Daario cada vez que se le acercaba. No podía pensar en el amor desde que se habia equivocado tanto con Jaime, ya ninguno volvería a situarse en ese lugar especial en su pecho.
— ¿Amor? —La Portadora de Tormentas preguntó, su voz destilaba ironía mientras apretaba los puños—. El Príncipe Dragón amo a la Doncella Lobo, ¿cuántos cientos de miles tuvieron que morir por ello? El amor hizo sangrar a los Siete Reinos. El amor destruyó mis Casas—primero su padre habia llevado a la Rebelión de Robert, después Robb habia roto su juramento ante Walder Frey por una mujer de Volantis, causando que el viejo lascivo lo traicionara—. Te decapitaría yo misma, pero no te quiero en mi ciudad ni vivo ni muerto. Te daré todo lo que pidas o requieras para el viaje. Regresa con los Lannister en Desembarco del Rey y cobra el perdón, si es que puedes.
—Hermione, por favor… —Ser Jorah intentó sujetar su mano, pero ella la alejó mientras hacia un gesto para evitar que Ser Barristan y Gusano Gris sacaran sus espadas.
—Tienes hasta el amanecer para irte. Si estas en Meereen al terminar el día yo misma pondré tu cabeza en la Bahía de Esclavos.
— ¡Mamá! —Visenya exclamó a sus espaldas y ella volteó hacia su hija con sorpresa. Frunció el ceño cuando vio a sus trillizos de la Tormenta caerse uno sobre el otro, espiando su reunión con el oso mientras Rhaenyra gruñía sobre ellos—. ¡No!
—Largo—No daría su brazo a torcer ni siquiera por los tres. No soportaba ver a Ser Jorah un segundo más frente a ella. Era un Stark tambien, y su Casa más que nada era conocida por el honor; la traición era inaceptable para ella—. Ahora—escupió con los dientes apretados de rabia mientras un relámpago caía con tanta fuerza del cielo que un poco del polvo se deslizó del techo.
Cerró los ojos con dolor cuando vio al hombre descender los escalones de manera miserable, seguramente porque la mujer que amaba lo habia alejado de su lado al saber que habia traicionado a sangre de su sangre. Puso una mano sobre el pecho de Ser Barristan cuando Visenya habia corrido con sus piernas pequeñas hacia el oso lo mejor que podía, tirando de su pantalón para que este la abrazara por última vez.
Hermione suspiró al voltear, permitiendo que sus hijos se despidieran de él, porque a los ojos de los trillizos de la Tormenta Ser Jorah era quien más habia pasado tiempo con ellos ademas de Ser Barristan. Cerró los ojos mientras salía de allí, rehuyendo la mirada de todos, sin fuerza alguna más que para mantener contenida a la tormenta.
Pero aún así no pudo evitar que comenzara a llover cuando una lágrima se habia deslizaba desde su ojo.
— ¡¿Te atreves a rechazarme por una puta dragón?! —Cersei gritó con todas sus fuerzas, cargada de rabia pura mientras rodeaba a Jaime sentado en una silla—. ¡¿Que tiene el rostro de Lyanna Stark?! Primero Robert, despues Rhaegar y ahora tú. Eres mi gemelo, mi amante. ¡No eres de esa puta bruja!
—Ella es mi esposa—El Matarreyes intentaba sonar firme ante la leona dorada echando humo, pero vaciló cuando Cersei le habia dado una bofetada con todas sus fuerzas.
— ¡Ella está al otro lado del Mar Angosto planeando matarte! ¡A todos nosotros! —Ella exclamó con los dientes apretados, pero pronto sujetó el rostro de su gemelo para que viese el deseo en sus ojos verdes—. Yo estoy aquí y te deseo, te quiero. Soy la madre de tus hijos, tu primera mujer, quien siempre ha estado a tu lado solo para ti. Es a mí a quien quieres. Hermione Targaryen es una puta que se atreve a creer que tiene el derecho de separarnos—intentó morderle el oído a su hermano, pero este la sujetó por los brazos con fuerza, con tanta que estuvo segura de que le causaría moretones a la mujer.
—Ella es mi esposa, la madre de mis hijos legítimos. He sido el único hombre entre sus piernas, algo que tú nunca podrás decir—Cersei se removió para darle otra bofetada, pero Jaime no estaba de humor, solo la apretó más fuerte—. Te quise mucho, tanto que estaba dispuesto a dejarlo todo para vivir contigo, pero tú jamás hubieses aceptado no ser Reina. Hermione es la mujer que amo ahora, la única y la última.
La Portadora de Tormentas alejó el antifaz de hielo de su rostro con la boca abierta gracias a la sorpresa. Sus manos temblaban ligeramente y pequeños copos de nieve comenzaron a caer desde el techo.
Otra vez tenía una visión con él, y otra vez le importaba un demonio escuchar que él la amaba. No podría perdonarle nunca lo que le habia hecho a Bran, no podría perdonarle que Tommen y Myrcella fueran sus hijos con la puta de su hermana.
—Majestad, los solicitantes ya están aquí—Missandei dijo a la entrada de su habitación, y ella dejó el antifaz mágico sobre una almohada para encaminarse junto a su amiga hacia la sala del trono de Meereen. Con un suspiro observó al anciano frente a ella, esperando pacientemente la introducción de su traductora.
—Esta frente a Hermione de la Magia. Quien no Arde, Reina de Meereen, Reina de los Ándalos y los Primeros Hombres, Rompedora de Caderas, Portadora de Tormentas y Madre de Dragones.
—Gracias por recibirme, Majestad—El anciano comenzó irguiendo la espalda ante ella. La joven solo le sonrió en respuesta—. Mi nombre es Fennesz. Puedo hablar lengua común si lo desea.
—Puede hablar la lengua que usted desee, estoy aquí para escucharlo—Hermione estaba sorprendida por el anciano, no era común que uno supiera hablar tan bien su lengua.
—Antes de que me liberara le pertenecía al amo Migdhal. Era el tutor de sus hijos, les enseñaba lenguajes e historias. Saben mucho acerca de su familia gracias a mí, de los Señores Dragón de Valyria y los Reyes del Invierno del Norte. La pequeña Khala solo tiene siete, pero la admira mucho. Dice que algún día desearía ser una Reina de Hielo y Fuego, una Reina Guerrera, como usted.
—Bueno… espero ser digna de admirar—La joven murmuró avergonzada. No creía como alguien pudiese llegar a admirar a una bruja capaz de arrasar ciudades cuando estaba de mal humor—. ¿Qué puedo hacer por usted?
—Cuando tomó la ciudad, los niños me suplicaron no dejar la casa. Pero el amo Migdhal y yo acordamos que debía hacerlo. Perdí mi hogar y ahora vivo en las calles.
—Preparé salones para alimentar a los antiguos esclavos y barracas para hospedarlos—La Madre de Dragones añadió con pesar, sabiendo que era su culpa que muchos ciudadanos se encontraran en la misma situación.
—No es mi intención ofenderla, Majestad. Los jóvenes acechan a los viejos, toman lo que quieren y nos golpean si nos resistimos. ¿Qué propósito tengo ahora? Con mi amo yo era un maestro, tenía el respeto y el amor de sus hijos.
— ¿Qué es lo que quiere de mí? —Ella frunció el ceño, tensándose un poco al intuir a donde iba la conversación.
—Majestad, le pido el permiso de volver a venderme al amo Migdhal—Hermione no se sorprendió de oírlo, tan solo le hizo un gesto con la mano al anciano para que continuara—. Los jóvenes quizás se regocijen en el nuevo mundo que crea para ellos, pero para aquellos que somos demasiado viejos para cambiar solo hay temor y miseria. No soy el único, hay muchos afuera suplicando lo mismo de usted.
—Ahora es un hombre libre, y la libertad implica tomar decisiones propias—La joven comenzó con elocuencia, intentando pensar como hubiese actuado su tío ante una situación como esa—. Permitiré que firme un contrato de trabajo. No sera un esclavo, sera un hombre libre recibiendo un sueldo justo por sus servicios. La cantidad puede ser acordada entre usted y su antiguo amo. Si el amo Migdhal y sus hijos lo aprecian tanto como sostiene lo aceptaran de regreso en su hogar como parte de su tutoría.
—Gracias, Majestad. Gracias—El anciano asintió con la cabeza y descendió temblorosamente las escaleras al trono. Habia encontrado un término medio entre lo que el anciano pedía y lo que ella deseaba para darles. Al menos recibiría el suficiente dinero como para suplir aquellos gastos extraordinarios a su empleo.
—Es buena actuando de manera diplomática—Ser Barristan susurró tras ella mientras un hombre delgado entraba con un paquete envuelto en tela en los brazos.
—Lo aprendí de un gran hombre—Ella le sonrió a su querido abuelo, agradeciendo todo lo que era a Eddard Stark. La voz de Missandei la sacó de su pequeña conversación con el caballero, y ella giró hacia el proximo solicitante.
—Mi Reina, él dice que… una… Pesadilla Monstruosa—Fijó sus ojos de color purpura sobre el pequeño cadáver calcinado a los pies de su trono, pero en lugar de sentirse avergonzada entrecerró sus ojos hacia el hombre—. Dice que su niña… el rojo descendió y la rodeó de sangre ardiente… mi niña, mi niña.
La Reina de Hielo y Fuego se puso de pie de manera estoica, observando los rostros de todos en la sala, visiblemente tocados por la situación. Nadie más parecía creer que el llanto del hombre sonaba demasiado falso como para lamentar la muerte de una hija.
— ¿Quién le ha pedido que me engañe? —Ella preguntó con los dientes apretados, notando como las cabezas de sus aliados giraban en su dirección con sorpresa.
—Yo… mi Reina, no sé de qué está hablando—El hombre continuó con su sesión de sollozos lastimosos.
—Si hubiese sido el rojo, la Pesadilla Monstruosa, el cuerpo tendría secciones rojas como las llamas del dragón—Hermione dijo con suficiencia, notando como él se tensaba en su lugar. Golpeó el talón con fuerza en el piso para crear un muro de hielo cuando este habia intentado escapar de la sala—. ¿Quién le pidió engañarme? ¿Quién asesinó a esa niña a sangre fría? —no lo iba a dejar escapar. Alguien queria que encerrara a sus dragones para acabar con una de sus fuentes de poder, pero ella no era estúpida. Se arrodilló junto al cadáver y depositó las yemas de sus dedos sobre el cráneo negro, y sus ojos se volvieron blancos—. Los Hijos de la Arpía—anunció cuando salió del trance mágico, entrecerrando sus ojos púrpuras hacia el hombre con la espalda presionada contra el hielo para intentar alejarse lo más posible de ella—. Vete. Diles a esos hombres que no soy una idiota. Si quieren una pelea conmigo yo les daré una tormenta para enfrentar.
Alzó la cabeza cuando el hombre salió corriendo por el pasillo una vez que hubo desecho la magia de invierno.
— ¿Cómo… como lo supo? —Ser Barristan tenía los ojos abiertos.
— ¿Soy la única que creyó que su llanto era demasiado falso?—Hermione preguntó con el ceño fruncido, pero pronto le enseñó como sus ojos se tornaban completamente blancos un segundo—. Los vi. Hombres con máscaras doradas prometiendo acabar conmigo, se harán llamar los Hijos de la Arpía. Creyeron que por ser madre asesinar a una niña me llegaría más al corazón, a todos aquí. Era un plan para yo encerrara a mis dragones.
— ¿Harán?
—Aún no sucede, pero sucederá—Estaba segura de que todos estaban confundidos, que no podían creer en sus palabras—. Soy la nacida de la magia. Yo lo vi con mis propios ojos. Sucederá, y estaré lista antes de que pase.
Habia ordenado que los Inmaculados derrumbaran la arpía de oro sobre la gran pirámide con la mayor rapidez posible, y ella misma habia cooperado formando un tobogán de hielo para que la figura no dañara la estructura de la edificación al caer al suelo.
Un par de horas despues habian recibido el informe de un Inmaculado muerto en un burdel. Ser Barristan puso frente a ella una máscara dorada. Eso solo acrecentó su rabia después de enterarse que Invernalia estaba bajo el dominio del hombre que habia clavado una daga en el corazón de su primo, el desgraciado de Roose Bolton.
—Los Hijos de la Arpía. ¿No dije que sucedería? —Hermione preguntó frotando las manos sobre su abdomen—. Cuando digo que algo sucederá es porque algo sucederá. Solo son cobardes con máscaras que buscan verme caer, pero si el fuego, el hielo o el acero no pueden matarme, nada lo hará.
—No habian atacado antes, no eran una amenaza—Su querido abuelo añadió con cierto tono de disculpa en su voz—. Los conquistadores siempre encuentran resistencia.
—No los conquiste, su propio pueblo lo hizo.
—Ellos no nos ven como personas, Majestad—Mossador añadió a su lado.
—Él no arriesgo su vida al pelear por su libertad para que cobardes con máscaras se la arrebaten, y yo no tome residencia en esta pirámide para ver como la ciudad abajo cae en el caos—La joven giró hacia Gusano Gris—. ¿Cómo se llamaba el hombre que murió?
—Rata Blanca, Majestad.
—Quiero que lo entierren con honor, públicamente, en el Templo de las Gracias.
—Los Hijos de la Arpía escucharon el mensaje—Ser Barristan la observó gravemente.
—Harán que se enoje—Mossador se unió al anciano caballero, pero el hecho de que la enfurecieran al pelear con ellos solo causaba que ellos mismos firmaran su sentencia de muerte.
—Que lo hagan—Hermione volteó hacia ambos hombres con los dientes apretados. El cielo inmediatamente comenzó a oscurecerse y las nubes crepitaron, dejando ver que una tormenta eléctrica se avecinaba—. Porque nadie que me haya visto verdaderamente enojada ha vivido para contarlo. Si quieren pelear conmigo está bien. Ya es hora de que sepa lo que soy capaz de hacer—le dio una mirada al cielo por medio del balcón y extendió una mano de manera insegura. Ella misma se sorprendió cuando el cielo se habia aclarado otra vez, estaba dominando a la tormenta misma con una sola mano—. Por ahora, encuentren al hombre que asesinó a Rata Blanca y tráiganlo ante mí.
—Hizdahr zo Loraq y Daario regresaron de Yunkai, Hermione—Daenerys enunció desde su espalda y ella suspiró mientras detenía su sesión de cosquillas a Rhaegar.
Su hijo menor la observó con sus ojos grises suplicando estar más tiempo con ella, pero la joven se puso de pie con rapidez. Cada uno de sus hijos parecía haber heredado el rasgo principal de cada Casa a la cual pertenecían.
Aemon era un pequeño orgulloso que ya deseaba aprender a luchar como su madre, y la situación habia empeorado cuando le dijo que lo habia llamado en honor al caballero más grande que los Siete Reinos hubiesen visto nunca. Desde entonces, estaba obsesionado con ser un guerrero legendario y un digno Rey a los ojos de su madre si esta conquistaba Poniente para ellos.
Visenya era astuta, un poco más calmada que su hermano mayor, pero aún asi deseaba aprender a luchar para ser como la legendaria Reina Targaryen. Se reprendía asi misma haberles contando el origen de sus nombres, porque desde entonces habian tomado la personalidad por la que se conocía a cada uno. Le dolía ver que su pequeña era casi tan astuta como un Lannister, pero la aliviaba ver que era muchísimo más dulce. No sería como Cersei, su hija tenia sangre de dragón fluyéndole en las venas.
Rhaegar, por otro lado, se parecía a su difunto padre, según le habia dicho Ser Barristan. Él era más como un lobo tranquilo y honorable que prefería leer a pelear como un bruto con palos, como él lo llamaba. Amaba tocar su pequeña arpa más de lo que le interesaba aprender a luchar. Solo la consolaban las palabras de su querido abuelo, quien habia dicho que el Príncipe Dragón era igual a su nieto en su niñez, pero que al llegar a cierta edad habia decidió ser un guerrero de la nada. Esperaba que sucediera lo mismo con su Rhaegar, en un mundo como ese debía aprender cómo defenderse a sí mismo.
—Quedate con nosotros, mamá—Visenya tiró de la manga de su chaqueta con sus pequeñas manos.
—Regresare pronto, Rhaenyra los cuida—Le dio una sonrisa a su loba dormitando protectoramente alrededor de sus trillizos de la Tormenta. Ella se habia vuelto la mejor nodriza del mundo. Besó la frente de cada uno de sus pequeños antes de caminar junto a su tía por el pasillo—. ¿Vhagar y tú…?—alzó una ceja.
—Es la mejor sensación del mundo—Daenerys sonrió genuinamente, últimamente pasaba mucho tiempo montando al dragón rojo para convertirse en una experimentada jinete como sus ancestros. Tenía que darle el crédito a su perseverancia con Vhagar. No cualquiera era capaz de domar a una Pesadilla Monstruosa.
La joven suspiró al sentarse en su trono, volviendo a tener a Daario frente a ella despues de haberlo mandado a Yunkai para alejarlo despues de que hubiese intentado llevarla a la cama. Ignoró al mercenario y fijó sus ojos de color purpura sobre Hizdahr zo Loraq.
—Nuestra misión a Yunkai fue un éxito completo. Los amos de Yunkai aceptaron darle el poder a un consejo de ancianos, hecho de hombres liberados y antiguos esclavistas. Todos los asuntos serán traídos ante usted para su revisión.
—Hay una condición—Se burló con suficiencia ante el semblante del hombre que habia escogido como embajador—. Siempre hay una condición. Solo dígala sin miedo, aunque creo saber que es.
—Piden la reapertura de las fosas de luchas—Hizdahr declaró con la mayor firmeza que podía, y ella alzó las cejas para evitar reírse a carcajadas—. En el nuevo mundo que nos trajo hombres libres pelearan contra hombres libres.
— ¿Les cree? —Preguntó con seriedad, pero asintió con la cabeza burlonamente cuando el hombre le habia hecho una seña para indicarle que confiaba en los amos—. Solo un tonto confiaría en hombres que masacraron a niños por millares, que trataron a los hombres como bestias. Al menor signo de debilidad en mis convicciones mostraran las garras para aniquilarnos a todos y cada uno de nosotros.
—Abrir las fosas les demostraría al pueblo de Meereen y Yunkai que respeta sus tradiciones—El hombre intentó nuevamente convencerla.
—No respeto ver hombres masacrándose entre sí para divertir cobardes. Hombres libres no pelean en esas fosas, solo instrumentos para brindar risas—Reprimió un bufido cuando Daario le habia guiñado un ojo mientras acariciaba la hoja de su daga.
—Es una Reina, y gobernar subditos felices es más fácil que lidiar con personas enojadas.
—Es un buen hombre, Hizdahr—Hermione inclinó la cabeza hacia un lado—. Pero confiar en hombres como esos y en sus peticiones solo causara que le corten el cuello tarde o temprano. Conocí a un hombre que era como usted, honorable y honesto, dispuesto a seguir las líneas de sangre de la sucesión, pero esos ideales no les convenían a otras personas. Esas personas le cortaron la cabeza frente a toda la ciudad y lo llamaron un traidor por decir la verdad, la que todos quieren ignorar.
—No entiendo—El embajador murmuró con el ceño fruncido.
—Mi tío: Eddard Stark—Las manos de la joven temblaron ante el recuerdo del hombre que la había criado y salvado de todas las maneras posibles—. No abriré las fosas de luchas y es mi última palabra.
Hermione paseó por la habitación de reunión de su Consejo Pequeño mientras escuchaba los gritos sin parar de sus aliados, cada uno con un punto de vista diferente acerca de cómo lidiar con el Hijo de la Arpía que Gusano Gris y Daario habían encontrado.
—Quieren poner collares en cada uno de nuestros cuellos. Por favor, Majestad, debe matarlo.
—Enviaría un mensaje—Ser Barristan replicó inmediatamente. Todos sabían que de dar un paso en falso habría una revuelta en las calles hacia ella. La situación con esos cobardes enmascarados empeoraba cada día para darle dolor de cabeza—. Yo digo que debe ser cautelosa como siempre. Ese hombre puede tener información valiosa.
—No tiene información valiosa—Daario se burló ligeramente.
— ¿Cómo lo sabes?
—Porque yo lo interrogué.
Hermione les dio la espalda cuando habian comenzado a debatir el tema entre ellos mismo. Suspiró en voz baja mientras apartaba un mechón de cabello de su rostro para controlarse, porque no habia pasado desapercibido para ella que repentinamente habia comenzado a nevar en la habitación.
—Cálmense.
—No conozco el lugar de donde vienen, Majestad—Mossador comenzó con la mirada fija en su querido abuelo mientras veía por el rabillo del ojo como Daario apartaba la nieve de la mesa con un codo. Era un precioso espectáculo, pero lo raro era que nevara en una habitación cerrada con un cielo libre de toda nube de tormenta—. Las cosas tal vez sean diferentes allá, espero. Pero aquí, antes de Hermione Magicborn, estaban los amos. Aprendimos sobre ellos o no vivíamos mucho. La piedad, juicio justo, no significa nada para ellos, lo único que entienden es la sangre.
La joven Targaryen alzó la mirada hacia el cielo mientras entrecerraba los ojos. Ahora habia comenzado a nevar del cielo, en Essos, donde el maldito calor era insoportable. Debía estar haciendo historia ese día con sus acciones, lograr que nevara donde era imposible que lo hiciera.
—Majestad—Ser Barristan se levantó para sujetarla del brazo, pero sus ojos estaban brillando más de lo normal para regresar el invierno a su estado pasivo. Aún estaban en verano y no sería bueno quitarles el calor para reemplazarlo con el frío congelante. Reprimió el deseo de reír cuando la nieve habia desaparecido tan rápido como apareció.
—El Rey Loco, así es como llaman a mi abuelo—Hermione comenzó, dándole una mirada a su tía, quien habia sido engañada por su idiota hermano para situar a Aerys como un héroe en lugar de un demente—. Conocido por quemar a inocentes con fuego salvaje y reírse mientras gritaban de dolor, mi tío y otro abuelo incluidos. Sé que es difícil aceptar algo como eso, pero no soy Aerys Targaryen. No matare a ese hombre a sangre fría—centró su atención mayoritariamente en Mossador, quien más se encontraba resentido hacia los amos y esclavistas.
No se sorprendió cuando el joven se habia levantado con furia de su asiento, sin aceptar su decisión en lo más mínimo. Un relámpago visible cayó al suelo justo frente a la gran pirámide, tan fuerte que el estremecimiento en la edificación fue visible y posiblemente un cráter se habia formado en la tierra.
—Lo mataré yo misma cuando esto terminé—Enunció con seguridad y convicción. No era la primera vez que le cortaría la cabeza a un hombre—. Quien dicta sentencia debe blandir la espada.
Hermione:
En todos mis años en este mundo no creí posible que los dragones volvieran a surcar los cielos, pero tú hiciste lo imposible posible. Con un legendario dragón de hielo ademas, uno que el mundo entero jamás hubo visto antes.
Te envié los huevos con el fin de que continuaran estando con sangre de su sangre, pero tambien tenía la pequeña esperanza de que nacieran finalmente. Si alguien podría lograrlo era la nacida de la magia bajo una estrella sangrante en medio de la sal y el humo, quien es hielo y fuego, a quien le pertenece la tormenta.
Desde que me entere de tu existencia supe que serias una mujer especial, una que levantaría a la Casa Targaryen de las cenizas para demostrarles a todos lo que se siente la sangre y el fuego. Eres Quien no Arde, la mujer que puede caminar en medio de las llamas sin salir lastimada. La Emperatriz del Invierno, quien es capaz de controlar el invierno mismo con un dedo. La Regente del Verano, quien puede manejar el fuego y el calor de solo pensarlos.
No puedo estar más orgulloso de ti, mi dulce niña. De ti y de Daenerys.
Confió en que regresaras a Poniente algún día para devolver la gloria a tu familia, a la Casa Stark incluida. Me alegró recibir tu carta y oír acerca de tus hijos, y agradezco que hayas llamado a tu primogénito en mi honor y en el del Caballero Dragón.
Mi dulce niña, no tengas miedo de ti misma. El miedo lo empeora todo siempre. El miedo logra que tus convicciones sucumban ante el olvido. Eres la Portadora de Tormentas, y ella te pertenece solo a ti para reinarla. No le temas, demuéstrales a tus enemigos el poder de la Reina de Hielo y Fuego. Demuéstrales lo que se siente perder a un ser amado.
Cuando regreses recuérdale a los Siete Reinos quienes son los Targaryen, lo que se siente el fuego de dragón arrasando todo a su paso. No eres Aegon renacida, eres más de lo que él fue.
Desde la Batalla por el Amanecer se ha esperado tu renacimiento. Un príncipe fue prometido, no una mujer. Pero la profecía está escrita en valyriano, y en esa lengua princesa es lo mismo que príncipe. Me hablaste de que eres capaz de crear una espada de fuego tan brillante que puede extinguir la oscuridad y derretir todo alrededor de ella, su nombre es Dueña de la Luz, no lo olvides.
Desearía que tu vida fuese más fácil, pero los dioses decidieron darte un gran destino. Algún día el futuro del mundo estará en tus manos, mi dulce niña. El día en que la vida y la muerte luchen tú serás quien combata a la oscuridad siendo luz, quien combata al miedo con valentía.
Reforja a Dueña de la Luz, Hermione. Es la espada roja de los héroes y es tuya desde hace más de doce mil años. Siempre has sido tú, ahora lo sé. No pude verlo antes. Ahora estas a salvó, pero debes prepararte para unir a Poniente antes la batalla final.
Los Caminantes Blancos son reales, Hermione. Son reales y dirigen un ejército de muertos hacia el Muro a cada segundo. Los han visto y saben cómo matarlos, vidriagon es la respuesta. Debes unir los reinos para enfrentarlos, solo tú puedes reclamar un asiento legítimo en el Trono de Hierro para eso. Aprende a controlar tu poder, porque de él dependerá el mundo.
Con cariño
Aemon Targaryen
Hermione levantó la mirada de la carta de su abuelo Targaryen con conmoción. Ella conocía las leyendas de los Caminantes Blancos por las historias de la Vieja Tata, y le dio escalofríos pensar que eran reales y buscaban invadir los Siete Reinos. Su abuelo Aemon era un buen hombre, el más sabio que conocía o del que había escuchado nuca, él no le mentiría de esa manera con algo tan grave.
Quizás era estúpido, pero le creyó por todo lo que sentía desde que habia llegado a Essos. Sentía como el Largo Verano conllevaría a un invierno más largo, el peor invierno que se hubiese visto nunca. No podía dejar de pensar en la sensación que tuvo en Volantis al ver a una mujer vestida de rojo predicando en las calles, quien se habia quedado helada al verla como si estuviese viendo un imposible. Era la misma percepción que tuvo al ver la imagen de un corazón ardiente, quien despertaba extraños recuerdos en ella, los cuales le habian dado la idea de crear una espada de fuego al ver a un hombre con una espada en llamas tan brillante que derretía el frio del invierno.
Si los Caminantes Blancos regresaban portando la muerte entonces los Siete Reinos estarían perdidos. Estaban en guerra y separados, y asi no podrían triunfar nunca. Aemon tenía razón, necesitaban a alguien que tuviera el poder para unirlos otra vez. Necesitaban a alguien que pudiese reclamar un asiento legítimo en el Trono de Hierro y no a un joven bastardo manipulable.
Al final el lema de la Casa Stark siempre tenía razón, el invierno se acercaba, y los muertos venían con él. Y está vez solo podrían combatirlo con fuego y sangre.
Necesitaba encontrar a sus dragones. Vhagar era más cercano a Daenerys en el último tiempo, la única persona a la cual permitía acercarse a él para montarlo. Eddarion sobrevolaba Meereen oculto de vez en cuando, y aunque ella pudiese sentir donde estaba, el dragón de hielo no permitía que lo viese. Pero Rhaegon era el problema, no lo habia visto en meses y practicamente no sabía nada de él. Quizás estaba al otro lado del mundo por lo que tenía conocimiento.
Era la Reina de Hielo y Fuego, la Portadora de Tormentas, y no podía saber dónde se encontraba el Terror Negro.
Prefería que estuviesen volando libres en el cielo que encerrarlos en las catacumbas de la pirámide como habian intentado los Hijos de la Arpía. Al menos crecerían sanos en libertad que deformes encerrados, como los dragones del Foso Dragón.
Ahora debía lidiar con cobardes enmascarados que buscaban derrocarla para beneficiarse de la vida de otros como si fuesen posesiones, pero ella no lo permitiría. Era una Targaryen, pero siempre tendría el mando y el honor de un Stark.
La situación solo habia empeorado cuando Ser Barristan le habia informado que Mossador habia asesinado al Hijo de la Arpía en prisión y lo habia puesto en las calles como ejemplo. Se mantuvo estoica mientras observaba al joven a los pies del trono. Si no podía gobernar una sola ciudad no podría unir los Siete Reinos para enfrentar a los peligros de más allá del Muro.
— ¿Por qué? —Preguntó con determinación calmada mientras se acariciaba las manos sobre el regazo.
—Por usted, Mhysa—Mossador respondió mientras se arrodillaba. Todos sus aliados estaban allí para apoyarla, incluso su tía—. Queria a la Arpía muerto, pero sus manos estaban atadas. Yo la liberé como usted hizo con nosotros. Él prefería destruirla a usted y su ciudad antes de ver a los esclavos tener un lugar. Cuando llegó a las catacumbas a hablar con nosotros yo fui el primero en usar un cuchillo por usted, porque vi quien era la Reina de Hielo y Fuego. Lo hice porque sé que tiene el poder de cambiar al mundo. Recuerdo la mirada de mi padre al atacar a su amo, quien cambio a su pequeño hijo por un perro. Usted salvó a mi padre en la pelea, se interpuso entre él y una flecha, y el acero se rompió en mil pedazos contra su piel. No solo le debe su libertad, tambien su vida.
—La vida de ese hombre no era tuya para tomarla, era mía—Hermione dijo despues de unos momentos, y alzó la mano para detener a Mossador de replicar—. Entiendo porque lo hiciste. En el mundo no es sencillo encontrar a alguien dispuesto a matar para proteger a su Reina. Tu convicción era correcta, pero erraste en el método.
— ¿Me asesinara? —Él bajo la cabeza, sabiendo lo que ella era capaz de hacer a alguien que violaba su mandato.
—No—Hermione negó con la cabeza, poniéndose de pie—. He hecho enemigos en todo el mundo y no puedo matar a alguien que está dispuesto a ensuciar sus manos de sangre por mí—descendió los escalones y depositó su mano en el hombro del joven—. Tengo algo que decirle a Meereen—volteó hacia Ser Barristan, quien asintió con la cabeza.
Ella sabía que ejecutar a Mossador causaría una rebelión hacia ella y su reinado. Incluso si lo mataba dentro de la gran pirámide los chismosos hablarían y en menos de una hora toda la ciudad sabría que ella habia asesinado a un antiguo esclavo sin piedad. Él no era el enemigo, su enemigo estaba en la ciudad escondiéndose como ratas y siseando como serpientes para destruirla.
Le tendió su mano al joven para ayudarlo a levantarse, y volteó hacia sus aliados. Seguramente habian esperado que decidiera cortarle la cabeza por traicionar sus órdenes, pero no podía cuando él lo habia hecho por ella. Si asesinaba a los hombres que estaban dispuestos a matar por mantenerla segura entonces no sería mejor Reina que Aerys.
—Tengo algo que decirle a Meereen—Hermione declaró mientras descendía los últimos escalones, agitando la mano hacia atrás para cambiar su traje masculino por un vestido hecho de hielo puro que dejaba al descubierto los hombros con una delicada capa con diseños de copos de nieve.
No esperó a nadie al encaminarse hasta el palco que daba hacia el pueblo, observando a todas las personas que la aclamaban como Mhysa mientras inclinaba la cabeza con gratitud. Ellos la veían como su madre y una madre debía proteger a sus hijos. Les dio una mirada a los Amos que se encontraban separados de los antiguos esclavos por los Inmaculados para evitar peleas entre ellos. Finalmente, se aclaró la garganta para comenzar.
—Prometí a mis aliados que todos los que se atrevieran a lastimarlos morirían gritando. Ahora, cobardes con máscaras los acechan para regresar un collar a cada uno de sus cuellos. Podrían estar en cualquier lugar y ser cualquiera de ustedes, pero eso no me importa. Esto es lo que tengo que decirle a ellos: pueden decidir enfrentarme para regresar la esclavitud, pueden intentar matarme si tienen el valor de hacerlo. Pero yo soy la Reina de Hielo y Fuego y la tormenta es mía. Ocúltense mientras puedan porque cuando salgan a la luz yo les dará una tormenta de fuego y sangre, de hielo y magia.
Hermione levantó la cabeza estoicamente mientras el pueblo de Meereen la aclamaba más fuerte que nunca, llamándola Mhysa y Portadora de Tormentas en su idioma. Ella les dio la espalda cuando comenzó a caminar de regreso a la gran pirámide con un brillo de determinación en sus ojos, pero volteó con sorpresa cuando escucho un rugido que, literalmente, estremeció la tierra.
Eddarion se hallaba en la parte más alta de la colina extendiendo sus enormes alas mientras escupía invierno por la boca. El dragón de hielo la observó con suavidad antes de saltar y desaparecer en el aire otra vez.
La joven volteó con cansancio, necesitando de sobremanera llegar a su habitación para descansar. Despidió a Mossador en el camino mientras sus aliados la seguían por instinto, seguramente necesitaban saber porque habia tomado esa decisión.
— ¿Por qué no lo mataste? —Daenerys preguntó inmediatamente al llegar, ya de noche.
—Porque de hacerlo, en menos de una hora estarían intentando hacernos pedazos a todos—Rodó los ojos con fastidio cuando Daario le habia guiñado un ojo, y eso solo causó que sintiera aún más agotamiento—. Necesito estar sola—todos asintieron y se fueron.
Se encaminó al balcón para respirar aire fresco mientras suspiraba. Al menos habia sabido cómo controlar la situación y evitar una revuelta hacia ella. Estaba creciendo como Reina a cada segundo gracias a las enseñanzas de su dulce tío, quien le habia enseñado el firme y honorable liderazgo del Norte. No sería como Aerys, Maegor o el Indigno, era la primera mujer en ser una Reina por derecho propio y debía estar a la altura de ello. Tenía que probarse a sí misma que podía ser como Visenya y Nymeria.
Volteó con alarma al escuchar un crujido a su espalda, pero cubrió su boca con sorpresa al ver a Rhaegon alzándose sobre ella en la punta de la pirámide. Permaneció en shock al verlo. Era practicamente imposible que ya tuviese el mismo tamaño que el cráneo de Balerion que habia visto en las catacumbas de la Fortaleza Roja, pero ahí estaba demostrándole lo contrario.
Rhaegon era enorme, más de lo que debería ser un dragón de su edad, pero cuando estaba intentando explicar recordó las palabras del brujo que la habia secuestrado en Volantis. Él le habia dicho que los dragones se alimentaban de su magia y, de los tres, Rhaegon era el más cercano a su madre. No era una teoría demasiado buena, pero era la mejor que tenía por el momento.
Extendió una mano de manera insegura hacia el hocico del dragón negro, el cual era tan grande que a penas podía apoyarse sobre la punta de la pirámide al ser demasiado pequeña para él. Hermione presionó la punta de sus dedos contras las escamas de su hijo alado, cerrando los ojos mientras apoyaba la frente contra él.
Debía verse como una completa hormiga a su lado, pero no tuvo miedo. Ahora, Rhaegon debía ser el dragón más grande del que se tuviese registro gracias a su magia, más grande que el mismo Terror Negro de Aegon.
—Hagas lo que hagas, siempre estaré orgullosa de ti. Si decides irte, yo no lo impediré porque tú y tus hermanos merecen ser libres. Soy su madre, no su dueña. Son las criaturas más maravillosas que hayan existido nunca y es un honor que me hayan elegido. Para mí, siempre serás el pequeño que se escondía en mi cuello cuando era un bebé. Espero ser digna algún día de ser la Reina Dragón.
Rhaegon se acercó más a ella mientras exhalaba un poco de fuego negro por su gigantesca boca. Cualquier otra persona hubiese escapado de las llamas por instinto, pero ella era quien no ardía, y el fuego no podía hacerle daño. El dragón dio un salto hacia el vacío, y ella no pudo evitar sorprenderse otra vez al ver cuán grande se veía al alzarse sobre la ciudad. Si fuera de día, los ciudadanos lo hubieran notado, pero era mejor así.
No deseaba escuchar los gritos de terror al verlo.
Hermione apoyó las manos sobre la piedra del balcón mientras observaba Meereen con un pequeño suspiro. Al menos, los ciudadanos no se habian revelado en contra de su gobierno, continuaban amándola tanto como antes al verla como su salvadora, como la Rompedora de Cadenas, como su Reina Guerrera que estaba dispuesta a mancharse las manos de sangre por ellos. Si alguien le hubiese dicho hace un par de años que estaría al otro lado del mundo buscando reclamar el Trono de Hierro le hubiera dado un puñetazo por estúpido
No habia imaginado nunca que reclamaría el trono algún día. En su niñez, solo había deseado permanecer junto a su amorosa familia, no necesitaba más para ser feliz. Pero ahora, su tío habia sido decapitado, a su tía le habian cortado el cuello hasta el hueso y no deseaba ni siquiera recordar lo que le habian hecho a Robb.
La muerte de Ned Stark habia despertado en ella a un dragón dormido, a uno que buscaba crecer como un incendio y que le incendiaba el corazón. No queria el Trono de Hierro por ambición, deseaba salvar a las inocentes personas de Poniente del reinado de los Lannister. Deseaba verlos sufrir, deseaba obligarlos a ver cómo les arrebataba lo que más amaban en el mundo y despues matarlos lenta y dolorosamente.
Ahora que Tywin Lannister estaba muerto, sabía que sería mucho más fácil regresar a Poniente, porque los leones sin él ya no eran nada. Tommen era un niño dulce, pero un bastardo influenciable al fin y al cabo que no tenía derecho alguno al trono. Jaime era un lisiado que nunca habia querido ser el Señor de Roca Casterly, y Cersei era una puta paranoica que estaba segura de que tarde o temprano terminaría tan loca como Aerys.
Los leones ya no eran nada, y tan solo debía esperar para que ellos mismos cavaran sus tumbas. Solo sintió decepción al no ser ella quien habia asesinado al viejo desgraciado. Sentía pena por Tyrion, porque él se habia manchado las manos con la sangre de su padre, pero despues de todo lo que este le habia hecho, la muerte era un castigo demasiado pequeño.
Bajo el reinado de Tommen, los Siete Reinos debían estar hundiéndose como barcos bajo la peor tormenta que se hubiera visto nunca. Ella recordaba las conversaciones que habia tenido con su tío cuando este era la Mano del Rey, donde le habia dicho que la Corona tenía una enorme deuda con el Banco de Hierro de Braavos.
Se habia hecho cargo de la situación hace tiempo, poco despues de saquear las riquezas de los Amos de Astapor y Yunkai. Habia utilizado parte del oro para comenzar a pagar la deuda de los Siete Reinos de manera secreta, buscando con sus acciones obtener la lealtad del Banco. De esa manera, podría evitar que estos continuaran prestándole dinero a los Lannister para fijarse en la legitima Reina de Poniente. Habia pactado tratos con ellos por medio de cartas bajo la más absoluta discreción, así, si llegaba a ser la Reina, podría descansar en paz sobre el Trono de Hierro al tener todas las deudas pagadas.
—Desde aquí todos parecen buenas personas—Hermione comentó mientras observaba al sol brindándole colores maravillosos al cielo. Giró sobre sus talones al oír la suave risa de su querido abuelo—. ¿Qué?
—Pensaba en todas la veces en que su padre me hizo ir con él desde la Fortaleza Roja hasta las calles de Desembarco del Rey.
— ¿Por qué? —Ella preguntó con una pequeña sonrisa, recordando el rostro de su padre cuando lo habia visto por medio de la magia.
—Le gustaba caminar entre la gente, le gustaba cantarles. Rhaegar escogía un lugar en las calles y cantaba, al igual que los otros trovadores mientras me aseguraba de que no lo mataran.
— ¿En serio? —Hermione rió en voz baja mientras tomaba asiento frente al anciano. Siempre habia escuchado que su padre habia sido un secuestrador que habia obligado a Lyanna Stark a casarse con él para luego violarla sin piedad. Ella nunca lo habia creído por alguna razón.
—Recolectaba el dinero, quería ver cuánto podía ganar. Amaba mucho más el arpa que una espada. Una vez le obsequió el dinero al siguiente trovador en la calle, otra vez se lo dio a un orfanato en Lecho de Pulgas y en otra ocasión… nos embriagamos mucho.
Hermione rió suavemente por la imagen mental de su padre cayéndose de borracho junto a Ser Barristan en Lecho de Pulgas.
—Cuando era una niña, todos se encargaban de decirme que él habia sido un desalmado que habia violado a mi madre sin piedad. Yo nunca lo creí, habia algo en lo más profundo de mi corazón que me decía lo contrario. Sabía que ambos estaban enamorados, pero no podía explicar cómo lo sabía.
—Él era un buen hombre, el mejor que nunca vi. Rhaegar hubiese sido un mejor Rey que los tres anteriores a él. Ahora usted es la Reina, y él estaría orgulloso de ver todo lo que ha logrado, de conocer a sus tres nietos, o seis.
—Me bastó darle una mirada a los ojos para saber que él la amaba sinceramente—La Madre de Dragones sonrió débilmente cuando su querido abuelo habia fruncido el ceño con incertidumbre, y no lo culpaba. Estaba diciendo que habia visto a su padre cuando este llevaba casi dos décadas muerto—. No es fácil controlar lo que veo, a veces solo son cosas que… aparecen. Los vi en la Torre de la Alegría cuando ella estaba embarazada, estaban discutiendo como llamar a su bebé. Ella lo besó de bueno voluntad y él le respondió, y tambien la manoseó—tosió con incomodidad mientras Ser Barristan reía al sentarse frente a ella—. Si llegaba a ser una niña, él dijo que me llamaría Visenya, pero ella quería que tuviese un nombre único, sin el peso de otra persona que lo hubiese llevado antes. Me llamó Hermione. Rhaegar dijo que si era un niño él lo nombraría Rhaegon.
—Es una hermosa visión. Siempre me pregunté porque alguien como su padre secuestraría a Lyanna, pero con lo que usted puede saber, creo que encontró la respuesta.
—A veces no sé cómo llegar a controlar tanto poder, y no hablo del poder político. Antes era una chica explosiva y salvaje que habia sido obligada a tenerle miedo a la magia de invierno. La mantuve encerrada para que no pensaran en mí como un engendro, aunque la mayoría de las personas solo creían que eran cuentos. Ahora, debo controlar mis sentimientos para no devastarlo todo. Desde la Boda Roja estoy guardando toda mi rabia para el momento en que regresé a Poniente, para arrasar Roca Casterly y el ejército de los Lannister. Lo que más me aterra no es la muerte, es que algún día pueda llegar a ser como Aerys.
—No es como su abuelo, jamás será como él. Toda mi vida solo quise vivir con el honor de servir a un Rey digno, y terminé viendo como un loco asesinaba a inocentes por millares mientras yo estaba atado de manos por juramente. Pero al verla a usted veo a su padre, veo a la Reina que estuve buscando toda mi vida. Es fuerte pero gentil, inteligente y precavida. Esta dispuesta a pelear como una igual junto a su pueblo, a ser una Reina Guerrera.
Hermione rió suavemente por la conversación emotiva. Al menos con su querido abuelo podría sincerarse.
— ¿Sabe porque Jaime asesinó a Aerys? —Ella preguntó en voz baja, pero era obvio que el anciano no lo sabía, nadie lo sabía más que el Matarreyes y ella gracias a la reveladora visión que habia tenido días antes—. Antes de que el ejército Lannister llegara a Desembarco del Rey, Aerys le ordenó a su piromante poner barriles de fuego salvaje bajo toda la ciudad. Bajo las calles de Lecho de Pulgas, bajo los mercados, bajo el Septo de Baelor, bajo la misma Fortaleza Roja. El Rey Loco prefería ver a toda la ciudad arder antes de que el Usurpador se quedara con su trono, porque tenía la idea de que él era un verdadero dragón y que el fuego no lo quemaría, que lo transformaría en uno para quemar a sus enemigos. Jaime lo mató antes de que pudiese dar la orden que asesinaría a medio millón de personas, y luego asesinó a los piromantes para que jamás hablaran de ello.
Ser Barristan estaba en shock por la información. No pensaba que Jaime era un héroe ni lo adoraba por ello, tan solo estaba señalando los hechos. Continuaba sintiendo lo mismo por él despues de verlo arrojar a su cachorro desde la Torre Rota en Invernalia.
—No lo culpo por servirle, Ser Barristan. Estaba atado por honor a su Guardia Real. Todos esos hombres vieron como Aerys descendía cada vez más hacia la locura y no hicieron nada. No hicieron nada cuando quemó ciudades enteras, no hicieron nada cuando asesinó padres frente a sus hijos y rió mientras morían. El honor es bueno para la vida, pero un buen hombre hubiera impedido lo que sabía que era incorrecto sin importar quien lo ordenó, incluso si fue un Rey o un Emperador, incluso si para ello debía perder su honor.
Ella alzó una mano para detener a su querido abuelo cuando habia abierto la boca para hablar. Aún tenía algo que decir.
—Jaehaerys decía que locura y grandeza son dos caras de la misma moneda. El poder absoluto corrompe absolutamente, Ser Barristan. Si algún día me vuelvo como Aerys gracias a él, máteme sin importar nada.
—Majestad…
—Prefiero morir antes de hacer las cosas que él hizo. Necesito a alguien que sepa lo que es mejor para el reino, sin que importe el honor o las apariencias. No estoy segura de cómo alguien podría matarme cuando me parezco tanto a Eddarion, pero encuentre la manera. Esa es una orden.
—No tendré que matarla nunca. Quizás no viva lo suficiente para verla en el Trono de Hierro.
—Puede ser un anciano, Ser Barristan, pero a mis ojos continúa siendo uno de los caballeros más grandes que los Siete Reinos hubiesen visto nunca. Fue usted quien solo se abrió paso en medio de un ejército para rescatar a un Rey ingrato cuando nadie más tenía el valor, y fue usted quien acabó con Maelys para ponerle fin al linaje Fuegoscuro. Es el abuelo que nunca pude tener.
Ella se puso de pie con una sonrisa y besó la cabeza del anciano mientras la abraza con suavidad. Él estaba sorprendido por todo, porque ella le hubiese pedido matarla antes de terminar como Aerys, pero así lo prefería. Podía ser una Targaryen, pero conservaría el honor de los Stark cuando se sentara en el Trono de Hierro. No caería en la locura. Si algún día todo su poder terminaba corrompiéndola se aseguraría de morir para no lastimar a nadie como el Rey Loco.
—Mi Reina—Daario inclinó la cabeza mientras entraba, y ella alzó una ceja por la interrupción. Hasta donde sabía no había ningún asunto que necesitara su atención. Habia contenido a Meereen y gozaban de una relativa paz que solo era interrumpida por cobardes enmascarados—. Necesito hablarle de algo importante. A solas.
—Vaya, Ser Barristan. Ya no tocó el arpa, pero practique una canción por mi padre—Le sonrió cuando este habia desaparecido por la puerta—. ¿Cuál es el asunto importante?
—No sé cómo alguien podría matar algo tan raro y hermoso—Él susurró mientras le enseñaba un ramo de rosas de invierno.
— ¿Otra vez? —Hermione gimió con irritación, toda la emotividad del momento con su querido abuelo se habia esfumado en menos de un parpadeo—. Ya te he dicho que dejes de darme flores y de intentar conquistarme. Jamás pasara, sigo estando casada.
—Usted lo ha dicho muchas veces, está casada con un hombre que prefiera dormir con su hermana.
—Eso es cierto, pero no soy como él—Ella le dio una mirada a las preciosas rosas azules y estas se cubrieron de escarcha, como las flores de la corona con la cual Oberyn la habia nombrado la Reina del Amor y la Belleza—. Jaime puede llevarse a la cama a todo Poniente y a mí me importaría un demonio. Soy una Reina, no una puta.
—Es una Conquistadora, Hermione Targaryen. Ya ha conquistado mi corazón.
— ¿Las mujeres se tragan esas líneas cursis? —Ella abrió ligeramente los ojos cuando él habia asentido arrogantemente con la cabeza—. Es repugnante ver cuán rápido abren las piernas ante un par de palabras bonitas.
—Mi encanto tiene mucho que ver.
—Tambien tu increíble modestia. Puedes detener todos tus planes porque no voy a caer en ellos—Se estaba volviendo desesperante el coqueteo de Daario, el cual había llegado a tal punto de intentar poner a sus trillizos de la Tormenta en su causa, pero Rhaegar como el más inteligente de los tres habia advertido las intenciones del hombre y rápidamente habia comenzado a soltar comentarios que no eran adecuados para un niño de su edad.
—Nunca digas nunca, la… —La voz de Daario se perdió en el aire mientras sus ojos se tornaban completamente blancos sin la necesidad de utilizar su antifaz de hielo. No lo pensó dos veces antes de correr y saltar por el balcón mientras se mantenía en vuelo gracias al fuego en sus manos que alimentaba su rabia. Necesitaba llegar con ellos lo más rápido posible. Debía salvarlos cómo habia prometido, que todos los que se atrevieran a lastimarlos morirían gritando.
Hermione lanzó el fuego hacia el piso para mermar la caída en el sector donde podía escuchar a las campanas sonando extraordinariamente. Se abrió paso a través de un corredor de cadáveres dothraki e Inmaculados mientras les cortaba la cabeza a todos los Hijos de la Arpía que corrieron hacia ella con sus cuchillos en alto. En sus manos, la espada de fuego brillaba con tanta intensidad y desprendía tanto calor que incendió las tiendas de las prostitutas y las mandó a correr despavoridas para escapar del fuego. Dueña de la Luz era un buen nombre para su espada mágica, el nombre que le habia dicho su abuelo Aemon para ella. Sentía que era correcto llamarla de esa manera.
Le cortó la cabeza a un hombre enmascarado apostado en la entrada de un corredor oscuro, y el cadáver de este cayó al piso envuelto en llamas. Al entrar pudo ver como su visión se estaba cumpliendo. Ser Barristan y Gusano Gris se hallaban combatiendo solos a los Hijos de la Arpía, espalda con espalda, superados completamente en número y heridos. Gusano Gris habia sido apuñalado en el hombro y su querido abuelo a penas podía mantenerse de pie por el corte en su pierna.
Hermione balanceó la espada en su mano y de un solo corte limpio tres cabezas rodaron por el piso incendiándose. Sus aliados cayeron agotados, pero aún continuaban con vida y ella habia ido hasta allá para asegurarse de que sobrevivieran a la trampa de las ratas cobardes. Dio una estocada con la espada de fuego y una columna de llamas inusualmente calientes y brillantes quemaron a un par.
Un Hijo de la Arpía recogió la espada de Ser Barristan e intentó apuñalar a sus aliados con ella, pero la Madre de Dragones, con su mano libre, envió un poco de magia de invierno para quitársela de las manos. Esta dio en el blanco, pero rebotó hasta tocar el suelo, donde se arremolinó en un pequeño torbellino helado que comenzó a crecer hasta tocar el techo.
Ella abrió los ojos como platos al ver como se formaba un gigante hecho de nieve y hielo, con un par de cuencas vacías como ojos que brillaban con algún tipo de neblina purpura. El gigante observó a los Hijos de la Arpía para luego darle una mirada a ella, y extendió su brazo para golpear a los hombres contra la pared con tanta fuerza que el ruido de los huesos rompiéndose fue repugnante. Hermione tuvo el deseo primario de correr, temerosa de lo que su poder sobre el invierno habia hecho, pero pronto recordó a sus aliados. Dio un paso hacia adelante para llegar hacia ellos, pero se detuvo cuando el gigante blanco habia avanzado. Cuando pensó que él la aplastaría como a una hormiga, este se arrodilló frente a ella mientras bajaba la cabeza.
—Dadora de Vida, Reina de la Magia, Emperatriz de Invierno, Reina de las Nieves—La Portadora de Tormentas se sorprendió aún más al oírlo hablar, si eso era posible. Su voz era chirriante, cómo un cristal rompiéndose, pero despues de todo, él estaba hecho de hielo y nieve como Eddarion.
—De pie… Kristoff—No tenía idea de cómo habia logrado pensar en un nombre para esa cosa que habia creado de la nada. Ni siquiera habia pensado en darle vida y allí estaba, ni siquiera sabía que podía hacer eso. Sus poderes estaban creciendo como le habia dicho Maggy, la Rana hace tanto, extendiéndose por la tierra con una enorme belleza, pero era una que el miedo destruiría si llegaba a temerle a su poder.
Con cuidado se acercó hacia sus aliados bajo la mirada del gigante, colocando su palma sobre las heridas de ambos para cauterizarlas gracias a su magia de fuego. Cuando intentó cargarlos para llevarlos a la gran pirámide, se dio cuenta de que sus brazos no tenían la fuerza, pero Kristoff la hizo a un lado con respeto y los levantó aún inconscientes.
Él asintió con la cabeza en su dirección mientras comenzaba a seguirla. No sabía si sentirse orgullosa o abrazar sus rodillas con miedo por crear a ese ser sin saber cómo. Justo cuando creyó que no podía ser un escalón más rara en el mundo sucedía eso.
Intentó ignorar todos los gritos de terror al abrirse paso por las calles para poner a Ser Barristan y Gusano Gris bajo cuidado médico, pero estos resonaron en sus oídos como si estuviesen golpeando un tambor justo sobre ellos. No solo Kristoff les aterraba, sino que continuaba sosteniendo la espada de fuego en su mano derecha, la cual brillaba tanto que causaba que todos se cubrieran los ojos, y que incendiaba los trozos de tela cercanos mientras exterminaba las sombras. Volteó con extrañeza al sentir una mirada particularmente poderosa sobre ella, y frunció el ceño al ver a un hombre y a una mujer vestidos completamente de rojo observándola con la boca abierta.
Le dio una mirada a su espada cuando esta había comenzado a sonar extrañamente, algo que no había hecho nunca antes. Hermione sacudió la cabeza en dirección hacia la pareja vestida de rojo y realizó un gesto con la mano hacia el otro lado de la calle.
—Por aquí, Kristoff—El suelo se estremeció ante los pasos del gigante de hielo.
—Madre, Reina de Hielo y Fuego—Parecía que, por ahora, la única capacidad de habla del ser helado era recitar e inventarle más títulos de los que ya tenía. Por algún motivo, la mirada de la pareja rojiza sobre ella causó que su corazón se estremeciera, y su espada comenzó a quemar la tierra. Estaban lejos de ella, pero lo suficientemente cerca como para ver que el rubí en el cuello de la mujer parecía brillar de repente, mientras esta la observaba con los ojos entrecerrados.
Hermione apartó la mirada cuando la mujer había abierto la boca, como si una enorme revelación la hubiese golpeado de repente. Reanudó el viaje hacia la gran pirámide, sin tener idea de cómo demonios le explicaría a todos lo que había pasado y que ella de la nada había creado un gigante de hielo.
Por algún motivo, Reina de la Magia resonó en su cabeza como explicación. Debía ser cierto que tenía el alma congelada como para controlar el frío de tal manera.
¡Espero sus comentarios!
Tuve un vació de escritora al escribir ciertas partes del capitulo así que solo salí a escuchar música para inspirarme. De pronto, recordé la escena donde Elsa crea a ese gigante de nieve para sacar a Anna de su castillo y no pude aguantar no ponerlo en la trama. Los poderes de Hermione están creciendo con el tiempo como le dijo Maggy, pero debe tener cuidado de temerles, eso solo lo empeorara.
No quise matar a Ser Barristan, es el consejero más leal de la Reina y el Lord Comandante de su Guardia Real. Ella es una Reina Guerrera que cree en él, que piensa en el como los abuelos que no tuvo.
Ya saben lo que piensa, prefiere morir antes de que el poder la corrompa algún día. No quise matar al anciano, que muriera en un callejón me pareció demasiado poco glorioso para alguien como él. Alargue su vida para que vea cumplido sus deseo, quizás, ver a Hermione sentada en el Trono de Hierro.
Cuídense Lannisters, la Reina de Hielo y Fuego se acerca a Poniente por ustedes cada vez más poderosa.
