Disclaimer: La serie de HBO: Juego de Tronos no me pertenece, ni tampoco lo hace la novela "Canción de Hielo y Fuego" del estadounidense George R. R. Martin.


The Queen of Ice and Fire

Capitulo 5:

Tormenta de Dolores


La habitación estaba tan gélida y oscura como una cripta. Era una noche particularmente fría para todos en la ciudad, tan helada que podía vislumbrarse escarcha recubrir los edificios como un velo blanco que dejaba ver el invierno como nunca antes en ninguna parte del continente. La luna se alzaba maravillosamente sobre Meereen, tan hermosa y glacial que dolía verla, como ella.

Hermione permaneció sentada junto a la cama de Ser Barristan observándolo descansar, aliviada de ver como el pecho de su querido abuelo subía y bajaba. No deseaba pensar si quiera en lo que hubiera pasado de llegar un minuto más tarde. Quizás, a esas horas del día, ya no lo tendría a su lado.

La joven remojó un paño en agua helada y limpió el sudor en la frente de su querido abuelo mientras le apartaba el cabello canoso del rostro. El anciano abrió débilmente los ojos, apenas logrando mantenerse despierto unos cuantos minutos para verla. Él abrió la boca, pero Hermione lo obligó a beber un poco de agua para calmarle la fiebre y remojarle la garganta seca.

Missandei debía estar en las mismas condiciones que ella con Gusano Gris, quien se habia situado como su interés amoroso en el último tiempo. Le causaba alegría ver como la joven perdía poco a poco todos los miedos con los que habia crecido al ser una esclava, pero ella no tenía idea de cómo darle consejos amorosos cuando esta se los pedía. Se había enamorado de un hombre que tenía tres hijos con su propia hermana, el mismo que habia lisiado a su pequeño primo; era la mayor experta del mundo en amar al hombre correcto.

—No era seguro para usted presentarse allá—Ser Barristan dijo con la voz tan áspera como una lija, y ella se inclinó para acomodarle la almohada—. Debió dejarme morir con honor.

— ¿Qué clase de honor tiene morir en un callejón asesinado por carniceros ocultos tras mascaras? —Ella rió suavemente ante el anciano. Él le recordaba un poco al Caballero Dragón que conocía gracias a sus sueños, quien habia muerto a manos de asesinos mientras protegía a un Rey que lo habia insultado toda la vida. Aegon IV ni siquiera era digno de respirar el mismo aire que su hermano menor. Su querido abuelo no terminaría de la misma manera que su ancestro, se aseguraría de ello.

—Tendría el honor de morir sirviendo a mi Reina—Ser Barristan le dedicó una leve sonrisa mientras gemía en voz baja por el esfuerzo—. Podrían contar historias sobre eso.

—Viva y cuente esas historias usted mismo—La joven se puso de pie para besarle la mejilla, cubriéndolo con las mantas para mantenerlo caliente ante la noche fría—. Descanse, dulce caballero—él cerró los ojos y ella se retiró, cambiando inmediatamente su semblante dulce por uno feroz.

Hermione acarició sus manos mientras caminaba por el pasillo para llegar a la sala de audiencias, donde sabía que Hizdahr y Daario la esperaban para ver como actuarían ante la situación. Su Consejo Pequeño habia sido desgarrado por los Hijos de la Arpía. Ahora tan solo los tenía a ellos para brindarle apoyo mientras Gusano Gris y Ser Barristan se recuperaban bajo el cuidado de Missandei y Daenerys. Incluso sus hijos sabían que algo le habia sucedido a su abuelo, pero no deseaba ponerlos en peligro cuando esos cobardes la acechaban cada vez más cerca y más peligrosos.

—Abriré las fosas de luchas—Ella declaró desde lo alto de las escaleras al trono mientras descendía lentamente.

Habia cambiado su ropa por vestimentas más acordes a una Reina, pero que aún conservaban un poco su personalidad para permitirle movilidad en caso de entrar en una pelea. Consistía en un vestido azul oscuro que llegaba hasta sus rodillas y que dejaba al descubierto sus hombros, con mangas tapándole solo la parte delantera de los brazos con detalles que asemejaban las escamas de un dragón. Estaba usando pantalones como siempre, esta vez de un color gris plateado con botas a juego. En su cuello, se hallaba un collar de plata con la forma de un dragón acurrucándose allí, como lo había hecho Rhaegon cuando era tan pequeño como un gato.

—La tradición puede acabar con los ataques de los Hijos de la Arpía—Hizdahr asintió con la cabeza solemnemente ante su resolución, ya que los dos hombres a su lado habian sido los principales interesados en abrir las fosas.

—No lo harán—Ella negó con la cabeza—. Cuando un perro se vuelve rabioso le lanzas un hueso.

—Podemos resguardarnos en el distrito de la pirámide—Daario se adelantó con su intensa mirada de seducción que tanto le recordaba a Oberyn—. Asegurarlo y usarlo como base de operaciones, luego limpiamos toda la ciudad, vecindario por vecindario, calle por calle, hasta que las ratas no tengan donde esconderse. Mi Reina, la próxima vez que decida saltar por un balcón para cortar cabezas me avisa para acompañarla.

—Prefiero la sugerencia anterior—Hermione negó con la cabeza por las palabras del hombre. No era como si corriese peligro lanzándose desde grandes alturas, era un dragón, y los dragones volaban—. Reúnan a los líderes de las grandes familias de Meereen y llévenlos a las catacumbas.

—Pero… yo soy el líder de mi familia mientras mi padre este enfermo—Hizdahr alzó las manos extrañado, pero ella hizo un gesto para evitar que los Inmaculados lo apresaran. Inclinó la cabeza hacia un lado con los ojos entrecerrados, dándole el tipo de mirada que parecía atravesar el alma.

—No, él está limpio—La Portadora de Tormentas concluyó finalmente mientras el piso de piedra se estremecía por los pasos del gigante de nieve recién nacido acercándose por el pasillo, agachado para caber por él. Ella conocía lo suficiente al hombre como para saber que él y su familia eran honorables, y que no era precisamente un maestro en artimañas cuando era tan ingenuo como para creer en las buenas voluntades de los Amos de Yunkai.

Ella habia crecido en ese sentido, ya no confiaba, practicamente, en nadie más que en sus aliados más cercanos.

—Madre—Kristoff inclinó la cabeza mientras Hizdahr retrocedía por instinto, espantado. Ella misma tenía miedo de ver como el ser de hielo estaba con vida cuando ni siquiera sabía que podía hacer algo como eso. Le aterraba pensar que sus poderes estaban creciendo cada día, ya tenía suficiente con algunos tontos fanáticos que habian comenzado a verla como a una diosa entre mortales. No era una divinidad, tan solo era una mujer que habia nacido con un padre que representaba al fuego y una madre que era hielo.

—Quedate aquí e hiberna—Ella alzó las manos frente al gigante apaciguadoramente, y este abrazó sus rodillas mientras se convertía en una estatua de hielo sentada en una esquina. La neblina purpura desapareció de sus ojos y este dejó de moverse—. No preguntes, no tengo idea como… solo pasó—añadió torpemente al ver la ceja alzada de Daario. Él parecía ser la única que persona que se acercaba más a ella mediante la magia crecía o manifestaba su poder. Parecía encontrar que eso la hacía única en el mundo.

Pronto recordó el motivo de porque estaba allí, y sus pies congelaron el piso a cada paso mientras caminaba hacia las catacumbas con determinación y rabia. No se habian tardado en reunir a los jefes de las familias en la oscuridad de la base de la pirámide, con Hizdahr siendo el único que se libraría del castigo.

Los Inmaculados iluminaron la bóveda con un par de antorchas a penas capaces de abarcar un pequeño tramo, pero era más que suficiente para ella.

Caminen—Alzó una mano hacia la oscuridad.

Los dragones no están aquí para amenazarnos, ni siquiera puede controlarlos—Un hombre habló para burlarse de ella, pero avanzó hasta la oscuridad al ristre de la lanza de los Inmaculados como la rata cobarde que en verdad era.

No es a ellos a quien deben temerle ahora, créanme—Hermione se burló mientras apretaba los puños, tan solo en su mente la imagen de Ser Barristan y Gusano Gris rodeados de Hijos de la Arpía a punto de ser asesinados—. Déjenme con ellos—giró hacia Daario, reprimiendo la rabia un par de segundos más—. Dije déjenme—apretó la mandíbula, y el fuego de las antorchas aulló mientras crecía tanto que comenzó a quemar el techo de las catacumbas.

Sus aliados practicamente salieron corriendo, menos Daario, quien comenzó a silbar despreocupadamente mientras salía con un guiño, y pudo escuchar como él le decía a alguien que al menos una de las cabezas de las grandes familias moriría esa noche. El fuego, para ella, era mucho más difícil que controlar el hielo. Necesitaba gran parte de su concentración controlar una llama que no habia creado ella misma, pero estaba tan furiosa por lo que le habian hecho a su querido abuelo que lo facilitaba todo.

Un hombre avanzó hacia ella para moverla de su camino y salir de allí, seguramente creyendo que era tan solo una simple mujer desarmada. La mayoría de las personas, en especial sus enemigos, continuaban creyendo que las historias sobre su magia tan solo eran invenciones, y que los extraños eventos del clima eran señales de disconformidad de los dioses hacia la Reina Dragón.

Habian crecido pensando que les pertenecía el mundo al ser dueños de vidas de esclavos, pero ella les haría ver cuán insinuantes eran en realidad. Sus enemigos aprenderían a temerle como a un verdadero dragón.

Todos los que se atrevieran a desafiarla morirían gritando.

Hermione alzó una mano frente a ella y el hombre fue empujado hacia el piso por blanca neblina helada llena de copos de nieve. Sonrió macabramente cuando los hombres habian comenzado a alejarse de ella con los ojos abiertos.

¿Quién es inocente aquí? Tal vez todos lo sean, tal vez ninguno. Planeaba mostrarles misericordia y justicia gracias al consejo de Ser Barristan, pero ahora él está en una cama convaleciente gracias a ella. Hubiera muerto porque yo les brinde piedad. Ahora me doy cuenta cuan ingenua fui, y mi piedad se acabó—solo pudo recordar a su querido abuelo postrado en una cama con la pierna herida y a Gusano Gris en las mismas condiciones, casi asesinados por carniceros cobardes ocultos tras mascaras—. No es sencillo controlar tanto poder, menos aun cuando crece cada día. Quizás deba dejarlo salir todo para averiguar quién esta detrás de los Hijos de la Arpía. Quizás deba matar a cada uno de ustedes para acabar el problema de raíz, pero les daré una pequeña oportunidad. Quien sea capaz de eludirme y escapar puede hacerlo.

La Portadora de Tormentas observó a los hombres con altivez, esperando que alguno cayera en la trampa. Solo golpeó su talón contra el piso cuando un hombre habia sacado de la manga de su traje una daga oculta y habia corrido hacia ella con confianza, pero esta murió completamente cuando cuerdas de hielo le habian rodeado el abdomen y atado contra un pilar que habia aparecido gracias a su magia a mitad de camino entre ella y el grupo.

¡Lo prometió! —El hombre gritó mientras forcejeaba para liberarse, y los demás retrocedieron por instinto al verla sujetar entre las manos a una de las antorchas mientras se acercaba al varón.

Mentí—Ella se burló con una sonrisa ligera, la cual mantuvo mientras le prendía fuego al hombre en la pira improvisada—. Todos los que se atrevan a desafiarme morirán gritando, recuérdenlo muy bien—volteó hacia el resto de los líderes de las grandes familias de Meereen antes de comenzar a subir los escalones para regresar a su habitación.

Ahora entendía que el honor de la Casa Stark tan solo era bueno para gobernar a su pueblo, pero que no servía de nada tratándose con sus enemigos. Su tío habia sido decapitado por mantener el honor despues de todo, y su gobierno no terminaría como él. Debía aprender cuando demostrar misericordia o crueldad como una verdadera Reina. Debía escuchar más a sus consejeros y dejar de ser tan necia si podía. Era una Reina ahora y la crueldad ocasional formaba parte del reinado de cualquier gobernante.

Levantó la mirada con una sonrisa al escuchar los gritos de agonía del hombre mientras el fuego terminaba de rodearlo por completo. Fuego y Sangre era el lema de la Casa Targaryen, y sus enemigos conocerían de primera mano que significaba.


Hermione parpadeó lentamente en dirección hacia sus hijos, específicamente observando a Aemon, quien le devolvía la mirada con el ceño fruncido y las mejillas rojas. Su primogénito era tan testarudo y orgulloso como su padre. Se parecía demasiado a Jaime para su gusto, heredando su fuerte y masculina mandíbula ademas de su complexión fuerte y porte.

— ¿Por qué no puedo ir con ustedes? —Aemon realizó un puchero otra vez bajo la mirada aburrida de Rhaegar, quien levantó la vista desde su lectura para rodar los ojos por la actitud de su hermano mayor.

—Ya te he dicho que es peligroso.

— ¡Pero quiero ver a los hombres pelear!

Ella suspiró ante eso, rodando los ojos de la misma manera en que lo hacía su hijo menor. Aemon deseaba ser un guerrero de la misma talla de su tocayo, buscando incasablemente aprender a pelear de cualquier manera, pero era tan pequeño que apenas podía sostener una espada de práctica con las manos.

—Eres demasiado pequeño para ver la muerte de primera mano. Ni siquiera yo quiero ir, hijo.

Hizdahr habia hecho los preparativos para el inicio de la temporada de luchas, la cual la obligaba como Reina a asistir a los peores reñideros por una razón tonta que ya se le habia olvidado. Lo que menos necesitaba en esos momentos era ver como idiotas se masacraban entre sí, pero de esa manera solo debía esperar que los Hijos de la Arpía salieran de sus asquerosas cuevas para acabar con el problema de raíz.

— ¡Mamá! Jamás salimos de la gran pirámide, quiero verlos luchar. Además, iré contigo.

— ¿Qué tiene de especial ver a idiotas masacrándose por diversión? —Rhaegar preguntó con el ceño fruncido. Parecía ser que su hijo menor habia nacido de luto como su abuelo, según las historia de Ser Barristan. La única diferencia entre su padre y su hijo eran los ojos grises de la sangre del lobo.

—Cierra la boca, sabelotodo—Aemon alzó el puño amenazadoramente hacia su hermano menor, quien bufó por la situación con fastidio. La mayoría del tiempo estaban discutiendo entre sí como gatos y perros y gatos por sus personalidades tan distintas—. A tu perfumado trasero le molesta que yo sea el más guapo.

—Somos gemelos practicamente, ambos somos idénticos. Visenya es la única que no se parece a nosotros—Rhaegar señaló con elocuencia ante la presencia de su madre, reprimiendo las maldiciones que ya habia escuchado salir de su boca al discutir con su hermano.

—Se parecen tanto a su padre—Hermione murmuró apreciativamente, cerrando los ojos para alejar de una patada todo recuerdo de Jaime. Lo único bueno que habia salido de su relación con él era su pequeño dragón de tres cabezas—. ¡¿Quién te enseño ese lenguaje?! —exclamó al percatarse de las palabras de su hijo, quien se ruborizó y observó el piso despues de darle una mala mirada a su hermano.

—Escuchamos a Daario—Aemon admitió mientras ella ensombrecía su mirada, prometiéndose reprender al hombre por no medir sus palabras junto a niños pequeños que absorbían todo lo que oían como parte de ellos—. ¿Mamá? —Suavizó la mirada por el tono de su hijo—. ¿Por qué jamás hablas de nuestro padre?

La Portadora de Tormentas observó el piso con los labios ligeramente separados, sentándose por instinto en el sillón donde estaba Rhaegar con un libro pesado en el regazo. Ya tenían la suficiente edad como para comprender las cosas y preguntarse donde estaba su progenitor ausente. Ella nunca les hablaba acerca de su padre. Cuando estos habian preguntado, ella habia eludido el tema ¿Cómo podría verlos y decirles que él llevaba a la cama a su hermana? ¿Cómo les diría que habian tenido tres hermanos que a la misma vez eran sus primos? Era mejor que permanecieran ignorantes en lugar de comprender la cruda verdad.

Ademas, le aterraba pensar que al enterarse del incesto, alguno de los dos podría fijarse en Visenya románticamente. La Casa Targaryen habia sido erguida sobre el incesto, pero pensar que sus pequeños terminaran teniendo sexo le aterraba más que perder el control de sus emociones y devastar ciudades enteras a base de tormentas.

—Él no es nuestro padre, no tenemos padre—Su hijo menor exclamó con el ceño fruncido, alcanzando la mano de su madre para brindarle paz y consuelo. A veces olvidaba que ellos ya tenían más de tres años, acercándose rápidamente a los cuatro—. Soy Rhaegar de la Tormenta de la Casa Targaryen, de la sangre del dragón, de la sangre de hielo y fuego. Soy un dragón no un león—la observó con la vista baja—. Él no es nadie para nosotros, te dejó por una puta.

—No hables así—Era cierto, pero no queria oír a su pequeño hijo hablar de esa manera tan vulgar, menos cuando aún le costaba pronunciar algunas palabras. Él era el más inteligente de los tres, el más capacitado para entender antes que sus hermanos. Frunció el ceño al caer en cuenta de que no debería saber quién era su padre.

—Las personas hablan de como la Reina Dragón ama a un León Dorado que prefiere… —Rhaegar apretó los labios bajo su mano cuando ella le habia cubierto la boca para que no continuara. Él lo entendía a la perfección a pesar de su corta edad, porque él era mucho más maduro que sus dos hermanos combinados. Aemon solo tenía cara de no tener idea de que hablaban los dos.

—Está bien, pequeño dragón—Ella susurró con una triste sonrisa, pero él negó con la cabeza con las mejillas rojas. No estaba defendiendo a ese idiota incestuoso, jamás lo haría, solo deseaba ver a sus hijos felices.

—No lo está, mamá. Jaime Lannister no es nada para mí, ni ahora ni nunca. Soy Rhaegar Targaryen, hermano de dragones.

— ¿De qué están hablando? —Aemon exclamó, ya harto de ser dejado de lado. Él era un olvidadizo de primera categoría, por suerte Rhaegar parecía tener una memoria perfecta para recordar todo lo que leía.

—De unicornios, genio—Su hijo menor rodó los orbes plateados.

— ¿Saben? —Hermione preguntó con una pequeña sonrisa mientras alzaba a su primogénito para sentarlo junto a su hermano—. Una vez una mujer me dijo que tendrían tres hijos, un dragón de tres cabezas con un rugido tan poderoso que haría estremecer al mundo.

Ella estiró las mejillas de cada uno con una sonrisa maliciosa.

— ¿Dónde está Nya? —Aemon olfateó, por fin percatándose que su hermana no estaba allí.

—Cuidando al abuelo junto a tía Dany, escuchan historias sobre nuestro abuelo—Rhaegar respondió monótonamente—. Siempre me ha gustado tu collar, mamá—el murmuró con la vista fija en el collar de plata en su cuello, un dragón de tres cabezas.

—Me lo obsequió un pequeño león, el único bueno—Ella acarició la mejilla de su hijo mientras se ponía de pie, sabiendo que él entendería el mensaje. Ya era hora de partir hacia los reñideros con su séquito de acompañantes reales—. Cuida que tu hermano no se meta en problemas—le susurró al oído mientras le daba un beso. Normalmente debería ser Aemon el protector de sus hermanos menores, pero él vivía metiéndose en problemas. Rhaegar era el calmado y el inteligente, un dragón silencioso como lo llamaban.

Hermione besó a Aemon de la misma manera antes de partir, cerrando los ojos para darse las fuerzas de soportar idiotas masacrándose en su "honor". Ella misma era una asesina experimentada, con exóticas formas de matar que nadie más en el mundo tenía. No se arrepentía en nada de quemar vivo a ese hombre, y de sentir placer al escucharlo gritar.

Cambió su traje a uno similar al azul, pero esta vez de color rojo oscuro como el dragón tricéfalo de su Casa, con pantalones grises para representar a los Stark. Obligó a Daario a permanecer en la gran pirámide como castigo por enseñarles maldiciones a sus hijos, despues de todo, él habia sido el consejero quien más la habia alentado a abrir las fosas por sus anteriores años de servicio en ellas.

Hizdahr y algunos Inmaculados eran los únicos que la acompañarían a presenciar la matanza, él siendo quien le informaba acerca de las tradiciones de Meereen porque debía admitir que era una completa ignorante de las tradiciones de la ciudad.

—Al menos finja que disfruta de las peleas, deles ese honor. El hombre que triunfe aquí tendrá la oportunidad de probar su valor luchando en su nombre en la gran fosa. Allí, deberá actuar como una Reina en todo el sentido de la palabra—El hombre le recomendó mientras llegaban a un pequeño reñidero, acercándose al palco preparado especialmente para ellos.

—Soportar los grandes juegos será lo suficientemente malo para mí, no fuerce la situación.

—Por generaciones, en los días antes a los grandes juegos, ha sido costumbre que nuestro gobernante visite las fosas menores y darle a los luchadores el honor de su presencia.

Hermione rodó los ojos mientras tomaba asiento junto a Hizdahr, observando con el ceño fruncido a los luchadores que comenzaban a salir al campo. Ella habia presenciado tan solo la mitad de un torneo en Poniente, ya que habia tenido la magnífica idea de disfrazarse de caballero para arrancarle la cabeza al hombre que habia asesinado a sus hermanos siendo tan solo bebés. Pero ese lugar no era Poniente, no respetarían las reglas de la caballería para nada.

—Majestad, noble Hizdahr—Un hombre se adelantó corriendo hacia ella para inclinar la cabeza mientras los luchadores tomaban posiciones—. Nos honran a todos.

El hombre corrió a enderezar a los combatientes de inmediato para darle una buena impresión. Alzaron las armas hacia un lado para recitar el juramento de honor antes de cada lucha.

—Peleamos y morimos por su gloria, Reina Dragón.

Suspiró con incomodidad cuando comenzaron el combate, y se percató que todos a su alrededor parecían bastante interesados en ver como se masacraban. Intentó ignorar los sonidos agónicos y el choque de las espadas concentrándose en la brisa, pero su atención fue llamada inevitablemente cuando un hombre le habia cortado el cuello a otro justo frente a ella.

—Ya es suficiente—Hermione se puso de pie cuando el mismo hombre le habia cortado la pierna a otro indefenso que intentaba escapar. Casi no podía creer que ella hubiese aceptado que eso sucediera.

—Majestad, es tradición que la Reina se quede hasta que alguien resulte victorioso.

—Suficientes han muerto—Ella replicó con la mandíbula ligeramente apretada mientras volteaba para irse de allí. No sabía cómo su pequeño Aemon habia deseado ver esa matanza.

Giró sobre sus talones con extrañeza al escuchar las fuertes aclamaciones, viendo inmediatamente como un guerrero se abria paso sin ser llamado. Abrió los ojos cuando este le habia dado un golpe al dueño de la fosa para comenzar a derrotar a los demás con facilidad. Ella se acercó con los ojos abiertos. Esa manera de luchar y la ropa le recordaban a alguien que ella conocía muy bien.

Los Inmaculados alzaron sus lanzas cuando el hombre se habia acercado al palco para quitarse el casco. Era Ser Jorah, de regreso en su ciudad cuando lo habia desterrado por traición hacia ella y la sangre de su sangre. Otra vez agradecía que Daenerys no estuviese allí para verlo de regreso, le ahorraría el dolor tanto como pudiera.

—Aléjenlo de mi vista—Ella declaró finalmente, volteando para irse y no ver más la cara del oso.

—Majestad, por favor—Ser Jorah la llamó, pero ella no estaba de humor como para escuchar escusas. Solo queria regresar a la pirámide y estar con sus hijos, o tal vez dormir una noche completa despues de tanto tiempo—. ¡Necesito un momento de su tiempo! ¡Le he traído un regalo!

— ¡Es cierto! —La joven se detuvo inmediatamente y volteó con los ojos abiertos, conociendo muy bien esa voz, la cual no habia escuchado en años. Tyrion estaba allí, sucio y encadenado, con una enorme cicatriz en el rostro que no tenía en Invernalia. El pequeño león sin duda habia conocido mejores días—. Es bueno verte despues de tanto… hermana—le dio una mirada al collar en su cuello, el cual él le habia regalado antes de que se casara con Jaime.

No tenía idea de porque alguien como Tyrion estaría en Meereen cuando habría podido elegir cualquier lugar del mundo para huir despues de asesinar al maldito de su padre. Él era el único Lannister que permitiría continuar con vida despues de verlo siquiera, era el único diferente en su familia.

Odiaba a los leones con toda la fuerza de su alma, específicamente a Cersei. La razón por la cual no dormía en las noches eran sus sueños repletos de formas de hacerla sufrir, pero la que ganaba por un gran trecho era obligarla a ver como sus hijos morían quemados. Le importaba un demonio que Tommen y Myrcella fueran niños dulces y pacíficos, lo único que queria era ver a la puta rompiéndose en mil pedazos a sus pies. Solo despues de quitarle todo en la vida la mataría, muy lenta y dolorosamente, y les daría su asqueroso cuerpo a los perros para que la devoraran.

No quedaría nada de Cersei Lannister. Ella se aseguraría de destruirla en todas la formas posibles para que ni siquiera su recuerdo quedara en la mente de los ciudadanos de Poniente. Las palabras de Maggy la aliviaban un poco, quien le habia dicho que ella destruiría a la mujer que más odiara en la vida porque era más joven y muchísimo más bella, y la mujer que más odiaba era Cersei.

—Llévenlos a la pirámide—Hermione observó a Hizdahr despues de unos momentos, dándole la espalda a todos mientras se marchaba con prisa por la entrada del reñidero sin esperar a nadie, y cuando estuvo a suficiente distancia de la mirada juzgadora de la gente comenzó a correr. Frente a ellos debía aparentar ser una Reina autoritaria y elegante, pero sin que nadie la mirara podía ser ella misma.

Reunió la magia de fuego en sus palmas antes de lanzarla a la superficie con toda su fuerza, alzando una pierna en el aire al alzar el vuelo en dirección a sus hijos para prepararlos y a ella misma. Tenía que saber porque Tyrion estaba allí, y debía resolver que haría con Ser Jorah cuando este habia regresado testarudamente a Meereen cuando ella lo habia desterrado.

Que él le hubiese dicho que la amaba antes de irse resonó en su cabeza como explicación.

La Madre de Dragones aterrizó con fuerza en el balcón de su habitación, alertando a Rhaegar otra vez. Aemon estaba dormido desordenadamente sobre su pequeña cama, con el vientre al descubierto y la boca abierta babeando mientras abrazaba a Rhaenyra con un gemido. Su pequeño sabio continuaba leyendo. Era demasiado inteligente para un niño pequeño, y ella no podía evitar que comenzara a entender el mundo. Él ya comprendía las peores cosas que existían, algo que le disgustaba de sobremanera.

Ella suspiró y cubrió a su hijo mayor con una manta mientras la loba huargo abria los ojos. Hermione acarició al emblema de la Casa Stark con una pequeña sonrisa, practicamente era el único recuerdo que le quedaba de su familia, lo único que permanecía con ella latente. En nadie confiaba tanto como en Rhaenyra para mantener seguros a sus pequeños trillizos de la Tormenta.

—Eres una buena chica.

— ¿Mamá? —Rhaegar dejó de lado el libro que debía pesar más que él para acercarse a su progenitora. Agradecía su inteligencia, la cual sacaba de problemas a su hermano mayor cuando este tenía la genial idea de jugar travesuras a las cocineras.

—Tu tío está aquí.

— ¿Tío?

—El hermano menor de tu padre—Ella le acarició la mejilla a su pequeño, quien inmediatamente frunció el ceño por la mención de Jaime—. No sientas odio rencor, no quiero verte resentido. Él no importa, me importas tú, hijo. Eres demasiado joven como para odiar.

—Lo odio, él nos dejó. A él no le importamos nada, tu sola nos tuviste. En lo que a mí concierne yo jamás he tenido padre.

La joven bajó la mirada con un suspiro. Jaime no le importaba, le importaban sus hijos como nada más en el mundo. No queria ver a ninguno de ellos sintiendo emociones tan negativas como el odio. Rhaegar era demasiado maduro, más que la mayoría de las personas que conocía, como si en tres años hubiera crecido tres décadas. Era un adulto atrapado en el cuerpo de un niño, prácticamente un bebé.

Al menos Aemon y Visenya eran niños aún.

Ella se puso de pie y le besó la cabellera plateada, evitando verlo para no recordar a su padre, sus dos hijos se parecían demasiado, físicamente, a Jaime. Debía pensar que haría con Tyrion y Jorah y necesitaba planearlo rápido, y la mejor idea que tuvo era consultarlo con los mayores afectados por la situación. Abrió la puerta de la habitación de su querido abuelo con un suspiro, y sonrió un poco al ver a Visenya jugueteando con él.

—Ser Barristan—Hermione inclinó la cabeza al entrar, disfrutando de verlo ya más sano, con su hija en el regazo. Debía estar contándole historias acerca del Príncipe Dragón, su abuelo—. Dany—le dio una mirada a su tía mientras cruzaba las manos sobre el regazo al sentarse en una silla.

— ¿Qué pasa? —Su tía era inteligente, sabía que algo sucedía. Ambas tenían practicamente la misma edad y costaba creer que ella fuese la hermana de su padre. Era la hija del Rey Loco, pero el Trono de Hierro le pertenecía a ella por ser la última descendiente viva de Rhaegar Targaryen, quien debía haberse sentado en el trono originalmente.

—Tyrion Lannister está aquí para verme—La Madre de Dragones admitió en voz baja, frunciendo el ceño cuando su tía habia abierto los ojos como platos—y viene con Ser Jorah—eso solo empeoró la reacción de la mujer, quien después de enterarse de la traición del oso habia comenzado sentir resentimiento por él. Ella no la culpaba, solo una carta de Jorah habia bastado para comenzar la serie de eventos que habian terminado con su esposo e hijo muerto—. Tyrion no es como el resto de su familia, siempre fue abusado por Tywin y Cersei. Es el único Lannister en el mundo que debe compartir nuestro deseo de venganza contra los Lannister. Esta aquí por algo, lo sé.

— ¿Un Lannister está en Meereen? —Daenerys arrastró las palabras sin creerlo, sus puños estaban apretados—. Jorah está en Meereen.

—Tyrion es diferente, yo… siento que no vino aquí precisamente porque desea ser decapitado—Hermione se burló ligeramente porque sabía que el pequeño león era astuto, tan inteligente como Rhaegar—. Cualquier hombre que haya asesinado a Tywin Lannister merece mi tiempo.

—Jorah… —Su tía murmuró con la vista en el piso, sus ojos brillaban con resentimiento y dolor.

—No sé que hacer con él.

—Majestad, están aquí para verla—Missandei dijo desde la puerta con respeto, y ella se puso de pie para besar la cabeza de su hija y la de Ser Barristan para despedirse de ambos. Daenerys la siguió por instinto, necesitando ver al oso despues de no haber estado presente cuando ella lo habia exiliado.

Hermione tomó asiento en su trono mientras cruzaba las manos sobre el regazo con elegancia, habia aprendido a verse como una mujer pacífica y grácil para aparentar ser una Reina perfecta. Missandei y su tía se posicionaron tras ella mientras los hombres entraban, con Ser Jorah dándole una mirada adolorida todo el tiempo. A penas podía mantenerse firme por el recuerdo de él diciéndole que la amaba.

—Majestad, quiero decirle que…

—No es a mí a quien debes darle explicaciones—Ella lo interrumpió rápidamente, dándole una mirada sobre el hombro a Daenerys—. ¿Por qué estás aquí, Tyrion?

— ¿Por qué tu estas aquí, Hermione? La última vez que te vi estabas camino a Desembarco del Rey para casarte con mi hermano. Despues escuche una hermosa historia, que tú sola casi destruyes la ciudad y asesinas a Joffrey. Deberías haberlo hecho, les hubieras ahorrado años de sufrimiento a todos.

— ¿Cómo sé que no estás aquí para espiarme? Las personas cambian con los años, quizás hayas decidido servirle a la Casa Lannister llevando a Poniente a los herederos de Roca Casterly. En ese caso, podría matarte para hacerle pagar a tu familia lo que ha hecho con la mía.

— ¿Quieres venganza contra los Lannister? Maté a mi madre, Joanna Lannister, el día en que nací. Maté a mi padre, Tywin Lannister, de un flechazo en el corazón. Soy el mayor asesino de Lannister de nuestro tiempo.

— ¿Solo por eso debería dejarte vivir, porque asesinaste a tus padres? —Ella preguntó irónicamente. Casi no podía creer que él fuese el mismo pequeño hombre sarcástico que habia conocido en Invernalia—. ¿A qué has venido a Meereen? Sabes la clase de persona que soy y lo que quiero, y sabes que entre ello esta ver Roca Casterly arder.

—Tambien ver la cabeza de mi hermana en una lanza—Tyrion añadió, pero era completamente cierto. Queria destruir a la puta en todas las formas en que se pudiera destruir a alguien—. Vine a ofrecerte mi servicio.

— ¿Y por qué yo debería tomarlo?—Ella inclinó la cabeza hacia un lado con una pequeña sonrisa de sorpresa. No podía creer que él hubiera cruzado la mitad del mundo para aconsejarla en sus decisiones como Reina. Tyrion suspiró antes de hablar.

—Cuando era más joven escuche la historia de una niña nacida en medio de una guerra causada por sus propios padres, entre sangre y rosas azules con el aroma a sal y humo en el aire bajo una estrella sangrante. Su tío la mantuvo en Invernalia para protegerla de todos quienes buscaban asesinarla por el apellido que llevaba. No tenía riquezas, tierras, ejércitos o los bienes que alguna vez habia ostentado su Casa, solo tenía una familia amorosa de su lado. Se creyó que al apartarla del mundo no conllevaría un gran peligro para las grandes familias, era una mujer, y se creyó que eso sería todo. Pero años despues, escuché la historia de que esa pequeña niña habia logrado despertar al poder más grande dormido por milenos, el mismo día en que una estrella tan azul como el invierno cruzó los cielos. Se creyó que era imposible y todos los que se atrevían a mencionarlo fueron tomados como locos. Finalmente fue vendida al hombre que habia asesinado a su abuelo, y se creyó que eso sería todo. Unos años despues, el hombre mejor informado que conozco me dijo que esa chica con fama de bruja, sin riquezas, tierras o ejércitos habia conseguido todo eso después de cruzar el mundo en un brevísimo plazo de tiempo, ademas de tres dragones, incluido un dragón que se creía ser una leyenda. Él pensaba que era nuestra última oportunidad de erigir un mundo mejor, y… creo que yo tambien lo creo.

Hermione observó al pequeño hombre en shock, tirando de su cabeza hacia atrás con los ojos abiertos. Tyrion no era la clase de hombre que creyera en alguien con facilidad, y la manera en que habia hablado de su vida habia logrado sorprenderla.

—Cuando serví como Mano del Rey me fue muy bien considerando que el Rey en cuestión prefería torturar animales a gobernar a su pueblo. Me desenvolvería mucho mejor asesorando a una Reina digna de tal nombre, si es lo que eres.

—Muy bien—Ella dijo finalmente, observando a su tía por el rabillo del ojo—. ¿Qué debo hacer con él? —Miró a Jorah, tomando en cuenta la triste mirada de Daenerys para el hombre—. Jure que lo mataría si regresaba.

—Lo sé—Tyrion asintió con la cabeza, dando un par de pasos hacia adelante—. No recuerdo haber visto a un hombre cuerdo tan devoto como lo es para servirte, afirma que mataría por ti y moriría por ti. Nada de cuanto he visto me daría motivos para dudar de él.

—Aun así la traicionó a ella, por ende me traicionó a mí—La Madre de Dragones observó a su tía—. Tuvo muchas oportunidades para confesar, pero no lo hizo hasta verse obligado.

—Te adora, está enamorado de ti, creo. Era una verdad incómoda para alguien que sabe que fuiste criada por los Stark. Creo que no confió en que dejarías el honor de lado para perdonarlo. Una Reina que asesina a sus devotos no es una Reina que inspire devoción, y necesitaras mucha para reinar Poniente.

—Kristoff—Hermione pronunció con firmeza, pero sus ojos debían estar vidriosos por la sensación húmeda en ellos. El piso se estremeció cuando la estatua de hielo en un rincón de la habitación habia comenzado a tomar vida otra vez, alzándose con forma humanoide sobre los hombres.

Era algo nuevo de ver para Jorah solamente, pero Tyrion parecía a punto de desmayarse.

—Madre.

—Expúlsalo de la ciudad—Ella hizo un gesto con la cabeza hacia el oso despues de compartir un par de susurros con su tía, quien le dio su aprobación para hacerlo. Ser Jorah observó al gigante de hielo y luego a ella, viéndola como la verdadera Emperatriz de Invierno.

—No es necesario—Él dijo despues de darle una última mirada de anhelo, y salió de la sala por su propia voluntad.

— ¿Fama de bruja? —Hermione preguntó sarcásticamente mientras se ponía de pie, haciendole un gesto con la mano al gigante de nieve para que regresara a su estado pasivo—. Si querías una historia de magia, acabas de conseguir algo mucho más grande—le hizo un gesto con la cabeza para que la siguiera de regreso a su habitación, limpiando de sus ojos las lágrimas con la mano.

Podía escuchar los pasos suaves de Tyrion tras ella mientras caminaba por los corredores de la pirámide. Debía hablar con él en privado, preguntarle en concreto porque habia viajado hasta Meereen despues de verlo, por medio de la magia, en los calabozos de la Fortaleza Roja.

Rhaegar continuaba leyendo en el mismo lugar donde lo dejo, tan silencioso como una estatua mientras bebía cada palabra con la mirada. Aemon habia llegado a una posición bastante interesante para dormir, con los pies apoyados en la pared mientras la cabeza le colgaba de la cama al babear, abrazando la manta que habia puesto para cubrirlo. Sus dos hijos eran tan diferentes como hielo y fuego, pero tan parecidos al mismo tiempo.

Su hijo menor alzó la mirada desde su lectura e inclinó la cabeza con el ceño fruncido mientras observaba a su lado. Parpadeó lentamente, como si buscara entender algo, y ella casi pudo ver los engranes girar en su pequeña cabeza. Finalmente, se puso de pie arrojando el libro al piso.

— ¿Él es el hermano del bastar…?

— ¡Ya te he dicho que no hables así! —Hermione exclamó acaloradamente, cubriendo su rostro con vergüenza. Estaba segura de que hubiera dicho una mala palabra si ella no lo hubiera frenado. Aemon se cayó de la cama con un gemido, frotándose los ojos somnolientos con debilidad.

— ¿Mamá? —Preguntó en voz baja, parpadeando para adaptar sus ojos púrpuras a la luz—. ¡Hombrecito! —exclamó apuntando a Tyrion. Ellos nunca salían de la pirámide para su propia seguridad, y ver a su pequeño tío debía ser toda una novedad.

—El hombrecito es tu tío, idiota—Rhaegar escupió con los brazos cruzados sobre el pecho.

— ¿Tío?

—Aemon, ve con tu hermana—La Portadora de Tormentas rodó los ojos, y su primogénito trepó sobre la espalda de la pobre Rhaenyra y le jaló las orejas para despertarla, como si fueran las riendas de un caballo—. Tu tambien—le dio una mirada a Rhaegar, quien le enseñaba la lengua a su hermano—. No quiero quejas, es un conversación para adultos—le dio un pequeño empujón para que se largara, pero su loba lo atrapó por la ropa y se lo llevó pataleando de ahí.

Ella tomó asiento con un suspiro en el comedor de su habitación, donde habia un espacio delimitado para comer a solas cuando lo deseara. Las cocineras siempre mantenían un poco de comida y vino allí para su comodidad, pero siempre debía vigilarlo porque Aemon estaba en la etapa de creer que todo comestible era apropiado para su edad.

—Se parecen a Jaime—Tyrion murmuró mientras trepaba a la silla a su lado, inmediatamente alcanzando el vino.

—Más de lo que me gustaría—Ella apretó los labios por el recuerdo del hombre que amaba como una idiota—. No hablaría frente a Rhaegar, pareciera que tiene la madurez mental de un hombre de treinta años—en parte culpaba a Daario por ello, porque el hombre no media sus palabras frente a niños pequeños que absorbían todo lo que veían y escuchaban como una esponja.

—La última vez que nos vimos eras una chica salvaje y grosera que disfrutaba golpeando a los hombres—Él le dio una mirada apreciativa—. Ahora eres una Reina. Tus amigos pueden matarme si consideran que soy una amenaza para ti, tu pueblo te adora.

—No te matare y ellos tampoco lo harán—La joven suspiró al ver como Tyrion se llenaba de vino. Habia un aura diferente en él, pero continuaba siendo un ebrio de primera categoría—. Eso es lo que hubiera hecho Aerys, y no soy él.

—Años despues aquí estamos, dos terribles hijos de dos terribles padres.

— ¿Mi padre era terrible? Creo que el hecho de que todas las mujeres de Poniente fantasearan con él aun estando muerto dice muchas cosas acerca de cómo fue. Además, no soy tan terrible como espera la mayoría, al menos no con las buenas personas.

—Quiero ver si como Reina eres la clase correcta de terrible—Habia olvidado lo que se sentía escuchar la lógica de Tyrion, asi que solo alzó una ceja—. La clase de terrible que evita que su pueblo lo sea aún más.

—Reabrí las fosas de lucha porque estaba demasiado molesta. Unos cobardes enmascarados atacaron a Ser Barristan en un callejón, hubiera muerto si no hubiese llegado a tiempo para salvarlo. Bajo mi régimen la matanza se convertirá en entretenimiento una vez más. Eso es algo terrible.

—Eso es ser prudente—Tyrion replicó, dándole otro trago al vino—. Cada Rey ha enfrentado oposición a su gobierno, en tu caso son esos… cobardes enmascarados. Pero has sabido cómo controlar la situación. Hay esperanza en la ciudad, y el pueblo te ama porque sabes tomar buenas decisiones que mejoren su vida. Has jurado protegerlos y pelear a su lado como una igual, algo que cualquier Rey no haría. Varys quizás tenías razón acerca de ti.

— ¿Varys?

—Él me convenció de venir a buscarte. Era mi compañero de viaje antes de que Ser Jorah consiguiera ese puesto para sí mismo.

— ¿Confías en él?

—Sí, extrañamente. Tal vez sea la única persona en el mundo en quien confió, excepto por mi hermano—Hermione le arrebató el vino de las manos para servirse ella misma ante la mención del león.

—El hermano que mató a mi abuelo, el que empujó a mi primo por la ventana de una torre porque lo vio follando por atrás a la puta de su hermana.

—Jaime te ama.

—Eso no cambia que Bran jamás volverá a caminar otra vez gracias a él.

—Brandon y Rickon Stark están muertos—Tyrion levantó la mirada al oírla hablar como si ellos viviesen.

—Mis primos no están muertos, lo sé, los he visto—Ella añadió con la mandíbula ligeramente apretada—. No sé qué clase de cosas habrá hecho el cobarde Theon, pero él no los mató. Bran esta Más allá del Muro convirtiéndose en un Cuervo de Tres Ojos.

—Cuervo de Tres Ojos—Tyrion asintió con la cabeza, burlándose de ella como si estuviese diciendo locuras.

—La magia existe en el mundo, existía milenios antes de la llegada de los Primeros Hombres a Poniente. Los Niños del Bosque eran felices en su tierra hasta que fueron invadidos. Algunos nacían con la capacidad de meter su conciencia en el cuerpo de un animal, se llamaban huargos. Sus sabios se llamaban verdevidentes, capaces de ver el pasado, el presente y el futuro, su poder más temido—Hermione recargó la cabeza contra el respaldo de la silla. Había aprendido todo eso despues de leer por horas, encerrada en las tiendas del campamento de Robb cuando estaba embarazada—. Con el tiempo ese poder pasó a los Primeros Hombres por sangre, y aún en nuestros tiempos pervive. Es muy raro que nazca un huargo, mucho más un verdevidente.

—Es una hermosa lección de historia de la magia, pero no veo porque decirla ahora.

—Porque Bran y yo somos eso, verdevidentes y huargos—Ella rió entre dientes por la expresión de Tyrion—. Él está más ligado al Norte que yo, se convertirá en el nuevo Cuervo de Tres Ojos si puede controlar ese poder.

—Ya…

— ¿Crees que estoy loca? —Se inclinó hacia el pequeño hombre, y con la punta de su dedo índice tocó la copa de vino en sus manos, la cual se congeló al instante. Él la dejó caer por instinto—. Yo tambien lo pensé cuando esto comenzó—flexionó los dedos, y un poco de neblina helada se deslizó entre ellos hasta formar un copo de nieve en la punta de su dedo anular—. Por esa razón siempre usaba guantes, porque si me los quitaba todo terminaría congelado y muerto, y verían la clase de mujer que era.

—Las tormentas, el invierno, el verano, vida y visiones—Tyrion se alejó un poco de ella en la silla—. ¿A esa clase de magia se refieren? He escuchado algunos interesantes rumores acerca de cómo la Reina de Hielo y Fuego fue capaz de crear la tormenta más fría que se haya visto nunca.

—Era una niña cuando eso sucedió. Me veían como a un monstruo que había llegado para traerles la muerte, uno que se convertiría en la reencarnación del Rey Loco. Mi tío intentaba fingir calma, pero estaba aterrado por la situación. A mitad de la noche me llevó a la tienda de una bruja que se decía que podía ver el futuro, Maggy, la Rana—Tyrion escupió el vino por algún motivo, pero ella continúo sin importarle—. ¿Sabes que me dijo? Tus hijos serán un dragón de tres cabezas con un rugido capaz de lograr que el mundo tiemble, y tú algún día serás una Reina de Hielo y Fuego.

— ¿Tengo que estar impresionado? Parecías una chica lo suficientemente normal como para que mi padre te casara con mi hermano.

—No soy una mujer normal, soy hielo y fuego.

—Habia perdido la voluntad de vivir, pero Varys me convenció de que valía la pena venir a verte. Ahora estamos bebiendo vino y teniendo conversaciones sobre magia, brujas y dragones. Si muero, al menos podre decir que mis últimos días fueron interesantes.

—No morirás, vas a aconsejarme—Hermione se inclinó para quitarle la botella de vino repleta de las manos—. Acerca de cómo conseguir lo que quiero.

—El Trono de Hierro—Él dijo de manera inmediata, como si hubiera escuchado la misma historia miles de veces.

— ¿Crees que a todos les interesa ese horrible trono por ambiciones egoístas? —Hermione frunció el ceño—. No quiero conquistar Poniente, quiero unirlo—se puso de pie mientras jugueteaba con sus manos para pasearse lentamente por la habitación—. El Norte, la Tierra de los Ríos, el Valle, cada Reino no puede enfrentar solo lo que se acerca. Necesitan ser Siete Reinos capaces de olvidar todos los resentimientos del pasado para pelear por lo único que importa. La verdadera guerra no es por ver quién se queda con el Trono de Hierro, la verdadera guerra es entre muertos y vivos—giró sobre sus talones para darle una mirada grave—y no te equivoques, los muertos se acercan.

—He oído esos rumores en el Muro. Son solo invenciones para conseguir más hombres para la Guardia de la Noche.

— ¿Invenciones? —La Madre de Dragones asintió con la cabeza burlonamente, alguien se volvía un firme creyente despues de verlo con sus propios ojos, más o menos. Habian sido solo un par de segundos, pero pudo ver como un ejército de hombres muertos marchaba para combatir a la Guardia de la Noche en el Puño de los Primeros Hombres—. Esos imbéciles no pueden ver lo que sucede bajo su propia nariz. Lo único que les interesa es dinero y poder. Para cuando sepan lo que ocurre ya sera demasiado tarde, pero algunos no estamos tan cegados. El invierno se acerca, Tyrion, y esta vez solo se podrá hacerle frente con fuego y sangre.


Hermione tuvo que pedirle a Rhaenyra que mantuviera a sus hijos dentro de su habitación personal para mantenerlos seguros. Aemon aún continuaba con la necia idea en la cabeza de presenciar los combates en la gran fosa, y ella no sabía porque cuando ella misma no queria ir a ese estúpido evento. Gusano Gris y Ser Barristan continuaban reposando sus heridas, pero aún asi Missandei y Daenerys la acompañarían para brindarle fuerzas.

Se vio obligada a sentarse en una silla más alta que las demas en el palco especial que habian preparado para ella, a su lado ubicándose su tía. La joven observó con el ceño fruncido a todas las personas que lucían felices por la futura derramación de sangre, y la única felicidad que tuvo en ese momento fue ver la bandera de sus Casas flameando al viento. El dragón de tres cabezas con fondo negro uniéndose en una misma tela a un lobo huargo gruñendo de color gris.

Hizdahr llegó mientras un hombre entraba a la arena para situarse frente a ella y hablarle al público.

¡Ciudadanos Libres de Meereen! Por las bendiciones de sus Excelencias y su Majestad la Reina ¡Bienvenidos a los Grandes Juegos! —El pueblo comenzó a aplaudir de regocijo, y ella solo observó el piso de madera para ocultar el desagrado que sentía—. Mi Reina, en nuestra primera contienda ¿Quién triunfará, el fuerte o el ágil? —ambos hombres dieron un paso hacia el palco para recitar las palabras finales, pero al terminar se hizo un silencio sepulcral. Ella frunció el ceño, confundida.

—La están esperando—Hizdahr se inclinó hasta su oído, y la joven se alejó por instinto de él—. Que aplauda—tuvo que cerrar los ojos para darse fuerzas de hacer algo tan simple como aplaudir.

Hermione suspiró y alzó una pierna para recargar la cabeza sobre la palma. Los dos hombres comenzaron a luchar, con el pequeño mostrándose mucho más veloz y ágil que el musculoso. Intentó cubrir sus ojos lo mejor que podía, pero el pueblo de Meereen le dirigió miradas de extrañeza que la obligaron a mirar.

—El pequeño es por quien debe apostar—Daario se inclinó hasta su oído, apoyando una mano casualmente en su muslo. La Madre de Dragones apretó la mandíbula mientras quitaba la mano del hombre de su cuerpo, apretando los puntos de presión en su mano.

—Ya te he dicho que midas donde pones las manos o yo te romperé los brazos—Ella escupió en amenaza, pero como siempre eso pareció atraerlo más. Ignoró lo mejor que pudo la discusión entre Hizdahr y Daario acerca de quien ganaría el combate, además de la notoria lucha de egos.

La joven pudo ver la sonrisa de suficiencia de su embajador cuando el hombre grande le cortó la cabeza al pequeño y, despues de que algunos encargados limpiaran la sangre derramada en la arena, el hombre que habia dado comienzo a los juegos volvió a entrar seguido de guerreros.

Preguntamos de nuevo: ¿Quién triunfara? ¿Un Campeón de Meereen? —el pueblo de puso de pie para aclamar, específicamente los Antiguos Amos. Ella observó por el rabillo del ojo a Tyrion discutiendo con Hizdahr, pero volteó con los ojos abiertos al reconocer esa voz—. ¿Un caballero de Poniente?

Hermione tembló en su lugar con los labios ligeramente separados mientras observaba los ojos de Jorah. No sabía porque el hombre estaba allí despues de aceptar irse de buena voluntad, pero comenzó a creer que él estaba verdaderamente loco por entrar a las fosas de lucha.

—Majestad…

— ¡Cállate! —Espetó Daario.

Ella aplaudió inconscientemente, pero cuando se dio cuenta de la gravedad de esa pequeña accion, ya era demasiado tarde. Ser Jorah solo le dio un asentimiento de cabeza antes de comenzar a luchar, enmarcándose en una lucha bastante reñida con un hombre de piel oscura. Al vencerlo de una cuchillada, volteó hacia un hombre pequeño con una espada muy delgada. Debía ser un Braavosi por el estilo de pelea, la danza del agua, que habia visto a Sirio Forel enseñarle a Arya. Era mejor que Jorah y lo demostró todo el tiempo, pero cuando este estaba a punto de desgarrarle la garganta, el Campeón de Meereen lo apuñalo por la espalda.

Hermione se puso de pie con sorpresa cuando el oso le habia arrebatado la lanza al Campeón, ya derrotado, para lanzarla a algún punto detrás de ella.

— ¡Protejan a la Reina! —Daario exclamó al mismo tiempo en que todo se volvía un caos total. Los Hijos de la Arpía se habian camuflado como personas normales, pero ahora estaban masacrando a todos los asistentes. Estaban armados con simples dagas, pero eran muchísimos más que los Inmaculados.

Habían apuñalado a Hizdahr, quien estaba ahogándose con su propia sangre en el piso de madera. La joven le dio la mano a su tía por instinto, y tomó la de Ser Jorah cuando este se habia puesto frente a ella para ponerla a salvo. Dio un simple salto hacia la arena para recibir a Daenerys mientras rasgaba la falda de su vestido para escapar por la salida más cercana al palco, pero esta fue cerrada y resguardada por los rebeldes para cerrarles el paso.

La joven tomó la mano de Missandei y su tía cuando todo su grupo comenzó a correr por la arena para escapar por el lado contrario, pero una horda de Hijos de la Arpía apareció por la salida para obligados a estar en el centro, completamente rodeados y en desventaja numérica.

Sus aliados solo pudieron combatir a los rebeldes que se dirigían hacia ella para matarla, pero era solo cuestión de tiempo para ser derrotados.

— ¡¿Por qué estoy huyendo?! —Hermione exclamó cuando se dio cuenta de ese hecho importante. Ella era una bruja, y estaba escapando como una cobarde de carniceros con máscaras armados solo con cuchillos pequeños.

La Portadora de Tormentas apretó los dientes mientras empujaba sus palmas abiertas hacia adelante. Una sonrisa de suficiencia apareció en sus labios al ver como los Hijos de la Arpía situados frente a sus Inmaculados eran lanzados hacia atrás para ser empalados con estacas hechas de invierno puro. Tensó un brazo a su costado para repeler una lanza dirigida a su tía, y giró hacia otro grupo de rebeldes para hacerles frente.

Aire tan gélido que convirtió a un grupo de enmascarados en una pila de trozos de hielo se hizo sentir, pero no era de ella.

Hermione volteó con alarma cuando una sección de las gradas habia comenzado a hundirse ruidosamente, como si hubiera algo sumamente pesado sobre ellas que estaba hundiéndolas. Eddarion apareció de un segundo a otro, moviendo sus escamas hechas de hielo vivo mientras partiría a la mitad al menos a una docena de rebeldes con sus enormes mandíbulas. Ella sonrió con alivio y sorpresa de verlo allí, despues de tanto, pero abrió los ojos cuando la luz del sol despareció del cielo, como si la noche hubiese llegado más rápido.

Pero no era la noche, era Rhaegon.

La Portadora de Tormentas abrió los ojos cuando este habia aterrizado sobre la arena, aplastando a una gran cantidad de Hijos de la Arpía en el proceso. No tenía idea de cómo demonios podía caer allí cuando era tan alto como la fosa, y ya definitivamente se habia ganado el título del dragón más grande que hubiera existido nunca. Era tan grande que Balerion a su lado parecería una hormiga.

Hermione avanzó hasta él lentamente, apartando el agarre de Ser Jorah de su hombro para acercarse hasta su hijo negro. Cualquier otra persona estaría aterrorizada de él, pero ella era su madre. Estiró una mano con cuidado para tocarle el hocico, consciente de que él podría tragársela de una sola mordida como si se tratara de un bocadillo. Ya hace tiempo que su cabeza era más grande que el cráneo de dragón que habia visto en las catacumbas de la Fortaleza Roja.

Rhaegon observó a un Hijo de la Arpía tras su madre que habia tenido el valor de intentar lastimarlo con una lanza, pero esta rebotó en su piel como si metal corriente hubiera chocado con acero valyrio. Su boca se movió, como si estuviese sonriendo con suficiencia, antes de escupir fuego tan negro como la noche. Hermione solo permaneció de pie, estoica, mientras el fuego de su hijo la rodeaba a ella tambien, pero este no pudo hacerle daño. Ella observó sobre su hombro, para ver sorprendida como toda una sección de la fosa se habia derretido ante el fuego tormentoso en menos de un segundo.

Una tercera sombra aterrizó en la sección de las gradas aún en buen estado. Vhagar corrió a toda velocidad hasta detenerse a su lado, mordiendo el hielo de la espalda de su ropa para alzarla como Rhaenyra lo hacía con sus trillizos de la Tormenta. La Pesadilla Monstruosa la depositó sobre el cuello de Rhaegon, y ella solo pudo aferrarse de los cuernos en él cuando este habia comenzado a correr.

— ¡Rhaegon! ¡No! —Hermione exclamó. No podían llevársela, debía cerciorarse de que todos estuviesen ilesos. Debía saber si sus hijos estaban a salvo en la pirámide. Ninguno de los tres dragones la escuchó.

Rhaegon dio un salto y batió sus enormes alas en el aire, derrumbando con el cuerpo despreocupadamente lo que quedaba de fosa. Ella se aferró con fuerza al cuello de este, sintiendo cuan cálidas eran sus escamas por la sensación en sus muslos. Cuando observó la arena apenas pudo ver a sus aliados, tan pequeños como hormigas desde el lomo de un dragón.

Desde el cielo, la ciudad entera parecía haber sido tragada por la noche gracias a la sombra que el Terror Negro proyectaba sobre ella.


Hermione gimió en voz baja mientras abría los ojos con lentitud e incomodidad. Apoyó las palmas sobre el lomo de Rhaegon con fuerza mientras siseaba por el dolor en sus muslos, como si haber montado un caballo durante demasiado tiempo le hubiera pasado la cuenta. Se habia quedado dormida montando a su hijo negro sin tener conciencia de cuánto tiempo habia pasado volando, y ni siquiera tenía idea de donde se encontraba.

La joven gritó al caer sobre su trasero sobre la hierba quemada, cerrando los ojos al sentir sus piernas tan débiles como neblina evaporándose. Montar un dragón debía ser fácil cuando se hacía por cortos periodos de tiempo, pero debían haber pasado al menos tres días para sentirse de esa manera. Ella apretó los dientes testarudamente para ponerse de pie, ya con su vestido completamente sucio y desgarrado. Debía agradecer que estuviera hecho de su hielo mágico como todos sus trajes, porque si no estaría desnuda en medio de la nada despues de que Rhaegon decidiera bañarla de fuego.

Suspiró al observar el paisaje desconocido, uno que causó que el corazón se le encogiera dolorosamente en el pecho. Se parecía tanto a las llanuras del Norte que la hacía sentir en casa, solo para recordar que su verdadero hogar habia sido usurpado por la familia que habia asesinado a la suya. Invernalia ahora era de los Bolton y Aguasdulces de los Frey, pero si algún día regresaba a Poniente ella se encargaría de quemar hasta los cimientos todo lo que tuviera que ver con ambas Casas. Marcharía hasta los Gemelos y el Fuerte Terror para darles un destino mil veces peor que lo que debió sufrir Harrenhal.

Rhaegon tenía la cabeza apoyada sobre un ala, fingiendo dormir para no molestarla aún más de lo que estaba con los tres. Sus trillizos de la Tormenta podrían estar en peligro mientras ella estaba en medio de la nada sin tener idea donde estaba. Debía regresar a Meereen con su familia, con sus aliados, con su pueblo.

—Oh, no te atrevas a verme de esa manera—Ella puso las manos sobre sus caderas en actitud de "mamá regañona" mientras observaba al Terror Negro, el cual le dio la espalda por instinto al igual que sus dos hermanos—. Estaba perfectamente bien combatiendo Hijos de la Arpía, los estaba haciendo pedazos, pero no…. los tres tenían que llegar con esa actitud de "somos los dragones más poderosos que hayan existido nunca, témannos" para secuestrarme, ¿verdad? —Su hijo negro le chilló en la cara, como si estuviese dándole explicaciones—. Eso es lo que hicieron, no lo niegues… ¡Vhagar!

Hermione corrió inmediatamente hasta la Pesadilla Monstruosa para trepar sobre su lomo. En su ala yacía clavada una lanza, una que no habia visto hasta ese momento. La joven tiró de ella con todas sus fuerzas, lanzándola lo más lejos posible por el prado como si fuera basura. Vhagar chilló de dolor, y ella se acercó hasta su hocico para acariciarlo. Él podía ser bastante invulnerable cuando le prendía fuego a su cuerpo, pero en la arena de Meereen no lo había hecho, dejandolo como blancos fácil de lesiones.

Era tan grande como Eddarion, pero no era de la misma clase. Su pequeño Ned estaba hecho de hielo vivo, tan helado que nada tenía la consistencia para hacerle daño. Vhagar, por otro lado, era un dragón de fuego tan inteligente como para crear una protección para sí mismo, pero aun así lo habian herido.

—Iré a buscar algo que te ayude—Hermione susurró contra sus escamas cálidas, divisando desde la altura del acantilado una pradera cubierta con hierbas. Ella no era una experta en la curación, solo habia tenido la destreza necesaria como para servir de ayudante para Maestre Luwin, pero debía poner a prueba su capacidad para curar a Vhagar. Dudaba que pudiese diferenciar las hierbas de Essos, pero al menos lo intentaría.

Les dio una última sonrisa antes de lanzarse por el acantilado, utilizando la magia de fuego para dirigirse hasta su destino. Sus piernas se sentían tan cansadas que apenas lograba mantenerse de pie, pero su poder estaba intacto. Podía volar, pero no grandes distancias, apenas teniendo la suficiente fuerza en la magia ardiente como para elevarse unos cuantos minutos sobre una ciudad.

Aterrizó con una sonora maldición sobre la llanura, cayendo sobre sus rodillas al instante. Se puso de pie con debilidad al escuchar el sonido de caballos relinchando, y enfoco su mirada en una colina, solo para retroceder cuando cuatro jinetes surgieron por ella armados. Abrió los ojos como platos al girar sobre sus talones, viendo que desde las colinas surgían miles de hombres a caballo que comenzaron a girar a su alrededor como un torbellino.

Hermione llevó las manos hasta su cuello con lentitud, liberando el collar hecho de hielo puro en forma de copo de nieve para que cayese al suelo, el cual congeló en un pequeño círculo.

Sus piernas estaban demasiado cansadas para correr de ellos, y para volar debía tomar impulso corriendo. La única idea cuerda que tuvo fue dejar alguna pista de su posición en caso de que sus aliados decidieran buscarla. No podía pelear con tantos hombres; tenía el poder, pero aún no el control. Eran miles, y cada segundo aparecían más por las colinas, a caballo y armados.

Habia escuchado de ellos por la boca de Daenerys, quien tuvo que vivir a su lado como una Khaleesi. Apenas logro reconocerlos por las trenzas en el cabello de cada hombre y las pinturas de guerra en sus brazos, pero sabía que eran un pueblo de temer.

—Por favor, dioses ayúdenme esta vez. Si verdaderamente soy quien soy necesito que me ayuden. Viejos Dioses… Señor de la Luz, ayúdenme a regresar a mi hogar—No supo porque habia comenzado a creer un poco en el Dios Rojo, pero lo hacia lo suficiente como para buscar su ayuda.

Rezó para recuperarse rápido y regresar con sus hijos en Meereen, porque ahora estaba en manos de dothrakis.


¡Espero sus comentarios!

Guest: No, no es la Hermione de Harry Potter. Mi OC tiene ese nombre solo porque me gusta la Hermione de Harry, pero todo lo demas es de mi propia autoría.

Fran Ktrin Black: Por fin alguien lo comenta. Era un guiño que puse desde hace tiempo, en caso de que se confirmara R + L = J. Es una conexión especial que ambos tienen, ya que se dice en Poniente que los gemelos son una sola alma encerrada en dos cuerpos.

Azalea skywalker: Me gusta tu idea. En todo caso, Hermione a pesar de tener tanto poder apenas puede controlarlo un poco. La mayoría de las cosas que le pasan son por accidente y llegan a aterrarle completamente. Creo que ese es su defecto, tenerle miedo a sentir para no causar una catástrofe. Lleva tanto tiempo reprimiendo sus sentimientos que ya está perdiendo la capacidad de amar verdaderamente a nadie más que a sus hijos. Esta guardando toda su rabia y dolor para estallar y masacrar al ejercito Lannister cuando regrese a Poniente con una tormenta de fuego y sangre. Por ahora ni siquiera he pesado en actualizar ese fic.

SherezadaTrrs: No queria matarlo. Él, a pesar de ser un anciano, es uno de los caballeros más grandes que Poniente haya visto nunca, y que muriera en un callejón me pareció muy poco glorioso para alguien como él. Quizás puedan ayudarme a planearle una muerte que sea digna de escribirle una canción.

HeyStardust: Hermione aun es una niña si se piensa, tiene como veinte. Está creciendo como persona y como Reina, pero aún debe dejar de lado el honor para tomar decisiones no como el Guardian del Norte, si no como la Reina de los Siete Reinos.

Bella-swan11: La verdad pienso que me lees la mente a distancia. Siempre que me sugieres algo recuerdo haber tenido la misma idea en el pasado y me siento perseguida, pero me gustan tus comentarios.