Disclaimer: El maravilloso universo de Haikyuu! sigue perteneciendo al todopoderoso Haruichi Furudate, eso hasta que dé un golpe de estado en su estudio y le obligue a dibujar a Yachi persiguiendo al dúo de raritos para investigar sobre su relación.

Advertencias: Fangirlismo, clubs variados, ufología, nuevos personajes, Hinata y sus arrebatos y vocabulario soez a más no poder.


Capítulo IV: Amigo por pena.

Mayo, quinto mes del año y segundo de su curso escolar.

A Hinata Shouyou aún le parecía estar metido en un sueño. ¿Qué dice sueño? En una pesadilla de estas que te hacen entrar en pánico y despertarte sudoroso con un sospechoso manchón en los pantalones.

Los días pasaban lentos; le gustaría adjetivarlas como aburridas también pero, lejos de eso, cada jornada traía consigo una sorpresa desagradable: alguna que otra burla, un comentario fuera de lugar, el pasar completamente inadvertido entre los compañeros de su clase o sobre-advertido por ciertos acontecimientos vergonzosos… Y cómo iba a olvidarse de las jugarretas de Kageyama.

Quiere pensar que el chico no hace lo que hace aposta. Su teoría es que en su cabeza reside un duendecillo malhumorado con serios problemas de socialización que controla su cerebro dándole patadas y mordiscos, y de ahí que haga cosas raras y le den arrebatos donde la estupidez y el bochorno es lo que prima.

Al menos no se había vuelto a repetir una situación como la de la pancarta gigante con la fotografía comprometida. Cinco días enteros. Pasó cinco días enteros, incluyendo sábado y domingo, de retiro espiritual bajo su cama, fingiendo una indigestión, solo para no volver a la escuela y cruzarse con la gente que hubiera tenido el privilegio de observar tal muestra de afecto realizada por Kageyama.

La vida no le está sonriendo… Pero al menos sigue vivo. Y desde el asiento de su clase tenía unas bonitas vistas del exterior.

―¡H-Hinata!

La voz de la chica le trae de vuelta a la realidad. Se había quedado embobado mirando hacia el cielo azul, observando a unos pajarillos revoloteaban felices y disfrutando de su libertad.

Yachi, esa rubia algo rara que había conocido hace relativamente poco, era como una brisa fresca entrando por una pequeña grieta de su celda sellada por cuatro paredes de piedra maciza. Una de las pocas personas que le dirigía la palabra y la única chica que se consideraba su amiga en ese sitio.

Ella había cogido la costumbre de pasarse por su clase en los descansos, lo que era un auténtico alivio teniendo en cuenta que durante esas horas libres Kageyama aparecía y se sentaba junto a él a hacer nada. Cuando Yachi estaba ahí se sentía mucho más liberado; Kageyama no era una mala compañía, pero mantener con él una conversación que superara las diez palabras en una frase compuesta era muy difícil. Sin embargo, la rubia siempre tenía un tema de conversación, por muy tonto o extraño que fuera.

―¡Perdona, estaba distraído!

Yachi le responde con una sonrisa, restándole importancia, para luego mirar por toda la sala. Devuelve la vista al pelinaranja algo confusa.

―¿Kageyama no está contigo?

Ahora que lo dice… Kageyama aún no había venido. Eso sí que es raro.

―A lo mejor se ha cansado de mí ―esa idea le hace sonreír―. Me quitaría un enorme peso de encima.

―¡No! ―Hinata le mira sorprendido por esa reacción tan repentina― ¡Es decir, sois los… amigos unidos a la fuerza! Dudo que Kageyama se haya cansado de ti tan fácilmente. Quiero decir, ¿has visto cómo te mira?

"Amigos unidos a la fuerza", menudo título más cutre. Yachi acostumbraba a dar discursos sobre por qué debía considerar a Kageyama como un "buen amigo". Y lo peor de todo es que sus argumentos eran convincentes. Aunque a veces sentía que la esencia de las fotografías que le había hecho estaban presentes tras cada alusión que hacía sobre ellos. Muchas veces había sentido el impulso de decirle que no tenía nada con Kageyama; aunque claro, ¿qué demonios pinta diciéndole a una chica que hablaba tan alegremente de una bonita amistad que no viera una relación homosexual entre Kageyama y él? Seguro que haría del resto de conversaciones un encuentro incómodo.

La rubia seguía hablando, aunque no estaba prestando toda la atención que se merece. Se siente somnoliento y melancólico, una combinación muy mala, más cuando luego tenía clase de literatura japonesa.

Se da cuenta de que la chica le ha hecho una pregunta al verla observando con curiosidad su libreta de apuntes. La mira sin entender… Hasta que recuerda lo que ha estado escribiendo para evadirse de las tortuosas matemáticas.

"Pequeño Gigante, sigue adelante. Mientras que tú permaneces distante, yo te seguiré hasta el horizonte para darte un buen… abrazote, machote." ―poema extraño que además estaba adornado con cientos de corazones y dibujos bastante cutres de un jugador de vóley… o eso o era un payaso dándole un puñetazo a una especie de bola de queso deforme. El nombre de "Pequeño Gigante" se podía leer en toda la hoja. Juraría que hasta estaba escrito en el pupitre del pelinaranja―. ¿Quién es "Pequeño Gigante"?

―¡NADIE! ¡BUENO, SÍ ES ALGUIEN! ¡ALGUIEN GENIAL! ¡PERO NO ES COMO SI ME IMPORTARA! ¡ESTA LIBRETA NO ES MÍA!

Yachi trata de tomárselo de la manera más natural que puede, pero no puede evitar pensar que era algún tipo de diminutivo para su compañero no presente… O al menos para referirse a alguna parte indeterminada de su cuerpo.

―¿Es un mote cariñoso para Kageyama?

―¡¿Qué?! ¡No! ―responde ofendido― ¡El "Pequeño Gigante" es el jugador de vóley más guay de todos los tiempos! ¡Es bajito como yo, pero salta muy alto! ¡Puede volar como si tuviera alas! ¡Cuando flexiona las piernas se le marcan los cuádriceps y al saltar se le ven los abdominales, y es como muy genial y creo que he hecho pis en el mismo baño que él!

Ahí está otra vez, ha dejado ver su fanatismo.

Yachi ni pestañea; se pregunta si le estaría juzgando. Seguro que sí.

―Es como el inicio de un triángulo amoroso…

―¿Eh?

La rubia niega con la cabeza de golpe y comienza a reír de manera histérica, excusándose por haber dicho eso en alto. Bueno, ella también parece tener sus momentos de rareza, habían quedado en paz.

―¿Entonces te gusta el vóley, Hinata?

El pelinaranja asiente sin pensárselo dos veces. ¡Claro que le gusta! Si no fuera por el vóley -y por la influencia de su queridísimo "Pequeño Gigante"- no habría aceptado entrar en ese infierno para empezar.

―Pues es una pena ―dice la rubia rascándose la mejilla― Tengo entendido que el club cerró hace tres años.

El mundo de Hinata se derrumba en un mísero segundo.

―¿Cómo… cerrado?

―Cerrado es… pues... Cuando tiras de una puerta y cierras con llave para siempre... Ouch, he usado la palabra que quiero explicar en la definición. Espera que lo intente de nuevo.

―Sé lo que significa cerrado ―y eso no era lo más importante ahora―. ¿El club de vóley no existe? ¿Y el gimnasio? ¡Vi el gimnasio, había pelotas!

―Lleva inutilizado un tiempo… ¡Eso dicen! Soy una estudiante de nuevo ingreso, pero al buscar algún club en el que ingresar me enteré de que el de vóley ya no existe.

Ahora entiende por qué no le habían llamado para comenzar los entrenamientos, había entregado una solicitud de ingreso que de seguro ha acabado en alguna papelera de la sala de profesores.

―Yachi, quiero saltar por la ventana y volar lejos…

―¡¿Qué?! ―la rubia se espanta―. ¡No, no hagas eso! ¡Reconsidéralo! ¡Si saltas, te mueres! ¡Y si te mueres, Kageyama se pondrá triste!

Sí, claro, Kageyama. Siempre Kageyama. Últimamente ese nombre aparecía en el 97% de sus conversaciones.

Cabizbajo, el pelinaranja deja caer su cuerpo sobre su pupitre, con los ojos cerrados y la expresión de alguien a quien ya le da igual todo. Está agotado, y no se refiere a agotamiento físico. Su interior, su propia alma, es la que estaba cansada.

―Pues empiezo a creer que eso es lo mejor ―susurra― Bueno… Si no elijo ningún club no tendré que quedarme aquí por las tardes. Estoy bien con eso.

La rubia lo mira con preocupación. Genial, y ahora había preocupado a la pobre Yachi. No le gusta verla con esa cara tan larga, le hace sentirse culpable.

―No puedes hacer eso, Hinata. Es obligatorio entrar en un club. Si no escoges ninguno, lo acabarán eligiendo por ti ―Yachi habla más seria que nunca― Y hay algunos clubs a los que es mejor no acercarse. Si tienes la posibilidad de elegir, busca uno con el que te sientas a gusto.

En otras palabras, que seguía atrapado. Jamás podría volar lejos, como lo hacían los pajarillos de antes. No tendría más remedio que buscar otra actividad.

―Podría entrar contigo al club de fotografía.

―¡AH… C-CLARO! ―la rubia, de pronto, se pone tensa― ¡P-PERO… NO ACEPTAMOS MÁS MIEMBROS! ¡Y LOS QUÍMICOS QUE USAMOS PARA REVELAR LAS FOTOS SON NOCIVOS! ¡DE AQUÍ A TRES AÑOS SE ME HABRÁN QUEMADO LAS CEJAS Y SE ME CAERÁN LAS UÑAS! ¡Y TÚ NO QUIERES ESO, ¿VERDAD?!

La habilidad que tenía esa chica para perturbarle era un don que no muchos poseían. Pero entiende lo que quiere decir, seguro que a Yachi no le hacía mucha gracia tenerle en el mismo club. Afectaría a sus relaciones con el resto de compañeros.

Vaya, por un momento se ha sentido en la piel de Kageyama. Qué horrible se siente.

―Está bien, en la hora del almuerzo iré a mirar los clubs. Habrá alguno que me llame la atención ―y donde no tenga que hacer absolutamente nada, a juego con su estado de ánimo actual, que podría calificarse como "muerto viviente"― Y si no, puedo intentar ir al de béisbol.

―¡En el de béisbol hay muchas ships, seguro que encajarías muy bien!

―¿Muchas qué?

―Nada~

Prefiere no meterse demasiado en los temas de Yachi, seguro que eran cosas que trascendían más allá de su capacidad intelectual.

Más importante aún, se le presentaba un serio problema por delante: encontrar un club ideal donde encajar.

En su cabeza solo había ideado entrar en voleibol guiado por la estela que su querido "Pequeño Gigante" había dejado en su corazón. Si lo sacaban de ese terreno, no sabía lo que hacer con su vida. Y eso sí que era un dilema.

Las dos siguientes horas las pasa así, entre ideas, evasiones y reprimendas por parte de su profesor.

Y así, cuando llega la hora del receso, sigue el consejo de Yachi de investigar y escoger entre alguno de los clubs que se habían formado en la escuela.

«Si por algo es famoso este lugar es por tener un graaaan abanico de actividades entre las que elegir. ¡Hay tantas que cuando me puse a investigar me mareé y pensé que me moriría!», le había dicho en un intento por animarle.

―Por ahora he visto los de siempre ―susurra para sí mismo.

Club de música, club de arte, club de judo. También había visto un campo de fútbol, uno de béisbol y un gimnasio para baloncesto. Oh, y sin olvidar que habían establos. ¿Habría un club para montar a caballo o algo así?

―A veces siento que cuando te hablo no me escuchas. O que no te importo un pepino

―¿Por qué crees eso, Kindaichi?

―Llevo todo el día con un papel higiénico pegado en la planta del zapato y no me has dicho nada.

―Ah, eso. Sí, me había dado cuenta. No te he avisa porque era gracioso ―y, tras una pausa muy larga, sonríe―. Je~

―No sé por qué sigo siendo tu amigo, Kunimi.

Eran los chicos de la otra vez, los que le habían ayudado a levantar la pelota. La última vez les había dejado una buena impresión, ellos mismos se habían sorprendido por su técnica infalible y su capacidad para ser el único en superar y alcanzar los pases asesinos de Kageyama.

Igual podían ayudarle.

―Eh, ¿no es ese el nuevo esclavo de Kageyama?

Vaya, le habían notado. No era invisible para ellos. Y, además, eran del tipo "ofensor"

―El enano de la última vez, sí. ¿Te has enterado? Al parecer ahora se dedican a hacer cosas sexuales. Dicen que hay un video porno de ellos rondando por Internet.

―¡¿Qué?! ¡¿De qué habláis?! ¡Son mentiras!

―Pero si tengo un panfleto con las pruebas. A mí no me engañes, enano.

―¡Para empezar, eso eran fotos artísticas para un proyecto de una amiga, no saquéis las cosas fuera de contexto! ―bufa―. ¡Y segundo, no soy enano, la media está en 168 cm, y a mí aún me queda por crecer!

―E-NA-NO.

El tío con cabeza de nabo se estaba riendo en su cara. Él no tiene la culpa de ser bajito, y de que todos los estudiantes fueran auténticos titanes. Parece que los ricachones tenían genes diferentes, o una alimentación compuesta por residuos radiactivos o algo, porque no es normal que sean tan altos.

―¿Y qué si eran fotos artísticas? Todos nos hemos enterado de lo que has hecho ―le recrimina el moreno de mirada cansada, cruzándose de brazos y alzando el mentón con desdén. Hablaba con un tono monótono, como si no le importara esa conversación; pero, aún así, sonaba algo duro―. Protegiste a Kageyama. Ahora tienes lo que te mereces.

Ese tipos de comentarios eran su pan de cada día: "Atente a las consecuencias", "Lo que estás haciendo es un error", "Lo lamentarás", "Disfruta cavando de tu propia tumba". Escuchaba esas palabras siempre que andaba cerca de Kageyama, similares a un zumbido molesto y constante en su oído.

Moscas. Igual que moscas cojoneras.

Y él no les daría el gusto de convertirse en una mosca más.

―Volvería a protegerlo si hiciera falta ―dice, inflando su pecho para parecer más alto y fortachón―. Ya me he dado cuenta de lo estúpido y molesto que puede ser. Y, ¿sabéis qué? He sobrevivido. He sobrevivido a los comentarios ofensivos, a la divulgación de imágenes raras sobre mí, al apartamiento, a un maldito desmayo y al acoso constante de ese pesado. ¿Creéis que a estas alturas me molestará lo que me digáis? Sobrevivo a Tobio Kageyama por voluntad propia.

A Kindaichi le cuesta admitirlo, pero ha sentido algo de temor y respeto por el pequeño individuo frente a él. No es capaz de atacar a una persona que posee la mirada de alguien que ya lo ha visto todo en la vida.

Qué irritante.

―Maldito enano de las naric-

―¡EH!

Ambos chicos, Kindaichi y Kunimi, se giran hacia la procedencia de esa potente voz, alertados. La expresión en sus rostros cambia de golpe, Hinata lo nota al momento.

Tras de ellos se acerca un sujeto de complexión robusta y mirada intimidante. Está claro que ese chico era de los cursos superiores.

―Iwaizumi, b-buenos días. ¿Ya está de vuelta?

―¿Qué estáis haciendo? ―les interroga visiblemente molesto, ignorando la pregunta que le habían hecho―. Este es el chico del que todos hablan, ¿verdad? El tal Hinata.

Kindaichi y Kunimi se miran entre ellos, pero el carraspeo del mayor les espabila, obligándoles a responder cuanto antes.

―Sí, es él ―Kunimi aparta la mirada, tratando de escudarse. O al menos intentando ignorar esa expresión furiosa que tanto imponía.

Genial, otro sujeto peligroso ha entrado en escena. Y encima este tenía toda la pinta de ser un bravucón de pies a cabeza. Que él solo quería preguntar por los clubs, no meterse en una pelea de gallos.

Hinata intenta escurrirse andando de lado como un cangrejito descarriado, tratando de no llamar la atención para evitar el obstáculo y seguir con su camino. Pero la mirada de Iwaizumi se clava en él. Si Medusa, diosa de la mitología griega, existiera, de seguro debía ser la madre de ese chico, porque un vistazo por su parte había sido suficiente para que sus piernas se quedaran petrificadas.

El moreno de mirada intensa le observa de arriba a abajo. Le da la sensación de que esa experiencia la había vivido una vez… Ah sí, el primer día, justo cuando conoció a Kageyama.

Eso no puede ser buena señal.

―Disculpaos ―alza la voz, dirigiéndose hacia los dos morenos.

―Uum…

―Pero Iwaizum-

―Que os disculpéis. No me obliguéis a repetirlo.

Hinata se queda sorprendido. Los chicos se inclinan hacia él levemente y, espetando un casi imperceptible "Perdón", se largan apresurados sin echar la vista atrás.

¿Un nuevo ángel había aparecido? ¿Un ángel salvador con cara de pocos amigos que le comprendía y apoyaba?

―Y tú te vienes conmigo.

Le seguiría a cualquier parte, a donde sea que él quisiera; hasta el fin del mundo si hace falta. Ese chico era malditamente asombroso. Y le había salvado. Ojalá conociera a más gente como él. Era tan genial…Y alto. Y musculoso. Y le estaba haciendo daño sujetándole tan fuerte por la muñeca.

Le lleva por todo el edificio, suben una planta y recorren un pasillo vacío hasta llegar a un salón apartado, oscuro y que desprendía un olor a humedad nada agradable. La puerta se veía sucia también, y en el cartel junto a la entrada se podía leer el nombre del lugar.

―Club de… ¿Ufología? ―pregunta. Mira al chico a su lado, espabilándose. Que ese tío le había llevado a una zona que no conocía. ¿Y si al principio parecía un bonachón pero luego era peor que todas las personas que había conocido juntas? Con esos brazos podía estrujarle hasta dejarlo como un bollito de carne aplastado―. ¡O-Oye, que yo tengo mucha prisa! ¡Me están esperando, mejor si me voy…!

Pero el chico le sujeta por el cuello de la camisa para que no se escape. Abre la puerta de una patada y lo mete en el interior de la sala de un tirón.

― ¡SACO DE MIERDA, SAL DE AHÍ Y EXPLÍCAME QUÉ ESTÁ PASANDO!

El interior de ese habitáculo era incluso más deplorable que la imagen que daba en el exterior. Había montañas y montañas de papeles por todas partes, en el suelo, rebosando de los armarios y taquilleros, sobre la mesa… Algunas carpetas desordenadas se desperdigaban sobre el escritorio de metal oxidado, muchísimos recortes de periódicos en las paredes, dibujos cutres y coordenadas extrañas en una pizarra portable y hasta lo que parecía un muñeco de un extraterrestre. Todo adornado con una tenue y tétrica luz que iluminaba más bien poco. Teniendo en cuenta que las cortinas estaban bajadas, era un elemento más que necesario.

En la mesa había tantas cosas que no se había percatado de la cabellera castaña removiéndose bajo una de las montañas papeles. La persona que se encontraba ahí de seguro que se estaba echando una siesta.

―¿Eeh? ¿Iwa-chan, eres tú? ―su cabeza emerge de entre los informes que estaba investigando y sonríe de una forma estúpida pero cansada―. Qué bien, ¿cuándo ha empezado mi sueño erótico? Ven aquí y cabálgame como una fiera, guapo.

―¡¿EL GRAN PRESIDENTE?! ―exclama el pelinaranja, señalándolo como si se tratase de un criminal.

¿Qué hacía una persona de tal estatus en un lugar tan sucio y desordenado como ese? ¿El chico que daba miedo conoce a Oikawa? ¿Y qué es eso de cabalgarlo como una fiera? ¿Hablaban del club de equitación?

―¡MIS COJONES! ¡LEVANTA TU MALDITO CULO DE ESA SILLA Y VEN AQUÍ, FRIKI DE LOS HUEVOS!

Oikawa permanece unos segundos más en un estado de semi-inconsciencia, mirándolos con los ojos entrecerrados, hasta que da un bote víctima de la realidad y su mirada de agranda. Aparta las lentes que estaba usando y parpadea varias veces sin creérselo.

―¡Esto no es un sueño! ¡Iwa-chan, ¿no estabas en Irlanda?! ¡¿Cuándo has vuelto?! ¡¿Y por qué no me has avisado?! ¿Me querías dar una sorpresa, pillín~? ―sonríe de oreja a oreja. La mata de pelo naranja llama su atención. Le había impresionado tanto ver a su compañero de vuelta que no se había fijado que traía un acompañante. Y ahora entendía por qué está tan cabreado― Ah, vienes con Pulgarcito.

Hinata va a reprocharle por usar ese mote de nuevo para referirse a él, pero el tal Iwaizumi se adelante a sus quejas.

―No pienso responderte a eso hasta que me contestes ―bufa―. ¿Y tú te haces llamar presidente? ¿Qué es eso de que has vuelto a montar un motín contra Kageyama? Eres un manipulador de mierda, si supieras el cabreo que llevo encima considerarías eso de huir a otra galaxia, porque como te pille te pienso arrancar las pestañas de un tirón.

―¡Mis pestañas no, Iwa-chan! ―el castaño se levanta de su asiento y se dirige hacia ellos, abrumado―. Además, ¿quién eres tú para venir de la nada a decirme lo que puedo o no puedo hacer? ¿Has oído toda la historia? Hice eso para ayudar a este Pulgarcito, pero el muy desconsiderado dijo cosas horribles sobre mí, como si yo fuera el malo. ¡Se puso en mi contra!

El moreno da unos pasos y agarra por el cuello para llamar su atención y darle a entender que iba muy en serio. Hinata retrocede, asustado. Eso tenía toda la pinta de ser el comienzo de una pelea, no quería estar ahí si eso sucedía.

―El único villano que hay aquí eres tú, Oikawa.

Al presidente sus palabras le duelen más que cualquier bofetada. Chasquea con la boca y agarra la muñeca de Iwaizumi, apartándola con rabia.

―Sigues de lado de Kageyama, ¿eh? Eres un traidor.

―No estoy del lado de nadie. Pero el único que se está comportando como un niño caprichoso eres tú. Criticas a Kageyama y su carácter de mierda, pero vas por el mismo camino. No, eres incluso peor; vas arrastrando al resto, a gente que no tiene nada que ver, y les inculcas tu odio.

No debería estar ahí. ¿Por qué ese chico le había traído? ¿Para defenderle? ¿Para enseñarle esa escenita? ¿Para pegarle una paliza junto con el Gran Presidente cuando bajase la guardia?

Algo sí ha sacado en claro: la tensión se palpa en el aire. Iwaizumi no desistía, se mantenía firme, pero Oikawa no se quedaba atrás. Ese debe ser el poder persuasivo de los mayores.

Dan mucho miedo.

―Kageyama no merece estar aquí.

―Lo dices porque le tienes manía.

Lo que Kageyama decía, entonces, era cierto. Oikawa le había cogido coraje, por eso se comportaba tan mal con él.

―Por mucho que te enfades conmigo, el resto de chicos ya han elegido. Y los que lo conocen no quieren estar cerca de él… Excepto Hinata ―observa al pequeño―. Y mira lo que ha pasado. Yo no les he dicho que se metan con Pulgarcito o que no le hablen. A decir verdad, es un chico interesante. Pero por culpa de Kageyama nadie le presta atención. ¿O es que eso también es culpa mía?

―Sí ―responde, cortante― Y ya sabes lo que te toca hacer ahora.

Oikawa pone mala cara. Le molesta mucho cuando su compañero se ponía en ese plan.

―¿Otra vez? La última vez no sirvió de nada.

―¿Quieres que te meta el pie por el culo?

―No me parece buena idea, Iwa-chan, pero tampoco desecharía la posibilidad de que me metieras otro tipo de cosas por el cucu.

El posterior cabezazo que el chico moreno da en toda la frente del castaño suena tan rudo que Hinata puede sentirlo en sus huesos. Oikawa se queja sobándose la cabeza y poniendo morritos, pero al otro no parece importarle demasiado.

―Te espero en el estudio de radio.

Hinata se hace un lado para dejar pasar al mayor. Siente el impulso de agradecerle, aunque no sabe muy bien si debería molestarle: seguía con esa cara de perro malhumorado, le da mucho miedo abrir la boca y cagarla.

A sus espaldas escucha la voz del castaño respondiendo con un largo y seseante "Sí".

Se había quedado solo en la misma sala que el chico al que había plantado cara la última vez y que resulta ser alguien muy poderoso y destacado en la escuela. Después de presenciar esa pelea, lo que más desea es echar a correr y no meterse nunca más en sus cosas.

―Eih, Pulgarcito ―llama su atención―. ¿Cómo vas?

A buenas horas le pregunta. Observa al mayor y dibuja una sonrisa forzada y nerviosa en su cara.

―B-bien.

Oikawa responde con un sonido extraño, dudoso, como si no se lo creyera. El chico se gira hacia su escritorio y recoge sus pertenencias, preparándose para salir.

―¿De verdad? Pensaba que ya habías probado suficiente de la locura del rey. Dime, ¿cómo se te ocurrió dejar esas fotos en poder de Kageyama? ―su risa retumba por las paredes de la sala―. Sé que estás enamorado de él, pero deberías cuidarte o pasarán estas cosas.

Espera. Rebobina. ¿Ha usado la palabra que ha creído escuchar? ¿La palabra prohibida? ¿ESA palabra?

―¡¿ENAMORADO?! ¡¿YO?! ¡¿DE KAGEYAMA?!

―Sí, claro ―afirma, agarrando unos papeles y guardándolos en los estantes colindantes a su escritorio―. ¿No lo estás? Es la única explicación razonable para que te hayas quedado con él, y para que hayas dejado que divulgue esas imágenes comprometidas. No tienes que avergonzarte por ello, eh~ Tobio es muy atractivo para su edad. Podría ser modelo, eso si no fuera tan odioso y consentido.

La cara de Hinata se convierte en un cuadro abstracto, entre las expresiones casi imposibles que esboza y las tonalidades de rojo que pasan de un tenue rosado a un potente y llamativo escarlata.

―¡ESTOY CON ÉL PORQUE… QUIERO DARLE UNA OPORTUNIDAD! ―¿era esa la realidad?― ¡Porque es injusto que lo tratéis mal por ser como es! ―¿en serio?― Porque… me da pena.

Oikawa invita a Hinata a salir de la sala para, posteriormente, atravesar la puerta y cerrar con llave. Se asegura de que la puerta está bien trancada y guarda la llave en su bolsillo, iniciando su camino hacia el estudio de radio.

―Bueno~ No es como un enamoramiento, pero suena a que le has cogido algo de cariño. Espero que sea eso, pequeñajo, porque si te estás quedando con él por pena, estarías haciendo algo incluso peor que lo que hacen los otros alumnos. Le estarías dando falsas esperanzas.

Falsas esperanzas…

Lo entiende, y le resulta complicado admitir que el Gran Presidente lleva toda la razón. Kageyama estaba demasiado emocionado con él, sabía que era la razón que había suscitado un cambio en la monótona vida del moreno. Pero ¿las cosas no cambiaban si lo acompañaba por pena? ¿Esa pena no se transformaría en aborrecimiento? Ya lo ha venido sufriendo, ha notado ese vacío, la vergüenza y las pequeñas dudas sobre si lo que hacía era lo correcto.

¿No acabaría haciéndole daño a Kageyama?

―Señor Gran Presidente, ¿puedo hacerte una pregunta?

―Como veas~

―¿Por qué lo odias tanto?

Oikawa da unos pasos hasta quedarse a mitad de las escaleras. Gira su cuerpo y observa al pequeño plantado en lo alto, mirándolo con esos ojos brillantes y algo aterradores que tanto le hacían sobresalir frente al resto. Sin duda, ese pequeñajo es muy interesante.

―Si sigues con él lo acabarás descubriendo por tu cuenta. Solo has conocido su exterior, Hinata. Luego entenderás que ni tú ni nadie le importan. Es un rey después de todo.

La sonrisa de Oikawa es seductora, pero también oculta algo, algo inquietante, algo sobre lo que le da miedo ahondar. Cuando la gente actuaba de manera tan misteriosa sabía que era porque querían rallarle la cabeza. Oikawa había conseguido ese efecto en él.

El castaño desaparece escaleras abajo, dejándole solo en el silencioso pasillo. Permanece largos minutos de pie, debatiéndose si bajar de vuelta a su clase o quedarse ahí observando por la ventana. Desde ese piso tenía incluso mejores vistas que en su clase.

Estaba a punto de alcanzar el cielo.

El hambre y su deber es lo que finalmente le obliga a ponerse en marcha. Aún debe buscar un club en el que entrar, y su almuerzo no se devoraría solo. Ya tendrá otro momento para ponerse filosófico. Lo primero es lo primero.

Justo al bajar el último escalón choca contra una persona que se había interpuesto en su camino. Andaba distraído, así que no es hasta que está frente a él que se da cuenta de que el cuerpo que le impedía el paso es el de Kageyama.

Qué oportuno.

―¿Dónde te habías metido? Llevo buscándote durante todo el recreo.

No había avisado a Kageyama de que estaría inspeccionando la escuela y buscando algún club interesante. Ha sido descortés por su parte, pero no se lamenta por ello; admite que algo dentro de él le obligó a no avisarle con la esperanza de tener un día alejado de su locura.

Hinata rueda los ojos durante unos segundos y suspira con pesadez. No es de esa clase de chicos que piensen demasiado las cosas, su felicidad impulsiva le ayudaba a sobrellevar los problemas y conflictos internos de la mejor manera posible. Pero cuando otra persona te hacía ver como el único que estaba cometiendo un error, la inquietud y las dudas se volvían un mal cotidiano.

No quiere vivir ahogado en la amargura.

―Kageyama, ¿qué me dirías si te pidiera un poco de espacio?

―Te amarraría a mi muñeca para no dejarte ir.

Cómo no, una contestación siniestra. Debía habérselo imaginado.

Precisamente por esto es por lo que lo piensa demasiado. Kageyama no es malo, lo tiene claro; pero resulta tan impertinente y autoritario que acaba menguando la poca afinidad que siente hacia él.

Si quiere solucionar su conflicto y no sentirse culpable, tendría que hablar con el moreno de las cosas que le molestaban, empezando por su dependencia.

El pelinaranja da dos pasos hacia él, acortando las distancias, preparado para recriminarle las acciones que aborrecía de su parte. Y su voz se hubiera escuchado firme si no fuera por el horrible sonido de interferencia proveniente de uno de los altavoces que estaba colocado sobre sus cabezas.

De vez en cuando se daban comunicados importantes de parte de algún profesor o pasaban una lista con actividades y festividades programadas para próximos días. Pero lo más destacado era el noticiario que emitían durante cada descanso presentado por dos alumnos del centro.

Quiere proseguir con sus palabras, pero está interesado en escuchar lo que iban a anunciar. Ya que el moreno había mencionado al estudio de radio, algo le dice que lo que le había dicho Iwaizumi a Oikawa tenía algo que ver.

La típica musiquita que ponían como introducción antes de hablar resuena, dando paso a una voz potente y vivaracha que saluda con muchísima felicidad:

―"¡Aquí informes Date trayéndoos nuevas y sabrosas noticias! Chanananana~ Feliz martes, gente bonita. Soy Futakuchi Kenji y junto a mí tengo al charlatán y saleroso Takanobu Aone".

―"Mmm".

―"Hoy hace un día precioso. Cielos despejados y temperaturas agradables, perfecto para que las chicas lindas de último año salgan a tomar el sol y acorten sus faldas. ¿No sería genial poder admirarlas, Aone?"

―"Sí".

―"¡Oooh! ¡Que alguien me pellizque, ¿podrá ser que el bueno de Aone esté sonrojándose?!"

―"No".

―"¡No seas tan modesto, hombre!"

La mayoría de las noticias eran así. Costaba acostumbrarse porque se sentía como si estuvieran escuchando una conversación de una sola persona diciendo tonterías. Pero la verdad es que alegraban bastante. Al menos Hinata lo sentía así, estaría bien poder conocer a las personas que se hallaban detrás de los micrófonos.

―"Pero no acapares toda la atención, mi amigo grandullón. No estamos aquí para hacer crecer tu ego. Y es que hoy traemos no solo un comunicado importante, ¡sino dos! Cada cual más impresionante~ Y el primero de ellos viene ni más ni menos en boca de uno de nuestros presidentes, el cual tenemos el honor de tenerlo aquí con nosotros. Hablamos del… odioso… ¡Oikawa Tooru!"

Unos aplausos de lata resuenan por los altavoces, ocultando sin demasiado éxito los quejidos de Oikawa por haber oído claramente que el presentador le llamaba "odioso" entre una tos mal simulada.

Kageyama escucha con más interés a pesar de que esas cosas no le importaban demasiado. Hinata presume que es por la intervención de Oikawa. ¿Le interesaba lo que tenía que decir?

―"¡Yahoo~! Buenos días a todos, espero que estéis siendo unos niños buenos. ¡De lo contrario me pondré muy triste!"

Hinata ve a unas chicas pararse frente al altavoz solo para oir la voz del castaño. Era cierto lo del éxito que tenía frente al otro sexo. Normal, con las pintas que tiene cualquiera podría convertirse en un ídolo adolescente.

―"¡Vete al grano, basura!"

―"¡Iwa-chan, para! ¡Con el micro encendido no, me vas a dejar en evidencia!"

Se escuchan más lamentos, un golpetazo y un bufido por parte de Futakuchi avisando de que como rompieran los micros se meterían en un serio problema. La normalidad tarda en recobrarse un par de segundos, después de que una risa nerviosa del castaño resuene como un eco lejano.

―"Sobra decirlo, pero el bullying está completamente prohibido en la escuela. ¡Es un mal que debemos erradicar pase lo que pase! No os metáis con los más débiles, ¿vale?" ―el silencio reina durante unos segundos, pero el carraspeo de otra persona le obliga a seguir hablando― "Y me disculpo por lo sucedido el otro día con Kageyama Tobio y Hinata Shouyou. No toméis ejemplo de mí que soy una mala influencia. Una influencia muy sexy, pero mala a fin de cuentas. Espero que lo hayáis entendido. ¡No al bullying, Miyagi!".

El mensaje concluye con otra frase fuera de guión, un "¿Contento, Iwa-chan?", acompañado de otro golpetazo.

No sonaba como si se creyera sus palabras. Y tampoco se sentía como si fuera a ayudar en algo.

Hinata se siente raro al haber sido mencionado en un medio público, pero no era una rareza que derivara en vergüenza. Sentía impotencia por haber sido defendido por obligación, Oikawa no tenía intención de parar con las burlas hacia Kageyama.

Lo cual le recuerda que el moreno seguía a su lado.

Al mirarlo puede ver una leve sonrisilla en su rostro. ¿Se habría creído sus palabras? ¿Eso le hacía sentirse bien?

―"Bueno, lárgate ya… Tu alegría me pone de mal humor… ¡Sabias palabras de nuestros …despreciable… presidente! Portaos bien, estos años son para disfrutar, no para odiar. Somos jóvenes, ya nos cabrearemos con nuestro empleados cuando nuestros padres nos cedan sus puestos de trabajo, jajajajaja"

―"Odiar no está bien".

¡Exacto! ―añade un sonido de aplausos y vítores, para luego sustituirlo por una música para crear ambiente de tensión―. Chicos y chicas, ahora sí, lo que todos estábamos esperando: el anuncio que de verdad tiene importancia… ¡Iwaizumi Hajime estará presente en el decimocuarto Torneo anual de pulsadas de la Academia Miyagi! El cinco veces campeón del Torneo dará juego duro y grandes problemas un año más. Muchos agradecían que no pudiera estar presente, pero el destino así lo ha querido. ¿Habrá alguien que consiga arrebatarle el puesto? Aone, ¿irás a por el oro?".

―"Daré lo mejor de mí".

―"Tienes que derribarlo en mi honor".

―"Me lo pensaré".

―"¡Qué frío! Ya que Aone me ha ofendido, si otro quiere luchar en mi honor recordad que la hoja de inscripción estará disponible en la sala de artes marciales mixtas hasta el viernes de esta semana. Si creéis que estáis fuertes y no os da miedo romperos todos los huesos del brazo, ¡corred a apuntaros!".

Los comentarios duran un poco más, pero Kageyama pierde toda la atención. Lo que le recuerda que aún debe hablar con él.

―Yachi me dijo que estabas buscando un club.

El moreno es rápido cuando quiere. Para saber sobre él y su vida era una flecha, y desde que conoce a Yachi ha conseguido una semi-espía que le chiva todo lo que hace. A lo mejor debería decirle a la rubia que se cortara con cierta información que le da.

―Sí. Pero olvida eso, tengo cosas serias de las que hablar.

―No hace falta que busques un club ―Kageyama saca una hoja arrugada de su bolsillo y se la entrega aún cuando este se veía confuso y molesto por no dejarle hablar―. Te he apuntado en el mío. Ahora sí, ¿qué ibas a decirme?

Hinata mira la hoja una y otra vez esperando que fuera una broma. Pero no, el maldito moreno le había inscrito en un club que, para empeorar el asunto, se llamaba "Club de Kageyama". Hay que tener huevos.

―¿Por qué has hecho esto?

―Porque no tenías club ―da un paso hacia él―. Pensaba qu-

―¡PUES PENSABAS MAL! ¡Maldición, ¿es no te das cuenta de que se te está yendo de las manos?!

El chico no entiende, así que simplemente ladea con la cabeza y arruga el entrecejo.

―¿Lo dices porque no quieres unirte a mi club?

―¡Claro que no! ¡¿Con qué derecho me inscribes sin preguntarme?! ¡No sé lo que piensas de mí, pero te estás tomando demasiadas confianzas! ¡Y ESO ME IRRITA! ―explota―. ¡ME IRRITA QUE SEAS TAN DEPENDIENTE Y QUE ME TRATES COMO SI FUERAMOS ALGO MÁS! ¡Por dios, ni siquiera sé si esto se puede considerar una amistad!

"Si estás con él por pena, acabarás haciéndole daño". Cómo puede haber reaccionado así si sabía que eso iba a pasar.

El ser humano es el único animal que ve un problema frente a él y se lanza de cabeza ignorando las señales.

El moreno reacciona ante sus palabras de una forma que nunca había visto antes, con un semblante serio y ensombrecido. Parece que los ojos se le van a escapar de las órbitas. Pero no puede sentirse mal ahora, después de todo, eso es lo que piensa. Tarde o temprano tendría que decírselo, por las buenas o por las malas.

―Hinata ―gruñe―, vamos.

―¡E-Eh! ¡Kageyama, suéltame!

Es la segunda vez en el día que un tío malhumorado le agarra de la muñeca para arrastrarlo como si se tratara un peluche de trapo. Por mucho que se queje y lo mucho que forcejee, Kageyama no le deja ir. Se remueve, le insulta y casi le mete un manotazo, pero no es hasta que salen al exterior del edificio que el moreno finalmente le libera.

Estaban cerca del gimnasio que se suponía era del club de voleibol, el lugar donde había comenzado la extraña relación con Kageyama.

―¿Eso es lo que piensas de mí, que soy un tío dependiente?

El pelinaranja frunce el ceño ante esa pregunta tan obvia.

―¡Sí! ¡Y no es que lo piense, es que es la verdad! ―gritar no le llevaría por buen camino, aunque parece que es la única manera que existe para que el moreno le haga caso―. Solo quiero que dejes de hacer… estas cosas raras. Es molesto, no me gusta. Deja de acosarme, compórtate como alguien normal.

Kageyama vuelve a poner una expresión extraña, pero no dice nada. Le hace una seña para llamar su atención y se gira, subiendo los escalones que había a la entrada del gimnasio y abriendo las puertas de un empujón. Se abren de par en par, mostrándole el interior, con un ya hundido orgullo, al pelinaranja.

Hinata abre un poco los ojos y retrocede unos pasos. Es un buen momento para echar a correr, las señales eran cada vez más claras, le decían que si quería alejar a Kageyama de su órbita tendría que irse en ese momento, antes de que la ternura aborde su corazón.

―Soy así porque me da miedo perderte ―el chico de mirada gélida, por primera vez, muestra un sentimiento que jamás había visto reflejarse en sus ojos: el miedo―. Si no te presto la atención que te mereces, te irás. Todos se acaban yendo haga lo que haga. No quiero que contigo pase lo mismo.

Que Kageyama le diga eso, mirándole directamente a los ojos, mientras que a sus espaldas se alzaba un cartel de aspecto viejo que narraba, primero con una caligrafía terrible, un "Bienvenidos al club de Kageyama" para luego dar paso a unas letras que claramente habían sido añadidas hace muy poco, y que decían "Me alegra que seas el primero, Hinata idiota", le puede.

No tiene otra palabra para describirlo. Le puede.

―Yachi me dijo que querías entrar en vóley. Cuando la gente comenzó a alejarse, aproveché el antiguo gimnasio del club de voleibol para abrir mi propio club. Pensaba que así la gente vendría ―sonríe de forma irónica―. Nadie lo hizo ―baja las dos escaleras que le separan de Hinata y se pone frente a él, arrugando un poco la nariz―. Los materiales del antiguo club siguen dentro. Había pensado que te gustaría venir aquí conmigo y jugar voleibol por las tardes… Pero da igual, si no quieres unirte al club lo entenderé. Y si esto no es amistad, también da igual. Tendría que habérmelo imaginado. Siendo yo, no debería esperar much-

―No lo digas ―Hinata le interrumpe, a lo que Kageyama responde arqueando las cejas―. Olvídate de eso, he sido un hipócrita.

Kageyama se detiene, mirándole con una creciente irritación recorriendo su cuerpo.

―¡Me has gritado que soy incordio! ¡Y un dependiente que solo te molesta! ¡Si vas a dejarme de lado, hazlo ya! ¡No alargues lo inevitable!

―¡ESCÚCHAME! ―en un intento por llamar su atención, el pelinaranja vuelve a alzar la voz, tensando su cuerpo y tratando de verse firme―. ¡Es verdad que hay cosas de ti que me molestan! Hay muchas a decir verdad… Debería habértelo dicho antes para no llegar a esto.

El moreno entrecierra los ojos sin apartar su mirada de él. Intimidaba un poco, pero no parecía tan enfadado como antes. Que no apartara la vista de él le estaba poniendo un poquitín nervioso, después de todo habían llegado a esa situación por su culpa.

―Yo… a lo que me refiero… A ver cómo lo digo… ―busca las palabras correctas, cruzándose de brazos y agachando la cabeza para mirar al suelo― No es que quiera cortar la relación. Pero tampoco me siento a gusto con algunas cosas que haces o dices.

―Entiendo.

Hinata se sorprende, no esperaba una respuesta tan inmediata. Y mucho menos que fuera comprensivo.

―¿De verdad?

―En "La llama Adam hace amigos" hablan sobre eso ―pone la mano en su barbilla y se queda pensativo durante unos pocos segundos―. Cuando a tu amigo no le guste algo que has hecho, como cuando Adam escupió en el ojo del hurón Timmy, lo mejor es hablarlo y solucionarlo. ¿Eso estamos haciendo?

El pelinaranja se queda en Babia, repitiendo en su mente el nombre cutre de lo que posiblemente fuera un libro que Kageyama estaba leyendo. Asiente con la cabeza, al menos estaba entendiendo el significado de la comprensión.

―Así que estaría bien que no te acercaras tantísimo a mí. Tampoco digas cosas con doble sentido, y si pudieras parar con lo del tema de la esposa estaría genial. Por lo demás creo que puedo acostumbrarme. ¿Lo has pillado?

―No acercarme. No decir cosas con doble sentido ni llamarte esposa. Eso lo dejamos para la privacidad. Lo tengo.

Va a insistirle con lo de la privacidad, pero prefiere dejar las cosas así. Al menos habían dado un paso, no va a exigirle más de lo que su cabeza de imbécil puede tolerar.

―¿Te quedarás en mi club?

Hinata alza la cabeza y dibuja una sonrisilla pícara en su rostro. Era como un club de vóley, imposible rechazar su oferta. Y por mucho que le incomodara, Kageyama era bueno haciendo pases. Igual, con mucho esfuerzo, podían sacar el club adelante. O al menos jugar un par de partidos extraoficiales.

―Sí~

Kageyama, con el labio tembloroso, aprieta su puño y sonríe como si hubiera ganado una batalla muy importante.

A veces le recuerda a un niño pequeño. Cosas muy simples le hacían tremendamente feliz. Y le gustaba que se pusiera así, le mostraba su lado adolescente.

¿Qué estaba con él por pena? Sí, puede que sea verdad. Pero también está con él porque le alegraba ver que la persona más odiada de la academia tenía su corazón, sus sentimientos y sus ambiciones. Ser el motivo por el que sonreía era una sensación indescriptible.

El moreno se gira y pasa al interior del gimnasio. Hace lo mismo, siguiéndole para comprobar el estado de la cancha.

Estaba algo sucio, pero no tanto como lo estaría un lugar al cien por cien abandonado. Seguro que Kageyama habría limpiado y cuidado del sitio para mantenerlo en buen estado. Las pelotas de vóley, algo malgastadas, se guardaban en una cesta junto a la puerta. Y la red estaba rota, pero el moreno había hecho nudos para que resistiera el impacto de las pelotas desviadas.

Un detalle que llama su atención es el de la papelera a rebosar de batidos. Kageyama debía pasar mucho tiempo en ese lugar.

―Es genial tener un edificio para nosotros solos.

Kageyama cierra las puertas, pero él sigue más atento en observar la cancha. Había algunas telas de araña en las esquinas. No le gustan las arañas, grita cada vez que ve una, así que por el bien de su dignidad limpiarían eso antes de que se tope con una y haga el ridículo.

El moreno está muy silencioso, así que decide hacerle otra pregunta para suavizar el ambiente.

―¿Entonces soy el único miembro de tu grupo? ¿Eso no me da privilegios?

Va a reírse por su comentario. No quería sonar cruel, solo aprovechar el buen rollo que habían restaurado para romper el hielo.

Pero su intento por verse jovial desaparece al sentir los brazos de Kageyama rodeándole por la cintura y atrayéndole hacia su pecho. Está de espaldas sin poder ver con qué cara le está mirando.

No se mueve temiendo que pasara algo si hacía un mal movimiento. El pecho de Kageyama se infla y desinfla a un ritmo sereno; su temperatura, en contraste a su carácter, era cálida y agradable.

¿Está mal pensar que encajaba perfectamente en los brazos de Kageyama? ¿Está mal, incluso cuando hace unos minutos le había dicho que le incomodaba su cercanía?

¿Está mal disfrutar de esa extraña tranquilidad?

―Eres el primer miembro del club. Pero eso no te hace especial ―susurra, apoyando su frente en el hombro del bajito―. Has sido especial desde el primer momento en el que te vi.

Definitivamente está mal.

Y sí, está hecho todo un hipócrita. Porque ese era el claro ejemplo de lo que no quería que hiciera, pero ahí está él, esbozando una sonrisa nerviosa mientras sus mejillas se encienden debido a la desbordante emoción que llena su pecho.

Aún hay muchas cosas que tiene que descubrir. Pero por ahora se limitará a disfrutar de esa paz, y de los -para su sorpresa- confortables brazos del moreno.


-RESPUESTAS-

Nily: Por supuesto u_u Si no deja constancia de que es diferente, Hinata se cansará de él. O eso, o le odiará por todas las cosas que hace. Ya sabemos que ese niño no es normal ni para pulsar los botones en las máquinas dispensadoras xD

Claro que tiene explicación. Yachi las quería para un proyecto *cejas cejas* SU PROYECTO *CEJAS CEJAS CEJAS* (?)

¿Sufriendo junto a él? Yo sospecho que Kageyama disfruta con la agonía del pobre solecito xD Nah, en realidad hace las cosas sin pensar, pero no con mala intención u_u Que Kageyama le tiene mucho cariño. Y a veces el amor duele. En este caso, produce hasta desmayos xD

¡Ay, me alegra saber eso! Muchas gracias, pues, por leer y dejar tu comentario *luvluv*

Un saludito y nos leemos pronto ^^

Shinju3: Que noooo, que es para su proyecto *movimiento de cejas sugerente* Un proyecto muy importante *codazo, codazo, guiño, codazo* (?)

A estas alturas nos podemos esperar cualquier cosa de Kageyama u_u Pero claro que quiere reclamarlo. Es su primer amigo en mucho tiempo, quiere dejar constancia de que es una realidad y no un sueño xD ¿Y celos? Uy uy, ya verás *no dice nah*

Jaja XD Pero en este caso, esas posturas no han sido de manera voluntaria. Aunque claro… podría haberse apartado. Pero no lo hizo… JUUUUUUUMMM *sospechas*

¡Muchas gracias por leer y comentar! :D Un saludín y hasta la próxima~

-RESPUESTAS-

¡Hinata quiere espacio pero tolera los abrazos de su Tontoyama! Algún día te comprenderemos, pequeño amiguito, pero por ahora siéntete afortunado por poder sentir los fuertes y varoniles brazos de Kageyama rodeando tu cintura.

Aunque para brazos los de Iwa-chan… ¿Habrá hecho caso a Oikiwi y le habrá cabalgado como una fiera? Quién sabe (?)

Un saludito y nos leemos en otra ocasión, babies~