Pareja: Iwaizumi x Oikawa

Disclaimer: El maravilloso universo de Haikyuu! sigue perteneciendo al todopoderoso Haruichi Furudate, eso hasta que dé un golpe de estado en su estudio y le obligue a crear dentro de la serie una sector religioso que se dedique a adorar los brazos bara de Iwa-chan.

Advertencias: Un Iwaizumi demasiado sensual que eclipsa todas las demás advertencias.


Capítulo IV.5: Mi Iwa-chan.

¿Quién era Iwaizumi Hajime?

Unos dirían que se trataba de un chico rudo de mirada intimidante, otros lo definirían como el alumno más guay de toda la escuela, y algún valiente llegaría a admitir que de seguro era un policía veinteañero haciéndose pasar por adolescente para mantener a raya los negocios turbios de la academia.

Ese montón de personas podían comentar lo que quisieran sobre el moreno, como si se inventaban que era un superhéroe oculto que lanzaba rayos por los bíceps. Los cotilleos eran el pan de cada día, pero no era algo que le incomodase. Le daba igual.

Porque, como su mejor amigo, Oikawa se sentía el único hombre que conocía al verdadero e inigualable Iwaizumi.

―Iwa-chan, ¿tú me quieres~?

El castaño, hundido en su sillón de suelo, pregunta con cierto retintín sin apartar la vista de su revista sobre Misterios del Universo. Le gustaba coleccionar cada entrega y subrayar los artículos más importantes, casi siempre relacionados con datos y teorías sobre la vida más allá del Sistema Solar.

Hay quien le tachaba de friki. Y si bien es verdad que tenía gustos particulares, no los cambiaría por nada en el mundo. No existía persona en el planeta que no tuviera alguna afición: a algunos les gustaban los coches, otros adoraban el fútbol, y casi la mayoría tenía a su ídolo musical y una gran colección de sus discos adornando estanterías. Todos eran frikis de algo, y jamás se le ocurriría dejar sus gustos por los comentarios hirientes de terceros.

Aunque dolieran más que una patada en los huevos.

Pero no es momento de pensar en esas cosas. Iwaizumi tarda en contestar, y eso le impacienta. Podía estar ignorándolo o simplemente no lo había escuchado, cosa preocupante porque su voz no era algo que pasara desapercibido.

Sonrisa gatuna en el rostro, el castaño aparta su preciada revista y alza la mirada, observando por encima de sus rodillas a su compañero sentado en una silla a pocos metros de él.

Si le preguntaran qué es lo más bonito del mundo, y obviamente no le dejaran responder un "por supuesto que yo", Iwaizumi sería lo primero en cruzarse en sus pensamientos.

Es solo un mes mayor que él, pero ese corto tiempo marcaba una enorme diferencia.

No quiere decir que sea un imberbe. De hecho, lleva la cuenta de los pelillos que le salían en su perilla.

La diferencia en que afectaba el concepto de bonito en cada uno es que su atractivo era más del estilo sensual, mientras que el atractivo de Iwaizumi era del tipo varonil. No había mejor forma de definirlo; y si no, ¿cómo debía describir a un tío que estaba ligeramente inclinado en su silla trabajando su brazo con una pesa de casi 10 kilos, flexionándolo incansables veces y resoplando de vez en cuando para evadir la sensación de sobreesfuerzo que ejercía en su cuerpo?

Maldición, si eso no era sexy que le abduzcan unos aliens y le metan una sonda por Urano.

―Iwa-chaaaan~ ―arrastra las palabras con dejadez, igual que un niño pequeño queriendo mimos, para captar la atención de su amigo―, ¿por qué me ignoras?

―No te ignoro. Evito una conversación molesta.

―Tú sí que eres molesto. Malo.

Oikawa infla las mejillas y se reincorpora. Su sillón era tremendamente cómodo, hasta el punto de que si se descuidaba, su cuerpo se escurría tanto en él que daba la sensación de que se lo estaba tragando. Abraza sus piernas y encaja la barbilla entre sus dos rodillas.

El moreno trabajaba ahora con su otro brazo. Sus músculos esculpidos se marcaban de manera exquisita cada vez que se contraían. Era hipnótico, no sería la primera vez que se queda mirando largo rato el entrenamiento del chico, con la cabeza invadida de pensamientos que pasaban desde un "qué ganas de que me abraces con esos brazos" hasta un "seguro que puedes partir una puta nuez con tu sobaco, machote".

―Iwa-chan ―lo llama una tercera vez, aunque en esta ocasión evita usar un tono jocoso para que el moreno lo tomara más en serio―, aún no me has dicho por qué estás aquí.

Así es, Iwaizumi no iba a cursar su último año de preparatoria en ese instituto. No lo había comentado porque era un tema que había traído muchos problemas en el pasado, momentos que había querido olvidar a base de toneladas de helado y maratones de las pelis de "Men in Black" y "Predator".

En resumidas cuentas, su amigo de la infancia al que tanto quería, que había crecido junto a él desde que tiene memoria, un día de buenas a primeras dice que se irá a Irlanda con su padre. Llora, se pelean, llora muchísimo más, se niega a ir al aeropuerto para despedirse de él. Pasan las semanas, lo sobrelleva bastante bien, las cosas se tranquilizan. Y, de repente, de la misma forma en la que dijo que se iba a un país extranjero, vuelve, le echa una regañina y se planta en su club de Ufología a hacer pesas.

Es de mente abierta, un transgresor, pero de ahí a tolerar que hiciera como si nada hubiera pasado había un trecho.

Iwaizumi le mira de reojo sin parar con su ejercicio. Tras un largo suspiro, responde:

―Tu sala tiene buena ventilación y no hace tanto calor como en el gimnasio.

―Tú y yo sabemos que no me refiero a eso ―insiste―. Por qué estás aquí, en Japón. ¿No te querían en Irlanda? ¿Te pusiste en plan marimandón con ellos y como castigo te metieron de una patada en el primer vuelo de vuelta que pillaron?

El bufido que suelta tras esas palabras resuena en todo el cuarto. A Oikawa le es imposible retener una risilla ladina, Iwaizumi no cambiaba con el pasar de los años. Exactamente el mismo sonido, con esa manera tan característica de arrugar la nariz, siempre era igual cada vez que le molestaba.

Tenía su punto adorable.

Iwaizumi sigue sin responder. No hay problema, podía pasarse el día intimidándolo y estorbándole hasta que le dijera lo que quería escuchar.

―¿Por qué quieres saberlo? ―finalmente, al cabo de un par de minutos, responde.

Y todavía tiene el valor de decirle eso. A veces se pregunta si es cortito o qué le pasa.

No, probablemente no fuera estúpido. Más bien se hacía el idiota para ocultarle cierta información. Hizo lo mismo la primera vez que salió con una chica. Y la segunda. Y la tercera. Y con la cuarta también…

Ah, claro. Qué obvio.

―¿Tu novia te obligó a volver? ―interroga, ocultando su cabeza tras sus rodillas―. Te dijo "Iwa-chan, ¿sigues en Irlanda? …Es que mis padres no están en casa~"; y tú, con el rabo entre las piernas, volviste nadando desde la mismísima Gran Bretaña.

Iwaizumi, con las cejas ligeramente arqueadas, deja la pesa en el suelo y le mira con expresión hastiada. Cuando quería Oikawa podía ser un auténtico dolor de trasero.

―Ya estás inventándote cosas sin saber.

―¡No me las inventaría si me contaras lo que pasa en tu vida! ―replica, inflando las mejillas.

Se forma un silencio tenso e insoportable, tanto que dolía a sus oídos. Algo avergonzado por su arrebato infantil, el castaño oculta de nuevo su rostro tras las rodillas, apretando con más insistencia el abrazo a sus piernas.

Porque él alardeaba de conocer todo sobre Iwaizumi. Disfrutaba de aquellos que teorizaban sobre él y se reía internamente creyéndose el único ser viviente que lo conocía de verdad.

Pero hace un tiempo que una enorme grieta se había abierto entre ellos. Lo notaba cada vez más lejano.

Había cosas del moreno que desconocía.

Escucha el sonido de la silla siendo arrastrada y un par de chasquidos molestos provenientes del moreno. Iwaizumi se había puesto en pie.

¿Por qué simplemente no podía disfrutar de su presencia, como en los viejos tiempos? ¿En qué momento se había vuelto tan paranoico y controlador que incluso le molestaba cuando el chico no le decía lo que tenía pensado hacer durante el día?

¿Su paranoia era debida a la distancia creada entre ellos o era la distancia la que le estaba enloqueciendo?

¿Iwaizumi le odiaba? ¿En verdad le despreciaba? ¿Todas las veces que le decía que era una basura iba en serio?

¿Quién era para ese chico de sonrisa salvaje?

―Oye.

La voz de Iwaizumi se escucha cercana. Claro, porque en lo que él se había metido en su propia burbuja de incomprensión, el moreno se había acercado hasta su lado.

―No te escucho ―replica apartando la mirada.

No quiere mirarle a los ojos, llorará si lo hace. Al final iba a tener razón, no era más que un niño pequeño metido dentro del cuerpo de un chulito guapo y rico.

A Iwaizumi parece darle igual si le escucha o no, si le está prestando atención o se vuelve a evadir en sus propios pensamientos. Él sigue hablando, secándose el sudor del cuello con una toalla pequeña que traía consigo.

―Esta escuela me necesita ―comienza diciendo―. Quiero decir, necesitan a alguien que te mantenga a raya.

Sus palabras llaman la atención del ya deprimido Oikawa, quien al fin levanta un poco la cabeza buscando una posición con la que escuchar mejor sin apartar su rostro de las rodillas.

―¿Tú te has visto? Eres un pedazo de basura que solo causa problemas. Si yo no estuviera aquí, serías un delincuente. Eres un peligro como presidente, a saber la de locuras que habrías propuesto para los festivales culturales.

El castaño, aunque se resiste, sonríe levemente.

―Intentar organizar el mejor desfile pirotécnico de Miyagi no es una locura…

―Conociéndote habrías quemado la escuela, la ropa del director y el pelo de Kageyama. Y lo último dudaría muchísimo de que fuera un accidente.

Esta vez Oikawa se ríe con más ganas.

―No soy tan vil, Iwa-chan~

―No estaba tranquilo yendo tan lejos y dejándote aquí con un montón de víctimas inocentes. Es una maldición, pero he sido condenado a aguantar tus idioteces y cuidar de que no hagas nada raro. Y como vicepresidente estaría mal que los abandonara en mi último curso…

―Iwa-chan ―estira las piernas y, mirándole desde abajo con ojos brillantes y más abiertos, musita―, ¿has vuelto por mí?

El moreno arruga mucho el entrecejo, actuando a la defensiva.

―¡¿Qué?! ¡Claro que no! He vuelto por el bien de los alumnos. Y para proteger mi título de Campeón de pulsadas.

―No, no~ Has vuelto porque te preocupas por mí~

―Que no.

―Que sí~

―Imbécil.

¿Quién era Iwaizumi Hajime?

Alguien que estaba madurando junto a él y que, a pesar de tener molestos secretos, aún se interesaba por su vida. Tanto que llegaba a recorrerse medio planeta para volver a su lado sin importarle lo demás.

Sí, igual lo estaba exagerando, como hace con casi todo lo que cree conveniente. Al menos esta vez era para algo que le hacía muy feliz.

Oikawa se levanta, soltando a un lado su revista, y extiende los brazos con intención de abrazarse al cuello sudoroso del moreno. Pero Iwaizumi es más rápido y se aparta de su trayectoria, esquivando al castaño con naturalidad.

Camina hacia la salida a paso lento, ignorando los quejidos de su amigo.

―Deja de vaguear, seguro que tienes mucho trabajo que hacer. No voy a dejar que pierdas el tiempo con tus mierdas frikis.

Molestaba que otros criticaran tus gustos. Pero si era Iwaizumi quien lo hacía, lo permitiría y aceptaría sus insultos con los brazos abiertos.

Cierra la ventana y corre las persianas antes de salir. No por nada especial, simplemente quería que el aroma del moreno quedara capturado dentro de ese pequeño habitáculo, para que cuando no pudiera estar con él pudiera aspirar su aroma embriagador.

Y tras echar un último vistazo a su cuarto, puede ver la pesa del moreno reposando en el suelo, a la espera de que su dueño volviera para usarla de nuevo.

Porque iba a volver.

Eso lo hacía terriblemente feliz.

―Iwa-chaaan~, ¿entonces no tienes novia? ¡Pobrecito! A mí se me han confesado trece… ¿Quieres ser mi pretendiente número catorce? ¡AY AY AY, VALE, IWA-CHAN, LO PILLO, LO SIENTO! ¡En la cara no, EN LA CARA NOOO~!

Sí, terrible y condenadamente feliz.


-RESPUESTAS-

Shinju: Puede ser, puede ser~ ¡Ya era hora de que alguien viniera a controlar a Oikiwi! Y quién mejor que Iwa-chan para eso «3

Se podría decir que Kageyama está desesperado por no perder a Hinata por su lado. Y si para conseguirlo tiene que meterle en un club prácticamente muerto, lo hará sin pensárselo u_u Exacto, tú lo has dicho xD Hinata no está muy lejos de caer ante los encantos de su tonto rey… eso si no ha caído ya ewe

¡Gracias por leer y comentar~! Un saludito :D

Laura: Kageyama intenta cambiar por el bien de su solecito. O al menos le pone ganas, aunque al final haga cosas que dejen al pobre Hinata en evidencia XD

Muchísimas gracias por darle una oportunidad~ «3 Espero leerte por aquí más veces. ¡Ah, y también gracias por seguir mi otro fic! :D

Un saludito y nos leemos~

TrafalgarAnn: Tú y yo sabíamos que esto iba a suceder *movimiento de cejas sugerente* ewe Y ahí tienes, espero que hayas disfrutado de tu dosis de IwaOi (?)

Gracias a ti por leer y comentar. ¡Un saludín~!

-RESPUESTAS-

Lo sé, no hay KageHina. Y lo sé, se desvía de la historia central (si es que este coso tiene de eso (?)). Pero para esto sirven estos entremeses: historias más cortas que cuentan hechos estrechamente ligados a sucesos o futuros acontecimientos del relato principal, protagonizados por otras parejas.

La historia central está contada siempre desde el punto de vista de Hinata. Por tanto, para que un personaje se desarrolle es necesario que Hinata esté ahí para que se den las impresiones de este. Es un método que limita muchísimo la profundización en personajes. Y como me encanta que el protagonista indiscutible sea Hinata y todo gire a su alrededor, pero también quiero adentrarme en la privacidad de otras parejas, pues nació la idea (?)

Espero la apoyéis igual que apoyáis el resto de la historia *luvluv*

Ah, sí, siento la ausencia *lo dice como algo casual para que no la linchen* Pero esta no es mi historia primordial… por ahora (?) Por eso voy tan lento.

Pero no os preocupéis, no dejaré que muera tan fácilmente. Mucho más cuando tengo jugosas ideas que darán muchísimo juego al fic.

En fin, me despido ya deseándoos un bonito inicio de las vacaciones~ Si es que ya las tenéis xD A mí me queda aproximadamente un mes para estar tumbada a la bartola. Ojalá tengáis más suerte que yo y ya seáis libres.

¡Un enorme saludo y hasta pronto~!