Hola hermosuras, blen me duele un poco la cabeza y quiero vomitar, debo aceptar que estoy algo triste, creo que no alcanzaré la meta propuesta, así que espero que lo disfruten.
Selfie – Día 9.
La alarma de mi celular suena ruidosamente en mi oído despertándome bruscamente, algo asustada y con los ojos completamente cerrados hago maniobras increíbles para que ese molesto ruido deje de perturbar mi precioso sueño y pueda continuar viendo esas hermosas imágenes que pasaban por mi cabeza cuando por fin había podido dormir unos cuantos minutos, las escenas que se reproducían lentamente en las cuales estaba en una tarima sencilla pero rodeada de arreglos florares, recibiendo los aplausos efusivos de todos los presentes en el auditorio mientras el demonio de mi profesor José Porla me entregaba mi diploma donde demostraba que ya por fin era una profesional y que no tenía que volver a sufrir lo que un estudiante tiene que pasar para lograr adquirir su título.
Tenía un peinado hermoso que a pesar de estar cubierto por el birrete lucía como cascadas en mi espalda por el color azulado de mi cabello, mi vestido era el más hermoso comparado con todos los de mis compañeras de carrera y ahí estaba él, ese hombre que nunca había visto en la vida pero que estaba orgulloso de que por fin hubiera podido lograr cumplir mi sueño. Ágil, él saltó las barreras de seguridad que colocan para evitar precisamente que alguien se atraviese tomando fotos por doquier y me pidió que sonriera para la cámara que sostenía en sus manos, cuando por fin obtuvo una que le gusto sonrió en un gesto que llegó a lo más profundo de mi corazón y baje del escenario rápidamente en el momento que escuche otro nombre pues no iba a opacar sus segundos de fama que yo ya había tenido.
Estaba feliz y lo comprobé cuando me abrazo fuertemente mientras yo cerraba los ojos cómoda con su presencia, me separó ligeramente de su cuerpo y luego me vio a los ojos, estoy segura de que jamás había visto esos ojos en algún lugar, eran simplemente perfectos.
— Estoy muy orgulloso de ti, amor.
— Gracias por estar aquí –Nuestros labios se iban a unir en un beso de cuento de hadas pero de un momento a otro esa molesta alarma interrumpió la mejor parte de mi sueño, trato de volver a dormir, volver a esa parte donde era tan feliz, pero es inútil, termino soñando con que voy a reprobar el parcial y que el profesor se burla de mi con su risa macabra mientras le explico que estudie mucho y que no merezco esa nota que me pone, no escucha razones y me pone orejas de burro para en seguida mandarme al rincón del salón, todos se burlan de mí y empiezo a llorar como si fuera una niña de pre-escolar, cuando al fin abro los ojos algo asustada me doy cuenta que la pesadilla no era esa exactamente.
¡Son las seis! las seis y un minuto de la mañana y tengo clase a las siete pero ese no es el problema, realmente tengo que llegar puntual o me cerraran la puerta y perderé el corte porque hoy es el día que el profesor designo para matar a sus estudiantes, aunque él lo llame prueba de conocimientos. Dudo si bañarme o no porque cada segundo cuenta y es más valioso que todo el oro del mundo pero estaré allá hasta las horas de la tarde, no puedo oler como cerdo.
Corro al baño y me doy una ducha rápida, salgo y me visto en menos de un minuto, no tuve el suficiente tiempo para escoger una ropa bonita y aunque no puedo quedarme mucho tiempo detallándome en el espejo me he dado cuenta que hay algo peor que lo que tengo puesto, mis ojeras están muy marcadas y parece que no tuviera ojos, definitivamente estudiar para dos parciales y presentar tres proyectos finales en un mismo día es solo el comienzo de la última semana del semestre y si sobrevivo a este día podré respirar tranquila ya que son las materias más difíciles que tengo.
Me lavo los dientes rápidamente y me cepillo el cabello pero este no copera hoy así que me pongo un gorro para terminar de completar mi desastroso atuendo fuera de moda y por el cual estoy segura que se burlaran. Salgo de mi casa y corro a la estación que queda cerca para lograr alcanzar el bus de las seis y veinte, mi respiración empieza a cortarse en la segunda cuadra y me culpo a mí misma por ser tan sedentaria y no hacer ejercicio. Miro el reloj y son las seis y quince, acelero el paso aunque ya no puedo más y cuando por fin volteo por la cuadra donde se encuentra la estación veo que hay más personas haciendo fila de las que he visto en todo el semestre.
Veo el puente dudosa pues es demasiado largo y pasando la avenida puedo ahorrarme todo ese trayecto pero me dan miedo los autos y optó por gastarme cuatro minutos de mi tiempo cruzándolo, necesito una botella de agua porque estoy demasiado agitada y para mi desgracia ya he empezado a sudar.
Demonios, por lo que veo el bus no ha llegado y contando a las personas que se encuentran dentro de la estación esperándolo puedo entrar en él e irme de pie, lo importante es llegar aunque tenga que sacar el libro y sostenerlo con una mano mientras me tengo con la otra para no caer debido a los bruscos movimientos que hace el transporte en el camino, pues no termine de estudiar anoche todos los temas y es ley de la vida que lo que no se estudió sale en un punto del examen y si estás muy de malas en todo el parcial.
Cuando voy llegando a los torniquetes veo que el bus se va aproximando a la estación y corro para deslizar la tarjeta, al leerla, la máquina me indica que no tengo saldo y no puede ser porque estoy segura que la recargue anoche, quiero llorar porque las tres veces que lo intento me marca una equis y me impide el paso pero lo peor de todo es que si dejo pasar este bus tendré que esperar casi siete minutos a que pase el otro y eso sólo significa que nunca llegaré a tiempo. Entonces, volteo a ver la fila para recargar la tarjeta y siento un nudo en la garganta, me demorare media hora más o menos para poder pasar a la taquilla pues nunca había visto tantas personas antes y muy probablemente me levanté con el pie izquierdo, pero hubiera sido más cuidadosa si me hubiera despertado a tiempo.
En el fondo de mi desesperación siento que alguien se me acerca por detrás y estira su brazo con una tarjeta y la pasa por el lector, la flecha verde me indica que puedo pasar y yo volteo a mirar quien fue el que hizo eso, tal vez se equivocó y termino usando el torniquete que no era suyo. Cuando mis ojos tratan de identificar quién fue encuentran a un joven de cabello muy oscuro y piel trigueña clara, trae una mochila y se ve que es un estudiante universitario como yo.
— Parece que tienes prisa. Corre o el bus te va a dejar –Anonadada por su acto trato de sacar dinero de mi bolsillo para pagarle pero abre sus ojos y niega con la cabeza. El color de sus ojos me desconcierta y trato de recordar dónde vi esos ojos tan inusuales pero nada viene a mi mente, pudo haber sido el hombre de mi sueño pero mis recuerdos no me traen su aspecto físico ahora, parece que olvide por completo quien era mi novio temporal.
— Corre o...
— Gracias –Digo atropelladamente y lo dejo con la palabra en la boca, puedo pasar como grosera pero en serio necesito entrar ahí, corro atropellando unas personas que no conocen su derecha al caminar y haciendo una oración mental para que el bus no avance, pero antes de poder llegar a la puerta de acceso el bus cierra sus puertas y se va...Enojada digo unas cuantas malas palabras muy bajito para que nadie me escuche y cuando volteo a mirar el joven que me ayudó con el pasaje está recostado en la baranda de la primera puerta con un libro.
Pienso en acercarme y darle lo del pasaje pero me dan muchos nervios y no sé si vaya a negarse a recibir mi dinero, además está concentrado en su libro y me avergüenza acercarme a ese joven tan guapo, ¿Por qué justamente hoy estoy vestida como un habitante de la calle? No es que quiera conseguir novio porque con la universidad comiéndose todo mi tiempo me basta, pero es importante dar buenas primeras impresiones y él se porto muy bien conmigo.
Miro el reloj y creo que mejor lo guardo o me pondré a llorar en ese instante, recibo un mensaje de pronto en mi celular y cuando lo saco para revisar de quién se trata es Lucy, mi mejor amiga en la universidad.
— ¿Dónde estás? Dijiste que ibas a llegar temprano para estudiar conmigo –Eso le dije pero no pensaba que me iba a quedar toda la noche en vela terminando mis proyectos y mucho menos que la hora que dormí se haya alargado a tal punto de hacer que se me haga tarde para llegar a la clase, ya no alcanzó a estudiar con ella y solo espero que logre entrar al parcial.
— Es una historia muy larga, ni siquiera he cogido el bus, voy a llegar muy tarde –le agrego mis característicos emoticones de caritas llorando que me describen a la perfección y empiezo a hacer cuentas mentales, si el bus se demora treinta segundos en cada estación en la que se detiene y solo hay cuatro semáforos en rojo llegaré pero primero debo subirme a uno de ellos y ya sentir que he desbloqueado un logro de la lista.
El vagón se empieza a llenar y debo aceptar que esta es la peor hora de la mañana y que la gente como va afanada para sus trabajos o cualquiera que sea sus destinos empieza a comportarse bruscamente, otros únicamente quieren tomar una silla y por eso empujan a los demás para que no lo logren y ellos puedan quedarse con la silla que la pobre víctima que salió a volar por el empujón no tomó, sin embargo la ansiedad se siente cuando el bus se aproxima y alcanzas a leer en el letrero que es el tuyo.
La música que suena de fondo solo me estresa mucho más, pienso en que solo debí haber dormido cinco minutos y levantarme a estudiar pero fui débil, muy débil aunque tuve un sueño hermoso. Ojeo al joven que sigue concentrado en su lectura y quisiera estar así de tranquila, nunca me pasa esto y no entiendo porque hoy en uno de los días más importantes de todo el periodo académico me sucede.
Me pregunto qué clase de lectura le interesa, trato de ver el nombre en la pasta del libro que tiene pero no lo veo, creo que necesito gafas y eso sólo me recuerda más al parcial y a que ya se me hizo muy tarde.
Los minutos pasan y hay tanta gente que empieza a hacer mucho calor, quiero quitarme el gorro de la cabeza pero mi cabello está hecho un asco así que me lo dejo, veo el bus a la distancia y tomo mis cosas fuertemente por si me empujan para que no salgan volando.
El chico se coloca frente a la puerta a mi lado sin despegar los ojos del libro y me empino un poco para lograr ver que hay dentro de él pero lo cierra dejándome con la duda, voltea a verme y yo cambio la dirección de mi mirada, trato de hacer que solo estaba viendo el bus, veo que afortunadamente viene con puestos y podré irme sentada estudiando los temas que aún me faltan por cubrir.
Cuando las puertas se abren siento una fuerza brutal haciéndome a un lado, la gente pasa y desafortunadamente toman todos los puestos, cuando logró entrar algo dolorida me doy cuenta que el chico de ojos lindos si alcanzo a tomar un puesto, que suertudo. Pasó por su lado para dirigirme al acordeón que une los dos vagones del bus pero siento un jalón en mi abrigo.
Sin pronunciar una palabra el joven se levanta y me da el puesto, me sonrojo sin remedio y trato de hablar para decirle que no es necesario pero cuando por fin sale un suspiro de mi boca el está en el acordeón sosteniéndose con una mano y leyendo su libro muy concentrado.
Pensé que los caballeros ya no existían y mi corazón se hincha de emoción, es guapo, lindo y qué decir de esos ojos. Saco mi libro y trato de concentrarme en las palabras ahí escritas que me tengo que aprender pero suena nuevamente mi celular.
— ¿Qué tan tarde, Juvia? Sabes que ese demonio cierra la puerta cuando llega y no deja entrar nadie tras de él. Es el último parcial y necesitamos un milagro, no puedes llegar tarde.
— Lo sé pero no puedo controlar el tiempo, quiero morir, Lucy. Aunque solo una cosa buena salió de esta situación. –Subo mis ojos en su dirección y ahora paso de buen samaritano a príncipe, se ve tan cool con su chaqueta de jean, esos jeans sencillos y sus tenis Adidas clásicos. Pero definitivamente lo que lo hace ver más genial son sus beats negros colgando de su cuello.
Vuelvo los ojos a mi libro y empiezo a leer mentalmente tratando de memorizar, un nuevo mensaje llega y necesito estudiar pero debo hablar de él con alguien.
— ¿Qué te pasó? Sinceramente no veo nada bueno de llegarle tarde a José Porla en un parcial. –tomo mi celular y escribo rápidamente.
— Un chico, me ayudó a pasar, me había quedado sin saldo y luego me dio el puesto. –Suspiro inconscientemente y luego veo como mueve su cabeza, como si estuviera manteniendo una especie de ritmo.
— ¿Está lindo? Creo que le gustas Juvia. –Siento calor en mis mejillas al leer sus palabras y niego con la cabeza — Solo fue amable conmigo, es sensibilidad de un estudiante a otro.
— ¿Del uno al diez cuanto saca? –Lo repaso nuevamente con mi mirada, de físico esta perfecto y su personalidad se ha llevado el premio mayor.
— Es un diez sin dudarlo, está muy guapo y lo que hizo por mí fue bastante hermoso, creo que es un espécimen en vía de extinción –Sonrío como tonta por lo que acabo de decir, no suelo ser así de observadora pero es imposible no quedárselo viendo por más de cinco segundos.
— ¿Buen trasero? –Mis ojos se desvían a esa parte de su anatomía y niego con la cabeza ¿Qué me pasa? Debo estudiar y lo único que estoy haciendo es viéndole el trasero a ese chico.
— ¿¡Qué cosas dices, Lucy!?... Su trasero es tan lindo como sus ojos.
— Tómale una foto y mándamela, yo le doy el visto bueno –abro mi boca de la sorpresa, esta loca esta mujer ¿Cómo quiere que haga eso? La gente se daría cuenta y me muero si él lo hace.
— No lo haré, se puede dar cuenta.
— Eres una gallina.
— No lo soy.
— Entonces te reto a que le tomes una foto, te apuesto el almuerzo de una semana a que no eres capaz y si lo haces, naturalmente yo invito. –aprieto fuertemente mi libro y luego lo veo a él, esta muy concentrado en su lectura y estoy más que segura que no se dará cuenta, levantó sutilmente mi celular y trato de darle un buen ángulo para que salga perfecta, si es la última vez que lo voy a ver debo tener un buen recuerdo de ese héroe que me ayudó hoy.
Bajo el celular cuando veo que mira de repente hacia mí pero solo es una falsa alarma porque su mirada va dirigida a los vidrios de la puerta del bus ya que quiere saber en qué estación estamos. Trato de controlar mi propia respiración y veo mi libro, me doy cuenta que mi mano está temblando porque fui casi descubierta y trato de seguir estudiando, esto es muy arriesgado.
Pasan cuatro estaciones más y ahora soy yo la que deseo una foto de él, no quiero que me llamen gallina pero tampoco quiero bajarme sin una foto de ese hombre, si el amor a primera vista existe diría que este es mi amor efímero en el transporte público, sólo durará lo que me demore en llegar a la universidad o hasta que él se baje.
Me lleno de valor y doy un ligero golpe en mi libro, el bus ya casi está vacío pero los puestos siguen ocupados y eso facilita la visión de mi cámara para capturarlo únicamente a él.
Levanto el celular y me aseguró que este claro para capturar una buena foto, cuando oprimo el botón del centro de mi celular la cámara suena y el rápidamente voltea a mirar, ¡Demonios! Aunque bajo el celular con toda la velocidad que mi mano puede tener se da cuenta, se queda viéndome y yo siento la cara más roja que un tomate, levanto mi libro a la altura de mi rostro para poder esconderme pero yo solo quiero que la tierra me trague.
Solo debía bajar el botón lateral para dejar mi celular en silencio, ¿Qué tan difícil podía ser? El bus se detiene y veo su reflejo por la ventana, sigue viéndome y yo solo quiero gritar y salir corriendo, me veo tentada a bajarme en esta estación pero si lo hago nunca llegaré a la universidad, la persona de mi lado se va a bajar y me muevo para que pueda salir y entonces ocurre lo que más temía. Ese joven se acerca y lo único que puedo hacer es moverme a la silla del rincón y dejar que se sienta a mi lado, mis ojos nunca se despegan del suelo y quiero dejar de sentir este calor en mi rostro que me hace ver claramente sonrojada pero mis esfuerzos son inútiles.
— ¿Sabes qué es un delito tomarle fotos a las personas sin su consentimiento? –Pasó saliva y niego con la cabeza, mi intención no era que se enojara pero estoy asustada.
— La cámara se activó sola, de verdad lo siento. –Nerviosamente trato de bloquear mi celular y él lo arrebata de mis manos. — ¿Qué hace? Esto es una violación a mi privacidad –No tarda en encontrar la foto que le he tomado y levanta su ceja, ¿Cómo refutar que fue accidental cuando quedó tan bien tomada?
— No sabía que las fotos accidentales quedarán tan perfectas.
— Le conté a mi mejor amiga lo que hiciste por mí, solo te quería conocer –Abochornada decido bajarme en la siguiente estación pero falta mucho para eso y me siento muy pequeñita. Quiero escapar, es imposible.
— ¿Entonces por qué no lo dijiste antes? –Volteo a verlo algo confundida y pone la cámara frontal en mi celular, se acerca a mi y sonríe, su sonrisa es espectacular y yo algo sorprendida salgo en la foto con las mejillas rosadas de la vergüenza.
— Ya puedes mandársela, dile que mi nombre es Gray. –dudó en tomar el celular pero después de unos incómodos segundos lo tomo y frente a él la envío.
— Esta es mi parada, pero espera... –antes de que el bus se detenga por completo toma de nuevo mi celular y lo manipula sin que me de cuenta de lo que hace, trato de que mis manos dejen de temblar y en cambio me pongo a jugar con mis dedos porque no sé qué más hacer.
Me pasa el celular bloqueado y lo miro, no sé qué es lo que ha hecho pero no quiero averiguarlo por mis propios medios.
— ¿Qué hiciste? –Tartamudeo un poco, no me había puesto así se nerviosa con un chico antes pero es que esta situación ya es bastante extraña.
— Nada, gracias por la selfie, para mí tú también eres un diez y tus ojos igualmente son tan lindos como tú trasero –Se levanta rápidamente y corre para que el bus no cierre sus puertas y lo deje atrapado una estación más, cuando comprendo sus palabras ya es muy tarde para decirle algo que no me haga ver cómo una pervertida pues el bus ya se ha puesto en marcha. Leyó mi conversación con Lucy y me siento tan avergonzada, se dio cuenta que lo estaba observando más de la cuenta y calificando por su belleza, ¿Qué pensará de mi? ¿Por qué la tierra aún no me traga? Mi corazón late desenfrenado y no puedo controlar mi respiración.
Salgo de mi conversación con Lucy pero hay algo inusual. Una conversación que nunca había visto, que yo no empecé y que claramente es desconocida para mi celular. Se llama Gray Fullbuster y guardo su número de su celular en mi teléfono, estas son demasiadas emociones para mi corazón, no aguanto tanto voltaje y cuando abro nuestra conversación solo está la imagen de los dos, se la envió a su celular para que tuviera también mi número. Al abrir la selfie mis pulmones se llenan de aire, no quedé tan mal pero si hubiera alcanzado a arreglarme esta mañana hubiera quedado perfecta.
¿Esto quiere decir que quiere que le escriba? ¿Qué debo hacer? Mi reloj suena indicándome que son las siete en punto y que muy probablemente José Porla ya haya llegado.
— ¡Oh Juvia! Esta divino ¿Cómo lograste que se tomará una selfie contigo con lo penosa que eres? –Ni yo misma lo sé pero definitivamente esto me cambio el día, no puedo evitar que esa boba sonrisa se me desdibuje del rostro pero tampoco quiero que desaparezca.
— Me dio su numero –muerdo mi labio inferior tratando de controlar mis emociones y no gritar como loca para que todos los presentes me vean extraño aunque eso es lo único que quiero hacer.
— Llego Porla, ¿Dónde estás Juvia? –En este momento mi felicidad se ha ido, tal vez si algo malo le pasa a él me deje entrar pero solo un meteorito puede salvarme, aún me falta una estación más y correr a la universidad, tal vez si le hago cara de perro me deje entrar.
Reviso mi celular nuevamente pero específicamente su conversación conmigo, quiero escribirle de vuelta pero tengo miedo, no sé sinceramente que escribirle. Llego a mi estación y no tengo tiempo para escribirle pues salgo corriendo, todo por salvar la materia y no tener que volver a ver a ese profesor de nuevo.
Sin preverlo mi pie aterriza en un gran hueco y me lo doblo cayendo sin remedio al suelo, mi pantalón se rompe y mi rodilla se raspa, pero lo que más me duele es mi pierna, me duele mucho. Unas personas que pasan por el lugar me ayudan y me levantan del suelo pero cuando pongo mi pie en el piso grito de dolor.
— No puedo –Digo entre lloriqueos y alguien levanta mi libro.
— ¿En el lugar donde estudias hay una enfermería? –Un señor amablemente me pregunta y yo le asiento. Como si fuera muy ligera me levanta y me ayuda a llegar a la universidad.
Según la señorita Grandeneey me he roto el peroné pero hay dos cosas buenas de la situación, la primera que estoy estrenando un nuevo yeso y la segunda es que el profesor Porla me tiene que dar una oportunidad y hacerme el parcial nuevamente pues es un secreto para todos que iba tarde y según yo este accidente me retrasó.
Estoy en la camilla del hospital al que me trasladaron esperando que mi madre venga a recogerme y me pueda ir con ella, han pasado más de cinco horas y creo que le he tomado odio a los hospitales o a sus enfermeras. Tengo dos hermosas muletas a mi lado y levanto la vista para ver una cabeza rubia que entra al pasillo donde me tienen tirada.
— ¿Cómo está la mujer más de malas y de buenas de este mundo?
— Me duele mucho mi pie –Rápidamente busca mi celular para confirmar que Gray me haya dado su numero y sonríe dando saltos cuando ve que es cierto.
— Escríbele, Juvia. Para eso te dio su numero. –Niego con la cabeza y le quitó la mirada.
— Eres una gallina.
— No lo soy.
— Entonces apuesto que no eres capaz de escribirle, si yo gano me darás el postre por una semana –los dulces me motivan y cuando estoy a punto de escribirle un mensaje acompañado de una imagen llega a nuestra conversación.
"Soy músico, escribí una canción de lo que nos sucedió esta mañana. ¿Quieres oírla?...Otra foto para que se la muestres a tu amiga" Se ve hermoso acompañado de su guitarra y debo aceptar que los músicos siempre me han encantado.
Pongo los dedos en el teclado de mi celular y le demuestro a Lucy que no soy una gallina y que tendré almuerzo y postre por toda una semana gratis.
Final, final de los finales del OS espero enserio que les haya gustado.
Pregunta: ¿Han tenido Amores cortos en los medios de transporte?
