Hola hermosuras, vengo con una historia súper largota, así que tomen pausitas para que no se dañen los ojitos.

Con ustedes:

Lealtad – Día 17


Juvia aprieta fuertemente su Teru Teru bozu en sus manos, se aferra a ese pequeño pedazo de trapo que ha estado con ella desde que aprendió a coser mientras llora desconsolada, triste y muy fuerte, sin embargo no le interesa hacer mucho ruido, cree que nadie la esta escuchando, pero definitivamente se equivoca.

Me acerco a ella que se encuentra sentada en el suelo. — Ya no quiero estar acá –Dice entre lloriqueos, me cruzo de brazos y me siento en la cama, ella por supuesto piensa que está sola en este orfanato, el lugar donde durante todos esos años que estuvo no hizo ni un solo amigo, pero ella no cuenta que me tiene a su lado para cuidarla y procurar lo mejor para ella. Si, esa es mi misión, debo encargarme de ella y tratar que todo marche bien en su vida. Sin embargo la corrupción y la maldad de los humanos avanza cada día más y me hace mucho más difícil el trabajo.

Yo solo debo acompañarla y guardarla de las cosas malas a los que los frágiles humanos están expuestos, mi trabajo aunque parezca sencillo es demasiado complicado y más por este tipo de cosas que pasan en su vida, Juvia es una chica vulnerable y muy débil a las situaciones que le golpean sus sentimientos, esas cosas que le pasan no son nada sencillas para ella pero yo creo que todo irá bien, Mavis siempre busca la felicidad de los humanos. No entiendo qué les ve, por qué los quiere tanto, ellos son solo delicados y egoístas seres.

— ¿Por qué me molestan a mi? ¿Qué fue eso tan malo que hice? ¿Por qué estoy tan sola? Nadie me protege en este lugar, a nadie le importo -sencillamente nunca entenderé a los humanos, creo que desearía decirle a esos chicos que dejen de molestarla, que son unos malvados, perversos, que no usan su cerebro y especialmente que deben preocuparse porque si siguen así, con sus actos irán al infierno. Pero no puedo hacerlo, yo solo puedo hablarle a ella, sin embargo ni siquiera puedo comunicarme directamente con Juvia, únicamente me escucha cuando su limitado sentido del oído la deja y eso en la mayoría de los casos no sucede, cuando logra hacerlo piensa que es su subconsciente hablándole en su cabeza y para mí está bien, no necesito que sepa de mi existencia, más bien que sepa qué hacer gracias a mis consejos.

No hiciste nada malo. Deja de llorar, Juvia. –Y efectivamente su llanto no deja que me escuche, que chica tan llorona, sé mejor que nadie que no puede sentir mi caricia pero aun así muevo suavemente mi mano por su cabello, tratando de que deje de llorar.

No llores más, mira que mañana saldremos de acá, estas a punto de cumplir tu mayoría de edad y podrás ser libre, lejos de todos esos que te hacen daño. Empezarás una nueva vida donde podrás ser muy feliz, lo sé porque tú puedes hacerlo, te lo mereces. –Entre mis múltiples tareas está ser lo que ellos llaman un psicólogo, sin contar que si me descuido un solo momento puede tomar malas decisiones y convertirse en una mala persona, yo no puedo interferir en su personalidad o en lo que ella decida hacer en su vida, pero siempre debo decirle lo que es mejor para ella, como en este momento.

— Mañana saldré de acá, mi vida comenzará de nuevo. No debo dejarme influenciar por esto, todo estará bien afuera de este lugar –Parece que esa parte la escuchó y decidió aceptar mi consejo, esa es mi humana fuerte, obediente y optimista.

Ahora límpiate las lágrimas y ve a dormir, llevas bastante tiempo llorando y si no duermes lo suficiente puedes enfermar, mañana iremos a ese apartamento que alquilaste y allá nadie te molestará la vida. -Juvia levanta su cabeza y necesita un pañuelo, ella lo sabe y con su mirada empieza a buscar la caja. — Están allí, detrás de ti –Voltea su mirada y los encuentra, se limpia la nariz y su rostro rápidamente.

No olvides rezar antes de dormir, Juvia. –Ella arregla su azulado cabello tomándoselo en una coleta y se arrodilla nuevamente en el piso, junta sus manos y cierra los ojos con fuerza.

— Hola, espero que me estés escuchando...-Es tan sincera y miedosa, es bueno que hable con Mavis, siempre la escucha y la quiere bastante, si le pidiera muchas cosas se las cumpliría todas. — Solo te quiero pedir una cosa, por favor ayúdame en mi nueva vida, quiero ser muy feliz, sé que tienes todo controlado y te agradezco por eso, te pido también por esos jóvenes que me molestan y arruinan mis muñecos, perdónalos, gracias por sacar un tiempo para escucharme... — Pide por tus sueños para que te proteja en ellos. –Su cuerpo es vulnerable mientras duerma ya que su espíritu no está alerta. — Te pido que mis sueños sean lindos y me cuides mucho, buenas noches.

Buena chica, ahora sí a dormir – Juvia se acuesta en su cama, no tardará en quedarse dormida, cada vez que llora de esa manera cae como una roca. Me siento a su lado y empiezo a acariciar su cara, si supiera que yo estoy aquí y que no está sola, que la apoyo y que no debería llorar por eso ya que nada de lo que dicen esos muchachos es cierto, eso es lo malo de ser su ángel guardián, que no me puede ver y no sabe que estoy a su lado.

Al dormir la debo cuidar el doble, la noche es sumamente peligrosa y yo debo evitar que los demonios se acerquen a ella, no es la épica pelea que todos se imaginan entre Ángeles y demonios, los demonios vienen según la situación por la que ella está atravesando, los que más quieren atacarla se llaman depresión, suicidio y odio. Yo por su puesto no puedo dejar que su pura alma se contamine, mi trabajo es apartarlos de ella. Sonríe en sus sueños y suspiro, la esperanza de tener una nueva vida después de que salga de este orfanato ha apartado el mal momento, tal vez esta noche no vengan a molestarla y todo esté tranquilo.

— ¡Qué bueno verte, Gray! –Hable demasiado pronto, Sol, el demonio del suicidio y del que más debo proteger a Juvia para que no la alcance ha aparecido desde el suelo de su habitación, su rostro es deforme y lleno de rocas, su cuerpo es bastante horrible y es cierto que la maldad repercute en el físico, por eso los buenos siempre serán agraciados en su belleza. Me levanto lentamente de la cama de Juvia y abro mis alas para evitar que se acerque a ella, siempre se asusta cuando hago eso, no tiene los suficientes poderes para desafiarme y mis alas son bastante grandes y fuertes, pienso que con eso se va a ir pero se queda viéndola, no me gusta si quiera que la observe, entonces con mis alas cubro el camino visible a ella.

— Es bastante linda, te gusta ¿No es así?

— No sé de qué hablas, yo no tengo sentimientos de humanos, yo no amo, siento o lloro, no soy como tú, caído. -se burla con una sonrisa despreciable de mis palabras y con valor sale del suelo para acercarse más a mi, nunca había tenido tanta valentía para hacer eso, afortunadamente no toco el suelo, es un asco que ese demonio este tocando el suelo por el cual camina Juvia.

— Esa pobre esta a punto de atravesar por una situación horrible, bueno para ella, porque para nosotros va a ser muy divertido y tú mintiéndole diciendo que todo va a estar bien después de que salgan de este lugar, no eres más que un mentiroso.

— Yo no miento, no te confundas, yo siempre estaré ahí para defenderla. –Aria, el demonio de la tristeza hace su aparición por la ventana y se ubica detrás de Sol, el demonio de suicidio sigue riéndose y tiene mucha confianza, ellos pueden engañar fácilmente y no me debo fiar de lo que dicen, sin embargo parece tan confiado, como si enserio estuviera diciendo la verdad. ¿Qué le podría pasar a Juvia tan malo para que esos dos estén enfrentándome?

— No serás capaz de intervenir, te lo tienen prohibido. Solo entonces ya no podrás defenderla, lo que le va a pasar va a hacer que ya no quiera vivir más y tú no podrás seguir aconsejándola, ella querrá oscurecer su corazón con el odio, ¿No es así, Totomaru?... –El demonio del odio aparece como fuego por el techo y creo que esta es la noche con más manifestaciones demoniacas en toda su vida, me devuelvo un poco para envolverla con mis alas y todos ríen por lo que he hecho. — Cúbrela mientras puedas, muy pronto será un alma quemándose en el infierno, mis poderes oscurecerán su corazón y odiara a todo el mundo en especial a ella. –como un gusano Sol se mueve y se arrastra a Juvia.

— ¡Si la tocas te hiero! –Saco mi espada de su funda y lo amenazo, es capaz de cortar demonios en ocho partes con un solo movimiento. — Aún no haremos nuestra jugada pero cuando le suceda lo peor que le puede pasar a una mujer, ahí llegaremos y tú pasaras a ser un pobre guardián sin poderes ni influencia sobre ella...cuídala, claro mientras puedas. –Con sus horribles sonrisas burlonas salen de la habitación y yo espero que en realidad se hayan ido antes de retirar mis alas de su cuerpo. La escucho despertarse y ella se mueve, está asustada, su alma pudo percibir la presencia de esos tres, me acerco a ella y le pido que vuelva a dormir.

Esta bien, yo estoy aquí, vuelve a dormir. –Algo asustada inspecciona la habitación, ve que no hay nadie pero aun así teme por su vida, pobres humanos temerosos, se tapa todo el cuerpo con su cobija como si fuera una especie de protección y estoy pendiente que esos tres no vuelvan a aparecer mientras espero que Juvia vuelva a quedarse dormida.

La noche pasa lenta y ellos no aparecen, pero yo no entiendo aún porque dijeron todas esas cosas sobre ella, ¿Lo peor que le puede pasar a una mujer? No creo que su majestad permita que le pase nada, no puede pasar, son solo mentirosos, eso es lo que son. No es mi deber preocuparme por las cosas que le suceden a ella, eso todo hace un plan de su majestad y nosotros estamos aquí para seguirlo.

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Es una mañana muy bonita, soleada y sin ni una sola nube en el cielo, como le gustan a ella, es su cumpleaños, debe ser por eso que hoy el día pinta de esa manera.

Hey dormilona, es hora de despertar. –Algo perezosa se mueve entre las cobijas y vuelve a acomodar la cara en la almohada para seguir durmiendo, ya son más de las ocho de la mañana y tiene un largo día, hoy comienza su vida fuera de estas cuatro paredes.

Es tu cumpleaños, vamos fuera, no te quedes acá –De repente sus ojos se abren y dice sonriendo — ¡Es mi cumpleaños! –Hoy cumple su mayoría de edad y está feliz aunque no tiene amigos que se acuerden de su cumpleaños, yo sí lo recuerdo, ¿Cómo no hacerlo?

Tienes que alistar toda tu ropa y recuerda no dejar nada, vamos a ir al apartamento. –Salta de la cama y se mira al espejo, sus ojos están algo hinchados de llorar pero eso es lo menos importante ahora, busca en su closet entre su poca ropa su vestido favorito y su sombrero de mariposa.

Recuerda abrigarte, Juvia. –Saca un saco que combina con su vestido y se dirige al baño, entró con ella y la cubro con mis alas mientras espero que se bañe y cumpla sus necesidades fisiológicas. Al saber que ya está vestida la descubro y la puedo ver, se peina sus ondas rápidamente y sonríe al espejo. — Eso, sonríe, es tu cumpleaños.

— Es mi cumpleaños –Con más energía que nunca sale del baño, tiende su cama y empieza a doblar toda su ropa y a meterla en su pequeña maleta. Después de algunos minutos ya todo está listo, lo único que deja afuera es su Teru Teru bozu, tiene la loca idea que atrae la lluvia. Juvia toma el pequeño artefacto y se lo pone en su vestido como adorno y sonríe, ya su atuendo esta completo.

— ¿Juvia, estás lista? –Golpean en la puerta y esa es la voz de José Porla, el director del orfanato, fue un buen hombre con ella aunque su corazón esté lleno de oscuridad, no pudo estar pendiente todo el tiempo de ella porque tenía asuntos de los cuales encargarse pero siempre protegió a las niñas del orfanato. Juvia no podía dar quejas de todo el maltrato que recibía porque iba a ser peor si los castigaban a ellos, por eso decidió aguantar las malas palabras y que dañaran sus cosas materiales.

Juvia toma el pequeño cerdito donde guardó todo el dinero que ganaba en actividades del orfanato, como vender muñecos de felpa, comida y también lo que recibía de mesada. En una caja tiene lo de su primer sueldo que se lo dieron por adelantado, la contrataron en una fábrica como la chica que alista los productos cuando ya están listos al final de la línea de producción, lo único malo es que es un turno de noche y sale a las dos de la madrugada, le dije que no aceptará ese trabajo pero no me escuchó, la noche es peligrosa y no me gusta que ande a esas horas en la calle...Mañana empezará a trabajar allí, solo espero que todo esté bien.

— Sí, señor Porla. –Abre la puerta y salgo con ella. Con nostalgia Juvia mira la que fue su habitación por dieciocho años y sus ojos se llenan de lágrimas.

Sencillamente no entiendo a los humanos, ayer deseaba salir corriendo de ese lugar y ahora está punto de llorar porque se va, ese es otro de los defectos de los humanos, apegarse a las cosas materiales y a sus recuerdos, ¿Cómo hacerle entender que debe concentrarse en su futuro? Es solo un pedazo de espacio, el universo es muy grande como para ponerse a llorar por semejantes dimensiones tan pequeñas.

— Sabes que por las políticas del gobierno ya no te podremos tener aquí, ¿Tienes todo el dinero que necesitas? Yo te puedo ayudar con algo. –Ella contrae su cuerpo algo apenada, le da vergüenza decir cuando necesita algo, pero creo que no necesitará dinero, con su adelantó pudimos arrendar un apartamento en un vecindario bonito y le quedo dinero para el mes.

— Señor Porla, es usted muy gentil pero ya tengo todo lo necesario, no se preocupe. –El anciano asiente con la cabeza y le pide que vaya a su oficina, Juvia tiene que firmar unos papeles antes de irse.

Juvia se sienta en la silla de cuero de su despacho y lee las hojas para luego estampar su firma en ellos, según esto ahora es legalmente toda una adulta libre, que podrá disfrutar de la vida fuera de ese lugar, era como una presa en el orfanato, aunque ella nunca lo sintió así.

José Porla le da indicaciones para poder vivir su vida fuera del orfanato, entre ellas le dice que no salga sola a altas horas de la noche, yo también creo que es un excelente consejo y que Juvia debería conseguirse un trabajo a horas decentes, pero por el momento eso fue lo único que le salió.

— Espero que seas una gran mujer –Acaba con esa frase y de uno de sus cajones saca un pastelillo, a Juvia le encantan las cosas dulces.

— ¡Feliz cumpleaños, pequeña! –Juvia abre sus ojos muy grande, no lo puede creer, son pocos los humanos que han hecho cosas bonitas por ella y por eso cuando algo así le pasa es algo incrédula.

— Es para ti –Sus manos tiemblan al recibirlo y se lo queda mirando, los obsequios que le han dado en sus dieciocho años los puede contar con los dedos de la mano.

— Esta muy bonito, muchísimas gracias, en serio, muchas gracias señor Porla. –Otra cosa que no comprendo es porque los humanos lloran cuando están felices, sus ojos se llenan de lágrimas.

— Es un Come galletas –Juvia lo toma fuertemente y tal vez nunca se lo coma, lo va a guardar como recuerdo.

— ¿Sabes cómo llegar a tu nueva casa? –Ella asiente sacando el mapa que tiene en su bolso de mano. — Tomo el tren número 4 aquí y me bajo en esta estación, camino dos cuadras hacia el este y estoy en casa.

— Buena chica. ¿Me dejas darte un último abrazo? –Juvia asiente y recibe el abrazo de lo más cercano a una familia que tuvo, toma el pastel en sus manos y se despide casi llorando de José. — Gracias por todo, señor. –Él asiente y con un gesto con la mano le pide que salga, bien, caminamos por última vez por los corredores del orfanato y ella trata de no encontrarse con el trío maravilla que le dicen cosas feas, para su fortuna no están por ningún lado y cuando estamos en la puerta se detiene.

Debe estar pensando en todo lo que le espera afuera y lo que va a dejar atrás, respira hondamente y cierra los ojos, los abre y su mirada esta más llena de confianza, da un paso fuerte fuera del lugar y luego da otro, legalmente ya está en el mundo y puede empezar a vivir su vida, estudiar, trabajar, hacer cosas de jóvenes, no la dejare ir a fiestas aunque no sé cómo prohibírselo, la alejare de los vicios y tratare de que encuentre la felicidad que tanto desea.

Juvia mira el cielo despejado, camina lentamente y observa todo a su alrededor, tiene especial cuidado con los autos y ve la cara de cada persona que pasa y su manera de vestir, parece que su ropa no está muy a la moda.

Los locales son muy interesantes, coloridos y la decoración es extraña, venden muchas cosas y ella desea comprar todo eso. Por cada paso que da ve y ve objetos, finalmente entra a un lugar donde hay mucho color rosado y cosas materiales de mujeres.

Se toma su gran tiempo decidiendo, pero finalmente compra muchas cosas, la gran mayoría es para decorar su habitación, Stickers para sus paredes, cajas de decoración para guardar sus cosas y uno que otro muñeco. Se le fue todo el dinero de su marranito y le queda un poco del adelanto para comer.

Subimos a la estación del tren, Juvia compra su primera tarjeta de metro y parece un gran logro para ella, pasa la tarjeta y la guarda muy bien en su maleta. Espera pacientemente el tren y cuando lo ve llegar se levanta y entra con mucha calma, puede tomar un asiento y aquí vamos, hacia su nuevo apartamento.

Cuando llegamos, Juvia camina a su nuevo hogar y trata de memorizar todas las tiendas cercanas, al entrar nos encontramos con la dueña del apartamento que parece ser una anciana muy agradable, le da indicaciones y cuando Juvia tiene todo claro le da las llaves, se despide, cierra la puerta y Juvia empieza a saltar por todo el lugar de felicidad.

Prende el equipo que hay en la sala para empezar a desempacar y cuando pasan una canción de Maroon V enloquece, esta loca esa humana pero se ve muy feliz, hace limpieza en su habitación y empieza a colocar todos los objetos que compró, al final del día todo está como ella, ese lugar dice Juvia en cada rincón.

Vamos por tu helado de cumpleaños, te lo mereces –Es tiempo de que empiece a hacer nuevos amigos y que ellos celebren su cumpleaños pero por ahora como somos solo los dos un helado está bien para celebrar su cumpleaños.

— ¿Qué tal un helado? –Juvia se levanta y sale a la calle, compra un helado en la heladería que le parece hermosa porque está muy bien decorada y le da ideas para terminar su habitación.

Su cumpleaños se acaba rápidamente y ella vuelve a la cama, esa noche también nos visitan los mismos demonios, pero ahora se le suma la anorexia, masoquismo, drogadicción, alcoholismo y trastornos mentales. ¿Por qué la buscan? No puedo entender lo que está pasando y no quiero que nada malo le pase, ella no puede caer en las manos de estos adefesios, no lo permitiré.

Hablo con su majestad, puedo comunicarme con ella cuando yo lo desee pero debido a sus múltiples tareas y que debe estar pendiente de su creación no me gusta molestarla mucho, pero esta es una situación de emergencia, ella nunca había estado expuesta ante todos esos peligros y tal vez no saber lo que le depara el futuro es lo que no me gusta. Efectivamente obtengo la respuesta que era más que obvio que me diera, me dice que no está entre mis capacidades saber lo que va a suceder y que no debo meterme en sus decisiones.

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La protejo como puedo, le doy consejos y en lo demás no puedo intervenir, los demonios solo se burlan de mí y yo sigo confiado que nada va a suceder. El trabajo de Juvia no es la gran cosa pero es algo sencillo que ella puede hacer.

Va una semana en la fábrica y en su nueva vida, le aconseje que consiguiera un nuevo empleo, ya está en eso, está mandando hojas de vida a diferentes lugares para que le puedan dar un trabajo decente, ya su turno ha terminado y ambos salimos a las oscuras calles, estoy más pendiente que nunca y a la distancia veo dos hombres.

— ¡Devuélvete, parecen peligrosos! –Se detiene súbitamente ya que los ha visto, al dar la vuelta hay dos hombres más, Juvia trata de retroceder pero está atrapada en un callejón por esos hombres.

— ¿Qué hace una niña tan bonita sola? –Puedo ver sus intenciones, son hombres malos, ella no, Juvia no. Los ignora y trata de seguir con su camino pero le impiden el paso, Sol, Totomaru, Aria y todos los demonios que nos habían visitado antes aparecen con carne humana y empiezan a comer como si estuvieran visto una película en cine.

— Por favor déjenme ir –Asustada, con lágrimas en sus ojos y haciendo fuerza trata de soltarse de ese hombre que la ha apresado con sus manos, le está haciendo daño porque tiene muchas fuerzas.

— ¡Ayuda! –Juvia empieza a gritar y uno de ellos la golpea para que no haga ruido, estoy seguro que alguien tiene que llegar, esto no puede pasarle a ella, no a una chica tan sana y pura. Sus lágrimas empiezan a salir rápidamente y no veo a nadie en el lugar que la pueda ayudar. Solo escucho las palabras desagradables de los hombres y yo no puedo interferir.

— Por favor no me hagan nada –Se burlan de sus súplicas y me asquean los humanos, uno de ellos rompe su blusa y otro manosea su cuerpo. No puedo ver esto, no cuando siempre procure que nada malo le pasara.

— ¿Quién va a ser el primero? –Están alcoholizados, drogados y Juvia recibe otro golpe porque mordió a uno de ellos y le dio una patada a otro para que la soltaran, su ojo es muy delicado y temo que esto no es lo peor que recibirá su cuerpo físico.

— Esta bastante buena esta, perra. –uno de ellos se acerca a ella y empieza a besar su cuello a la fuerza, brusca, toscamente, de una manera pervertida y lasciva. Es una experiencia desagradable.

— Ella es nuestra, después de esto no habrá guardián que pueda sacarla de la oscuridad. –Suicidio se burla en mi cara, no entiendo porque está sucediendo esto, porque le pasa esto a una chica que nunca le hizo nada malo a nadie, los sollozos de Juvia son impresionantes, ¿Cómo no sienten compasión por ella? ¿Cómo se atreven a seguir golpeando su rostro? Juvia está sufriendo, sus gestos, su dolor, esos hombres tocando su cuerpo.

— Yo empiezo.

— No es justo Bora, se ve que es virgen, déjamela a mi.

— ¡Cierra la boca! Puedes disfrutar de la perra cuando termine -Ese hombre rompe la falda de su vestido, sé que no puedo interferir, lo sé, no puedo meterme en acciones humanas, ni en los designios de su majestad, quiero dejar de escuchar las risas de esos demonios, no contaminar mis oídos con las palabras depravadas de esos hombres, quiero que todo esto se detenga. No me doy cuenta en qué momento mi puño se estrella con el rostro de ese humano y lo manda a volar muy lejos, los otros tres no son problema para mí, en menos de un segundo están revolcándose de dolor en el suelo y yo me arrodillo a su altura, la abrazo fuertemente haciéndole entender que no voy a permitir que le hagan daño y la cubro con mis alas, conmigo está segura.

Su respiración esta agitada, aún sigue llorando y la luz de ese pequeño poste es lo único que me permite ver su rostro, ella sigue sorprendida, no entiende que es lo que ha pasado, de repente parpadea, se mueve entre mis brazos y levanta la cara.

— ¿Quién eres tú?

Sus ojos llenos de lagrimas y golpes se abren grandemente, su mano toca mi cara, ¿Cómo pudo hacer eso? Me esta viendo directamente, ¿Soy visible para ella? Esto solo significa una cosa...

— ¿Eres un áng..-Ya no estoy abrazándola, me encuentro en su majestuosa sala llena de luz, me arrodillo en seguida y agacho la cabeza. No la puedo ver directamente, nadie la conoce y parece que si alguien lo hiciera moriría.

— ¿Sabes por qué estas aquí, Gray? -Acabo de interferir en sus planes, la desobedecí y rompí la regla de oro de los guardianes.

— Fue un grave error, pido perdón a usted, por favor. No lo volveré a hacer, no sé que me pasó, usted sabe mejor que nadie que le ofrezco toda mi lealtad y obediencia, por favor perdóneme.

— Toda acción tiene su consecuencia, Gray.

— Lo sé mi reina, por favor perdóneme.

— Es la mayor falta que un guardián puede cometer y lo sabias desde el principio, te lo advertí, sabes lo que le sucede a los que me desobedecen. –Humanos, los ángeles desobedientes se vuelven humanos y pueden caer en la oscuridad, aquellos son los caídos, los que le sirven a Zeref.

— Un humano no. Por favor deme una oportunidad, nunca lo volveré a hacer, se lo juro. Ellos querían hacerle daño, no era justo para ella. -No deseo ser un humano pero en cierta manera no me arrepiento de lo que hice, si dejaba que eso pasará Juvia se convertiría en un ser oscuro, no entiendo como ella puede permitir que pasen ese tipo de cosas.

— ¿Qué sabes tú de lo que es justo? Tú solo fuiste creado para seguir mis órdenes, no para cuestionarme. Los humanos se buscan su propio camino, yo les di la posibilidad de elegir entre el bien y el mal.

— Juvia no era mala y no entiendo porque tenía que pagar por las decisiones de aquellos hombres perversos...— Estas siendo insolente, Gray.

— Lo lamento...Sé que usted la ama bastante, no entiendo porque le iba a hacer eso. Solo quería lograr comprender la situación –No quiero ser un humano, los humanos son débiles y los caídos se burlarían de mi, no puedo permitirles eso.

— Tu no lo entiendes, Gray y no pienso explicártelo...La salvaste, sé que no les di amor a los ángeles, los llene de lealtad y obediencia, pero esto es algo que no había pasado antes, los caídos fueron convencidos por Zeref para ir en contra de mi, tu error no fue maligno o oscuro, tú preferiste salvarla sin importarte las consecuencias que traerías para ti, eso es un acto de amor. Sabes de antemano que no puedo permitir guardianes que tengan afecto por sus humanos.

— Su majestad, no puedo tener afecto por una humana cuando usted no nos ha dado sentimientos de humanos. Lo que hice fue solamente instinto de protección, soy su guardián, no podía permitir que le hicieran semejantes cosas tan horribles a un alma tan pura. –Siento que mis alas pesan y me voy hacia un lado, es muy pesado. ¿Qué pasa con mi fuerza?

— No puedes saber que es amor si no lo experimentaste antes, tú, mi pequeño guardián demostraste que el amor puede manifestarse en cualquier ser que cree, incluso en Zeref, aunque su oscuridad no se lo permita. –Se equivoca, yo no la quiero, es decir, los humanos son seres inferiores, nunca lo haría.

— No amo a Juvia, su majestad.

— Bien, vivirás con ella Gray, si te das cuenta y me demuestras en tres días que eres un guardián y que no sientes ningún tipo de cariño por Juvia, solo entonces al cambio del día cuatro vendrás a mi y te aceptaré nuevamente como ángel, pero tienes que saber que no volverás a ser guardián de Juvia nunca más.

— ¿Nunca más podré volver a ver a Juvia? -Han sido tantos momentos compartidos, la cargue en mis brazos cuando era una bebé, vi sus sonrisas, sus dientes caer, sus rodillas raspadas, sus lágrimas y tristezas por no tener una familia, yo he estado con ella todo el tiempo, no es justo que me la quite, no cuando lo único que he hecho es protegerla.

— Volverás al cielo conmigo, podrás estar libre por ahí, jugando como lo hacía antes de ser guardián...A Juvia le asignaré un ángel retirado, no debes preocuparte por su bienestar, Gray, no la volverás a ver pero ella estará bien. -¿Por qué me pone a escoger entre Juvia y ser un ángel? No seré un humano, eso está claro, pero dejar a Juvia en manos de alguien más después de que yo intente hacer todo lo posible para que fuera una buena chica, no quiero que eso pase, pero yo solo puedo seguir órdenes.

— Usted está malinterpretado las cosas, su majestad. Al día cuarto sabrá que soy su leal y fiel guardián que la quiere demasiado a usted. -es más que seguro que yo voy a volver a Mavis, soy su joven y obediente guardián, una humana no significa tanto como mi creadora.

— Soy como tú madre, me quieres por lo que he hecho por ti, pero es diferente a lo que sientes por Juvia.

— Llegare a usted, no imaginaria mi vida siendo un humano, sería el peor castigo, su majestad, Mavis. Yo no amo a Juvia y se lo demostraré.

— Mi pequeño angelito, quiero que sepas que no hay rencor si decides ser un humano y estar con ella. El amor es lo más hermoso que he creado y quiero a Juvia demasiado, también deseo su felicidad. –Es tonto que crea que siento cariño por Juvia, es simplemente descabellado que piense eso. Los dos solo somos compañeros de viaje, nuestro lazo morirá cuando Juvia lo haga.

— No lo habrá porque volveré con usted, se lo juro. –Ella se sienta en su trono, alejándose de mi.

— Ya lo descubrirás. Por lo pronto ve con ella, está demasiado asustada.

— ¿Qué le diré a ella? Me vio, ¿Qué haré con los hombres que golpeé?.

— Puedes decirle la verdad, ya luego me ocuparé de ciertos detalles que vieron esos cinco humanos. –Sé que Mavis se preocupa por los humanos, porque ella los creó, su majestad no quiere que sean malos y desea que cuando mueran lleguen al cielo y disfruten de todo lo que les tiene preparado, pero a veces por las acciones de los malvados los buenos salen perjudicados, como Juvia...Juvia, estoy mirándole el rostro mientras termina su frase, el tiempo ha vuelto a correr.

— ...gel? –Me abraza fuerte, muy fuerte y su piel está fría, ahora se lo que se siente el frío, siento como si me estuviera robando mi calor. Pero aún tengo mis alas, soy un ángel aún, ¿Qué es lo que sucede? Los demonios nos observan, ya no ríen, les he ganado esta batalla aunque lo haya perdido todo.

— ¿Qué eres? ¿Cómo hiciste eso? Los venciste con un solo dedo. Debes ser un ángel, señor ángel, ¿Ellos me mataron?

— No, estás viva y en la tierra, esta es una fea calle y son las tres de la madrugada...Sí, soy tu ángel y vengo a cuidarte, no dejaré que te hagan nada. –Mis alas pesan mucho, esto no me había pasado antes, Juvia llora en mis brazos y yo retiro mis alas de su cuerpo, no puedo sostenerlas y la aplastaran si no lo hago.

— Tenía tanto miedo, gracias, gracias por lo que hiciste. –Esta temblando y casi ni puede hablar, nunca antes la vi tan asustada, parece que ya no puede hablar, son emociones muy fuertes para una débil humana, entra en shock y solo parpadea, tal vez se calme cuando este en casa. Yo me quito mi abrigo blanco de la más fina seda que hay en el universo y la envuelvo en él, la tomo entre mis brazos y la cargo. Mis fuerzas ya no están pero aún así puedo cargarla.

— Todo está bien, yo estoy contigo. –Veo a los despreciables hombres que querían abusar de Juvia, parece que se me fue la mano con el tal Bora. No sé si está respirando pero sacar a Juvia de ese lugar es lo más importante.

Camino con ella en brazos, no se ha movido ni un centímetro, llegó a su apartamento, busco las llaves en el bolsillo de su chaqueta y abro la puerta, enciendo las luces y ella se ahoga con su propio llanto en intervalos, la depositó en su cama y solo entonces abre los ojos reaccionando.

— ¿Esto es real? Yo estaba siendo atacada por esos hombres, querían hacerme daño.

— Eran humanos perversos y llenos de demonios, si te iban a hacer daño.

— ¿Esos hombres me van a volver a atacar? –Niego con la cabeza, no estoy seguro pero por el momento yo la protegeré.

— No lo harán porque renunciaras a ese empleo, ¡Te dije que no lo tomaras! –Trato de respirar, ¿Respirar? Estoy respirando y veo una pluma en el suelo, ¡Mis plumas! ¡Por Mavis! Me estoy quedando sin alas. Veo a mi alrededor, las plumas están desapareciendo.

— ¿Tus plumas se te están cayendo? ¿Por qué?–Toma una de mis plumas doradas en sus manos y la observa. No, no mis alas.

— Cometí una gran falta salvándote, me castigaron por esto y lentamente me convertiré en humano. –Aterrorizada abre su boca y niega con la cabeza. — ¡Es mi culpa! Todo es mi culpa, estoy maldita. –La tomó del rostro y le digo que me mire, ella hace un gesto de dolor, está muy lastimada y es bastante delicada. — Yo fui el que decidí salvarte, no es tu culpa. Aún puedo volverme un ángel, no creas que me quedaré como humano para siempre.

— O sea que volverás a cuidarme, entonces estoy más tranquila. –Sonríe y yo guardo silencio, no volveremos a vernos nunca más, pero no de lo diré.

— ¿Cómo estás? –Cambio de tema y Juvia se contrae un poco, le he vuelto a recordar lo que le pasó y se tapa los ojos para que no la vea llorar. — Estoy bien, no alcanzaron a hacerme daño, aunque sigo muy asustada, no sé que hubiera pasado si no hubieras llegado, no lo hubiera soportado, me hubiera suicidado.

— Nunca vuelvas a pensar en eso, lo importante es que te protegí, ahora debemos procurar que esto no vuelva a pasar, ¿Entendiste? –Juvia asiente y mira mi abrigo.

— ¿Puedo quedarme con él? –Levanto mis hombros, creo que está bien. Luego conseguiré otro.

— Gracias. -acaricia el algodón de las puntas y sonríe levemente. Luego refriega su cuello, donde ese hombre le tocó con su sucia boca. — Voy a bañarme, necesito quitarme esta sensación. –Estoy de acuerdo y voy tras ella, me meto en el baño y Juvia me mira. — ¿Qué haces?

— Pues acompañándote para que te bañes. –Ella levanta la ceja, parece no entender. — Soy tu guardián, te acompaño a todas partes.

— O sea que tú...¿Tú me has visto desnuda?

— No, no. –me apresuro en contestar, no quiero que me confunda y piense que hago acciones de humanos, no lo hago, yo ni siquiera siento atracción por algún ser creado. — No, yo te cubría con mis alas mientras hacía esas cosas necesarias. –Asiente con la cabeza entendiendo, pero aún sigue ahí de pie, ¿Qué le pasa?

— Es algo incómodo, ¿Puedes esperar afuera? –ya que tiene un guardián sustituto pues creo que es lo que debo hacer. Salgo y me siento en la cama de Juvia, todas las plumas en la habitación me pertenecen y ¿Cómo deje que me convirtieran en un humano? No quiero ser uno de ellos, no lo deseo. ¿Cómo su majestad, Mavis pudo siquiera pensar que yo le tenía cariño a esa humana? Yo no sé que es el cariño, nunca lo he experimentado.

Cuando sale del baño tiene mi abrigo puesto, se dirige a la cama y respira hondamente.

— Ya estoy mejor, creo que será algo difícil no recordar lo que me pasó, pero no quiero volver a pensar en eso. ¡Quiero superarlo!

— Bien dicho, Juvia. –Juvia hace silencio, está dudando un poco y luego se aventura en preguntar.

— Tengo tantas preguntas, ¿podrías respondérmelas? Es decir, hay un ser divino en mi habitación y no puedo perder la oportunidad, sin decir que eres el ángel más hermoso que he visto.

— Soy el único ángel que has visto. –Ella sonríe, por primera vez después de esa experiencia horrible.

— Por favor, cuéntame cómo es allá. Por favor–Repite el por favor muchas veces y quiero que olvide lo que le ha pasado, no recordará nada después de que yo vuelva a ser un ángel ¿Por qué no intentarlo?

— Bien, allá es hermoso, nosotros los ángeles tenemos mucho espacio y casi siempre estamos alejados de las almas humanas que logran entrar, allá no hay lo que los humanos consideran tristeza, el mar es de cristal, las calles son en oro y todos visten con joyas y piedras preciosas, el cielo es un lugar hermoso y por eso siempre debes ser buena para ir allá.

— Se oye muy hermoso, quisiera verlo, pero no quiero morir.

— Nadie quiere morir, Juvia. –Ella asiente, sus ojo izquierdo se ha hinchado tanto que no puede abrirlo en su totalidad.

— ¿Tú escogiste ser mi ángel? –ladeo mi cabeza, no tengo elección, yo solo nací y mi función era cuidarla.

— No, los ángeles son creados, en el tiempo de tu mundo deben ser como con siete años de antelación, nos dan la preparación que necesitamos y cuando cumplimos la edad nos envían a la tierra para guardar al bebé que fue concebido.

— Siete años, ¿Es decir que las personas que van a nacer en siete años ya tienen su ángel?

— De hecho, el ángel de tu hijo ya ha sido creado, lo conocí hace un año. Su nombre es Ice.

— ¿Voy a tener un hijo en seis años? ¿Con quién? Esto es tan sorpresivo, no pensé que fuera capaz de generar vida, ¿Crees que podré cuidarlo? Tengo mucho miedo.

— No conozco el futuro, no sé con quién vas a tener tu bebé, todo eso lo tiene su majestad, Mavis en su cabeza, pero es un hecho. Serás la mejor madre del mundo ya que le darás a tu bebé lo que no tuviste, eso es lo que creo –Juvia aprieta fuertemente sus ojos y medita la idea de tener un bebé, un niño para ella.

— Espera, entonces tú has estado conmigo desde el principio, ¿Es decir, me cuidas desde que tengo un minuto de concebida? –Ella ladea su cabeza esperando una afirmación y yo le indicó que se siente a mi lado, tengo mucho que contarle.

— Debo cuidarte desde que estás en el vientre de tu madre hasta que Mavis decide que tu tiempo en la tierra se ha terminado. –Juvia se recuesta un poco en la cama pero no despega su mirada ni un solo segundo de mi, siempre me pregunte cómo sería que ella pudiera verme y ahora que puedo conversar con ella, es una sensación agradable.

— ¿Entonces qué pasa con los niños que mueren antes de nacer? –Mis plumas siguen cayendo pero ella las toma todas y las guarda en una de las cajas que compró en la tienda.

— Se supondría que ya cumplieron su función, los cuidaron pero por situaciones no pudieron nacer. –Le pasó el Teru Teru bozu que ha dejado muy lejos de ella y Juvia lo abraza y se acomoda en su almohada, su empleo es bastante agotador y aunque sus ojos se quieren cerrar por el cansancio ella no desea hacerlo.

— ¿Por qué a los buenos le pasan cosas malas?

— A todos los humanos le pasan cosas malas, pero es tu deber cuidarte, Juvia. Nunca vuelvas a salir tan tarde de tu casa y siempre mantén un mecanismo de defensa. ¿Entendiste? –Ella asiente como una niña regañada y sus ojos se abren con unos cuantos destellos en ellos.

— Si estuviste conmigo desde el principio, entonces debes saber cómo era mi madre, cuéntame sobre ella. –La madre de Juvia, una mujer bastante buena que dio a parar con un humano malvado y sin sentimientos.

— Umi Loxar, era una mujer muy parecida a ti, solo que su cabello no era azul como el tuyo, era negro. Era bastante tierna y muy joven, quería un gran futuro para ti, por supuesto te quería tener pero tu padre no deseaba un bebé, le pidió que abortará y como ella no lo hizo la dejo por otra mujer que si hacía lo que él pidiera. Después la salud de tu madre se fragmentó y casi mueres con ella cuando naciste. Desde entonces yo te cuidé y empezamos nuestra vida en ese lugar.

— ¿Sabes si mi padre sigue con vida? –Niego con la cabeza, no tengo ni idea donde pueda estar. — No, pero hay alguien que te está buscando. –Ella trata de abrir los ojos pero parece que el sueño la está venciendo. — ¿Quién?

— Su nombre es Gajeel, es el hijo del hermanastro de tu madre. –Juvia bosteza, se rasca el ojo que no tiene golpeado con su mano y vuelve a bostezar, esta cansada.

— ¿Me va a encontrar?

— Lo más probable es que si, pero ahora debes dormir, mañana responderé a todas tus preguntas, duerme ahora.

— Gracias por lo que hiciste, renunciaste a todo por mi, solo alguien que me quiere mucho haría eso, pensé que nadie me quería en el mundo. –Esas son sus últimas palabras antes de quedar dormida y yo sonrío, ¿Sonrío? Mis labios se curvean y mi estomago hace una ligera presión, por primera vez en toda mi vida he sonreído y se siente bien, me gusta sonreír.

Tomo una bolsa de hielo, es bastante frío y lo pongo en sus golpes, lentamente le limpio la sangre y hago lo que los enfermeros hacen, curo sus heridas con los líquidos desinfectantes y trato de cerrárselas. No hubiera sabido que hubiera pasado con ella si esos hombres le hubieran hecho daño, tal vez hubiera dejado de creer en la creadora Mavis y eso me haría un caído, las cosas pasan por algo y el que yo esté aquí debe ser algo bueno. Me siento a su lado minutos después y estoy pendiente que ningún demonio venga a ella, aún no sé si soy capaz de verlos pero no puedo dejar que nadie la toque y tampoco puedo dejar de mirarla ¿Qué me pasa?.

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Cuando ella despierta yo me siento terrible, siento una horrible presión en mi estomago, no puedo tener los ojos abiertos y mi cuerpo está a moreteado. No entiendo nada de lo que me está pasando.

— Hola, mi ángel guardián.–Sonríe al verme y yo me alivio de que despierte a salvo.

— No puedo tener los ojos abiertos, ¿Qué me pasa? Mi cuerpo está morado, mira. –Ella me inspecciona y rápidamente me da una respuesta.

— Tienes frío, estas helado, señor ángel. Tienes que dormir también. –Sus manos están cálidas y trato de absorber su calor.

— Yo no duermo, tampoco me pasan estas cosas.

— Ahora eres un humano. –Juvia se levanta de la cama y me indica que me acueste, yo lo hago y siento una sensación agradable cuando me tapa con las cobijas y lo último que veo antes de cerrar mis ojos es su cabello azul y sus ojos de color morado por los golpes.

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Tengo un horrible sueño, es bastante feo y estas nuevas experiencias no me están gustando para nada, no quiero volver a soñar que le hacen daño a Juvia, cuando abro los ojos me doy cuenta que es de noche, ¿Qué ha pasado? Miro a mi alrededor y estoy en la cama de Juvia, ella no está por ningún lado. — ¡Juvia! ¡Juvia! –Miro la hora, es hora de su turno en la fábrica, no pudo haber salido sola después de lo que le pasó.

Me levanto y salgo corriendo de la habitación, mi corazón late fuertemente porque ella no contesta, entro a la cocina y me estrello con un pequeño cuerpo de cabellera azul.

— ¡Despertaste! pensé que ibas a estar hambriento y te prepare la cena. –Mi corazón se alivia y asumo que ese dolor en mi estomago es de hambre, deseo probar cada una de esas cosas.

— Pensé que habías vuelto a la fábrica. –Trato de mover mis alas pero no responden, llevo mis manos a mi espalda y ya no están, no soy un ángel...Solo dos días más y volveré a ser un ángel, dormí todo el día de hoy.

— Tengo miedo de volver a salir a la calle. –Me siento al frente de ella en el comedor y aspiro el olor que desprende de la comida, huele delicioso. — No te preocupes, si te cuidas lo suficiente eso no va a volver a pasar. Además yo estoy aquí para cuidarte.

— Lo sé, muchas gracias. –ella sonríe y mueve sus manos nerviosamente, la conozco tan bien, cada movimiento, cada expresión de su rostro, sé lo que siente. Miedo, tiene mucho miedo por lo que le pasó.

Doy una cucharada a la comida, esto es lo más extraño pero reconfortante que me ha pasado, la comida es deliciosa, se siente como una combinación en mi boca y en mi lengua hay una extraña sensación. Toda la comida humana es muy rica.

— Esta delicioso –exclamó con la boca llena de comida y Juvia se ríe de mí. — Espera, esto es más rico aún. –Me trae una tarta color café. — Es dulce, sé que te va a gustar –Cuando lo pruebo todo mi cuerpo siente una gran explosión, es lo mejor de ser humano, es muy adictivo y no puedo dejar de probarlo.

— Ahora come esto. –Después de unas cuantas galletas, postres, dulces y una que otra cosa de sal estamos sentados en el sofá hablando, recordando su vida y su sonrisa es demasiado contagiosa, me gusta hablar con ella, me gustan sus preguntas, no sé porque no quiero que deje de hablar, yo nunca pensé que poder comunicarnos fuera tan genial.

— ¿Y entonces todos los nombres de ángeles tienen relación con sus humanos?

— Sí, nuestros nombres se asocian, si no hubiera nubes grises no existiría la lluvia, como tú. –Sus ojos empiezan a cerrarse, se rasca sus párpados y yo sé que tiene sueño, de repente un extraño estrujón se apodera de mi estómago y duele, siento una acidez en la garganta.

Voy corriendo al baño, ella se va detrás de mí y dejó liberar todo lo que me aflige, es un asco, me duele la garganta, duele, el dolor es lo más feo que he experimentado.

Levanto mi cabeza de la tasa del baño y la veo muy preocupada por mi.

— Ve a dormir, estoy bien. –Ella niega con su cabeza. — No debí haberte dado toda esa comida, te indigestaste. –Sonrío patéticamente, no quiero que se sienta culpable, pero claramente debió haber pensado en esto.

— Ya te traigo un efervescente, te hará mucho bien. –Y ahora parece que tengo otra necesidad humana, esto es horrible, los humanos son asquerosos en todos los sentidos.

Juvia vuelve y le pido que no entre.

— Entrar al baño es normal, mi ángel guardián. –me da vergüenza, esto es asqueroso y sin hablar del olor, estos humanos parecen podrirse por dentro.

— No quiero que entres.

— Esta bien, pero recuerda que no tienes porque sentirte avergonzado. Ya sabes, tenemos que expulsar todo lo que comemos –Juvia deja el vaso en el piso con la efervescencia y cuando me doy cuenta que se ha ido, abro la puerta y tomo el contenido.

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Juvia me ayuda a costarme cuidadosamente en su cama y sonríe acariciando mis cabellos, no entiendo que estoy sintiendo, no quiero que me deje de acariciar, ni de ver, se siente tan bien su contacto.

— Ahora soy yo la que te va a cuidar. –Sus palabras me agradan, estoy cansado aunque dormí todo el día uno de humano, ella también debe estar muy cansada, pero no tiene intenciones en irse a dormir si no cuando este en cama.

— No es necesario. –Ella niega con la cabeza y sonríe deteniendo su caricia en mi cabello, no quiero que se detenga.

— Lo sé, pero quiero cuidarte mi ángel.

— Dime Gray, por favor. –Ese dolor en mi estomago desaparece lentamente y no me doy cuenta en qué momento me quedo dormido, odio dormir porque en mis sueños no puedo cuidarla, no me es posible protegerla y se pierde mucho tiempo considerando la efímera vida de los humanos, pero no importa porque sueño con su sonrisa, su voz y sus azulados cabellos, me gusta soñar cosas bonitas.

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Un ruido me despierta, veo a mi alrededor, ella está durmiendo a mi lado, muy cerca de mi, siento calor en mis mejillas ¿Qué es esta sensación? Mi corazón late fuerte, no entiendo que me sucede pero no me aparto de ella, es tan indefensa cuando duerme, sus mejillas se ponen rosas y sus labios se abren ligeramente, su majestad se esmeró en crearla.

El sonido que escuché fue el timbre del apartamento, ella despierta cuando timbran de nuevo y yo cierro los ojos haciéndome el dormido, no entiendo porque hice eso pero no quiero que se de cuenta que la he estado mirando de más.

— Buenos días mi ángel –La suavidad de su piel toca mi cara y mi corazón vuelve a latir en forma descomunal. — Espero que estés mejor. –no me muevo ni un centímetro ni abro los ojos, deseo que me toque más la mejilla, pero Juvia se levanta y toma su bata al ver que el timbre suena insistentemente, veo el reloj, es la mitad del día dos, en un día y medio vuelto a ver a mi ama Mavis.

— ¿Quién es usted? –Salgo corriendo al escuchar la voz de Juvia, pienso que son esos hombres de nuevo pero cuando salgo no es ninguno de ellos, es un hombre alto y de cabello negro.

— ¿Eres Juvia Loxar? –Ella asiente y ladea su cabeza. — ¿Quién es usted?

— Soy el hijo del hermanastro de tu madre, soy tu primo, Juvia y he estado buscándote. –Juvia abre los ojos, así que él era Gajeel.

— Espero no llegar en un mal momento.

— No, por favor pasa. –El joven le explica todo a Juvia y le promete que se va a hacer cargo de ella, redistribuir la herencia de su abuelo y con ese dinero Juvia podrá montar la florería que tanto deseó. El joven parece una buena persona y los dos hablan demasiado, Gajeel le cuenta más cosas de su tío y su madre de las que yo sabía.

El tiempo pasa y nosotros tres hablamos mucho, cuando me doy cuenta ya es hora de dormir, el hombre se va no sin antes pedirle que vayan a un parque de diversiones mañana, es fin de semana y ya con la promesa de la herencia Juvia no tendrá que trabajar en esa fábrica, las cosas se solucionan para bien, me sentiré más seguro si sé que tiene un buen futuro cuando me vaya.

Ninguno de los dos tiene sueño y solo por eso vemos televisión, escuchamos música y hablamos hasta agotar todas nuestras fuerzas, desearía que el cansancio no existiera y poder tener más tiempo para compartir con ella, pero ella ya ha quedado rendida, esta dormida en mi pecho, no sé cómo terminó ahí pero me gusta acariciar su cabello, yo no tengo ningún afecto por ella pero no estoy seguro si podré dejarla.

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Esta vestida adecuadamente para la ocasión, sus mejillas están sonrojadas y su sonrisa se ve enmarcada de un lado a otro, pero yo me siento triste, me quedan pocas horas con ella.

— ¿Subimos a esa montaña rusa? Por favor –Mis ojos se desvían a ese enorme monstruo de metal y creo que no es seguro. Fue todo un desafío sacarla de la casa debido al trauma que esos hombres dejaron en ella y la convencí, sin embargo ahora creo que fue una mala idea.

— Se ve peligrosa, Juvia.

— ¿Tienes miedo? –El primo de Juvia me reta y por supuesto que no tengo miedo, esos son sentimientos de humanos, yo soy un ángel fuerte.

— Claro que no.

— Vamos entonces. –Juvia me agarra del brazo y me lleva a rastras para la atracción, no le temo a las alturas pero no me quiero subir, mientras hago la fila observó esa atracción y enseguida escucho su voz.

— Es normal que tengas miedo, si quieres no nos subimos. –me cruzo de brazos y rasco mi nariz ¿Miedo? He luchado contra demonios por ella, no puedo sentir esa cosa.

— Soy un ángel, Juvia. He volado toda mi vida, esto no es nada. –Feliz sube y yo me hago a su lado m, atrás de nosotros están Gajeel y su novia Levy, las ruedas de la montaña rusa chirrean y aprieto fuertemente el cinturón, no sé en qué momento se va a romper y vamos a caer.

No estoy asustado, no estoy asustado y vuelvo a repetir las mismas palabras mientras vamos subiendo, al estar en la cima siento un terror tan inmenso que empiezo a gritar.

— ¡Bájame, Juvia! Me quiero bajar, detengan esto, por favor. –Juvia me mira y me pide que me calme, pero son unos segundos efímeros y lo peor pasa, en la bajada siento que mi alma se ha quedado arriba y que esa presión en el estomago va a acabar conmigo, sigo gritando, parece que es lo único que puedo hacer para aliviar ese miedo.

— No, no quiero esto. Bájenme ¿A esto le llaman diversión? ¡Bájenme ahora! –Todos se ríen de mis gritos y Juvia también, ella no está asustada ¿Cómo no lo está?

— Yo estoy aquí, no debes asustarte mi guardián. –Juvia busca mi mano y yo la aprieto fuerte, me siento más calmado, ella me da seguridad pero aún así grito, en las partes donde no hay subidas o bajadas peligrosas también grito, mi voz se escucha por todo el recorrido.

Cuando bajamos creo que la tierra es el mejor lugar que he pisado y me gusta estar en ella, ni loco me vuelvo a subir, bajo la mirada y nuestras manos siguen entrelazadas, a ella no le molesta pero esa sensación vuelve a aparecer en mis mejillas, siento calor.

— Y después dicen que yo soy la niñita gritona –Una niña se burla de mí y sus amigos de no más de diez años también lo hacen, soy una gallina ante sus ojos.

— No te preocupes, te fue bien para ser tu primera vez ¿Nos volvemos a subir? –Le niego con la cabeza y Gajeel a trompicones me vuelve a meter.

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Después de unas cuantas veces ya te acostumbras a la sensación y empiezas a disfrutarlo, nunca había sentido tanto en mi vida ni mucho menos sonreído de esa manera que hace que te duela la panza, el parque de diversiones es uno de los mejores lugares y el algodón de azúcar el mejor invento del hombre.

A Juvia le cae bien su primo y a mí también, fue un gran gesto de su parte invitarnos a ese lugar, ya nos hemos subido a casi todas las atracciones, nos falta una y el sol empieza a meterse para pintar el cielo como si fuera rojo.

Solo somos los dos viendo la ciudad en la rueda gigante con ese hermoso atardecer, ella habla sin parar y yo la escucho, me gusta escucharla, siempre ha sido así.

— Y lo mejor fue la casa de los espejos.

— Pero te golpeaste la frente, Juvia, te salió un chichón y ya se te estaban pasando los morados que tenias. –ella sonríe y levanta sus hombros. — Eso no importa porque tengo a mi lado personas que me quieren y que nunca me abandonaran, estoy muy feliz–Bajo la mirada, me quedan menos de dos horas con ella, el día se acabará pronto.

— Yo tengo algo que contarte, Juvia...Hoy..yo.. — ¿Crees en el amor a primera vista? –Su pregunta me sorprende y me interrumpe.

— No sé si eso pueda pasar con un humano. Llevo solo dos días como uno y no me ha ido nada bien. –Ella sonríe y baja la mirada para jugar con las puntas de su vestido.

— Yo si creo que puede pasar. –Su rostro se acerca a mí y yo me aproximo a ella, no me puedo contener, ¿Qué me sucede? Nunca haría esto de ángel, nunca me dejaría llevar por mis instintos. Junto mis labios con los suyos y mi interior explota, pero me separo de ella muy rápido, es la mejor experiencia de toda mi vida y necesito más, sin embargo no puedo besarla de nuevo, no cuando tengo que irme.

— Sé que eres un ángel y que te convertiste en humano, pero lo que siento por ti es algo que nunca había sentido antes. –No tendré sentimientos en unas horas, no soy capaz de decírselo, no después de que se ha abierto de esa manera conmigo y ha mostrado sus sentimientos. Pero yo no la amo.

— Yo volveré a ser un...-La rueda se mueve y ella cae en el asiento. — Mira, se ve nuestra casa desde acá – veo el lugar dónde está señalando y ella sonríe, trata de enmendar sus acciones, ¿Se arrepiente de lo que hizo? Pues eso estuvo estupendo, pero lo mejor para los dos es que no vuelva a suceder.

— Dejaste la ventana abierta –Me río porque claramente no veo nuestra casa, digo, su casa desde ahí. — Deje puesto el arroz...-Rompe en risa y yo también lo hago con ella. — Ya entiendo de dónde viene tanto humo.

Descendemos de la rueda y ella señala unos puestos de juegos, debo decirle que volveré a ser ángel, tengo que hacerlo.

— ¡Espera Juvia! –Esta huyendo de mi, salgo corriendo tras ella y mi respiración se agita, odio tener estas limitaciones de humanos, se siente avergonzada porque no le di respuesta a sus sentimientos, debe pensar que la rechacé, pero no puedo aceptarla cuando le debo lealtad a mi creadora..

— ¿Cuál es el que quieres? –Le preguntó ya que está viendo un osito de felpa con detenimiento en el puesto de juegos.

— Ese -Empiezo a jugar, no me puedo concentrar, es difícil hacer cualquier cosa sabiendo que le atraes a Juvia, ¿En qué momento esto llego a ser relevante en mi vida? Mi prioridad era ser un ángel y cuidarla, pero ahora nuestra relación es más compleja.

No tengo suerte, pierdo todo el dinero de Juvia y al final el señor tiene tanta piedad por nosotros que nos da un pequeño collar, se rompe en dos, es una cruz y un corazón, son dos collares pero cuando se unen se vuelven uno.

Ella toma el corazón y me da la cruz a mi.

— Esta parte te pertenece a ti -sonríe y yo me quedo viendo ese pequeño artefacto, me lo cuelgo en el cuello y nos encontramos con su primo y la novia, es hora de volver a casa, yo iré al cielo.

— ¿Te dieron esto? –Gajeel inspecciona el collar y ella se va explicándole lo que significa, me quedo en mi lugar, es tiempo de separarnos. Después de que esta a algunos metros de mi voltea su mirada y me indica que vaya, yo niego con mi cabeza.

Corre hacia mí y yo quiero que se aleje, cuando me tiene enfrente me suplica con la mirada.

— Por favor no te vayas, sé que hice mal besándote. No lo volveré a hacer, te daré tiempo, por favor no te vayas. –Las lágrimas empiezan a recorrer sus ojos y yo aprieto mis manos para conseguir el valor que necesito.

— No es eso, yo no soy humano, Juvia. Te dije que me castigaron, pero volveré a ser un ángel. Es tiempo de irme.

— Dame un poco de tiempo, por favor. No te vayas tan rápido. Puedo cambiar.

— No hiciste nada malo, Juvia. Es mi tiempo de volver, eso no lo puedo decidir yo. –Sigue llorando y siento un nudo que me ahoga la garganta.

— Siempre estarás conmigo porque me cuidarás ¿No es así? Así no te pueda ver podemos hablar -No, yo no la volveré a ver nunca más, pero le miento, no quiero seguir hiriendo sus sentimientos. He comedido tantos errores siendo humano, ahora los entiendo un poco más.

— Gajeel y Levy te cuidarán, por eso no me preocupo. –Su primo se acerca y yo, me despido de Juvia. — Gracias por todo. –Les doy la espalda caminando en dirección contraria. Una pequeña grieta aparece en mi corazón, esta se extiende a medida que voy dando pasos lejos de ella, cuando recuerdo verla llorar. Nuestra vida pasa por mi mente. Parece que esa pequeña fisura está rompiendo todo mi corazón, en pedazos, en ligeros pedazos muy pequeños que en una explosión lastiman mi pecho, me duele mi cuerpo.

Hoy por primera vez en toda mi vida siento lo que es la tristeza, mis lágrimas salen sin que yo pueda detenerlas, estoy llorando, no entendía porque los humanos lloraban tanto pero ahora sé que es para aliviar el dolor físico de una situación muy triste y que no puedes hacer nada para cambiarla.

Yo no la amo, sin embargo me duele separarnos, no quiero perderla. No quiero que mi corazón duela de esta manera, siento como si todo mi interior se estuviera rompiendo, Juvia y yo ya nunca podremos vernos de nuevo y me aterra esa idea. No puedo dejarla, pero es lo que debo hacer para volver a ser ángel, por primera vez desearía haber nacido humano y poder vivir a su lado sin ningún remordimiento.

Necesito escuchar sus palabras, su sonrisa, la forma en la que hace sus chistes y trata de superarse en la vida. Le debo lealtad a su majestad, no amo a esa humana, no quiero ser humano. Todo mi interior es una guerra constante, gran parte de mi ser dice que vuelva con Juvia, que no la deje, pero si la dejo ella no se va a acordar de mí, no tiene sentido que me preocupe por su dolor si me vuelvo ángel.

Cierro los ojos y me concentro, de un momento estoy en el cielo. "Adiós Juvia, lo siento, es lo que debo hacer"

— Su majestad, le dije que estaría aquí.

— ¿Pudiste aclarar tus sentimientos? –Asiento y me arrodillo ante ella.

— Finalmente decidí venir a mi creadora y servirle a usted. –ella camina hacia mí y toma algo de mi cuello. — O sea que ya no necesitarás esto. –El único recuerdo que tengo de Juvia, mis ojos se llenan de lágrimas.

— No, ya no lo necesito. Yo solo le sirvo a usted, por la única que podría desarrollar algún tipo de cariño es por usted.

— Mi terco y tsundere angelito, respondeme una pregunta, si pudieras tener un hijo ¿Cómo lo llamarías?

— Los ángeles no tienen hijos, es una cualidad única de los humanos y seres vivos.

— ¿Si así fuera como lo nombrarías?

— Si fuera una niña la llamaría Water y si es hombre sería Fuyu. –Mavis ríe, nunca la había escuchado sonreír ya que era muy dura con sus ordenes e indicaciones con los guardianes.

— ¿Sabes cómo se llama el ángel del primer hijo de Juvia? -¿Está insinuando que los nombres tienen relación? Yo, nunca había pensado en eso.

— No puedo fingir que nada está pasando aquí, Gray. La amas y lloras porque la vas a perder, ella, eres su héroe, un joven bastante guapo, caballeroso y que ha demostrado que siempre la cuidó y la quiso. Juvia ha encontrado todo lo que estaba buscando en un hombre y tú eres ese humano. Sabía que ibas a interferir. – Pone sus manos en mi cabeza y yo me sorprendo, Mavis jamás había hecho contacto físico conmigo.

— ¿Qué hace su majestad?

— Implantando recuerdos en ti, no me da miedo enviarte a la tierra porque sé que eres tan bueno que nunca serías un caído...— Yo la quiero mucho, su majestad. Quiero que sepa que jamás fue mi intención desobedecer sus órdenes y que le debo toda mi lealtad a usted.

— Bien, demuestra tu lealtad cuidándola con tu vida...Te quiero mucho mi pequeño, nos volveremos a ver, pero sólo hasta que el día que mueras recordaras que fuiste un ángel. Te quiero Gray.

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— Y entonces como si de un ángel se tratara llegó y me salvó de esos cuatro hombres, pensé que le iban a hacer daño pero él los venció, no sé qué hubiera sido de mi si Gray no me hubiera salvado. –Juvia está hablando de mí con una clienta, me sonroja escuchar cuando habla sobre nosotros dos, sin embargo de eso ya pasó bastante tiempo, seis años para ser exactos.

— Y entonces desde que lo vi supe que era para mí.

— ¿Fue amor a primera vista?

— Sí, yo di el primer paso, un beso en la rueda de la fortuna, fue muy apresurado ya que él me dijo que lo nuestro no podía ser, hasta inventó que tenía novia. Después cuando pensé que todo estaba perdido él llegó a casa, me dijo que tenía miedo y que eso nunca le había pasado antes, me confesó que yo también le atraía...Y así empezó todo.

— Que hermosa historia, Juvia. ¿Se aman mucho?

— Yo lo amo con mi vida y creo que él también me ama, renunció a una oportunidad de empleo muy importante por mí y se quedó a mi lado-Water, nuestra pequeña bebé empieza a llorar y escucho la voz de Juvia. — ¿Amor, sabes dónde deje el tetero? –Recuerdo que lo dejo en nuestra habitación y lo encuentro en la mesa de noche, al tomarlo sin querer lanzo una de las cajas de recuerdos de Juvia al suelo.

Todo su contenido sale y empiezo a recoger los objetos, son nuestras cartas, fotografías y al final hay una pluma dorada. ¿De quién es esa pluma tan extraña? Parece de oro mismo, la siento tan familiar, sonrío y la vuelvo a guardar en el lugar, recuerdo que mi bebé tiene hambre y eso es lo más importante ahora. Mi esposa y mi pequeña niña.


Final del OS hermosuras, espero que les haya gustado mucho.

Pregunta: ¿Renunciarías a el mejor estado de tu vida por amor?

Gracias, hasta mañana.