04. REFLEJO
Canción del día: 'Stronger' de Britney Spears
Que no tuvieran alcohol no hacía que los daiquiris tuvieran menos efecto en su vejiga, después de dos copas empezaba a notar sus efectos. Marinette dejó la copa vacía en la barra al mismo tiempo que Alya soltaba una carcajada. Después de la actuación de Chatte Noire, una monologuista se había subido al escenario hasta que Dame Pigeon estuviera lista para su número.
—¿Es normal que las pausas entre las dos drags sean tan largas? —preguntó Marinette—. ¿No habría sido más fácil pinchar algo de música en el intermedio?
Alya se llevó el dedo índice a los labios, sin respuesta.
—Es por Chatte Noire y Dame Pigeon —explicó el coctelero, pasándole un trapo a una de las copas para secarla—. Siempre que actúan esas dos, el programa se vuelve un poco más…, creativo.
—¿Y eso? —preguntó Alya con interés—. ¿Es que no pueden ni verse?
El coctelero se rio entre dientes, divertido por lo que parecía alguna clase de chiste privado.
—Cuando van de drag, es difícil.
—Ahí hay algo, ¿verdad? —señaló Alya.
—Sí, distancia de seguridad —bromeó el coctelero.
—Tú lo que quieres es dejarnos con el salseo a medias —le recriminó Alya con humor.
Él se encogió de hombros y giró levemente el rostro para sonreírles con picardía, haciendo que sus rizos dorados se mecieran con gracia.
—¿Me esperas aquí un momento? —pregunto Marinette—. Necesito ir al baño.
—¿Quieres que te acompañe? —le preguntó Alya.
—¿Y quitarte la oportunidad de seguir sonsacándole respuestas a este pobre? —bromeó Marinette, haciendo a Alya reír—. Eso sería cruel por mi parte.
—Si tú no estás delante, seguro que puedo sacarle algo —prometió Alya.
— ¿Ah, sí? —preguntó el coctelero, colocando el paño sobre su hombro y dejando caer el peso de su cuerpo sobre la barra al apoyar su mano izquierda en la madera—. Me temo que lo tienes difícil, yo escucho los secretos de los demás, no los suelto. Son gajes del oficio.
—Y yo soy periodista, los gajes de mi oficio son sonsacar cosas.
Ambos se lanzaron miradas llenas de desafío. Marinette se limitó a resoplar.
—Bueno, sí, pueden declararse la guerra, yo voy al baño.
—Al fondo a la derecha —explicó el coctelero, sin quitarle la mirada de encima a Alya.
—Te guardo el sitio —dijo Alya a la vez.
Marinette bajó las escaleras que estaban junto a la barra y atravesó la marea de gente que conversaba entre sí u observaba a la humorista en el escenario. Se coló por la puerta y se adentró en un pasillo de paredes oscuras, lámparas redondas de neón y cortinas de lentejuelas plateadas. Había dos personas frente a la puerta de los baños. Con la escasa luz del pasillo apenas podía ver la espalda de una de ellas. Era un hombre alto, con el pelo teñido de gris perla. Marinette contuvo apenas el suspiro de resignación. No le extrañaba nada tener que hacer cola. Se posicionó tras ellos y esperó.
—Estás preciossa, ¿lo ssabes? —dijo el hombre de cabello gris—. Pero tú siemp-siempre lo estáss.
Marinette frunció el ceño al escucharle arrastrar las palabras como si fueran pegajosas. Se fijó en él, observándole de reojo, y se percató de que sus movimientos eran un poco torpes.
"No es ni la una y este ya se ha bebido hasta el agua de los floreros" pensó Marinette, arrugando la nariz.
—Sí, sí, ya me lo has dicho —se quejó la otra persona—. Un millón de veces por lo menos.
—Pero es que egres tan, tan, tan, tan preciossa —siguió él.
—Sí, querido, es parte del trabajo —resopló ella con aspereza. Marinette pudo escuchar claramente las aristas rugosas de su enfado, y no es como si no pudiera entenderla. Ella no lo tenía cara a cara y ya quería apartarle de un empujón.
—Segruro que una noche juntoss segria un sueño —dijo él con la seguridad de alguien que de milagro se podía tener en pie.
Entonces alargó la mano hacia ella, dispuesto a acariciar su rostro. Ella la apartó de un manotazo.
—Ey, cuidado con esas zarpas. Se mira, pero no se toca.
—¿Ssarpas, yo? —preguntó él, riéndose—. La que tiene garras egres tú, petite chatte.
Volvió a intentar tocarla, esta vez agarrándola por los hombros, y ella no se pudo retirar a tiempo. La tenía firmemente agarrada y parecía estar concentrando todas sus fuerzas en mantenerla así. A Marinette le produjo un cortocircuito. No podía verla, pero a través del movimiento en la espalda de él y de sus quejas pudo saber que se estaba resistiendo. Antes de ser consciente de lo que estaba haciendo, se metió en medio y le dio un empujón, obligándola a soltarla.
—Te ha dicho que no, plasta —dijo Marinette con firmeza, poniéndose delante de ella como si fuera alguna clase de escudo—. No es no.
—Tú no te metaass, petite souris —dijo él—. Essta es una charla entre ella y-yo.
Su aliento a vodka y piña le revolvió las tripas. Eran tan denso que cuando lo pudo oler lo sintió como un puñetazo en el rostro. Tenía el rostro pálido lleno de manchas rojizas por la borrachera y la ropa estaba hecha un desastre. Tenía unos ojos marrones redondos y cubiertos por unas espesas pestañas, serían bonitos si no destilaran tanta prepotencia y hostilidad.
—Como si yo quisiera hablar contigo —dijo ella a espaldas de Marinette, resoplando—. Lárgate de una vez, acosador.
—Las doss no shon más que una gatitita callejera y una ratontica e-enana, ¿pero saben quién tiene el podrer? El perro —explicó él, señalándose el pecho con el dedo pulgar.
—Si estás lo suficientemente sobrio para hablar patujadas y no caer inconsciente en el suelo como una babosa, lo estás para entender lo que te está diciendo —afirmó Marinette, levantando bien el rostro—. Te ha dicho que no, vete.
—Lárgate antes de que llame a seguridad, imbécil —advirtió ella—. No me estoy tirando ningún farol.
Entre farfullos e insultos, él finalmente se fue de regreso a la pista de baile. Se tambaleaba con cada paso, pero Marinette no sentía ninguna pena ni pensaba ayudarle. Marinette se quedó inmóvil como una estatua hasta que finalmente lo vio desaparecer.
—Por fin se ha largado —dijo ella a sus espaldas—. Gracias por la ayuda.
—No hay que dé, si no nos ayudamos entre nosotras… —contestó Marinette, dándose la vuelta. Se quedó muda a mitad de la frase—. Ostras.
Su reacción provocó una carcajada en la otra persona. Desde sus taconazos, Chatte Noire la miraba desde arriba con una sonrisa carismática.
—¿No sabías que me estabas ayudando a mí? —preguntó Chatte con humor.
—Sabía que había alguien en peligro, pero no podía ver a quién con la espalda de gigantosaurio que se gastaba ese.
Chatte volvió a reír y Marinette se quedó maravillada por el sonido. Incluso su risa era musical y preciosa. De cerca, su maquillaje era aún más fino y trabajado de lo que había apreciado al principio. Marinette había visto a muchas personas hermosas en su vida, tanto en su día a día como en las prácticas que hizo en GABRIEL, pero estaba segura que nunca se había cruzado frente a frente con una persona tan hermosa como la drag queen que tenía delante.
Pese a la diferencia de altura, Chatte Noire y Marinette se miraron fijamente durante un segundo. Marinette pudo ver con claridad su reflejo nervioso en los increíbles ojos verdes de la drag queen. Quizás lleva lentillas, pensó Marinette.
—B-bueno, yo… —tartamudeó Marinette, repentinamente abochornada. Sentía el rubor subir por sus mejillas ante el arrebato que había tenido de involucrarse en la pelea cuando Chatte Noire parecía más que capaz y dispuesta de clavarle los tacones en los huevos de pascua al idiota ese y salir victoriosa—. ¿Te encuentras bien?
—Sí, perfectamente —contestó Chatte con una sonrisa radiante—. Gracias a ti.
—Yo, yo… ¡Me alegro! Si estás bien, entonces me voy.
Y dejando a Chatte Noire con la palabra en la boca, Marinette se marchó a paso rápido. Estaba tan avergonzada que se olvidó hasta de que aún tenía ganas de ir al baño.
Sábado, 4 de marzo de 2023
