Hola hermosuras, este día les vengo a traer un gender blender, Scarletgirlinarmor me ayudó a escribirlo así que las dos esperamos que les guste demasiado. Es un two shot así que termina mañana con sencillez.
Palabras de Scarletgirlinarmor: WaterJuvia es una loca por aceptar un reto de 31 fics, de verdad quien rayos hace eso? Y lo peor es que me involucra a mi, yo feliz perdiendo el tiempo jugando videojuegos, cuando de la nada me empieza a acosar por chat para que le de ideas y no solo me obliga a dárselas (literal, mientras lean los fics de este mes Gruvia piensen que la mayoría me toco pensarlos a mi, mientras me daban latigazos) si no que me obligó a escribir parte de este...ah...en fin, no soy buena con el Gruvia y mi escritura no están genial como la de Dany, pero espero que les guste. Fin de sus palabras.
Bueno espero que no noten la combinación de las dos escrituras. Con respecto a lo de la esclavitud, 31 fics matan tu cerebro, necesitaba un cerebro fresco con ideas para desarrollarlas :3 y bueno entre dos es más lindo conversar y pensar que será lo mejor para publicar. Este lo estábamos escribiendo para publicarlo con un OS normal, no lo habíamos acabado pero pues luego apareció el reto del gruvia month y decidimos agregarlo a esta colección.
Aclaraciones: Nashi es Natsu, Luck es Lucy, Laux es Laxus y Er es Erza.
Un beso enorme y disfrútenlo.
Con ustedes:
Primer gran pelea –Día 19
No era la primera vez que Juvia se encontraba en esa situación. Ser golpeado y humillado por los bravucones de su colegio era algo a lo que ya estaba acostumbrado, aunque él no hiciera nada que fuera merecedor de las golpizas constantes, no intentaba defenderse para no resultar nuevamente con un morado en su ojo.
Él era más un joven tranquilo que disfrutaba de las cosas simples de la vida, no muy bueno en los deportes y por lo tanto no muy bueno peleando, por lo que trataba de mantenerse alejado de los problemas que pudieran surgir con sus compañeros. A simple vista, se puede decir que solo es un niño con cara bonita el cual odiaba cualquier tipo de manifestación de violencia.
Tal vez era eso lo que lo metía en tantos problemas, para estudiar en un colegio masculino hay que mantener un cierto perfil y Juvia no encajaba mucho en este estándar ya que provocaba los celos de muchos de sus compañeros por lo apuesto que era o sencillamente les molestaba que fuera tan delicado e inteligente.
— ¡Defiéndete niño bonito! -gritó uno de sus compañeros a la vez que su puño chocaba con el rostro de Juvia haciéndolo perder el equilibrio y caer al suelo — Se esta volviendo aburrido esto de golpearte si no te defiendes.
— Entonces deja de hacerlo -dijo Juvia entre dientes. Sabía que decirlo en voz alta solo provocaría que lo golpearan más.
— ¿Eh?, ¿Qué has dicho, niño bonito? !Tienes voz de niñita!
— Yo creo que quiere que estrenemos ese bate de beisbol que te regalaron la semana pasada -comentó otro de los compañeros de Juvia con un tono de arrogancia y maldad
— Vamos a hacer un Home run con esa cabeza azulada tan brillosa que tiene, estoy seguro que cuando terminemos con él ya no quedará tan bonito.
— Sí, suena divertido -un sonrisa siniestra se dibujó en los rostros de sus dos compañeros. De la nada un tercero apareció, este cargaba un bate en su hombro derecho y al igual que sus otros dos amigos, su sonrisa era tan macabra y maliciosa como para espantar a cualquier buen samaritano que intentará ayudar a Juvia en esta situación.
— Oigan...el bate ya es un poco extremo, ¿no creen? -Con algo de esfuerzo Juvia se levantó del suelo. La suciedad en su uniforme junto con las manchas de sangre lo hacían sentir incómodo, su ojo izquierdo se había inflamado rápidamente causándole que no pudiera abrirlo en su totalidad pero su mayor preocupación era salir vivo de la paliza que estaban a punto de darle.
Estaba acostumbrado a puños y patadas, incluso en ocasiones le arrojaban comida y como olvidar cuando le metían la cabeza al inodoro, pero jamás lo habían golpeado con algún objeto pesado o algún tipo de arma. No podía evitar que el miedo lo invadiera, gotas y gotas de sudor recorrían todo su cuerpo para llegar al suelo, le disgustaba, lo asqueaba, pero cualquier movimiento en falso por tratar de quitarse una sola gota podría terminar dejándolo sin dientes. Su mejor opción era huir ya que el instinto asesino de estos hombres se estaba desarrollando y Juvia no era otra cosa que el conejillo de indias que siempre salía perjudicado, cada vez era peor y esto ya superaba el límite de lo que él podía soportar.
— No, no lo creemos. Para un gusano como tú nada es extremo o suficiente. Nunca entienden por las buenas y este mundo no necesita afeminados como tú.
Lentamente Juvia empezó a retroceder, sus pasos eran cortos y silenciosos, porque él sabía que en el momento en que esos tres bravucones se dieran cuenta de que intentaba huir, el bate terminaría quebrándole la nariz, los dientes o peor aún, su cráneo. No le importaba lo que esas personas dijeran sobre él ni los chismes que sonaban en los corredores de su colegio acerca de su manera de ser, él mejor que nadie sabía que era un hombre y que le gustaban las mujeres, pero su personalidad tímida y reservada siempre lo metía en problemas, estaba cansado que por eso pensaran que tuvieran derecho de pegarle, esos hombres creían que a los golpes lo harían más fuerte, estaban totalmente equivocados.
Dio otro paso hacia atrás mientras esos chicos discutían sobre cuál lugar golpearían primero, sin embargo su intento de escape se vio frustrado cuando el primer batazo llegó, no tuvo mucho tiempo de esquivarlo, pero alcanzó a colocar su brazo derecho para protegerse el rostro. El impacto tuvo tanta fuerza que lo volvió a tirar al suelo, aún así, Juvia intentó levantarse, pero no le fue posible, su brazo derecho ardía y el más mínimo movimiento lo hacía llorar, en esos instantes llorar no era una opción o los complacería y eso era lo que menos quería.
No podía escapar, no podía defenderse, solo le quedaba resignarse y aguantar la golpiza que le iban a dar. Cerró los ojos con fuerza, todo su cuerpo temblaba de miedo, ese leve movimiento solo aumentaba el dolor de su brazo derecho, quería llorar, pero no de dolor, sentía rabia, mucha rabia de que lo maltrataran sin ningún motivo y le daba mucha más rabia que él fuera incapaz de defenderse. Contuvo sus lágrimas y esperó que el frío contacto con la madera del bate llegará, pero este nunca llegó.
Hubo un silencio demasiado incomodo y confuso, uno que a Juvia le pareció eterno, no sabía si ya lo habían golpeado y posiblemente andaba inconsciente o si todo era un cruel juego, pero le aterraba abrir los ojos para encontrar la verdad.
Aún así, lo hizo. Con lentitud fue abriendo los ojos y cuando ya los tuvo totalmente abiertos se encontró con un escenario fuera de lo común, toda una escena de película.
Los tres bravucones le estaban dando la espalda, ignorándolo completamente como si nunca hubiera estado ahí. Todo gracias a una joven que se encontraba de pie enfrente de ellos, sonriendo como si la situación fuera algo a lo que estaba acostumbrada.
— No…-dijo Juvia con debilidad en la voz. Estaba demasiado débil para hablar y estaba aterrado por la suerte de la chica.
La joven tenía unas cuantas piedras pequeñas en la mano derecha, jugaba con ellas lanzándolas de arriba a abajo y atrapándolas con rapidez mientras con una sonrisa de satisfacción pareciera que los estuviera retando, los tres bravucones no se movían y se mantenían en silencio y eso estaba empezando a asustar a Juvia. Ahora él temía por el bienestar de la joven porque si habían sido capaces de usar un bate con él no sabía que podrían hacerle a esa chica y ningún buen pensamiento pasó por su mente.
— C..Co...Corre -El dolor en su brazo a cada segundo se incrementaba y se hacía más insoportable, a tal punto que ya estaba viendo pequeñas estrellas. Pero nada de eso le importo, trato de ignorar el dolor y enfoco un punto para levantarse y ayudarla pues estaba sumamente angustiado, él ya estaba acostumbrado a ser un saco de boxeo pero no permitiría que le hicieran daño a esa joven.
— ¡Oigan idiotas!, tres contra uno es algo injusto ¿No? -la joven con un deje de superioridad habló mostrando su desacuerdo por la situación. Su voz era fuerte y llena de confianza, no mostraba ningún tipo de miedo y era tan extraño ver a una chica con tal determinación enfrentándose a semejantes personas, en ese momento Juvia creyó haber caído inconsciente o algo mucho mejor, haber muerto — Además tienen un bate, ¿Que no pueden ganar con sus propias manos? Apuesto a que sus madres pegan más duro que ustedes, por eso necesitan el bate.
— ¡Esto no es de tu incumbencia, niñita, lárgate! -le gritó uno de ellos — o te la verás conmi...-el bravucón no termino de hablar. La joven le había lanzado una de las piedras en toda su frente y esa estaba bastante grande a comparación de las anteriores.
— Tú eres el que se va a largar, tú y tus otros dos amigos, se irán corriendo mientras lloriquean buscando a sus mamitas para que les limpien las lágrimas pero sobre todo los mocos... -los amenazó y una sonrisa se le formo en los labios a Juvia, ni en un millón de años él podría decirles esas cosas con ese tono de voz, ahí sí lo matarían. — Por qué la golpiza que les voy a dar la recordarán toda la vida – Confianza, seguridad, altivez y mucho atrevimiento, parecía pura palabrería lo que ella decía, pero su expresión y tono de voz le hicieron creer a Juvia que podía ser un ángel o esos superhéroes con poderes que viven su vida y tienen su identidad secreta, no sabía exactamente qué estaba pasando pero encendió la chispa de su esperanza.
— Mira niñita, no sé de dónde sacaste esa boca tan grande y sucia pero ¿Por qué no te vas mejor a lavar platos o hacer la comida? ¡Lárgate! –la joven resopló levantando su negro mechón que adorna su frente, se cruzó de brazos y con una mirada los reto, los chistes de género era algo que no podía soportar y ahora estaba tan furiosa que iba a demostrar de lo que era capaz.
— Las niñitas son ustedes tres al golpear a alguien que no se puede defender. Mírenlo, está peor que Ichiya, el moribundo de la esquina.
— Gracias –dijo con sarcasmo el joven peli azul en el suelo, no quería sentirse como un perdedor pero ahora hasta ella lo molestaba con sus palabras.
— ¡Tú cierra la boca! -Inmediatamente Juvia le hizo caso, le temía más a esa chica que a aquellos hombres que lo golpeaban constantemente. Trato de levantarse pero el dolor en su brazo era profundo y demasiado intenso.
—Ustedes no deberían llamarse hombres, son unos cavernícolas que se sienten mejor golpeando a este tonto –Quería cruzarse de brazos algo indignado pero debido a su lesión no podía hacerlo, parecía que estaba ahí para defenderlo, pero sus palabras lo hacían sentir más perdedor, la niña tenía una boca muy sucia o tal vez solo decía la verdad.
— ¡Te lo buscaste niña bocona! -el bravucón que tenía el bate se lanzó en contra de la joven con toda la intención de golpearla hasta dejarla sin conocimiento.
— ¡Detente!-Gritó Juvia. Quien con mucho esfuerzo se había logrado levantar a tiempo para interponerse entre el camino del bate y de la Joven — Yo soy con quien se están metiendo, al que están golpeando, tú no tienes nada que ver, por favor no te entrometas - sus piernas temblaban, sentía que en cualquier momento le fallarían y lo dejarían caer al suelo, pero tenía que ser valiente, tenía que soportar el dolor. No podía dejar que lastimaran a alguien por su culpa.
— ¡Así que déjenla ir!
— No, esta mujer ha sido capaz de retarnos, le daremos su merecido para que entienda de una vez por todas. –El muchacho sintió un punzón en su corazón, no podía permitir que le hicieran daño y si ella salía lastimada nunca se lo perdonaría en la vida.
— Malditos...malditos, ella no tiene nada que ver,¡ no la lastimen! -insistió Juvia que volvió a ponerse en frente de ellos para que la dejaran a ella, la desesperación era notable en su rostro y en su voz, él tenía una hermana, sabía que las mujeres siempre se hacían las fuertes pero eran vulnerables en un cierto sentido. — No...n..
— Oye –con su dedo índice chuzó el hombro del joven para llamar su atención, fue algo doloroso ya que sintió un corrientazo recorrerle todo el brazo pero aún así Juvia se giro para verla y ella le colocó una de sus manos sobre su hombro izquierdo — Estorbas, niño -con poca fuerza la jovencita arrojó a Juvia al suelo nuevamente y el grito de dolor fue estruendoso, parecía que su brazo se le fuera a caer a pedazos y estaba muy asustado, cerró los ojos pidiendo a cualquier deidad que lo escuchara, que ella saliera sana y salva y nada le pasará. La joven no quería lastimarlo pero viendo que no iba a entender con palabras y que era el camino más fácil solo lo hizo a un lado.
El muchacho con aires de grandeza y un gran bate aprovechó la ligera distracción de la chica al ver a Juvia en el suelo y se lanzó sin piedad contra la joven, ella mantuvo la calma y logró esquivar el impacto con solo moverse un poco al lado de la trayectoria del golpe. Luego agarró el bate con su mano izquierda evitando que el bravucón pudiera moverse con libertad y con su mano derecha le dio un puñetazo en toda la cara haciéndole perder el equilibrio.
Otro de ellos se le acercó por la derecha algo sorprendido por lo que acababa de ver y mucho más furioso, pero ella solo dio medio giro y le dio una patada en el estómago que le quitó el aire. Sin dejarlo caer al suelo lo tomó por el cuello de la camisa y lo arrojó hacia el compañero restante. Ambos cayeron y se chocaron con un contenedor de basura que se encontraba en la trayectoria de su caída dejando a los dos fuera de juego.
Pese a la golpiza recibida, el chico del bate se levantó nuevamente. Había recuperado su arma en el momento en que la joven se encargó de sus dos compañeros y esta vez, sin ningún sentimiento de duda en su cuerpo y aprovechando que ella estaba de espaldas, ladeo el bate para golpearla con todas sus fuerzas en la cara, pero con lo único que se encontró fue con un Strike. La joven se había agachado justo a tiempo.
— Qué demon…-alcanzó a balbucear ese idiota antes de ser arrojado. La joven aún estando agachada había hecho un barrido con su pierna derecha y había golpeado las piernas del bravucón para que se despegarán del suelo y cayera.
— Te lo advertí por las buenas-Fueron las últimas palabras que el amante de los bates alcanzó a escuchar antes de que un golpe más en toda la cara le hiciera perder el conocimiento, justo en el ojo.
— Auch –Salió de la boca de Juvia que pudo sentir el golpe de ese tipo en su propio rostro, algo atónito y escéptico de lo que acababa de ver. Esa chica había acabado con su peor pesadilla y todo en menos de treinta segundos, era un nuevo récord.
— Ahh-Suspiro la joven algo decepcionada—Ni Siquiera sirvieron como calentamiento. –Se limpió las manos como si fuera simple polvo lo que había llegado a ellas y quitó su negro mechón de la cara para enseguida cruzarse de brazos.
Juvia seguía sentado en el suelo, intentando procesar todo lo ocurrido. La escena delante de él podría parecérsele absurda e increíble a cualquiera que no la hubiera vivido. Tres hombres altos, fuertes y jóvenes estaban tirados en el suelo, inconscientes como resultado de la golpiza que una simple jovencita les dio. Debería estar soñando.
El joven observo más detenidamente a su salvadora, tenía un hermoso cabello negro y largo, abdomen plano, buena retaguardia y un pequeño top que cubría sus abundantes pechos, su mirada se apartó de ella cuando se dio cuenta que se había quedado viéndola más de la cuenta, ¿Qué clase de chica vestiría así? ¿Cómo no sentía vergüenza? Juvia aún creía que era un sueño así que con la única mano que podía mover libremente se refregó los ojos.
— ¿Y tu?, ¿Te vas a quedar ahí sentado como un idiota? –el joven negó con la cabeza y trato de levantarse pero el dolor en su brazo no se lo permitió. La chica de ojos grises los puso en blanco demostrando su fastidio ante la situación, no era una joven muy amigable o compasiva con las personas y no quería que ese idiota confundiera la situación y creyera que tuviera que pagárselo de alguna manera, si nunca lo volvía a ver sería mejor para ella, pero no podía dejarlo así, estaba en pésimas condiciones y odiaba esa parte compasiva de su personalidad, simplemente lo odiaba.
— Mi madre es enfermera, te curará ese brazo. –cruzada de brazos tomó camino sin esperarlo, como pudo Juvia la siguió y cuando al fin estuvo cerca de ella respiró recobrando el aliento.
— ¡Gracias por lo que hiciste! Me salvaste.
— No te confundas, niño. No lo hice por ti, solo quería medir mis capacidades, pero esos idiotas no llegaron ni al diez por ciento de lo que puedo dar. –Se rascó su nariz algo orgullosa de sus palabras y siguió caminando rápido dejando al pobre chico lastimado atrás.
— Eres muy buena, yo quisiera aprender a defenderme así. ¿Cómo aprendiste a hacer eso? –la joven rasco su nuca algo molesta, no era buena hablando con los demás y mucho menos con hombres, se sentía simplemente incomoda.
— Sí, lo soy. Cuando era niña mi madre me pregunto qué quería hacer en mi tiempo libre, le contesté que quería aprender artes marciales –Nada modesta siguió caminando sintiéndose orgullosa de cada palabra, Juvia empezó a sentirse mareado y ya no podía seguirle el ritmo, la joven se dio cuenta de las condiciones en la es que él estaba y le prestó su hombro para ayudar a cargarlo. Claro no sin antes decirle que esa situación le fastidiaba, tampoco le gustaba el contacto humano.
— Eres molesto. –No pudo evitar que sus mejillas se colorearan al estar cerca de ella, era bastante hermosa y fuerte, era una chica fuera de lo común y había llegado en el momento justo a salvarle el trastero, más bien su apuesto rostro. Eso sin lugar a dudas impacto a Juvia que no podía dejar de ver su rostro y todas las expresiones que hacía.
— Tengo micos en la cara ¿O qué? –Juvia enseguida quitó su mirada de ella e hizo un gesto de dolor, si no fuera porque estaba delante de una señorita ya se hubiera roto a llorar.
— No todos los días se ve a una mujer fuerte, solo es eso. –Dijo lo primero que se le vino a la cabeza para no hacerla sentir incomoda y después de caminar dos cuadras más la joven golpeó en una casa, bastante bonita y grande.
— ¿Quién es?
— Soy yo mamá, abre la puerta. –La joven volvió a servirle de apoyo a Juvia y espero pacientemente que abrieran la puerta.
— Mi madre te cura y te largas, no quiero que me involucren contigo. –Juvia asintió, sabía mejor que nadie que muchas personas lo consideraban como un perdedor y no quería que molestaran a la chica por él, ya se había arriesgado suficiente.
Una mujer de cabello negro y hermosos ojos grises apareció en el umbral de la puerta a penas esta se abrió, su rostro mostró una gran expresión de sorpresa, su boca se abrió tanto como sus ojos y luego llevo las manos a su rostro para tratar de calmar aquello que le causó ver a su hija con un hombre.
— ¿Un chico apuesto? ¿Contigo? Sabía que este día llegaría tarde o temprano, ¡estoy tan feliz! ¿Por qué no me avisaste que lo traerías? Hubiera cocinado algo decente para atenderlo – la emoción le recorrió hasta la última gota de su ser, la mujer hablaba sin parar y sus palabras hicieron sonrojar violentamente a la joven, avergonzada, acorralada y sobre todo sorprendida por la reacción de su madre trato de que ese calor que invadía su rostro desapareciera rápidamente y nadie notara su reacción, pero no era posible, en ese momento cayó en cuenta que había sido un gran error llevar a ese hombre a su casa.
— ¿Ya te invito a comer? A mi hija le encanta el helado de limón, agrio como ella –apretando fuertemente sus puños trato de contener todo el enojo que estaba sintiendo, odiaba que su madre se metiera en sus cosas precisamente por eso, siempre terminaba haciendo una película de todo y ella siempre era la que sufría todas las consecuencias
— ¡Ya cállate, mamá! Me avergüenzas. –La mujer se quedo callada de pronto y luego negó con la cabeza, — No me digas que...¿Aún no lo han formalizado? Soy una entrometida, lo siento, perdóname por apresurar las cosas entre ustedes.
— No somos nada, mamá. –De repente para que no siguiera relacionándolo con él, porque claramente la posición en la que estaban parecía que el joven la estaba abrazando cariñosamente, lo soltó y Juvia cayó al suelo como un saco de papas.
— Unos hombres lo estaba golpeando, lo traje para que lo revises. –Enojada y muy apenada con ese hombre entró a la casa y se metió en su habitación, cerraba los ojos de la vergüenza ¿Qué iba a creer Juvia? Su madre se habían encargado de arruinar su reputación de chica ruda o al menos le había dicho en la cara que nunca había tenido novio y que muy probablemente los hombres no se interesaban en ella por su fuerte personalidad y obviamente por esa boca tan grande que tenía.
Dulcemente la mujer de hermosa sonrisa levanto al joven que había sido desamparado por su ángel guardián, lo ayudó a entrar en la casa y lo sentó en el sillón.
— Mi nombre es Silvia Fullbuster, mucho gusto en conocerte. –Mientras hablaba con él salió en búsqueda de su botiquín, volvió rápidamente al sillón y escuchó las palabras del muchacho atentamente.
— Soy Juvia Loxar. Gracias por su ayuda, señora. –Tímido y algo avergonzado se presentó, automáticamente le cayó bien a Silvia que se encargó de ser lo más cuidadosa posible con él y con sus palabras.
— Por suerte para ti, tengo turno de noche. –Juvia le sonrió pero un gesto de dolor remplazo su sonrisa, ella había tomado su brazo para inspeccionarlo y ese movimiento había sido demasiado doloroso.
— Parece que hoy he estado con suerte, ella llegó para salvarme, probablemente hubiera resultado mucho peor si su hija no llega, señora Fullbuster -Silvia vendó su brazo cuidadosamente para que no le doliera e improvisadamente le curó las heridas en su rostro.
— Dime sólo Silvia, Juvia...¿Por qué dejas que te hagan esto? –el joven negó algo tímido y miro al piso, no tenía respuesta para esa pregunta, tal vez la violencia no era la salida y él odiaba ese tipo de manifestaciones de irracionalidad.
— ¿Le has dicho a tus padres? –Sus ojos azules se encontraron por un segundo con los de la mujer y ahora entendía de donde había sacado toda su belleza la joven que lo salvó. — No tengo padres, ellos nos dejaron en un orfanato, a mi hermana y a mí, después de que Gazhel cumplió la mayoría de edad me saco de ese lugar y los dos vivimos juntos desde entonces, si me preguntas porque no se lo cuento es porque no la quiero molestar con mis problemas, ella trabaja muy duro todos los días y no tiene tiempo para lidiar con mis asuntos.
— En mis tiempos si alguien te molestaba lo arreglábamos a la salida del colegio.
— Ellos son demasiado para mí, no tengo tanta fuerza como su hija.
— Esa niña da miedo ¿No es así? –El joven le asintió y cerró los ojos al sentir la mano de Silvia sobre su brazo lastimado.
— Te tengo una mala noticia, tu brazo está roto, tenemos que llevarte al hospital, ¡Gray! –Fuertemente gritó para llamar la atención de su hija, después de unos segundos la joven apareció con su vestimenta cambiada y algo más reservada.
— ¿Qué quieres, mamá?
— Tendrás que acompañarlo al hospital.
— ¡Pero mamá! Tengo cosas que hacer.
— Tu nunca haces nada, vaga. –Gray resopló un poco y termino de bajar las escaleras, con un gesto de la mirada le indicó al joven que se levantará y ambos salieron de la casa.
— Muchas gracias, señora Fullbuster.
— No fue nada, espero que vuelvas por acá, fue un gusto conocerte. –El joven asintió y cerró la puerta tras de él, camino al lado de Gray y juntos salieron a la avenida para encontrar un vehículo, el silencio entre los dos era algo incomodo pero Juvia supo como romperlo.
— Tu madre es encantadora.
— Es una habladora. –La joven estiro el dedo para que un taxi se detuviera y ambos abordaron al vehículo.
— Gracias por lo que hiciste, si no hubieras llegado, no sé qué hubiera pasado.
— No entiendo ¿Por qué no le das un puño en la cara y ya? –Juvia se contrajo un poco en su puesto, algo avergonzado negó con la cabeza y la miró al rostro.
— No sé cómo luchar, mi hermana siempre me defendió y no me gusta la violencia –La joven hizo un chasquido con su lengua y se cruzó de brazos, miró al frente y luego escuchó las palabras se Juvia.
— ¿Me enseñarías a pelear? –Se sentía simplemente maravillado por la joven, no creía que una mujer pudiera ser tan fuerte. No era un chico de muchos amigos y se sentiría simplemente halagado si lograba que ella fuera su amiga.
— ¿Qué me darías a cambio? –Gray no era una niña interesada, únicamente estaba buscando la manera de librarse de Juvia y sabía que sería un trabajo duro.
— Yo te enseñaría a ser más femenina.
— ¿Es que acaso no soy femenina para ti? –El joven trago toda la saliva que tenía en la boca al ver esa expresión amenazadora y negó con la cabeza, no quería meterse en problemas con ella, la joven era bastante peligrosa como para tenerla de enemiga.
— ¿Cálculo? ¿Física? Se de esas materias, podría de ser gran ayuda para ti, tú me enseñas a luchar y yo te enseño lo que tú quieras. –La joven asintió con su cabeza y aceptó ya que no tenía nada que hacer.
— Tu me ayudas haciendo mis tareas mientras los lunes, miércoles y viernes te doy clases, pero no seré nada linda contigo. –El joven sonrío de felicidad y bajó del taxi con ella para dirigirse al hospital, estaba más que seguro que había amanecido de buenas ese día.
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— Mira, Juvia ya llegó, te está esperando detrás de ese árbol. –La joven peli negra se asomó por la ventana de su salón de clase muy disimuladamente al escuchar las palabras de su mejor amiga, Nashi.
— Es tan molesto, le he dicho que detesto que me recoja en el colegio. –El ceño de la joven se frunció y un grupo de chicas se juntó en la ventana para ver al apuesto joven, estaban encantadas con ese chico y harían todo lo posible por tener una oportunidad con ese muchacho.
— Te gusta que él te recoja, a mí no me engañas. –Su amiga de hermosos ojos verdes se rió de ella, le gustaba molestarla, era una jovencita demasiado espontánea y feliz, a ella no le picaba la lengua para decir la verdad y mucho menos ante su mejor amiga Gray.
— Claro que no, no quiero que siga viniendo acá, me molesta que lo vean conmigo. –La chica peli rosa cruzo las manos y le echó una mirada a Juvia.
— Ojalá su amigo rubio viniera por mí todas las tardes cuando salgo del colegio. Ese Luck es bastante guapo, un dios griego, por favor dile que estoy soltera y disponible.
— ¡Sabes que no me gusta hablar de eso! Ese tema es una patada en el trasero para mí. –Sus ojos grises se desviaron al chico y respiró hondamente, que él la recogiera ya se estaba volviendo normal para ella.
Juvia ya sabía lo básico sobre cómo defenderse, prácticamente había aprendido a las malas, la chica era bastante fuerte y lo golpeaba sin consideración, aunque no era tan bueno como ella ya sabia como defenderse, Gray le había enseñado a ser valiente, las posiciones de ataque y defensa, pero algo mucho más importante, Juvia se había enamorado de Gray y no era capaz de demostrarlo porque no quería perder a su amiga.
Seis meses habían sido suficientes para conocerla a fondo y saber que le gustaba bastante, para él Gray era muy hermosa y le gustaba mucho esa personalidad fuerte, se complementaban perfectamente aunque Gray no era una chica de noviazgos y amor, únicamente por eso no se había atrevido a confesarle sus sentimientos, para Juvia era mejor tenerla a su lado como amigo que perderla por ese sentimiento que se alojaba en su pecho.
Los bravucones no habían vuelto a molestarlo porque sabían mejor que nadie que Gray les daría una paliza, intentaron vengarse de la joven anteriormente pero la Fullbuster los había vuelto añicos de nuevo y si volvían a molestar a Juvia saldrían perdiendo, por eso estaban esperando el momento preciso para atacar y hacer su movimiento.
— De nuevo es él, ¿No es hermoso? ¡Lo quiero todo para mí! –Y la vena de su cien se le brotó nuevamente a Gray, detestaba esta situación, no entendía como Juvia seguía viniendo a recogerla, ya le había dejado muy en claro que le avergonzaba que la vieran con él y simplemente no podía aguantar ese tipo de comentarios de las chicas que babeaban por él.
— Tu noviecito ya llego –Juvia vio el rostro de Mirajane, detestaba que los hombres dijeran ese tipo de cosas, ella tenía que mantener cierto status y Juvia estaba lastimando su faceta de chica ruda. Eso era lo que más odiaba, que los hombres pensaran que había cedido ante un hombre. — Con que él es el que ha vuelto blanda a Gray –Er el joven de cabellos rojos no quería hacer el comentario con mala intención, pero Gray explotó en ese instante, no soportaba más la situación, deseaba que todos entendieran que solo eran amigos y que no tenían nada.
— ¡Juvia no es mi novio! Solo es mi amigo –La joven tomó su maleta y salió corriendo rápidamente por las escaleras, pasó derecho sin siquiera determinar a Juvia y el joven salió corriendo detrás de ella para alcanzarla cuando la vio.
— ¿Te pasa algo? –Juvia logró atraparla del brazo y la joven simplemente se soltó, el chico lo sabia bastante bien, estaba enojada.
— ¡Te he dicho más de diez mil veces que no vengas por mi! No es necesario. –El joven levantó sus hombros sin darle importancia a sus palabras y saco algo de la maleta.
— Me encargue de esconderme muy bien para que no me vieran, lo siento. Sabes que me gusta recogerte porque esos idiotas te pueden volver a atacar en cualquier momento.
— ¡Sabes que no necesito de nadie que me proteja!
— Lo sé, no te enojes. Hice los pastelillos que tanto te gustan, mira. –La joven tomo la caja algo enojada, le dio un mordisco a uno de los suaves pasteles y camino a su lado.
— Están buenos. –Se saboreo los labios disfrutando de la crema decorativa y volvió a morder el alimento para acabarlo con tan solo dos mordidas.
— Los hice de tu sabor favorito, ayer en la tarde aproveche que no tuvimos entrenamiento para hornearlos.
— Solo hay un problema, hiciste muy poquitos, tonto.
— Te prometo que la próxima hago más. –La joven destensiono sus manos y sonrió, no había nada que los dulces no puedan solucionar para ella y mucho más los que hacía Juvia que eran deliciosos.
— Tengo muchos ejercicios de cálculo. ¿Me vas a ayudar? –El enojo de Gray bajo rápidamente, Juvia se había convertido en un gran amigo para ella y no era tan áspera cuando los dos estaban solos. Ese hombre la escuchaba, le daba consejos y tenía el poder de saber lo que tenía sin que ella pronunciará una sola palabra, Juvia había aprendido a identificar e interpretar muy bien cada una de sus expresiones y por eso le resultaba como un confidente, un buen amigo.
— Sí, pero tú haces la mitad, debes aprender para tu examen final. –Con la boca llena de pastel tomó otro y asintió. Juvia sonrió y siguió caminando con ella a casa.
— No te los acabes todos, tienes que dejarle a tu madre.
— Me los voy a comer todos, lástima por la vieja. –Ambos sonrieron, Juvia miró disimuladamente a Gray, le encantaba verla y siempre esperaba a que se hiciera de tarde para poder pasar tiempo con ella.
— Mañana es tu cumpleaños, ¿Tienes algún plan? –Gray negó con la cabeza, no era una chica de fiestas ni celebraciones.
— Ninguno, de hecho odio cumplir años.
— No seas tan exagerada, solo es que no te gusta la atención y por eso odias tu cumpleaños, demasiadas felicitaciones, llamadas y personas que te pongan cuidado. Eso es lo que odias, no tu cumpleaños.
— Supongo que es eso. –Gray dirigió su mano para atacar otro pastelillo y Juvia quitó la caja para que la joven no pudiera tomar otro dulce.
— Son para la señora Fullbuster, ya te lo dije.
— ¡Eres un dolor en el trasero! ¡Debiste haber hecho más!
— Lo que hice es todo el dulce que puedes consumir hoy. Así que no te quejes. –Gray golpeó en la puerta de su casa, le sacó la lengua a Juvia y se cruzó los brazos. Segundos después su madre abrió la puerta y sonrió al verlos.
— ¡Hola muchachos! ¿Cómo les fue en el colegio? –Los dos entraron en la casa y saludaron a la mujer cordialmente.
— Les traje dulces para el estreno de su capítulo.
— Eres la mejor. –Juvia sonrió y Silvia puso sus manos en las mejillas sonrojada por las palabras del amigo de su hija, estaba completamente segura que si tuviera unos años menos le quitaría el galán a su hija.
— No me hagas sonrojar –Gray puso sus ojos en blanco y dejó la maleta encima de la mesa.
— ¿La mejor? Pues poniendo nombres no es tan buena, me puso a mi Gray.
— No te sientas mal, Gray. Mi madre me puso Juvia y es obvio que no es para nada un nombre de hombre, es una de las razones por las que me hacen bullying. –Juvia con su comentario le arrancó una sonrisa a Gray y a Silvia.
— Enserio ¿Que diablos estarían pensando nuestros padres cuando decidieron nombrarnos de esta manera? –Juvia levantó sus hombros, nunca había pensado en esa posibilidad. — Tal vez en un mundo paralelo tú eres un chico y yo soy la chica.
— ¡Eso explica porque eres tan afeminado!
— Gray, no seas grosera con Juvia.
— No, no se preocupe, señora Fullbuster. Sus palabras no me ofenden porque yo sé mejor que nadie sobre mi orientación sexual. Me gustan las chicas bonitas, que sepan defenderse solas y que nadie les pueda hacer daño.
— Te gusta Gray –La pequeña jovencita se sonrojó hasta la frente por las palabras de su madre y negó con la cabeza. — Digo, te gustan las mujeres como Gray y aunque mi hija no habla conmigo sobre muchachos yo estoy segura que le gustan los chicos tiernos y detallistas, como Juvia.
— ¡Cállate mamá! ¡Ven Juvia, es hora de empezar las tareas! –A empujones Gray sacó a Juvia de la presencia de su madre, solo quería huir de esa incómoda conversación y no supo en qué momento se puso tan nerviosa.
— ¿Sabes? Sé que soy algo tímido y no me gusta pelear porque no creo en la violencia, pero eso no significa que no me gusten las chicas, es más, he visto de esas revistas donde salen mujeres desnudas y...— ¡Cállate asqueroso! No necesitaba saber eso. –Con un puño en el brazo del chico intento que la conversación no se volviera más incomoda aún de lo que ya estaba. Juvia sonrió y se sentó en la silla del escritorio.
— Entonces terminemos antes de que el capítulo comience. –Gray asintió con su cabeza y se sentó a su lado, una diminuta sonrisa se formó en sus labios al recordar las palabras del joven, no pensaba que Juvia era de esos chicos que veía eso, era bastante gracioso para ella.
Juntos pusieron su lista de reproducción la cual estaba conformada por canciones cuidadosamente escogidas anteriormente y que eran de agrado para los dos, luego empezaron a realizar los ejercicios, Gray se sentía muy cómoda con Juvia y esperaba con todo el corazón que él nunca se fuera de su lado, aunque nunca iba a aceptar eso en público.
Después de unos cuantos ejercicios y que el tiempo pasara rápidamente Gray notó algo raro en Juvia, a ese chico le gustaba hablar bastante y no entendía porque estaba cerrando sus ojos a punto de quedarse dormido en el papel.
— ¿Te ocurre algo? Te noto algo cansado –Juvia posó sus ojos azules en lo grises de la chica y asintió. — Me quede hasta muy tarde cocinando.
— ¿Por qué? Nunca te demoras haciendo los pastelillos –Algo nervioso Juvia inventó lo primero que se le vino a la mente para que Gray no lo descubriera, el joven se había demorado horas haciendo el pastel de cumpleaños de la chica y lo había decorado con la temática de zombies y cerebros ya que su serie favorita era de muertos vivientes.
— Mañana hay una venta por cursos, me comprometí a hacer los dulces y me tomo un poco de trabajo. –Gray cruzó lo brazos algo enojada. — ¿Por qué no me trajiste unos? ¡Te los hubiera comprado!
— Lo olvide, lo siento.
— No importa, descansa un poco mientras comienza el capitulo.
— Pero está por comenzar y ni siquiera he cocinado el maíz pira.
— Yo lo hago, no importa.
— Se te va a quemar, Gray. Te puedes lastimar con la estufa.
— No soy una tonta, le puedo decir a mamá antes de que se vaya que me ayude, tú por favor descansa. –Juvia no quería que ella cocinara por miedo a que se quemara pero no podía conseguir que sus ojos estuvieran abiertos por más de tres segundos.
— Esta bien, te estaré esperando aquí. –Perezosamente puso su cara en la almohada de la chica y relajo su cuerpo encima de la suave cama, disfruto un poco del olor a flores del champú de Gray impregnado en la almohada y rápidamente quedó dormido.
Gray bajó a la cocina y con ayuda de su madre cocinó el maíz pira y lo combinó con platanitos, papas y otros alimentos de paquete. Sirvió las gaseosas y todo lo puso en una bandeja.
— ¡Te ves tan bonita en la cocina! Toda mi vida espere este momento –Gray le regaló una fría mirada a su madre, no había hecho un gran banquete pero ya era demasiado para ella estar en ese lugar.
— Ese muchacho te está cambiando para bien. Nunca dejes que se vaya de tu lado. –Gray vio al suelo, tomó la bandeja en sus manos y asintió para retirarse de la cocina, no comprendía porque razón cada vez que tocaban el tema de Juvia sus mejillas se sonrojaban, Gray nunca había sentido ese sentimiento.
La chica subió lentamente para no regar nada y entró en su habitación, vio a Juvia, estaba completamente dormido y sonrió al verlo, se veía más indefenso aún de lo que era. Dejo la comida en el escritorio e intentó despertarlo pero Juvia estaba muy cansado y no despertó con la voz de la Fullbuster.
— Parece que tienes mucho sueño, mañana entonces veremos el capítulo por internet, sería injusto que yo lo viera y tú no. –Gray buscó una cobija en su closet, tomo la más cálida y lo arropó cuidadosamente, lo vio unos segundos dormir, no sabía que tenía ese muchacho que la desconcentraba y llamaba toda su atención.
Salió de la habitación no sin antes llevarse la comida y apagar la luz, lo dejó dormir en su cama, estaba bastante cansado y ella podía dormir en el cuarto de huéspedes.
— Me voy a trabajar mi niña. Me llamas si necesitas algo.
— Juvia se va a quedar a dormir en casa, voy a llamar a su hermana Gazhel para avisarle.
— Ten mucho cuidado, son demasiado jóvenes para obtener responsabilidades de grandes. –Gray puso la mano en su frente algo enojada, entendió bastante bien el mensaje y estaba cansada de que la gente siguiera pensando que entre ella y Juvia hubiera algo. Definitivamente no soportaba más esta situación.
— ¿Por qué no entienden que Juvia es solo mi amigo? Estoy cansada que piensen que es mi novio, solo somos amigos. A-mi-gos.
— Gray, tener un novio no es malo, a tu edad ya estaba saliendo con tu padre y sí, sé que solo son amigos pero que no te afecte lo que dicen los demás. –Gray se cruzó de brazos y juntó lo labios fuertemente para no hablar. Su madre suspiró hondamente y tomo su bolso para marcharse, su hija era una gruñona, no podía hablar con ella y era una lástima que no se dejará aconsejar.
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Gray salió primero de su casa no sin antes colocar una alarma para que Juvia despertará y pudiera salir a su hogar y alistarse para ir al colegio, era toda una ventaja que su colegio tuviera diferente hora de ingreso, además no quería que le deseará el feliz cumpleaños. De hecho estaba de mal humor por cumplir años y era únicamente por lo que ese día significaba, mucha atención.
Llegó al colegio con las manos en su bolsillo y por el momento había pasado desapercibida, entró a su salón muy callada y vio a Nashi, entonces empezó a recibir toda la atención que detestaba.
— Feliz cumpleaños, Gray. Te traje algo. –Gray recibió un abrazo y tomo entre sus manos el regalo que su amiga le trajo, unos hermosos pendientes de cruz.
— Sabes que no uso de estos.
— Lo sé, guárdalos para una cita o para cuando nos graduemos de acá.
— Gracias –La chica guardó la hermosa cajita en su bolsillo y vio como todos sus compañeros se acercaban a ella para darle felicitaciones.
Por primera vez en toda su vida agradeció que la profesora llegara temprano y todos volvieron a sus puestos, solo deseaba que ese día se acabará bastante rápido.
En clase pensó en Juvia, le angustiaba que no se hubiera despertado ya que él era un chico bastante comprometido con sus estudios y muy probablemente recibiría una beca para sus estudios universitarios, por eso tenía que estar en cada una de sus clases.
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Al final de su jornada escolar se asomó por la ventana buscando con sus ojos grises a Juvia, sintió un feo sentimiento en su corazón al no encontrarlo ya que era su cumpleaños y él debería estar ahí. Con fortaleza subió su rostro y tomo su maleta, esperó a su amiga peli rosa y juntas caminaron a la salida del colegio.
— ¡Ahí está Juvia! –Al verla el joven se levantó de la orilla de la fuente donde estaba sentado, se acercó a Gray y la chica trago fuerte.
— ¿Qué haces acá? –Juvia sonrío y estiró sus brazos hacia ella ofreciéndole un osito de felpa y una caja de chocolates.
— Feliz cumpleaños, Gray. –Avergonzada, sumamente abochornada y con su cuerpo totalmente congelado volteo a ver a su alrededor. Prácticamente toda la escuela estaba viendo la escena, los murmullos no se hicieron esperar y tampoco las frases hacia ella.
— ¿No que era muy ruda? ¡Qué linda se ve con un osito de felpa! ¡A toda fiera le llega su domador! –Las risas en su cabeza, los comentarios, las palabras, odiaba esto y estaba cansada de que todos la molestaran.
— Tu novio está bastante guapo, nosotros que pensamos que te gustaban las mujeres.
— ¡Juvia no es mi novio! ¡No soy blanda y mucho menos me enamoraría de este tonto! –Juvia abrió sus ojos con gran sorpresa al escuchar a Gray.
— ¡Te he dicho que no vengas acá, me avergüenza que me vean contigo! ¿Qué es esta estupidez? –La joven le rapo el pequeño osito de las manos a Juvia y lo vio con desprecio.
— ¡Eres un idiota! Odio estas cursilerías. –La Fullbuster lanzó con todas sus fuerzas al pequeño osito a la fuente y señaló a Juvia con su dedo índice.
— No sé porque haces estas cosas, tú no significas nada para mí, si te ayudé fue porque me diste lastima y no quiero que me vuelvas a recoger, que me hables, no quiero siquiera ser tu conocida. ¡Lárgate!
— Pero Gray, yo...
— ¿No entendiste? No quiero verte. ¡Eres un idiota que se deja golpear por unos estúpidos! ¿Crees que me interesaría en ti? ¡No seas tonto! –Todos los presentes tenían su boca abierta de la sorpresa, Gray había sido bastante dura con Juvia pero quería dejarle en claro a todos que él no era su novio, que ella seguía siendo una chica ruda y que solo se interesaba por su propio bienestar.
— ¡Juvia esa no es la forma de tratar a tu novio! ¿Qué tú madre no te enseño a ser sumisa? No tienes ni una pizca de modales –Con una sonrisa burlona, Laux la rubia más bonita del salón la señaló y negó con su dedo índice.
— ¡Cierra la maldita boca! No me importa tener modales, novios o amigos. Me importa una mierda lo que todos piensen.
— ¡Cálmate Gray! Lo siento si te moleste con mi regalo, no debí hacerlo, pero por favor no te enojes.
— ¡Gray es una idiota! ¿Cómo puede tratar a ese joven tan tierno así? –Y otro comentario, Gray odiaba que se metieran en su vida y que en ese momento estuvieran entrometiéndose como si tuvieran algún derecho.
— ¡No estoy enojada, Juvia! ¡Estoy diciendo la verdad y para que todos entiendan! Este hombre no es mi novio. –Finalmente Gray le dio una mala mirada a Juvia y salió del colegio mientras veía como todos hablaban de ella y de lo que acababa de pasar, muchos sentían lastima por ese chico y a la mayoría de las mujeres le daba mucha rabia lo que ella acababa de hacer con Juvia.
El pequeño osito color café termino flotando en el agua mientras Juvia con su corazón hecho pedazos miro a Nashi, la amiga de Gray y aguantó todas las ganas que tenía de llorar.
— Yo solo quería tener un presente con ella, no pensé que todo iba a terminar en una de las peores peleas de mi vida–El joven vio los chocolates que tenía en su mano y sonrió dolorosamente.
— Gray estaba enojada, estoy segura que no te quería decir eso, por favor no tomes las cosas tan literales, sabes que esa chica a veces puede llegar a ser una cabeza hueca. –Juvia negó con su cabeza, bajo la mirada muy afectado y después de mucho tiempo sintió de nuevo lo que era ser rechazado, sus padres no lo quisieron y se sintió tonto al pensar que alguien diferente a Gazhel lo iba a querer, su autoestima bajó al suelo y metió sus manos a su bolsillo para que nadie viera como estaba apretando sus nudillos dolorosamente.
— Fue muy clara, no trates de animarme porque ahora sé muy bien lo que ella piensa de mí, puedes decirle que no la volveré a molestar.
— Espera Juvia, por favor no la dejes, tú eres una persona importante para ella así Gray no lo quiera aceptar.
— Ya no importa, la dejaré en paz como tanto quiere. Ahora que lo pienso soy un idiota por darle regalos. Nunca más volveré a hacer esto, que idiota soy.
— No, Juvia. Los hombres detallistas son lindos.
— Los hombres detallistas son unos idiotas como yo, hice todo por ella y no le importó lo que mi corazón se rompiera tal como está ahora. Nunca más volveré a hacer esto, es más, dejaré de ser tan idiota y seré una mierda con todo el mundo, tal vez así no se atreverán a lastimarme, no se los permitiré.
— Espera, no cambies tu personalidad, eres una gran persona y no dejes que tu corazón se llene de dolor y resentimiento.
— No me gusta el chocolate, si quieres puedes botarlos. –cambiando de tema endureció su mirada, se prometió en ese mismo instante que no sería el mismo, ya no sería un chico del cual todos podían abusar y tratarlo como a ellos se les daba la gana, con sus sentimientos hechos pedazos le entregó la caja rosa a Nashi y salió del colegio de Gray, la joven lo vio con algo de tristeza y lastima, odiaba que Gray se dejara llevar por sus impulsos y detestaba que su amiga destruyera las oportunidades para ser feliz.
Sabía que Gray se iba arrepentir toda la vida por lo que acababa de decir y hacer, Nashi respiró hondamente, tal vez lo mejor era hablar con Gray después de que se le acabará el enojo y persuadirla para que ella le pidiera perdón a Juvia, no quería que una persona como él se volviera como muchos hombres que no les importa nada ni nadie.
Hasta aquí hermosuras, mañana termina esta historia de dos capítulos. Soy de las que cree que a los hombres tiernos y lindos una mujer los vuelve malos, una mujer mala que juegue con sus sentimientos, eso provoca que los hombres se vuelvan mujeriegos y traten a las chicas como se les da la gana. Esperemos que esto no pase con Juvia.
Pregunta: ¿Les gustaría que Mashima hiciera un gender bender?
No olviden dejar su review, nos leemos mañana. Bye.
