05. PESTE

Canción del día: 'Levitating' de Dua Lipa

Cuando Marinette al fin regresó junto a Alya, la actuación de Dame Pigeon ya había comenzado. Estaba haciendo un lipsync de una canción que desconocía, pero tenía pinta de tener más años que maricastaña, y no dejaba ni un segundo de bailar. Algunos de sus pasos eran repetitivos y sencillos, e invitaba a la gente en la pista de baile a imitarla. Se acercaba al público, los miraba directamente y les señalaba, poniéndoles un fuego en el culo gracias a los focos. Sus elecciones eran tan aleatorias que parecían sacadas de una cámara del beso muy torpe. Sin embargo, algunos de sus saltos y piruetas la hacían ver como un ave arrancando el vuelo, de la misma forma que hacían las densas plumas blancas del top de su mono blanco.

—Has tardado un montón —señaló Alya en cuanto vio a Marinette a su lado—. ¿Había cola?

—Había problemas —respondió Marinette—. Ni pude ir al baño. ¿Pudiste sonsacarle algo?

Señaló con el mentón al coctelero, que estaba sirviendo dos cócteles azules a un par de chicos que tenían pinta de haber falsificado el carnet para poder entrar.

—Para nada, creo que hasta las paredes sueltan más prenda que él —resopló Alya—. ¿Y qué clase de problemas? ¿Tan mal estaban? A esta hora la gente está tan contenta que ni atina, pero aún así…

—No, no, es que ni llegué a entrar. Los problemas estaban en la puerta.

Dame Pigeon dio un elegante giro antes de dar un salto mortal hacia atrás justo cuando la canción llegó al final. Una ola de aplausos se hizo eco y Marinette pudo ver como Pigeon respiraba agitadamente, aún en el suelo. Se levantó con la elegancia de una bailarina de ballet y se despidió del público lanzándoles besos antes de desaparecer por el lateral del escenario.

— ¿Cómo que los problemas estaban en la puerta? —repitió Alya—. Venga, explícate.

—Parece que ahora si van a pinchar algo de música, ¿vamos? —la invitó Marinette, tendiéndole la mano.

—Lo dices porque te estás meando y no te quieres quedar parada, ¿verdad? —bromeó Alya, poniéndose en pie.

—Algo así, en un rato intentaré ir otra vez, cuando no me muera de vergüenza.

—¿Pero qué pasó ahí? ¿Viste a dos metiéndose mano hasta los intestinos o qué?

—¡Puaj, Alya! —se quejó Marinette, bajando las escaleras centrales que comunicaban con la pista—. Mira que eres gráfica a veces.

—Una imagen vale más de mil palabras.

— ¿No deberías haberte hecho fotógrafa en lugar de periodista, entonces?

—Trabajo en la tele, se unen las dos cosas perfectamente —presumió Alya, haciendo reír a Marinette.

Estuvieron un rato bailando hasta que Marinette supo que ni la vergüenza podía hacerle aguantar más. Esta vez Alya la acompañó y Marinette aprovechó para explicarle todo lo que había pasado.

—Fue tan desagradable, Alya —comentó Marinette, haciendo malabares dentro del cubículo para que ni sus muslos desnudos ni la ropa arrebujada en torno a las rodillas tocara la loza pálida del váter. Poco le importaba que el baño no soltara una peste horrible y que todo oliera a ambientador de manzana y menta, la tapa estaba manchada de algo que no podía ni quería identificar y había un reguero de agua sospechoso en el suelo.

—Hay babosos por todas partes —contestó Alya, retocándose el labial frente al espejo—. Te sabía valiente, pero no pensé que te lanzarías a meterte en una situación así tú sola.

—No podía ver a ese imbécil acosándola y no hacer nada al respecto, Alya —explicó Marinette, recolocándose la ropa y tirando de la cadena—. No estoy dispuesta a soportar esas mierdas, ya no.

Marinette abrió la puerta del cubículo y fue directa al lavamanos.

—Bien dicho —la felicitó Alya, dándole un amistoso codazo que hizo a Marinette sonreír.

Ambas salieron de los baños y volvieron a la pista de baile, pero esta vez se quedaron cerca del escenario. Estaban preparando todo de nuevo para que empezara otra actuación. Chatte Noire salió directamente con el micrófono en mano y con un atrevido giro de cadera que dio inicio a la coreografía que tenía preparada. Su energía era vibrante y algo coqueta, tan contagiosa que puso a todo el mundo a dar saltos.

Dio un salto y cayó de rodillas en el suelo antes de dejar caer lentamente la espalda hacia atrás. Creó un arco con su columna y Marinette pudo ver, pese a la presión rígida del corsé, cómo le temblaba el pecho por el esfuerzo. Pero en ningún momento le flaqueó la voz, ni por un segundo.

Chatte Noire se acercó a la linde de la tarima y cruzó miradas con ella. Marinette supo que la había reconocido al segundo, algo que tuvo aún más claro cuando le guiñó un ojo con coquetería. Se le agitó el pulso de la impresión y sintió como si su cerebro, de repente, hubiera explotado. Durante toda la noche había observado a Chatte Noire como una especia de espejismo, sin terminar de confiar en si era real o no, sin fiarse de que cada uno de sus gestos y movimientos la sumergían en un paraíso de colores, líneas, luces y formas. En ese momento, a las tantas de la madrugada y con los oídos pitándole por llevar tantas horas escuchando la música a todo volumen, supo que, al fin, la había encontrado.

— ¡Eso es, Alya! —le gritó Marinette a Alya al oído mientras ambas bailaban—. ¡Ya sé lo que tengo que hacer!

— ¡¿Qué tienes que hacer qué?! —preguntó Alya, sin entender.

— ¡He entrado la solución a todos mis problemas!

Domingo, 5 de marzo de 2023