07. BOLSILLO

Canción del día: 'Girls' de MARINA

Marinette metió la caja de galletas en el baúl de la moto con mucho cuidado de no aplastarla. Ya le había pasado y no tenía intención de servirle a nadie migas dulces para merendar. Condujo hasta el río Sena y se acercó a la ribera artificial donde estaba amarrado el barco de Anarka Couffaine, la madre de su amiga Juleka. Anarka era un espíritu libre y vivía en consonancia con ello, algo que sus hijos habían aprendido desde bien pequeños y que habían adaptado a sus propios sueños. Juleka seguía viviendo con su madre mientras ahorraba para buscarse un apartamento, y su hermano también vivía ahí cuando estaba en París, aunque entre tanta gira no solía ser durante demasiado tiempo.

Aparcó cerca de la pared, reticente a que volvieran a intentar tirarle la moto al agua, y se acercó a la pasarela de cedro que daba acceso al barco. Le escribió un mensaje a Juleka y esperó.

—Marinette, ¡has llegado! —exclamó alguien desde la borda del barco.

La mujer la saludó, levantando mucho las manos, llena de entusiasmo. Su melena rubia con mechas rosas osciló con el movimiento, creando unas preciosas olas de colores ante el brillo del sol. Seguía teniendo esos enormes ojos azules tan joviales y llenos de encanto.

—¡Zoé! —exclamó Marinette con una sonrisa radiante. Subió con rapidez al barco y atrapó a su amiga en un abrazo. Fue tal el impulso que estuvo a punto de estropear la caja que llevaba en las manos—. No sabía que estabas en la ciudad.

—El rodaje terminó antes de tiempo —explicó ella, recolocándose un mechón rubio tras la oreja con timidez—. Decidí aprovechar para tomarme unos días.

—Tendrías que haber avisado —se quejó Marinette, de buen humor.

—Lo sé, las demás me dijeron lo mismo, ¡pero de verdad que fue todo de improviso!

— ¿Alya ya te ha montado un interrogatorio?

—Pues sí —reconoció Zoé—. Pero es solo que estas últimas semanas el rodaje ha ido muy bien.

—Ya, claro —dijo Marinette, sin creerla—. No he estado en muchos rodajes, pero siempre surgen problemas así que…

—Esa es mi versión y la mantengo —atajó Zoé antes de que Marinette pudiera elucubrar nada más.

Marinette soltó una carcajada y dejó el tema correr. Alya ya la habría sometido a un tercer grado y era muy posible que siguiera intentándolo durante la tarde si veía que podía conseguir que Zoé admitiera algo.

—Me han dicho que el plan de hoy es sacar algunas fotos con Juleka—recordó Zoé—. Ya son dos años trabajando juntas, ¿no?

—Sí, más o menos, aunque últimamente hemos tenido que pausar un poco las cosas por el trabajo de Jule y mis prácticas.

Juleka y Marinette habían puesto en marcha muchos proyectos juntas desde que ella había entrado en Diseño de Moda y Juleka en la Academia de Modelaje, pero el que mejor les había funcionado era el de la tienda de Marinette. Desde que estaba en el instituto, Marinette tenía una modesta tienda en una página web. Cuando Juleka comenzó con sus estudios, decidieron hacer algo en común. Marinette hacía diseños inspirados específicamente en ella y luego montaban una sesión de fotos. Marinette le había ofrecido un tanto por ciento de los beneficios por la venta de los artículos, pero Juleka había mantenido que prefería poder quedarse por la ropa y alardear que tenía un diseño de Marinette Dupain-Cheng auténtico, para consternación de Marinette. Aunque era una frustración que, aunque aún no le veía sentido, le hacía muy feliz.

—Las chicas ya están montando todo el set —explicó Zoé—. ¿Vamos dentro?

— ¿Las chicas? —preguntó Marinette con diversión.

—Bueno, vale, Alya y yo estamos montando las luces —reconoció Zoé con una mueca divertida—. Rose está peinando a Juleka.

—Vamos a ver qué tienen montado —suspiró Marinette, enhebrando su brazo con el de Zoé y caminando hacia el interior de la nave.


Marinette le dio una indicación a Alya, que se estaba encargando de la cámara, para que tomara una fotografía de Juleka desde otro ángulo. Juleka, con su cabello oscuro como la tinta y su piel tan pálida como la luna, parecía la glamurosa protagonista de una película de vampiros. Marinette había diseñado para ella un conjunto oscuro compuesto por unos pantalones de tiro alto y pinzas, con bolsillos grandes en los que estaba guardando las manos en una pose desenfadada. Unas botas militares tan pesadas como dos montañas, un sujetador negro y una chaqueta de tres botones que se cerraba a la altura de la cintura con un cinturón de cuero sintético.

Rose se acercaba entre tomas para peinar de nuevo el cabello de Juleka o para retocarle el maquillaje, aunque estaba impecable. La realidad era que cada vez que Rose se acercaba a Juleka para intentar arreglar algo, le robaba un beso y acababa teniendo una justificación real para maquillarla de nuevo con aquel pintalabios rojo sangre.

—Creo que llevaré esto cuando me vaya para Roma —aseguró Juleka, recolocándose el cinturón. Después de tantas posturas diferentes, había terminado girándose hacia la izquierda. Algo que a Marinette le encantaba de Juleka y de su forma de trabajar es que trataba con muchísimo mimo sus diseños, cuidando hasta el mínimo detalle para que se viera reflejado en la fotografía tal y como ella lo había concebido.

—Me vas a hacer sonrojar, calla —bromeó Marinette.

—Lo digo muy enserio, llegará el día en que diré que yo fui tu primera modelo y la gente se morirá de envidia —prometió Juleka.

—Los que se morirán de envidia son los otros diseñadores cuando sepan que has modelado para mí.

—Oh, ¿pero cómo pueden ser tan monas? —suspiró Rose, encantada.

—¿Monas o empalagosas? —bromeó Alya.

—No seas envidiosa, Alya —la pinchó Marinette—. A ti también te quiero.

—Veo que estás más relajada que ayer —reconoció Alya—. No vas dando botes como un resorte. Aunque supongo que tu nuevo crush tiene algo que ver.

—¿Quién tiene un nuevo crush? —preguntó Rose, intrigada.

—¿Quién es? ¿Quién es? —preguntó Zoé tan rápido que las palabras se amontonaron unas con las otras, sin aire.

—Aunque tiene tan mala suerte —siguió Alya con dramatismo—. Para una vez que se fija en alguien resulta que es una drag queen que seguro que es gay.

—Oh, Marinette… —suspiró Zoé.

—Oye, que nunca se sabe, ¿eh? —la animó Rose.

—Chistt —siseó Marinette, mandándolas a callar a todas—. No es esa clase de crush, es solo una fascinación artística.

—¿Así lo llaman ahora? —bromeó Alya.

—Que tienes mi edad, reina —la pinchó Marinette.

—De una buena reina es en la que te has fijado —le respondió Alya con humor.

— ¡Qué no! —se quejó Marinette—. Ha sido solo… Como cuando ves una obra de arte en un museo y te fascina, ¡te inspira! No hay nada romántico ni nada por el estilo aquí, es solo curiosidad profesional.

—Por supuesto —dijo Alya, sin creerla en absoluto.

Quizás fue por las evidentes dudas de Alya o por las expresiones extrañadas de sus amigas, pero Marinette se negó a decir que iba a ver a Chatte Noire al día siguiente. Zoé no era la única que sabía guardar un secreto.

Miércoles, 8 de marzo de 2023