08. BOLSO

Canción del día: 'Attention' de Nicky Doll

Una cosa era ir a un club con una amiga y otra muy distinta era estar ahí parada, más sola que un lagarto en un día de lluvia. Se había vestido como si fuera a salir de fiesta para darse ánimos y no sentirse tan fuera de lugar, pero aún así lo hacía. Marinette se sentía una rara, como una margarita que florece entre rosas. Encima había llegado temprano para conseguir un sitio en la barra donde pudiera apoyar su libreta, lo que le había ganado miradas extrañadas por parte de los otros clientes y del propio personal.

Sacó su móvil, dando un vistazo a su móvil mientras hacía tiempo.

— ¿Quieres algo?

La pregunta hizo que Marinette levantara la cabeza. Sus ojos hicieron un movimiento ascendente, pasando por los botones brillantes de la camisa negra, la plaquita pálida con el nombre "André" serigrafiado, los labios curvados por una sonrisa bromista y la nariz recta. Se detuvo en los ojos azules, maquillados con un impresionante gris metálico a modo de sombra y un delineado azul eléctrico, que la observaban con interés.

—Eh, hola, sí… —saludó Marinette de forma apurada, reconociendo al coctelero con el que Alya había tratado de ganar una batalla de testarudez. Le avergonzó no haberse dado cuenta de que se le había acercado—. Un mojito de fresa, sin alcohol.

En cuanto salió la primera drag queen, sacó los lápices del bolso y dibujó algunos bocetos rápidos. Era una reina barbuda de estatura media, aunque teniendo en cuenta los taconazos que llevaba debería ser bajita en realidad. Llevaba un vestido rojo, entallado hasta la cintura, que luego caía con soltura y vuelo, acompañando cada uno de sus pasos. Lo que retrató en su libreta eran apenas bosquejos basados en su actuación, una que contaba con dos pies derechos y una gracia innata.

Aunque ese día se dio cuenta del momento en que André le sirvió el coctel por observar todo a su alrededor con alarma, no pasó los mismo en las siguientes ocasiones. A veces André tenía que forzarse a entrar en su campo de visión para que se diera cuenta de que le estaba hablando. A Marinette le avergonzaba cada vez que esto ocurría, aunque eso parecía divertir al coctelero. A los otros miembros del personal que trabajaban en la barra no les hacía tanta gracia.

Aquella no fue una visita aislada. Se fijaba en las redes sociales del club, asegurándose de asistir siempre en días en los que actuaba Chatte Noire. Se sentía un poco como una acosadora, pero se esforzó en recordar que visitaba aquel club con la misma motivación que cuando iba a obras de teatro, a museos o a performances: buscaba inspiración. Su búsqueda había vuelto frecuente que tuviera el dorso de la mano tiznado de la pintura verdosa, la que usaban para dejar sello con el emblema del Yas Queen, la silueta de una gata con una corona, cuando entraba al local.

Poco a poco fue haciéndose con el nombre del resto de drags que actuaba recurrentemente en el club. Volvió a ver a Dame Pigeon y descubrió que era cierto lo que André había dicho sobre que sus actuaciones siempre creaban parones extraños cuando coincidía con Chatte Noire. También que tenía una debilidad increíble por las plumas. Todos y cada uno de sus trajes y fantasías contaban siempre con alguna pluma flotando por aquí y por allá. Y se movía tanto que un buen puñado de ellas acababa siempre en el suelo tras una de sus actuaciones. Descubrió que la reina barbuda se llamaba Chouette Noire y desde ese momento le fue difícil no imaginársela como una adorable búho de ojos enormes. También estaba Pharaon, una reina con un personaje andrógino, una puesta en escena llena de carisma y un muy buen concepto de sí misma. Lo notaba por la forma en la que bailaba y en que siempre se alejaba del público con una sonrisa de superioridad.

Salvo Chatte Noire, todas hacían lipsync. Algunas optaban por coreografías más teatralizadas, como era el caso de Chouette Noire, otras por un baile más interactivo como hacía Dame Pigeon, y había quien se montaba un número que parecía ir directo a Eurovisión como era el caso de Pharaon.

Ver sus actuaciones la llevó a un terreno lleno de color, arrojo y tentativas de lo imposible. Sus estudios tomaron mucho más tiempo del esperado y Marinette, que pensaba que era como una sombra en aquel mar de luces de neón, se acabó convirtiendo en una habitual sin darse cuenta de que estaba captando la atención de más de un par de ojos intrigados.

Jueves, 9 de marzo de 2023