12. HECHIZAR
Canción del día: 'Work Bitch' de Britney Spears
Los espejos de los tocadores estaban rodeados, desde la cara interna del marco de plástico, por un conducto de luz LED flexible. Era de un radiante blanco neón, perfecto para usar en maquillaje. El tipo de iluminación que no dejaba que ninguna sombra se escapase al ojo. Las lentejuelas del vestido centelleaban como diminutas estrellas ante el baño de luz mientras Chatte practicaba posturas ante el espejo.
— ¿Cómo te sientes?
Chatte dio una vuelta más y se palpó los costados del traje con una lentitud sensual y delicada, sintiendo el tacto de las lentejuelas contra sus dedos.
—Por favor… —gruñó Pharaon, que seguía maquillándose en su asiento. Quería lucir totalmente desinteresada, pero no paraba de lanzarle miradas furtivas a Chatte a través de su propio espejo.
—Pues, siendo sincera, me gusta —respondió Chatte al fin, ignorando a Pharaon—. Aunque me gustaría que la falda fuera un pelín más fruncida para poder subirla. Eso o recortar el bajo de la cola, lo que prefieras. Tal y como está creo que me hará tropezar. ¿Es posible arreglarlo?
Chatte hizo el amago de buscar la cremallera para quitarse el vestido, pero Marinette se lo impidió.
—Espera, espera, esto se arregla fácil —explicó Marinette, rebuscando en su bolso. Acabó dejándolo sobre la silla que Chatte le había ofrecido y escudriñó hasta sacar un estuche de costura rosa, con linares blancos estampados y con dobladillos en negro—. Lo puedo apañar si me das permiso.
—Sí, claro, adelante —contestó Chatte, observándola con interés.
Marinette se acercó a ella e hincó la rodilla al suelo. Abrió el estuche con un gesto ágil y lo dejó en el suelo. Totalmente abstraída por el poder que los hilos y los patrones tenían en ella, consiguió mandar a un segundo plano el nerviosismo y sacar el disco de alfileres.
—Ahora no te muevas —pidió Marinette, dispuesta a poner tres alfileres con rapidez.
Usando apenas un poco de aguja e hilo gris, Marinette aseguró las puntadas que levantaron el fruncido dos centímetros más. A Marinette le divirtió estar haciendo eso, aunque visto en perspectiva era casi una pérdida de tiempo. Alargar la falda había sido uno de los cambios que había hecho en el taller al darse cuenta de que Chatte Noire era tan alta. Al parecer, se había equivocado al corregirla. Nunca puedes asumir lo que están buscando los demás, pensó Marinette.
—Así que era verdad… —musitó Chatte mientras observaba a Marinette trabajar.
— ¿Si era verdad qué? —preguntó Marinette sin levantar la vista.
—Que lo hiciste tú.
— ¿Por qué iba a ser eso mentira? —inquirió Marinette, extrañada.
—La gente se inventa cosas muy raras —dijo Chatte, encogiéndose de hombros—. Eso o las exagera.
—No te muevas —le recordó Marinette, casi sonó como una orden—. Pues no sé los demás, pero no te he mentido. Hice este vestido.
—Así que en lugar de La Princesa y la Costurera, eres la Princesa Costurera —bromeó Chatte, echándose a reír.
— ¿Qué? —preguntó Marinette, quedándose quieta. Miró a Chatte con el ceño fruncido, sin entender.
—Menos mal que sabes cantar, porque tus chistes son una mierda —se burló Pharaon, que luchaba con una pestaña postiza de lo más rebelde.
—Es solo que tengo un sentido del humor demasiado sofisticado —refunfuñó Chatte.
—Tanto como un elefante en una cacharrería.
— ¿Cómo lo ves? —preguntó Marinette, interrumpiendo la discusión. Por lo poco que había visto, aquellas dos parecían tener pocos problemas en lanzarse pullas y Marinette no quería verse en medio.
—Ahora sí, está perfecto —dijo Chatte, sonriendo.
—Perfecto —repitió Marinette, entusiasmada. Cortó el hilo con las tijeras y retiró los alfileres.
— ¿Y de dónde sacaste el diseño del vestido? —preguntó Chatte—. ¿Alguna plantilla?
—No, fue cosa mía.
—Entonces era verdad…
— ¿Qué era verdad? —cuestionó Marinette—. Esta vez.
—Que había una mujer que venía al club a ponerse a garabatear en un cuaderno —rememoró Chatte—. Sin beber alcohol, sin bailar, dándole una patada en el culo a todes les que intentaban ligar con ella… Solo le prestaba atención a su cuaderno.
— ¿Quién te ha dicho eso? —preguntó Marinette, cerrando su estuche y poniéndose en pie.
—Marinette, querida, has estado viniendo aquí una buena temporada, desde el escenario se puede ver todo—explicó Chatte, guiñándole un ojo.
—Ni de coña —negó Marinette, frunciendo el ceño—. Participé en una obra de teatro cuando estaba en el instituto y por culpa de los focos casi no podía ver nada, y no eran ni la mitad de potentes de los que tenéis aquí.
—Pillada —canturreó Pharaon.
— ¿Cómo te enteraste? —insistió Marinette.
—Es un club de reinas, chica —se rindió Chatte—. Aquí todo el mundo habla.
—Te lo dijo André, ¿verdad?
—Bueno, puede que me haya dicho algo.
Para un observador, aquella podía ser una escena interesante. Marinette, que había entrado en la habitación atacada de los nervios, ahora se mostraba tan seria y segura. Chatte, por el contrario, que había dejado en claro su seguridad en sí misma desde el momento en que Marinette había entrado, ahora se estaba acobardando. Era como ver a una ratoncilla peleando con una gata, y la gata estaba perdiendo. Pero Pharaon era la única persona en aquella sala y ella mantenía con uñas y dientes que lo que estuvieran discutiendo esas dos le importaba bien poco.
—Yo me lo cargo —maldijo Marinette, masajeándose la sien—. Luego dice que tiene los labios sellados.
—Solo me comentó algo por encima cuando le pregunté —explicó Chatte, levantando las manos en señal de paz—. El pobre no se ha portado mal. Me fijé en ti porque me eras familiar, luego me di cuenta que eras la que me había defendido en los baños. Vi que solo hablabas con él y tenía curiosidad.
Marinette soltó un suspiro.
—Bueno, pues sí. Soy una diseñadora. O casi. Una casi diseñadora bloqueada. Llevo un tiempo trabajando en un proyecto, pero me quedé en un punto muerto y era incapaz de salir de ahí. No lo hice hasta que vine a este club. Solo… —Marinette suspiró de nuevo, perdiendo el coraje y sintiendo cómo la vergüenza le sonrojaba las mejillas—. Solo se me volvió a encender la chispa cuando te vi actuar. No lo esperaba, la verdad. Mi amiga me trajo aquí para distraerme, pero fue verte y, no sé, fue como descubrir otro mundo.
Chatte se la quedó mirando con evidente sorpresa. La observaba de hito en hito, sin decir palabra, y con la boca ligeramente entreabierta. Marinette se preguntó si el cambio de color que estaba viendo en el cuello de Chatte era rubor, si se sentía tan avergonzada como ella. Pharaon, indiferente al extraño silencio entre las dos, resopló.
—Claro, es que Chatte es tan perfecta, tan bella, luce como Linda Evangelista, es una modelo…
—Cállate de una vez, Pharaon —se quejó Chatte con voz entrecortada. Carraspeó para poder recobrar la templanza y esbozó una sonrisa coqueta—. No es mi culpa haber nacido con la bendición de tres hadas mientras tú tirabas de la maldición de una bruja.
— ¿Se puede saber qué me estás llamando?
— ¿No decías que mis chistes era poco sofisticados? Averígualo tú misma.
Chatte volvió a destinar toda su atención en Marinette. Su sonrisa coqueta se dulcificó al mirarla.
—Eso que has dicho… ¿Quiere decir que soy tu musa?
Aunque aún no se había puesto la peluca ni los tacones, y le faltaba retocarse los labios, Chatte seguía teniendo el mismo encanto felino que demostraba cada vez que se subía al escenario. Una mirada esmeralda capaz de hechizar a cualquiera.
—Q-quizás… —respondió Marinette, nerviosa—. ¿Algo así?
La sonrisa de Chatte se amplió, tan radiante como una niña. Marinette se preguntó si le dolerían las mejillas.
—Entonces, creo que podemos llegar a un acuerdo.
Lunes, 13 de marzo de 2023
¡Hola a todos, lindas flores!
¡Estoy tan feliz de haber podido poner la referencia de Linda Evangelista! Llevo doce capítulos esperando este momento.
Cerimonia Rossa, tanto en twitter como en instagram y en facebook estoy con el mismo usuario: meimicaro.
Con esto y un bizcocho, ¡nos leemos pronto!
