Hola hermosuras, vengo hoy con una historia vinculada con divorcio, reconciliación y alma, es un caso muy común por el que viven muchas parejas pero espero que les guste pues vamos a conocer el pasado de Juvia y Gray antes de su trabajo súper importante y su obsesión por este, veremos a un Gray más humano que expresa sus sentimientos por Juvia y la forma en que los quiere. Bien pues tenemos POV Gray y les presento;

Marry me – Día 28.


¿Es normal que sienta que me estoy derritiendo como si fuera una paleta de agua? El sudor no deja de caer de mi frente, me cuesta dar un paso bajo este caluroso clima y lo único que hace que me sienta mejor es el aire acondicionado del hotel, desafortunadamente es un día hermoso y aunque desearía dormir como oso en la habitación todo el día, ellos querían disfrutar del mar, la playa y el sol.

Hace demasiado calor en esta isla y aunque la brisa sopla calmando un poco la temperatura eso no implica que no me encuentre asando como un pollo, es simplemente algo masoquista aguantar este clima aunque hay que hacer sacrificios para conocer hermosos lugares. Es nuestro segundo día en Hawaii y aún faltan dos pero debo aceptar que este lugar está empezando a gustarme y el sonido de las olas y las risas de mis hijos hace un efecto tranquilizador en mí.

Desde hace tres años no salía de vacaciones con mi familia y es demasiado extraño verme en bermudas, gafas de sol, chanclas y playera floreada después de que tenía que usar traje y corbata todos los días en aburridos lugares, acepto que me encanta este estilo más informal y sin tanta ropa encima, este lugar es perfecto para liberar mi espíritu juvenil, aún soy joven y debo recordarme a mí mismo que no todo es trabajo y estas vacaciones han sacado lo mejor de mí, definitivamente eso es lo que le quiero brindar a mi esposa y mis hijos, alguien fresco que pueda ayudarlos cuando lo necesiten y en el que puedan confiar no importa la situación.

Han pasado cuatro meses desde que decidí renunciar a mi empleo para estar con mi familia y aunque estoy gastando buen parte de nuestros ahorros en estos viajes, deje una suma considerable en nuestra cuenta para la educación de mis hijos y para empezar nuestra nueva vida libres de cosas que nos hagan entristecer o separarnos. Conseguí un empleo tres semanas después donde la paga es buena y en el cual no tengo que separarme de mi familia, es un trabajo menos agotador y mis compañeros son muy agradables, totalmente diferente al infierno que vivía en mi anterior empleo.

Esperamos que los niños salieran a vacaciones para poder empezar nuestros viajes y aunque soy nuevo en la empresa me dieron el permiso para ausentarme por algunos días, son bastante comprensivos en ese lugar y tienen una filosofía que mi anterior empleo no tenía, su política incluye a la familia que es sumamente importante y por supuesto si no hay problemas en el hogar el trabajo será más eficiente y todos salimos beneficiados, mirándolo por el punto psicológico suena bastante razonable.

Antes pensé que sería extraño vivir sin el empleo de lujo que había conseguido pero ahora siento que fue la mejor decisión que pude haber tomado, las cargas de cierta manera han desaparecido y ahora puedo compartir mucho más tiempo con Umi, Suno y por supuesto con mi hermosa esposa que no he dejado de amar ni un solo segundo. Al principio fue difícil decirle a la loca de mi jefa que iba a renunciar pues me amenazó con que iba a dañar mi hoja de vida si lo hacía, pero después de que Juvia le dijera unas cuantas verdades, entre ellas, que no puede separarnos, mucho menos ahora que vamos a tener un bebé. Ella termino aceptando mi renuncia pues no podía manchar su imagen ni la de la empresa con una demanda por acoso laboral, falsificación, calumnia, daño al buen nombre y por perra, exactamente, Juvia no se midió en sus palabras y aunque nunca la había visto tan enojada es bueno saber que me ama y que está dispuesta a hacer respetar nuestra relación de cualquier tercera que quiera arruinar todo lo que hemos construido durante todos estos años.

Odiaba a esa mujer con todas las fuerzas de mi corazón, pero nunca me había dado cuenta de todo lo malo que hacía, todo el trabajo que me ponía y lo lejos que me mandaba en cada viaje, sus únicas intenciones con todo eso era terminar con mi vida familiar, esa loca estaba obsesionada conmigo y yo estaba tan metido en mi trabajo que nunca me di cuenta, ni mucho menos considere que nuestra relación de empleado-jefe llegará a convertirse en algo más, para mí Juvia es la única que despierta cada uno de mis sentidos. Afortunadamente ya no estoy cerca de Briar y espero jamás volver a verla en la vida, por su culpa casi pierdo lo más importante en mi vida y a mi pequeño, mi bebé que crece lentamente en la pancita más hermosa del mundo.

Todo está marchando excelente, Juvia aunque con algunos mareos que llegan a vómitos ha sabido manejar los viajes en avión, a Umi no le ha afectado los cambios de clima y a Suno nunca lo había visto tan feliz, el momento en el que vi más abiertamente sus emociones fue en aquel partido de baloncesto en Nueva York, estoy feliz porque pude cumplir uno de sus tantos sueños, mi niño es muy importante para mí y quiero demostrárselo. También cumplimos el deseo de Umi yendo a Disneylandia que por cierto fue un hermoso lugar, pero ningún país sorprendente se compara con su hermosa sonrisa, para ella fueron las mejores vacaciones de su vida y por supuesto el mejor cumpleaños de su corta edad. Dice que no ve el momento de contarle todo lo que vivió a su mejor amiga Nashi y todas las fotografías de ella como princesa pasaran a nuestros álbumes familiares y quedaran capturados en nuestras mentes por siempre.

Recibo las bebidas frías en mis manos y siento una ligera sensación de satisfacción recorrerme el cuerpo, vuelvo a la playa y ya nunca más olvidare usar sandalias en la arena caliente, mis pies van a resultar quemados y ya empiezan a arderme. Umi sonríe cuando me ve llegar, con sus manitos me pide que le de el refresco y me libero un poco las manos con una bebida menos.

— Gracias papi –Juvia baja sus gafas de sol y me ve para luego sonreír, se acomoda un poco en la silla donde está tomando el sol y ya puedo notar que su blanca piel se está tornando de un dorado bastante hermoso, se le ve estupendo. Debo aceptar que me encanta verla en vestido de baño, me fascina verle la pequeña montañita que ya se puede ver a simple vista en su vientre pero detesto que otros la miren, Juvia es demasiado hermosa y es sola mía.

— Llegaste rápido, amor. –Juvia recibe su bebida sin alcohol y le da un sorbo, su expresión me da a entender que está tan acalorada como yo y que simplemente este no es nuestro clima. Me siento en la toalla para no quemarme con la arena y busco a mi hijo con la mirada, sabe nadar bastante bien pero el mar es traicionero y no me puedo confiar.

Lo ubico rápidamente cerca a un grupo de muchachos, Suno no tardó en hacer amigos en Hawai, es un chico grandioso y lleno de talentos, un joven muy maduro y un gran hijo, agradezco el empujón que me dio para darme cuenta de lo que estaba haciendo mal y todo lo que cuidó de Juvia y de Umi, es un jovencito bastante inteligente. Me siento muy orgulloso de él, poco a poco voy conociendo más cosas sobre su vida, nunca pensé que tuviera tanto talento en el baloncesto ya que solo jugábamos al fútbol o que supiera cocinar tan bien. Me alegré mucho por él cuando lo aceptaron en el equipo y me propuse a mi mismo en ese instante nunca faltar a ninguno de sus partidos. Jugará después de las vacaciones de verano y debo asegurarme de agendar sus partidos para nunca olvidarlos y estar a tiempo en ellos.

De repente sale del agua, se sienta en la playa bajo una palmera con sus amigos y con esa chica que le hace sonrojar las mejillas. Es bastante linda y educada pero aún es muy pequeño para que se termine enredando en problemas tan complicados como estos, los problemas del corazón. Aún sigue siendo un niño para mí aunque ya se esté volviendo un adolescente.

— Papi, está haciendo mucho calor –Le asiento a Umi y le acomodo más su sombrero y sus pequeñas gafas de sol para que la cubran y los rayos del sol no quemen su delicada piel, Juvia se levanta en seguida y busca el bloqueador solar para untárselo por todas partes, mi peli azul es demasiado precavida y nos cuida bastante.

— Solo tengo una duda, amor –La escucho atentamente, siempre me ha gustado la voz de Juvia y dejo que me aplique el bronceador en la espalda suavemente, como solo ella sabe hacerlo. — ¿Qué quieres saber, linda? –Se pone frente a mí y me sonríe, se agacha lentamente y queda a mi nivel en la arena.

— Ya estoy bastante bien en esta parte, pero ¿Cómo me voy a broncear atrás? –Claramente eso me saca una carcajada, creo que debió haber pensado eso cuando está embarazada y no se puede acostar boca abajo o espichara a nuestro bebé. — Creo que tienes que quedarte así –Juvia hace un puchero demasiado infantil y se cruza de brazos. — No puedo quedar así, amor. Todos se van a burlar de mí. –Cruzo los brazos y no puedo aguantar la risa.

— No te burles de mí –Me hace un puchero muy tierno y niego con mi cabeza.

— No me burlo, sólo quédate de pie de espaldas unos minutos, ven te aplico el bronceador. –La piel de Juvia está caliente, esparzo uniformemente la crema en su espalda y finalmente la ayudo a levantarse para que se bronceé. — Voy al mar con Umi unos minutos, si quieres entrar un rato ahí estaremos. –le pongo el flotador a mi niña y me aseguro que este en perfecto estado, después de ese día en el hospital siempre procuro que se encuentre bien y que nada malo le pueda pasar.

Caminamos lentamente al mar y Umi sonríe cada vez que las olas tocan sus pies, juega un poco con ellas tratando de que las olas no la alcancen pero es inútil pues el mar es más rápido que esos pequeños pies, yo mientras tanto voy metiéndome al mar, se siente refrescante y meto la cabeza por un segundo para terminar de refrescarme. Cuando ya se siente muy sofocada, Umi entra al mar conmigo, le tomo las manitos bien fuerte y saltamos por todo el agua. Respondo todas las preguntas ocasionales que salen de su curiosa mente e invento historias de piratas y hadas cuando me pregunta que hay en ese horizonte donde la inmensidad del mar llega pero nuestros ojos no pueden ver.

Mi niña sonríe y trata de no tragar el agua que se levanta con el movimiento, la llevo a conocer una gran parte del mar por la orilla y nos devolvemos para ver si Juvia está bien, sigue ahí de pie, solo espero que su bronceado sea total.

— ¿Podemos levantar conchitas, papi? Quiero llevarlas todas y guardarlas en mi cofre del tesoro. –Asiento y salimos del mar, comenzamos a caminar por la orilla y empiezo a buscar unas grandes y bonitas para ella, tal vez pueda conseguir a alguien acá que le haga un lindo collar y una manilla con las que recojamos.

Juvia se ha cansado de estar de pie y vuelve a tomar un sorbo de su bebida, se pone su ropa para no seguirse exponiéndose al sol y busca un lugar cerca de la sombra de las palmeras. Se acomoda sus gafas y extiende la toalla al lado de una mujer de cabello azul y un joven de cabello negro, abre su abanico y empieza a darse aire mientras ubica con la mirada a Suno, Umi y a mí.

Llenamos un balde para arena en conchitas y vamos donde Juvia, cuando llegamos al lugar Suno está tomándose una bebida al lado de su madre que conversa animadamente con esa pareja, al vernos sonríe y me indica que me siente junto a ella.

— Les presento a mi esposo, Gray Fullbuster –ambos estrechan mi mano dándome su nombre y me siento al lado de Juvia entrecruzando nuestros dedos y poniendo la unión de nuestras manos en nuestro bebe.

— ¿Entonces ya saben que será el bebé? –Asiento y recuerdo las palabras de la dragón como llama Umi a Grandeeney.

— Va a ser un niño –Digo felizmente y acaricio un poco su vientre, desde hace algunas semanas pudimos sentirlo y se mueve mucho dentro de ella, parece que le gusta que lo acariciemos por encima de la pancita de mamá y da pataditas cuando dejamos de hacerlo, va a ser muy consentido.

— Nosotros queremos tener un bebé, lo estamos planeando –Sonrió para mis adentros, los bebés no se planean o al menos ninguno de mis hijos lo fue, aunque ellos fueron lo mejor que me pudo pasar en la vida.

— ¿Cómo te pidió matrimonio? –la jovencita que luce una sonrisa pone un mechón detrás de su oreja y mueve las manos muy emocionada, mis hijos se sientan a nuestro lado para escuchar la historia de la pareja feliz que vemos en frente nuestro.

— Me invitó a París, fue tan hermoso. Bajo la torre Eiffel sacó el anillo y me dijo que quería compartir el resto de su vida conmigo y por su puesto le dije que sí. –Juvia suspira ensoñadoramente, a las chicas les agradan las historias de amor y todas esas cosas, la verdad a mí me parece algo extraño y más porque mi historia con Juvia no fue así, nuestra vida fue algo difícil.

— ¿Y tú como le pediste matrimonio a tu esposa? –La pregunta me toma por sorpresa, no soy bueno contando historias ni mucho menos sobre nuestras cosas, nuestra historia no es romántica y sé que se decepcionaría.

— No es tan genial como la suya –Me apresuro a decir y trato de cambiar el tema pero Umi me mira con sus enormes ojos azules y veo que Suno también está interesado — Cuéntanos papi, el señor Shushu también quiere saber –No sé de qué hueco saca Umi a su conejo pero el pobre está lleno de arena, su carita tiene unas pequeñas gafas de sol y sonrió un poco, creo que nunca les hemos contado la forma en la que formamos una familia.

— Por favor cuéntenos – Wendy sonríe y yo respiro hondamente, ha pasado bastante tiempo desde eso, trece años para ser exactos.

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Sus maletas en la puerta, sus ojos azules en ese momento rojos de tanto llorar y ese fuerte latir de mi corazón solo me indicaban que nos encontrábamos en problemas y que además estábamos completamente solos en el mundo, la abracé apretándola fuertemente contra mi pecho y le dije que todo iba a estar bien, que mientras estuviéramos juntos podíamos superar cualquier adversidad y todas las pruebas que nos ponía la vida. Ella simplemente suspiro profundo y se recostó en mi cuerpo, parecía aliviada por mi reacción y aunque nuestro mundo parecía caerse a pedazos en ese momento yo solo pensaba que era un instante perfecto, estábamos juntos y lo único que sabía era que la amaba con todo mí ser.

Llevábamos tres años de noviazgo, nuestra relación era fuerte y estable. Nos conocimos en la facultad de ciencias administrativas, yo era un chico de campo, recién llegado a la ciudad que buscaba un mejor futuro por medio de la educación, mi padre nunca me apoyó en nada, siempre me dijo que estudiar era una pérdida de tiempo y que era un idiota por pensar que iba a poder seguir adelante en una ciudad tan grande y diferente al mundo que conocía, él pensaba que habíamos nacido únicamente para sacar, sembrar, cargar y trabajar hasta quemarnos las pestañas, pero yo quería mucho más.

Cuando me fui me dijo que no quería saber nada de mí, yo estaba muy orgulloso de mi padre por trabajar y sacarnos adelante, pero odiaba que no me comprendiera, así que llegué a la ciudad completamente solo. Era un gran cambio, pero definitivamente me encantaba todo el desarrollo, la tecnología y la manera en que las personas vivían su vida. Conseguí un trabajo que un chico con la escuela podía conseguir, el trabajo era bastante vergonzoso pero gracias a él pude pagar mi primer semestre de universidad por cuotas y debo confesar que tenía mucho miedo, iba a entrar a un lugar donde había muchas personas mejores que yo y que serían mi competencia en el mundo laboral.

El primer día en la universidad fue solo emoción, trate de poner cuidado a todas las indicaciones que nos daban y aunque todo me pareció perfecto no fue hasta que mis ojos se posaron en lo más hermoso de toda la universidad para saber que fue una gran decisión ir a estudiar en ese lugar. Mi aliento casi desapareció y empecé a temblar cuando ella se acercó a nosotros.

— Lamento llegar tarde –No era la primera vez que me acercaba a una chica pero debo confesar que me volvió un completo idiota, ¿Cómo no? Con ese cabello azul tan hermoso y esa carita de ángel, sin decir que era bastante… Bueno ya saben y había una buena noticia en todo eso, era de mi carrera y podía verla en mis clases.

Sin embargo, no fui el único que se dio cuenta que era una chica hermosa ¿Qué ventajas tenía un chico de campo contra todos eso galanes que sabían cómo expresarse y conquistarla? Exacto, ninguna.

Pasaban los días y yo solo me conformaba con verla, ni siquiera me atrevía a hablarle porque tenía miedo que me despreciara, era toda una señorita de ciudad, bastante hermosa, educada y su padre la cuidaba bastante. Siempre la recogía a la salida de las clases y yo solo me limitaba a espiarla a la distancia, pero para esa época sabía que su nombre era Juvia Loxar, una chica bastante inteligente y que se ganó una beca para poder estudiar en ese lugar, bastante impresionante ¿No? Muchas chicas le tenían envidia y hablaban a sus espaldas, pero solo eran tontas que no tenían nada en la cabeza. Lo mejor de ella era que no tenía novio y que aunque fuera solo en mi mente tenía una oportunidad con la preciosa Juvia Loxar.

Sus notas no se comparaban con las mías, yo tenía poco tiempo por mi trabajo y no podía equilibrar mi tiempo con mis obligaciones, una razón más para que me viera como un idiota y para que fuera un imposible para mí. Yo siempre estaba en problemas pero pasaba los exámenes y me esforzaba por estar a su altura, además si me quedaba en una materia no podía volver a verla así que eso estaba prohibido para mí.

Conocí a mi mejor amigo cuando nos pidieron hacer un trabajo en grupo, claro, desesperadamente quería hacerme con Juvia pero ella tenía una amiga y a mí no me quedo más opción que hacerme con el que consideraban el idiota de la clase, Natsu. Siempre sabía que decir en el momento exacto y como hacer reír a nuestros compañeros aunque los profesores lo odiaban. Poco a poco me fui haciendo muy amigo de él, me cubría las espaldas cuando lo necesitaba y además me ayudaba en los trabajos mientras yo trabajaba para salir adelante.

Todas las noches imaginaba como sería mi vida con ella, creaba escenas en mi mente en el que le confesaba mis sentimientos y ella aceptaba diciendo que siempre espero que yo me le confesara y no la podía sacar de mis sueños, definitivamente me encantaba cada aspecto de esa mujer, hasta esa tímida sonrisa que era la gloria para mí, pero yo era muy tonto y mis estúpidas concepciones acerca de mí no me dejaban acercarme a ella, todo era mental y yo no me daba cuenta de eso.

Natsu estaba enamorado de Lucy, la mejor amiga de Juvia y para él no era difícil acercarse y coquetear con ella, por el contrario yo tenía que aguantarme todos los días de mi vida las ganas que tenía de decirle a esa peli azul que me encantaba porque era una gallina cobarde y era de forma literal. ¿Qué tal si se enteraba que era el pollo disfrazado de alitas boom? Mi padre me enseñó que ningún trabajo es deshonra y que vale más el dinero conseguido honradamente que haciendo cosas malas pero si se enteraba de mi trabajo perdería las pocas posibilidades que tenía con ella. Natsu sabía sobre mi empleo y me decía que eso no iba a ser para siempre y que cuando fuera todo un profesional me reiría de los tiempos malos, pero que era mejor que los de la universidad no se enterarán de mi trabajo o me molestarían por eso y ya me bastaba con ser un cero a la izquierda para convertirme en el hazme reír de toda la facultad.

El tiempo pasaba y yo seguía saliendo adelante, hacer rendir mi dinero era todo un desafío pero todo lo que hacía era con el propósito de ser exitoso y volverme importante. Ese día en el trabajo estaba haciendo bastante calor, decidí ir al baño para refrescarme y me saque la cabeza de pollo. Nunca pensé que ese día cambiaría mi vida tan radicalmente.

Salí del baño, solía colocarme la cabeza adentro de este pero no sé qué pasó ese día, tal vez solo tenía mucho calor y lleve la cabeza en mis manos, no iba a salir del restaurante sin ponerme la cabeza de pollo pero antes de podérmela poner sin ser visto tropecé con alguien.

— Lo siento –Me apresuré a decir pero unos ojos azules me estaban viendo, definitivamente ese no era mi día de suerte.

— ¿Gray? –Pasé saliva y me avergoncé, ese iba a ser el fin de lo que nunca había comenzado entre nosotros y trate de escaparme pero ya no había marcha atrás, de todos modos cuando ella saliera del restaurante me iba a ver.

— Por favor no digas nada. Me molestaran en la universidad –Se cruzó de brazos y sonrío algo maliciosa mientras yo temblaba y maldecía en mi mente el no haberme puesto la cabeza de pollo. — ¿Qué me vas a dar por mi silencio? –Al principio no lo entendí, no tenía nada para darle, a duras penas tenía para comer pero ella sonrió, tal vez mi cara de horror hizo que fuera la única que hablará.

— Me invitaras a salir mañana, eso es lo que pido por mi silencio. -¿Salir con ella? Parecía un sueño pero estaba pasando en realidad, pensé por un segundo que era una interesada pero recordé un detalle, yo no tenía dinero.

— Pero...pero yo no tengo dinero, señorita. –me sentía incómodo, mi voz no sonaba del todo continúa y nunca pensé que la primera palabra que cruzaría con ella fuera en esas condiciones.

— ¿Acaso si salimos a un parque necesitamos dinero? –Negué con la cabeza y ella sonrió, se acomodó sus hermosos cabellos azules y luego me miró directamente a los ojos. — Casi todas las personas exitosas comenzaron desde abajo, confió en que serás una de esas personas, no tienes porque avergonzarte de esto. –El brillo en sus ojos y la forma en la que sonreía fue mi perdición, solo pude quedarme viéndola, era tan hermosa y sencilla.

— Mañana a las dos tengo un descanso de una hora. –Dije después de reaccionar.

— Bien, entonces a las dos será, te espero en el puesto de algodones de azúcar, no te sigo molestando o te regañaran. –Parecía un sueño, pero definitivamente no lo era, desde ahí descubrí que estaba tan loca por mí como yo lo estaba por ella y me encantaba su sencillez, la forma en la que me hacía sentir aunque no tenía muchos bienes materiales que darle, lo cómodo que me sentía con su presencia y lo graciosa que era, tenía bastante sentido del humor y a mí me encantaba escucharla, la amaba y todos los días me enamoraba más y más de ella, poco a poco se volvió una parte esencial de mi vida. Ella era todo lo que necesitaba y lo que había buscado en una mujer.

Tiempo después me consiguió un trabajo como mensajero, ya no tenía que ser el pollo de alitas boom, la paga era mejor y solo tenía que llevar paquetes en una bicicleta. Me sentía a gusto con mi nuevo empleo y en el tiempo que no salían paquetes podía hacer mis trabajos.

Juvia era la novia más preciosa y detallista de todas, también era bastante comprensiva, cuando podía darle regalos lo hacía pero ella no me exigía nada, era una mujer hermosa en todos los sentidos y disfrutaba cada momento a su lado.

Nuestra relación era lo mejor que me había podido pasar, siempre me preguntaba ¿Qué fue lo que me vio? Sin embargo eso aunque me causaba muchas dudas yo agradecía cada día que la tenía a mi lado. Entonces cuando pensé que todo era perfecto nos sucedió algo que no estaba en nuestros planes y que jamás llegue a pensar que nos podría pasar.

— Tengo cuatro meses de embarazo, Gray. –Mi mirada inmediatamente se dirigió a su pancita, ¿Cómo no lo había notado antes? Nuestro bebé ya se notaba, pues su vientre plano ahora tenía una ligera montañita. En nuestros tres años de noviazgo habíamos hablado sobre nuestros planes a futuro, lo que queríamos hacer y por supuesto deseábamos tener hijos pero fue muy repentino, aún no estábamos listos, todavía no tenía todo lo que le quería dar a mi hijo.

— ¿Por qué no me lo habías dicho antes? –se tapó su cara con las manos y rompió en llanto, yo odiaba verla llorar, no podía soportarlo y aunque estaba terriblemente asustado me senté a su lado en el pequeño sofá de mi apartamento y empecé a acariciar su cabello azul.

— Amor, es nuestro bebé. No te voy a negar que es inesperado pero estamos juntos en esto, debiste confiar en mí, juntos hubiéramos pensado en cómo seguir adelante.

— Tenía mucho miedo, Gray. No sabía cómo ibas a reaccionar, aún no entiendo como quede embarazada si me cuidaba. Quiero tener a mi bebé pero tenía miedo que tú no lo quisieras.

— ¿Cómo no lo voy a querer? Es producto del amor que sentimos el uno por el otro, nunca te pediría que lo alejaras de mí, mucho menos que mataras a una pequeña criatura. –Ella me miró con sus ojitos rojos, sus labios esbozaron una pequeña sonrisa y luego volvió a mirar al suelo, se encontraba tan débil, tan triste, tendríamos que hacer sacrificios y ella sería la más afectada en todo esto.

— ¿Cómo es eso que tu padre te sacó de la casa? –Nunca le caí bien a su padre pero él amaba a Juvia, me parecía increíble que hubiera sido tan drástico con ella y la hubiera dejado a su suerte. Juvia no se lo merecía.

— Decepcione a mi padre...Mi madrastra se dio cuenta, además ya no lo podía seguir ocultando, como vez él tampoco se quiere ocultar más, esa mujer convenció a papá para que me sacará de la casa, no tengo a donde ir. No sé qué hacer. –Mordió su labio inferior y volvió a derramar lágrimas, ese llanto que me hacía doler el corazón de solo escucharla de esa manera.

— Amor, cálmate. Esto le hace daño a nuestro bebé. Sabes que no tengo mucho que darles, pero te prometo que haré todo lo posible para que no les falte nada, juntos vamos a superar todas estas pruebas, los tres saldremos adelante...Te amo ¿Lo sabes?–La tome entre mis brazos y ella suspiró abrazándome, se apoyó en mi cuello y asintió levemente con su cabeza, yo me quedé completamente quieto hasta que se calmó, estaba tan asustada como yo y en ese momento éramos el uno por ciento de probabilidad de falla en un método anticonceptivo, sin embargo ya empezaba a amar a mi pequeño y lo daría todo por él.

Claramente necesitaba hacer cambios, mi trabajo como mensajero solo me daba lo necesario para mi, pero a mi hogar habían llegado dos integrantes más, Juvia y aunque el bebé aún no nacía los gastos ya habían comenzado. Los controles médicos eran bastante costosos sin hablar de los exámenes y las vitaminas y algunos suplementos que Juvia necesitaba. Tuvimos que hacer sacrificios, yo más que todo, conseguí un empleo de noche porque no era suficiente con el que ya tenía y si dormía dos horas cada día debía sentirme agradecido. Era el barman en un buen lugar pero el cansancio era algo que no soportaba, las clases se me hacían eternas y tenía que hacer un esfuerzo sobre humano para estar despierto, parecía imposible y muchas veces tenía que salir de clases a echarme agua en la cara porque el sueño era algo con lo que no podía combatir.

Tratamos de ocultar lo del bebé por el mayor tiempo posible pero a los seis meses ya era imposible que los demás no se dieran cuenta que mi hijo estaba creciendo dentro de Juvia, a comienzos de nuestro octavo semestre Juvia siguió estudiando al igual que yo, pero los comentarios eran simplemente devastadores para ella, nuestro bebé era el chisme en los corredores de toda la facultad, todos hablaban a sus espaldas, otros se atrevían a hablar mal de ella delante mío pero lo peor de todo era que los alumnos no eran los únicos que se atrevían a juzgar nuestra condición. Los profesores creían que en su infinita sabiduría eran perfectos y que merecíamos llevar cincuenta piedras en la espalda por lo que hicimos. Juvia no soportó la presión y se salió de estudiar, no podía decir nada para hacerla cambiar de parecer, no me gustaba verla llorar y sus sentimientos eran tan frágiles que rompía en llanto cada vez que la molestaban, no era justo para ella, no eran personas las que se estaban formando en ese lugar y definitivamente la necesitaba en casa, verla después del trabajo era mi motivación más grande y al menos en nuestro hogar solo había amor, no existían malos comentarios.

Juntos decidimos que uno de los dos debía terminar su carrera a como diera lugar, resolvimos entonces que el que debía graduarse era yo, aún me faltaba un año de carrera y aunque yo trabajara duro, no dormía y fingía poner atención en clase, era el que debía sacarlos adelante con un mejor trabajo, mi deber era darles un futuro.

Efectivamente Juvia perdió su beca, pero ella era la que hacía todos mis trabajos mientras yo llegaba a las cinco de la madrugada del bar y trataba de dormir hasta que mis clases comenzarán y así él infierno de mi rutina volviera una y otra vez. De hecho no era el único que debía seguir derecho sin dormir, Juvia trataba de que todo quedara perfecto y se esmeraba bastante para que pudiéramos salir adelante, Juvia y mi hijo eran mis fuerzas para levantarme todos los días, aunque yo sentía que no podía más.

Nuestra situación no era fácil pero logramos sobrevivir hasta que el invierno llegó, hasta ese frío día cuando me llamaron al bar y tuve que salir corriendo por la pesada nieve para ver a Juvia, para conocer a mi pequeño niño que había nacido más rápido de lo que esperábamos. Mi peli azul estaba destruida, dar a luz creo que es un trabajo de mujeres porque nosotros no podríamos soportar atravesar por tantas cosas, bastaba solamente con mirar su rostro para saber que tuvo que pasar por algo muy doloroso y decidí no volverla a hacerla pasar por eso...Ella sonrió a penas me vio y estiro sus manos para que tomara entre las mías a nuestro bebé, a la razón de mis sufrimientos.

Era lo más hermoso que había visto en mi vida y era mío, mi bebé tan pequeño e indefenso, valió la pena todo lo que había hecho por él.

— Aún no pensamos su nombre. –Débilmente Juvia me recordó ese pequeño detalle que olvidamos, mire por la ventana con mi bebé en brazos y vi la nieve caer, por fin después de mucho tiempo era verdaderamente feliz, mi pequeño me hizo recordar que no podía creer en las palabras de mi padre y darme por vencido, por fin iba a luchar por todos mis sueños.

— ¿Qué te parece Suno? Se pronuncia como la nieve y él llegó con ella.

— Suno me gusta, Suno, Suno... –Repitió el nombre de mi bebé hasta que en sus labios se formó una sonrisa y se recostó en la almohada muy agotada.

— Los amo mis hombrecitos. –Sus lágrimas esta vez eran de felicidad y fui cerca de ella, yo también la amaba y con todo el corazón.

Esa noche fue la más feliz en muchos meses pues los malos días llegaron después del nacimiento de mi bebé, la empresa adquirió una nueva tecnología y ya no necesitaban más mensajeros, mis ingresos como barman no eran suficientes y no podía encontrar un empleo que se acomodara a mi horario de universidad y a mí empleo de noche. Gracias a eso los problemas aparecieron, debíamos tres meses de renta, los dueños querían sacarnos de nuestro hogar, nos quitábamos el pan para dárselo a Suno y aunque pasábamos hambre Juvia jamás me reclamó nada, ni me decía que tenía hambre, cada día me recibía con una sonrisa y me preguntaba qué tal había sido mi día, ella debía llevarse todos los honores, Juvia era muy fuerte y lamentaba darle esa vida, todos los días pensaba que ella estaría mucho mejor sin mí, en su casa no le faltaba nada y yo la saque de ella a sufrir, eso me hacía sentir culpable y me dolía mucho tener que llegar a casa con las manos vacías, tener que abrazarla y acostarnos a dormir sin comer nada.

Natsu me ayudaba en lo que podía, pero el tenía sueldo de estudiante y era muy poco lo que nos podía dar y yo me encontraba desesperado, no sabía qué hacer, a veces pensaba que si un rayo me lograba alcanzar mis problemas se solucionarían pero Juvia era mi única razón por la que luchaba, la amaba tanto que no me importaba que me pasaran cosas malas para que ella estuviera bien, como ese día cuando Natsu me dio su almuerzo en la universidad, se lo lleve a Juvia y su sonrisa fue lo único que me importó, ese gesto era más fuerte que mi estómago.

— ¿Seguro que ya comiste, amor?

— Si, Lucy me dio el almuerzo de ella y te traje el de Natsu. –Salí de la habitación y fui donde mi bebé, en cualquier momento me iba a derrumbar y necesitaba fuerzas, tenía que luchar por ellos. Aunque me muriera de hambre y de cansancio ellos eran lo único que tenía, por ellos era un guerrero.

Conseguía comida donde fuera, eran pocos los días donde Juvia no comía pero a veces yo duraba con un pedazo de pan dos días seguidos, ella debía comer bien para poder alimentar a Suno y yo debía conseguir esa comida. El bar a veces tenía sus malos días y los borrachos es algo con lo que nadie quiere lidiar, exactamente el día que Suno cumplió un mes de nacido todo mi interior explotó.

Un borracho me agarro a golpes porque no quería seguir sirviéndole licor, ya estaba muy borracho y yo debía seguir órdenes, por seguridad a personas muy alcoholizadas no se les sirve más trago para que nada malo pase y ese hombre se desquitó conmigo. Estaba tan débil que no pude defenderme, mi cara estaba tan amoratada e hinchada que cuando llegue a casa Juvia casi se desmaya al verme.

— ¿Qué te pasó, amor? –Era legal, odiaba mi trabajo, no poder dormir, tener que vivir con hambre, tener que ir a estudiar mientras no podía tener los ojos abiertos y a veces escuchar a Suno llorar cuando por fin podía dormir solo eran factores que querían hacer colapsar mi pobre cuerpo. No lo soportaba más, no quería seguir en esta situación y me rendí, no quería continuar viviendo así.

— No puedo más, Juvia. No quiero más está vida –caí al piso y me puse a llorar, Juvia se agachó y me abrazó, sus manos temblaban y su carita pronto se llenó de lágrimas también.

— Lamento tener que hacerte pasar por esto –Y sus palabras me dolieron más que cualquier afección en mi cuerpo, más que mis quebrados sentimientos por todo lo que había soportado, sus palabras llenas de llanto superaron todo lo que pensé que era doloroso para mí y ahora lamentaba hacerla llorar, yo era el que debía decir esas palabras, no ella, no cuando había soportado todo por mí y por Suno.

— No, no es eso, Juvia... — Voy a volver a casa de papá, tal vez si agacho la cabeza él me perdone y ya no tendríamos que pasar por todo esto. No tendrías que trabajar tanto y yo podría ayudarte si encuentro un empleo.

— No, yo puedo seguir y sostenernos, ya encontraré otro empleo –Negué en seguida, no podía permitir que Juvia se apartara de mi lado, no cuando ese hombre podía encariñarse con Suno y quitarme a mi familia para siempre, no lo podía permitir.

— Es lo mejor para los tres, no puedes seguir en ese trabajo, mira cómo te volvieron...Yo también no puedo más, te amo Gray, nunca lo dudes pero los tres necesitamos ayuda. –No podía creer lo que ella me estaba diciendo, estaba aceptando irse y dejarme, después que habíamos luchado y comido tierra para seguir adelante, ella estaba tomando el camino más fácil y el que nos separaría.

— Tu padre me odia, pensará que no pude responder por ti, por mi hijo y simplemente me alejara de ti, yo puedo Juvia, solo fue un momento de debilidad, solo quería desahogarme un poco. Volveré mañana al trabajo, solo tuve un percance.

— Es por el bien de los tres, verás que cuando termines la universidad podremos irnos a vivir los tres otra vez. Como una familia. –Tomé mi cabeza entre las manos, estaba tan confundido y desesperado, creía que si Juvia se iba ya no volvería nunca más a mi lado y eso era lo que más me asustaba.

— Yo puedo, Juvia, conseguiré otro trabajo, por favor no me dejes, no quiero perderte.–Juvia se levantó y negó con la cabeza, la expresión en su rostro me rompió el corazón. Se fue a la habitación y se acostó, ya no había nada que hacer, cuando Juvia decidía algo ya no había vuelta de hoja.

— Él te dio la espalda cuando más lo necesitabas, ¿Por qué crees que será diferente ahora? –guardó silencio y yo suspiré hondamente, mis manos temblaban, nunca había sentido tanto miedo en mi vida. Me acosté a su lado y ella volteó su rostro hacia mi, suavemente acarició los golpes en todo mi rostro y sabia mejor que nadie que ella estaría mucho mejor en casa de su padre y yo me maldecía por la situación que la hacía pasar.

— Te amo –Me ardió el corazón al escucharla y rompí en llanto entre sus brazos — Yo te amo mucho, Juvia. ¿Lo sabes? –Le recordé cuánto la quería, ella era lo único real que tenía en la vida y el cansancio, los golpes, las preocupaciones y ese fuerte dolor en mi cabeza me hizo caer dormido rápidamente.

Cuando desperté Juvia ya no estaba, mire el pequeño sofá donde dormía Suno y sabia que se lo había llevado con ella, toqué el lugar, aún estaba caliente y eso significaba que ella acababa de salir, deprimido pensé que era lo mejor para los tres y volví a la cama, era por el bien de los tres, pero eso no quitaba el dolor en mi corazón y las lágrimas que me invadían al saber que Juvia iba a pasar humillaciones en su casa y que en cierta manera iba a ser mi culpa por no poder responder por ellos. Hice todo lo que estaba en mis manos pero parecía que nada era suficiente.

Amaba a Juvia con todas mis fuerzas, la necesitaba a mi lado, saber que ya no iba a estar cuando llegara a casa del trabajo me dolía y no poder ver seguido a mi hijo iba a ser muy difícil. Habíamos soportado mucho juntos, podía seguir por ellos, no los quería lejos y definitivamente no dejaría que maltrataran a mi chica por un pedazo de pan, en casa iba a estar más segura, podía hacerlo, ella solo se asustó por lo que me hicieron y pensó que no podía seguir recibiendo ese trato. Pero yo podía todo por ella, su padre le podía llenar la cabeza de cucarachas y provocar que se separará de mi.

Con el corazón en la mano salí corriendo por las calles frías, la nieve estaba pesada y se me dificultaba caminar pues me quedaba enterrado en los huecos que hacían mis pies en la nieve, en un momento me caí cuando resbale con un charco de agua, mi cuerpo estaba completamente molido, pero no le presté atención al dolor, seguí corriendo detrás de ella, tras mi hijo, detrás de lo único que me importaba. Su casa quedaba bastante lejos y con mis ojos la buscaba por todas partes, con lo que mis hinchados ojos me permitían ver, debería verme tan patético a los ojos de los demás pero nada me importaba, yo solo quería evitar que Juvia se fuera de mi vida.

Tenía un nudo en la garganta y el frío estaba calando mis huesos pero nada de eso me detuvo, cuando llegue a la esquina de su casa tuve que recobrar el aliento pues ya no podía respirar, mi corazón latió fuertemente cuando vi a Juvia fuera de su casa, aún no había entrado y estaba observando su hogar con Suno en brazos.

No dije nada, solo me dediqué a verla desde la distancia, sabía que era difícil para ella, renunciar a su orgullo, aceptar que necesitábamos ayuda y volver al lugar donde la sacaron como si fuera un perro. Por orgullo yo no volví donde mi padre y era un punto para seguirla admirando, iba a hacer algo que yo no había sido capaz.

Juvia siguió observando la casa y abrazó fuertemente a Suno, de repente volteó y camino de vuelta, no entendía que estaba pasando pero fui a su encuentro, ella abrió grande los ojos cuando me vio y aceleró el paso para ir conmigo.

— Perdóname, por favor, pensé que esto era lo mejor, pero apoyarte y estar contigo es lo que haré, solo somos los tres en el mundo, nosotros somos una familia, Gray, y no se abandona a la familia. –Juvia se estaba disculpando, pero yo no tenía nada que perdonarle, eso estaba de más y estaba tan feliz porque me escogió a mi sobre todas las adversidades. Sin pensarlo dos veces me arrodillé en el piso, sabía que Juvia era la mujer con la que quería pasar el resto de mi vida, que definitivamente no iba a permitir que se alejará de mí porque mi corazón se iría con ella. Supe entonces que era el momento, no tenía ni donde caerme muerto pero comenzaría a hacer las cosas bien y si ella aceptaba me haría el hombre más feliz de mi vida.

— ¿Amor, que haces? El suelo está frío –me acerqué mucho a sus pies, no podía tomar una de sus manos porque estaba sosteniendo a Suno así que me armé de valor, no tenía un anillo que darle, ni mucho menos una esperanza de que todo iba a cambiar, pero mi amor era más que suficiente para que superáramos todo eso juntos.

— Juvia, sé que no tengo nada que darles, que mi trabajo no cubre todo lo que ustedes necesitan y que aún somos muy jóvenes e inexpertos para todo esto que estamos viviendo, sé que te he hecho pasar por muchas cosas que no merecías y que te he hecho llorar muchas veces aunque no fue mi intención. Sé que estamos a punto de tirar la toalla pero aquí estamos, juntos de nuevo y no me arrepiento de todo lo que pasó porque ustedes dos son lo mejor que me ha pasado en la vida y lo que único que tengo, juntos podemos aprender a solucionar nuestros problemas. Te amo con todas mis fuerzas, Juvia, sé que estoy loco pero quiero que estés conmigo para toda la vida...¿A-acepta-tarias casarte conmigo? –Mis rodillas se estaban congelando y mi corazón estaba amenazando con salirse de mi pecho, tomé el collar de cruz de plata que había heredado de mi padre y él de mi abuelo y lo estire para que ella lo tomará, ese collar no era valioso pero tenía un gran significado emocional para mí.

Sus segundos de silencio fueron como una daga para mi corazón, luego se agachó a mi altura lentamente con mi bebé en brazos y bajó su cabeza un poco para que le pudiera poner el collar, temblando se lo puse en el cuello y saqué su cabello para luego darle un beso en los labios.

— En la salud y en la enfermedad, en la riqueza y la pobreza, prometo amarte, respetarte y entregarte mi alma, amor. Te juro que seré comprensiva, amorosa, detallista, tu amante y sobre todo tu amiga. Te seré fiel aunque amare a un hombre más que a ti... –Sonrió al ver mi desconcierto y aclaró lo que acababa de decir — Amaré a nuestro bebé con todo mi ser y si, claro que aceptó.

— ¡Casémonos ahora!

— ¿Estás loco? No tenemos todos lo papeles, ni siquiera tenemos testigos, además tienes clase y es la entrega final, amor.

— Lucy y Natsu serán nuestros testigos, casémonos ahora, cuando estemos mejor te juro que nos casaremos por todo lo alto, usaras un hermoso vestido y esas tontas cosas de boda, ¿Te parece? Necesito que sea hoy, no me importa lo demás.

Ese mismo día nos casamos y finalmente teníamos un papel donde constaba que éramos una familia, feliz y más firme que nunca, ese día y el nacimiento de Suno fueron los mejores días de toda mi vida, Juvia se veía preciosa con su mejor vestido, ese azul claro que combinaba con su cabello y el principal testigo de nuestra unión era nuestro bebé que lucía más elegante y feliz que nunca, ¿Yo? Lucía como un monstruo con todos esos morados en el rostro, pero estaba sumamente feliz.

Desde ese instante todo mejoró en nuestras vidas, claro que primero tuve que pasar por un día terrible en la universidad y por uno de los mayores sustos de mi vida, sin embargo después de saber que Juvia estaba embarazada no sé qué sorpresa me asustaría más que eso, pero esa situación que pasé ese día puede llegar a compararse un poco.

Rufus, uno de mis profesores se dio cuenta que yo no era el que hacia los trabajos y me confrontó en frente de toda la clase, pensé que me iban a expulsar de la universidad y no podía darle esa noticia a Juvia cuando estábamos recién casados, no después de todos nuestros sacrificios. Me encontraba sentado en una de las sillas de la oficina del decano esperando mi expulsión inminente de la universidad con ese dolor en el estomago que se me hacia bastante familiar.

— Sabe lo que significa esto, ¿No es así señor Fullbuster? Nuestra institución forma personas con valores, no hombres que pretenden adquirir un título de forma deshonesta. Además, ¿Qué es esa forma de presentarse a la institución? –Apreté mis puños fuertemente y negué con la cabeza, no después de que estaba a punto de terminar mi carrera y brindarle un mejor futuro a mi familia

— Hay una explicación para todo esto, se lo juro –Levanté la mirada y no pude soportar la expresión en el rostro de ese hombre, agaché la cabeza y empecé a jugar con mis manos, no quería contárselo, no quería que nadie aparte de los que nos querían que eran únicamente Natsu y Lucy supieran por lo que estábamos pasando pero si no hablaba en ese momento iba a perder la única oportunidad de recibir mi título y recibir un mejor empleo, debía renunciar nuevamente a mi orgullo.

— Mi esposa acaba de dar a luz, fue un bebé que no esperábamos pero supongo que usted ya conoce la situación por los rumores que se escuchan en cada uno de los rincones de la universidad. Estamos viviendo juntos y nunca pensé que sería tan difícil sostener una familia y mucho menos cubrir todos los gastos que genera mi hijo, verá, trabajo en un bar toda la noche y tengo que lidiar con borrachos que me hacen esto en la cara por una mísera paga, me sacaron de mi segundo trabajo porque una maldita máquina hace el trabajo mejor que yo y no pide dinero, en la tarde cuando no estoy estudiando trato de buscar más dinero para que podamos comer o algo con lo que logre llevar lo necesario a mi casa...Nosotros podemos pasar hambre pero nuestro hijo no lo puede hacer, no tenemos familia o bueno ellos decidieron darnos la espalda, estamos pasando momentos muy difíciles y cómo ve no tengo tiempo para gastarlo en un trabajo como este. Sabemos que tener una carrera universitaria nos brindará un buen futuro por eso hacemos esto, Juvia es la que hace mis trabajos, solo lo hacemos para seguir adelante. Por favor, hemos pasado por tantas cosas que usted ni se llega a imaginar, sé que me merezco un castigo pero tenga compasión con nosotros, se lo pido por favor. –El decano se recostó en la silla y me vio, había relajado la expresión de su rostro pero no podía hacer que mis manos dejaran de temblar.

— ¿Entonces debería darle el título universitario a su esposa? –Negué con la cabeza y tragué toda la saliva que tenía en la boca, pensé por un momento que se había ablandado y había sentido compasión por nosotros.

— No.

— ¿Entonces usted que propone?

— Pienso que debería darme otra oportunidad, si es necesario puedo aplazar el semestre y comenzar nuevamente cuando la situación en mi hogar este mejor. –Cruzó sus brazos y nuevamente se recostó en su silla, meditó por algunos segundos y me miró fuertemente.

— Tiene toda la razón, debe ser consciente que usted es el que se está formando y que su esposa debe dejar que usted haga solo cada uno de los trabajos que le asignan. Con eso claro casualmente hay una vacante en una empresa que tiene convenio con la universidad que se ajusta a su perfil profesional y que le servirá de experiencia, la paga es buena y podrá retirarse de ese empleo que más parece un ring de boxeo. Entrégueme su hoja de vida mañana lo más temprano que pueda y espero que esto no se vuelva a repetir, dígale a la señorita Loxar que la espero pronto en este lugar y como solución a su problema con el docente Rufus él le hará un examen final de la materia, si pasa aprobará la asignatura y si no lo hace la repetirá. ¿Está de acuerdo? –Me falto besarle los pies a ese señor, ese empleo y lo que el decano hizo por nosotros ese día fue el principio de los tiempos buenos y el cambio radical en nuestras vidas. Tiempo después compramos una casa para los dos, los empleos cada vez eran mejores y lo más hermoso y pequeño de nuestras vidas llegó de sorpresa y aunque sus pulmones no nacieron del todo bien, cautivo mi corazón la primera vez que la sentí respirar entre mis brazos. Umi es toda mi vida, mi princesita hermosa. Después de su nacimiento conseguí un empleo que nos hizo millonarios y parecía que los tiempos malos solo quedaron en el pasado.

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— Eso es mucho más romántico que nuestra historia, su amor supero las mayores tormentas, creo que quiero un matrimonio así.

— Te amo –Juvia me abraza y yo limpio sus lágrimas, nuestra boda formal paso cuando estábamos en excelentes condiciones económicas y tenemos un álbum lleno de imágenes de nosotros y su vestido blanco pero para mí nuestra boda civil fue la mejor.

— Y yo a ti, mi princesa. Umi me abraza y Suno cruzado de brazos me observa. — Nunca pensé que habías hecho todo eso por mí –Suno susurra pero para mí es audible, por mi niño hice todo lo imposible.

— Yo daría mi vida por ustedes, ustedes son lo único que tengo. –abrazo a Suno que es algo serio y no le gustan esos tipos de contactos, alzó a Umi en brazos y beso a Juvia fugazmente, mi bebé y ellos tres son lo más importante que tengo y agradezco que Juvia hubiera aceptado casarse conmigo y aceptar a este hombre que comete fallas y errores, al que esta locamente enamorado de ella y que volvería a dar todo por ella y mi familia, al que no le importa perder el trabajo de su vida con tal de tener a su familia con él, al que está disfrutando cada uno de los momentos con ellos en estas vacaciones y por el resto de mi vida, no imagino un mundo sin ella, ni sin mis tres hermosos hijos.


Listo hermosuras, hasta aquí Marry me, les repito que es una situación que pasa muy a menudo, espero que les haya gustado.

Pregunta: ¿Cuál sería la manera ideal para que te pidieran matrimonio o la manera en la que pedirías matrimonio?

Los quiero bastante, Bye.