14. CIRUJANO

Canción del día: 'Moi… Lolita' de Alizée

—Así que era verdad que estabas aquí.

Marinette se sobresaltó ante el repentino comentario a sus espaldas. Giró rápidamente, encontrándose con la mirada llena de curiosidad de André. La purpurina púrpura que le recorría los parpados, ascendiendo por sus cejas como si fueran alas, emitía destellos ante las luces fluorescentes del pasillo.

—¿Es tan raro?

—Un poco, me he acostumbrado a verte en la barra, no aquí atrás.

—Lo haces sonar como si fuera una alcohólica.

—Bueno, eres otra clase de adicta —bromeó André. Levantó y bajó las cejas repetidas veces mientras le sonreía con pillería.

A Marinette le ardió la cara debido al bochorno. Temía que no superara ese día, que su sangre iba a acabar evaporándosele del cuerpo con tanta ebullición en sus venas.

—Me gusta verla actuar, ¿y qué? —se quejó Marinette—. Me ayuda a trabajar.

—Las artistas sois tan raras…

—¿Pero qué me estás contando? Si tú eres maquillador —le recordó Marinette—. Es como si dijeras que tú también eres más raro que un perro verde.

—¡No, no, jamás! —resopló André, apartándose un rizo rebelde de la frente—. Jamás me verás con algo verde, desde luego no es mi color.

—Eres idiota —opinó Marinette, pero aún así se echó a reír.

—Bueno, yo tengo que volver a mi puesto —explicó André—, solo venía a traer un recado. ¿Te han dicho que esperes a Chatte?

—Al parecer quiere hablar de algo conmigo.

André asintió, pensativo.

—Su última actuación debe estar ya por terminar, no tendrás que esperar mucho. Por lo que sé, Pharaon ya se ha pirado, así que puedes ir al camerino si quieres —explicó André, dedicándole una sonrisa burlona—. No tendrás que encontrarte con ella.

—¿Tanto se me nota? —preguntó Marinette, se mordió el labio inferior con nerviosismo—. Antes estuvo a punto de tirarme un bote de laca a la cabeza cuando me vio en el camerino.

—En el escenario el público la adora, pero en el backstage todos hemos tenido encontronazos con ella —aseguró André—. Y ya cuando te ve cerca de sus cosas… A una le sacó la peluca a tirones y por poco la deja sin pelo. Su pelo de verdad.

—Que conste que estaba viendo el armario de Chatte, no el de ella.

—El de ella es imposible, lo cierra con llave cada vez que sale del camerino, pero da igual, son sus manías persecutorias hablando —declaró André, tratando de quitarle hierro al asunto—. Ahora sí que me tengo que ir. Pásalo bien en tu cita con Chatte.

—¡Qué no es eso, pesado!


—Sigues aquí —suspiró Chatte nada más entró al camerino.

—¿No me habías pedido que te esperara?

—Sí, pero la noche es larga, temí que te hubieras largado —explicó Chatte, quitándose los zapatos de dos patadas y sentándose en su silla con un suspiro agotado—. Me quito todo esto y nos vamos, ¿te parece?

—Sí, sin problema.

Chatte trató de darse prisa y Marinette se dio cuenta de que estaba siendo algo desordenada en el proceso. Aunque no sabía si era porque no quería hacerla esperar más o porque ella simplemente era un poco desastre al terminar el día.

—¿Has visto alguna de las actuaciones? —preguntó Chatte, quitándose las pestañas postizas.

—Sí, desde los laterales del escenario —reconoció Marinette—. He preferido quedarme aquí detrás por si el personal luego no me dejaba volver.

Chatte se echó a reír, una tarea complicada al estar aplicándose la crema desmaquillante por toda la cara. Estuvo a punto de darse en un ojo.

—Anne no es tan despistada.

—¿Eso quiere decir que Charlotte sí?

—Pero no le digas que yo lo dije —pidió Chatte, pasándose una toallita por la piel para quitar los restos de crema y de maquillaje que le quedaban—. Pero si a Lotte le insistes en que tienes razón, acabará consultando a Anne. Todo solucionado.

Marinette no prestó demasiada atención a lo último que le había dicho. Estaba demasiado ensimismada en la forma y las proporciones del rostro de Chatte sin maquillaje. Parte del poder del maquillaje drag era su capacidad de transformar de forma tan consumada una cara, pero ver la transformación en vivo y en directo la asombró.

Su piel era de un precioso color cálido, como si la hubiera besado el sol de primavera, pese a que en ese momento estaba enrojecida por frotar con tanta vehemencia. Sus pestañas no eran largas, pero sí eran frondosas y le daban una preciosa caída a la comisura de los párpados. Sus cejas eran rubias, en una definida línea que se arqueaba ligeramente al caer. Con el maquillaje, Adrien aumentaba un poco el tamaño de su labio superior, pero Marinette descubrió que aún así mantenía el mismo arco que tenía por naturaleza. Tenían el mismo color que los melocotones. Y cuando se quitó la media de la cabeza, descubrió que tenía razón. El cabello de Chatte era de un rubio dorado, igual que sus cejas.

No obstante, lo que más extraño a Marinette de lo que acababa de presenciar fue el darse cuenta de que el rostro al natural de Chatte le resultaba familiar y no tenía ni idea de por qué.


Una campanilla de cristal con varillas de metal emitió un tintineo agudo cuando Chatte empujó la puerta para abrirla. Con una ola de aire caliente que procedía del interior, Marinette enseguida se percató del aroma de la salsa de aguacate, el picor que precedía el caldo humeante de curry y leche de coco, y el perfume dulzón del plátano frito. El local estaba lleno de luz gracias a las paredes cubiertas con un delicado papel pintado de flores de loto. La luz de las lamparas rebotaba con la calidez rosa de los pétalos y llenaba la estancia de una luz suave. Para contrarrestar el color, habían colgado marcos con fotografías en blanco y negro de bailarinas de la danza balinesa, de sus trajes tradicionales y las joyas.

A pocos pasos de la entrada había un camarero frente a un mostrador. Después de pagar por la entrada al buffet, Chatte la guió a una mesa ubicada al fondo, junto a una enorme pecera.

—Este sitio parece bastante increíble —reconoció Marinette mientras dejaba el bolso en una silla libre. Era probable que tuviera que quitarse de encima también el jersey si ese calor se mantenía.

—Es el sitio perfecto, la comida está buena y abre veinticuatro horas.

—¿Hace mucho que vienes?

—Desde que empecé en Yas Queen, más o menos —recordó Chatte, encogiéndose de hombros. Él ya se había arremangado su camisa de botones a la altura de los codos, tratando de deshacerse del bochorno—. Es un restaurante familiar, ¿sabías? Antes lo llevaba la madre, pero se jubiló y lo heredaron las hijas. Ellas lo reformaron.

—¿Las conoces?

—Apenas. Suelo venir después de los espectáculos, no es hora de mucha afluencia.

—No sé, apostaría que mucha gente sale hambrienta del club.

—¿Qué quieres decir? —preguntó Chatte, haciendo un mohín indignado. El labio superior se le rizó de una forma tan dramática que Marinette tuvo la burbujeante necesidad de soltar una carcajada presionando su estómago—. Nuestros clientes están muy bien atendidos.

—Venga, Chatte. La gente va a beber, pide algo para picotear, sí, para que la borrachera no les llegue a la estratosfera, pero comer lo que se dice comer, pues no es el sitio.

—Es que a un club la gente no va a comer, va a bailar —dijo Chatte, riendo.

—Pues a eso voy, después de un par de copas y de bailar hasta las mil, seguro que más de uno se viene aquí a comer.

—Faltan un par de horas para eso —meditó Chatte—. Cuando el DJ cierre el chiringuito.

Marinette detectó movimiento a su lado y giró el rostro, encontrándose con la mirada vacía de un pez cirujano que se asustó al verla moverse. Su nado agitado hizo que un montón de peces se alborotaran, creando un torbellino azul cobalto y amarillo eléctrico.

—¿Quieres comer primero o prefieres hablar?

—Preferiría sacarme esa conversación de encima, la verdad —reconoció Marinette—. Me has tenido toda la noche en ascuas.

—Vale, vale —respondió Chatte, riendo.

Chatte era una trampa mortal, decidió Marinette. No solo era una belleza sobrenatural como drag queen, subida a sus altísimos tacones, rodeada por las transparencias y la fantasía que iban con su performance. Yendo con ropa normal también era como observar directamente un rayo de sol. No llevaba nada extravagante: una camisa coral con botones, unos pantalones vaqueros y unas zapatillas. Pero aún así parecía clamar al mundo su presencia. Se supuso que así deberían verse las estatuas neoclásicas de estar vivas, solo que Chatte llevaba ropa.

—Lo acepto —dijo Chatte y fue tan abrupto que logró sacar a Marinette de su estupor para lanzarla a una confusión mayor.

—¿Aceptas qué exactamente?

Chatte sonrió de oreja a oreja, haciéndole entrecerrar los ojos. Había un brillo infantil en su mirada, también una impresión traviesa de la que Marinette no pudo deshacerse.

—Ser tu musa —explicó Chatte.

—¿Por qué nadie usa palabras normales? —se quejó Marinette—. Has sido mi modelo. Mo-de-lo.

—Modelo extraoficial, musa extraoficial, lo mismo es —aseguró Chatte—. Aunque lo de ser tu musa suena muchísimo más romántico.

Marinette se atragantó con su propia respiración, haciéndola toser.

—A lo que iba, seré tu musa si a cambio tú me regalas todo lo que diseñes gracias a mi figura inspiradora.

—¿Por qué todos los que colaboran conmigo quieren la ropa en lugar de cobrar?

—No es tan difícil de entender.

—Pues yo no lo entiendo.

—Pues eso te toca a ti darle vueltas —dijo Chatte, dándose un par de toquecitos en la sien—. Pero ese es mi trato.

—Quiero un pase —negoció Marinette—. Un pase de personal, para el club. Estaría bien dejar en paz a mi pobre cartera cada vez que tengo que entrar.

—¿Si no te hubiera planteado esto, no habrías seguido pagando?

—Sí, pero porque era algo que hacía por mi cuenta y riesgo, sola —enfatizó Marinette—. Si ahora vamos a ser un equipo y te vas a quedar con la ropa, me parece un trato justo. Las telas no son baratas.

—Puedo hablarlo con el dueño —sugirió Chatte—. Es él quien decide sobre esas cosas.

Chatte tenía una sonrisa enigmática que Marinette no supo descifrar.

—Muy bien, trato hecho —respondió Chatte al fin—. Y ahora, deberíamos comer algo antes de que nos echen de una patada. Y asegúrate de comer bien, no voy a dejar que llegues a tu casa temprano esta noche.

—¿Qué tienes en mente?

—¿No sería bueno que fuéramos a vivir la vida, para que "me encuentres el tono"? Es lo que has intentado hacer todas estas noches, ¿a qué sí? —preguntó Chatte al tiempo de ponerse en pie—. Esta noche no vas a dormir, princesa.

Miércoles, 15 de marzo de 2023


¡Hola a todos, lindas flores!

Pues nos ha tomado catorce capítulos, pero ya está, ¡hemos llegado a la montaña rusa! Ahora, a disfrutar de las curvas.

Riko Rojas, intento que sea lo más fiel al mundo drag posible, es una forma de arte, de expresión, de performance, pero al final no es solo que cada drag tenga su propia historia y estilo, es que a veces hay incluso diferencias entre regiones. Y como nunca he estado en Francia, pues me estoy tomando algunas licencias jajajaja. Lo más importante de todo es que te diviertas con esta historia, que los personajes te enamoren y que disfrutes del viaje. Por cierto, esa canción también la pensé yo para meterla en la playlist del proyecto, pero me pegaban más otras y esa salió jajajaja Pero es una canción muy drag, sí.

arianne luna, ¡gracias!

Cerimonia Rossa, y más escenas entre esas dos se avecinan. Me voy a divertir muchísimo jajajajaa.

Pues, con esto y un bizcocho, ¡nos leemos pronto!