15. NOCHE

Canción del día: 'Pookie' de Aya Nakamura

Marinette agradeció para sus adentros, una vez más, haber decidido usar calzado cómodo aquella noche. Y aún así le dolían los pies. Chatte la había arrastrado a la Plaza del Delfín, donde se habían puesto a hacer el tonto y a sacar fotografías con el móvil como si Chatte estuviera trabajando para una revista de moda. Era obvio que el modelaje no lo dejaba atrás, olvidado en las tarimas de la pasarela del club. Fue aún más consciente de ese hecho al verle caminar de aquí para allá, con la soltura de los gatos. Aunque le costaba seguirle el ritmo frenético que llevaba.

—Pero frena un poco, por favor —se quejó Marinette—. Yo no tengo las patas tan largas como tú.

—Ya, la verdad es que les faltó levadura cuando te hicieron.

—Jaja —expresó Marinette en un tono monocorde, poniendo los ojos en blanco—. Qué divertido. Como mis padres son panaderos…

—Espera, ¿es en serio? —Chatte soltó una carcajada—. ¡He acertado y todo! Aunque eso no habla muy bien de ellos al respecto. No saben calcular las medidas.

—Agradece que no tengo una barra de pan con la que atizarte en este momento.

Quizás era porque las pantorrillas le lanzaban pinchazos a cada paso que daba y que se le subían hasta los muslos de una forma muy desagradable, una que se traduciría en unas agujetas horribles al día siguiente; o quizás porque Marinette llevaba ya varias horas hablando con Chatte y había ido relajándose y encontrándose cada vez más cómoda en su compañía… Fuera como fuera, había ido perdiendo poco a poco la vergüenza, algo que parecía divertir a Chatte.

— ¡Perdón, perdón! Me disculpo —dijo Chatte, levantando las manos en son de paz—. Iré al trabajo de tus padres y les pediré su dulce más caro en compensación.

—Entonces tendrás que pasar por casa —explicó Marinette, obteniendo la atención de Chatte—. Mis padres tienen su propio negocio. Está en la planta baja del edificio en el que vivimos.

—Mírala a ella, si eres una burguesa —bromeó Chatte—. Ahora me explico que hayas podido venir tantas noches, a riesgo de tu cartera.

—En todo caso los burgueses serían mis padres, no yo.

—Eso es lo que dicen siempre los hijos de padres ricos.

— ¿En serio? —bufó Marinette—. Mis padres tienen una panadería de barrio. Les va bien en su día a día y tienen encargos, pero ya está.

— ¿Ahora es cuando vas a buscar una barra de pan con la que atizarme?

—Tal vez.

Marinette se percató de la mueca traviesa que se escondía en los labios de Chatte. Intentaba disimular, ponerle cara de angelito, pero el deseo de reírse a su costa parecía ser superior a sus fuerzas y a su coquetería.

—Eres horrible —resopló Marinette, pero aún así sonrió.

—Soy un encanto —defendió Chatte—. Tanto que soy tu musa.

—Vas a seguir con lo de musa hasta el fin de los tiempo, ¿verdad?

—Si supiera coser, lo bordaría en un cojín.

—Pues no espere que yo te lo haga.

—¿Ni de regalo?

—Ya te voy a regalar toda la ropa que haga, tampoco te pases.

—No, no, disculpa, esa ropa será un merecido pago por mis servicios inspiradores —se jactó Chatte—. Un regalo es algo que se da sin esperar nada a cambio, algo extremadamente raro en este mundillo.

—¿Y qué crees que era el vestido que te di hoy? ¿Atrezo?

—¿Una ofrenda? —preguntó Chatte.

—¿Has pasado de musa a diosa, así sin más?

—Las musas eran hijas Zeus y Mnemósine, así que eran diosas.

—Así que todo este rato te has estado refiriendo a ti como una diosa y yo sería, ¿tu devota adoradora o cómo es la historia?

—Viniste a mí, te concentraste mucho en mi imagen y eso trajo de vuelta tu arte de una forma que no esperabas. ¿No es como si vinieras a misa a rezarme para poder seguir tu camino, princesita mortal?

Marinette lo miró con la boca abierta de par en par.

—Primero, te estás empezando a liar con las religiones, segundo, estás muy loca.

Marinette lo dijo con tal franqueza y brusquedad, sin malicia alguna, que a Chatte se le atragantó el aire de la risa. Se dio varios golpes en el pecho mientras intentaba calmar la tos, pero a la vez no podía parar de reír. Acabó lagrimeando un poco, algo que sorprendió hasta a la propia Chatte.

—Oye, ¿estás bien? —preguntó Marinette, empezando a preocuparse.

—S-sí, sí —graznó Chatte. Hizo el esfuerzo de carraspear para detener la tos—. Esto me pasa por ponerme de chula.

—Me alegra que lo digas tú.

—Así que lo estabas pensando, ¿eh?

—Solo diré que el karma existe.

Chatte consiguió librarse de la tos al fin, pero se le habían cubierto las mejillas de manchitas rojizas debido al esfuerzo. Se limpió las lágrimas con cuidado, usando el pulgar.

—Para ser tan mona y tan enana, tienes un nivel de maldad muy elevado.

—Así que ahora soy una alienígena —resopló Marinette, más tranquila al ver que Chatte empezaba a recuperar el aliento con normalidad—. Y tú una diosa. Pues menuda combinación.

— ¿Y sabes qué me dice eso? —preguntó Chatte, pasando un brazo por los hombros de Marinette y acercándose con aire confidente—. Que lo que salga de aquí puede ser extraordinario.

—O estrafalario —replicó Marinette—. Pero habrá que intentarlo.

Domingo, 19 de marzo de 2023