17. HUESOS
Canción del día: 'Blank space' de Taylor Swift
Marinette terminó de subir el último tramo de escaleras y recibió un haz de luz directo a los ojos. Pestañeó con fuerza y entrecerró los ojos, cegada por la repentina luz después de haber subido por aquellas escaleras sin que usar su mano a modo de visera para poder caminar sin tropezarse y atravesar el umbral que daba acceso a la última planta del edificio: El Jardín de las Hespérides, la cafetería favorita de Alya.
Pasó por debajo de las pérgolas de nogal, barnizadas de un oscuro tono ébano que las hacía destacar entre las enredaderas que se enroscaban por sus tablas y sus pilares. Por encima había unas pérgolas mecánicas cuyas varillas de metal se extendían hasta cubrir el jardín con un falso techo los días de lluvia. La cafetería estaba medio llena, así que tuvo cuidado de no chocarse con nadie que ya estuviera sentado en los sofás de mimbre o en las sillas de teca. Alya estaba en su sitio de siempre, un pequeño rinconcito para dos personas junto a la barandilla. La saludó con la mano nada más verla.
— ¡Hola, has llegado! —saludó Alya, dejando su vaso de té helado en la mesa de cristal.
—Espero no haber llegado tarde, había un atasco horrible.
— ¿El accidente de la moto?
— ¿Ya te has enterado?
Alya se encogió de hombros.
—Es mi trabajo.
—Te has enterado por twitter, ¿verdad?
—Que conste que uso twitter para el trabajo —se defendió Alya.
—Claro, claro, no lo discuto.
—Es así como te enteras de las novedades en moda, así que no te me pongas chulita.
—Touché —reconoció Marinette con una sonrisa conciliadora. Le hizo una indicación a la camarera y pidió un cappuchino antes de retornar a la conversación—. ¿Y cómo te ha ido en la convención?
—Está siendo interesante. He podido entrevistar a mucha gente, ir a las conferencias, las ruedas de prensa… —enumeró Alya—. No me dan toda la libertad que me gustaría, pero estoy haciendo un montón de cosas. Aún así, ya me estoy quedando sin dedos de escribir para la web y organizar las cosas para la tele, ¡y esto va a dudar otros tres días más!
—Si hay alguien que puede con eso, eres tú —la animó Marinette—. Además, no estás sola. ¿No vas con algún cámara o algo?
—Sí, pero solo me lo envían durante horas concretas —se quejó Alya—. Para los reportajes y las noticias que saldrán en antena. Los artículos de la web me los tengo que trabajar sola. Aunque quizás eso sea lo mejor. Nino, el cámara que me han endosado, es un plasta. Cada vez que hablo con él es como si me dieran una patada en el estómago.
— ¿Tan malo es?
—Es que es un pesado que vive en su propio planeta, de verdad. A cada que puede me habla de que en un futuro lo entrevistaré por ser un director de cine famoso y… Es que me dan ganas de darle con el micrófono.
—Ánimo con eso —la consoló Marinette—. Si quieres puedo prepararte galletas y bocadillos para estos días. Para que tengas algo que te anime mientras trabajas.
—¿Harías eso por mí?
—Alya, ¿quién fue la que te hizo un kit de supervivencia cuando estabas preparando tus exámenes finales el año pasado? —preguntó Marinette antes de señalarse—. Yo.
—Cierto, me impediste caer en un caos de café y comida basura.
—Y lo volveré a hacer.
—Te estaré muy agradecida, eres la mejor amiga del mundo mundial.
Marinette se echó a reír. En ese momento apareció la camarera con la taza de café humeante en una bandeja. La dejó sobre la mesa con cuidado y Marinette le dio las gracias mientras la veía marcharse.
—Cuando lo dices así vuelves a sonar como la Alya de quince años.
—Que ahora parezca más responsable no quiere decir que haya mandado a paseo a mi niña interior.
—¿Por qué siento que eso es una pulla?
—Que va —respondió Alya, había un retintín extraño en su voz que hizo que Marinette frunciera el ceño—. Para nada.
—Mentirosa —la acusó Marinette, antes de sonreír.
—Bueno, ¿y cómo ha ido lo de la sesión con Juleka? Ya deberías tener las fotos editadas.
—Sí, ya casi están. Estrenaré el mes publicando las fotos en redes y colgando los artículos en la tienda.
—¿Y qué tal con tu trabajo final? ¿Cómo ha sido eso de tener a una reina en casa? —bromeó Alya.
—Pues, tal y como siento todos y cada uno de los huesos de mi pobre cuerpo, pareciera que me han dado una paliza —explicó Marinette—. Estoy agotada, hacía tiempo que no pasaba tanto tiempo pegada a la máquina de coser de forma tan continuada. Ahora que tengo las medidas correctas de Chatte, tengo que hacer ajustes a todos los bocetos y corregir los diseños que ya he llevado a tela.
—¿Y eso por qué? ¿Es también tu modelo de tallaje?
—Pues algo así, teniendo en cuenta que quiere quedarse con toda la ropa que haga mientras la uso de referencia.
—¿Eso no es un poco extraño?
—Es parte del trato —respondió Marinette, encogiéndose de hombros—. Según me dijo, es lo que hacía Rue McClanahan en todos sus trabajos y es el tipo de excentricidad que le gusta vivir.
—Bueno, es una drag queen, lo lógico es esperar que sea excéntrica.
—También que quiera cobrar dinero.
—Supongo que le pagan bien en el club y necesita un armario nuevo.
—Pues va a tener de sobra. Perderé las retinas entre tanto brillibrilli, pero va a tener un almacén entero y a estrenar.
—Mientras lo que te embelese sea el brillibrilli de la ropa y no el de ella, todo bien —comentó Alya.
—¿Y eso qué quiere decir?
—Venga ya, Marinette, que nos conocemos. Tienes una debilidad especial por la belleza. No en un sentido superficial —explicó rápidamente Alya—. Pero te pierdes ante esa gente que, ya sabes, brilla con luz propia. Mira lo que te pasó con Luka. Te quedaste tan tonta después de que te escribiera esas canciones y te mirara con esos ojos de lobo solitario…
—Era una adolescente.
—Hay cosas que no cambian —aseguró Alya—. Y tú eres una enamoradiza y de las peores porque siempre te metes en movidas que están destinadas al fracaso. Y en este caso es peor, ¡es una drag queen! Seguro es gay. Deberías mantener los pies en la tierra y no dejar que te lleven las mariposas.
Marinette se echó a reír.
—Eso no va a pasar, Alya. Por mucha broma que haga sobre que es mi musa, esto es solo trabajo —dijo con una tranquilidad que, en el fondo, no sentía.
Como bien había dicho Alya, Marinette contaba con un historial y una suerte en el amor bastante pobre. ¿Se pondría la zancadilla a sí misma de nuevo y lo echaría todo a perder? Aunque no permitió que eso se viera reflejado en su sonrisa, le preocupaba.
Domingo, 19 de marzo de 2023
