Lamento si el capítulo es algo corto, para nada, lo que pasa es que aquí se dan los pasos necesarios para que la historia se desarrolle plenamente y pues no podía escribir más de lo que era necesario :D NOS LEEMOS!

Raya gris: cambio de escena

Mujeres Divinas Capítulo 2

-Y dime Syaoran- Eriol tomó otro trago de whisky, no porque tomaba té por las tardes significaba que no era un bebedor de competencia.

-¿Huh?- Alentó Syaoran, tomándose la bebida de un solo trago.

-¿No te trauma y perdón por la palabra, estar desvirgando jovencitas para el casino?-

Syaoran pidió otro trago cargado, y en cuanto llegó se lo bebió entero antes de hacer ademan de contestar.

-Ha, veo que sí te afecta- Dijo Eriol viendo la muy bien escondida desesperación de su amigo por emborracharse y no saber más.

-Cállate, es una situación muy comprometedora, las mujeres son tan podridamente sentimentales-

-Qué amargado eres compadre- A Syaoran le dio un tic en la ceja, pero al parecer se le ocurrió algo sensato, o bien una estupidez ya que dejó de tomar su trago súbitamente.

-Sólo hablo por mí mismo, pero al parecer a ti ya te pusieron soga- Syaoran miró por el rabillo del ojo a su compañero de mesa cuando esté se atragantó con el alcohol.

-¡¿Qué?!-

-Es de las mías… ¿Verdad? No es de caballeros tan refinados como tú ir a un casino casi todas las semanas. La gente comenzará a hablar…-

Eriol iba a alegar, pero Syaoran no lo dejó hablar.

-Te conozco Eriol. Dime quién es, y te la doy por una noche sin cargo- Eriol se indignó.

-No solo se trata de lo que tú piensas, hay cosas más fuertes que eso. Y si así te encargas de ellas, pues pobre de Yamazaki que te ha confiado a su hermana- Eriol se levantó dispuesto a irse, soltando unas monedas de propina. Pero Syaoran lo detuvo agarrándole la orilla de la manga.

-Está bien, está bien Eriol, no usé las palabras correctas. Sabes que yo no falto nunca a mis promesas- Eriol se sentó de nuevo resignado.

-¿Sabes? No soy tan monstruo como muchos creen. Tomoyo aún no ha sido tocada, ni siquiera por mí. Ella me dijo que esperaría al hombre correcto, y yo accedí. No podía negar darle el trabajo a una mujer tan atractiva y suspicaz. Pero tú no sabes nada, si lo cuentas se van a abalanzar como ella como una presa indefensa-

-Sí, entiendo…¡Espera! ¿¡Tomoyo que tiene que ver!?- Eriol se enrojeció como tomate, al ver que el solito se había echado de cabeza, y por la sonrisa ladina y ganadora que le dio Syaoran.

-En parte no la toqué porque sé lo que sientes por ella. Sólo contigo tengo tantas consideraciones así que siéntete agradecido- Syaoran volvió a dedicar atención a su trago medio vacío, perdiéndose por completo la mirada de sorpresa que tenía Eriol, algo que pocas veces se veía en el. Syaoran podía tener su lado bueno cuando quería. Aunque probablemente sólo él se había percatado de eso.

Era evidente lo que le faltaba al comerciante más poderoso de lugar, y es que ya lo tenía todo, todo lo material que uno alguna vez se podría soñar con tener y sin embargo a veces uno aprende que eso no es lo más importante, si no el amor. El amor que te llena por dentro.

Entonces recordó una conversación de años atrás:

-Eriol ¿Te cuento un secreto? Es algo que quiero hacer cuando haga mi fortuna-

-¿El qué Syaoran?-

-Te diré porqué quiero una casa tan grande con jardines y bellas habitaciones-

Sonrió para sí.

-Oye Syaoran, malas lenguas me han dicho que hoy en la noche llega un cargamento de esclavas de Murray. Para compensarte por haber cuidado de Tomoyo me gustaría traerte alguna mujer para el casino. Murray siempre trae bellezas exóticas de sus viajes, y atraería más gente. ¿No crees?-

-Nunca me ha gustado tratar con ese comerciante de esclavos… pero ya que estás tan generoso aceptaré tu oferta. Eso sí, ya sabes que es lo que me gusta; cabello, cuerpo, manos y labios. Lo demás va de tu cuenta-

-Claro amigo, conozco tus exigencias.- Ambos brindaron por sus negocios prósperos y acabándose otra botella de whisky. ¿Bebedores expertos huh?

Una media hora más tarde, salieron de la cantina, Syaoran se dirigió a la hacienda para preparar todo para una nueva concubina, y preparar unos documentos que necesitaba un barco para zarpar con telas hacia el Medio Oriente, el nunca descuidaba sus negocios. Mientras tanto, Eriol se apresuró a llegar a la Plaza Principal.


-¡Vamos perros! ¡Amarren éste maldito barco al muelle! Tengo cosas que vender- Exclamó con sorna echándole una ojeada a la preciosura de mujer que tenía amarrada con el brazo a la cintura. Sakura el entrecerró los ojos con rencor.

Había aprendido que esa "fierecilla" como le llamaba no se escaparía si la agarraba de esa forma de una manera algo divertida sádicamente hablando, en aquella isla donde la capturó. Y es que fueron sus ojos verdes brillando entre el caos de las batallas y explosiones lo que le maravilló.

Pero la avaricia le ganó para la suerte de la muchacha, sería mejor venderla.

La bajó casi arrastrándola del barco, y luego por el muelle. Llegaron a la Plaza Principal, donde la amarró de las manos con una cuerda que lastimaba su delicada piel, halándola como un perro y gritándole que se moviera si no quería terminar muerta a golpes.

Se subió con ella a una tarima donde muchos otros más corrían el mismo destino que la pobre chica que humillada y cansada, solo la mantenía viva la promesa con su prometido. Sólo eso la hacía no querer quitarse la vida.

Por lo menos en ese momento.

Fue entonces cuando Eriol, buscando algo que le interesara para su amigo la divisó en aquella tarima. De lejos, parecía un bello ángel, los ropajes raídos que traía no opacaban para nada su belleza infinita.

Entonces se dispuso a buscar en ella las características esenciales que requería; cabello, un color caramelo brillante y lacio; labios, rosas, carnosos y a la vista delicados como fino cristal; cuerpo, completamente fuera de discusión, aquella chica era una diosa; manos, tenía que ser una broma, la chica poseía manos de cortesana; conclusión ¡Perfecta!.

Eriol se apresuró a llegar hasta la tarima a empujones, donde inmediatamente le dirigió la palabra al negro que reconoció como Murray.

-¡La compro!!!- Gritó a pulmón Eriol.

Murray dejó salir una sonrisa avara, bajándose de la tarima y susurrándole a Eriol quien se incomodó un poco por la cercanía de aquel hombre que decían era peligroso.

-Es virgen caballero, más vale que ofrezca un buen precio- Dicho esto se alejó de Eriol para mirarlo de frente a la cara. El inglés no podía creer tanta suerte, por lo que se liberó de dudas.

-¿Cómo puedo creer en su palabra?- Inquirió Eriol. Murray levantó una de sus manos, mostrándole al caballero sus dedos índice y medio. Eriol lo miró espantado.

-Lo he comprobado- Eriol palideció y de inmediato volteó hacia la chica quien le rehuyó la mirada.

Syaoran tenía razón, éste hombre estaba demente, y era el diablo.

-10 mil pesetas de oro- Eriol sacó de su bolsillo una bolsita de tamaño considerable, la puso en la mano de Murray quien de inmediato notó lo mucho que pesaba la bolsa. Convencido que no bromeaba en darle tanto dinero jaló a la chica por la parte de la cuerda que él sostenía, espantándola y bajándola de la tarima con brusquedad excesiva. La chica soltó un quejido de dolor pero Murray ni siquiera la volteó a ver. En vez de eso le extendió a Eriol el pedazo de la cuerda con la que la jalaba.

Eriol evidentemente indignado y molesto por la crueldad de aquel hombre, tiró la cuerda y desató las muñecas de la chica. Sakura lo miró por primera vez a la cara, dándole unas leves gracias para luego dirigir su atención en sobarse las muñecas.

-Vamos- Eriol la sacó de la gente tan rápido como pudo, dirigiéndose hacia la casa de su amigo.

-Jo-joven… ¿A dónde me…- Eriol volteó para mirarla, alzando su mano para quitarse un poco de sudor de la frente, pero lo hizo tan de prisa que Sakura pensó que la iba a golpear callándose de inmediato , como le habían hecho los hombres del barco. Eriol lo notó.

-¡Oh no! ¡Por favor! ¡Nunca le alzaría la mano a una dama tan bonita como usted! ¡Ni a ninguna otra!- Eriol se disculpó con ella atropelladamente, pero en el fondo pensó, que le habrían hecho para capturarla, y como habría sido de tormentoso su viaje como para haber tenido esas reacciones.

Aunque al ver como la trataba el Mercader de esclavos, no se extrañó más. ¿Cuál era la historia de ésta chica?

Sus pensamientos fueron interrumpidos al sentir como la chica se desvanecía en el suelo. Inmediatamente se dispuso a ayudarla a levantarse, pero se detuvo extrañado al ver que estaba llorando.

-¡Dios lo bendiga joven! ¡Tenía tanto miedo! ¡Estaba tan asustada! ¡Y al no conocer a nadie y haber sufrido tanto usted… yo, yo pensé que…- Eriol pasó una mano por sus mejillas y se sintió enfermo de su género ahora que la veía más de cerca y notaba todos los raspones, moretones y hasta mordeduras que tenía.

Le extendió su pañuelo y cuando ella lo tomó, aprovechó para ayudarle a levantarse.

-No te preocupes, con nosotros estarás a salvo.-

-¿Con nosotros?- Preguntó tímidamente cuando continuaron su caminata. Eriol no le volvió a hablar, no contestó hasta que estuvieron frente a una gran barda decorada a lo barroco con bastantes detalles dignos de alguien acomodadísimo de dinero que fácilmente ocupaba una manzana de calle.

-Con Syaoran Lee, el que te compró y conmigo, su amigo y servidor Eriol Hiraguizawa-

-¿Joven Hiraguizawa?- Preguntó Sakura aún un poco retraída.

-Dime Eriol querida, puedes confiar en mí, al igual que en la gente que vive en ésta hacienda y Syaoran, el te protegerá de todo. El techo donde dormirás es de él y ésta es su casa-

-¡¿Esto es una casa?! ¡¿Quién tiraría tanto dinero como para hacer una casa como esta?!- Eriol se rió al recordar que todos pensaban igual que ella o habían dicho lo mismo la primera vez que vieron la casa. Pero sólo Syaoran y Eriol conocían la razón por la que la casa era tan grande y tan preciosa. Éste último pensaba que con la llegada de ésta chica esa situación pronto cambiara. Que él sentía que así era. No había sido gratis el que él se hubiera ofrecido a ir en busca de una chica para el casino. El quería que su mejor amigo encontrara el amor, como le había pasado a él.

Entraron en la casa, donde les recibió un viejito llamado Wei, el mayordomo principal.

-Ésa Sakura, es la persona que "Tiraría su dinero en una casa como ésta"-dijo Eriol arremedando, a lo que Sakura rió un poco sonrojada- y que puso su dinero para comprar tu libertad a ese hombre. Le debes mucho como tu mejor que nadie sabe, así que pórtate bien con él.- Terminó su frase ya hablando en serio.

Al frente de ellos, en una de las mezas de la terraza que servían para el casino estaba sentado el joven y soltero codiciado magnate y dueño de casi todo lo que salía y entraba del puerto. Incluyendo ahora a Sakura.

-Syaoran Lee- Exclamó ella, reteniendo su mirada un segundo fugaz con la de él, quien se levantó dispuesto a recibirlos como anfitrión de la casa que era.

Y así es como esta historia comienza de verdad.