-¿Están ya hechas mis maletas?- Preguntó con voz distante, pensando en asuntos delicados mientras rebuscaba en todos sus cajones de su escritorio para asegurarse de que no olvidaría nada.

-Realmente espero no olvidar nada…- Aquel sueño de hombre de ojos miel aún hablaba más para sí.

Sakura, parada en la puerta abierta de par en par del despacho de ese joven acaudalado y de algunos días para acá sombrío. Soltó un suspiro.

-Sí, Señor Li- Su cara inexpresiva, su voz inexpresiva tan impropias de ella, ya no hacían que Syaoran volteara a verla con sorpresa o evidentemente dolido. No, ahora solo era un pinchazo en el corazón que lo hacía olvidar por momentos lo que estaba haciendo.

-Bien- Asintió Syaoran fingiendo seguir buscando papeles para no tener que mirarla directamente a los ojos… hacía un rato que los había encontrado.

-Me retiro entonces, que tenga un buen viaje- Sakura hizo una reverencia y se giró sobre sus talones para retirarse. ¿Eso era todo? De verdad que lo hizo sin decir más. Fue entonces cuando Syaoran volteó abruptamente su rostro hacia la puerta con el espacio vacío en donde se suponía que debería estar la o ji-verde sonriéndole.

El magnate se dejó caer sobre su sillón de cuero cuando se encontró solo. Entonces alguien tocó la puerta de por sí abierta.

-¿Puedo pasar?- Eriol le miraba curioso y a la vez intrigado desde la entrada.

-La puerta está más que abierta Eriol y no estás gordo- Dijo Syaoran con sarcasmo.

-Así que el gran comerciante Syaoran Lee, se hará todavía más millonario, ¿Te irás hasta China a adquirir más barcos?-

Syaoran abrió la boca para responder desinteresadamente, pero se arrepintió y torció sus labios en una mueca, deliberó un poco antes de responder con toda sinceridad:

-A veces me pregunto por qué hacerme de una fortuna tan inmensa si de todas maneras no habrá a quien dejarla, todo mi dinero se derrochará en gente ambiciosa y mi casa se convertirá en ruinas… al igual que mi sueño- Eriol miró serio a su amigo, preocupado por el sorpresivo comentario. Su amigo no solía ser tan pesimista. Hace algunas semanas solía hablar con gusto sobre todo el dinero que adquiriría.

-Syaoran, te enfermarás si sigues pensando tan pesimistamente. ¿Es por la señorita Sakura, cierto?-

-Desde el día en que le pedí que se quedara sé que se siente prisionera…-Eriol alzó una ceja, como si le hubieran dicho lo más increíble del mundo- …Esta bien, acepto que le quité su libertad, que me he negado a pesar de que una vez se postró ante mis botas –

-¿No has pensado que lo que tenías que hacer ya está hecho? Le salvaste la vida, ahora ella ya es capaz de volver a su vida normal, mandémosla en un barco a su casa y listo- Eriol se acercó a su asiento sentándose delante de él en el piso.

-Me enamoré de ella-

Eriol alzó la vista mirando a Syaoran que se había perdido en sus pensamientos, reflejando un haz de luz en sus lentes por la luz que entraba por las ventanas, "No codiciarás los bienes ajenos" ¿El codiciaba la mujer de otro?

Mucho más que eso…

-¿Cuánto tiempo te vas?-

-Yo calculo unos 2 meses de viaje…Espero que cuando regrese todo esté en orden ¿Cuento contigo?- Syaoran se paró de su mullido asiento acercándose a su amigo para verlo mejor. Eriol le sonrió abierta y profundamente; Eso ni preguntarlo, sabía que siempre contaría con él.

El inglés se puso también de pie y ambos salieron del despacho, el día era despejado, excelente para viajar por barco, la brisa soplaba, lo cual izaría las velas con facilidad y los pájaros cantaban pero había algo que descuadró el día perfecto.

Sakura platicaba con el nuevo administrador de la hacienda muy animadamente. Ella estaba sentada en el poso de piedra que estaba en el centro de la terraza mientras "Yue" le ayudaba a sacar la pesada cubeta de agua. Los ojos de la preciosa mujer brillaban como el sol como hace tiempo no lo hacían, de hecho, creo que jamás se vieron tan intensos, tan verdes, tan felices. Eriol lo había notado, pero no sabía si sería correcto contárselo a su amigo.

El joven oji-azul volteó a ver instintivamente, descubriendo en su amigo la cólera en vida. Syaoran volteó la mirada hacia el pasillo caminando con más prisa de la que le hacía falta. Hecho alma que lleva el diablo llegó hasta el poso, conteniéndose sólo porque no era ése su prometido y porque era su administrador.

No podía negar que hacía un excelente trabajo con las cuentas de su ganado y la casa así que matarlo a balazos no sería muy justo.

-Tsukishiro- Llamó Syaoran, limpiando un poco de su mente el veneno que dejo escapar de ese nombre. Yue dejó de sonreír y se dio la vuelta para ver a su patrón, había notado el tono despectivo, casi inteligible pero que ahí estaba.

-¿Si, Señor?-

-Nos vamos ya- Ordenó secamente como si tratándolo como perro se le aliviara la rabia que sentía que le ponía a hervir la frente.

Tsukishiro, como el mismo se había prometido, no se dejaría intimidar por nadie así que se hizo el de oídos sordos, se tragó las ganas de golpear al tipo éste por ser tan obviamente posesivo con SU prometida y respondió dócilmente.

-Como desee…-

Syaoran asintió y se giró para ir a la entrada principal, ahora tranquilo de que esos dos no estarían hablando mucho tiempo más.

-¡Syaoran! … ¡Se-Señor Lee!- Llamó Sakura, cambiando repentinamente la manera de dirigirse al bello espécimen. Tanto Yukito como Syaoran tenían el ojo pasado de cuadrado y con la mandíbula en el suelo.

-Por favor… por Dios… quiero irm…- Un grito de desesperación la calló.

-NI SE TE OCURRRA- Syaoran estaba arto de que ella se quisiera escapar de él como si fuera un monstruo sin sentimientos cuando estaba seguro de que nadie más la querría como él, se volteó de inmediato para echarle en cara una última advertencia antes de dejar la hacienda, pero lo que se encontró…

Sakura estaba en el suelo, con su vestido despilfarrado por todos lados, cubriéndose la cara con sus manos. Lloraba inconsolablemente.

-¡Syaoran!- Eriol se acercó bajando corriendo las escaleras al ver desde el balcón que Syaoran había hecho llorar a la pobre muchacha.-

-¿¡Que has hecho animal?- Yukito estuvo a punto de soltar esas palabras de no ser porque el Joven Eriol se le adelantó.

-Mi ansiedad por irme crece al grado de desesperarme y usted no lo entiende… ¡SE QUE LE DEBO MIVIDA! ¡Pero no se puede comprar el corazón! ¡Lo odio tanto maldita sea!-

Bueno, para una señorita de sociedad en esos tiempos… maldecir era una blasfemia para su género…

Yukito estaba perplejo, no podía creer que Sakura en verdad había callado a un hombre, cuando antes no era más que una chica que hablaba cuando se requería y bonita. Eso le hizo enamorarse más, estaba convencido que no había otra mujer para él, y nunca la habría.

El chico de cabellos plateados le acercó una mano a Sakura mirándola con ojos de admiración y a la vez preocupación. Ella aceptó la mano y se paró arreglándose las enaguas y limpiándose los cachetes con sus pequeñas y delicadas manos.

Syaoran se volteó para no ver más esa escena… con sus puños apretados y sus nudillos blancos, parecía que se le rompería la piel. Entonces, súbitamente, su cuerpo se destensó. Suspiró. No podía mantenerla como un pájaro enjaulado, haciendo que la persona que ahora más amaba, lo odiaría el resto de su vida.

-Bien, muy bien. Tan pronto cruce yo esa puerta, eres libre-

Sakura pestañeo entre restos de lágrimas como si lo que hubiera ido proviniera de una voz extraña y sobrenatural, sorprendida.

Entonces se giró sobre sus talones, la traspasó con una sonrisa triste, y unos ojos cálidos, un semblante de alguien que Sakura jamás había visto… tan dulce y a la vez tan trágico.

-Es una lástima que "La habitación especial" haya perdido a la candidata perfecta-

Eriol abrió de golpe los ojos.

Y en ese instante, Yukito lo supo. Él patrón se había enamorado perdidamente de Sakura y por lo mismo la iba a dejar ir, a buscar a su prometido. Tenía que aceptarlo, lejos de ser el patán que por fuera caracterizaba, era una persona honesta, y por lo que había aprendido y no quería reconocer, una buena persona. Se ganó su respeto.

Sakura se llevó ambas manos a la boca y se le llenaron los ojos de lágrimas, en realidad ella no tenía idea… no tenía idea de lo especial que ella se había hecho para Syaoran Lee, pensaba que era solo carnal la atracción, que el que se quedara era un mero capricho de ese joven, pero en realidad la retenía porque ¡El la consideraba la candidata perfecta para madre de sus hijos! ¡La respuesta a su soledad!

Syaoran se dirigió a la puerta principal sin decir otra palabra, sin decir adiós, sin desearse suerte en la vida, seguido de Eriol que continuaba perplejo. Le parecieron segundos de eternidad a Sakura en lo que Wey cerró la enorme puerta, y como última visión a esas dos personas que tanto le habían ayudado.

¿Eso fue todo? Era libre si, ¿Pero porqué ella no sintió la felicidad que esperaba? Ni siquiera la emoción de Yukito cuando no hubo nadie a su alrededor logró embargarla.

Mientras el sol se dormía en el horizonte, Syaoran por fin llegó al puerto luego de haber tardado horas en la administración del puerto, ya ven, magnates, millones de monedas de plata, oro y cobre sin mucha protección en tierra, si…había que hacer muchos arreglos.

-¡Maldita sea! ¡Soy el dueño carajo! ¿ Sabe usted lo mucho que me está atrasando? ¿El dinero que estoy tirando?- Y usted seguramente no me lo va a reembolsar- Syaoran azotó ambas manos en el escritorio del contador del puerto haciendo volar algunos papeles que Eriol recogió sin molestia ya acostumbrado al temperamento de su amigo.

-Señor… discúlpeme pero, tiene que venir a fuerza su Administrador, si a él a quien se le va a entregar todo el papeleo de transacciones de dinero de sus barcos si a usted le pasa algo en mar abierto- El señor sudaba frio y le temblaba la voz, trataba de hacer entender a ese imponente magnate como si su vida dependiera de ello.

-¡Ya le dije, POR ÚLTIMA VEZ! ¡Eriol Hiraguizawa se hará cargo de todo! ¡Así que o pone su firma o…-

-Señor le recuerdo que sin mi autorización no puede hacer ningún movimiento de su barco, si no quiere multas, tiene que firmar su Administrador, por cuestiones de seguridad- Por fin el miedoso contador se puso fiero, y antes de que Syaoran le amenazara con dispararle entre los ojos Eriol habló.

-Perdemos más tiempo discutiendo con esta gente que no entiende que nosotros alzamos la economía de este puerto Syaoran, por eso ellos están aquí sudando como cerdos en oficinas de madera y nosotros estamos tomando Whiskey en nuestras haciendas, bien, iremos por el Administrador-

Syaoran soltó un sonoro bufido de estrés y se dio media vuelta yéndose por donde vino con Eriol atrás sin su acostumbrado protocolo inglés de hacer reverencia o dar las gracias. Era su forma de expresar que estaba al igual que Syaoran muy enojado.

Mientras, en el silencio de aquella oficina que quedó, al contador se le infló una vena del cráneo medio pelón y dijo sisañosamente.

-Esta es la última vez que me insultas Syaoran Lee, ganas no me faltan de dispararte un rifle en la boca hasta que no quede nada de tu cabeza… pero yo no puedo hacer el trabajo sucio.-En ese instante chasqueó los dedos, y las personas que estaban en esa oficina, mal aspectos, se pararon con pistolas, espadas y rifles. - Persíganlo cuando venga de regreso, intercepten la calle , no dejen avanzar su caballo y mátenlo, también al maldito inglés. –

Sakura estaba en su cuarto, haciendo un pequeño bolso con sus pertenencias, y ahora que lo pensaba, todo proveído por Syaoran. Ropa interior, y un vestido sencillo que le insistió a Syaoran en aquellos tiempos donde todo su mundo flotaba sobre las nubes, y alrededor de él, que ese "prendajo" no era propio de una jovencita de sociedad.

De sociedad…

Ella sólo era una chica campesina que alguna vez vivió en una isla tropical, y la posesión más valiosa que tendría era su anillo de compromiso. Aunque no valía tanto dinero comparada con los aretes, brazaletes, tocados, collares, y vestidos de mil colores que Syaoran le daba, nada era por lo material, si no que él se lo daba con un cariño tan especial , que sólo hasta este día se dio cuenta… que era amor. Verdadero Amor.

Cuando llegó a esa hacienda por primera vez, cuando lo conoció a él, una persona difícil de descifrar, que parecía tan huraña… hacía años había creado, cuidado, adornado y atiborrado con esmero un cuarto precioso. Un cuarto para el que ella o cualquier otra mujer parecía infinitamente indigna, dada aquélla chispa, aquél sentimiento de melancolía que embriagaba el lugar cada vez que hablaba de casarse y tener una familia , que hacía latir el corazón tan rápido de tanta devoción hacia una persona que aún no conocía. El, ese hombre que parecía tan frío, tenía el más precioso de los sueños. Encontrar en una joven la persona ideal para él, amarla y adorarla para toda la vida. Y resultó… que era ella misma.

Y ella había sido tan egoísta, tan fría, se convirtió en una persona espantosa que no era. Cuando él no había hecho nada más que enamorarse, y tratar de mantenerla a su lado aunque a la fuerza fuera. Y Syaoran se le insinuó tantas veces indirectamente… Si tan sólo él se lo hubiera dicho propiamente ella quizá…

¡Momento! Paró sus pensamientos en seco y se reprendió mentalmente, sacudiendo la cabeza.

Ella estaba comprometida, ¿Cómo podría entregarle su amor a otro hombre que no fuera Yukito Tsukishiro?

Decidió no llevarse nada de ese hombre, para no recordarlo y serle infiel de nuevo de pensamiento a su prometido, no llevaría equipaje.

Pero no pudo evitar que por última vez la cara de ese joven tan bondadoso, altivo, despreocupado, sínico y hermoso cruzara su mente… de tez medio bronceada por los viajes en barco, su sonrisa perfecta, sus labios tan deseables, y esos ojos… esos ojos que podían convertir en miel tu sangre, de tanta pasión, de tanto … amor.

-Syaoran…-

Yukito tensó su mandíbula, en un pinchazo de amargura. El estaba afuera del cuarto de Sakura, recargado en el barandal del pasillo viendo la terraza, pero lo escuchó más que claro, el nombre de ese maldito. Se dijo que no había de que preocuparse, que ella era su prometida, y que después de tanto tiempo podrían ser felices juntos en su tierra natal.

En eso llega Wey a decirle que el joven Syaoran había regresado porque necesitaba que le firmara unos papeles con urgencia en el puerto, que si no, no podría partir. Yukito pensó que estaba bien, entre más pronto y más lejos se fuera mucho mejor, total, se irían hasta en la noche… cuando todos durmieran y la luna estuviera en su punto más alto. Jamás volverían a saber de ellos, ese era el plan inicial.

-¿El Señor Lee regresó?- Sakura salió del cuarto y se asomó en el barandal, no esperaba verlo ahí justo abajo mirando hacia donde ella estaba, así que cuando sus ojos se cruzaron ella aparto la vista apenada. No tanto por rubor, si no por vergüenza. Porque todo era una gran mentira. Traicionaría su confianza de la manera más cruel y descorazonada. Ya que cuando no vieran a Yukito se daría cuenta, todo encajaría, que "Yue" era un impostor y sólo estaba para llevarse lejos a Sakura de él.

Yukito entró en su papel, y se fue con Syaoran, quien dio una última mirada hacia ella antes de que la enorme y gran puerta de la entrada principal fuera cerrada.

Ya se sentía el olor a sal del mar, el aire era mucho más fresco que en el centro de la ciudad, y justo antes de que la caravana de tres caballos, Syaoran, Eriol y Yue (Al joven Syaoran no le gustaba traer una comitiva que "retrasase o limitase sus movimientos", así que jamás traía guardaespaldas, todos le tenían miedo incluso a su caballo. Syaoran no se dejaba de nadie), doblara en la esquina…

-¡QUIETOS! ¡VAN A MORIR AQUÍ PERROS!- De los tejados de las casas se asomó un grupo, no alcanzaron a contar cuantos, de gente armada hasta las orejas, con rifles larguísimos y pistolas. Empezaron a disparar algunos al cielo para asustar a los caballos y que los magnates no pudieran controlarlos y por consecuencia que se distrajeran peligrosamente.

Inmediatamente todos los caballos empezaron a relinchar asustados, nerviosos por los sonidos de las balas, saltaban y se alzaban. Mientras Syaoran trataba de controlar a espoleazos a su ya no dócil caballo, le gritó a Eriol al oír la primera ráfaga de pólvora.

-¡ERIOL CUBRETE MALDITA SEA!- Éste volteaba hacia todos lados confundido y buscando a Syaoran con la mirada.

Syaoran se cayó del caballo , éste casi lo pisa y le rompe una pierna al alcanzarlos las balas pero le dio al animal y el pobre cayó encima de él, haciéndole golpear su cabeza contra la loza de la calle y sacándole el aire. Tosió horrible pero alcanzó a sacar su pistola y comenzó a disparar sin apuntar bien a los techos.

Eriol consiguió enterrarle el espoleón a su caballo hasta que éste sangró , relinchó muy fuerte pero consiguió darle estabilidad cuando éste se alzo sobre sus patas traseras, en un acto rápido, saco su pistola, y justo cuando Yukito comenzó a disparar luego de lanzarse al suelo cuando por poco le dan en la mano al rozarle la montura a su caballo, se oyó un quejido ahogado que les heló la sangre a los transeúntes… a Eriol, y a Yukito.

Al hacerse un silencio sepulcral al ver los asaltantes que habían conseguido el mayor de sus objetivos, bajaron la guardia y Yukito pudo ver mejor a sus atacantes, uno de ellos le pareció familiar, pero éste permanecía más atrás que los otros, incluso no llevaba armas y se veía mucho menos desaliñado. En un balazo certero, consiguió darle pero quizá no lo mató. Se lo llevaron a rastras y desaparecieron todos los matones como magia negra.

Cuando la recorrió un brutal escalofrío, se le cayó el alhajero de porcelana, haciéndose añicos, justo al transportarlo Sakura a su lugar en el tocador luego de guardar en orden todas las joyas, pensaba dejárselas a Tomoyo. Se sujetó al borde de la cama, respiró hondo. ¿Qué rayos había sido eso?

-¡SYAORAN!-

Eriol sangraba a borbotones de la cabeza, una bala dio en la pared y se fragmentó, rompiéndole los lentes y abriéndole la cabeza, y causándole múltiples rasgaduras a su traje , pero eso no era nada, ni aunque le hubieran sacado las vísceras le hubiera importado en lo más mínimo en ese momento. Se bajó de su caballo ahora tranquilo como pudo, con la cara crispada en terror como jamás había sentido en su vida.

Yukito tenía la barbilla raspada, cortes en sus brazos y cojeaba un poco, pero nada serio, una contusión al tirarse del animal ensatanado. Eriol completamente de espaldas a él se acercaba a un caballo muerto, dejándose caer de rodillas en un grito desgarrador, amortiguándose su caída con un chapoteo. Un magnifico animal con pelaje negro brillante, de raza pura masacrado. Su dueño, yacía a un costado, con la sangre tanto del garañón como de Syaoran mezclándose en el suelo, abundante. Demasiado abundante. Yukito se iba a acercar, cuando sintió el arma que traía en la mano, la había olvidado por el shock que le causó el mar de sangre en el que estaba ese par de cuerpos inertes. Un nuevo plan se le ocurrió.

Se aseguraría de que Syaoran no se levantara nunca más, así, podría dejar a Sakura en paz, desde donde se encontraba, podría dispararle con facilidad sin fallar, también le tendría que disparar a Eriol y como el mismo también estaba herido… le creerían lo de la emboscada sin preguntar más, aparte de que tenía parte de verdad.

Alzó la pistola, pero su brazo flaqueó, al igual que la decisión que había tomado.

No era de hombres apuñalar por la espalda… se rebajaría al nivel de esos pobres diablos que no dan la cara, bastante era ya con que no supieran su verdadera identidad. No era de caballeros aprovechar situaciones desiguales y ventajosas en cuanto a pelear por el amor de una mujer se trataba, no. Tenía la confianza suficiente como para conservar el corazón de su dama limpiamente, y Yukito Tsukishiro… no era un asesino. Luego un último susurro de su conciencia. No podría vivir con la culpa, y si lo confesaba, le dolía pensarlo, pero Sakura le odiaría para toda su vida.

Bajó la pistola, y la tiró lejos justo cuando Eriol se volteó hacia él con la mente un poco menos perturbada, pero sólo un poco menos.

-¡Hay que llevarlo de prisa a la hacienda! Dios mío Yue no te quedes ahí llévalo iré por un doctor!- su pantalón escurría sangre a causa de sus rodillas empapadas, se había dejado caer sobre el charco, y cuando estaba a punto de querer haber sido él el muerto, al no tener familia, al no tener nada más que cosas materiales , se percató que Syaoran movió la cabeza, y trató de abrir los ojos pero éstos solo se le fueron hacia atrás de las cuencas apenas sus parpados se separaron un poco y cayó inconsciente otra vez. Aún podían hacer algo.

Yukito al fin se movió rápido, luego de que Eriol se alejó a toda velocidad en su caballo con la crin manchada de carmín. Se presentó otra oportunidad para darle cuello a éste multimillonario infeliz que amenazaba abiertamente con quitarle lo único que le hacía feliz. Pero una vez más, la benevolencia y el buen corazón de la que su prometida se prendó emergieron, levantó el casi cadáver de el charco, goteando espesas costras de sangre ya coagulada. Manchándolo todo y cubriéndolo de rojo a él también. Directo a la hacienda.