ACLARACIONES:
-…- Diálogos
-Cambio de escena
Punto de vista desde el cual se narra en NEGRITAS
-¡BASTA DIGO YO!- los pájaros de los árboles circundantes huyeron despavoridos ante semejante descarga de voz.
Sakura que había estado intentando zafarse de Yukito todo el tiempo, lo consiguió de inmediato cuando flaqueó el agarre violento de su captor al oír esas tres palabras que le pusieron la piel de gallina, la cara se le crispó en horror, Yukito miraba desafiante y amenazador al el dueño de la voz, los habían descubierto. Todo el numerito.
MUJERES DIVINAS , CAMIKO NO PUNISHMENT
Capítulo 9
Punto de vista de la autora
Syaoran venía aferrado apenas parado en un bastón, se notaba que había pegado carrera, estaba sudado, incrédulo, dolorido, muy dolorido, no sabía que parte del cuerpo ni de su alma no se desgarraba de dolor, a el mismo le sorprendía el estar aún vivo, lo que había presenciado le había matado por dentro. Detrás de ella venía Meilin con aire de suficiencia, llenando sus pulmones satisfecha de la vibra pesada del ambiente
-¡Tu le has dicho Meilin! ¡Syaoran esto no es lo que crees! ¡Yo le estaba diciendo qu...- calló abruptamente ante el rugido estruendoso y verdaderamente enojado de Syaoran.
-¡CALLA INSUSLSA! Ella fue muy amable en abrirme los ojos de lo que pasa en mi propia casa mientras a mi me llevaban mis pecados y mi conciencia al infierno en una cama- Volvió la mirada a Yukito. Por dentro, muy por dentro, no quería ver el efecto de sus palabras en Sakura. Pero era mucho más lo que ella lo había golpeado sin siquiera tocarlo .
-Así que tu eres el tal Yukito… Maldito infeliz, has llamado a tu muerte por haberte atrevido a engañarme ¡ADULTERO DISFRAZADO DE CATRINA!-
-¡NO!- Gritó Sakura al ver a donde se iba la mano de Syaoran con una rapidez que en su estado no debería de tener. Yukito alzó las manos, el estaba desarmado.
Acto seguido sacó su pistola, apuntándole al pecho, al cuello, a los testículos, a lo que le diera primero… no pensaba claramente, el solo quería la sangre del maldito que tenía hace unos momentos a Sakura en sus brazos ¡Había sido tan estúpido, tan ciego! Y sin embargo pasaron uno, dos segundos, ¿Por qué no podía dispararle? Balas le sobraban para agujerearlo. Se reprendió por ser tan moralmente correcto, el imbécil de Yukito estaba desarmado, totalmente a su merced… pero no, no era un asesino a quemarropa. Cargó el arma, pero aun así no se oía ningún balazo.
-Pude haberte matado, tuve la oportunidad más de una vez, a ti y al maldito ingles. En esa revuelta nadie habría sabido que fue mi culpa, pero como yo, yo sé que tu no eres un asesino-
Syaoran apretó los dientes, había dado en el clavo, y era cierto, al haber estado solos haciendo cuentas de mercancías había tenido demasiadas oportunidades de acabar con el. Le temblaba la mano y se le empezaba acalambrar el brazo que sostenía en alto la pistola.
Yukito se acercó lentamente, con las manos en alto, denotando que no haría nada, Sakura estaba nerviosa y casi enloquece cuando la boca de la pistola quedo pegada a la camisa de Yukito.
-¡Dispárale a ese cobarde!- Gritó Meilin más para aliviar su tensión propia que para alentar a terminar con todo aquello a Syaoran. Quedo, Yukito, mirando a los ojos a su potencial verdugo le dijo:
-Mátame anda, pero a ver como le haces para no ir al infierno vivo y después de muerto al dispararme enfrente de Sakura-
Syaoran no pudo responder a eso, Sakura arrancó a Yukito del alcance de la pistola y se puso ella misma enfrente, con la cara en alto pero temblorosa por el llanto le espetó sin palabras que le disparara a ella. Ella se sentía la única culpable.
-Mátame a mi, descarga tu rabia en mi-
-¡Sakura apártate!- Yukito iba a intervenir, pero Syaoran fue mucho más rápido a pesar de sus dolientes suturas, el dolor y los celos que sintió en su corazón al escuchar el nombre de su amada en labios del prometido era más intenso que cualquier herida física, la cólera y la desilusión le mordían el alma como un canino furioso y rabioso.
Nunca en la vida podría hacerle daño, a ninguno de los dos.
Descargó una única bala, le rozó el silbido de ésta en la oreja derecha a Yukito, centímetros más y le volaba el cráneo.
-Tienen hasta en la mañana para irse de aquí- Y como un perro mal herido que acaba de ser pateado y despojado de todo cariño se alejó cojeando, como un viejo, ayudado por Meilin que miró hacia atrás y le dedicó a Sakura una mirada de triunfo. Sakura calló de rodillas, sollozando como si alguien de verdad hubiera muerto esa noche. Yukito, suavemente se puso a su lado en cuclillas y le posó las manos en los hombros, sabía que nada podría consolarla en ese momento.
-Tenemos que irnos ahora- le susurró, contrastando contra sus gimoteos. Levemente y con su añorada vida futura hecha pedazos asintió. Yukito le ayudó a levantarse.
Meilin sabía que en algún momento de locura Syaoran se arrepentiría de su dureza, escucharía lo que Sakura tenía que decir y terminarían juntos, tenía que asegurarse de que jamás la volviera a ver, pero porque ella estuviera enterrada metros bajo tierra … o bajo sedimento marino.
Hoy su mente estaba perversa, se acordó de aquel pobre diablo, ese sí que le haría un favor sin dudarlo, deseaba su cuerpo desde hace tanto, y la mano en matrimonio de Fan Ren desde que podía recordar.
Lo que ella no sabía es que ese personaje y aunque no concretados, tenía planes propios para Syaoran y su séquito. No veía la hora de vengarse de sus humillaciones de niño riquillo, lo carcomía la codicia, lo carcomía el recelo… y ahora tuvo que darle de comer a los animalejos roñosos del muelle el brazo que le habían amputado por la bala que lo alcanzó el día del motín que había organizado para asesinarle… y que no había resultado. Aún.
Una sonrisa ladina se le formo al ver desde la ventana de su cuarto obscuro y destartalado al lado de la administración del muelle hacia el caribe, la sensual y aparentemente recatada figurilla de una joven que el no veía desde hacía mucho tiempo.
No dejó ni que tocara la puerta, salió a recibirla con su único brazo.
-¿Qué le trae por aquí a estas horas de la noche, "señorita" Meilin? – riéndose el solo de lo irónico que sonaba ese sufijo al ver que la señorita ya comenzaba a verse mayor.
Meilin hizo una mueca de asco al ver que ahora el viejo verde estaba todo maltrecho, pero contuvo la horcajada al recordarse el porqué de su visita.
-A ver si me hacía un favorcito- Dijo con tono inocente, pero descubriendo su chal, el cual dejaba ver sus atributos delanteros bastante descubiertos.
El contador literalmente se babeó encima, y con el único brazo que tenía se dispuso a dar toscos agarrones a los delicados senos de la chica, comenzó a chuparlos luego como bestia, pero se recordó que la chica seguía afuera. Se paró erguido como si nada hubiera pasado.
-Después de usted- Acto seguido cerró la puerta tras de si.
Un poco lejos de ahí Tomoyo era regresada en un carruaje de ensueño por Eriol hacia la casona de Syaoran, ignorando aún cualquier desenlace no provechoso que se hubiera dado en ese lugar, sin embargo, algo de verdad se les hizo extraño, obligaron a parar al cochero.
-¿Ves a quien yo veo?- Le preguntó Tomoyo a Eriol jalándole un poco la camisa para que el le contestara de inmediato. El estaba boquiabierto, ¿Qué hacía esa arpía relacionándose con un hombre con el que estaba hablando?
Vieron como el viejo se propasó con Tomoyo, Eriol como todo caballero estuvo a nada de abrir la puerta del carruaje y hacerle el escandalo del siglo, pero Tomoyo no se movió un ápice para pedir ayuda, ni siquiera se veía alarmada.
-¡Esa mujer me repugna!- Soltó Tomoyo haciendo una mueca de verdadero asco.
-Esto no esta bien, Tomoyo quédate aquí, iré a ver de que se trata todo esto- Con cuidado de que la puerta del carruaje no rechinara el hizo ademán de bajarse y cerrar tras de sí, pero Tomoyo le cortó el portazo, iría ella también.
-Meilin se sentó en el escritorio, abriendo las piernas descaradamente para que el contador pudiera ver su enagua, pero enseguida lo distrajo algo que ella sacó de una bolsita que traía colgada de su fino y blanco cuello- Le brillaban sus ojos café rojizo ante la única luz que era la luna, estaba a punto de ganar.
Diamantes rodaron por el escritorio de madera carcomida por las termitas.
-Ésta noche saldrán del muelle dos personas, un joven con cabellos de plata y una chica esclava de ojos esmeralda, quiero que los mates a los dos-
El contador del muelle corrió de prisa hacia los diamantes abalanzándose hacia uno y metiéndose en la boca para morderlo y comprobar si era de verdad como si se fueran a esfumar de un momento a otro .
Una risa burlona y malévola ecó en toda la habitación.
-Muchacha, no sabes de lo que soy capaz de hacer por dinero, ¿Por qué no vas y le preguntas a ese muchacho imbécil con el que vives? Con esta pequeña fortuna en diamantes podría irme de aquí y jamás ser culpado ni encontrado-
Tomoyo se llevó la mano a la boca para ahogar su propio grito de sorpresa y conmoción, Eriol estaba muy inquieto, muy preocupado, comenzaba a sentirse demasiado incómodo en ese escondrijo entre los barriles, algo iba a salir realmente mal, ¿Yue con Sakura? ¿Por qué habrían ellos de salir de…
-Eriol… tengo que decírtelo, parece que la verdad ha salido a la luz, el joven Yue, el administrador, en realidad es el prometido de Sakura-
-¿¡Qué has dicho?! - Pero Tomoyo no pudo corroborar la confesión, en lugar de palabras salió un grito de terror de su garganta, alguien la había tomado por el pelo muy fuerte y la levantó del escondite de un tirón.
-Vaya, nos volvemos a encontrar- Un mulato enorme con piercings y cicatrices horrendas que le atravesaban la mejilla y una más reciente encostrándose aún en el puente de la nariz hicieron que Eriol se sintiera atrapado, indefenso, acorralado y desesperado como un ratón… De entre todos él. Era Murray, el mercader de esclavos.
El contador anciano volvió a reír, y a Meilin al encajarle la información que le cayó como balde de hielos cerró las piernas de golpe. Ahora todo en esa habitación le parecía escalofriante. Palideció, supo que se había metido en algo grave, y que ese hombre de verdad era peligroso. Y ella le había dado el puntapié para empezar.
Antes de que Meilin pudiera hacer nada por irse de ahí la puerta se abrió de una sola y estrepitosa patada, Murray traía alzado de las solapas a un Eriol sin lentes y sangrante de la nariz, por poco y se la había roto al haberlo lanzado de cabeza contra los barriles al haberle querido arrancar a Tomoyo de aquel matón. En la otra mano sostenía aún de la raíz del pelo a Tomoyo, quien lloraba sin consuelo.
-Vaya… Así que nos han descubierto la maroma y el teatro-
-¡Si alguien muere hoy será tu culpa maldita bruja!- Le escupió Tomoyo a Meilin, ella en ese momento supo que no había salida, o continuaba o perdería todo.
-A esta vivaz gritona me la quedo- Murray acercó a Tomoyo más a sí, aspiró con fuerza el aroma dulce de los cabellos que escapaban a su fuerte agarre. –A este pueden matarlo de una vez- Tiró a Eriol ahí mismo, cayó sobre su brazo en un ángulo extraño y soltó un quejido, no estaba en sí.
-Tomoyo… no…- Murray le lanzó una patada que lo viró totalmente hacia su otro costado, un golpe certero en el estómago que hizo que Eriol vomitara sangre sonoramente. Lanzaba gemidos y gemidos.
A Meilin le dieron horcajadas por escuchar como Eriol vomitaba, pero fuera de eso no tuvo valor de inmutarse, podría terminar igual.
-¡ERIOL!- Para Tomoyo era imposible zafarse, solo podía llorar y sentir que el mundo se le venía encima.
-Nos han descubierto así que este caballero tiene que morir, pero primero lo usaremos para que Lee no se resista a las peticiones que tengo en mente- Tanto a Meilin como a Tomoyo se les desencajó la cara con verdadero pánico, ese hombre no estaba como para pedir sólo dinero.
Dicho esto Murray se fue con Tomoyo a rastras, conforme se alejaban a Meilin se le estrujaba un poco más lo poco que tenía de corazón, ¿Y si mataba a Syaoran? Volvió de sus cavilaciones para encontrarse con la mirada perversa del contador, ahora sí estaba aterrorizada. Ya no le importaba si su propio plan se llevaba a cabo, había descubierto que estaba cara a cara con la persona que puso casi cada centímetro de piel de Syaoran encostrada en sangre coagulada.
-Tranquila querida, no volveré a intentar un homicidio en contra de tu preciado Lee, pero sólo y sólo si haces que entre a su casa. Luego tendrás que desaparecer un tiempo-
Ella entendió en el acto, si llegaba con ellos la relacionarían con el intento de asesinato de Syaoran. Recordó las palabras de Tomoyo, también la culparían de la muerte de Eriol, si este moría esa noche. Tendría que mantenerse alejada un tiempo y que pensaran que también Murray la había secuestrado hasta que las cosas tomaran un cause natural.
-Muy bien, haré que entres a su casa. Dale algunos de los diamantes a un juez corrupto, que te den una orden de detención por algún delito menor y ya podrías irrumpir con todo el derecho del mundo-
-Abran por mandato del juez- Ciertamente una orden a la cual uno no se podía negar, sería como aceptar la culpabilidad mucho antes de probar que en realidad se es inocente.
Sakura abrió la gran puerta principal, ella ya iba de salida, Yukito se había adelantado para preparar los pasajes en un barco que los llevaría a la Isla de donde eran originarios, pero enseguida quiso cerrarla, ponerle trabas, cerrojos, trampas, fuego. Revivió recuerdos que había luchado por reprimir. Se alejó de la puerta abierta lo más que pudo.
-¡Señor Wei!- Llamó al borde del colapso mental al amable anciano que a pesar de su edad mantenía la casa en pie.
-Esta puta me pertenece por como establece la ley de la compra-venta de esclavos, me han pagado a la hetaira con monedas falsas- Sentencia el mercader de esclavos.
-¡Aprendedla!- Dos hombres salieron de las espaldas del orangután de piel oscura, les conocía del barco, gritó con pavor infundado y con causa.
-¿QUÉ ESTÁ PASANDO AQUÍ?- Syaoran no quería denotar el como se sentía morir al ver a Sakura aprendida por esa calaña de captores. Desesperado por salvarla con un temor que solo se siente una vez en la vida desenvainó tanto su pistola como su espada.
-¡Suéltenla malnacidos o haré rodar y estallar cabezas!-
-¡Usted queda arrestado, cualquier resistencia se considerará como culpabilidad y de inmediato se le confinará al verdugo de la orca!- Definitivamente si moría no podría ayudar a Sakura, tenía que pensar con la cabeza fría, ¿¡Cómo las cosas se estaban saliendo así de control?! ¡El no había hecho nada!
Tiró las armas e inmediatamente dos guardias del juez lo sujetaron doblándole las muñecas en la espalda, por un momento le pareció que si respiraba serían capaces de romperle ambas.
Sakura temblaba del terror, estaba ansiosos de oír sentencia y poder poner manos en el asunto, ¿Dónde estaba Eriol cuándo se le ne… mientras pensaba y analizaba cada movimiento, su mirada se clavó altiva en la de Murray, pero el definitivamente le ganó en arrogancia, había algo más…
-Tráiganlo- Dijo el mulato sin apartar la vista de Syaoran, no se perdería un segundo de su expresión. Syaoran iba a abrir la boca pero se obligó a mirar en dirección al ruido sordo y sucesivo quejido que se produjo.
Se sintió desfallecer, de repente le faltó el aliento. Murray sonrió con más ganas, le había quitado totalmente la altivez.
Habían traído arrastrando de las axilas a una persona, que más se parecía a un bulto hecho jirones , lo tiraron en los adoquines de la entrada, manchándolos inmediatamente de carmín.
-¿¡Hermano?!-
-¡Joven Lee!-
-¡Atrás! ¡Esta es gente peligrosa! ¡Las quiero encerradas con seguro en sus alcobas!- Tronó Syaoran
Entonces inmediatamente se da vuelta la cabeza para ver mejor aquel cuerpo inerte y lastimado, reconoció aquel antes pulcramente peinado y limpio cabello, ese color de piel, y ese traje, el mismo se lo había regalado en su cumpleaños pasado.
-¿¡ERIOL?! ¡HIJOS DE PUTA!- Syaoran comenzó a forcejear para zafarse y socorrer a Eriol pero Murray le ganó antes de que lo consiguiera.
-No te muevas maldito, o la rajo en dos- Murray amenazaba con atravesarle el vientre a Sakura. Ella gimoteaba en súplicas con verdadera razón, el era capaz de hacerlo con o sin que Syaoran moviera un dedo en su contra.
Syaoran calló abruptamente, impotente.
-¡Es una trampa! Se llevaron a Tomoyo… la venderán- Eriol comenzó a llorar y lamentarse más por Tomoyo que por sus heridas, le burbujeaba la nariz de sangre y mocos, escupió un poco del líquido rojo para poder aspirar aire, respiraba con mucha dificultad. Se notaba a leguas que le habían dado de palazos y patadas hasta cansarse, su rostro estaba hinchado, tenía cardenales en cada pedazo de piel visible, le arrancaron el meñique con pinzas y con una manopla en la quijada le habían tirado un incisivo inferior.
-Dejen que sea atendido y haré lo que ustedes me pidan- Syaoran arrastraba las palabras en un intento de contener su furia, su mirada sombría, como el ojo del huracán.
-Hecho- Exclamó Murray.
De inmediato entre Wei y Fan Ren levantaron al mal herido Eriol bajo la mirada de Syaoran. Tenía que ser cuidadoso al hablar, un paso en falso y tanto él como Sakura terminarían así o peor. ¡Que infiernos estaba pasando!
