HOLA CRIATURAS! REGRESO DEL INFRAMUNDO PARA TRAERLES EL SIGUIENTE CAPÍTULO DE ESTA HISTORIA... GRACIAS POR LEER! REVIEWS PORFAVOR!

En este capítulo voy a hacer una amable aclaración para todos los lectores:

EL RACISMO ES LA PEOR FORMA DE DISCRIMINIACIÓN HUMANA, TODOS AL FINAL REGRESAMOS A LA TIERRA, ASÍ COMO TODOS NACIMOS IGUALES. VIVA LA IGUALDAD DE RASAS, DISCULPEN DE ANTEMANO SI ALGÚN DIÁLOGO LES RESULTA OFENSIVO , SIMPLEMENTE TRATO DE REPRESENTAR LO QUE FUE UNA REALIDAD PARA LA GENTE HACE TANTOS AÑOS CON PERSONAJES QUE NO ME PERTENECEN Y SIN FINES DE LUCRO.

Autor pov: Punto de vista de la autora.

Mujeres divinas, Capítulo 12

AUTOR POV

El sonido lastimero de la brisa del mar contra el barco había sido su única compañía en esos dos últimos meses. Oyó la puerta de esa obscura, húmeda y asquerosa bodega llena de paja y ratas abrirse, sin fuerzas, sin ganas de luchar, levantó apenas su cabeza de la madera de la cara interna del barco que comenzaba a podrirse. Enfocó su vista hacia la luz que provenía del exterior.

-Levántate, puta, aquí te bajas- El sarraceno esclavo que atendía las mercancías, entre ellas a la joven de ojos verdes que entró había intentado violarla por lo menos tres veces, en la última, a punto de lograr su cometido, el Capitán del barco, patrono de las plantaciones de azúcar a la que ella fue destinada, Fye Flowright , oyó sus desesperados y desgarradores gritos por ayuda, propinándole 50 latigazos por haber intentado macerar su mercancía. Está de más decir que no lo intentó de nuevo. Y aquel hombre, alto, joven, de cabellos rubios y mirada amable solo habría de haber sido visto por ella aquella vez, ni para agradecérselo.

En el último mes decidió comer cada plato que le dieran de comida, se acercaba a su pesado destino, y con músculos atrofiados, enferma y desnutrida no duraría ni la semana. Ahora había recuperado un poco de peso, y sentía que sus fuerzas regresaban poco a poco. Pero se le acabó el tiempo.

El sarraceno la levantó del codo, dándole empujones a lo que Sakura no contestaba ni se inmutaba, debía guardar todas sus energías para las plantaciones. Bastó un momento para acostumbrarse a la luz del sol luego de no haber sido calentada por sus rayos tantas semanas, le ataron las manos con grilletes, apretados, calándole los huesos de las muñecas. Así pues, la unieron a una larga cadena de mujeres sumisas, temblorosas y llorosas, muchas estaban ahí por habido ser consideradas por la santa inquisición como pecadoras, asesinas, brujas, otras eran inocentes, que eran las que aún ilusas suplicaban por piedad para ser regresadas a sus ahora lejanos hogares.

Entonces, a lo lejos lo divisó, aquel hombre con capa de lana en tonos azules, con el cabello lacio y güero ondeándole al viento, con esa sonrisa tranquilizadora, y bien parecido. No parecía un hombre malo… aquel mercante. De hecho le recordó a Syaoran.

Pero entonces, sus siempre pasivos ojos se abrieron, su preciosa cara siempre inmutable se enrojeció de cólera. Alzó el báculo de madera con grabados de oro en la punta y le propinó el golpe de su vida a una mujer mulata enclaustrada al final de la cadena. Le botó dos dientes, dejándola inconsciente.

-¡No son más que animales! ¡Mujer, pobre, negra, vaya desgracia! ¡Los de su raza no son nada! ¡Te dije que avanzaras más a prisa maldita piel negra!

Con horror y con gritos ahogados todas las demás apartaron la mirada, temerosas a ser las siguientes. Pero Sakura no pudo voltear hacia otro lado, le temblaba la mandíbula, el cuerpo, de ira, de furia, su ser clamaba justicia, y pensar que ella le había pensado como semejante de Syaoran, ¡Aquel hombre era un monstruo disfrazado de cordero! El señor Fye encontró su mirada, ya no era gélida, si no tibia de nuevo, le sonrió a Sakura y ella le volteó la cara, asqueada. A el pareció no importarle. Las condujeron fuera del barco a paso lento hasta unos botes, donde llevaron a las nuevas esclavas por la playa hasta quedar al pie de una enorme reja de gruesos barrotes de fierro, imposibles de escalar, imposibles de penetrar. En lo más alto, donde se partía en dos para abrirse, rezaba:

"Trabaja y vivirás, trabaja y morirás"

Este lema lúgubre haciendo alusión a todo lo que Sakura escuchó durante el viaje, y que sabía antes de iniciar la ardua travesía por mar… de ahí no se salía más que en caja de muerto.

Sus piernas le temblaron al cruzar el umbral, se sintió desesperadamente morir, le asaltó la inquietud y la ansiedad en cuanto oyó a sus espaldas rugir las bisagras que regresaban las pesadas rejas a su lugar. Impenetrables.

Tres meses llevaba cierta chica antes virtuosa en el arte de la plática, conocedora de la historia de la humanidad y de las artes, ahí, andrajosa, con los mechones negros ondulados, ahora no tan sedosos ni brillantes y con algunos tonos cobrizos por la mala y escaza alimentación y por tantas duras horas de trabajo bajo el sol. Poco le importaba alzar su azulada mirada hacia las rejas que se abrían y cerraban cada cierto tiempo, pues era bastante triste y desolador sentir como se le iba la esperanza al ver que sólo salían cadáveres de mujeres que habían sufrido agonías espantosas por enfermedades o jornales exhaustivos e inhumanos. Más porque le recordaba a su amado, que quizá había perecido intentando salvarla de que se la llevaran vendida como esclava. Sólo por no dejar sus sacrificio en vano, se despertaba con dignidad antes de cada sol para seguir sobreviviendo en ese infierno.

Pero esta vez le ganó el dolor de espalda por estar agachada cortando las cañas, un destello de cabello caramelo le hizo mantenerse erguida. En ese justo momento soltaban a las mujeres y sin más las ordenaban tomar un machete y preguntar sin demora a las demás mujeres, amenazándolas a aprontárse y moverse, acerca de cómo llevar a cabo la recolección de la caña azucarera.

Se le llenaron los ojos de lagrimas, su corazón retumbó hasta casi ser audible, y entonces, como un sollozo lastimero.

-¡SAKURA! ¡ OH MI DIOS, SAKURA!-

Al ver ahí a su amiga supo que algo había salido realmente mal, que la verdadera pesadilla aún empezaba. ¿¡Se habría salido Mei Ling con la suya?! ¿Habrían matado entonces a Eriol?! ¿¡ Y el joven Syaoran?!

Sakura corrió entre los estrechos andadores entre las apretadas cañas tratando de buscar de donde vino esa voz, ¡Era Tomoyo sin duda!

Y entonces, quedaron frente a frente, ambas andrajosas, ambas demacradas, y sin embargo momentáneamente nunca se habían sentido tan dichosas. Esta sin duda debía ser una seña, de que al final todo saldría bien. Con lágrimas gruesas se apretaron hasta dejarse sin aire, mojándose sus hombros de lágrimas, sinónimo de semanas de desesperación y desdicha.

-¡Amiga ha sido el purgatorio! ¡Tengo tanto miedo! ¡Mi Eriol Sakura, al pobre lo molieron a golpes por tratar de salvarme, fue Mei Lin, ella te siguió hasta el barco en el que te irías ordenando tu muerte al contador del muelle! ¡Eriol y yo estábamos escondidos! ¡Nos descubrió el Mercader de Esclavos! ¡Todo fue tan rápido luego de eso! ¿¡Syaoran se entero que Yukito era tu prometido?! ¡Y a el! ¡Le querían escarmentar!-

Tomoyo no dejaba de balbucear, sacando toda la incertidumbre que se la estaba carcomiendo por dentro, parecía un alma en pena.

-Mei Lin descubrió la verdad, se lo dijo a Syaoran, montado en cólera y aún así suficientemente compasivo nos corrió de la hacienda, pero antes de que yo pudiera llegar al barco, llegaron con una orden de arresto donde confinaban a Syaoran a la horca…-

Tomoyo, recuperando un poco de su personalidad volátil, atando cabos, cayó a Sakura abruptamente.

-¡CLARO! ¡Los diamantes que Mei Lin le dio al contador! ¡Sobornaron a un juez para desaparecer a Syaoran! Esa bruja bastarda…-

-No iba a permitir que Syaoran muriera, por eso estoy aquí. Syaoran bajo ningún motivo lo hubiera permitido, el tenía pistola en mano… Pero amenazaron con terminar de matar a Eriol, a quien nos entregaron hecho jirones, pero esta vivo Tomoyo, el vivirá-

Tomoyo volvió a sollozar y le flaquearon las piernas, sujetándose de Sakura cayó de rodillas al suelo por el peso que le dio su alma al regresar al cuerpo, aliviada. Si el estaba vivo y libre ella podría morir aquí tranquila.

-Y Syaoran amiga…?-

Sakura había llorado presa del enojo y la desolación hasta que no tuvo más lagrimas… serenamente, y para no volverse loca, se lo dijo en una palabra.

-Galeote-

Como si le hubieran propinado un puñetazo en la boca, Tomoyo se llevó ambas manos a la cara. No podía ser… ¿Remando dos años en galeras?

-Y nosotras…- Dijo Tomoyo más para sí que para Sakura.

-¡Nosotras tenemos que sobrevivir como sea Tomoyo!, no moriré aquí- Sakura ayudó a levantase a la amatista, ambas se limpiaron las últimas lágrimas y se dieron otro cariñoso abraso, se tenían una a la otra ahora, sería más fácil sobrellevar.

-¿Sabes? Hay rumores- Susurra Tomoyo.

Sakura mira hacia todos lados. Al ser ellas no tan altas no es fácil que los guardias, todos arios, seguramente todos racistas, dotados de látigo y pistolas se percataran que no estaban cortando cañas. Tenían unos minutos más de complicidad. Sakura jaló suavemente a Tomoyo hacia el suelo para que pudieran estar en cuclillas. Entonces la amatista prosiguió.

-Mujeres mulatas cuentan entre las esclavas que se está creando una rebelión en contra del patrono… habrá una inminente rebelión militarizada, que se ha estado planeando por años por los esposos e hijos mayores de las señoras que están o estuvieron esclavizadas aquí… Esta tan bien cuidada, y tan organizada que conspiran con esos insurgentes algunos de los guardias, algunos aquí dentro están de nuestro lado. Quizá, solo quizá podamos volver a casa-

SYAORAN POV

Recupero conciencia y lo primero que sale de mi es agua salada por la boca y la nariz. Entonces, me llegan Flashazos de lo ocurrido, el barco en llamas, como una enorme pila funeraria de madera flotante, y el pobre Jean…

Suspiro hondo, intento incorporarme pero me mareo por el esfuerzo repentino y solo consigo girarme de cara al cielo. Tosí de nuevo por el agua de mar que salía de mis pulmones. Vaya travesía que logré, de puro milagro no me tragó un tiburón mientras trataba de dar patadas enérgicas que parecían más alejarme que acercarme a la costa. Ahora lo recordaba, no di más de tres pasos cuando aterricé con la cara en arena húmeda y me desmayé.

No tenía idea de cuanto tiempo llevaba inconsciente, pero intente incorporarme de nuevo, esta vez consiguiendo apoyarme en los codos para darle el primer vistazo a la isla. Al parecer, había llegado a una parte inhóspita, con árboles densos que iniciaban una selva espesa, pero estaba seguro que era la isla que Jean me había señalado, haber intentado llegar a una vecina habría sido ahogarse.

Era medio día, pues el sol estaba en lo más alto y escocía como el infierno en la piel, traté de arrastrarme a falta de fuerzas, pero sólo conseguí debilitarme más… mis manos estaban astilladas por el esfuerzo de aferrarse como se aferra un moribundo a la vida a un pedazo de madera rota. Todo comenzó a darme vueltas de nuevo… estaba claro que no tenía horas desmayado, quizá días… y estaba teniendo una para nada oportuna insolación…

Casi me dejo vencer por la negrura cuando comencé a oír voces a mi espalda, provenientes de la selva. Apreté con fuerza la mandíbula, con la adrenalina y el pulso golpeándome la garganta. Había sido descubierto, después de todo llevaba algo de tiempo ahí y las gaviotas y carroñeros debieron anunciar mi presencia. Presa de una fuerza aparentemente perdida, me logré levantar de un salto, no tenía armas, la espada la perdí cuando caí al mar desde la Galera, pero si era necesario lucharía con las manos desnudas. No moriría cuando había llegado tan lejos.

Esas voces se acercaban, pero hablaban un idioma diferente al mío… No entendía una sola palabra. Me puse en guardia, esperando a que mostraran sus rostros, porque claramente se dirigían hacia mi dirección.

Altos hombres de raza negra, todos fornidos, con machetes , espadas y pistolas en mano , salieron en grupo, todos mirándome con interés, con extrañeza, intriga, pero en ninguno se veía el afán de hacerme daño. A pesar de que mi vista comenzaba a desenfocarse, y de que no tenía idea de si seguía en una correcta posición de defensa traté de mantenerme aunque fuera un poco amenazante.

-Eh, chico… ¿Naufragaste?-

-Les dije que había visto destellos de explosiones de algún barco hace unos días-

¿Días? Ahora si entendí lo que dijeron… llevaba días en la isla entonces…

-Si van a intentar… matarme, n-no me iré sin llevarme… el alma de alguno de ustedes bastardos- Estaba muy cansado, respiraba con dificultad, mi cuerpo me estaba traicionando volviéndose cada vez más ligero, iba a desmayarme.

-Pero si es un chiquillo, Abdukare- Un mulato rapado se dirigió a un hombre de aspecto sabio y mayor, tenía su pelo enroscado ya canoso.

-Llevémoslo al campamento, no parece peligroso- Abdukare hizo una seña a otros dos de los más jóvenes para que se acercaran con cautela.

Aún no me habían atacado, pero yo seguía lo más resistente que podía. Se estaban acercando más a mi, lentamente, pero bajando sus armas.

-¡NO ME VAN A MATAR SIN PELEA! ¡NO ME RENDIRÉ AHORA!- grité.

-Hijo no te haremos daño, ¿Sabes donde estas? ¿Eres un remero del galeote que naufragó?- El anciano dio algunos pasos hacia adelante.

¿Qué? Dije para mis adentros. Caí de rodillas, no podía más, me abandonaban todas mis fuerzas de repente. ¿No planeaban matarme? ¿Quiénes eran estas personas?

-Plantaciones de azúcar…yo… salvaré a Sakura-

Todo se volvió negro, pero no sentí que mi cara tocara la arena, alguien me había sostenido antes.


AUTOR POV

Sintió como agua fresca y dulce bañaba su rostro sucio y su pelo lleno de sal y sangre. Alcanzó a mojar sus labios que le reclamaron secos la falta de agua durante tanto tiempo. Entonces recuperó instantáneamente la conciencia, agarró con ambas manos fuertemente el enorme cántaro y se lo empinó con desesperación. Tosió bastante al haber tomado más de lo que podía contener de un solo trago, y se mojó todo, pero ninguno de los presentes le impidió beber hasta saciarse. Ellos también conocían perfectamente lo que era la verdadera sed.

Lo dejo en el suelo aún sacando el agua que se filtró a sus pulmones al tragar de prisa, fue cuando, sentado, por fin irguió la espalda, sintiéndose extraño por no sentir aquel peso del hierro forjado que lo mantenía prisionero en la Galera del Virrey y por tener más libertad para moverse que el medio metro que le permitía la cadena de la banca en la que remaba. Ojos de hombres mulatos lo veían con curiosidad. Entonces, de entre la multitud salió el más anciano de todos.

-Apartaos y dejadlo respirar- Todos dieron atrás un paso, pero nadie se fue de esa carpa con telas coloridas, todos querían escuchar la historia del remero, en especial las últimas palabras que dijo antes de caer inconsciente. "Salvaré a Sakura".

-¿Quién sois, remero?-

Syaoran, recuperando su arrogancia habitual habló.

-Usted contésteme eso primero, ¿¡Por qué no me han matado?! ¿¡Por qué darme agua?! ¡No sobreviví para ser prisionero!-

-Mira a tu alrededor muchacho, calma… nadie te está atacando-

-¿¡Entonces porqué no me han entregado a las malditas ratas que dirigen la plantación?! ¿A los mal nacidos esos que no tienen condición de humanos?! ¡Qué es lo que quieren de mi!-

Todos pararon la oreja con interés cuando el ambarino empezó a hablar denotando que sabía la situación de corrupción e injusticia bajo la cual se erigía la plantación de Fye Flowright, para Syaoran ese interés no pasó desapercibido, entonces miró mejor a su alrededor… todos eran de piel obscura, todos portaban armas… pero si no eran guardias de la plantación entonces…

-¿ Por qué un galeote estaría al tanto de como se maneja esta plantación? Estamos en medio de la nada, mar abierto, a meses del caribe, a meses de Italia, a semanas de otras islas, no es posible que conozcas la situación –

-¿¡Será un espía?! – Varios contuvieron la intención de usarlo como tiro al blanco entre filos y balas, el anciano Abdukare los detuvo.

-¡Entonces de verdad son insurgentes! ¿¡Cómo si no tanta clandestinidad?! –

Otros hicieron ademán de acercarse a silenciarlo matándolo, pero Syaoran se adelantó con palabras. Apretando los puños hasta que sus uñas se hundieron en su carne, con sus ojos ambarinos brillando a la luz del día como poderosas llamaradas, no se contuvo más.

-¡Me acusaron injustamente! ¡Ella me salvó de la horca viniendo aquí! ¡ Le arrancaron el meñique y los dientes a mi amigo por no dejar que se llevaran a su novia a este maldito lugar! ¡Me condenaron a remar y a quebrarme en la Galera donde perdí a un gran hombre y amigo en el naufragio! ¡NO ME IRE SIN ELLAS! ¡ No si ya sobreviví a tanto por mi desesperación de volverla a ver! ¡ Por mi amor por ella! Soy espadachín diestro, soy certero con las balas, ayudaré.-

Todos permanecieron en silencio durante largos segundos, perplejos por su discurso. Habiéndolo juzgado como asesino, como pirata, como desertor de su navío… Nadie le ganó la batalla a la decidida mirada de Syaoran, su juventud y valor conmovieron a Abdukare. Quien le tendió la mano. Todos asintieron en aprobación.

El hombre rapado se acercó y le tendió una mano fuerte y callosa, tal y como el las tenía ahora, producto de arduas jornadas de remo, para que se parara.

-Me llamo Birahim, ahí adentro tienen a mi esposa y a mi hija mayor… se como se siente esa angustia que cala… pero te prometo que las sacaremos a todas de ahí-

Un chico más alto que Syaoran, pero que parecía de su misma edad, se acercó, con lágrimas en los ojos.

-Esos bastardos entraron a la iglesia el día de mi boda… mataron a la mitad de mi familia y se llevaron a mi prometida… no logramos darnos el sí… no pude ver… la mirada soñadora de mi madre al ver que por fin me había casado con mi verdadero amor…- su voz se partió, y Syaoran le puso la mano en el hombro… asustado de la crueldad del mundo.

-Hay que ser fuerte Galo…- Le dijo Abdukare al pobre joven que se deshacía en su propio dolor.

Preso de una ola de coraje e impotencia, a Syaoran le tembló el cuerpo tratando de contener sus propias lágrimas…

-Me las van a pagar a tajazos…Me voy a cobrar hasta la última gota de sudor y lágrimas que Sakura haya derramado…-

-Un mes más dijo Birahim… y estaremos listos, los refuerzos vendrán, ya los hemos contactado, ¡Entonces podremos entrar y llevarnos a nuestras mujeres matando a todos los hijos del infierno que las maltrataron y golpearon como bestias!-

-¡VIVA LA REBELIÓN!-

Syaoran se enjuagó las lágrimas, llevaba el pecho desnudo, con el roído, sucio y maltratado pantalón de yute como única prenda, estaba en los huesos, pero tenía manos fuertes y brazos y espalda trabajadas por el pesado remo, tenía barba, y el pelo casi al borde del rapado, ya no parecía un altivo y despampanante millonario, pero había ganado algo mucho más valioso. El valor por la vida y el no rendirse jamás. Por amor a su hermana… por Jean, por Eriol… por Sakura. Lucharía.

Continuará