DESPUÉS DE UN AÑO Y TANTO. POR FIN LLEGA EL PRE DESENLACE DE ESTA HISTORIA.
GRACIAS A USTEDES LECTORES, VUELVO DE ENTRE LOS MUERTOS PARA ENTREGARLES EL CAPÍTULO 13
MUJERES DIVINAS
Nota.
_ Significa cambio de escena
La letra cursiva significa el lugar en donde se desarrollan los acontecimientos.
AUTORA POV
-Otra vez su mirada asquerosa…- exclamó Sakura en un siseo rencoroso, que dejó un dejo de miedo.
Tomoyo miró con cuidado en dirección a donde sabía que estaba esa persona observando a Sakura, sin discreción pero sin dejar de machetear y sin erguirse.
Fye llevaba días observando a Sakura.
Sin duda las otras esclavas se habían dado cuenta, y no la trataban muy bien al creer que ella tarde o temprano simpatizaría con el para obtener favor y privilegios del asesino racista. La encargada de repartir los alimentos entre las subyugadas le daba las frutas más podridas, el potaje mas aguado, incluso habían llegado a poner un alacrán en su catre. Tomoyo había intentado persuadirlas, pero sin ninguna oportunidad de esclarecer el asunto, también habían acabado sometiéndola al mismo ostracismo.
Entonces… el comienza a caminar en su dirección, y tanto Sakura como Tomoyo, nerviosas, comienzan a machaquear la caña con más enjundia, temiendo ser maltratadas, puesto que si por algo se conocía al señor Flowright, era por sus castigos ejemplares…. y crueles. Todas observan este hecho, y comienzan a murmurar, intrigadas, asustadas, celosas, deseando ver como ella aprovechaba su oportunidad para agradar al patrón y después matarla a golpes ante su catre por amante del maldito que les arruinaba la vida todos los días.
El señor Flowright se detiene justo al lado de las dos, su mirada de ojos cielo, calma como siempre, cambió a una tormentosa llamarada azul y de un manotazo le dio de lleno en la cabeza a Tomoyo, ella gimió reprimiendo un grito, poniendo sus manos para protegerse del siguiente golpe (por supuesto si intentaba defenderse la mataría; ya lo habían presenciado). Sakura, impotente, se aferra a su machete encogiéndose del terror. ¿Las habría pillado observándolo con desprecio? ¿Las habría escuchado?
-Vete, albina- Su mirada altiva se posó como un trueno en Tomoyo, quien lanzó otra a Sakura, y está asintió apurándole para que no la lastimaran de nuevo. Su amiga amatista salió corriendo, con lágrimas en los ojos temiendo por Sakura.
Entonces la mirada de Fye se tornó dulce, al mirar ahora a Sakura. La tomó por el brazo y la levantó. Tomoyo dejó escapar otro gemido ahogado observando de lejos, cayéndosele el alma a los pies ¿¡Qué iba a hacer?!. Las demás aguardaban calladas, congregándose cerca para ver mejor la escena. El patrón, tan sonriente, y galán como se veía se dirigió a la ojiverde con palabras suaves:
-Hola, linda florecilla, ¿Cual es tu nombre?- A Sakura se le escaparon algunas lágrimas y bajó la mirada. Encontraba una calidez en las palabras de ese hombre que le ponía los pelos de punta, y el agarre que mantenía en su brazo se tornó un poco más ajustado.
-De…déjeme- A el se le abrieron un poco los ojos, divertido. No se esperaba que alguien jamás pudiera ponerle contra ante su benevolencia.
-Tu nombre… y te haré mi esposa. Te alejaré de estas repugnantes. ¿Por qué te trajeron a mi plantación?- El la atrajo hacia sí a lo que Sakura comenzó a temblar… de cerca el joven ya no parecía tan guapo. Tragó saliva, intentando mirar todo menos a su cara.
-Suélteme… déjeme ir porfavor… - Sakura comenzó a gimotear, asustada al notar como las uñas del señor se le clavaban en el brazo del cual la sostenía…. El parecía bastante divertido con la escena de pavor que provocaba, por supuesto ese hombre no la quería, pero sí deseaba su cuerpo. Sakura no era tonta. Ya había escuchado de que era un violador de mujeres blancas que llegaran a la plantación, a quienes torturaba en sus aposentos. El tomó con su mano libre el mentón de ella, obligándola a mirarlo por fin. Su expresión impasible y tranquila comenzaba a desencajarse.
-Eres estúpida o sorda- Dijo en un quedo Flowright. -¿No has oído lo que te estoy proponiendo…?- Acto seguido, como una flecha acercó su rostro al de ella, mordiéndole el labio como un perro, haciéndole daño. Pero no alcanzó a arrancarle el pedazo que planeaba quitarle… puesto que ahora por su mejilla blanca, no remendada por el sol, cruzaban tres líneas sangrantes desde por debajo del ojo hasta la comisura de la boca. Flowright la soltó. Anonadado por el momento. Y ella en su apuro por huir de lo que sería su muerte por su atrevimiento de haberle rasguñado, tropezó y cayó sobre sus nalgas, con todo su cuerpo al borde de la convulsión por el pánico.
Las chicas miraban pasmadas en las cercanías, habían todas dejado de hacer su trabajo, ignorando las órdenes de los guardias de quitarle importancia al asunto. Todos sabían que el seducía a las prisioneras de su agrado. Pero ellos dejaron de insistir a punta de pistola, en cuánto presenciaron cómo la esclava había osado arañar la cara del todo poderoso señor, cuando éste intentó besarla a la fuerza.
Fye Flowright, aún mirando al vacío desconcertado por lo que acababa de acontecer, comenzó a reír quedamente mientras se llevaba una mano a la mejilla, pues ya le escocía el aruñazo. Luego rió sueltamente a carcajadas. Miró a Sakura impresionado y casi recuperado de la conmoción. Ahora su sonrisa socarrona era verdadera. El definitivamente tendría a una mujer así de osada en su cama, costara lo que costara, aunque tuviera que encerrarla en una jaula para que no escapara.
Ya estaba imaginando todo lo que gozaría, cuando por fin habló.-Más bien eres una fiera- Y le pasó de largo, regresando por el camino a su mansión como si nada… Sin haberla golpeado, pateado o matado. Como si regresara de un día de campo.
Sakura aún no pudiendo creer su suerte, con todos sus músculos aún rígidos, respirando entre cortado, intentó pararse. Una mano mulata la sostuvo, y la dejó en sus dos pies. Era de las esclavas que le había ayudado a mantenerse erguida.
-Hemos visto todo, es la primera vez que alguien jamás le opone alguna clase de resistencia, seguramente te costará caro, aunque por ahora, nos has inspirado y nos alegra que sigas viva.-
-Nos has dado un poco de dignidad, ¡Y nosotros que pensábamos matarte si no lo hacía el primero!- Exclamó otra chica de piel tan morena como la tierra, tenía su pelo tan rizado, que lucía tieso, recogido en una cebolla en lo alto de la cabeza.
-Y a tu amiga, pero… ¡Vaya que has montado una escena! ¡Ahora todos han presenciado como ni siquiera ese monstruo es intocable!- Dijo otra esclava con tono apasionado.
Tomoyo abrió paso entre todas, quien dieron un paso atrás cuando se le abalanzó a Sakura llorando, aliviada con el desenlace. Sakura por fin reaccionó y la abrazo, dejando escapar toda la tensión en un sonoro gemido de desahogo y consuelo. Si, había plantado cara, pero como bien habían inquirido las demás mujeres, ¿Qué haría ese hombre ahora? El agobio se apoderó de ella.
A Sakura ni siquiera le dio tiempo de fruncir el ceño cuando a media noche, un guardia le tapó nariz y boca con un pañuelo impregnado con un olor fuerte que la mareó. Incapaz siquiera de pedir ayuda, todo su mundo se desvaneció. El guardia la arrastró fuera de la cabaña, hasta la casa principal, donde la tiró cual saco de basura en la entrada. En su media inconsciencia, tendida en la madera carcomida, reconoció el rostro del diablo en aquella hermosa cara blanca, enmarcada en un cabello que parecía de oro.
-No…no…- Cualquiera de sus esfuerzos era inútil. No conseguía coordinar y sus intentos de escapar se asemejaban a los de una cucaracha medio muerta, que quiere huir del zapato que la aplasta.
El diablo rubio la cargó… y entonces entendió. ¡Por supuesto que la había dejado vivir! ¡Viviría ahora para sentir en carne viva la venganza por su tontería!. –No…- Continuaba repitiendo ella. –Piedad... misericordia… no me haga daño…-
La sonrisa inquisitiva que alcanzó a grabar en su mente que el señor Flowright le dio como respuesta, sólo sirvió para crisparle el alma.
-Syaoran…- Y todo se volvió calma por fin. Se entregó a la dulce negrura del desmayo.
En las cercanías… adentrados en la selva:
Un hombre de pelo chocolate, con su torso fornido desnudo que dejaba cicatrices eternas de látigo a la vista, siendo delineado por las llamas de una fogata, y sus ojos ámbar brillantes, encendidos como el fuego, afilaba una espada con tal dedicación como si acariciara las curvas de una mujer.
Esa mujer.
-Sakura…-
De inmediato regresó al mundo, volvió a escuchar los sonidos tranquilos de la selva, como se quemaba la madera, y a los otros hombres hablando en su dialecto africano. Se dio cuenta que había pronunciado de nuevo el nombre de su amor eterno sin pensarlo. Que había estado ido mientras le daba los toques finales a su larga y poderosa espada.
Y es que últimamente ella estaba en su cabeza desde que salía el sol y se levantaba hasta que perdía su conciencia al sueño cuando estaba ya entrada la noche.
Porque ya era la víspera, ya era la noche donde pelearía a muerte por recuperarla. Y devolverle la felicidad a su amigo, su hermano que habría dejado arrancarse el cuerpo por aquella singular chica que lo había tenido cautivado por años. Tomoyo. En ésa luna, se levantarían los rebeldes en contra de la opresión y tiranía de aquella plantación que producía más muertes que azúcar. Los guardias que estaban con el movimiento "olvidarían" cuidar la puerta principal y otros sitios estratégicos, entonces los rebeldes centinelas entrarían sigilosamente , degollando en silencio a la mayor cantidad de guardianes que no hubieran cooperado con la insurgencia. Para por fin emboscar de una vez por todas al bastardo dueño y colgarlo de los pulgares para dejarlo morir ante el sol.
Ya habían pasado dos largos y tortuosos meses, desde el naufragio, desde la muerte del valeroso Jean, la cual aún le hacía hervir la sangre ante la maldad del mundo. Y desde que había entrenado su cuerpo, devolviéndole una musculatura mejorada, que se esculpió cuando galeote. Sus habilidades de combate no las había olvidado, y también las había afinado. El ganaría en la batalla. Se cargaría a la mitad de los malditos que maltrataban a las mujeres dentro de la plantación el sólo. Descargando su rabia contenida en sus cabezas, partiéndole los cráneos con las manos si era necesario.
De pronto sintió una mano en su hombro, y su cuerpo se destensó. No se había fijado en que se había crispado ante sus pensamientos. Era Abdukare.
-Siao Lan- pronunció el anciano. –Ya pronto se acaba la pesadilla, mantente cuerdo unas horas más-
Syaoran asintió, serio, con la mirada perdida en el fuego bailarín, a lo que Abdukare suspiró.
-Que tu corazón y mente se puedan recuperar de ésta sed de muerte que tienes… eres un buen muchacho- Ésta vez la mirada del chico si se posó en los ojos del sabio anciano. Y alcanzó a sonreírle de medio lado.
-Si Sakura sigue viva… estaré bien… anciano-
Tomoyo despertó ante la sensación de que algo pasaría…hacía frío. Trató de entornar los ojos en la obscuridad, ¿Porqué hacía tanto frío? Con la cercanía de Sakura jamás se sentía tan helada. Entonces adormilada aún, descubrió su catre revuelto y vacío. ¿Habría ido a los orinales?. Su mente escrutó entre la noche obscura toda la habitación, hasta que reparó en la entrada de la mugrienta cabaña pisadas que no se igualaban ni en número ni en calzado a las esclavas, junto con evidencias de que alguien había sido arrastrado. Y entonces, en un segundo pasó por su cabeza el incidente con Fye, y las advertencias de sus compañeras.
-Sakura…- Susurró a la nada.
Fye Flowright había sido desafiado por una esclava, y ella pagaría tarde o temprano la insolencia. En carne propia.
-Sakura… Sakura- Un nuevo intento, su voz se iba quebrando.
Sin pensarlo, y con el pánico subiéndosele desde los pies, comenzó a llamarla, cada vez más alto.
-¡SAKURA!-
Pero todas despertaron más por el sonido de un disparo, que por Tomoyo. La más cercana a la puerta en la cabaña se abalanzó para ver que pasaba… tenía la cabeza destrozada, no había duda, habían asesinado con toda la intensión a un guardia.
Otro disparo, gemidos de agonía. Salieron todas las chicas. Más guardias muertos.
De entre los cañaverales y los árboles, salieron sombras, con bayonetas, pistolas, espadas. Cuando estuvieron cerca, todas las esclavas menos ella entendió lo que pasaba.
-¡Son ellos!- Gritó jubila una de las chicas. Todas corrieron hacia la masa de hombres para buscar rostros conocidos. Otras se clavaron en el suelo, alzando sus brazos hacia el cielo llorando porque el calvario tendría fin. Porque confiaban en que nunca jamás habría sufrimiento para su gente.
¿Entonces lo de la rebelión era cierto? ¿Estaban salvadas?
Y uno de los tantos rostros… uno de los que ella reconocería aunque ciega estuviera…la reconoció también. Y entonces si, de pronto, supo que tanto Sakura y ella estaban ya a salvo. Los pies de ambos se despegaron de la tierra para correr desesperados. Y se fundieron en un abrazo.
-¡Syaoran!, ¡Oh Syaoran! ¡¿Cómo?! ¡Las galeras!- Tomoyo lloraba sin entender nada, aferrándose a el como si fuera la vida.
-Naufragué… en el lugar correcto. Me salvó un pirata sarraceno- El la mantenía entre la seguridad de sus brazos fuertes, acariciándole el pelo aunque tenía las manos ensangrentadas. Ninguno de los guardias le decía donde estaba, sólo le escupían en la cara como última plegaria y el los degolló a todos.
-¿Y Sakura?-
Inmediatamente Tomoyo le miró a los ojos, presa de la angustia y la desolación… del miedo a que ella…
-La tiene el…Syaoran. ¡Tienes que salvarla!-
Los disparos no lo dejaron ni procesar en paz. Los estaban contra atacando ya.
-¡Maldita sea! ¡Tomoyo escóndete! ¡No te dejes atrapar de nuevo por estos desgraciados!¡Iré a buscarla!- Syaoran sacó de la funda la espada, y con la boca quitó el seguro del arma que sostenía con la otra mano.
Pero de repente, los soldados que los habían ayudado a matar a los otros, se volvieron en contra de su grupo congregado de insurgentes, apuntándoles tanto a ellas, como a ellos.
Syaoran no podía creerlo… tan cerca de acabar con todo y…
-¡TRAICIÓN!- Alcanzó a gritar el anciano Abdukare antes de tumbarse al suelo al adivinar la primera ráfaga de balas.
Dentro de la casa principal de la plantación Flowright
Lo primero que alcanzaron a captar sus sentidos mientras recuperaba la conciencia fue el olor del lugar donde se encontraba. Luego su mirada borrosa se tornó un poco más nítida, había velas aromáticas que se mezclaba con un olor salado y ferroso. Era lo único que iluminaba la habitación enorme donde se encontraba. Intentó moverse, pero de inmediato y con pavor que terminó de despertarla se descubrió encadenada, con una mano por encima de su cabeza, apretada por un grillete postrado en la pared. Estaba desnuda, en una cama… manchada de sangre. Su mirada incontrolada por el pánico comenzó a recorrer aquella lúgubre habitación, aún sin entender del todo el porqué se encontraba ahí así. Había salpicaduras rojas y marrones en las paredes, en el piso. Había látigos tirados, usados hacía poco, cuerdas ensangrentadas y gastadas… y un caldero con carbón prendido en donde reposaban varas al rojo vivo.
Sakura gritó una y otra vez al comprender su situación. Era el infierno y el diablo debía estar por ahí acechándola. Grito llorando hasta que las venas de su cuello se hincharon, mostrándose moradas, y la muñeca que la mantenía en su lugar comenzó a sangrar, resbalándose el líquido rojo espeso hasta su hombro. Nadie la salvaría de esa. Ni Syaoran galeote.
Alguien tocó la puerta, todavía con el descaro. Como todo un caballero Fye preguntó -¿Querida puedo pasar?- Seguido de una risa malévola que hizo que Sakura comenzara a temblar, dejando de gritar, estática por el terror que recorría su ser ante la visión de aquel ángel caído que le mostraba desinhibido y arrogante su hombría erguida. Totalmente desnudo, excitado como estaba por aquella escena donde él estaba por fin subyugando a la perra fierecilla descarada. Lo había soñado desde que la vio desembarcar.
-Pero mira si eres una mujerzuela, te has quedado muda al contemplar de lo que estoy hecho. No te preocupes, te lo daré, por todos los hoyos en donde te quepa-
Se acercó hacia ella como depredador acechante. Las lágrimas gruesas que caían de los ojos desorbitados de Sakura no dejaban verlo bien del todo ahora. No podía emitir sonido alguno y continuaba tirando de su muñeca apresada hasta que casi se la disloca. Su pecho subía y bajaba como conejo a punto de ser asesinado. Lo cual, le excitaba todavía mas al rubio bastardo. La tenía donde quería.
-Te he lavado, perfumado y rasurado, y debo decir que tienes un cuerpo hermoso. Lástima que lo vaya a dejar sin ningún centímetro de piel sana…- Dicho esto se abalanzó sobre ella con una fusta en mano. La cacheteó partiéndole el labio. El instinto de rabia en Sakura afloró e intentó atacarle de vuelta con un grito desgarrante de su garganta, pero Fye fue más rápido y le aplastó su mano libre con la rodilla, tronándosela.
Ella lanzó un alarido. No se había roto pero el dolor le llegó hasta la médula, atontándola.
-Esto es por el rasguño, fierecilla- Dijo el de lo más tranquilo. Como si pronunciara un salmo en la iglesia. Aprovechando que aún Sakura no se recuperaba, la giró, le golpeó con la fusta en la nalga, a lo que ella volvió a vociferar de dolor. Con su miembro palpitante, se apegó por detrás al cuerpo de ella, apretujándole los senos. Le lamió la oreja y le susurró como una víbora. -Te quemaré, azotaré, violaré y te ahorcaré hasta que mueras por alguna de estas enumeradas-.
Pero abrieron abruptamente la puerta de aquel recinto macabro. Un guardia, pringado en sudor y sangre.
-¡Señor! ¡Nos atacan!-
-¡Ah por dios! ¡Maten a todos! ¡Ya había pasado esto antes! ¡Sólo dispárenles a los que se acerquen a la entrada principal! ¡Estoy ocupado!- Bramó impaciente el señor Flowright.
-No entiende señor… ya están aquí, un gran grupo armado masacrándonos a todos-
-¿¡AQUÍ?! ¿¡DENTRO?!- Flowright le dio otro fustazo a lo que Sakura volvió a gritar.
-Y no son sólo negros, viene con ellos un joven de aspecto español que está degollando a quien no le de información de una chica de ojos verdes. – Apuró el guardia. Señalando a la chica que yacía hecha un ovillo desnuda. Ella había recuperado un poco de cordura, atenta como un zorro a las descripción de aquel misterioso que había descrito el guardia.
¿Syaoran?
Fye se giró como un torbellino a mirarla. Ella ya no se veía con miedo, y eso lo despreciaba. Le dio un puñetazo con lo que la tumbó boca abajo. Eso fue la promesa de su muerte.
-¡Todo tiene que hacerlo uno mismo con un demonio! ¡Son unos idiotas incompetentes!- Se fue y Sakura se tocó su labio inferior roto.. Había un poco de sangre en sus dedos. Volvió a tirar de su muñeca intentado en vano liberarse. Y en su ofuscación y frustración gritó hasta que los pulmones le ardieron.
-¡SYAORAAAAAAAN! ¡SYAORAAAAAAAAAN!-
Fye se había vestido, traía su pistola y la espada afilada con la que gustoso cortaría todos los gaznates que se le atravesaran. En cuanto salió, no pudo evitar esbozar una sonrisa de suficiencia, parece que su fierecilla no iba a esperar mucho para su calvario. Los insurgentes estaban todos arrodillados con la cabeza pegada al lodo húmedo, con las caras contenidas más de rabia que de pánico. Congregados en círculo, siendo apuntados por los guardias traidores. Había sido una trampa. Los guardias que cooperaron con ellos solo lo habían hecho para que entraran en la plantación y fuera más fácil matarlos a todos, acabando de una vez por toda por cualquier intento de revolución. Incluso habían matado a algunos de sus partidarios para que la confianza fuera ciega… . ¡SÍ que eran unos mal nacidos!
A los que no murieron en la segunda ráfaga de balas los mantuvieron con la cara en la inmundicia esperando por el patrón, quien, por lo que Syaoran alcanzó a ver… ya estaba presentándose en la puerta. Tan pulcro que daba asco. Las mujeres eran mantenidas prisioneras, maniatadas custodiadas, el que se moviera recibiría un disparo en la cabeza. Todos sabían que no bromeaban. De todas formas sólo los mantenían vivos para recibir la humillación del patrón de la hacienda.
-Vaya… -Comenzó Fye con la voz alta, para que todos escucharan.-Así que ustedes creen que pueden venir a destrozar mis cañaverales, llevarse a mis esclavas y matar a mis regicidas….-
El señor Fye se tomó su tiempo para bajar los peldaños que lo separaban del fango. Recorriendo el círculo para verlos, para dirigirles su mirada altiva y humillarlos. Cuando sus ojos se toparon con los de Syaoran, se dio cuenta que éstos eran desafiantes… que clamaban su sangre. A lo que el señor Flowright sonrió, gustoso de poder darle a él la mayor abyección de todas.
-Vaya… el de aspecto español…¿Qué hace un ambarino entre todos éstos de piel sucia?-. Syaoran recordó las palabras de Tomoyo.
La tiene Él Syaoran. Evocó.
Su mirada hacia aquél individuo rubio se tornó aún más severa y retadora.
-¡QUE HAS HECHO CON SAKURA!- Bramó como un animal el ambarino.
La cara de el joven dueño de la plantación se iluminó como si le hubieran hecho el mayor de los cumplidos. Claramente disfrutaba la situación.
-A este hombre…- Dijo el diablo rubio. –A este hombre lo mataré yo- Dijo señalando Syaoran a sus guardias. Ellos asintieron.
Luego volvió a ver a Syaoran, quien alcanzó a ver un destello de crueldad y sadismo que por un momento le hicieron querer levantarse y abrirle la garganta con las uñas… pero sabía que no sería prudente.
-Así que esa chica que tengo encadenada, golpeada y desnuda en mi cuarto se llama Sakura… ¡Que felicidad!. –
Syaoran no pudo controlarse más y como un tigre se intentó abalanzar hacia la garganta de Fye, pero éste fue más rápido, disparando a una de las mujeres, quien cayó muerta desplomada. Syaoran estaba pasmado y pronto entendió que el tenía las de perder. Ardiendo por dentro lentamente volvió a la posición que le impusieron. Sin dejar de mirar un segundo al rubio hijo de puta retorcido. Le quemaría las bolas, se las cortaría y haría que se las tragara. De alguna forma, tenía que darle un vuelco a la situación.
Fye soltó un bufido petulante.
-Ha, se ve en tu cara lo que quieres hacer conmigo, pero la mataré en tu cara y luego te mataré a ti-
Entonces un disparo. Cae un guardia. Las chicas gritan con horror. ¿¡De donde salió eso?!
Antes de que Fye pudiera pronunciar su primer nombre, un segundo disparo. Ésta vez sintió la bala rozar sus cabellos.
-Ups, fallé- Grito alguien con evidente aire de altanería y autosuficiencia. Orgulloso y aliviado de haber llegado en tiempo. Era su entrada. –Perdón, me falta un meñique en la mano con la que me gusta sostener las armas-.
Era una voz conocida. Tomoyo tenía la cara surcada en lágrimas al reconocerla, conmocionada por la incredulidad. El guardia que la había mantenido maniatada yacía muerto… con la primera bala que se había escuchado. Lo divisó al instante, entre el grupo que comenzó a rodearlos a todos.
-¡E-Eriol!- Exclamó Syaoran.
El inglés sopla el humo de su arma nuevamente cargada.
–Llegó la caballería-
CONTINUARÁ!
