MUJERES DIVINAS CAPÍTULO 14.

Penúltima entrega.

Hola a todos, espero que éste capítulo sea de su agrado. Me encantaría recibir comentarios para mejorar la Fanfictionersssss!


-¿Caballería, inglés? No tenemos ni una mula que montar-

Exclamó un peliplateado, secundando la entrada de lo que parecía la menos esperada brecha de salida de tan forzada situación.

Eriol le guiñó un ojo de vuelta a su compañero de emboscada.

-Siempre quise decir eso, Yukito-

Los guardias de Fye comenzaron a verse unos a otros confundidos, preguntándose con los ojos si debían atacar o quedarse quietos, ya habían muerto un par de ellos. El hacendado por poco pierde su humanidad de la rabia que ya no contenía y desfiguraba sus facciones. Desenvainó su espada y disparó al azar contra la oscuridad de la selva, donde no llegaban las antorchas.

-¡Qué esperan! ¡Suelten a esas mujeres vacas inservibles y defiendan MI plantación!-

Syaoran inmediatamente buscó con los ojos desorbitados a Tomoyo, gritándole.

-¡Tomoyo, escóndete con las mujeres!- El sabía que ella sabía defenderse sola y lo comprobó cuando sacó una pequeña pero filosa navaja y corrió con decisión a la oscuridad con las esclavas, lejos de las balas.

El grito ensordecedor de una masa bélica rugió entre la densidad de la selva, revelando que necesitarían más que sus bayonetas para sofocar lo que era verdaderamente ya una revolucia la balanza del lado de los insurgentesonfundidos, como pudieron blandieron sus armas al aire esperando al enemigo, pero su disón.

A Fye Flowright poco le importó que fuera Carlo Magno.

-¡Ataquen!- Bramó Yukito liderando la horda cargado hasta los dientes de metal filoso y pistolas calientes.

Salieron todos los isleños ataviados con espadas y pistolas, sus fuertes corazones y sus habilidades excepcionales.

Si, el pueblo de Sakura era tierra de guerreros.

Los soldados de Fye estaban desorbitados, confundidos, como pudieron blandieron sus armas al aire esperando al enemigo, pero la distracción momentánea para con sus prisioneros ladearía la balanza del lado de los revolucionarios.

-¡Los que no estén sosteniendo a los malditos negros capturados pónganse a pelear o yo mismo les abriré un tajo en la garganta!- Fye salió disparado, la pulcritud de sus sedas se fue al traste.

Syaoran, con su cara ennegrecida de barro, partió la espinilla de su captor con tal coraje que los demás mulatos, más altos, más preparados con los puños y las artes de la lucha, no tardaron en liberarse, tomando palos y piedras o recuperando sus armas.

Ambos bandos colisionaron. El fuego estalló. Las vainas de metal chocaban echando chispas, el humo de las mechas cegaba la vista y su brío sonido desorientaba, y en medio del caos, por fin, los insurgentes mulatos estaban haciendo la justicia de años de esclavitud.


Sakura ya sangraba de las raspadas que le producían sus cadenas oxidadas intentando liberarse, daba un respingo cada vez que oía los balazos y los gritos mortales. Se moría de miedo porque pertenecieran a Syaoran o a la gente inocente que se mantenía cautiva en la plantación.

Afloraba nuevamente su desesperación.

-¡Oh, por favor!- Volvía a tirar de los brazaletes. -¡Tengo que salir de aquí!-

Tiró tan fuerte que el hiero unido a la tabla en la pared se quebró un poco, ¿Cuántas chicas a lo largo de cuántos años trataron de liberarse? ¿Sus espíritus le ayudaban en ese momento para no sufrir su mismo destino?

Consiguió un poco de apoyo aunque sus pies estaban maniatados, impulsándose, logró mantener el equilibrio en ambas piernas, rebotando del colchón de paja, con lo que consiguió zafar un poco la madera en medio de un grito de dolor.

-Una vez más- Susurró casi sin aliento.

Y con un alarido final, la madera explotó contra su fuerza, saliendo la oji verde disparada fuera de la cama. Aunque no podría deshacerse de los grilletes, tiraría de las cuerdas como fuera para poder correr por su vida antes de que ese demonio amarillo regresara a por ella.


Entre el caos y las llamaradas corazones furiosos peleaban con su vida, pero el que mas brío tenía era Syaoran, abriéndose paso hacia la casa del hacendado, si quería salvarla era ya, pues la casona de madera había sido alcanzada por las altas llamaradas. Fye distraído desgarrando gargantas y abriendo pechos, aun no veía que planeaban quitarle lo último que le quedaba: su botín de ojos verdes.

-¡Syaoran! ¡Syaoran!- Eriol le buscaba desesperado entre las multitudes chocantes, hacía demasiado calor, los cañaverales se incendiaban tan deprisa como un fósforo.

-¡Con un demonio Eriol!- Un hombre le cayó a los tobillos, se distrajo tanto buscando a su amigo que casi le cuesta la vida. Se volvió sobre los mismos en un instante.

-¡Amigo!- Syaoran miró de soslayo la mano mutilada de Eriol con la que firmemente sostenía una pistola, y le dedicó una profunda mirada…Eriol sonrió de medio lado. Azul contra el ámbar…. Chocaron espadas.

-Me alegra que…¿Pero como? - Comenzó Syaoran.

-Te debo la vida hermano, vine a pagar el favor-

Antes de cruzar caminos para iniciar su carrera en batallas opuestas Syaoran le dijo casi al oído.

-Tomoyo está a salvo escondida, ve por ella en cuanto tengas oportunidad-

Eriol asintió, disparando a otro individuo, regresando concentrado a su pelea. -Te veré aquí afuera para escoltarlas a ambas lejos del peligro-

-¡Gracias!-

Fye entre el picor de los ojos que le producía la pólvora, alcanzó distinguir a la alimaña de aspecto español dirigiéndose a toda velocidad hacia su casa. Sin duda por la muchacha.

Eso era lo último que permitiría. Su cordura murió y emergió la bestia desalmada. Corrió como el diablo en la misma dirección.

-No, ¡NO! ¡Ella es mía!-

Y le cortaron el paso en seco.

-Tu pelea es conmigo idiota- Yukito le desafió con galanura y los ojos brillosos por el fuego.


-Que si esto lo supiera mi madre difunta, se vuelve a morir tres veces- Enfurruñaba Sakura mientras se cubría con un yute roído lo que podía de su cuerpo, buscando la salida. La casa estaba caliente y pronto descubrió que se quemaba cuando escuchó una explosión sonora que acabo tirándola al suelo junto con piezas de madera y porcelanas. Media casa voló.

-¡NO!- Syaoran derribó la puerta apretando los dientes que crujieron. No se extrañaría si escupía una muela después. Entró a la casa, parecía un caldero, las llamas comenzaban a derretir los candelabros, explotaban los jarrones y las pieles colgadas se carcomían, no importaba su valor, todo terminaría reducido a ceniza, y no sólo cosas si no ellos también si no se apuraba a encontrar donde sea que tuviera a Sakura.

Y en eso oyó que una débil voz tocía. Y delante de sus narices, a paso lento y tanteando su camino, vio a una figurilla menuda y su corazón se desbocó.

-¡Amor, Sakura!-

-¡Syaoran! ¡Oh, Syaoran!- Sakura corrió en la dirección del ambarino arrastrando sus cadenas, poco importándole su desnudez, a Syaoran se le partió el alma, el había ganado músculo, pero ella había perdido peso hasta los huesos. Clavó su mirada en las manos sangrantes y sus tobillos negros de suciedad, dañados por sogas. El mismo le había causado aquello y sin embargo ella corría con toda su enjundia hacia el.

Como un ángel caído que recibe su redención, la tomó rodeándola, cayendo ambos al piso ¿Qué se estaban incendiando en el mismo infierno? A el le pareció el lugar perfecto para abrazarla con todo su ser. Y ella, lloró desconsolada, escondiéndose como un cordero indefenso entre sus poderosos brazos, muerta de miedo, de alivio, de esperanza.

-¡Estas vivo, estas vivo! ¡Como has sabido donde estaba!- Sollozó tanto, acariciándole el pelo ensangrentado, había soñado tanto con el…

-Ya habrá tiempo de explicar, hay que cubrirte y salir de aquí- Se levantó con ella en brazos, buscando con qué envolverla, la mesa principal aun no había sido consumida, así que tiró del mantel tirando cuanta vianda había encima. La dejó en el suelo y rápidamente la envolvió como un presente. La tomó en vuelo nuevamente.

-¡Syaoran! ¡Puedo andar!- Pero a el siempre le perseguirán los pies descalzos hechos jirones de su amada.

-¡Que te llevo yo de vuelta a casa!- Y antes de que la casa se viniera abajo, salieron.

-¡Eriol! ¡Eriol!- Bramó Syaoran. Eriol corrió como la peste a interponerse entre la guerra sanguinaria que se llevaba a cabo en el fango , su amigo, su amiga y lo que quedaba de la casa chamuscada

Sakura estaba anonadada, le brillaron los ojos inmensamente.

-¡Eriol! ¿Qué trastes haces aquí?!-

-¿Y esos modales son de por aquí? A mi también me da gusto volver a verte pequeña Sakura, y por cierto ¡También te traje a…

-¿¡Yukito?!- ¡Ah!- Syaoran no pudo evitar que se le escapara un poco la fuerza cuando aventó a Sakura como pilón y Eriol la atrapó como pelota.

¡Pero y tu que te crees!-

Se cayó en el momento en que vio la mandíbula tensa de Syaoran y sus venas bombeando lúcidas a través de su piel bronceada, Eriol volteó asustado a donde Yukito y Sakura veían con intensidad.

Yukito no veía con un ojo, su boca estaba partida y Fye, había perdido media oreja, también, se sostenía con vehemencia el tórax en cada movimiento con la mano que no se aferraba a su último balsón, y los espadazos sonoros ponían el pelo de punta.

Syaoran salió corriendo, esa pelea era suya.

Ambos advirtieron la presencia de una persona acercándose a toda velocidad, y Fye, como un zorro que esta a punto de morir, sacó su pistola y apuntó certero a la cabeza de Syaoran, matarlo sería lo último que haría, se dejó estocar en el pecho por Yukito para lograrlo.

El balazo rosó la mejilla de Syaoran, y más enrabiado que nunca, Fye pateó sórdidamente en el estómago a Yukito, haciéndolo quedar fuera de combate. Se arrancó la espada, y de la herida salieron borbotones de sangre, pero el la empuñó con las dos manos, quería la sangre del español. Con el sí que pelearía enserio. Jamás en su vida había querido tanto matar a alguien.

-¡ESPAÑOL, AQUÍ TE MUERES!-

Chocaron ambos metales sacando chispas, Syaoran lo sintió, definitivamente necesitaría algo más que fuerza, voluntad y suerte para ganarle a ese sujeto. Con cada estocada conjunta se barrían sus pies, levantaban polvo, pero esquivaban. La pelea era descomunal, ambas personas batían sus espadas y cuando chocaban sus espadas éstas se estremecían y se escuchaban de ellas truenos y retumbaban todos los cuerpos. Entonces, Syaoran resbaló con una piedra, vital error.

Yukito recuperaba el sentido en el momento en que vio como estaban a punto de rematar a Syaoran con una sola estocada en el cuello, corrió como pudo y embistió al hacendado con el propio peso de su cuerpo, pero cuando cayeron, Fye aprovechó esa misma gravedad… y le atravesó el pecho hasta la empuñadura, tomando Yukito el destino del ambarino en su lugar, la muerte misma.

Syaoran, aun no consiente ni seguro de la gravedad de las heridas del administrador impostor, le cortó la cabeza a Fye… con todo el odio que traía retenido y terminando así… con una historia de crueldad. Los fuegos comenzaban a apagarse…la selva húmeda que abrazaba el resto de la isla y el fango no eran para consumirse…

Entre el escenario sombrío de humo negro y olor a sangre y pólvora, Yukito se movió escupiendo sangre, rodando para quedar al lado del cadáver decapitado. Y ahí fue cuando Syaoran quedó de piedra, helado.

Sakura incapaz de retenerse más, se zafó de Eriol y corrió a medio cubrir y encadenada, tirándose en el mar de sangre que se estaba formando alrededor de ambos cuerpos. Le tomó la mano temblorosa y fría a quien fue el amor de toda su infancia. Lo había visto todo, y aunque su sentido racional le decía que poco podían hacer por Yukito, de igual manera le consoló, pero parecía más para ella que para el valiente guerrero caído.

-N…no, no morirás… verás que… te cuidaremos, como cuando Syaoran estaba herido… como cuando Eriol estaba herido…Sólo… quédate quieto-

Yukito volvió a toser sangre, y como pudo fijó sus ojos llorosos en ella, que estaban todavía más inundados. Esbozó media sonrisa.

Syaoran se arrodilló, con la impotencia a flor de piel, el sabía mejor que nadie de que tipo de heridas no te volvías a levantar… lo aprendió todo de Abdukare. Pero el estaba seguro, que por la forma en que Yukito peleó, el también sabía que todo había terminado.

-Salvaste mi vida… pero entregaste la tuya a cambio… ¿¡Porque?! ¿¡Porqué?!- Le espetaba, agradecido pero ofuscado, porque no era justo. Una vida no se podía cambiar por otra.

-Porque en otras circunstancias… nos habríamos llevado bien y tu… salvaste la mía, cuando la rescataste a ella…- Yukito no dejaba de ver a Sakura, quería llevarse hasta la última de sus facciones con el al otro mundo… aunque todo comenzaba a oscurecerse y le costaba trabajo enfocarla sin quedarse dormido.

Sakura rompió a llorar, quería decirle tantas cosas, quería disculparse, por no haberse ido con el, por no haberle correspondido, por no poderle decir que lo amaba más, por que el había sido bueno, había sido todo para ella casi toda su vida. Desesperadamente trataba de parar el sangrado que ya había puesto pegajosa toda la camisa de Yukito, pero se hacía daño tocando los filos de la espada que aún tenía prendida porque temblaba demasiado. El la detuvo cuando comenzó a hablar.

-Sakura… escúchame… mi felicidad… fue volverte a ver con vida…y yo se… que la tuya, se habría muerto con el…- Tanteó la cara de Sakura, secando parte de sus lágrimas- Así que…prométeme que no pensarás en mi… más que como un recuerdo grato lejano, y el ahora… lo olvidarás-

Y con la más dulce sonrisa pintada en su rostro blanco… cerró los ojos, aferrado a la pequeña mano de su amada. Dejando caer la otra, ya sin vida.

Syaoran, con sus labios hechos una línea y la cara surcada de dolor, levantó la cabeza de Fye Flowright rugiendo, gesto que todos atribuyeron con que todo había terminado y después de tantos años, podían abrazar a sus mujeres, a sus hijas, con libertad y con esperanza, rehacer sus vidas. Tanto tiempo de sufrir por fin… podía quedar en el olvido.

-¡VICTORIA!- Exclamaron los revolucionarios supervivientes, sacando de sus escondites a sus esposas, madres e hijas cuando el último y más sanguinario regidor de aquella plantación había muerto como se merecía. El contraste era sombrío, que aunque algunos celebraban… otros lloraban a sus camaradas caídos.

Eriol, apoyado en el único cimiento que quedó de la casona de la plantación, abrazaba a Tomoyo quien era incapaz de ver la escena trágica. Ya amanecía, y los cabellos de Yukito, resplandecían como la cara de paz con la que falleció, contrastando con la violenta sacudida de la espalda de Sakura llorando, mojada en sangre y Syaoran… viendo el nuevo sol, con las uñas clavadas en las palmas.

Que sabor tan agridulce tenía el ganar en la guerra.

CONTINUARÁ…

PRÓXIMAMENTE, CAPÍTULO 15. FINAL.


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