Momentos

Propuesta

IV

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La florería de la familia Yamanaka era reconocida en todo la ciudad, además era la única en todo el sector a la redonda. No solo era conocida por ser la más cercana si no también por poseer un sin fin de plantas, la gran variedad de especies florales era la envidia de los demás locales .

Ah el sueño de cualquier florista sería ser invitado a la gran mansión Hyûga. Ellos si que tienen un jardín que resalta la belleza de la naturaleza. Las miles de hectáreas que rodean esa «casa», son maravillosa.

Ino, no creo que sea bueno hablar así enfrente de tu amiga— Ino y Sai se vieron y luego a su acompañarte, la «bellisima» Hinata— apodada así por las revistas del corazón, ella, era la princesa más cotizada por ahora— lo siento Hina, pero tu casa es bella por fuera, y me imagino como será por dentro esos vastos jardines.

Si, no te preocupes, Ino. Y Sai gracias. Pero mis jardines son así de «bellos» por el mantenimiento.

Pero es que yo...— Ino se perdió, en sus pensamientos, y Sai pensó a su manera muy rara — rara para la mayoría, pero única para Ino y en ello la secundaba Hinata.

Señorita Hinata, podría pedirle un favor— Hinata lo miro y supo que su amiga sería inmensamente feliz.— cuando ellos terminaron de hablar, Ino salio de su sueño. Cuando enfocó la vista en su novio y su amiga los vio con una tímida sonrisa y un brillo en la mirada lo cual ella lo asumió a que ambos gustan del té verde, y su vasos estaban ya vacíos.

(...)

Ino se encontraba sentada en un banca del parque más próximo a la entrada este de la casa Hyûga, el parque de sakuras blancas era el más hermoso del parque. Lo único que las personas veían era la rubia y por que fuera bella o la más bella de la flores según la misma Ino; si no por que la susodicha llevada una venda en sus ojos, y la par de la modelo Hyûga con el pintor, novio de la que no miraba nada por el momento.

Lista Ino— Sai tomo la mano de su chica y la llevo el resto del camino con un cuidado que Hinata sintió una punzada de celos, ese chico era único y amaba a Ino de una manera única.

Sai, estoy un poco preocupada... ¿a dónde vamos, cariño? ¿por qué la venda? ¿ya llegaremos?— entre esas preguntas abarcaron gran parte del camino y cuando las puertas del jardín se vieron, Hinata los dejo entrar y ella se fue. Era ese el regalo de ella para Ino y Sai.

Ya puedes quitarte esa venda de tus ojos, hermosa. Ino poco a poco lo hizo, embelesada por lo que sus ojos veían quedo muda jamás pensó que podría estar ahí. Su amiga era muy celosa en ese sentido, el jardín solo daba paso a las revistas más famosas y todas eran herbolarias. Cuando su vista pozo a su novio el chico estaba hincado en el suelo empedrado con una caja pequeña de terciopelo azul, y la mirada brillante, sus mejillas pálidas ahora de un rosa tenue y formulando una muda pregunta.

Hermosa no soy tan bueno en eso pero... ¿aceptas pasar el resto de tus días a mi lado hasta que tu mueras o sea yo? — Ino movió su cabeza de arriba a bajo, dando un pequeño salto ahí mismo.

Sí, claro que si.

(...)

Hinata los vio besarse y abrazarse, por el ventanal, detrás de las cortinas finas. Atrás de ella su hermana y primo; el padre de ella sentado más atrás en la mesa del té. Miró a su familia hacer ese gesto tan "romántico".

Y cuanto deposita él chico. — su hija mayor lo miró de una forma que hizo que los vellos de su nuca se le erizaran— digo ese jardín es bello pero nos pertenece y más a tu madre. Es un santuario.

Todos en la sala se vieron y asintieron — Hace tres días, padre— el jefe de familia sonrió un poco. Ya tenían para remodelar otra ala del vasto jardín, la casa de su fallecida esposa. Porque ahí en esa majestuosa «Pradera» en un pequeño pozo habitaba la urna de Hana, su amada esposa y madre de sus dos bellas hijas.