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Title: Someone to You
Ship: Adrinette.
Genre: Angst, AU, Slash, Out of Character, Hurt/Comfort (H/C), WAFF (Warm And Fuzzy Feelings)
Word Count: 130,000
Word Count per Chapter: 3400
Rating: NC-17
Chapters: 11/52
Beta: Unbetated
Disclaimer: No son míos, si lo fueran seria esclavitud y está mal... o bueno, no podría decirlo en voz alta :v
Music: Maniac by Conan Gray
Los comentarios, estrellitas, y las galletitas, me hacen feliz.
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Days
La puesta de sol era perfecta. Como uno de esos escenarios que uno veía en esas películas de amor en donde el sol estaba por ocultarse, la mujer más atractiva estaba enfrente mientras estaba esperando la respuesta con el corazón latiendo a mil.
¿Esta era la parte en la que se suponía debía decir 'sí!' o '¿dónde está mi anillo?'
Desafortunadamente, ese no era el caso.
Adrian Agreste no estaba proponiéndole matrimonio. De hecho, le había preguntado directamente si quería ser 'la madre' de su hijo.
Marinette sabía de sus instintos de protección, pero de ahí a ESO.
—Lo siento...— Adrian rascó su nuca de forma nerviosa cuando vio la expresión agria de Marinette con cada segundo. —Creo que debería rehacer mi frase.— Dijo en forma tranquilizadora, tratando de no empeorar la situación, —Todo lo que pido es que estés ahí para Louis, no como amiga, ni tampoco como hermana mayor o niñera... sino también como una especie de madre. Estaba esperando si quizá también podrías ayudarme a ser mejor padre.
Marinette sintió un extraño nudo en su pecho, y su rostro mostró descontento.
—No necesitas preguntar porque definitivamente lo cuidaré. — Ella habló a la defensiva.
Adrian movió la cabeza.
—No me malentiendas. Sé que estarás ahí para Louis sin importar qué..., es solo que me preguntaba si estabas dispuesta hacer más que eso. — odiaba cuán inseguro sonaba.
¿A dónde se había ido su confianza como abogado cuando lo necesitaba?
La mirada de Marinette era acusadora y confusa, le ponía nervioso y poco elocuente. Quizá se había acostumbrado a que la chica siempre sonriera, si no con sus labios entonces con sus ojos.
¿Había sido muy directo con su pedido?
Ahora eso sonaba definitivamente como una propuesta de negocio para Marinette.
—No entiendo.— No sabía por qué el mayor estaba siendo tan evasivo con sus palabras. Pero entonces la realización la golpeó de súbito.
'¿Podrías ayudarme a ser mejor padre?'
Sus ojos se abrieron considerablemente, sus labios formaron una pequeña 'o' y abruptamente se puso de pie.
Adrian retrocedió un poco ante el súbito movimiento y encontró a la menor de pie en su espacio personal, mirándolo con los ojos bien abiertos.
—Adrian...— ladeó la cabeza. —¿Estás...— vio al mayor tragando en seco. —...pidiéndome que actúe como tu esposa?
El abogado de inmediato trató de eliminar la atractiva ilusión que Marinette había creado hace unos segundos y respondió.
—Si eso para ti significa acompañarme a las reuniones del colegio, entonces supongo que sí, Marinette. Necesito que tu presencia sea como la de una esposa.— Aparentemente ser sarcástico no era opción.
Marinette arqueó la ceja.
—Estás loco.— Con eso dicho, giró para irse.
—¡Espera! ¡Era una broma!— Adrian la siguió y en dos zancadas la detuvo con facilidad.
—¡No fue gracioso!— Marinette gruñó.
Aunque estaba a nada de estropear su amistad con Marinette, Adrian no pudo evitar sonreír mientras cambiaba a una distancia aceptable.
¿Cómo es que el enojado rostro de alguien podía hacerlo sentir tan emocionado? Quizá la forma en la que Marinette hacía esos pucheros sin notarlo, eran la causa.
La chica universitaria estaba descolocada. ¿Por qué? Bueno, porque había un atractivo hombre tras ella siguiéndola.
—Sabes que las reuniones de los colegios pueden ser divertidas.— Adrian tenía que seguir con lo mismo. La forma en la que los hombros de Marinette se tensaron hacía todo más divertido.
—Entonces deberías ir, señor Agreste
—Ah, entonces regresamos a las formalidades.
Ella se detuvo y lo miró de reojo.
—¿Qué estás tratando de obtener?
Adrian se detuvo y respondió con sinceridad.
—Tu ayuda.
—¿Por qué yo?
—Porque puedes hacerlo.— Afirmó.
Marinette se movió un poco haciendo que Adrian sintiera desasosiego.
—Apenas me conoces.
—No hace falta ser un genio para saber que eres noble, Marinette.— Adrian regresó el balón a su terreno, sintiendo la posible razón para su frunce de ceño. —Entiendo si encuentras extraño mi pedido. Es decir, yo también me asustaría si alguien mayor me pidiera jugar a la casita con él.— Y eso hizo que Marinette sonriera, provocando que Adrian se sintiera ligero. —¿Entonces qué dices?
La menor suspiró audiblemente y Adrian sonrió, sintiendo los familiares destellos de determinación.
—Bonita forma de convencer. Pero si es por Louis entonces...— su rostro se suavizó ante la idea de cuidar del pequeño niño.
Adrian cortó los pasos que los separaban y estiró la mano sujetando el hombro de la chica.
—Gracias.
Marinette alzó la mirada y sintió un nudo en su garganta. Adrian era tan atractivo...
'Tengo el presentimiento de que vas a romper mi corazón.'
—》《—
Louis odiaba estar enfermo. Su cabeza se sentía pesada, su nariz estaba tupida y su boca se sentía seca. La calidez que le proveía los cobertores no era suficiente para aliviar su malestar. Sus ojos se sentían pesados como para abrirse y por eso cuando sintió la cama hundiéndose al lado, no se molestó en mirar a la desconocida persona. Quizá era otra vez la enfermera.
Una mano tocó tiernamente su frente y Louis soltó un sonido apreciativo cuando fue girado para acurrucarse en la cálida almohada que no veía. El aroma era familiar y le ayudaba a aliviar su dolor de cabeza. Con sueño, alzó la cabeza y la colocó convenientemente en la cálida superficie.
De verdad deseaba mejorar pronto.
—Mami,— musitó con sueño y eso fue lo último que recordó antes de dormir otra vez.
—》《—
Había algo en la imagen de Marinette acurrucando a su agripado hijo en la cama, que le hacía no querer molestarlos. Los vio desde la puerta, con los brazos cruzados, recostado en la superficie.
—Mami,— escuchó que su hijo susurró.
—Shh, Principito, no soy mami, soy Nani, estoy aquí...— Marinette devolvió el susurro mientras acariciaba los cabellos de Louis.
Adrian no pudo seguir viendo la tierna escena y los dejó a solas. Regresó a su habitación y se sentó en la cama. Descansó sus codos en sus rodillas mientras sus manos cubrían su rostro.
Todo lo que podía hacer ahora era esperar que todo saliera mejor.
Marinette no sabía lo que había estado pensando cuando aceptó esto. Pero después de ver al débil Louis acurrucado bajo los cobertores, su resolución sucumbió. Ella no era el tipo de persona que fácilmente se enojaba, pero el saber que Kagami se fue dejando a Louis así como así, creó una burbuja de odio dentro de su pecho. Ella no conocía muy bien a Kagami Tsurugi y definitivamente había una razón por la cual se fue, una razón inevitable de hecho. Aun así, no pudo evitar sentir decepción y traición.
Marinette giró y acercó a Louis cuando el niño empezó a temblar. Cerró los ojos sintiéndose indefensa. Lo que más temía ya estaba pasando..., estaba ya muy metida y no había forma de salir de la vida de Louis sin dificultad.
—》《—
Al día siguiente, Adrian despertó de golpe. Se había dormido con su ropa de trabajo, muy para su mala suerte. Hizo el amago de salir de la habitación y revisó a su hijo, pero rápidamente retrocedió y se duchó primero. Quince minutos después, usando un pants y una camiseta negra, el abogado salió y fue a la habitación de su hijo.
Se sorprendió cuando encontró vacía la habitación. No pasó mucho antes de escuchar ligeras voces en el primer piso. Lentamente, bajó sin intención de hacer ruido.
—Nani~ ya estoy lleno. Ya no más.— Louis estaba apoyado en el counter, descansado agotado la cabeza contra sus brazos mientras Marinette estaba sentada a su lado, con la mano sosteniendo una cuchara de porridge.
—Solo un poco más, Principito, y luego debes tomar tu medicina.
—No~— el pequeño niño se quejó.
—¿Quieres volver a estar en cama?
—¡No!
Marinette suspiró pesadamente y bajó la cuchara al bowl.
—Necesitas comer algo.— Miró al terco niño de nueve años, quien la miraba tratando de imitar la misma intensidad. —Si vas a empezar un concurso de miradas, ya verás.
—No puedo.— Louis parpadeó cansado, sorbiéndose la nariz. —Estoy enfermito. No es justo.
—Entonces será justo si ya no estás más enfermo.— Ella volvió a intentarlo y acercó el bowl hacia él. Louis la miró con cautela. —Sabes que nunca te obligaría a comer más allá de tus límites, pero estas enfermo y no has comido nada desde la tarde de ayer así que come.
Adrian estuvo impresionado cuando su hijo hizo lo que le dijo que hiciera y de hecho, terminó el bowl de comida. La sonrisa en el rostro de Marinette era indescifrable.
Por única vez en su vida, Adrian creyó que había tomado la decisión correcta.
—》《—
Cerca del mediodía, Louis fue a la sala y se recostó mientras veía TV. Esa fue su recompensa por beber su medicina por segunda vez ese día.
Adrian y Marinette por otro lado, siguieron en la cocina, lavando los platos. Ella lavaba, y él secaba. El apenas audible sonido de la TV y el correr del agua llenaban el extraño silencio entre ellos. Marinette mantuvo su mirada en la labor mientras que Adrian se movía ligeramente, mirándola, cada ciertos segundos.
—Lo consientes demasiado.— Marinette le dijo deliberadamente. Ella no había aprobado el que el mayor dejara que Louis viera TV en lugar de dormir en su habitación. Todo lo que el niño tuvo que hacer fue abrazar a su padre por la cintura, mirarlo con un puchero y sorber su nariz. Había sido una vista tierna y Adrian cedió, ignorando las protestas de ella.
Adrian la miró por un momento antes de alzarle los hombros.
—No hay daño en que vea TV por una hora.
—Tu hijo está mal. Necesita descansar.— Marinette presionó. —No siempre puedes dejar que se salga con la suya en todo.— Aunque amaba al niño, a veces la terquedad de Louis la enloquecía.
—Se tomó su medicina a tiempo. ¿No es suficiente?— Adrian preguntó despreocupadamente.
—Debiste haberle dicho que descansara para que así mañana pudiera ver TV todo el día.
Adrian mordió el interior de su mejilla, un poco enojado ante la forma en la que estaba siendo tratado por una chica ocho años menor que él. Y bueno, Marinette de hecho, tenía un punto y eso le hacía sentir inferior.
Una emoción que no le gustaba ni aceptaba. El abogado dentro de él gritaba para defenderse aun cuando estaba definitivamente errado.
—Es todo lo que puedo hacer por él. No puedo estar aquí todo el tiempo así que quiero que Louis se sienta especial cuando yo esté cerca.
Marinette movió la cabeza.
—Consentirlo no hará que se sienta menos dejado de lado.— Y lo dejó ahí y cuando terminó con su parte de los platos, se secó la mano y fue hacia la puerta de la cocina. Adrian también había terminado con los platos y decidió seguir a la menor a la sala.
Encontraron a Louis durmiendo en el sofá con la TV aun encendida. Marinette miró a Adrian con ojos de 'te lo dije' antes de agacharse y cargar al niño.
Louis estaba tan cansado que el movimiento ni lo despertó. Fue a la habitación del niño y lo cubrió mientras Adrian se quedaba solo en la sala arreglando los cojines.
Las palabras de la menor resonaban en él haciéndole odiarse a sí mismo y al mismo tiempo se cuestionó su cordura por aceptar el tácito regaño de la chica. Él había crecido en un ambiente en donde era capaz de obtener todo lo que necesitaba. Sus padres eran profesionales exitosos que se aseguraron de proveerle todas sus necesidades. Así que cuando se vio obligado a casarse con Kagami, su vida se desequilibró.
Kagami Tsurugi había sido una de las chicas más populares cuando aún estaban en la universidad. La mujer no solo era bonita sino también inteligente. Cuando uno de sus amigos le dijo que Kagami estaba interesada en él, no le creyó al principio. Puede que ella fuera bonita, inteligente y demás, pero él no se sentía atraído.
No había química. Ni vibración. Al mismo tiempo, él había estado experimentando con ambos géneros, y sí, una vez tuvo una especie de relación con un chico. Nadie lo supo y lo calló aún hasta ahora.
No lo consideraba una relación del todo. Había sido solo un ligue casual, en donde se conocieron, besaron, se hicieron íntimos y luego cada quien había seguido su camino sin ataduras. Fue después de eso que conoció a Kagami en aquella fiesta – de la cual apenas recordaba algo.
Unas semanas después de haber despertado con una muy desnuda Kagami durmiendo a su lado, supo que sería padre. Sus padres habían estado enojados por su descuido; el futuro planeado que tenía se rompió junto con sus corazones. De no haber sido por los padres de Kagami, quienes aparentemente eran socios en la compañía de su padre, quizá ellos lo habrían desheredado.
Aunque sus padres habían estado muy decepcionados, aceptaron el matrimonio, pero con una condición: en lo que duraba el embarazo y nacimiento, Adrian seguiría estudiando.
Adrian enfocó toda su atención en sus estudios y raras veces hablaba con Kagami aun cuando vivían bajo el mismo techo. La evitaba como plaga e incluso estudiaba los veranos para evitar regresar 'a casa'.
Después de nueve meses, Kagami tuvo un niño. Él estaba de pie a su lado mientras tomaba su mano, tratando de mostrarle algo de apoyo. Él sabía que la visión del bebé aún no estaba completa, pero Adrian juraba que sentía sus pequeños ojitos en él. 'Mi hijo', se permitió pensar. 'Mi hijo.'
—Es hermoso.— Kagami susurró cansada, apenas sosteniendo al bebé contra su pecho. El rostro de la mujer mostraba cansancio.
Cinco años después de eso, Adrian por fin pudo terminar sus estudios. Debido a sus notas, pudo acceder a un trabajo decente en una firma de abogados lidiando con corporaciones profesionales. Su padre había querido que siguiera su firma. Desafortunadamente, Adrian no encontraba emocionante lidiar con asuntos aburridos.
Así que cuando Nathaniel le pidió que fuera su abogado personal, decidió trabajar como abogado de celebridades. La locura del show biz era interesante. Y ganar nuevos clientes era más fácil, porque cuando uno se hace amigo de un famoso; te recomiendan con otros.
La ecuación era: Aumento de clientes dinero = el negocio crece.
Y nuevamente fue capaz de hacer orgullosos a sus padres, en especial a su padre.
Lo malo del asunto era que no había visto crecer a su hijo y verlo convertirse en un niño independiente. Escuchaba sus logros a través de Kagami, quien también los escuchaba por parte de la niñera.
Qué par de terribles padres eran...
Salió de sus pensamientos cuando escuchó unas pisadas acercándose. Alzó la mirada y encontró a Marinette observándolo con cautela, suponiendo que el mayor aún estaba enojado.
—No tienes derecho de estar enojado.
—No dije que lo estaba.
—Pediste mi ayuda.
—Sí.
—Si quieres mejorar, quédate contento de ser calificado de tonto. Así que cuando señalo tu debilidad, no hagas pucheros.
—No hice pucheros.— Adrian respondió con otro puchero.
Marinette lo miró algo entretenida.
—Claro.— Se sentó a su lado y giró hacia la TV.
—¿Cómo está?— Adrian también fijó su mirada en las caricaturas, sin importarle si era para niños de cinco años.
—Su temperatura ha bajado, gracias a Dios.— Marinette descansó la cabeza en el sofá, cerrando los ojos cansadamente mientras recordaba los eventos empezando desde anoche. Sus exámenes habían terminado hace poco y la situación con Adrian le agotaba mental y físicamente. Subió sus rodillas y se curvó en el suave sofá.
Sin sentir interés en las caricaturas en la TV, Adrian la apagó y descansó todo su peso contra el respaldo del sofá.
Giró y encontró a la chica durmiendo..., o al menos eso parecía.
—¿Mari?
—¿Hm?
Adrian la miró por un momento. Los verdes ojos miraron sus cerrados parpados, viendo cómo su rostro lucía tan femenino. Se quedó ahí por un momento, disfrutando la vista, preguntándose cómo una mujer podía lucir tan hermosa.
Él mismo se sentía cansado, pero de alguna forma, Marinette era más importante que tomar una rápida siesta.
—¿Es divertido mirar hasta que me derrita?— Marinette abrió ligeramente un ojo y lo miró con sueño.
Adrian encontró adorable dicha expresión, como siempre. Siguió mirándola mientras recostaba la cabeza contra su brazo doblado.
—Esta mañana cuando estabas alimentando a Lou, estabas sonriendo.— Estiró la mano sin pensarlo cuando los flequillos de la menor cayeron sobre sus ojos, colocando las hebras negras tras su oreja. —Por favor no te enojes, pero..., te veías hermosamente adorable al sonreír así..., aun si suena algo extraño. —Adrian sonrió victorioso cuando Marinette cerró los ojos e hizo un puchero. No estaba seguro si estaba de verdad dormida, pero podía saber que estaba en ello. No supo cómo logró acercarse más sin despertarla. —Mari...— sin querer, había empezado a acariciar los flequillos en diferentes direcciones.
—¿Hmm?— la adormilada chica respondió inaudiblemente, apretando los ojos en señal de protesta, lamiendo inconsciente sus labios. Un inexplicable escalofrío recorrió la espalda de Adrian, quien no cesó el movimiento de su mano. No supo cómo o por qué, pero ahora estaba lentamente inclinándose, mirando los bonitos labios como si lo invitara a sucumbir a su curiosidad.
¿Qué sabor tendrían?
Un deseo escondido lo presionó, lentamente acortando la distancia entre sus labios.
Y el suave contacto le quitó el aliento.
—》《—
La estación de tren no estaba tan concurrida como había esperado. Chloé Bourgeois estaba de pie con sus enormes gafas de sol, mirando su celular con tres maletas en su otra mano, esperando al siguiente tren. Acababa de recibir un mensaje de texto por parte de su prima, diciéndole que se cuidara y que viajara con bien. Estuvo algo enojada de regresar a solas por primera vez en el año ya que siempre regresaba con Marinette cada vez que visitaban la casa de sus padres.
La voz resonó por los parlantes, pidiéndoles a los pasajeros que se quedaran tras la línea amarilla mientras el tren se detenía.
Entró y se sentó en el vagón más lejano. Se recostó en su asiento y aseguró la maleta pequeña entre sus piernas. Sus ojos estaban pegados a la pantalla de su celular, preguntándose si debía llamar a su prima o no.
Su pulgar estaba por presionar el número 3 en la pantalla para el marcado rápido cuando sintió a alguien sentándose a su lado, golpeando su hombro nada ligero. Asustada y algo enojada, giró hacia el extraño...solo para encontrar que dicha persona no era un extraño.
Y las enojadas palabras en su lengua murieron cuando encontró a Claude sentado a su lado, usando ropa casual.
Claude parecía sorprendido de encontrarla ahí, mirándole con una mezcla de emociones.
—¡Wah! ¡Chloé!— sus labios se abrieron en una sonrisa.
El tren hizo un movimiento, indicando que estaban dejando la estación. Con un valiente esfuerzo, Chloé trató de hacer una pregunta.
—¿Q-qué haces aquí?
Claude arqueó una interrogante ceja.
—Bueno, regreso a casa. No he estado ahí desde hace mucho.
'Sí, como desde hace cinco años.'
La chica pensó amargamente.
—Ah, ya veo.— Chloé miró alrededor y notó que había más asientos vacíos.
¿Por qué de todos los sitios, escogió sentarse a su lado? ¿Y por qué tenía que regresar a casa de sus padres, el mismo día que ella, en el mismo tren?
Se perdió tanto en sus pensamientos que pasaron unos segundos antes de que notara la mano de Claude moviéndose frente a ella para llamar su atención.
—Hey, casi te pierdo. ¿En qué pensabas?— el profesor la miró esperando su respuesta.
Chloé tragó en seco.
—Nada.— Alejó su mirada de él y la dirigió hacia el escenario que dejaban atrás. Claude lucía diferente ahora.
—Supongo que nos veremos mucho, ¿huh?— Claude le dijo.
Ella solo se alzó de hombros.
—Claro.
—No suenas muy feliz al respecto.— Claude sentenció.
Chloé lo miró y trató de fingir una sonrisa.
—Claro que lo estoy. Ha pasado mucho tiempo.
—Sí... demasiado...
Y luego el extraño silencio cayó.
Iba a ser un largo viaje.
—》《—
La habitación de hospital había sido como su segundo hogar los últimos cinco meses. Cada vez que salía del trabajo o de clases, Luka iba directo al edificio que hacía que su nariz respirara todo tipo de medicamentos.
Hoy, su madre por fin sería dada de alta. Podían ir a casa después de dolorosos días de trabajar sin parar.
Caminó por los familiares pasillos, sintiéndose un poco enojado ante las miradas que estaba recibiendo.
Había pasado meses desde el primer día que religiosamente había visitado esa particular parte del edificio.
¿Por qué el staff no podía acostumbrarse a que él era modelo?
Anarka sonrió cuando lo vio entrar a la habitación. Ella ya estaba lista para irse. Una bandana cubría su cabeza y estaba usando el vestido que Luka y Juleka le compraron por su cumpleaños. No dijeron nada por un momento y siguieron mirándose por unos segundos como si trataran de absorber el milagro que había ocurrido.
Su madre por fin estaba libre del cáncer.
Anarka abrió los brazos e incitó a que su hijo la abrazara. Por primera vez después de que su padre los abandonó, Luka Couffaine lloró.
Caminó hacia ella y se regocijó en su calor.
Hoy definitivamente era un día maravilloso y memorable.
Continuará...
He vueltooo de entre los muertos!!!! (En realidad no, solo me fui de vacaciones :v estoy segura de que ni notaron que me fui~ pero bueno, aquí estoy ya de regreso~)
Espero les este yendo bien!!!!
Regreso emocionada porque estos 2 van como tortugas jajajajaja pero es lo bueno, el Slowburn me sale bien~
Nos leemos la próxima~
Besitos de murciélago para todos~
