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Title: Someone to You
Ship: Adrinette.
Genre: Angst, AU, Slash, Out of Character, Hurt/Comfort (H/C), WAFF (Warm And Fuzzy Feelings)
Word Count: 130,000
Word Count per Chapter: 2200
Rating: NC-17
Chapters: 12/52
Beta: Unbetated
Disclaimer: No son míos, si lo fueran seria esclavitud y está mal... o bueno, no podría decirlo en voz alta :v
Music: Nu hay, es muy temprano :v
Los comentarios, estrellitas, y las galletitas, me hacen feliz.
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¿Cómo logró besarla sin ser pillado?
Adrian supuso que fue solo cosa de suerte. Para cuando sintió sus labios rozando ligeramente contra los de Marinette, ella ya estaba muy dormida.
Casi rió en voz alta cuando la menor empezó a roncar un poco. Se sintió tonto al actuar como adolescente robándole besos a su crush de secundaria.
Tonto e impulsivo, pensó mientras miraba a Marinette, maravillado.
—Papá...
Adrian salió de su ensimismamiento y vio a Louis de pie frente a él. Rápidamente se sentó, pero con cuidado para no despertar a la chica durmiendo a su lado.
—Lou, pensé que dormías.— No podía entender la mirada en el rostro de su hijo cuando el niño movió su mirada de él a Marinette.
—¿Nani está bien?— Louis preguntó con voz suave y frágil.
Adrian asintió.
—Sí, está bien. Solo está durmiendo.
Louis esnifó y limpió su nariz con el dorso de su mano, haciendo que Adrian hiciera un gesto.
—Hace frío. No puedo dormir.
—Umm... ven, te llevaré a la cama. Pondré más cobijas.
Louis movió la cabeza.
—No, quiero a Nani.
Ahora podía entender claramente por qué a Marinette le molestaba que consintiera tanto al pequeño niño.
—Ya eres un niño grande, Louis. Nani no puede dormir en tu cama porque es muy pequeña para los dos.— Su oración terminó en un susurro ya que Marinette musitó algo dormida y se movió.
Con un suspiro, Adrian se puso de pie y estiró la mano hacia su hijo. Louis siguió a su padre cuando los dos subieron las escaleras tan silenciosos, como podían.
—Papá...
Adrian bajó la mirada cuando el niño jaló su mano.
—¿Uhm?
—Nani es agradable, ¿no?— sus ojos mostraban su ansiedad por la respuesta.
Adrian miró a otro lado al sentir que su rostro se sonrojaba, ya que no quería que su hijo viera su sonrojo.
—No es mala.— Bajó la mirada cuando su hijo de súbito se detuvo y volvió a jalar su mano con un poco más de fuerza. —¿Lou?
—Le diste un beso.— Louis susurró.
La mirada del abogado cambió a una en blanco.
—Lou, yo...
El niño hizo un puchero y alzó ambos brazos.
—¡Yo también quiero! ¡Nunca lo haces!
En ese momento, Adrian suspiro de alivio antes de cargar a su hijo y besar su rostro.
Louis rió, tratando de alejarse.
—¡Ew, Papá! ¡Ya es suficiente!
Adrian giró a su hijo.
—¡Porque papá no te dio besitos antes, ahora te atacaré con muchos!
Padre e hijo entraron a la habitación riendo.
Louis se revolvió cuando su padre lo dejó en la cama, listo para hacerlo dormir.
No pasó mucho antes de que Louis se durmiera y Adrian le colocó las cobijas extra antes de salir de la habitación tan silencioso como podía. Cuando la puerta fue cerrada suavemente, Adrian soltó un suave suspiro.
Ser padre requería mucha energía, pero a pesar de estar cansado, al final, todo era muy gratificante.
¿Cómo es que pudo privarse de este tipo de felicidad antes?
—》《—
Era casi de noche cuando ella despertó en una cama nada familiar. Se sentó y miró alrededor, preguntándose cómo llegó ahí. Una breve mirada al reloj le dijo que era hora de irse a casa. Salió de la cama con gran dificultad. Los cobertores le hacían sentir tan cómoda que estuvo a nada de volver a dormir.
Marinette salió y fue a ver a Louis. Al encontrarlo dormido solo besó su frente a modo de despedida.
Salió, tratando de encontrar a Adrian para disculparse e ir a casa. Ya había causado suficientes molestias y estaba sintiéndose algo incómoda.
Adrian estaba en la sala, moviendo rápidamente los dedos en su laptop con muchos papeles repantigados en la mesa de centro. El abogado estaba metido en su trabajo y apenas notó su presencia.
Marinette no pudo evitar sonrojarse ante la idea de que el abogado la haya cargado y dejado en la cama. Por tonto que sonara, se arrepentía que haya sucedido mientras estaba dormida.
Ella se golpeó mentalmente por su ridícula imaginación.
—¿Marinette?
Marinette se sorprendió un momento antes de saludar con voz suave.
—Hola.
Los labios de Adrian se curvaron en una sonrisa.
—¿Por qué estás de pie a mitad de las escaleras?
—Oh,— bueno, Marinette no se dio cuenta que estaba ahí de pie. —Estaba buscándote.
Adrian se irguió.
—Pues me encontraste.
—Claro...— Marinette asintió mientras bajaba los últimos escalones. —Creo que ya debo irme a casa.
Adrian alzó la mirada hacia el reloj de pared y notó que eran las 8:15 pm. Había estado metido en su trabajo que no notó el tiempo.
—¿Quieres cenar primero?— y recién entonces se dio cuenta que tenía hambre.
Debería aprender a escuchar a su cuerpo más que a su lógica – al menos de cuando en cuando.
—No, no hay problema. Necesito tomar el autobús.
Adrian se puso de pie y permaneció cerca de la mesa, sin saber exactamente cómo convencerla para se quedara un poco más.
—Te llevaría a casa si pudiera... pero no puedo dejar solo a Louis.
Marinette movió la cabeza, incrédula, y preguntó.
—¿Siempre eres así de cortés?— odiaba lo amable que era el mayor. Si esto seguía así, ¿cómo podría convencerse a sí misma que enamorarse de Adrian era tonto?
Sabía que no podría lidiar más dolor emocional pero a este paso, no tenía idea de cómo terminaría todo.
La acusación no pareció molestar al mayor.
—¿Por qué suena tan malo saliendo de ti?
—No tienes que ser así todo el tiempo, Adrian. Sé que pediste mi ayuda pero eso no significa que tendrás que tratarme como si fuera incompetente.
—Aprecio que hagas esto por mí.
—No hay problema.— Dijo Marinette mientras buscaba su bolso. Cuando lo encontró, lo colocó en su hombro, lista para irse. —Debo irme. Llámame si algo pasa.
Adrian rápidamente corrió a su lado, preguntándose por qué ella lucía incómoda de súbito.
—¿Al menos puedo acompañarte a la parada de autobús?
Marinette lo miró, buscando en su rostro algún matiz de cero sinceridad.
¿Qué tan cruel podría ser ofrecer una invitación así en plan de broma?
—¿Qué hay de Louis?
—No tomará mucho. No te preocupes.— Adrian rápidamente tomó su casaca y llaves, listo para acompañar a la menor antes de que lo rechazara.
Sin que él lo supiera, ella estaba feliz mientras seguía al mayor.
Ya estaba oscuro, y solo unas cuantas personas estaban en la calle, ansiosas por llegar a la comodidad de sus hogares.
Adrian y Marinette caminaban lado a lado, disfrutando la fría brisa de la noche mientras iban a la parada de autobuses. Aunque el silencio era reconfortante, Marinette sentía la necesidad de decir algo al menos. La sensación de caminar con Adrian en la oscuridad, y el cielo estrellado hacía que la atmósfera fuera algo romántica.
—Debe ser difícil para algunos de tus clientes vivir tan públicamente con el miedo y amenazas de muerte.— Marinette sentenció.
—Hm,— Adrian la miró y se alzó de hombros. —Es casi automático. Haces dinero, te haces conocido, y alguien quiere matarte. Es enfermo, pero es la verdad.— Explicó, moviendo su mirada de ella a la pista.
—Debes lidiar con eso todo el tiempo con el tipo de clientes que tienes. ¿Cómo lidias con ellos?— había genuina curiosidad en la pregunta de Marinette y eso halagaba a Adrian – el interés por su trabajo.
—Morales y ética no necesariamente van de la mano; y lidio con ello como un abogado profesional. No puedo decir que lo haga bien todo el tiempo.— Respondió su pregunta con tanta honestidad como pudo.
—¿Por qué sigues haciendo eso?— Marinette preguntó.
Adrian arqueó la ceja.
—¿El qué?
—Haciéndote menos.— Marinette respondió.
—¿Lo hago?
—Insistes en ser un padre inútil, un mal esposo y ahora un abogado patético.— Marinette respondió abiertamente contando con los dedos. —¿Alguna vez has intentado hablar con alguien sobre esto?— preguntó ingenuamente y Adrian rió.
—¿Estás dispuesta a ser esa persona?— Adrian preguntó suavemente.
—Si tú quieres..., pero definitivamente deberías ver también a un psicólogo. — ella respondió con duda. Marinette estaba sorprendida de cómo es que Adrian luciendo tan seguro fuera lo opuesto por dentro.
De cualquier forma, Adrian no dijo nada después de eso y los dos estuvieron en silencio – pero no uno incómodo ni frustrante. De hecho, Marinette pensó, estaba empezando a acostumbrarse a ello.
Cuando por fin llegaron a la parada de autobuses, el área estaba vacía. Era sábado por la noche y ya era algo tarde. El autobús se suponía que llegaría a las nueve pm... y aún faltaban diez minutos. Marinette le dijo al mayor que se fuera a casa, pero Adrian insistió que esperaría a que ella subiera al autobús. Era dulce, aunque igual golpeó ligeramente el hombro de Adrian por tratarla como una chica frágil otra vez, pero el mayor solo rió.
—Deja que haga algo por ti esta vez.— Esa sonrisa, Marinette estaba segura..., sería su muerte un día de estos. Su corazón no pudo evitar dar un brinco. —Por cierto,— los verdes ojos de Adrian atrajeron los suyos mientras sus manos subieron para desordenar sus hebras negras y rosas. —Sé que hemos pasado por esto cientos de veces y no sé cómo traerlo a colación... pero... por ayudarme... estoy tan agradecido. Y lo estaré por siempre.
Afortunadamente estaba oscuro. Marinette no se había sonrojado tanto desde secundaria.
—Me han dicho que siempre estoy tratando de ayudar a los demás...— susurró.
Adrian movió la cabeza.
—Bueno. Si eso es cierto, estoy agradecido de conocer a alguien como tú.— Su mano, como si tuviera vida propia, acarició las negras hebras hasta bajar a las puntas rosadas, notando que Marinette cerró los ojos con fuerza cuando su pulgar acarició una sensible parte de su nuca antes de que el abogado besara las puntas de un mechón rosado de ella.
Hubo un silencio entre ellos, solo el distante sonido del autobús llegando.
Marinette esperó con aliento contenido hasta que la cálida mano dejó su cabello. Abrió los ojos lentamente, y los verdes orbes vieron con admiración hacia ella.
Se quedó quieta y en shock.
Fue solo un breve momento cuando Adrian la miró con esta extraña fascinación..., porque luego ya el mayor estaba mirando al autobús frente a ellos.
—T-tengo que irme,— Marinette se odió por tartamudear como tonta. —Te veré pronto.— Fue hacia el autobús pero no sin antes girar y mirar a Adrian con una sensación de anticipación.
Encontró sus ojos y algo hizo click. Podía escuchar al chofer del autobús diciéndole que entrara rápido, pero Marinette no prestó atención.
De súbito, Adrian estiró la mano, sujetando su brazo y regresándola a la vereda otra vez.
Marinette estaba muda, por decir lo menos.
Adrian la jaló en un abrazo, y la besó, sujetándola con fuerza – tanto que casi no podía respirar.
Se sintió amada y protegida, y no podía decir cuánto quería a este atractivo hombre. Esta vez, Marinette dio un paso y devolvió el beso antes de retroceder y mover la cabeza.
—Y-yo...no sé lo que estamos haciendo, Adrian. No puedo hacer esto.— Había miedo y confusión en sus ojos mientras Adrian la miraba.
El mayor asintió.
—Lo sé y no quisiera que esto se diera ahora mismo. Sigamos así..., hasta que decidas qué hacer.— Adrian aun la tenía abrazada para cuando el autobús se fue, dejándolos nuevamente en un impenetrable silencio.
Marinette aún no podía creer lo que estaba pasando, pero en su mente... lo había esperado. Incluso había deseado que pasara.
—No sé qué hacer o sentir.— Marinette le dijo con honestidad. —Tú... me gustas... ¿pero esto es real? Es decir, acabas de divorciarte y eres el padre de Louis y yo... ¿qué es esto? ¿Un ligue? No sé qué demonios está pasando...— balbuceó, tropezando con las palabras, mientras Adrian le sonreía con dulzura, y volvía a besarla – y Marinette no lo detenía. Sin importar cuánto lo negara, amaba estar en sus brazos, amaba las palabras dulces.
Tener tal epifanía le hacía sentirse algo tensa.
—Nos daré algo de tiempo, Mari. Es decir, estoy nervioso pero estoy seguro que quiero estar con alguien como tú, que quiero que nos demos una oportunidad y ver lo que sucede.— Gentilmente retiró un mechón con sus dedos y la miró a los ojos que solo había conocido por seis mes, pero en los que ya confiaba. —No quiero obligarte a nada. Solo... me gustaría que le dieras oportunidad – aun si no es ahora.
—¿Qué hay de Louis?— Marinette preguntó. Definitivamente no iba a funcionar si el niño estaba en contra del desarrollo de esta relación.
Adrian sonrió.
—Louis ya te adora.
—¿Y si Louis ya no me quiere porque básicamente le estaré robando el afecto de su padre?
—Espero que no.— Adrian respondió calmado.
—No sé qué hacer.— Marinette se sentía como una niña y estaba agradecida de lo bien que Adrian estaba lidiando con la situación. Al darse cuenta de algo, no pudo evitar fruncir el ceño, —Perdí mi autobús.
—Entonces puedes quedarte en mi casa y dormir ahí.— Dijo como si fuera lo más normal.
—Planeaste esto, ¿no?
En lugar de responder, Adrian se inclinó hacia ella y volvió a besarla sintiéndola calmarse y cerrando los ojos. Nuevamente, se sintió sacada de la realidad y llevada a un sueño.
Marinette parpadeó.
—¿Eso significa que tendremos citas?
—De normal no beso a las personas con quienes no planeo tener citas, Marinette.— Adrian respondió con un tinte de deleite en su voz.
—Respóndeme...
Casi se rió de ella.
—Te prometí una cita, ¿no?— miró a Marinette, apretando su agarre en su cintura, —Has terminado tus exámenes. ¿A dónde quieres ir? Quieres una cena a la luz de las velas o-
—¿Qué?— Marinette retrocedió. —¿Estás tratando de matar todo lo bueno que pienso de ti ahora?
Adrian no pudo contenerlo más y rió.
Pasaron el resto de la noche discutiendo por algo tan simple como darle flores y chocolates en su primera cita.
