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Title: Someone to You

Ship: Adrinette.

Genre: Angst, AU, Slash, Out of Character, Hurt/Comfort (H/C), WAFF (Warm And Fuzzy Feelings)

Word Count: 130,000

Word Count per Chapter: 2500

Rating: NC-17

Chapters: 14/52

Beta: Unbetated

Disclaimer: No son míos, si lo fueran seria esclavitud y está mal... o bueno, no podría decirlo en voz alta :v

Music: Loco Remix by Farruko, Beelé, Nati Natasha, Manuel Turizo.

Los comentarios, estrellitas, y las galletitas, me hacen feliz.

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Divided


El clima era perfecto para cuando salió del dormitorio de la universidad. Hacía fresco, pero no tanto y el cielo estaba despejado.

Estaban terminando otoño, ya casi llegaba el invierno.

Cuidadosamente fue por la calle con una caja en su mano izquierda y un bolso rodeando su torso; una súbita emoción la envolvió.

Esta no era la primera cita de Marinette Dupain-Cheng, pero había una emoción que no podía describir. Adrian Agreste tenía ese efecto en ella y no podía entender exactamente qué lo hacía tan diferente.

Marinette estaba ansiosamente esperando a que llegara el bus – en lugar de caminar, cuadra tras cuadra, ignorante del tráfico o a las personas que pasaban.

Llegó al lugar en menos de quince minutos y se preguntó si había caminado algo rápido.

Pero al final resultó que Adrian había sido más rápido que ella. Bueno, él tenía auto en primer lugar.

Adrian estaba al lado de la banca del parque, bajo la sombra de un enorme árbol.

La menor peleó la risa que amenazaba con salir al ver su atuendo. El gorrito de lana era definitivamente feo, pero no por cómo lucía. Era solo que no iba con todo el outfit.

Respirando profundamente, Marinette se acercó al hombre lo más silenciosa posible.

—¡Hola, extraño!— sonrió viendo al asustado hombre recomponiéndose.

Adrian colocó una mano en su pecho.

—¡Cielos, Princesa! ¡Trata de hacer ruido la próxima vez que estés cerca!

Marinette ladeó la cabeza.

—¿Por qué? ¿Te asusté?

El mayor la miró y entrecerró los ojos.

—Sí, casi me infartas.

—Bonito gorro.

—Gracias. Aunque no era necesario el sarcasmo. — Adrian respondió secamente. De cualquier forma, no pasó desapercibido las cosas que la universitaria había llevado con ella. —Hm, ¿qué es eso?

Ella bajó la mirada.

—¿Esto?— alzó la mano y reveló la caja en la cual había colocado cuidadosamente el pastel. —Lo hice para ti. Tada~— sus ojos mostraron su sonrisa haciendo que Adrian sonriera emocionado. Sintió un pequeño revoloteo en su vientre al pensar que Marinette había hecho algo especial para él.

Adrian dobló los brazos tras de sí y se inclinó, pillando desprevenida a la menor.

—Eres tan dulce~— cuando la chica parpadeó, Adrian rió. —Rechazaste una cena a la luz de las velas, chocolates y flores... pero horneaste algo para mí,— señaló la caja, —Un pastel.

La mirada entusiasmada en el rostro de la menor se desvaneció dejando solo un puchero.

—¿Qué tratas de implicar aquí?— hubo un matiz de sospecha y ligero enojo en su voz.

Adrian sintió un escalofrío.

—Ah, aún es pronto para que te enojes, Princesa.— Disfrutó inmensamente cuando Marinette arrugó más la nariz y el ceño. —Por favor deja de hacer eso. Haces que quiera abrazarte.

—De acuerdo,— Marinette se alzó de hombros y se movió caminando en dirección contraria, dejando a un sorprendido abogado detrás. No tomó mucho antes de que las largas piernas llevaran al mayor a su lado.

¿Cuántas veces tenía que perseguir a Marinette? Aun así, de alguna forma, Adrian pensó que nunca se cansaría de esto.

—Solo bromeaba.

—Si solo vas a molestarme entonces me comeré sola todo el pastel.

—Si sabes que la mejor forma de conquistar al hombre es por el estómago, ¿verdad? Y has horneado para mí, tú misma lo has dicho. Así que me lo comeré.

Marinette sonrió a pesar de sus ganas de seguir enojada. Abruptamente se detuvo y miró a Adrian.

—Puedes comer solo la mitad. La otra mitad es para Louis.— Sus cejas se alzaron cuando el mayor empezó a protestar sobre por qué necesitaba compartirlo. —¿Estás celoso de tu propio hijo, Adrian Agreste?— sus labios se curvaron en una pequeña sonrisa cuando empezó a explicarse, mientras rascaba su mejilla – Marinette había notado que hacía eso cuando se sentía incómodo.

—Louis puede comer todo el pastel que quiera. Pero esto,— tomó la caja de la mano de Marinette y la sujetó cuidadosamente. —es exclusivamente mío.

Marinette por fin rió ante la ridiculez de la explicación de Adrian. Pero por dentro, se sentía inusualmente feliz. Ya podía sentir su rostro sonrojándose por la vergüenza. Fue entonces que notó las manos desnudas de Adrian. Sacó los guantes que encontró y se los dio al mayor.

—Póntelos, vas a congelarte las manos.

Adrian dejó el pastel en la banca y tomó los guantes.

—Eres increíble.— Dijo, mirando a Marinette maravillado. —Tenía que ser... ¿de este color?— preguntó, pero calló ante la mirada de orden de la menor. —Ok, gracias.— Eran cálidos, tenía que admitir. Y le gustaba que Marinette se preocupara por él.

—De nada. Y oh, te quedaron.— Tomó las manos de Adrian y las frotó con las suyas.

Adrian se quedó ahí, disfrutando la atención que estaba siendo ofrecida. Amaba lo cerca que estaba Marinette y cómo ella trataba de darle calor.

Marinette notó el súbito silencio y lentamente alzó la mirada, sorprendiéndose al encontrar en los ojos de Adrian un brillo de anhelo que la llevó a un trance. Ella contuvo el aliento y su corazón latió como loco cuando Adrian tomó su mano y la abrazó tiernamente. Sus ojos se cerraron mientras enterraba el rostro en el cálido cuello del otro.

—No sé lo que nos espere en esta primera cita, pero creo que será increíble. Gracias.— Las palabras de Adrian decían más y Marinette lo entendió.

—No seas tonto,— Marinette dijo avergonzada. —Ni siquiera ha empezado.

—》《—

—¡Y eso es todo!

Todos en el studio empezaron a recoger las cosas del set cuando la sesión de fotos terminó. Luka bajó del pedestal en el que estaba de pie y se dirigió al vestidor. Los estilistas lo desvistieron mientras caminaba.

El modelo se dejó caer cansado en la silla esperando a que las personas terminaran de quitarle el maquillaje. De reojo vio a su manager acercándose con mucha cautela, haciendo que se preguntara por qué, aunque una fea sensación reptó a él.

—Luka, tenemos un problema.— El manager pidió a los demás que los dejaran solos un momento. —Recibí una llamada del AEM.

AEM o popularmente conocido como Agencia Élite de Modelos era la compañía que lo quería en su firma en París. Había conocido al director de la agencia en un show que hizo hace unos meses. La oferta le había sido extendida recientemente; pero hasta ahora no había podido dar una respuesta. Ahora que su madre estaba fuera del hospital, supuso que ir al extranjero era innecesario.

—Manager, no creo q-

—AEM te demandará si no vas a Tokio la otra semana.— Dijo rápidamente, aflojándose la corbata y empezando a caminar de ida y vuelta.

—¡¿Qué?! ¡No pueden!— la cabeza de Luka estaba llena de preguntas. —No estoy bajo su contrato. ¿Cómo pueden hacer eso?

—Aparentemente, firmaste un contrato.— El mayor desordenó frustradamente su cabello. —Te dije que leyeras con cuidado.

El modelo recordó el contrato que firmó, pero estaba seguro que ninguno era sobre ser empleado por ellos. Él siempre había sido cuidadoso y hasta ahora, solo podía recordar haber firmado algo sobre unas cuantas pasarelas.

Explicó todo lo que podía recordar, pero eso no quitó la mirada de ansiedad en el rostro de su manager.

—Ya veo. Pues eso fue. Te pillaron al firmar para un par de shows... Lo cual de hecho resulta en todo un año bajo ellos.

Luka cerró los ojos, sintiendo el dolor de cabeza llegando.

—¿Entonces esas pasarelas pueden durar todo un año? ¿Y quieren que trabaje en otros trabajos hasta que esos shows terminen?

—Sí.— Su manager palmeó su espalda un par de veces. —Sabes, podemos evitar todo el jaleo si vas a Tokio lo más pronto posible.

El chico alzó la cabeza y alejó la mano de su manager.

—No puedo.— Movió la cabeza, —Nadie las cuidará. No puedo irme.— Su madre solo lo tenía a él ya que sus otros parientes vivían lejos y Juleka habia tenido que mudarse a la residencia de Lyon por su universidad. Puede que ella estuviera recuperada, pero aún seguía débil. Y no solo eso, puede que también tuviera que dejar las clases antes de lo esperado. A sus amigas, a Marinette y a Chloé... ellas estarían devastadas.

Un año era mucho tiempo.

Su manager suspiró.

—O vas... o peleamos contra su firma. AEM ha estado en la industria muchos años y ganar contra ellos es casi imposible.— Se sentó en una de las sillas y miró con depresión al chico que representaba. Aquel chico que había crecido en tan corto tiempo. Sería una pena que una acusación así arruinara todo a este punto. —Piénsalo, Luka.— Se puso de pie y salió de la habitación, dejando al chico pensando.

Los ojos de Luka se fijaron en su reflejo, preguntándose por qué decidió ser el hombre que era ahora.

Había sido tan difícil y cuando por fin pensó que sería libre de la carga, estaba en una situación que probaba nuevamente su estabilidad mental y emocional.

Rápidamente tomó su celular con las súbitas ganas de llamar a cierto alguien en ese momento.

Marcó.

Un par de repiqueteos.

Un suspiro de alivio.

—Hey...

—》《—

—¿Dónde estamos?— Adrian preguntó, ligeramente preocupado. Marinette lo llevó a un edificio que lucía sospechosamente peligroso. Pero hacía tanto frío que incluso los criminales no podían estar siguiéndolos.

Ayudó a la menor a entrar, revelando un amplio espacio el interior. La puerta se abrió y ella entró. Adrian nuevamente revisó el área por si había algún tipo de peligro, pero no vio nada. Siguió a Marinette al interior y se sorprendió ante lo que vio.

—¿Sabes patinar?— ella preguntó jovialmente.

Adrian vio el extenso hielo, casi perfecto para patinar.

—¿Un poco? No lo he hecho desde que estuve en la universidad.

—¿Quieres intentarlo? Las orillas son inestables, pero lo demás está bien, lo he hecho ya varias veces. — Marinette lo miraba con un brillo de reto en sus ojos.

Adrian pensó que sonaba divertido, así que no pudo resistirse y asintió.

—Me encantaría.— Vio a Marinette yendo por los patines. —¿Cómo encontraste este lugar?

—Oh, Chloé solía venir aquí. Su amigo es dueño de este lugar.— Le extendió a Adrian un par de patines y procedió a colocarse los suyos. —Creo que se supone que debe ser un depósito pesquero o algo así.

—Hm, eso explica el olor.— No era demasiado o molesto, pero uno podía oler el pescado fresco en el área. —¿Es por eso que querías que usara ropa de invierno?— tenía que admitir, había un punto en las prendas.

—Sí. No quería que tus huesos de viejito se enfríen.

—Fingiré que no escuché que dijiste eso.— Adrian se colocó los patines y se puso de pie – casi tambaleándose.

Marinette estiró la mano y Adrian la tomó, yendo hacia la pista.

Admiró a Marinette patinando hábilmente. Lucía hermosa en el hielo. Ella giró rápido solo para calentar, y luego regresó a él, quedándose a su lado.

Pronto, ambos estuvieron patinando suavemente.

Más tarde, los dos comieron el pastel de chocolate que Marinette preparó y fueron por café del termo que ella llevaba. Marinette la estaba pasando bien. Rieron y bromearon como si fueran viejos amigos. Conversaron sobre qué les gustaba, qué no, sus hobbies y ambos tomaron nota mental para futuras referencias.

Cuando se sintieron revitalizados, volvieron a patinar.

—Ha pasado mucho desde que me divertí así.— Adrian le dijo cuando se sentaron a descansar.

—Yo también.— Marinette lo miró feliz. —Había olvidado cuán divertido era,— dijo con una sonrisa.

Volvieron a la pista por tercera vez y Adrian sostuvo con fuerza a Marinette, so pretexto de evitar que cayera. Marinette no objetó, de hecho, le gustaba mucho.

—No entiendo.— Susurró mirándolo a los ojos.

—¿Entender qué?

—A ti.— Marinette dijo. —El que quieras salir conmigo.

Adrian la miró extrañamente.

—¿Hay alguna ley que diga que no se supone que me sienta atraído por ti? Me gustaste desde el momento en que te vi.

—¿Qué? ¿Hablas en serio?— ella preguntó y se sintió mortificada de que su voz se quebrara así. Y todo este tiempo, ella había tenido una mala impresión de su primer encuentro. Si no hubiera visto a Louis dentro de ese juego... quizá no habría conocido a Adrian. Y la sola idea le hacía sentir mal.

—No lo diría si no fuera así.— Adrian alzó el mentón de la menor. —¿Qué pasó?— preguntó mirándola a los ojos – había notado el frunce de ceño en ella.

—Estaba pensando que si Louis y yo nunca nos hubiéramos conocido... yo no estaría aquí, patinando contigo.

—Cierto.— Respondió, —Si Louis nunca te hubiera conocido..., yo habría seguido metido en un matrimonio monótono.— Rió ante la sorpresa en el rostro de Marinette. —No digo que tú seas la razón por la que me divorcié de Kagami. Te he dicho muchas veces ya cómo es que me ayudaste a superar todo. Tienes un corazón puro, Marinette. Puede que haya una diferencia de edades, pero estos sentimientos que despiertas en mí... son algo que nunca he sentido por nadie antes.— Se miraron a los ojos un prolongado momento, las palabras simplemente no parecían querer salir.

En ese momento, sus labios estuvieron sobre los de Marinette, y todo lo que ella pudo hacer fue no caer ante el efecto del beso. Su cabeza empezó a girar y sus rodillas se sintieron débiles. Lo único que pudo hacer fue sujetarse de él. A ese punto, sus sentidos la llevaron por una montaña rusa muy emocionante.

Se presionaron cerca, más y más. Y cuando por fin se detuvieron, ambos tenían las respiraciones rasgadas.

—Adrian...— Marinette dijo suavemente, mareada por lo que habían hecho. Lo que sentía era indescifrable, pero se sentía libre... sin inhibiciones.

—Marinette...— Adrian susurró su nombre y la acercó en otro beso antes de separarse a regañadientes y empezar a patinar en silencio.

Cuando por fin se detuvieron y estuvieron por irse, el silencio siguió.

Cuando las puertas se cerraron, regresaron al camino principal, Marinette disminuyó sus pasos, mordiendo su labio inferior y sujetando la tira de su mochila. Estaba enamorada de Adrian, estaba completamente enamorada de él, de sus ideas, de sus principios, su devoción hacia su hijo y sin mencionar su atractiva apariencia. Quería estar con él y recibir sus abrazos, sus besos... estar con él completamente.

Adrian giró y la miró.

—Marinette Dupain-Cheng.

Marinette detuvo de súbito sus pasos y alzó la mirada.

—¿Huh?

Adrian sonrió y estiró su cubierta mano.

—Mantenme caliente.— Su sonrisa se ensanchó cuando la menor tomó su mano.

El sol estaba por ponerse y el ambiente no podría ser más apropiado.

—》《—

Había un disgusto definitivamente en el rostro de Chloé cuando entró a la cocina y dejó los platos. Sus padres estaban hablando felices con el 'profesor' mientras ella, su hija quien estaba unida a ellos por la sangre, estaba destinada a hacer los quehaceres.

—¡No se preocupen por mí! Solo me saltaré el postre y limpiaré todo.— No lo dijo en voz alta, fue más como un susurro para sí misma ya que su padre le lanzaría algo si la escuchara.

Sintió su celular vibrar en su bolsillo y rápidamente lo sacó. El nombre de su mejor amigo relampagueó repetitivamente y la hizo sonreir.

—¡Lu!— exclamó emocionada. —¡No sabes lo mucho que quería hablar contigo ahora mismo, cariño! ¿Dónde has estado? Traté de llamarte antes pero-err, espera,— de normal, su amigo ya la habría interrumpido. Pero todo lo que obtuvo fue silencio al otro lado de la línea. —¿Luka? ¿Qué pasa?

—Chloé.— Su voz sonó oprimida y a Chloé no le gustó nada.

Chloé miró el comedor y los encontró a todos riendo ante algo que Claude había dicho. Parecía que su presencia no era requerida.

Chloé humedeció sus labios.

—Ok, ¿dónde estás?