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Title: Someone to You
Ship: Adrinette.
Genre: Angst, AU, Slash, Out of Character, Hurt/Comfort (H/C), WAFF (Warm And Fuzzy Feelings)
Word Count: 130,000
Word Count per Chapter: 3300
Rating: NC-17
Chapters: 15/52
Beta: Unbetated
Disclaimer: No son míos, si lo fueran seria esclavitud y está mal... o bueno, no podría decirlo en voz alta :v
Music: Younger by Jonas Blue HRVY
Los comentarios, estrellitas, y las galletitas, me hacen feliz.
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Guilt
Tokio mantuvo ocupada a Kagami los últimos meses desde su llegada. Había empezado a trabajar y estudiaba al mismo tiempo y apenas tenía tiempo libre. Sabía que esto era para su propio bien – de paso hacía que no pensara en muchas cosas.
A pesar de la caótica vida que llevaba no evitaba que llamara a su hijo. Louis siempre sonaba tan feliz cuando hablaban, pero cada vez que la llamada terminaba, ella se ponía a llorar.
Había momentos en los que se cuestionaba su cordura.
¿Si alguien más estuviera en su posición, estarían igual o habrían peleado más fuerte?
Fue tanto aliviador como agitado cuando vio a su madre.
Sus padres vivían en Japón desde hace algún tiempo. Así que tan pronto como su madre escuchó sobre el súbito giro de eventos en su vida, insistió en que se reunieran. Kagami ansiaba esa salida, pero al mismo tiempo, lo temía. Su madre tenía una personalidad fuerte – y no era muy tradicional ya que había vivido fuera de Japón por mucho tiempo. Su punto de vista era diferente, pero a veces, llevarse bien con ella requería mucha energía, tanto mental como emocionalmente.
—*¿Y cómo va tu vida amorosa estos días?— Tomoe preguntó sin tacto alguno. Estaba sentada frente a Kagami en un café; ambas tenían unas humeantes tazas de café en sus manos.
—*¿De verdad lo preguntas, Mamá? Acabo de divorciarme.— Una sombría expresión cruzó por su rostro, y movió la cabeza, —¿Por qué querías verme?
Tomoe sorbió su café antes de responder.
—*Bueno, soy tu madre. Mi hija está divorciándose e incluso dejó a mi nieto bajo la custodia de su inútil padre. ¿Qué esperas que haga? ¿Qué me sienta y que finja que nada pasó?— Kagami no respondió nada y solo apartó la mirada. —¿Cómo estás, hija?
—*Estoy bien.— Kagami respondió con un despreocupado alce de hombros.
Su madre solo movió la cabeza.
—*Sabía que iba a ser un desastre desde el inicio. Lamento todo.
Kagami mordió nerviosamente su labio.
—*No lo hagas. No es como que me obligaran a casarme con él. Y... bueno, de todos modos, no estaba funcionando.— Estiró las manos sobre su regazo.
—*¿No lo amabas?
—*Sí, yo... lo amaba.— Kagami respondió débilmente, escuchando y odiando el asentimiento desaprobatorio de su madre. —Pero ese no es más el punto. El punto es que los dos queremos empezar de cero.
—*¿Por qué dejaste a mi nieto bajo su cuidado, entonces?— no había un tono acusador en su voz pero había arrepentimiento y decepción.
—*Es solo que...— Kagami pausó, colocando su taza en la mesa, —Adrian merece una oportunidad de estar con su hijo... más que yo.
Tomoe frunció el ceño.
—*¿Pero por qué? Fuiste tú quien lo tuvo.
—*Pero eso no significa que Adrian no pueda ser un padre para Louis.— Kagami razonó. —Él lo ama. Y sé que puede cuidarlo mucho mejor ya que yo iba a estar muy ocupada.
Cuando terminaron su café, salieron del lugar. Kagami llevó a su mamá a uno de los museos modernos de Tokio, con la esperanza de que su madre deje el tema del divorcio.
—*El mundo no se acaba.— Tomoe murmuró mientras miraba los enormes dibujos que se suponía representaba el caos y la guerra. Kagami estaba a su lado, mirando la misma pintura. —Es increíble, pero no se acaba.
Kagami movió la cabeza.
—*Podría. En cualquier momento, todo podría pasar.
—*Tienes razón, cariño.— Tomoe sostuvo la mano de su hija y le dio un apretón, —Tienes razón... cualquier cosa podría pasar, en cualquier momento. Pero lo que va mal no es tu culpa. No puedes pasar el resto de tu vida evitando la mala suerte. No funcionará. Solo terminarás perdiendo la vida que tienes.
Kagami no supo cómo responder a eso, así que tomó la otra mano y devolvió el apretón.
—*Mami, estoy dando lo mejor.— Soltó una dolorosa sonrisa aun cuando su madre no podía verla. —Es por eso que me mudé aquí... quiero descubrir mi propósito. Lo que de verdad se supone que debo hacer.— Envolvió sus brazos alrededor de los hombros de su madre, sonriendo cuando sintió a Tomoe regresando el cálido abrazo.
—*Me alegra entonces. Estoy aquí para ti, hija. Nunca pienses que eres una carga. Siempre puedes contar conmigo.
Los ojos de Kagami empezaron a aguarse.
—*Gracias. Desearía poder hacer lo mismo por mi hijo.— Louis siempre plagaba sus sueños, sus pensamientos. Él siempre estaba ahí, recordándole que falló como madre.
Tomoe retrocedió.
—*Sugiero que pienses en ello otra vez, Kagami. Sé que Adrian merece a Louis tanto como tú... pero tú aun eres su madre.— Gentilmente secó las lágrimas de Kagami, —No digo que pelees ahora por su custodia. Tómalo con calma. El tiempo cura las heridas dejadas por el pasado.
—*Lo haré.
Después de la corta reunión con su madre, Kagami tenía una nueva perspectiva en su vida. Si quería de regreso a Louis en su vida, debía esforzarse. Y esa era la razón por la cual se había metido en el trabajo.
—*Es domingo... y las mañanas de los domingos normalmente se pasan en cama, no en concurridas calles.— Yuu, un asesor y asistente de moda de veintiocho años, se quejó incesantemente de pie tras su superior, mirándola revisar los numerosos objetos.
—*Deja de quejarte y busca algo que podríamos utilizar.— Kagami ordenó mientras revisaba la sección de sombreros. Muchas prendas podían ser usadas para el siguiente photoshoot que se llevaría a cabo el lunes.
—*Apuesto que puedes hacerlo sin mi ayuda.
—*¿Y? ¿Entonces qué caso tiene contratar a un asistente?
Kagami conoció a Yuu después de trabajar bajo la bastante conocida corporación de moda. Al principio parecía arrogante, se quejaba mucho, pero hacía eficientemente su trabajo. Tal como Kagami, Yuu era perfeccionista. Él no dejaba de trabajar hasta estar satisfecho. Así que a pesar del hecho de que Kagami odiaba trabajar con él, la chica era de buena ayuda.
Él la miró antes de hablar.
—*Entendido.— Y sin más, fue a hacer lo suyo, revisando lo demás. Triunfante, Kagami giró y siguió con lo propio
—》《—
Ya era tarde cuando Chloé entró a la cafetería después de casi dos horas de viaje en bus. Entró y caminó hacia la parte más alejada, preguntándose por qué Luka la había citado ahí. Uno de muchos detalles que sabía sobre su amigo era que no era muy fan del café. Pero quizá esta vez se trataba porque la cafetería estaba escondida y solo unas cuantas personas solían estar a esa hora.
Su mano sujetó su celular con fuerza mientras recordaba la compungida voz de su amigo. Y el que sonara así significaba que algo horrible había pasado.
Sabía que la mamá de Luka se había recuperado ya. Ella había podido visitarla en el hospital antes de regresar a su ciudad natal. Ella lucía hermosa aquel día y eso le había llevado una sensación de orgullo al cuerpo, pero sobre todo felicidad de que el arduo trabajo de Luka valía la pena.
La puerta sonó, indicando que otro cliente había entrado.
Chloé alzó la mirada y su aliento se quedó en su garganta cuando vio a un hombre con llamativas prendas caminando hacia ella. Luka lucía como si acabara de salir de la portada de una revista. De cualquier forma, su rostro estaba impecable, lo cual Chloé pensó que era un alivio. No necesitaba más atención no requerida. Contuvo su risa cuando vio la expresión en los rostros de todos cuando Luka la beso en la coronilla como saludo y se sentó cansado frente a ella.
—Lamento haberte llamado así.
—No pasa nada. Yo...no quiero estar en casa ahora mismo.
—¿Por qué? ¿Pasó algo?
Chloé movió la cabeza.
—No hablemos de eso, no es importante.— Se inclinó hacia adelante, mirándolo interrogante. —¿Qué pasó contigo?
Le tomó a Luka un minuto reunir el valor y decirle todo a Chloé. Hablar con ella de alguna forma aliviaba el peso en sus hombros. Ella irónicamente, siempre había sido buena escuchando, no lo juzgaba sin importar lo que hiciera. Sabía que Chloé no se consideraba como alguien importante en su vida, pero la mayor parte del tiempo – en sus momentos oscuros – la llamaba y con solo escuchar su voz hacía todo mejor.
—Por primera vez en mi vida, no sé qué hacer...— enterró el rostro entre sus manos en un intento por esconder la desesperación. Siempre había odiado verse débil. La mayor parte de su vida, cuidaba de sí mismo, nunca pedía la ayuda de nadie a menos que fuera verdaderamente necesario. Él siempre había sido fuerte... y para que Chloé viera la coraza rompiéndose... era algo inquietante.
Chloé lo miró insegura y algo presionada. Ella solía apoyarse en Luka y no al revés. Ahora que el modelo buscaba consejo, Chloé se sintió atrapada e insegura. No se suponía que fuera así... nunca.
—Qué...— Chloé frunció el ceño, preocupada. —¿Qué quieres que diga?
Luka la miró, derrotado.
—Lo que sea. Di lo que tengas en mente.— Rió indefensamente y desordenó su cabello, tratando de al menos hacerlo lucir normal y no tan elaborado como si estuviera en una pasarela.
Chloé parpadeó, una vez, dos veces, pensando un poco más. Luka se inclinó hacia ella.
—Me iré por un año. ¿Eso te pondrá triste y te hará sentir sola?— notando la desesperación en el rostro de la chica, Luka rió, —Es decir... somos amigos, ¿no?
Ella resopló.
—Ya, pero es que lo hiciste sonar como si estuviéramos juntos.
—Marinette dijo que eso parece. Puede que me case contigo algún día y tengamos bonitos bebés.
Los ojos de Chloé se abrieron grandes.
—¡No puedo darte bebés! Recuerda que mi cuerpo no funciona bien.
Sin sorprenderse, Luka rió.
—¿Entonces está bien si nos casamos, pero no tenemos bebés? Podemos adoptar, mientras sea contigo está bien.
—Cállate.
Pero Luka siguió riendo... incluso le salieron lágrimas. No es que fuera tan gracioso, pero no podía contener la risa.
Chloé se encontró a sí misma sonriendo a pesar de ser el objeto de burla y las miradas yendo hacia ellos. Puede que no lograra darle el consejo que necesitaba... pero al menos le proveería un momento de felicidad.
Pero... ¿por qué es que tenía ganas de llorar?
—》《—
Chloé cruzó la acera donde vivía. Ya pasaban de las diez. Sus ojos estaban desenfocados y precariamente sus piernas se movían de regreso a casa.
Flashback
'Tal vez deba darle oportunidad.'
'¿Cómo?'
Luka sonrió de lado.
'Es hora de hacer algo por mí mismo, ¿no lo crees?'
Fin del flashback
Cómo se suponía que debía responder a eso cuando la súbita idea de no ver a su amigo por un año le daba la sensación de pérdida. Pero Luka tenía razón. Pasó la mayor parte de su vida cuidando de otros. Quizá un viaje al extranjero sería ideal y de ayuda.
Flashback
'Es solo un año. Cuando termine..., puedo regresar a ti... bueno a ustedes. Y quizá seré un hombre mejor.'
Fin del flashback
La forma en la que Luka lo dijo le dio una mala sensación. Era como si no entendiera suficiente y que debía intentar leer entre líneas. Y como siempre, gastaría cada neurona al sentirse confundida. Debió presionar para que su amigo dejara de hablar con trabalenguas y fuera considerado con sus pobres y moribundas neuronas.
Al darse cuenta del camino que la llevaba a su casa, Chloé salió de su ensimismamiento y lo que encontró frente a la reja de su casa, cambió su preocupación en sorpresa.
—¿Sigues aquí?
Ok, eso fue grosero, pero es que... ÉL ya debía estar en casa. Era tarde.
—Te fuiste de súbito. Quería tener esa conversación contigo después de cenar.
Chloé suspiró profundamente.
—Mira, no hay nada de qué hablar. El pasado, pasado es.
Claude frunció el ceño.
—Hay más que eso, ¿no?
Claro, ahora era el mejor momento para hablar de la cosa extraña entre ellos.
Y tal como lo esperaba, la expresión de Chloé lo enojó un poco, pero nada más pasó. Solo una rápida exclamación.
—No sé qué tratas de insinuar-
—Chloé.— Claude dijo cansado antes de acercarse, tratando de no hacer un gesto cuando ella retrocedió. —Lo siento.
Chloé alzó la mirada hacia él, con un desesperado pedido que podía ser leído en sus orbes.
—¿Crees que es fácil para mí? Ridículo, totalmente ridículo. No puedo actuar normal cerca de ti. No después de...— cerró los ojos con fuerza, tratando de no lucir patética, pero sabía que era muy tarde.
—¿No podemos empezar de cero?
Chloé retrocedió, insegura de cómo se suponía que debía actuar. Tragó el nudo que tenía en su garganta y respondió.
—No quiero-
—Por favor,— Claude sujetó su brazo, —Quiero...quiero ser tu amigo.
—No es fácil.— Chloé movió la cabeza, —Si quieres empezar de cero... entonces dime ¿por qué rechazaste mi confesión hace cinco años?
El mayor presionó sus pulgares en sus ojos.
—He querido decírtelo pero sigues evitándome como si tuviera alguna enfermedad contagiosa o algo.
—¡¿Ahora quieres decírmelo?!— Chloé preguntó, sonando genuinamente incrédula.
Claude rió y se alzó de hombros casualmente.
—Claro. Es decir, sé que fui un bastardo por no explicar nada pe-
—Sí, y aun lo eres.
—Pero, lo que sea que pasó hace cinco años... no traté de huir de ello. Tenía que regresar a la capital debido a un abrupto cambio en mi itinerario.— Alzó ambas manos y sujetó los hombros de la chica. —Lamento si te hice sentir mal.
Chloé lo miró con seriedad, pero algo entretenida. Era increíble cómo es que hace unos años, quizá en este tipo de posición; estaría sonrojada y tartamudeando.
Pero ahora, mientras miraba al atractivo profesor frente a ella, su corazón permaneció calmado, su rostro no se sonrojó y sus palmas no sudaban.
Había estado evitando a Claude porque no quería recordar su primera desilusión..., no era porque todavía se sintiera atraída por él.
—Se hace tarde,— Chloé dijo mirándolo a los ojos. —Dímelo ahora o te dejo aquí mismo.
Claude rápidamente se movió para sacar algo de sus pantalones.
—Mira,— abrió su billetera y dentro había una foto de una pequeña niña con el cabello atado en dos colitas y sonriendo dulcemente.
—Chloé. Ella es mi hija de cinco años, Camille.
Los ojos de Chloé se abrieron grandes y tartamudeó.
—¡¿H-hija?
—》《—
El camino de regreso fue silencioso, pero nada incómodo. Llegaron al departamento de ella sin problema alguno con el tráfico.
—Hey,— Adrian giró hacia la menor tan pronto como salieron del auto y le sonrió. —Se supone que te mantenga caliente.— Rió y ofreció su mano izquierda.
—Claro.— Sonrió.
El mayor vio feliz cuando Marinette entrelazó sus dedos.
—¿Tu prima no está aquí?— preguntó cuando entraron al edificio y caminaron hacia el elevador, esperando que llegara.
—Chloé fue a casa de sus..., de nuestros padres.— Marinette respondió pero no elaboró más.
Por difícil que era, Adrian mordió su labio y se contuvo de preguntar más.
Tiempo...
Tenían mucho tiempo para conocerse. Y si Marinette no se sentía cómoda en compartir algo de su vida privada, entonces Adrian estaba dispuesto a esperar hasta que estuviera lista.
—Entonces debes estar muy sola...— Adrian dijo mientras mantenía estable su mirada en la puerta del elevador.
Marinette resopló y apretó su agarre en la mano de Adrian.
—Si esta es tu forma de decirme que quieres que te deje pasar la noche aquí, entonces está fallando... terriblemente debo agregar.— Los dos tenían sonrisas en sus rostros cuando el elevador llegó y la puerta se abrió, revelando el espacio vacío.
Cuando la puerta se cerró, Adrian acercó más a la menor y la besó con gentileza. La emoción de besar a Marinette siempre le hacía retar su adrenalina, como estar de pie en un risco que lo mantendría en la cima o le haría caer al abismo. Inclinándose, tomó por completo los labios de Marinette, incitando a la menor a reciprocar la acción.
Ladeando la cabeza, Marinette separó los labios y acercó más a Adrian. Su otro brazo se movió por sí solo y se envolvió en el cuello del mayor, enredando gentilmente sus dedos en el cabello de Adrian, acariciando y masajeando al mismo tiempo.
El elevador sonó y los dos se separaron de lo que había parecido ser un interminable beso. Adrian sonrió y la besó una vez más antes de alejarse de ella y sacarla del elevador. Volvió la mirada y notó a Marinette sonrojada y algo ida. Una sensación de orgullo lo recorrió por tener ese efecto en la atractiva chica.
Caminaron en silencio un momento y fueron capaces de llegar al departamento de ella en cosa de segundos. Sin muchos ánimos, Marinette quiso soltar la cálida mano de Adrian para poder sacar su tarjeta, pero el mayor la sostuvo firme.
Ella estuvo por protestar, pero los labios de Adrian la callaron.
—Estás mph- —Marinette trató de hablar pero el mayor fue persistente al depositar pequeños besos, —-tratando de distraerme,— un pequeño gemido salió de ella cuando el mayor la acercó más; envolvió sus brazos alrededor de ella y profundizó el que fue un casto beso.
A regañadientes, Adrian liberó aquellos dulces y pecaminosos labios y sonrió sobre ellos, ligeramente acariciando su nariz contra la de Marinette.
—¿Funciona?
Marinette rió y besó la comisura de los labios de Adrian.
—Sí. Pero tienes un hijo que te espera en casa.— Y de súbito retrocedió un poco al mirar la alarma decorando su rostro. —Espera, ¿dejaste a Louis solo en casa? ¡¿Solo?!—Si Adrian decía que sí, no dudaría en golpearlo en la cabeza. ¡No podía dejar que Adrian abandonara a su hijo solo para verla a ella!
El abogado parpadeó.
—Contraté una niñera para que lo cuidara. No te preocupes.— Alzó la mano y picó la frente de la menor. —Puede que no sea el mejor padre, pero no dejaría solo a mi hijo en casa.
—No me refería a que-
—Lo sé, Princesa.— Adrian no pudo contener la diversión en su voz. —Tengo que ir a casa pronto.— Dijo pero no hizo ningún intento para retirar sus brazos de la delgada cintura de Marinette.
—Sí, deberías...— alzó las manos y sostuvo el rostro del hombre, —Ve a casa.— Marinette dijo suavemente. Aun cuando todo estaba pasando tan rápido, no pudo evitar permitirse enamorarse más y más cada momento. Por muy egoísta que sonara, la mitad de ella deseaba que Adrian pudiera quedarse un poco más. Pero claro que no podía alejarlo de su hijo, quien debía estar esperando la llegada de su padre.
—Oh, antes que lo olvide,— el abogado retiró su brazo y mantuvo el otro aun alrededor del de Marinette. —Louis me dio esto esta mañana.— Mostró un arrugado papel sobre un recital de piano. —Aparentemente, mi hijo sabe tocar piano.— Había un tinte de dolor en su voz pero rápidamente la descartó con una sonrisa.
Marinette tomó el papel en su mano y leyó.
—No sabía que el recital era este fin de semana
Adrian giró hacia ella, con una sorprendida mirada.
—¿Sabías de esto? Ah- sí, claro que lo sabías. ¿Por qué debería sorprenderme?— rápidamente se respondió aun intentando no pensar mucho en el hecho de ser siempre dejado en las sombras cuando se refería a la vida de Louis.
—No te atrevas a culparte otra vez.— Marinette le advirtió picándole el pecho. —He tenido suficiente de quejas sobre lo mal padre que eres, cosa que definitivamente no es así.
Adrian sonrió con culpa.
—Aun tienes oportunidad de resarcir las cosas para él. Y esta, es tu oportunidad.— Razonó ella.
—Ok, lo haré.— Adrian respondió con disfrazado acuerdo.
Marinette arqueó la ceja.
—Ok. Ahora ve a casa.— Y con eso, se alejó de la calidez de Adrian y caminó hacia la puerta de su departamento.
Adrian suspiró y se preguntó por qué regresar a casa se había hecho tan difícil.
—¿Irás al recital?— miró con esperanza a la chica.
Con un audible click de la puerta, Marinette giró el picaporte y volvió a mirarlo.
—¿Será otra cita, Adrian?
—Bueno, no diría que es una cita ya que mi hijo estará ahí.
—Iré. Ya se lo prometí a Louis de todos modos.— Entró al departamento no sin antes decirle al otro, —Buenas noches, señor Agreste.
Aun sonriendo, Adrian acortó la distancia entre ellos y la jaló para susurrarle al oído.
—Gracias por la adorable cita, Princesa. Eres maravillosa.— Antes de que ella pudiera decir algo, Adrian retrocedió y fue hacia el elevador.
Y Marinette se quedó ahí, sonrojada hasta las orejas.
Continuará...
Regrese!!! Mañana regreso al fin a la ciudad!!! (Tuve qe dar mucho máss dinero del esperado para apurar a los contratistas, pero lograremos regresar a la civilización!!?) *LLORA EN CITADINA*
Así que estoy aquí, trayendoles los capítulos de la semana y nos leemos la próxima~
Besitos de murciélago desde la montaña (aún) a todos~
