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Title: Someone to You

Ship: Adrinette.

Genre: Angst, AU, Slash, Out of Character, Hurt/Comfort (H/C), WAFF (Warm And Fuzzy Feelings)

Word Count: 130,000

Word Count per Chapter: 2400

Rating: NC-17

Chapters: 17/52

Beta: Unbetated

Disclaimer: No son míos, si lo fueran seria esclavitud y está mal... o bueno, no podría decirlo en voz alta :v

Music:

Los comentarios, estrellitas, y las galletitas, me hacen feliz.

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Destiny Part 1


La suave cama y almohada nunca se había sentido tan bien bajo él... eso se agregaba a la razón de por qué sus ojos se negaban a abrirse y buscar la molesta alarma proviniendo de algún lugar en la habitación.

Adrian obligó a su cuerpo a erguirse y buscó el reloj, deteniendo el molesto sonido antes de volver a cubrirse.

Sus ojos miraron la durmiente figura a su lado. Una sonrisa se extendió en sus labios cuando escuchó un suave ronquido.

Sintiéndose como niño pequeño, Adrian estiró la mano y pasó su índice por la nariz de ella. Marinette sintió el suave roce y su rostro se arrugó de molestia.

Adrian rió y volvió a hacerlo, haciendo que ella musitara algo incoherente y golpeó la mano.

Giró y le dio la espalda a un muy divertido Adrian.

Estaba usando una de sus camisetas y un pants que Adrian raras veces usaba. Esta quizá era la segunda vez que Marinette dormía ahí y Adrian sentía que debía preparar las cosas cuando fuera a necesitarlas ya que..., estaba planeando persuadirla para que se quedara más seguido.

Era una maravilla lo cómoda que era su compañía, que, en alguna forma, dormir en la misma cama con solo unas cuantas semanas de estar en una relación no parecía ser rápido ni extraño para ellos. Adrian se dio cuenta que la sola presencia de Marinette le daba calidez... y ver este lado vulnerable de ella lo complacía.

Cuando Marinette volvió a dormirse, se sintió extrañamente infeliz y frío – sobre todo cuando ella se alejó unos centímetros de él.

Adrian acortó la distancia entre ellos y desde atrás envolvió la cintura de la menor con su brazo. Su pecho tocaba la cálida espalda de ella mientras su brazo la acercaba más. El movimiento no despertó a Marinette, pero su mano – por instinto – sostuvo la mano presionando contra su vientre.

—Marinette...— Adrian susurró perezosamente. Enterró la nariz en las suaves hebras y respiró profundamente, por fin sintiéndose menos solo y más calmado. La calidez de Marinette le hacía querer dormir otra vez. Pero cuando estuvo por cerrar los ojos, la molesta alarma sonó. Le tomó incontables palabras de aliento en su mente antes de ceder y salir de la cama.

Pasó una mano por su rostro y en silencio miró el reloj y la pequeña luz entrando por la hendidura de las cortinas. Una breve mirada por encima de su hombro le dijo que Marinette seguía dormida.

Si trabajar no fuera tan importante... y si solo no necesitara despertar a Louis para que se aliste para el colegio... con gusto habría seguido durmiendo.

Fue al baño, intentando despertarse con el agua fría en el rostro.

Un minuto después, salió de la habitación y fue hacia la de Louis. Cuando abrió la puerta, encontró al niño ya sentado y restregando sus ojos para quitarse el sueño.

—Arriba~ —Dijo llenándolo de besos.

Su hijo le sonrió y la felicidad estalló en su pecho. Su lazo de alguna forma había crecido y fortalecido a pesar de las dificultades que enfrentaban. Momentos simples como este, le daban esperanza.

—Papá,— Louis dijo con voz pequeña – voz que solo usaba cuando hacía algo increíblemente malo, —Anoche yo...— no podía recordar cómo llegó a su habitación. Lo último que podía recordar era la mirada de tristeza en los ojos de Marinette cuando él empezó a llorar.

—Lo siento.— La disculpa de Adrian atrapó con la guardia baja al niño. Se sentó en la cama de Louis y estiró la mano para desordenar los cabellos de su niño. —Sé que no debí haberla invitado. Nosotros... aún estamos ajustándonos a la situación actual.

Louis parpadeó sorprendido pero una ola de alivio le hizo sonreír con esperanza.

—Entonces, ¿no estás enfadado conmigo?

—No, pero apreciaría que dejes de huir de casa, o me provocarás un infarto.

Louis asintió con culpa.

—Lo siento...— sus ojos lentamente se abrieron grandes. —¡Ah! Nani-

—Está durmiendo ahora mismo. Los dos regresaron algo tarde y estoy seguro que perdió el autobús otra vez.— Adrian se puso de pie y estiró sus músculos. Ayudó a Louis a salir de la cama y lo llevó al baño.

—Papá,— Louis dijo mientras se colocaba frente al lavabo, viendo a su padre prepararle el cepillo dental. —Creo que Nani debe quedarse aquí con nosotros.

Adrian pausó, abrió la boca mientras miraba sorprendido al niño.

—¿A qué te refieres?— de súbito fue bombardeado con preguntas de si el niño los había pillado y si había notado los cambios entre ellos..., o si alguien en su clase notó la innegable cercanía con ella.

Louis se alzó de hombros y dibujó círculos imaginarios en la superficie del lavabo.

—Te gusta Nani, ¿no?

—Sí.— Responder esta pregunta resultaba ser fácil con cada día.

—Y confías en ella, ¿verdad?

—Sí...

—¡Y esta casa es muuuuuy grande!— Louis hizo un exagerado movimiento con los brazos, —Nani está sola sin Queen.— El niño hizo un puchero y recibió su cepillo, —Debería quedarse aquí mientras su prima no está.— Giró hacia el espejo y empezó a cepillarse los dientes.

Adrian permaneció quieto. No sabía por qué, pero un suspiro aliviado salió de sus labios. Su relación con Marinette era nueva y refrescante. Hace un momento, de súbito tuvo una batalla interna de si debía negar o explicar la relación que él mismo no podía definir... bueno, aun no.

Pero la presencia de Marinette era definitivamente algo a lo que se había acostumbrado ya. Eso era un progreso. Claro, no estaba seguro de si Marinette sentía lo mismo. Ella quería tomarlo con calma y eso era lo que había estado haciendo.

Solo esperaba que ella estuviera tan enamorada como él.

—Papá,— Louis llamó suavemente y frunció el ceño cuando su padre lo ignoró, —Papá, ¿estás bien?

Adrian salió de sus pensamientos al sentir la mano de Louis en su brazo.

—Ah, estoy bien.— sonrió y llevó al niño a la cocina.

—¿Puedo despertar a Nani para desayunar?— Louis preguntó.

—Nah, deja que duerma un poco más. Lo necesita.

—...entonces, comeremos cereal...— Louis de verdad quería comer algo preparado por su Nani.

Adrian rió.

—Hey, mi cereal está lleno de amor. Es el mejor cereal del mundo.

—Sí, Papá, sí...— sacó la lengua y fue sorprendido cuando su padre empezó a cosquillear sus lados.

La risa llenó la casa, retumbando en las paredes.

—》《—

Marinette despertó ante la vibración de su celular al lado de la mesa. Frunciendo el ceño, miró alrededor y buscó a ciegas el objeto. Cuando lo encontró, tomó la llamada.

—¿Qué?

—Lo siento. Olvidé que no tienes buen humor por las mañanas... Oh espera, eso no se aplica cuando ya es la una de la tarde.

—Hola, Chloé.— Ella se sentó y desordenó su cabello. No sabía qué fuera tan tarde. No era de sorprender que el otro lado de la cama estuviera vacío. Adrian quizá estaba en el trabajo... y eso también significaba que Louis estaba en el colegio.

Un suspiro frustrado salió del otro lado de la línea.

—Acabo de llegar a casa. ¿Dónde estás?

Una fea sensación reptó a su estómago tan pronto como la pregunta fue registrada. Se puso de pie y salió de la habitación, caminando con cuidado por la vacía y silenciosa casa.

Sí, tanto padre como hijo la habían dejado sola como si fuera normal que se quedara ahí.

—¿Marinette?

Chloé la sacó de sus pensamientos y se recompuso antes de responder débilmente.

—Sí, sigo aquí.

—Sí, tarada. ¿Pero dónde?

—...en la casa de... ¿Louis?— no pudo decirle a Chloé sobre el nuevo nivel en su relación con... Adrian. Una parte de ella quería asegurarse de que esto de verdad estaba pasando; por ello, no quería saltar a conclusiones y anunciárselo a todos.

—Espera... ¿vives ahí ahora?

—¿Q-qué? ¡No!

—¡Cómo es que cuando me fui, estabas ahí y ahora que regreso... sigues ahí! ¡Ha pasado casi un mes!

Eso trajo a colación un resoplido por parte de Marinette hasta que empezó a reír. No podía culpar a Chloé por asumir cosas ya que... bueno; había estado más tiempo en la casa Agreste que en su propio departamento.

—Tú llamas en los momentos más precisos, Chloé. Escucha, solo me quedé a pasar la noche.— Rápidamente regresó al baño. Era dulce de Adrian dejar las cosas ordenadas en el baño para ella y eso hizo que sonriera. Chloé tuvo que decir su nombre dos veces para que dejara de actuar como una tonta enamorada.

Tonta enamorada. Ok, eso hacía que todo fuera más complicado.

—Merezco una explicación.— Chloé gruñó.

Marinette sostuvo el celular entre su oreja y hombro mientras colocaba pasta dental al cepillo.

—Lo haré, ahora tengo que asearme para poder irme... o si quieres esperas en la línea mientras cepillo mis dientes.

—Oh, por favor, no hay nada mejor que el sonido de tus gárgaras.— Respondió, pero esperó y escuchó a Marinette aseándose. Bueno, no era la primera vez que pasaba.

Cuando terminó, Marinette sostuvo el celular y habló con voz dócil.

—¿Hola?

—Sí, me debes una grande por esperarte en lugar de hacer cosas esenciales como desempacar.

Marinette rió.

—Claro. Por cierto,— mordió nerviosamente su labio, —¿Estás bien?— preguntó recordando la súbita decisión de Luka sobre irse a Japón.

—Eso... pues no... de hecho, más tarde voy a cortarme las venas con galletas.

—Ah, qué bueno.— Marinette rió, complacida de escuchar a su prima bromeando al respecto. —¿De verdad estás bien? Porque bueno, yo misma no reaccioné bien cuando lo dijo, de hecho lo golpeé porque me sentí mal...y eso que no estoy enamorada de él.

—¡¿Eh?! ¡¿Cómo es que-

—Oh, por favor, hablas cuando duermes.— Respondió, —Además, los dos destilan corazones cuando están juntos. ¿De verdad crees que no iba a notarlo?

—¡¿Qué?! ¡Ridículo, totalmente ridículo! ¡NO destilamos corazones!

Marinette rió.

—Ah, sí, Luka no lo haría. Pero tú...

—Di una cosa más y no te abriré la puerta.— La chica resopló, —Como sea, llamé también para preguntar si has visto mi hoja de registro. Eres una maldita maniática de la limpieza, así que estoy segura que lo has debido poner en algún lado.

—¿Hoja de registro? ¿Qué hoja de registro? — Marinette preguntó distraídamente mientras se disponía a ponerse su casaca en la habitación. —¿Cuál?

—La de las clases de reforzamiento.

Los ojos de Marinette se abrieron grandes mientras se ponía de pie con su casaca en la mano.

—Mierda...

—》《—

Marinette estaba jadeando por subir corriendo las escaleras que la llevaban a la oficina de registro. Empujó la puerta y caminó rápido, sus pesados jadeos hacían eco en el pasillo.

¡Había olvidado anotarse en las clases de reforzamiento – OTRA VEZ! – y de no haber sido por la llamada de esta mañana, ni siquiera lo habría recordado.

Relájate... Marinette...

Se dijo a sí misma.

Las señalizaciones la enviaban por el largo pasillo y Marinette volvió a correr, incapaz de calmar la adrenalina que provocaba el pánico. Después de varios giros, se encontró en la gran habitación de la oficina principal. La fila de estudiantes era más larga de lo normal.

Se colocó al final de la fila, regularizando su respiración.

Mientras la fila avanzaba con lentitud, Marinette sentía que podía arrancarse los cabellos. Pero cuando por fin llegó su turno, rápidamente saltó de su sitio. Dio un giro en la primera ventana abierta y habló.

—Hola, mi nombre es Marinette Dupain-Cheng y-

—¿Número de estudiante?— el hombre de mediana edad tras las gafas le preguntó con la voz más aburrida que Marinette había escuchado en su vida. Virando los ojos, ella sacó su tarjeta y dictó los números. El hombre parpadeó tras su monitor por lo que parecieron cinco minutos. —No estás registrada.

—Sí. Estaba por decir eso-

El hombre ondeó la mano.

—Lo siento, no puedo ayudarte.— Dijo. —No es nuestra oficina. Tienes que ir con el becario para eso.

Marinette apretó los puños. Quería gritar, pero en lugar de eso solo tomó su ID y salió de la oficina. Los alrededores estaba haciéndose borrosos y era incapaz de ver a quien saliera de las aulas, por ello, impactó contra alguien y casi lo derriba.

—Whoa, tranquila.— Sus manos sujetaron los brazos de la chica, estabilizándola.

Marinette alzó la mirada y encontró el familiar rostro frente a ella.

—¿...Claude?

Una mirada de sorpresa surcó el rostro del profesor.

—¿M-Marinette?— sus labios formaron una sonrisa, —¡Mari!— abrazó a la chica palmeando su espalda. —¡Niña! Aun corres por los pasillos.

—¡Hey!— Marinette trató de zafarse. —Quería hablar contigo pero-

Claude se sorprendió cuando la chica se soltó y empezó a correr otra vez.

—Oh... Ok. ¡Cuando hayas terminado, vayamos por un café!— la vio al deteniéndose un momento, mostrándole los pulgares. Con un movimiento de cabeza, Claude se ajustó las gafas y regresó a la facultad a la que debía ir.

—》《—

El aire soplaba terriblemente frío en cuanto salió de su auto. Su rostro estaba congelado por el frío y sus orejas se helaban.

El elevador se detuvo en el piso más alto, el cual la agencia ocupaba en su totalidad, en donde las paredes tenían una gran colección de cuadros y una elegante estatua en el centro. La agencia claramente estaba haciéndolo bien.

Rápidamente fue hacia la cabeza de la agencia – un hombre mayor con ascendencia china, quien planeaba extender la agencia a ese país para asegurar más acuerdos. Y el trabajo de Adrian era cerrar las transacciones.

Pasaron las siguientes dos horas trabajando en el acuerdo. Con algo de suerte terminarían esa semana, quizá antes del gran evento de la compañía.

—¿Cuánto tiempo estará aquí?— preguntó Adrian.

—Hasta el viernes, a menos que termine todo antes. Pero creo que sería buena idea para mí estar aquí mientras hacemos todo esto.— Respondió el hombre.

—Estoy seguro que tendremos algunas respuestas sobre este acuerdo para el miércoles, como mucho.— Adrian apiló los documentos y los colocó en su portafolio.

El jefe asintió, y miró su reloj de más de doce mil dólares.

—Debo ver a un colega ahora mismo, ¿te molesta si seguimos el trabajo en la cafetería?

Adrian movió la cabeza.

—Para nada.— Mientras juntaba sus cosas y seguía al hombre, Adrian sacó su celular y revisó por si tenía algún mensaje no leído o llamadas perdidas. Estaba esperando que Marinette lo llamara. Después de todo, no le había dejado ni una nota en el fridge.

Una mirada de decepción surcó su rostro cuando vio que tenía un par de mensajes de sus compañeros de trabajo.

—Adrian Agreste, ¿qué pasó contigo? Te comportas como un adolescente enamorado.— Musitó para sí mismo antes de obligarse a no sonreír cuando su jefe lo llamó para que fueran a su auto.