Es madrugada de sábado, son exactamente las 2:00 AM y frente a uno de los clubes nocturnos más famosos de la ciudad hay una limosina. Del vehículo se bajan un montón de osos pardos vestidos de traje. Escoltada por los úrsidos va una hiena. Lleva un elegante vestido de lentejuelas.

El portero se apresura nervioso a dejarlos pasar. Antes de que la hiena se aleje demasiado, este le llama la atención.

-Seño… señorita Brown. Tengo algo que decirle.

-¿Qué quieres Roger? ¿Ya la liaste? Dios, no sirves ni como portero.

-No señorita, no es eso.

-¿Entonces?

-Mientras pedía las identificaciones… En la puerta… Ha entrado un zorro… Un tal Nick Wilde.

-¡Wilde!- La hiena monta en cólera.- ¡¿Qué hace aquí ese imbécil?! ¡Creí haberle dicho que no volviera a aparecerse cerca de mí y más ahora que mis chicos se han enterado que es policía!

-No creo que busque problemas señorita. Se ha pasado la noche bebiendo en la barra.

-Mmm… No lo culpo por querer ahogar sus penas en alcohol. En fin, lo dejaré estar. Sin embargo… ¡Jack!

Uno de los osos se inclina hacia la hembra.

-Quiero que lo mantengas vigilado. Si llega a hacer algo sospechoso, por más mínimo que sea, le vas a romper el cráneo.

El oso asiente en silencio y la hiena entra al local. Divisa la figura del zorro cabizbaja entre la multitud. Sonríe. Es difícil saber si aquella expresión de maleficencia es intencionada o solo producto de su maquiavélica naturaleza.


-Es estúpido.- Dijo la razón.

-Es arriesgado.- Dijo el corazón.

-Es ese lobo imbécil y engreído.- Dijo Nick acabándose su tercer vaso de whisky.

El zorro sentía la sangre hervir y no estaba seguro de si era producto de los celos o el alcohol en su cuerpo. Tal vez un poco de ambos.

Cuando arribó al club esperaba encontrar buena compañía y poder pasar la noche olvidándose de Judy. El destino le jugó una mala pasada, pues se encontraba solo y además con el peor panorama que pudo imaginarse.

Su compañera de trabajo, mejor amiga y "crush amoroso" estaba en las inmediaciones del establecimiento con el mismo lobo que la había mantenido alejada de él durante la última semana. Nick era un adulto maduro y racional. Sin embargo sus límites se vieron sobrepasados al ver de golpe como su mejor amiga lo había abandonado para irse con aquel condenado, y para colmo, bailaban y reían con total naturalidad, como si fueran amigos de toda la vida.

"Relájate Nick. No pasa nada. Son buenos amigos y ya está, no hay nada de qué preocuparse. Además, aunque hubiera algo entre Judy y Lobato, no son mis asuntos. Zanahorias es libre de hacer lo que quiera con quien quiera"

Judy agarró al lobo de la camiseta y lo hizo inclinarse hacia ella.

"Espera… zanahorias… ¿Qué haces?" Nick palideció, pidió otro trago y observó con mucha más atención.

Lobato se acercó y la coneja le murmuró algo. El zorro sintió un gran alivio.

"Solo le está diciendo algo al oído, aunque bien pensado… a mi jamás me ha murmurado nada."

Siguió mirando. Durante los próximos 45 minutos solo se dedicaron a bailar. Nick suspiró hondo y se relajó un poco. Hopps no tenía ningún compromiso con él, era infantil sentir celos por nada.

"Debo dejar de calentarme la cabeza, no es el fin del mundo. Lobato es una buena persona ¿cierto? Mientras no le haga daño estará todo perfecto. Me aseguraré de que la trate bien, si... eso es lo que voy a hacer. Velaré por el bienestar de Judy desde lejos y ella será feliz… sin mí."

Las orejas de Nick bajaron y su semblante cambio a uno melancólico. Se bebió el contenido del vaso y pidió otro. Los pies empezaban a pesarle producto del alcohol pero eso era lo de menos. Más le pesaba el hueco en el pecho. Miró por sobre su hombro una última vez con la intención de ver a su zanahorias. Lo que observó a continuación le pareció inaudito.

"No, eso sí que no. No me importa si eres un malnacido pero no vas a arrastrarla contigo"

El zorro saltó de la silla para presenciar como el lobo guiaba a Judy hasta una mesa lejana del club. Acto seguido se sentaban junto a una elegante hiena y unos cuantos osos. Nick se abrió paso entre la multitud a tropezones.

"Lobo asqueroso. Juro por dios que te matare si es necesario, pero no dejaré que metas a Judy en tus negocios sucios. Menos aun con esa puta de Brown."

A lo lejos un oso hablaba al comunicador en la solapa de su camisa.- Se dirige hacia allá y está ebrio. Tengan listas las armas.


Después de 45 minutos bailando y lanzando miradas sutiles hacia la mesa del costado. Judy Hopps creía que su misión encubierto sería un fracaso. Llevaban tiempo fingiendo y no sucedía nada. Estaba a punto de renunciar cuando Lobato se acercó a ella.

-Mordieron el anzuelo. Uno de ellos me ha ofrecido. Hora de actuar.

Judy lo siguió sin chistar. Se sentaron en una mesa bastante alejada.

-Buenas noches. Soy Yennifer Brown. Tengo entendido que les interesan mis "sellos".- La hiena que estaba frente a ellos sonrió levemente.

-Pues si.- Dijo Judy cruzando las piernas. Encendió la grabadora que llevaba en el portaligas con un movimiento sutil. Lobato entendió la señal y activó la diminuta cámara que escondía en el cuello de su camiseta. Nadie se percató de nada. Las cosas iban viento en popa.

- El LSD es una sustancia… peculiar.- Brown sacó un montón de laminas de colores de su bolso y se las extendió a Judy.- Hace que el mundo se vea mas colorido. Es ideal para pasar un buen rato en un club como este con tus amigos… o tu novio.

Judy se permitió sonreír. No por la droga o el comentario, sino porque tenían todo lo que querían. Testimonio, imágenes, incluso podían llevar algo de evidencia al laboratorio de criminalística. Solo tenían que comprar algunos "sellos", guardarlos en un lugar seguro y salir de ahí. Detendrían a la hiena el próximo viernes noche y entonces, con su líder encerrada, desmantelar dicha red de narcotráfico sería pan comido. Tenían suficientes testimonios, contactos y evidencias para condenar al menos a la mitad de los integrantes. No por nada habían trabajado una semana en el caso.

Lobato se guardó las láminas en la billetera. Pagó la suma correspondiente y le hizo una señal a Hopps para retirarse. Todo había salido según lo planeado… o casi.

Antes de poder alejarse 2 metros de la mesa alguien golpeo al lobo con una botella.

-¡Escoria!- gritó Nick.- ¡Cómo te atreves a meter a Judy por ese camino!

Lobato cayó al suelo y la cámara escondida saltó justo a los pies de Brown.

-¿Con que Judy eh?- musitó la hiena mientras tomaba la cámara.

Nick abrió los ojos con sorpresa. Antes de poder asimilarlo todo, los osos ya los tenían contra el piso.

-¡Idiota!- dijo Lobato.

-Lo siento.- Dijo Nick.

-Mátenlos.- Dijo Brown.