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Title: Someone to You
Ship: Adrinette.
Genre: Angst, AU, Slash, Out of Character, Hurt/Comfort (H/C), WAFF (Warm And Fuzzy Feelings)
Word Count: 130,000
Word Count per Chapter: 2500
Rating: NC-17
Chapters: 21/52
Beta: Unbetated
Disclaimer: No son míos, si lo fueran seria esclavitud y está mal... o bueno, no podría decirlo en voz alta :v
Music:
Los comentarios, estrellitas, y las galletitas, me hacen feliz.
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Shyness Part 1
El viaje de regreso a casa había sido más o menos extraño entre ellos. Perdió la cuenta de cuántas veces trató de distraerse de la sensación de los labios de Adrian contra los suyos no hace mucho.
La promesa de no arruinar su cabello había salido por la ventana tan pronto como entraron al auto. Sus dedos tocaron sus ligeramente hinchados labios, preguntándose si estaban más rosados de lo usual. Sentía que el dije en su cuello le apretaba más con cada segundo. Rápidamente se lo quitó y se hundió en su sitio mientras contaba los postes en la calle.
Adrian no se sentía mejor.
Sus manos apretaron el volante como si buscara soporte. Como si al soltarlo, no podría contenerse más y besaría a la menor a mitad del tráfico.
La anticipación de tener a Marinette para él solo, y que su relación estaba por dar un paso más, hacía que sintiera nervios y ansias al mismo tiempo.
Enfocándose en el camino, Adrian se regañó cuando sus ojos fueron hacia la silenciosa chica en su auto. Sus dedos apretaron una vez más el volante.
Él había estado casado una década con una mujer a la que nunca tocó desde que Louis fue concebido.
Ceder a sus necesidades sexuales con otras mujeres, fuera del matrimonio, había sido algo que había hecho durante años. Él y Kagami habían llegado al acuerdo de que sería lo mejor si tenían una relación abierta. La relación nunca había funcionado para ellos y abstenerse solo los lastimaría a ambos en cada aspecto. Aun así, decir que se sentía algo tímido con sus habilidades románticas era un eufemismo.
La luz cambió a rojo y los autos se detuvieron agonizantemente lento. Unos cuantos segundos parecieron una eternidad para alguien que no podía esperar hacer algo así de drástico en su vida.
El silencio en el auto se había hecho tan palpable, que incluso el respirar se podía escuchar en el lugar.
Adrian se sorprendió cuando hubo un súbito peso en su mano, la que estaba en la palanca de cambio. Alzó la mirada y encontró a Marinette mirándolo pensativamente. Una sonrisa surcó su rostro cuando soltó la palanca de cambio y sostuvo la mano de la menor.
Echando una breve mirada al semáforo, Adrian preguntó con duda.
—¿Puedo besarte?
Marinette estalló en risas, pero rápidamente la escondió tras su mano.
—¿Hablas en serio?
—Estoy tratando de hacer esto lo menos incómodo para ti.
—Bueno, lo estás preguntando algo tarde, ¿no lo crees?— rió un poco más cuando Adrian fácilmente la jaló más cerca y la besó rápidamente en los labios. Sus ojos lentamente se cerraron y se permitió hundirse en la calidez de los labios del mayor.
Marinette se alejó de Adrian cuando las bocinas de los autos tras ellos, resonaron, haciendo que ambos rieran antes de que el mayor pisara el acelerador.
—》《—
La casa lucía ridículamente grande y vacía cuando llegaron. Las luces del pasillo se encendieron y ambos caminaron, ella con familiaridad y él con una súbita sensación de cautela.
No pasó mucho antes de que Adrian notara las evidencias de lo tensa que estaba Marinette.
—Tengo ganas de devorarte ahora mismo.— Adrian retiró su corbata y leva, dejándolas en el sofá, silenciosamente mirándola, y ella lo miró ante lo que dijo.
Marinette viró los ojos.
—Menudo comentario.— Rió.
—Eres un caso especial.— Sentenció antes de fijarla a la pared en cosa de segundos, besándola y dejándola sin aliento.
Marinette se dejó hacer contra la pared. El beso empezó suave hasta que el abogado ladeó la cabeza, devorando por completo la boca de Marinette.
Sus latidos retumbaban con fuerza, incluso podía escucharlos en sus oídos.
Lanzó sus brazos alrededor del cuello del abogado, acercándolo más. El calor emanando del cuerpo de Adrian hizo arder el suyo, brevemente preguntándose cuánto más sentiría si no tuviera puesta la ropa.
Aun así...
Aire...
¡Necesitaba aire!
Adrian parecía querer mantener su propia boca ocupada; la descendió besando y lamiendo la cremosa piel, arrancándole un gemido a la menor.
El placer recorrió el cuerpo de Marinette, haciendo que sus rodillas se sintieran débiles, tanto que incluso tuvo que sujetarse del mayor un poco más fuerte.
La sangre bombeaba en sus venas, nublando sus sentidos. A mitad de los sobrecogedores besos que recibía, Marinette se preguntó cómo es que había sido capaz de contenerse por tanto tiempo.
Enterrando los dedos en los cabellos oscuros, y fijándola en su sitio.
—Di otra vez que estás celosa.— Adrian incitó y murmuró contra su cuello. Marinette apretó los ojos cuando Adrian la mordió con más fuerza.
—Ya he acariciado tu ego toda la noche.— Marinette jadeó inhalando agudamente cuando las manos de Adrian sujetaron sus caderas y la acercaron con más fuerza. Alejó los flequillos y lo miró incrédula, —¿Está bien si dejaste la fiesta así de rápido?
—Sí. Ya mañana saldré con una excusa. Ahora bésame.— El abogado sentenció, presionando los labios sobre los de Marinette.
Pronto, Marinette se convirtió en un manojo de quejidos, olvidando completamente el hecho de que aún estaban en el pasillo, con la pierna del mayor entre las suyas.
Las prendas fueron dejadas en el suelo, Adrian casi se tropezó mientras trataba de llevar a Marinette más hacia la sala.
Marinette retrocedió y rió un poco contagiando a Adrian, quien rió con ella. El sonrojo se coló en las mejillas de Marinette cuando vio la camisa desabrochada de Adrian, exponiendo una porción de piel.
Sintió un beso en su frente y su sonrisa creció. Sus manos fueron atrapadas entre sus torsos mientras los brazos de Adrian la sujetaban cerca.
—Vamos a...— la pregunta fue dejada tan pronto como Adrian buscó sus labios, trazándolos con su lengua.
—Me detendré si no quieres.— Adrian murmuró contra sus labios, pero con mucha dificultad. Esta noche había sido particularmente fascinante. Marinette lo hipnotizaba al punto en que ya no podía pensar bien. Había un solo pensamiento en su cabeza, y eso era algo que no podía llevar a cabo sin el permiso de la menor.
Marinette alzó la cabeza y sonrió nerviosa.
—Debería ser yo proponiendo la idea. Necesitamos ir lento...
Notando el escalofrío que sacudió el cuerpo de la menor; Adrian se obligó a bajar los ojos. Si alzaba la mirada, puede que perdiera el poco autocontrol que había tenido. Pero se sorprendió cuando Marinette estiró la mano y sostuvo la suya con firmeza. Examinó la diferencia de tamaño, el largo de sus dedos... y cuán perfectos encajaban.
—Amo tus manos.— Dijo en voz alta.
Tragando en seco, Marinette trató de no dejar que la vergüenza sacara lo mejor de ella.
—Yo también amo tus manos.
Tenían una extraña forma de expresar lo que sentían... pero bueno, habían empezado a salir en una forma nada normal. Y a pesar de la falta de normalidad, a Marinette le gustaba mucho. Puede que la mayor parte del tiempo había sido insegura, pero eso usualmente pasa cuando uno está enamorado. Uno quiere que esa persona solo se fije en él o ella y en nadie más.
Con el corazón latiéndole a mil, Adrian fue incapaz de controlarse y alzó la mirada. Quería a esta chica... la quería y estaba muy seguro de que la querría por mucho tiempo.
'Marinette, no tienes ni idea...'
—Yo quiero- —Marinette tomó la iniciativa y dio un paso adelante, acortando deliberadamente la distancia entre ellos; —Quiero estar contigo.— Sus ojos encontraron los suyos y esperó que el mensaje fuera transmitido o sino, volvería a avergonzarse. —La pregunta es, ¿estás lista para estar conmigo?
El silencio llenó la habitación por un momento.
—No te rías...
Marinette ladeó la cabeza, confundida.
—¿Por qué lo haría?
Adrian soltó un prolongado suspiro.
—Hice mi propia investigación y al parecer tengo una leve idea de cómo hacerlo y sino, pregúntale a Louis. ¡No te rías, juro que se como hacerlo!— Su broma hizo que Marinette riera, casi doblándose de la risa. Adrian la sostuvo por los hombros, enderezándola. —¡Hey Marinette Dupain-Cheng!— de verdad tenía el peor de los timing. Justo cuando estaba por obtener lo que quería, tenía que llevar a su pareja a un ataque de risa.
Ella dejó de reír, pero quedó sin aliento.
—Eres tan adorable a veces.— Sujetó el rostro del mayor y su sonrisa creció más.
'Adorable' era una palabra que nunca asociaba consigo mismo, pero escucharlo salir de la boca de Marinette no ayudaba a hacerle sentir menos masculino.
'Solo contigo', pensó mirándola. Sujetó las manos en su rostro y las mantuvo ahí.
Mirando los orbes verdes por un eterno momento, Marinette por fin entendió.
—No eres el único que quiere esto.— Susurró antes de volver a besar a Adrian.
—》《—
El camino a la habitación fue largo desde la sala al segundo piso.
Cuando la puerta estuvo cerrada, Marinette estuvo casi sobre él otra vez, besándolo, mordiendo y tocando toda piel disponible.
Removieron efectivamente sus ropas. Con su mente por fin clara, Adrian se sintió más seguro de sus acciones. Sus manos recorrieron los lados de Marinette y la sujetó por las caderas, acercándola más. La fricción arrancó un gutural gemido de la menor.
Adrian caminó cuidadosamente hacia la cama, con cada paso hacia adelante, hacía que la hermosa chica retrocediera uno.
Marinette sintió el borde de la cama tras sus rodillas, y se sentó; sus labios nunca dejaron la piel de Adrian, bajando por su pecho y vientre.
Los dedos del mayor acariciaron el sedoso cabello, maravillándose ante lo suave que se sentía. El calor en la habitación empezó a crecer en el momento en que Marinette alzó la mirada, dejándole ver el inexplicable brillo en sus ojos que le envió un placentero escalofrío por su espina. Bajó sus manos desde su cabeza a sus hombros, conteniendo un apreciativo gruñido cuando Marinette lo acarició sobre los pantalones. El roce inicial rápidamente hizo que empujara las caderas contra la pequeña mano.
—Mari-
—Deja que lo haga.— Pronto, sus pantalones y bóxers fueron bajados y su miembro fue engullido en un calor que pudo jurar que lo había llevado al olvido.
Marinette se puso en una posición cómoda antes de besar la cima y tomar a Adrian un poco más profundo. Su mano sujetó un lado de las caderas del abogado mientras la otra le proveía fricción en la parte que no podía alcanzar.
Un siseo escapó entre los dientes de Adrian – su mano empuñó los cabellos de la menor mientras sus caderas empezaban a moverse involuntariamente, buscando ese increíble placer que había ansiado desde hace tanto. Se alimentó de la calidez y el sonido de los pequeños gruñidos de Marinette, sintiendo el calor familiar reuniéndose en su vientre.
Marinette retrocedió un poco, depositando un beso en la cima, probando el presemen. Sus ojos fueron de su miembro entre sus labios al hombre que la miraba. Esta quizá era la primera vez que había visto a Adrian mirándola así de intenso.
Estaba muy al tanto de que la vista de su desordenado cabello, entrecerrados párpados, enrojecidos labios rodeando la gruesa dureza del abogado... sería una vista que ningún hombre podía resistir.
Retrocedió otra vez, y Adrian exhaló pesadamente cuando los dedos de la menor jugaron con la vena debajo. El mayor siseó que dejara de tentarlo.
Escuchando los placenteros sonidos, incrementó la confianza de Marinette, quien alternó el movimiento entre succionar y mover la lengua por la cima.
Hundió las mejillas, moviendo la cabeza y haciendo que las rodillas del mayor temblaran. Adrian estaba lentamente perdiéndose. Echó hacia atrás la cabeza y cerró los ojos, abriendo la boca mientras sentía la anticipada neblina acercándose.
—Marinette, amor, yo- — el sonido de succión continuó, haciéndose más intenso. La saliva lubricaba la piel, haciendo que pudiera deslizarse más fácil.
Marinette vio el rostro de su amante, sabiendo bien que estaba por llegar a su límite. El agarre en su cabello se apretó advirtiéndole antes de que el primer shot de semen golpeara su garganta. Un profundo gruñido salió de la garganta del mayor, disfrutando de su orgasmo, mientras Marinette lo sujetaba.
La chica podía sentir el incómodo cosquilleo en su entrepierna, trató de ignorarlo, pero no tuvo éxito. La idea de compartir algo íntimo con Adrian hacía que su situación actual fuera más complicada.
Adrian sintió que los fireworks estallaban tras sus párpados. Su pecho se apretó y se relajó tan pronto como vació todo en la cálida caverna que aún estaba envolviéndolo como un guante.
—Cielos, Mari...yo no...eso fue...— las palabras no salían y no ayudó cuando Marinette lo miró particularmente pagada de sí. Debió haberla subestimado al asumir que Marinette sería inocente a la edad que tenía.
¿Pero a quién trataba de engañar? Él a su edad tampoco era inocente.
No mucho después, notó la obvia incomodidad en ella y sin pensarlo más, gentilmente la empujó por los hombros, alentándola a recostarse. Antes de que ella pudiera echarse del todo, Adrian ya estaba sobre ella, entre sus piernas, besando la boca que le había dado placer no hace mucho.
Adrian jaló a la menor, y deslizó su lengua en la boca de Marinette, probando los remanentes de su seducción. Los labios se movieron contra los suyos, encontrando el movimiento con el mismo fervor.
Alejándose un poco de su lujuria, preguntó lo más importante, susurrándole roncamente en la oreja.
—¿Estás segura de esto?
Nadie sabía lo mucho que Marinette había analizado la situación desde que entró a la casa de Adrian. Todos los riesgos y complicaciones que podrían acarrear no dejaron su mente... pero al final, toda la moral salió volando tras darse cuenta de que sí, quería esto y sí merecía este tipo de felicidad. No importaba que Adrian fuera siete años mayor que ella, que estuviera divorciado y que tuviera un hijo de nueve años. Uno tendía a ignorar todo eso cuando sentía la pertenencia. Sin importar cuánto es que Marinette se convenciera que podía hacer todo, ella siempre, siempre buscaría aquel que le probaría lo contrario.
—¿Marinette?— Adrian se alejó y la miró pensativamente, —¿Marinette?— había una fea sensación dentro que le decía que estaba aprovechándose de la situación.
Estirando la mano, Marinette envolvió sus brazos alrededor del cuello del abogado y acarició su cabello.
—Es complicado cuando está mal, y esto no lo está. Esto está completamente bien, y lo sabes.
Bajando la mirada, Adrian la besó con fuerza.
—Así es.— Era hora, no había punto de regreso para ninguno.
Alzando un poco las caderas para ayudarle a desvestirla, Marinette hizo un gesto ante el frío aire.
Adrian observó cada centímetro de ella, la abrazó y la besó. Su lengua, ojos y manos la acariciaron.
—Eres tan hermosa y te ves tan frágil.— Besó rápidamente el frunce de ceño de su pequeña novia, —Es una buena forma.
—Sh,— Marinette lo calló efectivamente tocando el endurecido órgano contra su muslo, dándole un par de caricias mientras restregaba su entrepierna contra el cuerpo de Adrian. —Estudiaste esto. No necesito decirte qué hacer.
—No me dejarás olvidar esa mala broma, ¿no?— Adrian gruñó –estirando la mano hacia la mesa de noche – haciendo que Marinette sonriera. Ella entendió la pista y se movió para abrir un poco más las piernas.
Mordiendo su labio inferior, Marinette apretó los ojos y giró un poco, enterrando el rostro en su cuello cuando el primer dedo entró, golpeando algo en ella, haciendo que un gemido escapara de sus labios. Su cabeza se echó para atrás y sus piernas se abrieron un poco más.
Adrian la miró con la boca seca. La vista vulnerable de Marinette con su cabeza hacia atrás, el oscuro cabello cayendo como cascada contra la almohada, y sus caderas moviéndose contra su dedo... todo eso hizo que aumentara sus latidos.
Un súbito calor reptó por su cuello mientras repetidas veces presionaba aquel manojo de nervios. Un segundo dedo se unió al otro, luego otro, y pronto Marinette fue un desastre que gemía y se revolvía en la cama.
—¿Estoy lastimándote?— Adrian preguntó distraídamente mientras se inclinaba hacia adelante, besando los labios de Marinette, quien movió la cabeza y rodeó su cuello, pidiendo un beso más profundo... y Adrian le concedió el pedido. No sabía que un beso podía ser así de excitante. Sus pieles desnudas se tocaron y el aire caliente salió contra el otro. Un cuarto dedo se movió y Marinette jadeó contra la boca del mayor, susurrándole palabras suaves tales como 'no' y 'suficiente' antes de registrarlo.
Adrian subió sobre ella, y separó sus piernas cuando se recostó después de colocarse el preservativo.
La erección del mayor se presionó contra su monte de venus, restregándose en el lugar correcto, haciéndola ronronear.
Ella alineó sus caderas y colocó una de sus piernas tras la espalda de su novio, dándole mejor acceso a su entrada.
Siseando un poco, Adrian se empujó dentro de ella. Actuó por experiencia y tomó la parte posterior de las rodillas de la menor, doblándolas y empujándose.
Marinette jadeó, sujetando las caderas de Adrian.
—Despacio quiero sentirte...— jadeó entre dientes.
—Lo siento,— Adrian bañó sus pechos con mordidas y besos, prestando atención a los rosados y pequeños botones que había ansiado probar desde que los vio.
Era una buena distracción... y estaba haciéndolo bien en esa área.
Nunca había hecho esto, había hecho algunas cosas antes, pero nunca había terminado, Marinette sabía que iba a dolerle mucho si no eran cuidadosos. Pero las tranquilizadoras palabras en su oreja, el suave roce en sus pezones y las constantes caricias en su sexo ayudaban.
—M-muévete,— la mirada de Marinette estaba desencajada mientras jalaba la nuca de Adrian, queriendo mirarlo a los ojos. Adrian lamió una vez más la enrojecida piel antes de mover sus caderas y empezó un ritmo constante que los llevó casi al límite. Cuando Marinette separó más sus piernas, estuvieron conectados casi a la perfección.
Cuando Adrian movió sus caderas, se deslizó de ida y vuelta, dándoles a ambos una ola de placer con cada movimiento. Disfrutó cada mantra de su nombre mientras besaba los labios de Marinette. Siguió incrementando la perfecta fricción entre ellos, su boca buscaba la de ella en un arrebatador beso, tragando cada gemido y quejido.
Marinette se preguntó si romperían la cama, o al menos la pared en donde la cabecera continuamente golpeaba.
Su mente se nubló cuando una mano bajó y acarició su sexo. Se quejó instantáneamente cuando Adrian empezó una serie de lentas embestidas y movimientos de caderas, tomando una especie de patrón. Sintió al mayor dentro de ella, su cuerpo disfrutaba cada caricia profunda, soltando gruñidos y gemidos.
El calor, la fricción, caricias y besos pronto los llevaron al éxtasis.
—¡Adrian!— Marinette gimió cuando las olas de placer recorrieron su cuerpo. Sus manos sujetaron con desesperación la espalda de su amante – la cual estaba bañada en sudor.
Retrocediendo, Adrian ganó mejor soporte y siguió con las fuertes embestidas. La cama chocó contra la pared y los sonidos de piel chocando contra piel era lo único que podía escucharse en la espaciosa habitación. Sintió a la menor ciñéndose alrededor de él en señal de advertencia.
Estaba cerca.
Ambos lo estaban.
Adrian siseó y echó hacia atrás la cabeza, apretando los ojos cuando la sintió sujetar sus caderas con una mano y con la otra darse placer a sí misma, guiando sus movimientos en perfecto tempo. Inclinándose hacia adelante presionó la parte baja de sus brazos a los lados de la melena negra revolviéndose bajo él, Adrian juntó sus labios y sus lenguas bailaron sensualmente contra la del otro, haciendo que Marinette gimiera más mientras el mayor aumentaba el ritmo.
Su mano sujetó la suya y apretó el agarre en sus dedos. Adrian disfrutó la mirada de placer en su amante, adorando el hecho de que él era el que estaba provocándole eso.
Solo él.
Marinette apretó los ojos cuando por fin el calor la consumió. Cuando su cuerpo se arqueó de la cama. Adrian se perdió y gruñó cuando su orgasmo lo sacudió tan violento que gritó el nombre su amante, liberándose en su interior con una serie de espasmos.
Se quedaron así, jadeando pesadamente; Adrian aún estaba dentro de ella, sin querer moverse del calor que su cuerpo ofrecía. El impacto del placer los cegó por un momento, y Adrian pensó que se había quedado ciego hasta que la pesada neblina de lujuria se aclaró.
Lentamente el mundo volvió a su foco.
Marinette permaneció quieta un par de minutos más, apenas notando el peso de su novio sobre ella. Adrian retrocedió y colapsó a su lado, hundiéndose en la cama, sin preocuparse por el desorden.
—Eres increíble...— Adrian se sintió casi nervioso cuando Marinette no abrió los ojos. De cualquier forma, estaba aliviado cuando ella lo miró y sonrió.
Marinette estaba demasiado cansada como para moverse o protestar cuando Adrian se acurrucó tras ella. La menor se hundió en la calidez mientras Adrian jalaba los ignorados cobertores sobre ellos.
Sintió un beso en su cabello y el brazo alrededor de su torso se apretó. Marinette ronroneó apreciativamente y entrelazó sus dedos con los que estaban en su vientre.
—Recuérdame cambiar las sábanas mañana.— Marinette musitó con sueño.
Riendo, Adrian se acurrucó cerca de la melena, besando su mejilla afectuosamente. La noche había sido particularmente maravillosa e interesante, y ambos estaban por dormir.
—Quédate así.— Marinette murmuró incoherentemente antes de por fin dormir. Adrian la sujetó con fuerza y siguió su ejemplo.
