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Title: Someone to You

Ship: Adrinette.

Genre: Angst, AU, Slash, Out of Character, Hurt/Comfort (H/C), WAFF (Warm And Fuzzy Feelings)

Word Count: 130,000

Word Count per Chapter: 3700

Rating: NC-17

Chapters: 25/52

Beta: Unbetated

Disclaimer: No son míos, si lo fueran seria esclavitud y está mal... o bueno, no podría decirlo en voz alta :v

Music:

Los comentarios, estrellitas, y las galletitas, me hacen feliz.

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Nostalgia


Jadeando por aire, fue incapaz de amortiguar sus gemidos. Sus manos fácilmente se deslizaron por la sudorosa espalda mientras trataba de buscar un mejor soporte para las continuas y fuertes embestidas que hacían que subiera y bajara su cuerpo. Sus piernas se apretaron alrededor de la cintura de su pareja, mientras que sus tobillos se fijaban proveyéndole la estabilidad que necesitaba en ese momento.

—Mari... ungh...— Adrian exclamó, incapaz de contenerse cada vez que sentía el intenso calor de Marinette envolviéndolo, ciñéndose, apretándolo ansiosamente.

Cada centímetro de la piel de la menor era como fuego a su roce. Buscó la boca de Marinette mientras la embestía más rápido, empujando las caderas hacia arriba cuando ella devolvió los movimientos.

Adrian había empezado con ritmo estable, pero lentamente se convirtió en un set de fuertes y rápidas embestidas.

Ambos estaban tratando de llegar al clímax de la necesidad primitiva de liberación.

Marinette se alejó un poco y lo miró a los ojos a través de párpados entre abiertos, sus labios dejaron un rastro de saliva, bajando por su mentón, luciendo etéreo. El momento en que le dijo que lo amaba, Adrian sintió la necesidad de sentir a Marinette, de saber que todo era real y que no era solo su imaginación.

Marinette lo ama.

A él.

A un hombre que falló en su matrimonio pero que ahora era capaz de recibir amor por parte de una persona que le había llevado tanta felicidad a su sombría vida.

Así que, en lugar de preparar el desayuno, Adrian empujó a Marinette a la cama y ambos terminaron en una posición que los tuvo atrapados en una unión carnal. Adrian era adicto al estrecho calor que se ceñía con fuerza a su dureza.

—Ungh... ¡Ahí!— Marinette musitó incoherentemente y su mano bajó hacia el vientre de Adrian. Su boca descendió y lamió la clavícula del mayor, lamiendo y mordiendo cada porción de piel. En cierta forma, ya sabía que Adrian la amaba, pero siempre había estado esta duda que la molestaba.

—Marinette...— Adrian gimió sobre ella, sus embestidas se hicieron cortas y rápidas. Como si escuchara el silencioso pedido de Marinette, la mano de Adrian se cerró alrededor de su entrepierna, masturbándola casi a la misma velocidad que sus embestidas.

—¡Adrian! Voy a...ungh...— Marinette gimió. Sabía que no duraría mucho más. Su mano subió a la nuca de Adrian, mientras los pesados gemidos y jadeos resonaron en la habitación, perdiéndose en el delirio de ambos. —Ungh...bésame...— rogó.

Pero cuando Adrian no se movió, Marinette soltó un amortiguado gruñido, sonando poco complacida al tener negado lo que quería.

—¿Quieres que te bese?— Adrian bajó la cabeza, susurrando sin aliento contra los hinchados labios. Embistió más fuerte a la menor, hundiendo completamente su dureza.

—Sí, ungh...— Marinette sacó la lengua, —...bésame~— ronroneó sensualmente.

La vista de la pequeña y rosada lengua, enloqueció a Adrian. Esta vez, se inclinó y lamió la rosada lengua unas cuantas veces, moviéndose para cubrir la boca de Marinette con la suya.

Marinette envolvió sus brazos alrededor de los hombros de Adrian y movió su mitad inferior para encontrar las embestidas del mayor. Y antes de saber lo que estaba pasando, se encontró gimiendo audiblemente y jadeando, liberándose violentamente. El efecto posterior al placer la cegó y le hizo ignorar sus alrededores, todo menos la expresión de Adrian – una expresión que le indicaba su inminente orgasmo.

Adrian sintió la cálida sustancia entre ellos y pronto se perdió. Se corrió profundamente, convulsionando y gruñendo cuando la estrechez de Marinette se ciñó más alrededor de él.

El mundo desapareció por algunos segundos.

Ambos colapsaron en la cama, saciados y sin aliento.

—Eres... tan bueno en esto...— Marinette solo podía apreciar y admirar el progreso de Adrian al hacer el amor. Cada vez se sentía más y más satisfecha. Y la sonrisa en su rostro podía probarlo.

Adrian rió y besó el desnudo hombro de Marinette.

—Tú también. ¿Cómo es que puedo merecer a alguien tan perfecto como tú, Marinette Dupain-Cheng?— su agarre se apretó en ella, —No puedo creer que seas mía.— Susurró con amor.

Marinette cerró los ojos sin intención de dormir puesto que ya era de mañana.

'Yo tampoco puedo creer que seas mío', pensó, pero no lo dijo.

Abrió los ojos cuando sintió los dedos de Adrian jugando con los suyos. Nunca antes había prestado mucha atención a las manos de Adrian, pero ahora tenía mucho tiempo para examinarlas ya que estaban sobre sus pechos. Uñas cortas, largos dedos... siempre había estado fascinada por las manos de las personas.

De cualquier forma, la mano de Adrian era una obra de arte. Nunca antes había visto tal elegante par de manos.

—¿En qué piensas?— Adrian preguntó, algo preocupado por la distante mirada en los ojos de Marinette.

No le gustaba cuando los pensamientos de la chica se iban a donde él no podía seguir.

Los bonitos labios hicieron un pequeño puchero.

—En nada.— Musitó.

Cuando Adrian tocó su mentón y la obligó a mirarlo a los ojos, Marinette lo miró desafiantemente. Los cálidos dedos acariciaron sus mejillas y de súbito sintió culpa por dudar las maravillosas cosas pasando en su vida.

El mayor notó su reacción, y trató de ignorar el dolor en su pecho. Sabía que Marinette tenía la tendencia de embotellar sus pensamientos. Quizá tenía que ver con su comportamiento al evitar preocupar a los demás con sus problemas personales.

—Dime,— Adrian insistió. Por mucho que Marinette quisiera callarlo todo, sabía que era inútil. No cuando estaba lidiando con alguien tan inquisitivo como Adrian, quien sabía todo de la corte, sabía cómo hacer preguntas para hacer que otro hable. No había forma en la que pudiera salir de esta sin decirle nada.

—Adrian..., ¿cuándo te diste cuenta que te gustaban ambos sexos?

Nunca habían tenido oportunidad de hablar abiertamente de esto, de sus relaciones pasadas... y ya que acababan de profesarse amor no hace mucho, Marinette sintió las ganas de saber cómo había empezado todo para el mayor.

—Hm,— Adrian dijo mientras entrelazaban los dedos, colocándolas sobre los pechos de la menor. —Supongo que cuando estaba en la universidad. Siempre había sentido curiosidad sobre cómo funcionaba entre hombres... bueno, ya sabes que soy amigo de Nathaniel y ese chico no sabe callarse detalles.— Rió ante el recuerdo. —Él me decía cosas que hacían que mi mente pensara. En aquel entonces salía con un chico, pero de alguna forma la relación no era buena. Cada vez que estaba con él, siempre pensaba en cómo sería salir con una chica.

Marinette apretó los labios.

—Tú y Nathaniel...

—¿Qué? ¡No!— Adrian gritó. —Es mi amigo y nunca habría funcionado entre nosotros porque en cierta forma, somos parecidos. Mucho, de hecho.

—Oh, ok...— Marinette asintió, sintiéndose algo aliviada. —Y... ¿cómo lo descubriste?

—Conocí a una chica de la escuela de Arte. Nosotros... nos besamos y me di cuenta que no era diferente de besar a un chico... y bueno sí, nos tocamos un poco, pero eso fue todo. Toda la experiencia que tuve fue con ella. — Adrian habló, deseando no haber recordado su vergüenza también.

—Y cómo es que exactamente-

—No hablemos de los detalles.— Se sonrojó y gruñó contra su almohada.

Algo vergonzoso debió haber pasado.

Marinette ronroneó y besó el mentón de Adrian.

—A veces eres tonto.— Enterró la cabeza en el hombro de Adrian, acurrucando el rostro en su cuello.

—¿Qué hay de ti?— Adrian preguntó, —¿Cuándo supiste que te gustaban ambos?— ya asumía que el pasado de Marinette era para tomarlo con pinzas. Incluso nunca hablaba de su familia y eso le hacía sentir más curioso sobre por qué era tan discreta al respecto. Suponía que algo tenía que ver su preferencia sexual y parte de su ascendencia.

Como esperaba, hubo un breve silencio. Parecía que Marinette estaba tratando de juntar sus pensamientos y pensó en cómo debía responder.

—Cuando estaba en secundaria...— dijo después de unos segundos, —Empecé a notar que era diferente de las chicas en mi clase. Ellas siempre hablaban de chicos... y algunos comentarios eran bastante inapropiados. En ese entonces pensaba que era asqueroso porque tengo una hermana.— Tragó en nudo en su garganta. —Pero no fue hasta que empecé a encontrar atractivo al novio de mi hermana y a la mejor amiga de mi hermana al mismo tiempo.

Los ojos de Adrian se entrecerraron cuando notó cómo es que ella se aferraba a él. Se sentía algo incómodo hablando del primer crush de Marinette, pero bueno, todos han tenido un primer amor, ¿no? Lo decepcionante era que no habían sido el primer amor del otro.

—Pensé que admiraba a esas personas porque quería ser como la mejor amiga de mi hermana, y sentí que tal vez yo también buscará alguien como su novio, ya que la trataba bien... pero luego empecé a querer su atención. Incluso odiaba a mi hermana por estar siempre con ellos cuando iban a nuestra casa. De hecho, peleamos por eso, ella creía que la envidiaba por ser popular y eso, pero la verdad es que no, nunca quise ser como ella.— Recordó los eventos como si hubieran tomado lugar hace unos días. —Después de algún tiempo, los olvidé y... conocí a esta chica en el colegio.— No sabía si debía seguir con su historia pero... se dio cuenta que Adrian merecía al menos saber un poco de su vida. Era justo ya que ella sabía tanto del mayor. Era hora de que se abriera. —Eso no terminó bien... literalmente, fue lo peor que hice en mi vida... pero no me arrepiento de nada.— Dijo en un susurro. —Porque si eso no hubiera pasado, no habría podido conocer a Louis... no habría podido conocer a su loco padre... y no estaría en esta cama con él.

Respirando profundamente, Adrian acarició su cabello.

—Me haces sonar como un viejo pervirtiendo a una menor de edad.

—No eres tan mayor que yo y ya soy mayor de edad.— Marinette respondió,

—No por mucho, pero lo soy.

La mañana pasó rápido – ellos habían estado en la cama por más de un par de horas. Estaba nevando y daba un aspecto sombrío en la habitación. La calidez entre sus cuerpos nunca era suficiente...

Marinette inhaló profundamente y preguntó.

—¿Por qué me amas, Adrian?— lo miró y tal como esperaba, Adrian estaba mirándola incrédulo. Un ligero sonrojo se coló a las mejillas de la estudiante.

—Solo lo hago.— Adrian respondió sin más. Pudo haber dado una lista de todo lo que amaba de Marinette... pero ya lo había hecho muchas veces. Quizá había sido demasiado sutil y Marinette apenas notó lo que trataba de transmitirle.

—Y ya.— Marinette dijo, su tono casi interrogante. Sería una mentira si no se admitía que la respuesta le había decepcionado.

—Sí, y ya.

—Pero yo-

Adrian pareció haber leído su mente y abruptamente la interrumpió.

—Te amo, Marinette. No hay más que decir. No hay razón explicable tras eso.— Sabía que estaba enojándose ante la insinuación de duda de Marinette sobre sus sentimientos.

¿Quién no se sentiría frustrado? ¿Cuántas veces más tenía que probarse?

—Adrian, enfrentémoslo. Te interesaban las mujeres mayores, y sé que aún es así. Cómo puedo estar segura que no vas a-

Adrian la miró serio.

—¿Te das cuenta que estás lastimándome, Marinette?— de súbito dejó su sitio en la cama y se sentó dándole la espalda a la menor.

Había estado feliz.

Lo había estado hasta que Marinette se fue a su mundo de dudas.

—Solo pensé- —Marinette empezó a decir con duda, pero fue interrumpida.

—¿Pensaste qué?— Adrian sonaba muy enojado.

No fue su intención hacerle sentir así... y la idea de que la ira de Adrian estaba dirigida a ella hacía que el corazón se le apretara.

Lamiendo su labio inferior, Marinette se puso de pie y lo abrazó por la espalda, brevemente admirando los músculos de Adrian.

—No crees que... ¿Louis preferiría una mamá más... madura?

Ya está. Lo había dicho. Por mucho que amara su relación ahora mismo, no podía creer que estuviera pasando.

Adrian giró la cabeza y miró intensamente por encima de su hombro.

—No.— Respondió sin más. —Louis no quiere que otra mujer reemplace a Kagami. Pero no está en contra de tener a alguien como tú en su vida.

La menor mordió la cara interna de su mejilla nerviosamente mientras trataba de digerir las bonitas palabras que no había esperado.

—¿En serio?

Adrian asintió.

—Louis es muy listo, ¿sabes? Puede notar y ver cosas más rápido que alguien de su edad.— La menor mantuvo silencio, pensando que era mejor dejar que siguiera. —Sabe sobre Nathaniel y Marc, sabe que su mamá y yo no funcionábamos juntos y yo nunca tuve que explicarle nada.

Marinette estuvo sorprendida ante la nueva información.

—¿Oh? ¿Y qué dijo?— hablar de Louis calmaba a Adrian, lo cual para Marinette era todo un alivio.

—Me dijo que...— Adrian sonrió al recordar. —Quería verme tan feliz como su tío Nathaniel.— Se sentía bendecido por tener un hijo como Louis. Un padre no podía pedir más. —Sé que nunca me vio tan feliz como ahora.

—Pero no te dijo directamente que tengas una relación conmigo, ¿no?

—No. Pero me dijo que en tanto sea feliz, no importa quien sea.— Explicó casi desesperado. —¿Sabes lo que significa eso saliendo de él?

Aún era complicado, sin importar cómo lo mirara. Pero el hecho de que Louis no juzgara hacía que su situación fuera algo más fácil. Bueno, con algo de fe el niño entendería de inmediato.

Ahora que lo pensaba, Louis no estaba en contra de que ella se quedara en su casa la mayor parte del tiempo. Incluso le había alentado a oficialmente mudarse con ellos para que pudiera cocinar para él cada día; incluso llegando al extremo de insultar la falta de habilidades culinarias por parte de su padre.

La idea era muy tentadora, y conveniente para ellos.

Si se mudaba entonces no habría necesidad de niñeras y guardaespaldas para el niño.

—Marinette, ¿confías en mí?

Marinette salió de sus pensamientos y alzó la cabeza solo para encontrar a Adrian mirándola expectativamente.

—¿Huh?

—¿Confías en mí?— repitió.

¿Qué clase de pregunta era esa?

—Claro que sí.— Respondió con firmeza.

—Entonces nunca más volveremos a hablar de esto.

Cuando Marinette se calló, Adrian la miró escéptico.

Viendo la duda en los ojos, reflejó su respuesta.

—Quizá...— dijo. —Ok.— Se sintió absolutamente aliviada cuando Adrian empezó a sonreír – pagado de sí. —Debemos tener una conversación con Louis. Pronto.— Se acercó más y abrazó a Adrian desde atrás. Descansó su cabeza cansadamente contra su hombro antes de volver a hablar, —Amo muchísimo a Louis. Quiero cuidarlo si me lo permites.— Escuchó que el mayor reía mientras su mejilla se movía ante el temblor de los hombros de Adrian.

—Te di el derecho de hacer eso incluso antes de que estuviéramos juntos.— Estaba diciendo la verdad de todos modos. Recordó cómo la bombardeó con pedidos para ayudarle a criar a Louis.

—Lo siento.— Marinette cerró los ojos y besó su sudorosa piel a modo de disculpa. Sabía que a veces exageraba y cuando se refería a Adrian, todo se volvía incontrolable por alguna razón... quizá porque él era una de las personas más importantes en su vida ahora mismo.

El que Adrian girara los dejó sentados en una extraña posición. Tomó a Marinette en sus brazos y la besó como si tratara de librarla de cualquier posible duda que los llevara a otro malentendido.

No fue hasta que Marinette estuvo perdida en el momento que Adrian se retiró y habló.

—Te perdono...— susurró. —Si te mudas...

Sintiéndose algo ida, las palabras apenas fueron registradas y le tomó un momento antes de que todo calara.

—¿Acabas de pedirme que me mude contigo?— sus brazos se aferraron por instinto al cuello del otro.

Parecía que tenía que repetirlo, por ello Adrian chocó su frente contra la de Marinette.

—¿Pero qué hay de Chloé?

—Ella también puede mudarse. Esta casa es lo grande suficiente para todos nosotros.— Ya había planeado todo y era cosa de tiempo para compartirlo con Marinette. —Nos beneficiaría a todos, ¿no lo crees? Es decir, puedes ahorrar el dinero que pagas por la renta y yo podré despertar a tu lado cada mañana.

Un desaprobador frunce de ceño se coló en el rostro de la menor.

—Si vamos a mudarnos, definitivamente pagaremos nuestra parte.— No iba a recargarse en el dinero y apoyo de Adrian todo el tiempo. No estaba bien y se aseguraría que Adrian no la convenciera.

—Lo sé, amor.— Adrian suspiró. —Pero... solo deja que haga cosas por ti de vez en cuando, ¿ok? Estoy haciéndolo porque quiero, no porque sea una obligación.

Entendiendo la preocupación del hombre, sintió la frustración derritiéndose.

—Ok...ok, le diré a Chloé.

—De acuerdo, entonces.— Adrian dijo antes de inclinarse, encandilando a la menor. Una casi tímida sonrisa se coló en su rostro. —Hey,— se inclinó más y susurró. —Soy mucho mejor cada vez, ¿verdad?

—¿Necesito repetirlo todo el tiempo?— Marinette musitó antes de acariciar los suaves cabellos.

Esta vez, fue ella quien inició el beso, deseando verter su respuesta y emociones en esa acción.

—》《—

Veinticuatro de diciembre llegó tan rápido que Marinette apenas tuvo tiempo de prepararse para la ocasión.

Tenía seis horas hasta la noche de navidad y hasta ahora tenía la mitad de las compras. Y no ayudaba que Chloé y Louis hayan ido con ella. Ambos estaban en diferentes pasillos, tomando snacks que no estaban en la lista y que definitivamente nada tenían que ver con la cena.

—Pero Nani~— Louis hizo un adorable puchero mientras sujetaba la caja de galletas de animalitos que había tomado hace unos minutos. Chloé tampoco ayudaba ya que estaba tratando de colar unas cuantas cajas de chocolates al carrito de compras.

Marinette suspiro.

—Estamos aquí para comprar ingredientes para nuestra cena navideña, Principito. Y ya tenemos muchos snacks en casa.— Rápidamente giró hacia Chloé cuando su prima coló otra caja. —¡Chloé! ¡No más chocolates!

—Pero me gusta~— rogó. Pero ante la mirada enojada de Marinette, Chloé regresó las cajas a un estante diferente.

—Por favor,— Louis rogó. —¡Juro que será el último!

Al final, Louis obtuvo sus galletas extra mientras que Chloé los seguía con la cara larga. Marinette estaba acostumbrada a este tipo de inmadurez y sabía cómo lidiar con ello.

De pie en la estación de buses, Marinette bajó las bolsas de las compras para ajustar el abrigo y gorro tejido del niño.

El camino de regreso al departamento universitario tomó casi una hora por la nieve y el tráfico por la festividad.

Afortunadamente, el elevador estaba vacío para cuando llegaron al edificio.

—No veo por qué no podemos ir directo a la casa de Adrian.— Chloé se quejó por centésima vez. Aparentemente, aún estaba refunfuñando por la caja de chocolate.

Habían planeado pasar navidad en casa de Adrian y Louis; y Marinette se había ofrecido a cocinar la cena, convenciendo a Chloé de ayudarle.

Marinette había pensado mencionar que se mudaría a la casa Agreste durante la cena... de ese modo, tendría a Adrian a su lado para explicar todo.

Aunque Louis tenía una idea ya que su padre no se había contenido al compartir la noticia tan pronto como salieron de la cama.

—Necesito recoger algunos utensilios y luego nos vamos.— Por mucho que amaba la cocina de Adrian, esta carecía de cosas que se necesitaban para cocinar. Obviamente nadie en la casa era capaz de preparar su propia comida... Kagami incluida. —¿Saben qué? Debí haberles pedido que esperaran en el lobby.

Chloé resopló.

—Y te das cuenta ahora que ya estamos en nuestro piso.

Cuando la puerta del elevador se abrió, los tres salieron con Marinette caminando un poco delante de ellos. Sabía que sus acompañantes estaban cansados y ella ya debería terminar con esto e ir a la casa de Adrian.

A mitad de camino, se detuvo de golpe muy para sorpresa de Chloé y Louis.

—¿Mari?— su prima frunció el ceño. Pero cuando miró por encima del hombro de Marinette, se quedó en shock.

Confundido, Louis las miró a ambas y se preguntó qué estaba pasando.

A unos pasos de ellos, estaba una mujer embarazada, mirando la puerta del departamento.

—¿Bridgette?— Marinette susurró.

El niño de nueve años por fin vio el rostro de la mujer cuando giró hacia ellos con una sonrisa en los labios.

¿Marinette tenía una hermana? Louis se preguntó por qué nunca la había mencionado. Como esperaba, la hermana de Marinette era tan bonita como ella.

De cualquier forma, se preguntó en silencio por qué la mujer lucía tan familiar además del parecido de ambas.

—Marinette,— la embarazada mujer se alejó de la puerta y con cuidado caminó hacia ellos.

—Bridgette.— Chloé rompió el ensordecedor silencio. Sus ojos estaban bien abiertos cuando vio el vientre de su prima. —¿Qué mierda haces aquí?*

Asustada, la sonrisa de Bridgette cayó y lentamente miró igual de sorprendida a Chloé.

—Marinette... es bueno verte otra vez.— Sin estar al tanto de la incertidumbre dentro de sus orbes, Bridgette lentamente se acercó y la abrazó, aunque algo extraña.

Marinette se quedó quieta e incluso contuvo el aliento ante el contacto.

La rubia tuvo ganas de empujar a su prima aun si era grosero. Sus labios se presionaron, Chloé se negó a hablar. Sostuvo la mano de Louis y llevó al niño al elevador con la promesa de que verían a Marinette en una hora.

Con los ojos bien abiertos, Louis siguió dócilmente a Chloé.

—¿Quién es ella?— el niño preguntó cuando estuvieron en el elevador, —¿Es la hermana de Nani?

—Sí, Principito,— Chloé comentó suavemente, —Dejémoslas solas un momento, ¿ok?

De todos modos no había mucho que pudieran hacer.

Marinette, por otro lado, estaba algo perturbada ante la visita sorpresa. Tosiendo para esconder su incomodidad, lentamente se alejó y habló tersamente.

—No sabía que estabas...*— sus ojos fueron hacia el vientre de su hermana.

Bridgette sonrió con tristeza.

—Nosotros... traté de contarte al respecto, incluso quise invitarte a mi boda, pero no sabía cómo contactar contigo. No sabía a quién acudir y yo-...Marinette...yo...* — lucía nerviosa y eso preocupaba mucho a la chica. Bridgette podía ser muy emocional y estaba segura que el que ella se estresara no sería bueno para el bebé.

—Brid, entremos y bebamos un poco de té, ¿ok?— tomó todas las bolsas de compras en una mano y abrió la puerta del departamento que compartía con Chloé gracias a la universidad. Sostuvo la mano de su hermana y ambas entraron.

Una innegable familiaridad las sobrecogió a ambas y casi le hizo llorar.