( - з -)
• • - • - • - • - • -
Title: To LOVE You
Ship: Adrinette y otras bonitas que se van uniendo.
Genre: AU, Slash, Humor, WAFF y poquito Angust.
Word Count: 50,100
Word Count per Chapter: 2,800
Rating: NC-17
Chapters: 9/17
Beta: noestribar
Disclaimer: No son míos, si lo fueran seria esclavitud y está mal... o bueno, no podría decirlo en voz alta :v
Music: Betty by Taylor Swift
Los comentarios, estrellitas, y las galletitas, me hacen feliz.
• - • - • - • - •
—Ex novio.— Marinette corrigió muriendo por dentro.
Adrien frunció el ceño, mirando de ida y vuelta entre ellos.
—Qué curioso..., no recuerdo que termináramos.— Claude dijo con una risa.
Su risa hizo que Marinette se revolviera.
¿Cómo podía bromear sobre su ruptura amorosa? ¡Ese idiota!
Marinette había estado herida durante mucho tiempo después de que Claude se fue. Le había tomado meses recuperar su confianza, de arriesgarse a salir otra vez. ¿Y ahora Claude se reía?
—No estabas ahí, pero terminamos. Créeme.— Marinette logró dar una respuesta altanera, pero un tinte de amargura logró colarse también. Adrien la miró rápidamente notando su sonrisa forzada. Cuando su vecino miró a Claude, había peligro en sus ojos.
—¿Cuánto tiempo estuvieron juntos?— Adrien preguntó.
—¿Unos meses?— Claude tanteó.
—Seis semanas,— Marinette dijo con voz simple. Claro que lo sabía, porque había repasado cada momento en su mente después de que Claude se fue, tratando de saber por qué se había ido.
—¿En serio? ¿Seis semanas? Me pareció más, bueno duras mucho en la cama, tal vez por eso pareció más.
La bartender parecía querer lanzarle la cerveza encima ante el insulto, pero Marinette lo dejó ser. Claude siempre había sido así. Impulsivo. Él era de los que primero hablaban y luego pensaba. De hecho, lo estaba haciendo ahora, hablándole a Adrien como si lo conociera.
—Solía enseñar a bailar en el estudio. Un día, esta bonita chica,— apretó nuevamente el hombro de Marinette, —Se presentó, moviendo su trasero y dándome miradas sexys. ¿Cómo podía decir que no?
Era cierto. Marinette había estado encandilada con el enérgico bailarín y había hecho todo lo que podía para llamar su atención. Realizó todo su manual de seducción. Había iniciado un tórrido romance.
Ok, quizá Marinette se había apresurado en la relación, pero Claude había parecido estar bien con ello: una víctima dispuesta.
—El resto es historia, como dirían muchos.— Claude sonrió. Finalmente retiró su mano del hombro de Marinette. Adrien se relajó visiblemente ante eso, solo para lucir alarmado cuando Claude jaló una silla.
—Hey,— Claude gritó hacia el bar. —Trae mi cerveza aquí. Me pondré al día con mi ex.
Y así sin más, dejó la silla al lado de Marinette.
Adrien miró preocupado a Marinette, pero trató de mantener una conversación educada con el 'invitado'.
—¿Eres de aquí?
Claude asintió.
—Sí. Pero no podía esperar a salir de aquí y ver el mundo real. Nadie quiere quedarse aquí si tiene opción. Bueno, excepto esta chica.— Palmeó el muslo de Marinette y lo apretó un poco.
Adrien volvió a mirar enojado la mano de Claude, como si fuera una tarántula que debiera aplastar.
—Tengo una pastelería. No podría abandonarla.— Marinette dijo a la defensiva. —Sin decirle adiós.— Agregó mirando a Claude y alejando su mano.
La expresión de Adrien seguía estoica, pero su agarre en su cocktail se apretó tanto que sus nudillos se pusieron blancos. Estaba mirando directamente a Claude ahora, sus ojos eran intensos.
—Sí, lo recuerdo. Tu sueño.— Claude volvió a reír. —Estás casada con ese diminuto lugar. No te interesan las luces de la gran ciudad. Pero yo moría por verlas.
Se metió en una gran descripción de lo que había hecho al dejar Yvoire. Marinette miró con disculpas a Adrien, pero dejó que Claude hablara. Mientras su historia seguía, Marinette escuchó sorprendida.
Claude había viajado por el mundo, bailado en Broadway, escalado montañas.
¡Había hecho tantas cosas! ¿Y..., qué había hecho ella mientras Claude estaba viviendo aventuras? Nada. Había seguido en Yvoire haciendo lo de siempre: trabajar en su pastelería, salir con Luka, llevar una vida tranquila. Una vida aburrida, Marinette pensó con tristeza. No es de sorprender que me dejara.
Evitó el contacto visual con la servilleta, temiendo que la chica del dibujo brindara por ello.
—¿Qué hay de ti?— Claude preguntó de súbito girando hacia Adrien. —¿Qué te trae a este lugar? ¿En tu condición no es difícil mantenerte entre este lugar? Ya sabes, por las ruedas y eso.
Marinette alzó la mirada, curiosa por escuchar su respuesta.
Su vecino estaba mirando su cocktail, girando el contenido mientras pensaba en su respuesta.
—Las personas.— Adrien dijo. —Yvoire tiene buenas personas. Estuve aquí una vez y me enamoré. Vendí mi departamento en París y me mudé aquí tan rápido como pude.
Claude lo miró incrédulo.
—¡¿Dejaste París por esto?! ¡¿Estás loco?! ¡Yvoire es el tipo de lugar que dejarías por otros lugares! ¡Ni siquiera tienen buenas rampas para discapacitados!
Los ojos de Marinette se abrieron de par en par ante tal insulto, pero Adrien la miró dándole el mensaje claro de que ese tipo de comentarios mal intencionados no le molestaban, pero aun asi ella no se quería quedar callada, cuando estuvo por decir algo, Adrien se alzó de hombros. Miró a Marinette y sonrió.
—Yvoire tiene sus atractivos y definitivamente la gente es muy consciente de las limitaciones de algunas personas, una silla de ruedas no es nada para ellos, si le abren sus puertas a las personas sin cerebro.
Marinette se aguantó la risa pobremente disimulada.
Claude los miró de ida y vuelta antes de reír. Sus ojos se llenaron de lágrimas debido a la risa mientras señalaba a Marinette.
—¿Te refieres a ella? ¿Dejaste la gran ciudad por Marinette? ¡¿Bromeas?!
La confianza de Marinette cayó. La autoestima que cuidadosamente había construido por años, se fue al suelo ante las palabras de Claude. La inseguridad reptó en ella; el mismo dolor con el que vivió por meses después de que Claude la dejara.
'Soy una idiota', pensó. Trató de pensar en una respuesta acertada, para esconder el dolor que sentía, pero nada salió.
—Sí.
Marinette lo miró sorprendida. Adrien estaba mirando a Claude con mucha seriedad. Su cuerpo estaba tenso y el mentón apretado. Por primera vez, Marinette podía ver la persona cínica que Adrien decía solía ser. Estaba ahí en sus fríos ojos, la sonrisa pagada de sí, las manos empuñadas.
—Sí, vine aquí por Marinette. He visto suficiente del mundo para saber cuán especial es ella.
—Oh, ella es especial.— rio. —Lista como para las Olimpiadas especiales.— Miró a Marinette. —No te ofendas, Marinette, ¡pero vamos! Haces cosas raras. Sabes a lo que me refiero. Como hablar con las cosas y eso. Es raro.
Marinette se congeló cuando Claude soltó el más oscuro secreto de Marinette. Se sentía tan humillada frente a Adrien. Desnuda.
Ahora su atractivo vecino vería que debía conseguir a alguien mejor que una chica con una pequeña pastelería. Quizá le agradecería a Claude por ayudarle a evitar menudo error y luego regresaría a su glamurosa vida en París. Bebería champagne y saldría con personas perfectas, y temblaría cada vez que pensara en la menuda oportunidad que había tenido de escapar de alguien como Marinette.
Y entonces Marinette se quedaría sola. Para siempre.
Claude rio en el extraño silencio, ignorando el golpe que acababa de dar.
—Una vez, pillé a Marinette-
—Basta.— La dura voz lo interrumpió. Adrien se puso frente a Claude. —Cierra la boca. —Respiró hondo tratando de calmarse. Marinette podía ver lo enojado que estaba, la ira quemaba en sus ojos verdes mientras miraba a Claude. Sus manos se apretaron en puños mientras peleaba por la tranquilidad.
Se acercó a Claude, amenazadoramente aun cuando la silla lo hacía ver más pequeño físicamente, tenía una presencia que imponía y habló con voz sombría.
—No sé cuál es tu maldito problema, y me importa un carajo. Interrumpes nuestra cita y luego insultas a Marinette, cuando claramente eres menos que la suciedad en sus zapatos. Por personas como tú me largué de París. Son veneno puro. Ahora, discúlpate con Marinette.
Claude pareció sorprendido por el estallido de Adrien – y algo asustado. Pero ante las palabras de Adrien empezó a protestar.
—¿Disculparme? ¿Por qué? Marinette sabe que es ve-
—Discúlpate.
Claude volvió a abrir la boca para discutir, pero la mirada en los ojos de Adrien le hizo pensar mejor.
—Lo siento, Marinette. Discúlpame. Sabes que no lo hice con mala intención.
Marinette asintió.
Lo sabía. Claude era quien era. No pensaba. Era torpe. Pero no era deliberadamente cruel.
Pero Adrien no sabía eso. Y por la mirada que tenía, ya se había hartado de Claude. Tomó su blazer y la mano de Marinette, para ponerla en la agarradera de su silla.
—Vamos. Larguémonos de aquí.
—Espera. ¿Vas a dejarme?— Claude le dijo a Marinette, aparentemente sorprendido de que la chica estuviera dejándolo colgado. —¿Por él?
Marinette no dijo nada. Se permitió ser jalada por Adrien, ignorando la expresión de shock de Claude. Bueno, ok, quizá lo estaba disfrutando un poquito~
Era humana después de todo.
—¡Hey! ¿Qué hay de la cuenta?— la bartender dijo.
—Claude pagará,— Adrien le dijo. —¡Él pagará lo que TODOS consuman!
Marinette apenas tuvo tiempo de ver el pánico en el rostro de Claude antes de ser jalada.
Ambos dejaron el lugar. Marinette no vio caso señalarlo, en especial no cuando Adrien estaba muy enojado. El incómodo silencio los siguió por una cuadra, Marinette caminaba rápido para seguir el ritmo de la silla de Adrien en cuanto la soltó.
Hasta que ya no pudo más.
—Adrien, lo sie-
—¡No, no! — su vecino dijo entre dientes. —No te atrevas a disculparte.— Dijo deteniéndose y suspirando, sus hombros descendieron mientras la tensión se iba antes de girar hacia ella. —No estoy enojado contigo. Yo solo...— miró la tranquila calle, las hojas de los árboles moviéndose y los faroles dando un suave brillo a la noche de verano. —Ese chico...— volvió a detenerse frustrado, incapaz de articular lo que sentía.
—Lo sé. Claude es así. Dice las cosas sin pensar. Sin filtro, ¿sabes?— Marinette soltó una risa nerviosa al explicar.
—Eso no es ser sin filtros, tú eres sin filtros. Ese es un imbécil.— Adrien dijo. Empezó a desplazarse de nuevo, pero más lento. Marinette ahora podía seguirle el ritmo antes de tomar las azas de la silla del chico. —No sé lo que viste en él.
Marinette se alzó de hombros.
—Cuando eres rara en un lugar pequeño, no hay muchas opciones románticas. Pero en ese entonces me gustaba Claude. Pensé que estaba fuera de mi liga.
Adrien resopló, pero Marinette siguió. Si no lo confesaba ahora, sabía que no tendría el valor después.
—Él no..., no estaba equivocado, ¿sabes? Hago cosas raras. No pienso de la misma forma que los demás. Muchos chicos piensan que eso es raro.— Se alzó de hombros. —A Claude no le gustaba. Todo lo que hacía le molestaba; mientras más trataba de complacerlo, más se fastidiaba. Y entonces una mañana desperté y se había ido. Había dejado la ciudad.
Adrien la miró prolongadamente y suspiró. Apretó la mano de Marinette mientras se movían.
—Eso debió doler.
Marinette asintió recordando lo devastada que se había sentido. Claude se había ido sin decir nada. Ninguna llamada. Nada. Había dejado el lugar sin explicación. El no saber nada había sido la peor parte.
Siguió, mientras pensaba en sus palabras.
—Me alegra haberlo visto hoy. Explica muchas cosas que me pregunté. Sobre todo, me di cuenta de qué mala pareja éramos. Queríamos cosas tan diferentes.
—¿Entonces no quieres ir con él a escalar montañas?— Adrien bromeó, sonriendo con sinceridad.
—¿Honestamente? No. Creo que soy alérgica a la naturaleza. Ese picnic casi me mató.
Adrien rio ante el recuerdo de Marinette cargando aquel pesado cooler.
—No dijiste nada. Y no tenías que ir, ¿sabes?
—¡Por supuesto que tenía que ir! — un flash relampagueó los ojos de Marinette un momento mientras pensaba en Chloé —Estaba seduciéndote, ¿recuerdas?
—Oh, cierto.— Adrien dijo bromeando. —Seduciendo al lisiado.
—Hey, no, no, no. —Dijo rodeando la silla y acuclillándose a su altura. —No te atrevas, no lo hagas.
—Descuida, ahora puedo burlarme de mi mismo. —Sonrió acariciando la mejilla de Marinette.
—Aun así, le romperé las piernas a quien se atreva a burlarse de ti. Aun si eres tú.
—No es como que lo sienta. —Marinette achicó los ojos y Adrien suspiró derrotado. —De acuerdo, no más chistes de mi y salir corriendo despavorido.
—Eres un idiota.
—Pero te caigo bien. —Dijo tratando de quitarle hierro al asunto mientras la miraba con inocencia, Marinette suspiró derrotada y asintió.
—Si, me caes bien. Andando.
—¿Corro?
—¡Solo cállate, imbécil!
-.-
Se desplazaron las dos últimas cuadras en un bonito silencio. Marinette sintió la calidez rodeándola y distribuyéndose por todo su cuerpo. Adrien aún estaba con ella. Había escuchado todo lo que Claude había dicho, escuchó sobre lo rara que era, y aun así, él estaba ahí tomándola de la mano. Parecía demasiado bueno para ser verdad.
Marinette pensó en cuán maravilloso sería tener a Adrien con ella para siempre. Podrían tomarse de las manos mientras iban por las noches, mirando las estrellas.
'¿Por qué me traicionaste con lo de GGR?', Marinette pensó con tristeza. '¿Por qué tenías que arruinar mi sueño? Es un pequeño sueño, pero significa el mundo para mí...'
Suspiró y miró curiosa a Adrien.
Llegaron a la casa de Marinette y se detuvieron frente a la puerta. Adrien giró para verla con seriedad. Lucía arrebatador en la dorada luz, su rostro mostraba perfección y sus labios lucían incitadores. Alzó la mano y gentilmente, dejo a Marinette a su altura y alejó los flequillos negros, Marinette sentía las mariposas revoloteando en su estómago.
¿Adrien iba a besarla? Así parecía.
Su mirada descendió a los labios de Marinette y ladeó un poco la cabeza, separando los labios...
—Yo, uh, saldré después y pondré pan en las trampas. Pan de calabacín. Eso atraerá la atención de Manchitas.— Marinette sabía que estaba balbuceando, pero no podía evitarlo.
Adrien asintió, bajando la mano y retrocediendo. Soltó una risa seca, poniendo las manos en las ruedas como si no confiara en ellas.
—Suena bien. Revisaré a primera hora de la mañana.
—Ok.— Marinette movió su peso de un pie a otro. —Bueno, debo entrar antes de que los mosquitos vengan por mí.
Una ligera sonrisa se asomó en los labios de Adrien.
—No terminó mal la última vez.
Marinette se sonrojó al recordar a Adrien quitándole la ropa para curar sus picaduras. Y todos los movimientos sensuales que siguieron.
Miró a su vecino, bajo la suave noche de verano, y no pudo evitar sentirse dividida. Ansiaba estar con Adrien. Parte de ella aún no podía creer que alguien tan atractivo, inteligente, y...y... perfecto como Adrien tuviera interés en ella.
Marinette debería agradecer su suerte y saltar ante la oportunidad. Pero ver a Claude le recordó cuán importante era seguir manteniéndose firme. Marinette tenía que trabajar mucho en sentirse bien consigo misma. Ganar confianza... Amarse a si misma.
Esta noche le había mostrado cuán frágil había sido todo su progreso. Unas cuantas palabras del hombre que había amado una vez habían logrado hacerle tambalear. No iba a cometer el mismo error.
Sin importar cuán atractivo era, Adrien le había mentido y traicionado. Eso no había cambiado. Sí, estaba intentándolo, Marinette podía verlo, pero aún no era suficiente. Ella aún no estaba segura de poder confiar en Adrien.
¿Y si se aburría en unas cuantas semanas, tal como Claude? ¿Tal como sus otros ex? ¿Cuánto tiempo pasaría antes de que la 'magia' de Yvoire se acabara? ¿De verdad se quedaría ahí en ese lugar cuando estaba acostumbrado a un mundo más emocionante?
Marinette no lo creía. Y tampoco creía que ella fuera razón suficiente para que Adrien se quedara.
Con un suspiro, Marinette giró para entrar.
—Marinette...— Adrien dijo con voz dudosa.
Marinette lo miró.
—¿Sí?
Su vecino miró el suelo, peleando por encontrar las palabras antes de volver a alzar la mirada con expresión de anhelo.
—Escucha, sé que no es propio decirlo, es decir, apenas me conoces, pero tengo que hacerlo. Sé que puede que nunca me perdones. Acepto eso, pero...— se detuvo y aclaró su garganta antes de seguir con voz ronca. —No te desperdicies con chicos como Claude. Mereces más que alguien como él. Rayos, incluso mereces a alguien mejor que yo, y...
El corazón de Marinette estaba latiendo como loco ante las palabras de Adrien. Sus maravillosas e increíbles palabras.
—¿Sí?
Adrien abrió la boca para volver a hablar, pero se detuvo y movió la cabeza.
—Olvídalo. Buenas noches, Marinette.
—Buenas noches.
Adrien fue a su casa con los hombros hundidos y la cabeza gacha. Marinette lo vio irse mientras lentamente subía las escaleras.
Tenía mucho que pensar.
Continuará...
Nos quedan 8~ si mis cuentas no me fallan~ y en 8 pueden pasar muchas cosas~
Nos leemos la próxima semana~
Besitos de murciélago para todos~
