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Title: To LOVE You
Ship: Adrinette y otras bonitas que se van uniendo.
Genre: AU, Slash, Humor, WAFF y poquito Angust.
Word Count: 50,100
Word Count per Chapter: 1,800
Rating: NC-17
Chapters: 10/17
Beta: noestribar
Disclaimer: No son míos, si lo fueran seria esclavitud y está mal... o bueno, no podría decirlo en voz alta :v
Music: Fairytale by alexander rybak
Los comentarios, estrellitas, y las galletitas, me hacen feliz.
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Marinette estaba colocando glaseado rosa en un cupcake antes de dejarlo con los demás en la vitrina.
Uno listo, docenas más por hacer.
Con un suspiro, tomó otro cupcake y repitió el proceso.
—¿Qué pasa contigo hoy?— Alya preguntó mientras cortaba pies al final de la larga mesa de trabajo. —Estás inusualmente callada. ¿Te sientes bien?
—Sí,— Marinette dijo, tomando el siguiente cupcake.
No estaba bien. Apenas había dormido, pensando en todo lo que había pasado esa noche. Y preguntándose qué había querido decirle Adrien cuando se calló. Su vecino le había enviado un mensaje en la mañana diciéndole que no había señal del Sr. Manchitas, pero no habían hablado desde entonces.
—Solo cansada.
Alya asintió.
—Te entiendo. Podría ir a mi cama y dormir hasta mañana.
Marinette pensó que sería una gran idea. Quizá ella podría hacer lo mismo, curvándose en la mesa y dormir para siempre. Quizá tomar un cobertor y una botella de vino. Nadie lo sabría. Era su pastelería después de todo. ¿Qué la detenía?
Marinette estaba diseñando en su mente su nuevo escondite cuando André abrió la puerta y entró a la cocina, con su clipboard como siempre.
—Buenos días.— Dijo con un asentimiento.
El plan de Marinette se vino abajo. 'Claro', pensó. 'ESO me detiene.'
—Buenos días,— dijo forzando una sonrisa. Se sentía algo extraña estando cerca de André esta mañana, después del incidente de anoche. Sabía que debía decirle algo, explicar que la situación no era tan mala y no era la pervertida que pareció, pero no sabía cómo traer el tema a colación sin empeorar las cosas.
—Oh, por cierto.— Se imaginó diciendo en un tono casual: —Contrario a lo que pueda pensar, no acoso a mis estudiantes. Eso fue algo de un momento, uh... un desliz de la lengua.
Su lengua se había deslizado bien. Se había deslizado por todo el elegante dedo de Adrien. Y había querido seguir: por su brazo, su pecho, abdomen...
El calor invadió a Marinette cuando imaginó la reacción de Adrien. Los entrecerrados ojos de su vecino, sus sensuales labios...
El glaseado del cupcake pareció ser más rosado, como si estuviera sonrojado por los pensamientos de Marinette.
Eso le hizo salir de su fantasía.
¿Qué estaba haciendo?
Miró con disculpa al cupcake.
'Lo siento', pensó. 'Olvidé lo inocentes que son los cupcakes... Ok, obviamente no puedo confiar en mí misma cuando se refiere a Adrien. Marinette pensó.
Será mejor no decir nada. El cupcake pareció asentir.
'¡Hey!', Marinette pensó con súbita esperanza. Quizá André lo había olvidado. Quizá no pensaba que había sido algo grande.
Marinette miró hacia el hombre que hojeaba su clipboard. Las cejas de André se alzaron al repasar sus notas, y chasqueó la lengua.
—Bueno, ¡menuda clase la de anoche!
Demonios. No lo había olvidado.
Marinette y el cupcake intercambiaron miradas nerviosas.
¿Ahora qué? ¿Qué podría decir?
—¿Qué pasó en la clase?— Alya miró de André a Marinette, sintiendo curiosidad.
Marinette balbuceó una explicación, dolorosamente al tanto de que André y el cupcake estaban mirándola.
—Um... mi vecino,— Marinette remarcó la relación, —vino y se unió a la clase. Y entonces se quemó, y tuve que... darle... uh... primeros auxilios.
—Oh.— Alya cortó un pie en dos, luciendo decepcionada. Claramente había esperado más. —Espero que esté bien. Las quemaduras pueden ser feas.
—La señorita Dupain-Cheng, lidio... uh, bien con eso.
Marinette miró el serio rostro de hombre, tratando de pillar si el doble sentido en lo que dijo fue intencional.
Alya estaba mirándola, sintiéndose más curiosa.
—Estoy segura. Marinette cuida bien de sus estudiantes. Esa es una de las razones por las que la aman tanto.
—¿Ah sí?— André sacó el bolígrafo de su bolsillo y empezó a anotar.
Alya frunció el ceño sin gustarle que estuviera escribiendo lo que dijo. Su tono fue a la defensiva.
—Sí. Y no solo eso. La cocina de Marinette es legendaria. Todos quieren aprender a hornear como ella. Es decir, ¿ha probado el pie que prepara? Es un trozo de cielo.
Cuando André movió la cabeza, Alya señaló con su largo cuchillo el pie de manzana que estaba en la mesa.
—¿Quiere probar esto?
El hombre ondeó la mano.
—No, no debería. No es profesional.
Marinette vio cuando André puso sus manos en puños tras su espalda. Ella lo había visto hacer eso varias veces, como si temiera caer en la tentación.
Marinette entrecerró los ojos.
—¿No es profesional? ¿Quiere decir que está evaluando mi pastelería sin probar lo que preparo? Eso no es justo. ¿Cómo podrá juzgar?
—Mi opinión personal es irrelevante.— André dijo evitando mirar el pie. —De hecho, trato de ser lo más objetivo que puedo. La información es todo lo que importa.
—Bueno, entonces no importa si come o no el pie,— Marinette dijo complacida. —Alya, por favor, corta un trozo para el señor André.
—¡Ahora mismo!— Alya dijo tomando el pie de manzana.
Los ojos de André se fijaron en el trozo que Alya cortó y pasó saliva.
—Bueno, supongo que un pequeño trozo no hará daño.
Alya sonrió y cortó casi un cuarto del pie, colocándolo en un plato y dárselo a Marinette, quien colocó un poco de crema batida encima, helado y caramelo liquido, antes de extenderlo al trabajador de GGR.
—Aquí tiene.— Dijo Marinette. —¡Disfrute!
—Gracias.— André tomó la cuchara que Alya le dio, y probó. Lucía nervioso. ¿Pero quién no lo estaría?
Marinette, Alya y toda la horda de cupcakes lo miraban.
Hubo un momento de completo silencio mientras André saboreaba, cerrando los ojos. Una mirada de felicidad surcó su rostro.
—Dios...— gimió. —Nunca...
Pero nunca supieron el 'nunca' de André porque dio otra mordida, y otra, soltando sonidos felices.
—¿Ve? Es increíble, ¿no?— Alya preguntó, llevando una silla para que el hombre se sentara. —Nadie hornea como Marinette. Debería probar también su pastel.
—¡Sí, por favor!— André musitó llevándose otro trozo a la boca. —¡Me encantaría!
Marinette vio con satisfacción cuando Alya llevó muestras de pasteles y dulces, dejándolos en la mesa. Pronto, el hombre tuvo los codos en la superficie devorando cada muestra de lo que Marinette vendía. Su fuerza de voluntad se había roto, André obviamente había dejado la vergüenza de lado y estaba disfrutando la experiencia.
Mientras el hombre devoraba la tarta de limón, Marinette sonrió y siguió poniendo glaseado en sus cupcakes. Colocó glaseado rosa en docenas de cupcakes hasta que hubo un sonido en la puerta.
—¡Buenos días!— Luka se asomó y sonrió. —¿Qué tal todo?
—Hey,— Marinette lo miró sorprendida.
¿Dos visitas de Luka en tan poco tiempo? Más le valía no tener más malas noticias. Este mes ya había sido difícil.
—¿Qué quieres?
—¿Así saludas a tu amigo?— Luka resopló entrando. Miró a André y a la pila de postres rodeando al hombre. —¡Oh, hola! ¿Disfrutando?
André hizo un sonido incoherente y ondeó su cuchara como saludo, pero de inmediato siguió comiendo. Ahora iba por los cheesecakes.
—¿Qué te trae por aquí?— Marinette preguntó. —¿Pasa algo?
Luka alejó su mirada de André y la puso en Marinette.
—¿No puedo visitarte solo para saludarte?— bromeó.
—Sí, pero nunca lo has hecho antes.
—Y sigue igual.— Luka sonrió. —No estoy aquí por ti. Estoy aquí por esta bonita señorita.— Colocó un brazo sobre los hombros de Alya.
—¿Qué? ¿Qué quieres con Alya?— Marinette no sabía que su mejor amigo y su trabajadora fueran tan..., cercanos.
—Relájate. Solo le regreso su sweater. Ten.— Luka desató el sweater rojo de su cuello y se lo dio. —Lo dejaste en mi auto.
Marinette la miró sorprendida.
—¿Tuvieron una cita?
Ella se sonrojó.
—No. Solo salida de amigos...— dijo moviendo una mano.
—Cita.— Marinette miró a su mejor amigo, tratando de leer sus intenciones. Se sentía como una madre cuya hija había llevado a casa a su novio. Frunció el ceño, mirándolo desaprobatoriamente.
—¿Qué hay de Chloé?— Marinette preguntó.
Luka bajó la mirada pasando un dedo por la mesa mientras respondía.
—Oh, puede que la hayamos visto cuando fuimos al cine y hayamos pasado por el bar de Nino en la noche. ¿Qué hay con ellos?
¡Ahhh! ¡Entonces era eso!
Un plan directo del manual de seducción de Marinette.
La chica rio y movió el dedo frente a Luka.
—Eres malo.— Pero su tono era risueño. —Buena táctica, ponerlos celosos. Pillos.
—Me alegra que lo hayas aprobado.— Luka sonrió.
—¿Ves? No era una cita.— Alya lució aliviada de que el momento maternal de Marinette se había ido. —Nino ha estado coqueteando con una de sus meseras y la invito a comer, ¿Por qué yo no puedo salir con un amigo?
Una risa vino de la mesa y todos giraron para ver a André. El hombre estaba mirando toda la escena con interés en los ojos mientras comía.
—¿Qué es gracioso?— Luka preguntó.
André volvió a reír, moviendo la cabeza.
—El amor está en el aire~ — rio. —Ahora entiendo lo que pasó con el último agente de este proyecto.
Eso pilló la atención de Marinette.
—¿Se refiere a Adrien?
André asintió.
—El señor Agreste. Sí.
—¿Qué pasa con él?
André dejó de comer mirando infantilmente a Marinette.
—Ya lo sabes. Es decir, deberías. Después del..., encuentro con él en la clase de cocina...
—¿Encuentro? ¡No mencionaste un encuentro!— Alya dijo, mirando a Marinette indignada.
Pero Marinette ondeó la mano. No podía pensar en eso ahora.
—¿Saber qué? ¿Qué debería saber?
La sonrisa de André se desvaneció. Cuando vio sus expresiones confundidas, frunció el ceño.
—Cielos. Quizá dije algo que no debí.— Su voz era dudosa cuando le habló a Marinette. —¿No están comprometidos?
Tres rostros en blanco lo miraron en shock. Incluso los cupcakes palidecieron.
'¿Comprometidos? ¡¿Qué...?!'
El cerebro de Marinette trató de pensar en una razón por la cual André creyera eso.
Había mencionado el incidente en su clase. ¿Era eso?
La horda de cupcakes lucía sin entender nada. Marinette los ignoró y buscó en su memoria, pero no halló nada.
Tenía que ser el incidente en la clase, Marinette decidió. Movió la cabeza preguntándose por la actitud de André – muy conservador para ser alguien de la ciudad.
¡Es que vamos! ¿Tomar el dedo de otro en la boca y ya asumía que estaban comprometidos?
—Entiendo por qué piensa eso,— Marinette sentenció. —Pero no estamos comprometidos. Apenas nos conocemos.
Luka y Alya asintieron, respaldándola.
André bajó su cuchara, mirándolos desconcertado.
—Eso no tiene sentido. En la carta de renuncia del señor Agreste, claramente decía que no podía continuar por razones personales.
Marinette asintió. Ella sabía eso.
Cuando la chica no reaccionó como esperaba, André siguió.
—El señor Agreste dijo que no podía ser objetivo por usted.
¿Por mí?
Marinette parpadeó, peleando por entender a lo que quería llegar el hombre.
Adrien ni siquiera la había conocido cuando envió su carta de renuncia.
Mirando a Marinette, André continuó.
—Dijo que iba a casarse con usted.
