Temporada 2

Capítulo 5

Algunas veces, la vida es impredecible.

Han pasado unas semanas, últimamente empecé a pasar un poco más de tiempo con Rainbow. Estos días fueron muy… no sé cómo describirlo, emocionantes.

Hoy en Ponyville nos estamos preparando para una, digamos, tormenta ya que alguien olvidó programar unas lloviznas los últimos días. Para mí cuando llueve no es deprimente, sino más bien tranquilo. Contemplar la renovación de la vida con cada gota que cae.

- ¡Hey Golden! Baja esas ramas de ahí- dice Applejack.

- ¡A la orden!- respondo bajando las ramas. Vi como colocaban las últimas nubes negras en el cielo- Listo agregué con un grito de aviso.

- ¡Entendido vaquero! Eso es todo. Nos vemos- Antes que comenzara la tormenta, los vientos resoplaban con intensidad, y viendo al cielo algo resaltaba por su melena de múltiples colores.

- ¡Rainbow!- grité llamándole la atención.

Ella dio media vuelta, viéndome. Decidió bajar justo cuando un fuerte vendaval con algunas gotas hizo que girada en aire como una hoja seca. Al fin aterrizó algo mareada. Me acerqué y coloqué mi casco en su hombro.

- ¿Estás bien, Rainbow? ¿Estás bien?- pregunté. Sacudió la cabeza.

- Sí… Sí, estoy bien- se ruborizó un poco. Cuando vi eso, lleve mi casco a su frente.

- ¿No estás enferma?

- ¡No!- respondió rápidamente. Se apartó de mí algo nerviosa- No… digo, estoy bien, no tienes que preocuparte, que yo siempre estoy sana- aclaró como siempre, presumiendo de sí misma.

- Vale- dije girando mis ojos y moviendo mi cabeza- Ya va a comenzar la tormenta. Es mejor que vengas conmigo.

La lluvia inició de golpe, sin darnos tregua, y nos fuimos trotando. Apenas llegamos, algo mojados, cerré la puerta tras de mí.

- Espera aquí- dije. Busqué unas toallas, y cuando volví le extendí una para que se secara.

- Doradito, ¿Y tu hermana?- caminaba por la casa, como inspeccionándola.

- Ah, sí. Se fue a una pijamada con las Cutie Mark Crusaders con Rarity en su boutique.

- Este lugar esta algo solitario- comentó con tono algo triste. Saliendo de la cocina, llevé un par de bebidas calientes a la mesa.

Nos sentamos y charlamos como era normal, y la tormenta proseguía. Jugamos algunos juegos y leímos libros para pasar el rato; cuando le mostré un libro de Daring Do, se emocionó y lo tomó para leerlo.

- ¿Tú también los lees? ¡Súper espectacular!

- Este…- dije algo nervioso- No, es de mi hermana.

El tiempo pasó y la noche se hizo presente. Ella tendría que quedarse a pasar la noche aquí por hoy ¡Qué nervios! Hacía tiempo que había deseado decirle lo que siento por ella, pero no consideraba que fueran momentos oportunos. Definitivamente, hoy se lo diré.

Preparamos algo para comer. Seré sincero, estaba nervioso al estar tan cerca de ella, pero creo que ella también lo estaba cuando tocamos nuestros cascos para tomar la sal. Reímos, la retiramos rápido y nos sonreímos nerviosamente.

Como continuaban las cosas, preparé una cama improvisada cerca de la chimenea para ella. Ahora no estoy tan seguro de decirle la verdad.

- Aquí tienes Rainbow, para que puedas dormir hoy- indicándole la cama.

- Gracias, doradito- dijo la pegaso nerviosa; de repente un atronador trueno resonó por la casa, he hizo que Rainbow saltara hacia mí asustada, tumbándome.

- Rainbow, ¿Estás bien? ¿Te asustaste?- no podía creer el verla tan linda, y tan cerca de mí.

- Eh, sí- dijo nerviosa y separándose. Se incorporó desviando la mirada.

Era mi oportunidad. Acerqué mi casco al suyo, tocándola y haciendo que reaccione con un giro rápido 'Bueno, si no me quiere, por lo menos le robaría un beso' pensé. Ella me vio al rostro. Yo sin pensar le di un beso en los labios que duró lo que un parpadeo. Cuando me separé, le estaba por decir lo que sentía y preparando las excusas para pedirle perdón.

En ese momento, sin dejarme pronunciar palabra, ella se abalanzó sobre mí, dándome el beso más dulce y apasionado como jamás en mi vida había sentido. Estábamos cara a cara en la simple cama que preparé.

- Doradito… - susurró dulcemente- Sí que te tardaste, tonto. Yo también te amo- sonreí, ambos estábamos contentos por esto.

Al amanecer, la tormenta ya había pasado y en la rudimentaria cama me despertaba. Debajo de la frazada, ella se acurrucaba en mi pecho. La vi, y pronuncié en voz baja, cerca en su oreja 'Te amo, Rainbow Dash'

En ese momento, en su rostro dormido se formó una sonrisa.