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Agridulce.
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Capítulo III: Hijikata.
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Luego de que la jornada escolar terminara, Hijikata continúo con sus actividades del entrenamiento con su club. Irónicamente, prefería el básquetbol antes que el béisbol. En este último practicaban tres veces a la semana, siendo una buena opción para estar más tiempo fuera de casa.
—Toushi, dile a Kondo que no vuelva a saltarse el entrenamiento, ya van cuatro veces en el mes.
—Sí, entrenador —contestó, cogiendo su bolso y quitándose la gorra.
Cansado, subió hasta la azotea para fumar, últimamente era lo único que lograba relajarlo. Debía pasar por lo menos una hora extra con sus compañeros del comité, tabulando las encuestas que definirían las actividades de aniversario de la Institución.
Exhaló el humo preparándose mentalmente para sobrevivir con el cuarteto, empezando con Sougo, quien siempre lo llevaba al límite de su paciencia, Otae y Kondo, que eran como agua y aceite (sin importar el obvio rechazo por parte de ella, su amigo seguía insistiendo). Por último estaba Kyubey, siendo amiga de la mujer gorila, también peleaba o discutía con Kondo por cualquier tontería; era una molestia tratar con ellos, sin contar el hecho que le dejaban todo el trabajo.
Sin cambiarse el uniforme, que lo identificaba como un miembro oficial del equipo de béisbol, se dirigió a una pequeña sala donde se reunían exclusivamente los alumnos que formaran parte del comité. Hijikata les comentó a sus compañeros que llegaría más tarde, pero se encargaría de terminar lo que estuviese inconcluso. Al entrar no vio a nadie, solo una inmensa montaña de hojas, la misma que habían dejado el día anterior, quizás, con algo de suerte, serían mínimo cuatrocientas encuestas sin revisar.
—¡NO HICIERON NADA! —gritó, dándole una fuerte patada a la pared.
Entre gruñidos e insultos, se sentó para iniciar el trabajo. Estaba tan molesto con el mundo que le daba igual romper un par de reglas. De su mochila, sacó una gaseosa enlatada y la infaltable cajetilla de cigarrillos. Al encender el tercero, la puerta, que estaba a su espalda y que era la única entrada y salida de la pequeña sala, se abrió e inmediatamente se deshizo del tabaco, echándolo dentro de la lata; inútilmente trató de disipar el humo que lo rodeaba.
—Hijikata, ¿qué haces aquí? —preguntó, algo sorprendida—. Si un maestro te viera tendrías serios problemas, sabes que no se puede fumar dentro del edificio.
El joven soltó un suspiro, aliviado y agradeciendo que alguien se dignase a llegar para ayudarlo con las encuestas.
—Se supone que yo llegaría más tarde y me llevaría lo que faltara. —Su mirada mostraba lo enojado que estaba.
—Hoy no podían quedarse todos, en almuerzo decidimos terminar mañana. Seguramente estabas llenándote los pulmones de humo y por eso no te encontré en ninguna parte, Okita debía avisarte.
—Si planeaban seguir mañana, ¿qué haces aquí?
—Me quedé con unas compañeras ensayando una coreografía para gimnasia, y vine por mi libro de biología que dejé aquí en la mañana —finalizó, acercándose a un pequeño estante donde había guardado el texto de estudio.
—Nos vemos mañana. —Sin más palabras, el vicepresidente guardó en el bolsillo derecho de su pantalón el lápiz que estaba usando.
—Espera, Hijikata…
Cansado, se volteó dedicándole una mirada.
—¿Puedes hacer algo con el Gorila? Eres su amigo, ¿no? deberías ayudarlo a encontrar el amor de verdad o evitar que se vuelva un acosador.
—¿Por qué no le haces caso? Es un buen partido —con una mano en la barbilla, buscaba en los rincones de su mente cualidades atractivas para el sexo opuesto—, se postuló por primera vez este año y llegó a ser el presiente, yo lo he intentado desde que entré a la secundaria. También es bueno en deportes y…
—Solo mantenlo alejado de mí durante la excursión. —La charla le molestó, ya tenía lo que necesitaba, no veía por qué debería perder más tiempo. No esperaba que Hijikata la detuviera.
El muchacho soltó un suspiro, en ocasiones anteriores, Kondo le había pedido que le hablara bien de él a Otae.
—Es un buen chico, si lo conocieras te darías cuenta —insistió avergonzado—. Entiendo que lo veas como un Gorila acosador pero es más que eso. Cuando las cosas son difíciles es de los que se queda a tu lado, sin importarle que él pueda estar mucho peor. Si le dieras una oportunidad, tu percepción de él cambiaría.
—¿Te gusta? —preguntó, algo preocupada, imaginando lo difícil que sería soportar que su amor platónico estuviera enamorado de otra persona.
—¡No! Demonios, no. Como sea, solo piénsalo. —Tan solo imaginarlo, le dejó un mal sabor de boca. Para reponerse, desvió la mirada hacia la mesa—. Me llevaré unas encuestas para avanzar, sin Sougo cerca me puedo relajar.
—Hijikata, Okita y tú no se llevan muy bien, ¿verdad? —preguntó, al recordar la infinidad de bromas pesadas que le gastaba este, o cuando directamente le pedía que se muriera.
—No. —Esa respuesta solo provocaba más dudas en la chica—. ¿No me digas que ese tipo de idiotas te gustan?
—No seas tonto. Como están en el mismo salón y son amigos del Gorila creí que te avisaría.
—Da igual, y no me sigas preguntando tonterías.
Sin más, se marchó.
El pequeño Sádico lo odiaría de por vida, de eso no había duda, tampoco tenía derecho a quejarse o reclamarle.
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Hijikata llegó a su casa, no había novedades. Su hermanastra hizo el típico escándalo al verlo comer su montaña de mayonesa con algo de comida debajo, además de reprocharle lo mal educado que era por dejar la mesa, e incluso ignorarla. Como de costumbre, el joven se encerró en su cuarto, hizo sus deberes y terminó con el trabajo que se había llevado consigo.
Eran las 3 a. m. y aun no lograba conciliar el sueño por culpa de las palabras de Shimura.
Recordaba una y otra vez ese capítulo de su vida…
El parque. Ella sonrojada. Las palabras: "Me ofrecieron una beca completa pero… no quiero alejarme de ti, me gustas desde hace tiempo". Él rechazándola, escupiendo las peores palabras para la chica de la que estaba enamorado… Veía con toda claridad su sonrisa forzada, su cristalizada mirada carmín. Antes de irse, le dedicó una última mirada por el rabillo del ojo, ahogando un "te quiero" que ya no podría pronunciar. Se fue dejándola sola, en el mismo parque en el que se conocieron tiempo atrás.
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El joven despertó con pereza, no era común en su estilo de vida pero el único culpable era el insomnio.
Desayunó en silencio, ignorando la charla que mantenían en la mesa. Ya habían pasado cinco años desde su llegada y aun así se sentía como un extraño con ellos.
—Toushi, ¿a qué hora llegarás? —preguntó su padre, rompiendo el silencio.
—No estoy seguro, tal vez a las seis de la tarde, o antes.
El hombre miró al menor de sus hijos con preocupación, no le gustaba que se comportara de forma cortés con ellos, y tampoco se sentía capaz de exigirle algo. En las reuniones de padres solían felicitarlo, "su niño" era uno de los alumnos más destacados, sus calificaciones eran perfectas e incluso era parte del comité de estudiantes. Esas mismas razones lo llevaban a la culpa por abandonarlo en sus primeros once años de vida, nunca le preocupó el nombre que su exsecretaria le dio, su cargo de conciencia iba más allá. La primera vez que vio a Toushirou resultó ser el día en que lo llevó a vivir con él, luego de que la madre del chico sufriera un trágico accidente y no tuviera más familiares a quienes recurrir.
—Te preparé el almuerzo —se unió a la conversación la esposa del jefe de hogar.
—Gracias, pero no se hubiera molestado. Me voy, se me hace tarde.
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En el camino a su institución, registró con una mano el interior del bolso en busca de sus amados cigarrillos. Sin darle demasiada importancia tomó uno, lo encendió y rápidamente lo arrancó de sus labios al darse cuenta que lo prendió al revés. Se dio el lujo de apagarlo y guardarlo en el bolsillo izquierdo del pantalón, mientras tomaba otro de la cajetilla. Llevaba artillería pesada para soportar por lo menos las ocho horas que duraría la salida a terreno, sumándole todos los posibles intentos de asesinato de Sougo.
Casi se va de espalda al pisar la entrada, como vicepresidente, conocía los detalles de la excursión y quienes irían con ellos, aunque las mesas frente a cada pareja de profesores le hacían sospechar lo peor. Como iban por clases de deportes, era natural que ellos fueran quienes impartieran aquella disciplina, además de los titulares. La clase 3° Z tendría a Ginpachi y a Matsudaira; la de 3° C a Tsukuyo, como titular, y Mutsu, quien dictaba deportes; en el caso de la clase 3° G, el titular era Zenzou y Sakamoto, por el área de deporte.
—Mayo… Hijikata —se autocorrigió Ginpachi con el infaltable "caramelo" en la boca—, deja tu bolso, tengo que revisarlo, serán requisados todas las sustancias que se consideren… —Chasqueó los dedos, tratando de recordar las frases que debía dictarle a cada estudiante, antes de meter sus manos en pertenecías ajenas.
—No pueden hacer eso —le interrumpió—. Es abuso de autoridad, y después todos se van a quejar con nosotros.
—El año pasado unos chicos llevaron alcohol y hubo serios problemas. No te voy a quitar tu asquerosa mayonesa, pero si llevas algo como: alcohol, cigarrillos u otras drogas, tendrán que ser requisadas. ¿Tsukky lo dije bien, era así? —La rubia asintió—. Deja de ser tan niñita y entrégame el bolso.
Intentó arrebatárselo.
—No, suéltalo. —Ambos forcejeaban por hacerse con la maleta.
Matsudaira desconoció a su jugador estrella, parecía un mocoso malcriado haciendo un berrinche. Cansado del griterío, sujetó a su alumno por los hombros, dándole la oportunidad al "permanentado" para que terminase el trabajo.
—Ajá, una cajetilla de cigarrillos, y de veinte unidades. Niño, fumas más que un "MADAO". A tu edad lo único que necesitas es calcio.
—No necesito lecciones de un fumador crónico. ¡ALGUIEN QUIERE REVISAR SU MALDITA PALETA, ES OBVIO QUE ES UNA PIPA! —gritó, histérico.
—Toushi, esto te hará bien —agregó su entrenador—. He visto que después de las carreras tu respiración se agita más que la de cualquiera.
—¡TÚ FUMAS A TODA HORA!
—¡Hijikata, compórtate y sube al autobús! —les interrumpió Tsukuyo, desconcertada por la falta de respeto del joven hacia sus profesores.
Con el ceño más que fruncido, obedeció, viendo desde la ventana cómo los adultos se repartían sus adorados cigarrillos. No pasó mucho tiempo para que todos sus compañeros estuvieran a bordo del transporte y comenzara el pequeño viaje a la nieve.
Sougo tenía sentimientos encontrados. La expresión en el rostro de Hijikata era toda una obra de arte. Podía distinguir entre: enojo, desesperación y frustración. No había duda que sufría. El Sádico, a pesar de todo el placer que recorría por su cuerpo al presenciar la desgracia ajena —más aún, si era del tipo que tanto odiaba—, se sentía un poco mal, nada de lo que pudiera hacer desde ese momento podría fastidiarlo o dolerle más.
A las 12:30, los tres grupos, con sus respectivos maestros, caminaban en dirección a un mirador para tomar el primer descanso, y almorzar. Tanto Hijikata como Ginpachi, estaban agotados, uno necesitaba su dosis diaria de nicotina —pues se acercaba la hora de la comida—, y el otro una recarga de azúcar (además este último tenía un pésimo estado físico). Estaban sentados, uno junto al otro en un tronco que yacía en suelo.
Tsukuyo le dijo unas palabras a una de sus mejores alumnas, Tama, y también le entregó un termo individual con café.
La titular de la clase C era muy orgullosa como para admitir que tenía "cierto interés" en el idiota-flojo-torpe-descuidado de permanente natural.
Antes de que la dulce Tama, caracterizada por su amabilidad, alcanzara a dar un paso más, una chica de cabello violeta empujó a Hijikata, haciéndolo caer de espaldas al suelo, arrebatándole su lugar e ignorando por completo su estado anímico.
—¿Se siente bien? ¿Le duele la cabeza? ¿Mayora lo intoxicó con su asquerosa comida? ¿Necesita un doctor, RCP o…? —Los ojos de pez muerto de Ginpachi estaban horrorizados ante el ataque directo de Sachan.
—¡Quítate de encima! —gruñó el joven de ojos azules.
La fan número uno del hombre de cabellera plateada, no se había percatado de que las piernas de Hijikata seguían en el tronco y lo estaba usando como asiento. Empezaron una discusión sin importarles quién los escuchara. El joven se irritaba bastante sin su nicotina, y si la acosadora seguía molestándolo, las cosas no terminarían bien.
—Hijikata, profesor —la voz de una chica detuvo la discusión, atrayendo la atención del trío—, mi grupo trajo un poco de medicinas, si no se sienten bien. Y tomen un poco de café.
—Gracias, eres una chica amable —contestó el adulto, regalándole una sonrisa tras recibir el termo, pero se congeló al sentir un aura maligna. A su derecha Sachan tenía una mirada asesina, dirigida hacia la inocente Tama. Por otro lado, a una distancia de al menos dos metros, Yamazaki, con una intensa mirada, decía más de lo que parecía—. Iré a hablar con los demás para ver el itinerario —dijo, llevándose el café y dejando a los jóvenes solos.
—Oye, ¿quién te crees, hablándole a Ginpachi de esa forma? —reclamó Sachan, como si le estuvieran robando su más preciado tesoro.
—Déjala en paz —la defendió Hijikata, sacándose de encima a Sarutobi con un empujón, y aprovechando para levantarse.
—Hijikata, ¿por qué no te mueres de una vez y dejas de molestar a todos? —se unió Okita a la charla.
—¿Por qué no te vas a jugar con la China y dejas de fastidiarme?
Con aburrimiento, dirigió su mirada carmín en dirección a Kondo, se había separado de él al llegar al mirador. Inició sus típicos acosos hacía Otae, mientras ella estaba en compañía de Kyubey, el cuatrojos, la excusa de rapero y la China. Ese era el principal problema, por ahora no podía acercársele (pelear/discutir o alguna otra variación), ya que la directora les dio un ultimátum.
—Entonces, ¿no quieres esto? —preguntó con malicia, mostrándole un cigarrillo que tomó prestado de Ginpachi—. No importa, de todas formas pensaba aplastarlo en la nieve y ver si se mojaba.
—S-s-Sougo, no te apresures…
—Sería divertido que te subieras a ese árbol —señaló el más grande y visible— e hicieras sonidos de mono mientras te rascas la cabeza.
—¡No voy hacer esas ridiculeces para ti, descerebrado! Prefiero esperar hasta llegar a mi casa. Son cinco horas, más trescientos minutos, más los cuarenta que tardará el autobús y los tres para llegar a una tienda. No es mucho, solo trescientos cuarenta y tres minutos para que acabe todo esto —finalizó, sujetando con fuerza su brazo izquierdo, con una risa nerviosa y una mirada psicótica.
Okita sonrió al presenciar el momento exacto en el que el corazón de Yamazaki pareció romperse. La joven de ojos marrones tomó la mano de Hijikata con toda confianza, llevándolo con ella. Hijikata y Tama, se conocieron en el primer año tras quedar en el mismo salón y ser designados como compañeros de laboratorio. Con la única mujer que él era "cercano o amable" era con ella, le recordaba a la chica que había dejado llorando en el parque hace años. Creía que, siendo bueno con Tama, podría purgar la culpa que aún lo consumía.
—¿Qué pasa? —preguntó. En respuesta la chica se limitó a señalar al grupo que tenía en frente. Al finalizar su buena acción del día, regresó con sus amigas.
La mirada sombría del vicepresidente se clavó en su mejor amigo. Kondo estaba en el suelo abrazando los pies de Otae mientras ella gritaba. Kyubey, las Gafas y la China lo estaban pateando.
—¡Paren, idiotas! Está vez se pasaron. —El muchacho se tiró de rodillas al suelo, verificando que su amigo aún siguiera con vida—. ¿Estás bien? ¡Responde!
—T-Toushi. Dile al mundo la contraseña de resurrección.
—¡Goriii! —gritó Sougo, uniéndose al grupo—. Hijikata, bastardo. Tu trabajo es cuidarlo.
—Están exagerando. ¿Cómo es que se montaron este drama? —añadió Shinpachi, cansado de soportar al acosador.
—Hijikata, Okita, ¿creen poder mantenerlo alejado? —preguntó con una sonrisa, la victima de los acosos, en busca de una solución pacífica, obviando el hecho de que su primera reacción no tuvo de nada de pacífica.
—Sí— contestaron al unísono.
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El pequeño viaje contemplaba las mismas cantidades de horas que un día de clases. Para algunos podía ser poco e intentaban disfrutar lo más que pudieran, pero siempre había excepciones. Uno era Matsudaira. Observaba con detenimiento a un chiquillo que llevaba todo el día peligrosamente cerca de su hija. Ginpachi, por su lado, al tener tan mal estado físico no podía caminar de lo cansado que estaba. Otra excepción era Sachan, que podía matar con la mirada a toda persona que se acercara a su amor platónico; por alguna razón, mágicamente "muchas" se tomaban el tiempo de preguntarle al "permanentado" si estaba bien. Yamazaki tenía el corazón roto, creyendo erróneamente que Tama salía con Hijikata. Por último estaba Toushirou, quien no aguantaría ni un momento más sin nicotina en el cuerpo.
—Toushi —cortó el silencio Matsudaira, al pasar junto a él—, necesito tu ayuda.
—¿Mmn?
—Sí, te ves algo loco. Te falta tabaco ¿no? Si puedes hacer algo contra ese Shibbei o como se llame, te devuelvo la cajetilla que te quitó el Permanentado.
—P-pero…
—Está en la clase de Sakamoto, así que no puedo reprobarlo. Te ofrezco cigarros a cambio de un simple favor.
—No puedo simplemente golpearlo, ¿qué es esto? ¿Una amenaza disfrazada de favor? ¿Estuviste mirando el padrino anoche?
—No permitiré que mi dulce Kuriko salga con ese bastardo, ¿lo has visto? ¿Qué clase de hombre tiñe su cabello? ¿Por qué está tan lleno de agujeros? Le podría hacer uno en la cabeza para que deje de respirar.
—Quedan dos horas para que esta estupidez termine, puedo aguantar, no necesito de tus favores.
—¿Enserio? Porque parece que estás aspirando el humo de mi cigarrillo.
Tragó pesado al sentirse descubierto. Trató de disimular suspirando.
—Veré que hago, necesito al Sádico esta vez.
Okita fue bastante fácil de convencer, pero no trabajaría gratis. El trato que le ofreció el maestro de deportes sería aprobarlo sin la necesidad de que moviese un solo dedo por lo que restaba del año. Pasando por alto el hecho que Okita fuera un vago durante las clases de educación física, su alma negra unida a su sadismo ideó el plan perfecto para separar a la pareja, el único problema era que no podía llevarse a cabo el mismo día. De todas formas el viejo aceptó. Las condiciones del trato eran "pasando y pasando". Toushirou debió conformarse con aspirar el aire fresco mezclado con el humo proveniente de la fogata, que hicieron para derretir algunos malvaviscos.
Todos estaban nuevamente en el autobús sin muchas ganas de regresar a sus casas, hablando a viva voz de lo genial que había sido la salida. Intercambiaban los celulares o, en algunos casos, cámaras, mirando las distintas fotos que habían tomado. Hijikata por su parte estaba concentrado en la ventana, tocando las partes mojadas de su ropa, se reclamaba así mismo por bajar la guardia cerca de Sougo, creyó que la bestia se había calmado al darle otro objetivo. El príncipe sádico lo había empujado "accidentalmente" a un pequeño riachuelo que atravesaba el camino. La suerte parecía estar de su lado, ya que únicamente se mojó torso y el rostro.
Dejó escapar un suspiro.
Guardó sus manos en los bolsillos del pantalón, con la intención de calentarlas, y se percató de que había un tubo delgado en el izquierdo. Golpeó con rabia su cabeza contra el asiento delantero, al recordar que lo había dejado ahí minutos antes de pisar la entrada de la secundaria.
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La excursión había acabado siendo una pesadilla que deseaba olvidar rápido; no pudo relajarse en ningún momento. Al llegar a su casa, lo primero que hizo fue cambiarse la ropa y meterse bajo las cobijas, estaba cansado como nunca. Sin darse cuenta se quedó dormido profundamente, ignorando que la cena estaría lista en algunos minutos.
Inició un nuevo día cuando la alarma lo despertó, estaba de buen humor y rogaba al cielo para que la China le buscara pelea al Sádico, quitándoselo encima por un par de horas, pero al primero que se encontró en la entrada fue a Okita.
—Hijikata, te ves cansado, déjame ayudarte. —Sus pupilas se contrajeron y, con una malévola sonrisa, dejó al descubierto una pistola de agua que sostenía en la mano derecha.
—¿Eh? Sougo guarda eso, no estamos en primaria me da vergüenz…
El Sádico disparó sin remordimientos a la entrepierna de su enemigo jurado.
—Hijikata, ahí tienes una razón para avergonzarte de ti mismo —negó con la cabeza—, qué vergüenza que aún tengas accidentes húmedos a tu edad.
—¡MALDITO! —Descontrolado, se abalanzó a golpearlo pero la risa de un par de chicas lo detuvieron. El toque de la campana avisaba el inicio de las clases. Sougo había planeado muy bien su ataque al escoger la hora y el lugar más concurrido—. ¡NO ES LO QUE PARECE! —gritó, en un intento desesperado de limpiar su imagen.
—Toushi, ¿no alcanzaste a llegar al baño? —preguntó un tercero con voz preocupada, uniéndose a la "charla", viendo cómo el susodicho sostenía con rabia por el cuello de la camisa al menor.
—No tengo tiempo para estúpidas preguntas. ¡Primero mataré a este imbécil invertebrado!
—Sougo, Toushi, tranquilos, las clases todavía no empiezan y ya están peleándose —intentó calmarlos, tocando el hombro de cada uno.
En un rápido movimiento, Okita torció la muñeca izquierda de su agresor, obligándolo así a soltarlo, y, sin perder la oportunidad volvió a dispararle un chorro de agua, esta vez en la cara de Toushirou.
Kondo sujetó con fuerza al descontrolado vicepresidente sugiriéndole que se cambiara el pantalón por el de deportes, olvidando que ese día no les tocaban esa clase. Hijikata, al no tener más opción, se quitó la parte superior del uniforme anudándolo en su cintura, las mangas lograban cubrir la humedad y probablemente se secaría en unos minutos, o eso esperaba…
Originalmente el capítulo fue publicado 05/05 en cumpleaños de Toushi! *-* Es que yo lo amoooo XD *-*
[EDITADO] Gracias especiales a mi Beta Kyosha012 :D
