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Agridulce.

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Capítulo IV: Sougo.

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La hora del almuerzo había iniciado. Normalmente solía comer con sus cercanos en el patio trasero, bajo un frondoso árbol que les diera sombra. Se acomodaron como de costumbre, y Sougo ya podía empezar a saborear su, literalmente, dulce venganza, con un toque a vainilla. Hijikata sumergió su comida en mayonesa —como siempre—, antes de probarla. Desvió la mirada a un costado al escuchar a Tama, y, escondido tras un árbol más lejano, distinguió la silueta de Yamazaki. Negó con la cabeza dando el primer bocado, el que, inmediatamente, escupió y llegó a parar en el rostro de Kondo.

—Toushi, ¿qué pasa? No me digas que… No puede ser, ¿ya no te gusta la mayonesa? —preguntó con temor, al ver la cara azul del muchacho.

Okita rompió en carcajadas. Hijikata, sin perder tiempo, le dio un golpe que su compañero logró esquivar con facilidad.

La mayonesa del envase, fue reemplazada por un cremoso yogur de vainilla. A los ojos de Sougo, "el bastardo se lo merecía" por traicionarlo a él y a su entrenador. Habían pasado dos días desde la excursión, y uno de sus intentos fallidos para romper la relación de Kuriko y el rarito, pudo ser un éxito si Hijikata no hubiese sufrido un ataque de moralidad de último minuto.

—¡Maldito Sougo! —gritó, más enojado de lo normal. El día anterior se limitó a mojarle el pantalón pero esta vez quería intoxicarlo.

Mientras peleaban y Kondo inútilmente trataba de separarlos, la risa de la China llamó la atención del más joven de los tres. Para deshacerse del vicepresidente, hundió la cara de este en lo que restaba de la comida con agregado lácteo —en tanto el afectado trataba de quitar el yogur de su rostro y flequillo—, mientras Okita la buscaba con la mirada. Hace días que no la molestaba porque la directora los amenazó con no ir a la excursión si continuaban con sus "shows".

Como siempre, ella estaba en compañía de las Gafas y el intento de rapero.

El collar que traía en su mochila ya tenía un cuello al que estar adherido. No se quedaría tranquilo hasta que la pelirroja rogara por algo atención, no soportaba que la China no quisiera servirle; no era como Urara o Sayaka, quienes enseguida se acostumbraron al collar. Kagura, por el contrario, lo golpeó con la misma cadena, además de insultarlo a gritos. Él era un sádico no un M, esa niña estúpida tendría que pagar por el daño a su reputación. No olvidaría con facilidad el moretón en la mejilla, ni la patada en la entrepierna…

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Al finalizar la jornada escolar terminó una tediosa semana de clases. Regresoó animado en compañía de Kondo, quien vivía a una cuadra de su casa, razón por la que se conocían desde antes de entrar a la primaria.

Okita lo único que tenía en mente era dormir una buena siesta. Por culpa de un examen en la primera hora se vio en la obligación de saltársela.

En casa lo recibió la mucama, como era habitual, la única diferencia radicaba en que esa vez le entregó un paquete que había llegado por correo. El muchacho lo recibió pensando que podría ser el kit "fastidiar a Hijikata" que solicitó por internet. Al revisar el remitente, una sonrisa se dibujó en su rostro y corrió a su habitación, rompiendo el envoltorio lo más rápido posible: era un regalo de su hermana con una pequeña nota anexada.

"Espero que estén todos bien en casa. Cuando vi esa camiseta con una "S" estampada, me acordé de ti. Iré a visitarlos antes que termine el semestre. Los quiero y extraño mucho. Besos."

Sin borrar su sonrisa, tomó su celular para agradecerle el presente, pero la línea marcaba ocupada. Siempre podía acceder a las redes sociales, aunque no le gustaba hacer mucho uso de ellas, pues no quería que su adorada hermana supiera que él no era precisamente un ángel caído del cielo, como ella pensaba. Al ver el perfil de la chica, notó que un muchacho parecía tener interés en ella. (Después de tanto tiempo siendo amigo de Kondo, sus dotes de acosador se le estaban trasmitiendo.) Revisó toda la información del "objetivo", y no pudo evitar sentir un poco los de celos, al ver que ella también parecía ser cercana a ese chico.

Por un lado era genial, Mitsuba por fin podría salir con alguien que la hiciera feliz. Pensó lo mismo de Hijikata y lo único que "ese flequillo en V" logró, fue hacerla sufrir. No tenía claro qué clase de barbaridades pudo decirle, o qué tanto pudo lastimarla para que se encaprichara en abandonar lo más rápido posible la ciudad, y continuar sus estudios en la capital.

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El domingo a las siete de la tarde los miembros del comité quedaron en reunirse dando por terminado el tema de las encuestas (las mismas que estaban convirtiendo a Mayora en un manojo de nervios; al ser su último año en el consejo, quería hacer algo novedoso). Entre los cinco miembros propusieron algunas ideas para el evento principal y para el de cierre. La lista se entregó en forma de encuesta y él, como buen vicepresidente, debía responder.

Sougo, antes de salir de su casa, "tomó prestado" del mini bar de sus padres el tequila más caro con dos intenciones: celebrar la idea ganadora (esperaba que fuese la suya) y para molestar a su padre.

La reunión sería en casa de Shimura —los hermanos estarían solos por lo que restaba del día—, además, era un punto al que todos sabían llegar.

Entre bostezos tocó el timbre, rogando para que nadie abriera y así pudiera volver a su casa a tomar una siesta.

Decepcionado, entró a la casa tras ser recibido por Shinpachi. De pronto vio algo que llamó su atención, y eran ciertos extras como: La masoquista, Zaki y la China. No podía quejarse por las Gafas, ya que vivía ahí, pero le molestaba que todos estuvieran atentos a lo que explicaba Hijikata.

—¿Qué hacen esos inútiles aquí? No son del comité —dijo, mirando a Kagura.

—No tenía otro día para enseñarles. Por si no lo recuerdas, mañana hay examen —respondió, Toushirou.

—¡Yo tampoco tengo ganas de estar aquí! Maldito Gorila, se supone que Ginpachi debería darme una clase privada. ¡NO MAYORA! —reclamó furiosa, por el fallido plan.

—¡Puedes irte, si quieres! —se defendió bastante irritado, quien les enseñaba la materia.

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Mientras el grupo de lentos tenía la cabeza metida en cuadernos, Hijikata seguía contando los resultados, porque los demás estaban ocupados peleando y Sougo lo observaba con aburrimiento, esperando a que anunciara de una vez lo que harían.

—Gana la fiesta de disfraces —anunció, dejando los papeles sobre la mesa y soltando un sonoro suspiro, imaginando todo el trabajo extra que requería.

—Sougo, tuviste la mejor idea de todas —añadió, Kondo—, pero el "Maid Coffee exclusivo para chicas" de Otae también era buena idea.

—No. Hijikata hubiera intoxicado a todos, echándole mayonesa al café y a los pastelillos —comentó el delegado.

—De todas formas, los Maid Coffee se hacen en todas partes, no era una gran novedad —se unió Shinpachi a la charla, dejando de lado sus apuntes.

—Pero en este, ¡los hombres servirían a las chicas! —intentó Otae defender su propuesta.

—Como sea. Nos queda una semana para preparar el lugar, música, las bebidas, iluminación y lo que sea que falte.

—Hijikata bastardo, ¿por qué no dejas de aburrir a todos y te mueres? Traje algo de mi casa para celebrar —sonrió, cambiando el tema y sacando el tequila de su mochila.

Las miradas incrédulas de los presentes se quedaron en la botella, ninguno se atrevía dejar escapar una palabra.

—No podemos, somos menores de edad —cortó el silencio el hombre recto del grupo.

—Sougo, te adelantaste, tiene que ser el día de la fiesta, en la azotea. Toushi va a fumar allí todos los días y parece que a nadie le importa. ¿Qué te parece si lo hacemos ahí?

—¿¡ESTÁN LOCOS!? Es una expulsión segura —saltó, más histérico de lo normal el vicepresidente—. Kondo, no apoyes sus idioteces.

—Toushi, en año nuevo no dijiste lo mismo.

—¡ESO FUE DIFERENTE! —Molesto por algún mal recuerdo, se dirigió al baño pasando de todos.

Okita sonrió satisfecho, le agradaba que las cosas no salieran como Hijikata decía. Aprovechando su ausencia, Otae trajo los implementos necesarios: limón y algo de sal. Decidieron que era mejor "experimentar" en un lugar seguro. Kagura miraba con una mezcla de miedo y asco el pequeño vaso entre sus dedos; Yamazaki y Otae estaba ansiosos; Shinpachi se negaba a recibir uno; y, tanto Sachan como Kondo se veían algo desinteresados, pues ya habían probado otras bebidas alcohólicas con anterioridad.

Los chicos empezaron con la primera ronda, ignorando la molesta voz de Toushirou diciéndoles la mala idea que suponía; finalmente se rindió haciéndose un lugar entre sus compañeros. Sougo sintió que en el segundo vaso todo comenzó a darle vueltas; tenía la impresión que todo a su alrededor pasaba en cámara lenta. Al momento de su tercer vaso, su cuerpo no pudo seguir resistiendo el alcohol; se sintió bastante cómodo recostado sobre la mesa, quedándose en esa posición por un buen tiempo. Kondo no tardó mucho en unírsele con la diferencia de qué él bebió un par extra.

Escuchaba con toda claridad lo que decían los borrachos que aún seguían en pie (su consciencia estaba despierta pero su cuerpo no se animaba a reaccionar).

—China, cuando llegamos dijiste que vendría tu padre a buscarte. Así que deja el maldito vaso —le había dicho el bastardo de Hijikata.

—¡Devuélvemelo! —escuchó gritar a la niña. Sí, la consideraba una niña porque no había mucha diferencia entre ella y una tabla de planchar, razón por la que no entraba en la categoría "chica".

—Kagura, como llegaste hace poco supongo que no hablas su idioma. —Tae, miró seriamente al muchacho—. Hijikata devuélvele el vaso-mayo —concluyó, como si fuera lo más obvio de mundo.

—Entrégamelo-mayo— insistió la chica de cabello bermellón, imitando a su amiga.

—¡Dejen de hablar así, me cabrean-mayo! —Ambas rompieron en carcajadas por hacerlo caer en su infantil trampa—. ¡KONDO, MALDICIÓN, DESPIERTA!

Okita, con mucho esfuerzo, abrió un ojo para ver lo qué pasaba. Lo primero que notó fue que había oscurecido. Otae estaba detrás del vicepresidente, tapándole la boca mientras que Kagura aun intentaba quitarle el vaso —algo difícil ya que él lo levantaba y la sobrepasaba en altura—. Con un saltó, logró que la punta de sus dedos tocaran el cristal, vaciando el contenido en la cabeza del muchacho.

Sougo río mentalmente, dándole un punto a la China.

—Ni se te ocurra despertar al Gorila —su tono amenazante hizo callar al chico de cabello oscuro. No entendía cómo a Kondo le gustaba esa mujer tan monstruosamente peligrosa.

—¿Les gusta mayora? —preguntó, Sachan sin dejar de beber, y luego de notar que sus compañeras lo tenían acorralado.

—No seas tonta, no podría besarlo, mi boca se pondría agria por su asquerosa mayonesa —argumentó Kagura. Las chicas le dieron la razón asintiendo.

—Quizás tenga sabor a mayonesa pero se parece a Gin —La fan N° 1 de Ginpachi tomó el rostro del muchacho de negros cabellos entre sus manos, mirándolo de cerca.

—Oye, oye, ¿qué haces? —preguntó un poco ruborizado por la cercanía; se sentía algo violado. Tae lo sujetaba por el cuello, Kagura por los brazos y la acosadora estaba tan cerca que le robaba el aire.

—¿Sachan, estás loca? Parece que tus lentes ya no sirven —agregó la pelirroja.

—Quizás no sea él, pero igual sirve.

El límite de tolerancia de Sougo fue superado; lo odiaba. No solo hizo que su hermana decidiera autoexiliarse, también hacía el tonto con las chicas. (Tampoco parecía importarle mucho el hecho que su mejor amigo estuviera enamorado de una de ellas.) No supo en qué momento su cuerpo cedió a su demanda, pero estaba dispuesto a darle un gran puñetazo a "Toushi", mas el mareo y la falta de equilibrio le hicieron chocar con Kagura. Ella estaba tan aturdida como él, y, como un reflejo involuntario, lo sujetó por el cuello de la camiseta, tratando de evitar la inevitable caída.

El filtro que solía estar entre los pensamientos y acciones de Okita había desaparecido al ver a la "tabla de planchar" debajo de él. Por alguna razón sus ojos azules le parecieron algo atractivos (podrían serlo aún más con unas cuentas lágrimas). Empezaron una pelea como de costumbre, excepto que sus movimientos eran más torpes de lo usual y su fuerza más desmedida de lo habitual. Los espectadores los dejaron, creyendo que se aburrirían pronto. Por otro lado Shinpachi y Yamazaki, en la cocina, preparaban café esperando que eso "arreglara" a los borrachos.

—China estúpida, ruégame y quizás te deje ir.

—¡Enfermo! Primero te reviento las bolas antes de rogarte.

Le arrebató uno de sus adornos para el cabello, algo que la hizo enfurecer bastante y aún más cuando su falda se levantó, dejando expuesta más piel de la que debería. El chico sonrió con malicia, al ver que su oponente ya no podía defenderse. Antes reclamar el premio, primero necesitaba romper el cascaron con el orgullo de la chica. Coló su mano, por el plano abdomen de ella, notando que su cremosa piel era bastante suave. No contaba con que, en un arranque desesperado, Kagura le mordiera el cuello como un perro salvaje. En un rápido movimiento ella quedó sobre él, creyéndose la victoriosa.

—¡Puta! Me las vas a pagar.

Mientras Kagura, torpemente intentaba levantarse, un violento reflujo la atacó y terminó convirtiéndose en vomitó sobre el regazo del sádico. Con los ojos inyectados en sangre, se reincorporó empujándola con toda su fuerza. Ninguno le dio mayor importancia al timbre que sonaba sin cesar, hasta que el Gorila tomó la iniciativa.

—¡Espera, Kondo! —gritó Hijikata, en el momento en el que trataba de obligar a las chicas a que se tomaran el café.

Okita podía sentir que la China se sentía mal, pues ella hizo una mueca de dolor que pudo satisfacerlo. Había logrado dejarle algunos morados en los brazos, aun así no contaba como una victoria, no salió ileso, ni ella tampoco le estaba rogando.

De un momento a otro, la respiración de Sougo fue cortada. Una fuerte mano aprisionó su cuello obligándole a soltar su nuevo juguete. Necesitaba saber quién era el inoportuno que interrumpía su tiempo de diversión. No esperaba encontrarse con unos afilados ojos azules, la tonalidad de estos era bastante parecida a los de Kagura, por no decir igual.

—China, vinieron por ti —dijo, tranquilamente Kondo al dejar entrar al extraño— ¡Sougo! —gritó, al percatarse de lo que pasaba.

La Yato, desorientada, veía la escena sin creer lo que pasaba, su corazón parecía querer escapar de su pecho de la felicidad. Le gustaba creer que de alguna forma se preocupaba por ella.

—¡Oye cálmate y suéltalo! —dijo Hijikata.

Sougo, con dificultad, logró zafarse del agarre. Carmín contra azul chocaron inevitablemente; ambos tenían la misma mirada. No tardaron mucho en darse cuenta de lo parecidos que eran, y lo cuidadosos que deberían ser.

—No lo parece pero es una chica. No hay nada más bajo que emborracharlas y aprovecharse. Si te veo de nuevo te mataré. —Sonrió.

—Llévatela, nadie querría aprovecharse de esa tabla, pero si vuelves a interrumpir uno de mis juegos, te vas arrepentir.

—Las amenazas de borrachos son divertidas. —Su semblante juguetón, tensaba el ambiente.

—No es lo que parece —interrumpió Shinpachi—, siempre pelean en clases, es normal en ellos.

La guerra entre ambos había sido declarada, el próximo encuentro sería peligroso.

Dada por terminada la charla, Kamui tomó el brazo de su hermana, sacándola a tirones de la casa, mientras ella decía cosas que no se entendían del todo por no estar en sus cinco sentidos.

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Okita supo que un nuevo día iniciaba, pues su despertador no dejaba de sonar sin control, anunciando que eran las 7 a. m. No recordaba cómo había llegado a su casa o qué pasó después de que la China se fuera. De lo que podía estar seguro era que la resaca lo estaba matando y su cuello dolía como los mil demonios.

Tomó una larga ducha para evitar tocar el desayuno, y, al momento de colocarse el uniforme, descubrió una fea cicatriz en su cuello. No tuvo tiempo de darle importancia, desde el salón principal su padre lo llamaba a gritos para llevarlo a la escuela, estaba atrasado como de costumbre.

No le dio demasiada importancia a la hora, y de ninguna manera correría, menos en ese momento en el que no sentía bien.

Cuando abrió la puerta de su salón, atrajo las miradas de sus compañeros que estaban en medio de un examen. Como siempre, Hijikata parecía saber todas las respuestas (los "extras" que fueron a estudiar, entre cabeceos se esforzaban por mantenerse despiertos). Por último cruzó una mirada con Kagura, quien enseguida la bajó, fingiendo contestar la prueba en blanco sobre su mesa.

—Okita, toma asiento rápido. La próxima, si llegas tarde, no te dejaré entrar.

Ignorando el comentario del profesor, recibió la hoja con aburrimiento, mientras leía las preguntas e iba a su puesto, sin tener la menor idea de cómo contestarlas.

Varios tortuosos minutos después, el receso empezó. La joven Yato fue la primera en salir, Sougo fue tras ella pues tenían cuentas que ajustar. La siguió hasta el primer piso, a paso lento por el dolor de cabeza que no le dejaba espacio ni para pensar. Su mirada monótona se quedó en la carta que ella recibía de un chico, uno que nunca antes había visto. Era un cuadro bastante extraño. ¿Enserio? ¿Alguien podía gustar de esa plana y fea niña?

Con un mal sabor de boca, decidió ir a comprar una gaseosa, la sed lo estaba matando y empezaba alucinar. Lo mejor sería fingir estar enfermo e ir a dormir a la enfermería. Sí, eso sonaba bien por el momento, tal vez, si exageraba un poco podrían dejarlo salir antes.


[EDITADO]