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Agridulce
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Capítulo V: Todos primera parte.
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Kondo esperaba a sus amigos bajo el frondoso árbol donde solían almorzar a diario, mientras trataba un tema importante con la Masoquista. Ambos estaban lejos de ser amigos, pero un frívolo y delicado lazo los unía, obligándolos a tolerarse mutuamente, además, compartían un secreto, no era algo relevante pero sí poco ético. Aprovechando su cargo como presidente, y llevando a la práctica una de las fabulosas ideas de Sachan, falsificó un par de encuestas, asegurándose que la fiesta ganara, pensaban que ese único día tendrían la oportunidad de llegar a su anhelado objetivo.
La chica usaba su vista panorámica, vigilando que cierto "flequillo en V" no estuviera merodeando cerca, mientras intercambiaban información clasificada.
—Según lo que investigué, aparte de tus chocolates, Tsukuyo le dio una caja por lástima y no recibió de nadie más.
—Esa zorra lo quiere para ella —agregó, con evidente molestia—. ¿Qué hay de esa Tama?
—No se acercó en ningún momento, ¿y tú qué sabes?
—Como cada año, Otae le regaló chocolates al cuatro ojos, también le dio unos cuantos a Zura —suspiró—. Mayora no sabe lo que hicimos, ¿cierto?
—No, si lo llega a saber, es capaz de cancelar todo.
—Deberías tomar enserio tu papel como presidente, no sería raro que una chica como Otae empezara a tener interés en el RESPONSABLE vicepresidente. Si no tuviera tan mal gusto con la comida seguro tendría novia.
—¡Toushi no haría algo así! —gritó, defendiendo a su amigo; conocía muy bien sus sentimientos.
Sougo y Yamazaki se acercaron a la pareja tomando sus lugares, el primero dejó escapar un par de bostezos, no le basto con la siesta de cuatro horas ya que aún le dolía la cabeza. Redirigió su mirada a sus compañeros entendiendo lo que podría estar pasando.
—¿Zaki no quieres unirte a la charla de acosadores?
—¿D-de que hablas? —preguntó Kondo, haciéndose el desentendido. El titubeo y sus coloridas mejillas lo delataban.
El cuarteto decidió empezar a comer, Hijikata no llegaba y no lo esperarían por más tiempo.
Como Sarutobi mencionó, el vicepresidente en compañía de la mayor de los Shimura y Kyubey, estaban ocupados hablando con la directora, puliendo detalles finales de la fiesta. El muchacho descubrió que separando a los miembros del comité, el trabajo era mucho más eficiente.
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Minutos más tarde el receso terminó, y las clases iniciaron normalmente, excepto por Kagura, quien se encontraba callada y pensativa, algo inusual en ella (hasta el despistado de Katsura se daba cuenta). Okita captó que su rival estaba en las nubes, una oportunidad perfecta para molestarla: Cuando entraban al salón le dio un fuerte empujón. Nunca se imaginó que "la bestia China sin modales" se disculpara. Por unos momentos la joven Yato pareció una chica —o al menos una educaba, a los ojos de Sougo—, entonces no alucinaba cuando la vio hablando con ese muchacho; definitivamente algo andaba mal con el mundo.
—¡ATENCIÓN! —gritó el "permanentado", estrujando el envase de leche de fresa que traía en la mano derecha. Con los ojos inyectados en sangre, pasó la mirada por todos sus alumnos—. Este año, mejor dicho esta semana, nos toca el evento deportivo con los malditos del Mimawarigumi, esos idiotas siempre nos quitan todos los trofeos. No me importa si tenemos que hacer trampa, pero no se los vamos a permitir.
—Ese maldito Sasaki se cree mucho porque su equipo de béisbol ganó en las nacionales el año pasado —agregó Matsudaira, entrando al salón en una perfecta sincronización con la frase del maestro titular y obviando el hecho que lo habían ensayado un par de veces en la sala de profesores—. Los haré sudar sangre si es necesario.
—Tengo una duda —una voz neutra atrajo la atención de los adultos—, ¿por qué nos dicen esto? Aparte del bastardo de Hijikata y Kondo, nadie más está en el club.
—Buena pregunta Suichiro.
—Es Sougo —lo corrigió.
—Okita, cuatro de los chicos del club fueron a esquiar el fin de semana y los idiotas se rompieron algunos huesos. Necesito cuatro de reemplazo.
—Suichiro, si llegan a ganar les cambiaré una de sus peores notas por un sobresaliente —sonrió con auto-suficiencia, como si hubiera descubierto la cura de una peligrosa enfermedad—. Ustedes no se quedan en vacaciones y yo tampoco —asintió, cruzándose de brazos.
Ninguno de los alumnos mostró interés, los únicos "aproblemados" porque la vitrina de la secundaria no tuviera ni un solo trofeo, eran a los maestros que impartían deportes y los titulares flojos que no tenían intenciones de hacer clases días extras.
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Tras finalizar la jornada de la tarde. Zura y Shinpachi siguieron a Kagura, quien se había comportado de manera retraída durante gran parte del día.
—¡Espéranos! —gritó la pareja humano-gafas, sin lograr descifrar el extraño humor de la chica—. ¿Qué te pasa?
A modo de respuesta, la chica les dedicó una mirada, encogiéndose de hombros; ni ella entendía lo que le pasaba.
—¿Quieres sukonbu? —preguntó Katsura, tratando de animarla, pero lo único que recibió como respuesta fue una negación por parte de ella.
—¿No tienes hambre? —preguntó, Shinpachi sin creerlo.
—China, si hubiese sabido que la resaca te mantenía tranquila, te hubiera dado tequila hace tiempo —se unió Okita, con la intención de provocarla.
La muchacha lo miró con repulsión, por primera vez lo veía correctamente uniformado. Camisa completamente abotonada, cubriendo cierta parte de su cuello que seguramente estaría lastimada. Detalle que le ayudó a recordar el porqué de su actuar: esas sádicas y desagradables manos tocándola… y Kamui que llegó en el momento preciso.
—¡SÁDICO, IMBÉCIL, JURO QUE TE MATARÉ! —gritó.
Sougo se puso a la defensiva esperando el primer golpe, para sorpresa de todos, la chica salió corriendo dejándolos boquiabiertos.
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Seguramente no era la única que solo quería irse a casa a descansar. Si lo pensaba con detenimiento, sus recuerdos nítidos empezaron cuando se despertó por culpa de una pesadilla. Luego de tener un mal sueño siempre iba por un vaso de agua, sin ser esta la excepción. Sus movimientos aún eran algo torpes, y fue por eso que botó una de las ollas que se secaban sobre el fregadero. El estruendo atrajo al pelirrojo, quien, cruzándose de brazos la miró. "¿Estudiar? Qué excusa más vieja y poco creíble", la reprochó. No se animó a responderle, se limitó a ver como él salía de la cocina dejándola atrás. Al terminar de beber su vaso con agua, se dirigió a la alcoba de su padre, se sentía más segura allí, y había una pantalla plana de cuarenta pulgadas colgada de la pared que la distraería por un largo rato. No esperaba que Kamui ya le hubiera ganado el puesto. El joven estaba haciendo zapping con el control remoto en la mano, diciendo "te cargué hasta tu cama, deja de molestarme y ve a tu cuarto, cucaracha". Su voz sonaba tranquila pero se veía bastante enojado. Ignorando cada palabra que salía de la boca del muchacho, se acomodó en el otro extremo de la cama. Lo escuchó soltar un bufido antes de que le diera la espalda, ahí estaba de nuevo esa actitud, la que tanto odiaba pero estaba feliz de tenerlo a su lado. Sin pensarlo, empuñó la camiseta del pelirrojo entre sus dedos, intentando convencerse de que está vez si había despertado. "Solo son sueños tontos…", fue la última frase que su hermano dijo esa noche.
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Kagura estaba contenta, Kamui se había portado como el hermano mayor "medio amable" que ella quería, no tenía claro por qué fue a buscarla él, en lugar de su padre, pero no le importaba. Desvió su camino de regreso y pasó a una tienda para comprarle una barra de chocolate como agradecimiento. A tres casas de la suya, distinguió cómo una linda chica de ojos claros, salía de su propiedad, acomodándose el cabello que la suave briza despeinó. Se veía de la misma edad de su hermano, o eso deducía por sus curvas acentuadas. La menor de los Yato pasó junto a la desconocida sin cruzar ni una sola mirada, no era justo que otra chica (una que seguramente conocía hace un mes) fuera cercana a él, y ella, que era parte de su familia, fuera ignorada.
—¿Volviste? —preguntó, dirigiendo su mirada a la puerta—. Ah, eres tú —fue su cordial saludo.
La pelirroja casi se va de espalda, el muchacho estaba sin camiseta (no era inusual). Si hubiera llegado minutos antes, se encontraría con una horrible y traumática escena. Con asco miró las prendas del joven, que estaban cerca del sofá. Lo que Kagura desconocía era que la chica se había equivocado de dirección, Kamui simplemente le dijo cómo llegar al lugar que buscaba. Su camiseta estaba en el suelo porque se derramó un poco del chocolate caliente mientras veía televisión.
—¡ME DAS ASCO! —gritó, yendo a su cuarto, dejando al pelirrojo con una gran interrogante. Él, sin darle mayor importancia, tomó la taza que dejó sobre la mesita del living, y continúo viendo su programa.
Un par de horas más tarde llegó el jefe de hogar, compartieron una cena en familia charlando sobre su día. Finalizada la comida, el padre de los muchachos veía el noticiero sentado en ese sofá, Kagura lo observaba con asco, pasando la mirada del sillón a su hermano y viceversa.
La noche avanzaba poco a poco. La menor de los Yato tarde o temprano debía hablar con su hermano, y, si era posible, comprar su silencio. Antes de entrar al cuarto del muchacho, primero llamó a la puerta tratando de evitar cualquier tipo de situación incómoda.
—Kamui… —dijo, abriendo la puerta. Él estaba recostado sobre su cama con el celular en las manos.
—¿Qué quieres? —preguntó, con indiferencia.
—Gracias por lo de ayer, y por no decirle a papi.
—El viejo me ofreció un buen trato por ir a buscarte; no le dije para que me debieras un favor.
La chica se enfureció, erróneamente creyó que había sido como antes pero ¡NO! Era el mismo egoísta de siempre, el que solo pensaba en sí mismo.
Corrió a su cuarto y vació el contenido de su mochila sobre la cama con la única intención de devorar el chocolate que originalmente era para el "idiota sonriente". Entre los cuadernos, lápices y demás papeles vio la carta. La había olvidado por completo.
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Un nuevo día iniciaba, no era de extrañarse que Sachan y Kondo estuvieran en la entrada esperando a sus amores, la diferencia era que estaban en compañía de Yamazaki. Los stalkers más experimentados lo reclutaron por lástima, como Tama era amiga de Hijikata creían poder hacer algo al respecto. El domingo luego de que Kagura se fuera, algunos secretillos salieron a flote, y el más llamativo provino del fanático del bádminton.
Esperaban con ansias la llegada del vicepresidente para preguntarle ciertos detalles, fue muy extraño para ambos verlo llegar en compañía de Otae, Shinpachi y Kyubey. La chica con gafas pasó la mirada del cuarteto a Kondo, sabía que Tae era algo cuadrada en ciertos aspectos pero no la creía capaz de hacer que dos amigos se pelearan, si aquello la beneficiaba.
—¡Mayora! —rompió el silencio Sachan— ¿Qué hay de la fiesta?
—No tienes de que preocuparte, y no vuelvas a decirme Mayora —finalizó la frase con deje de fastidio.
—Más les vale que todo salga bien. Es mi oportunidad para que Ginpachi me abra su corazón.
—Querrás decir que te abra las piernas, ¿no? —los seis, dirigieron una mirada sombría al dueño de esa característica voz. Okita Sougo, el único que siempre iba directo al grano—. Yo te podría dar una buena experiencia con juegos sado-maso. —El sádico tenía cierto interés por Sarutobi, no solo por sus grandes pechos, sino más bien porque era masoquista.
—Pff, no me hagas reír, no sabrías qué hacer con una mujer como yo. Eres un bebé, comparado con él.
—¿Cómo estás tan segura que le gustan los juegos sado-maso? —preguntó, Kondo siguiendo la corriente.
—Pues me lo dijo —contestó triunfante, dejando con una gran incógnita a sus compañeros. Satisfecha, al ver sus expresiones, decidió que era tiempo de ir por una soda a la máquina expendedora.
La obsesión de Sachan por Sakata empezó hace un año y medio. En esa época no era su maestro titular, ni alguien que haya notado antes. Las cosas cambiaron radicalmente cuando la prima de Ayame fue de visita durante las vacaciones. Una noche en la que se quedaron solas, planearon ir a un club nocturno. Como eran menores de edad, falsificaron sus DNI, cambiándoles el último número a su fecha de nacimiento. Su plan funcionó, pasaron la noche en el club más popular de la ciudad, bebiendo y bailando. A las cinco de la mañana el local cerró sus puertas, y aun así no fue suficiente para ellas. Entraron a una pub que seguía abierto a esas horas, Sachan fue a la barra dejando sola a su prima, quien hablaba con un muchacho al que parecía conocer. La joven de cabellos lavandas, ordenó un suave y llamativo Sexo en la Playa. Cuando el barman le entregó su pedido, el borracho desaliñado a su costado derecho la miró sonriente, ojos de pez muerto y permanente natural plateada. Uno de los maestros de su secundaria. No recordaba muy bien cómo empezaron a hablar. Después intercambiaron algunos fetiches. Hubo un momento en que sus labios se rozaron, casi logra besarlo cuando él dijo: "te mantendría atada". Pero un guardia la sacó del local al percatarse que era menor de edad.
Luego de que Sachan consiguiera su gaseosa la campana tocó avisándoles sobre el inició de las clases. En la escalera se cruzó con Kagura, quien subía corriendo. La pelirroja clavó su mirada en el refresco enlatado, y sin pedir permiso, se lo quitó dándole un gran sorbo.
—Gracias, Sachan.
—No te ofrecí.
Entraron a su salón y tomaron asiento en sus lugares. Ginpachi, como siempre, con pereza, entró en la sala, dándoles la grata noticia de que la jornada de la tarde sería suspendida. El campeonato deportivo daría comienzo el miércoles por lo que usarían ese período para entrenar a los equipos. Nadie se quejó por salir temprano, al contrarió, era genial, y por otro lado bastante patético que la institución estuviera tan desesperada por ganar algún trofeo o medalla.
Llegada la hora del almuerzo, quienes no estaban en ni un club regresaron a sus casas.
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Sougo se fue en compañía de sus "sumisas", normalmente se iba con Kondo pero este era parte de uno de los equipos. Okita, al llegar a su casa, fue directo al refrigerador por algo de comer. Antes de que pudiera llevarse una bocanada de helado a la boca, escuchó el característico sonido de su móvil al recibir un mensaje.
"Iré en un par de días, termina todas tus tareas para que estemos juntos. Besos"
No pudo reprimir su gran sonrisa, hacía meses que no la veía, no dormiría esperando que llegara rápido el fin de semana. Estuvo gran parte de la tarde limpiando su habitación de cosas indecentes que no deseaba que ella viese, como: los collares, cadenas y otros objetos que dejaban al descubierto su lado sádico.
Cuando sus padres llegaron, salió corriendo de su cuarto para cenar y darles la gran noticia.
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En casa de los Hijikata las cosas no eran muy distintas, la cena había sido servida, y como de costumbre la princesa de la casa miraba con asco a su medio hermano quien devoraba una cantidad anormal de mayonesa. El padre de los chicos no podía aguantar más el secreto necesitaba contarles.
—Hoy me llamó Tamegoro —Toushi, levantó la mirada con interés al escuchar el nombre—, su esposa ya tiene cuatro meses de embarazo, no quería contarnos hasta saber el sexo del bebé y…
La mayoría de los miembros de la familia se alegraron por la noticia, excepto el menor. Toushirou sintió la "revelación" como un golpe en el estómago, era inmaduro de su parte, pero no quería compartir a su hermano mayor, fue el único quien realmente lo acogió cuando llegó al nido de víboras. A pesar de que se mudara de la casa, y se haya ido de la ciudad, hablaban por video-llamadas que duraban horas, cada sábado sin excepción. Pero con la llegada del bebé, tendría que olvidarse de esas largas charlas… sería una molestia para Tamegoro y la familia que estaba formando.
Con la mirada baja y en completo silencio, terminó su platillo. Lo único que deseaba era retirarse de la mesa.
—Toushi —le llamó su padre.
—No seas mal educado y quédate —le ordenó la chica, quien tan solo era un año y medio mayor.
—Tengo un examen mañana —mintió.
Fue a encerrarse a su cuarto y se recostó en su amplia cama mirando el techo. Se sentía de la misma forma que en año nuevo, cuando su querido hermano dio el notición, diciendo que se iría de la ciudad para empezar una nueva vida con su mujer, además le habían ofrecido un buen trabajo e incluso ya tenía una casa vista. Se reprochaba a si mismo ser egoísta, cualquiera estaría feliz con los logros de alguien a quien se estima, pero este no era el caso, lo que el joven entendía era que se estaba quedando solo una vez más.
Necesitaba dejar de pensar, así que tomó la cajetilla de cigarrillos que estaban en su mochila y fue a dar una vuelta por el barrio. Caminó hasta cierto parque, no entendía muy bien por qué fue justamente ahí. Miró los columpios, se sentó en el que estaba pintado de rojo y con la mano izquierda se sujetó de la cadena mientras que con la derecha sostenía su cigarrillo. Contempló el cielo oscuro y ausente de estrellas por culpa del clima nublado.
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El día siguiente no fue muy diferente, aunque todos los alumnos se vieron en la obligación de ir a clases —ya que la asistencia correría de todas formas—, Otae no tenía muchas ganas de quedarse, pero debía cumplir con su deber al ser parte del consejo de estudiantes. Luego de que un aburrido día terminara, fue al centro comercial en busca de alguna idea para su disfraz. Por lo que tenía entendido, Kagura sería caperucita roja, Sachan dudaba entre ir con vestido de novia o de campanita (según ella, vigilaba a su maestro para protegerlo) y su última opción era ir con su atrevido traje de masoquista.
Caminó por el centro comercial y se detuvo en una de las vitrinas de una tienda de zapatos. Estaba concentrada en unos con tacones negros, cuando tocaron su hombro, su corazón aceleró su ritmo al ver una sonrisa, gracias a él había aprendido a sonreír en momentos difíciles.
—Ha pasado tiempo —dijo el chico de ojos rojizos—. Me da gusto verte. ¿Cómo está Shinpachi?
—Obi —sonrió—. Él está bien. ¿Cómo va la universidad? —preguntó, cambiando el tema.
—Bien para ser mi primer año.
Una chica que salía de la tienda de calzado, sujetó el brazo del muchacho, reclamándole por haberla dejado sola. Él se disculpó de la mejor forma que pudo, aunque no sonaba del todo sincera gracias a su risa y uno que otro comentario jocoso.
—Es algo tarde, debo irme. Fue un gusto verte, deberías pasar un día por casa.
Un malestar la invadió, sonrió como de costumbre, escuchando cómo la chica seguía reclamándole cosas tontas mientras se alejaba. No tenía ganas de seguir con sus compras, no era sencillo ver a su gran primer amor con alguien más.
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Por fin había llegado el viernes. El evento deportivo culminaría con el juego de béisbol, siendo este su última esperanza: habían perdido cada juego "por culpa" de los deportistas de "élite", como se autodenominaban.
Kondo le insistió a Otae para que fuera a apoyar al equipo, ella sin muchas ganas aceptó, no tenía nada mejor que hacer en casa.
Los muchachos se sentían bastante presionados, tenían todo el peso sobre sus hombros y la oportunidad única de devolverle la mano a los Mimawarigumi. El juego dio inicio. Al principio estaban bastante parejos hasta que llegó el turno de Hijikata. Matsudaira tenía expectativas muy altas en su jugador estrella, esperaba que él pudiera darles la victoria, o al menos crearía una diferencia importante en el marcador; nada más alejado de la realidad: Toushirou perdió las primeras pelotas y fue ponchado en la segunda base.
—¡¿Qué demonios estás haciendo?! —gritó enojado su entrenador.
—¡Toushi! —lo llamó, Kondo.
Hijikata escuchaba cómo desde las gradas le pedían a gritos que se concentrara. Con la mirada buscó al Umpire e hizo la señal de tiempo, pidiendo un cambio de jugador. Se dirigió a la banca donde Matsudaira lo miraba sin entender qué le pasaba, no se atrevió a encararlo, solo se limitó a tomar el bolso con sus pertenencias antes de salir corriendo de la cancha.
Fue a su zona de confort dentro del edificio, la azotea. Cerró la puerta y apegó su espalda a la pared, deslizándose lentamente hasta quedar sentado. Aún allí podía escuchar los gritos de quienes veían el juego. Encendió el último cigarro de la cajetilla, observándolo entre sus dedos, sin sentirse dignó de merecerlo…
No solo recodaba lo dicho por su padre durante la cena, también lo que Sougo comentó a viva voz durante el almuerzo hace un par días, Mitsuba parecía tener novio.
Una ola de rabia, frustración y vergüenza lo invadió. No tenía derecho a quejarse, fue él quien tomó la decisión de alejarla, siendo la única forma de no ser el bache en su camino. Con la misma madurez que tuvo hace dos años, tendría que aceptar que Tamegoro antes de ser su hermano era un hombre de familia, y por último aceptar la culpa por perder el juego. Irónicamente, siendo el mejor elemento del grupo, fue quien les dio la desventaja.
La puerta se abrió, lo único que pudo hacer fue sujetar la visera de su gorra para ocultar sus cristalizados ojos.
—Hijikata…
—¿Qué quieres? ¿Qué haces aquí en primer lugar? —dijo con hostilidad, la única manera que tenía de protegerse.
—Buscaba a Kagura.
—No está aquí, como puedes ver —contestó con un deje de sarcasmo.
Otae sabía muy bien lo orgulloso que era Hijikata, y lo dolido que seguramente estaba porque todos confiaban en él para ganar.
—No tienes que cargar con todo el peso tú solo.
—Gracias, supongo. Pero no soy un pobre diablo que necesita consuelo y menos de ti.
La chica suspiro.
El joven esperaba que con responderle de esa forma lo dejaría en paz, ya que tenían un carácter parecido. Como siempre ella tenía esa fascinación única por llevarle la contra, por esa razón tomó asiento a su lado, ignorando sus palabras
—Me voy a quedar, estoy algo cansada, no eres el único que viene a pasar tiempo aquí. —Tae hizo una pausa para observar el cielo por unos momentos—. No te conozco mucho, pero estos últimos días has estado distante con todos, incluso las bromas de Okita no te irritan como de costumbre, y nunca dejarías un partido luego de matarte entrenando. ¿Qué pasa? —No respondió, le asqueaba la idea de mostrarse tan patético—. ¡Hijikata! —insistió la chica.
—No he tenido días muy buenos esta semana… —confesó, ahorrándose una gama de detalles por culpa de un nudo en la garganta.
—¡LA VICTORIA SERÁ DE LA SECUNDARIA MIMAWARIGUMI SI GINTAMA NO SE REPONE!
Se escuchó con toda claridad por el altoparlante. Hijikata se llevó una mano al puente de la nariz y aprovechó de limpiar los rastros de su debilidad, detalle que no pasó desapercibido por la perspicaz Otae. No le gustó ver ese lado frágil y mucho menos estar en primera fila viendo cómo se desmoronaba. Estaba segura que el partido no era el catalizador, sino más bien el resultado de algo más profundo. Últimamente estaba bastante presionado, sobre todo con el tema del aniversario, además recordaba que hubo una ocasión en la que, luego de una fuerte discusión con el vicepresidente, Kondo le comentó que Toushi no tenía una relación familiar muy buena, y que por favor lo disculpara.
Sin pensarlo dos veces lo rodeó con sus brazos, el cuerpo del joven se tensó al sentirla tan cerca, pero lentamente fue relajándose. Correspondió el gesto envolviendo su cintura con el brazo izquierdo, escondió su rostro en el espacio que había entre el cuello y el hombro de la muchacha. Esa cercanía le permitió oler su perfume, incluso sentir su armoniosa respiración. Esa sensación extrañamente reconfortante y cómoda, le hacía pensar en la chica que tanto quería.
El joven fue quien cortó el contacto, reincorporándose rápidamente.
—No le digas esto nadie, p-por favor —titubeó aún cubriendo sus ojos con la gorra.
—No te preocupes por eso. —Sonrió—. ¿Quieres ir al centro comercial? Aún nos falta ver qué tipo de iluminación vamos a usar y el partido se ve aburrido.
Hijikata y Shimura no eran amigos, ni tampoco muy cercanos, pero agradecía que ella estuviera ahí para ayudarlo a levantarse.
Juntos fueron al centro comercial, hablaban trivialidades cuando pasaron por fuera de la misma tienda de zapatos en la que Tae se detuvo hace unos días. Hubo un momento en el que ella dijo algo que lo hizo enojar, la reacción típica del chico fue quedarse parado discutiendo, la joven por su parte siguió caminando de frente, riéndose descaradamente de él.
No ajenos a la situación, un par de ojos carmín observaba la escena. Hijikata era mucho más alto desde la última vez que se vieron, y más extrovertido. Ese último detalle le gustaba y al mismo tiempo la entristecía. Ver a la pareja le hizo más fácil entender el porqué del rechazo, él necesitaba a alguien fuerte que caminara a su lado y la muchacha de cabellos chocolates parecía ser perfecta para ello. Si se comparaban, Mitsuba se veía a sí misma como una chica frágil e inútil, fue ingenua al querer para ella sola a Hijikata Toushirou, a pesar de conocer sus heridas y cicatrices.
El destino parecía ser cruel, no hablaban ni se veían hace dos años. Dos años en los que rechazó a chicos de buenos sentimientos, anteponiendo recuerdos que luego de la "charla" ya no tenían sentido. Iban dos años en los que cada vez que regresaba a su ciudad natal buscaba algún encuentro forzado. Deseaba encontrarlo de frente, preguntarle cómo estaría, tratando de mantener la ridícula esperanza de que las cosas volvieran a ser como antes. Creía haber superado el pasado, pero no, aún no estaba preparada para verlo en los brazos de otra chica, una que sí pudiera cuidarlo y quererlo como era debido. Aunque doliera, por fin encontró una razón para dar vuelta la página, porque él ya lo había hecho.
La muchacha entró a una tienda, evitando seguir torturándose con la imagen de la pareja.
Hijikata detuvo su andar al sentir que lo observaban, se volteó buscando con la mirada a quienquiera que le pareciera familiar.
—¿Pasa algo? —preguntó, Tae al percatarse que él se quedaba atrás.
—No —contestó, retomando el camino aunque una sensación extraña no lo dejaba en paz.
Umpire: Persona encargada en arbitrar un juego de Béisbol
[EDITADO]
