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Agridulce.

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Capítulo VI: Todos. Segunda parte.

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Hijikata acompañó a Tae de regreso a su casa tras salir del centro comercial, no la dejaría volver sola siendo que ya estaba oscuro a esas horas. Encendió el cigarrillo de la victoria con una relajada sonrisa, pues la chica no le permitió tocar ni uno solo durante el tiempo que pasaron juntos. Antes de volver a su domicilio, decidió pasar por el parque, la tienda que estaba en frente era el único lugar donde le vendían tabaco sin importar que vistiera su uniforme escolar.

No entendía muy bien por qué tenía una sensación extraña, quizás, un mal augurio. Su cuerpo quería avisarle de algún peligro o que algo no andaba bien, cediendo a sus pensamientos detuvo su andar y por unos segundos miró el cigarro entre sus dedos.

—Tonterías —dijo para sí mismo, retomando la caminata.

Guardo la cajetilla de "Mayoboro" en el bolsillo superior de su camisa, mientras esperaba su cambio. El dueño del local era viejo y se tomaba su tiempo para sacar cuentas. De un momento a otro sintió cómo su corazón pareció detenerse para luego acelerar su ritmo. Si hubiera tardado más en su caminata con Shimura, si no le hubiera dado tantas vueltas al asunto de las luces o inclusive, si hubiera llegado a terminar el juego pudo evitar cruzarse en su camino una vez más.

Sin la necesidad de ver su rostro pudo reconocer su voz, siempre tan alegre, no dudaba que sonriera en ese preciso momento. Pasó por fuera del pequeño local hablando por su celular.

"Estoy de camino a mi casa, juntémonos mañana. Hoy estoy algo cansada, lo siento."

—Viejo, rápido —lo apresuró, cuando el anciano le daba el último vistazo a las monedas que le entregaría.

Hijikata salió de la tienda, intentando engañarse así mismo diciéndose que debía regresar a tiempo para cenar, no pudo evitar ver de reojo el camino opuesto al suyo. Cabello corto y castaño claro, la última vez que se vieron lo llevaba recogido en una cola de caballo. Dejó escapar un suspiro, y entró nuevamente a la tienda por una refrescante gaseosa.

Mitsuba se dio media vuelta al sentir una extraña corazonada, pero no había nadie en esa calle desierta, sin más, continuó su camino, ansiosa por llegar a casa, sus ojos no podían seguir aguantando las lágrimas.

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El fin de semana acabó, y cierta visita también se marchó. Sougo, con pereza, apagó su alarma, había un par de cosas que no le agradaban y jamás lo harían, esas eran: Lunes, madrugar y Hijikata.

La corta estadía de su hermana, le dio la energía suficiente para querer asesinar a ese "miserable" con muchas más ganas de lo habitual. Fue una increíble motivación escuchar a hurtadillas la conversación de Mitsuba con una de sus amigas, donde le contaba que lo había visto con alguien más, ese "alguien" encajaba perfectamente con la descripción de la hermana de las gafas parlantes. Imperdonable, más aún si llegaba a dañar a Kondo.

Con una tranquilidad que le daría escalofríos a cualquiera que lo conociera, entró a su salón, lo buscó con la mirada inútilmente pues aún no llegaba. Resignado, tomó asiento. Esta vez no haría algo tan simple como reemplazar su mayonesa o mojarle los pantalones, el bastardo debía pagar con sangre. Una sonrisa se dibujó en su rostro pero la molesta voz de la China le hizo perder toda concentración.

—Sádico, quítate de mí puesto. —Kagura tenía el preferencial sitio junto a Hijikata, pero separados por un angosto pasillo.

—China, tan amable como siempre. Si fueras educada dejaría que te arrodilles a mi lado, como una mascota obediente.

—¡Ni en tus sueños, enfermo de mierda!

Nunca lo admitirían, pero pelear, más que un ritual era como una especie de terapia, ambos tenían emociones reprimidas que no sabían expresar del todo, y la ira parecía ir bien con ellos por el momento. Ese día era un poco distinto, ya que si nadie los detenía seguramente se dañarían de verdad. Los polos apuesto se atraen, los iguales se repelen entonces, ¿qué los representaba a ellos?

Quienes observaban la ridícula y peligrosa riña apostaban por su favorito, y unas gafas intentaban detenerlos con su molesta voz.

El libro de texto de historia estaba en la mano izquierda de Kagura, se disponía a usarlo para dar su golpe de gracia, pero el hábil muchacho detuvo su muñeca. Durante el forcejo, el libro voló por los aires. Al pertenecer a cierto Sádico, daba la impresión de que tenía alguna especie de magnetismo, pues aterrizó con suma precisión sobre el rostro de Hijikata, quien recién entraba al aula. Su nariz automáticamente comenzó a sangrar, él gritó un par de insultos antes de salir corriendo al baño más cercano.

No era la primera vez que Okita Sougo le daría un punto a la fastidiosa China por dañar a Hijikata "sin querer". La primera fue cuando le derramó el vaso de tequila en la cabeza. Sonrió tras recordar la ocasión.

—China, buen trabajo. Te ganaste una galleta, ahora dame la pata.

—¡Bastardo! —En un arranque de ira desenfrenado, agarró una silla con la esperanza de hacerlo callar, no esperaba que un tercero se implicara.

—¿Qué crees que haces, niña? —Ginpachi, frenó su ataque sosteniendo la silla—. ¡A dirección!

—¡Él empezó! —se defendió, con el mejor argumento que pudo entregarle su cerebro.

—Sí, pero Souichiro no trató de pegarte con silla, ¿me equivoco? —dijo, con cansancio y su dudosa paleta entre los labios.

—Es Sougo —intentó corregirlo, como lo hacía desde que inició el año escolar (en ocasiones creía que lo hacía a propósito).

—Como sea, no me importa, pero si la nariz de Mayora se rompe, no irán a la fiesta.

La expresión en el rostro de la pareja anunciaba con terror que ese punto les dolía a ambos.

Sin dirigirse la palabra ni la mirada, obedientes, siguieron al pie de la letra las órdenes de su profesor, no iban a perderse la primera fiesta de la escuela por algo tan tonto.

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En el primer piso, las mejillas de Kagura se encendieron al ver Hongou Hisashi, el chico que le había dado la carta la semana pasada. La mirada carmín de cierto sádico se posó en el extraño, se veía tan insignificante como una cucaracha o la misma China, tal vez, por eso le atraía la tabla.

El muchacho, al cruzar una mirada con la chica, le dedicó una tímida sonrisa, a la que ella respondió con una especie de gesto o movimiento de mano (no estaba del todo claro para Okita). Sin perder más tiempo, ella corrió a dirección, como si fuera una masoquista que deseaba ser castigada. Okita vio una oportunidad perfecta para burlarse de ella, el problema era que estaba obligado a posponerlo hasta la fiesta o se perdería el evento del siglo, aunque no sonaba tan mal esperar para hacer una divertida jugada.

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Durante el almuerzo, los miembros del comité se reunieron para almorzar juntos y los mismos extras de cuando fueron a la casa de los Shimura junto con Kyubey; Sougo y Kagura estaban sentados a una distancia prudente el uno del otro, sus amigos estaban al tanto de lo que pasaría si discutían de nuevo, prácticamente los estaban vigilando para que no lo arruinaran.

Sachan, al ser una experimentada acosadora por los últimos dos años, podía darse cuenta de muchas cosas con solo mirar a su alrededor. En los escasos quince minutos que llevaban reunidos habían "detalles que destacar": El Gorila al fin estaba tomando su papel de presidente, claro, que los papeles que leía se los dio Mayora, él era el segundo punto en su lista. Actuaba de forma muy reservada, más distante de lo habitual, incluso con su círculo más cercano. Por otro lado, Otae lo observaba de forma discreta, intentando descifrarlo o simplemente sabía algo que los demás no.

Yamazaki regresaba de la cafetería tras comprar anpan, ya que su almuerzo terminó rodando por la escalera en lugar de Hijikata, la cual empezó como una broma de Okita para Toushirou. Finalmente el único afectado fue el fanático del bádminton; con pesadez se dejó caer sobre el césped, quitándole el empaque a su comida.

—Disculpen —un extra había llegado. Yamazaki estaba ocupado luchando aún contra el envoltorio que se negaba a ceder.

—Hola, Tama, ¿qué pasa? —preguntó Otae.

—Olvido su cambio —dirigió su mirada al más reciente stalker del grupo, detalle que por supuesta ella desconocía.

El joven estaba tan nervioso que no podía articular palabras coherentes, cuando las miradas extrañadas de sus compañeros ya estaban encima de él, logró un avance al tartamudear un "gracias".

La muchacha le entregó el dinero, yéndose enseguida para no quitarles más tiempo.

—No sería raro que pensara que eres "especial" y no en el buen sentido —rompió el silencio el Sádico del grupo.

—Sougo no seas tan cruel. Que tú con las chicas y la China seas más directo, no quiere decir que todos sean así.

—Kondo, a ti no te ha servido muy bien ser directo, además me ofende que insinúes que me puede interesar ese tablón sin modales —respondió con monotonía.

—¿Quieres que te mate, cara de niña? —gritó la pelirroja desde su lugar, dejando a un lado su almuerzo.

—¡Gorila, no los provoques! —gritó, esta vez Tae.

—Otae, tú eres la más escandalosa, supongo que las indirectas también te llegaron —agregó cierta acosadora.

—¡Discúlpate con Tae! —exigió Kyubey.

—¡¿Pueden calmarse?! —gritó, histérico, el chico de gafas, mientras intentaba separar a su hermana de Sachan, por suerte contaba con algo de la ayuda de Yamazaki.

Hijikata, con un gesto indiferente hacia sus compañeros y amigos, se retiró en silencio, no tenía ganas de discutir.

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Llegado el día más esperado, viernes, hubo clases solo en la mañana y el evento principal daría inicio a las 22:00 h. Nadie entendía cómo se las había arreglado Hijikata para que le permitieran utilizar ese horario. Los preparativos estaban listos, la música inundaba todo el edificio, las luces de distintos colores mareaban con los constantes parpadeos. En pocas palabras, era una buena fiesta y muy bien organizada, los integrantes del comité se reunieron una vez más para dar por terminada las últimas tareas y por fin empezar a disfrutar.

—Hijikata, todo está bien. ¿Podrías calmarte un momento? —pidió Otae.

Los demás miembros del comité estaban cansados de que el vicepresidente no se aburriera de buscar posibles fallos.

—Lo siento. Todo está listo, disfruten la fiesta.

Sin decir más, se dio media vuelta, Sougo fue el primero en desaparecer, tenía "asuntos pendientes". Kondo estaba preocupado por su amigo, quien actuaba de forma extraña desde hace unos días.

—Toushi.

—Te alcanzo luego —dijo, cerrando la bodega donde guardaban los objetos para la clase de deporte.

—Has hecho de todo, relájate, vamos por una gaseosa o comida —insistió el presidente, sujetándolo del brazo. Error, Hijikata se puso a la defensiva—. Toushi, ¿qué demonios te pasa? Si es por lo que dijo Sougo no le hagas caso.

—¡Dame un maldito respiro! —gritó, sin pensar—. Lo siento. —Avergonzado, miró a sus compañeros que lo observaban con horror.

—Gorila, deberías dejarlo en paz. Sachan te estaba buscando, además, Hijikata dijo que los alcanzaría —intervino la secretaria, en su mejor intento de relajar el ambiente.

—Kondo, lo siento… —se disculpó nuevamente sin mirarlo.

—Te traeré un gaseosa —dijo preocupado, imaginando a qué se debía su mal humor, sin saber lo equivocado que estaba.

Toushirou, con algo de envidia, observó cómo su amigo se alejaba, también quería poder escapar de sí mismo, porque últimamente ni él mismo lograba soportarse. Kyubey también se retiró al recibir una seña de Otae.

El muchacho, quien llevaba un disfraz de policía, abrió nuevamente la bodega, pensaba que echándose sobre alguna colchoneta o pateando algún balón, se sentiría mejor.

Se recostó sobre la pila de colchonetas, cerró los ojos y escuchó la puerta abrirse nuevamente.

—¿Qué pasa? Esta fiesta no existiría si no fuera por ti.

Con fastidio, se levantó, había olvidado cierto detalle, Tae no se había ido.

—Pásatelo bien entonces, solo estoy cansado, después los veo a todos.

—Solo estás preocupando a Kondo portándote así. Si no puedes contárselo a él, confía en mí, quizás pueda ayudarte.

—Ya me disculpé por lo del viernes pasado, fue algo que no debió pasar. Tú y yo no somos amigos solo conocidos.

—¿Te sientes culpable por eso? —preguntó, indignada, pensaba que se llevarían mejor después del incidente en el juego, pero fue todo lo contrario. Las palabras que cruzaron durante la semana se limitaron a monosílabos como "sí" y "no".

—Es mi mejor amigo y no quiero perderlo por algún mal entendido, por eso no deberías estar aquí, si la puerta está cerrada.

La chica suspiró con una imperceptible sonrisa.

—Si eso es lo que te preocupa, estás absorto de toda culpa, además tampoco me molestaría que me lo quites de encima por esta noche.

—¿Qué más necesitas para hacerle caso? Vino vestido con un traje de gorila porque lo mencionaste. ¿Qué tanto más quieres humillarlo?

—Hasta que actúe como una persona normal.

Se miraron y no hubo necesidad de decir más palabras.

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Sougo estaba disfrazado de vaquero. Ni por asomo hubiera escogido ese vestuario, al contrario, planeaba rendirle tributo a "La naranja mecánica" e ir vestido como Drugo Alex, eso fue hasta que su hermana le propuso ir como un "adorable" vaquero, el hecho de que ella lo acompañara a buscar un disfraz no le dejo más opción. Jamás se atrevería a contradecirla o negarse a ni una sola petición de Mitsuba, él veía a su hermana como una especie de mujer perfecta y virtuosa, digna de las alabanzas por parte de cada ser humano en la faz de la tierra. ¿Exageraba? Un poco. La quería bastante, puede que hasta un poco más de lo normal, en ese punto también nacía algo de inseguridad, temía que si ella se enteraba de su lado sadista podría dejar de quererlo.

Okita se alejó del bullicio cuando su móvil le avisaba de una llamada, era de parte de su madre aunque no alcanzó a contestar. No solía llamarlo a menos que pasara algo. Tenía dos opciones de momento, se enteró de sus malas calificaciones o, como no estaba en casa, sus padres quisieron ponerse cariñosos y descubrieron que faltaba una botella de tequila.

Como siempre, ignorando a todo ser humano en la faz de la tierra, se abrió paso a la mesa donde estaban las bebidas. Ahí vio a la China, siempre vistiendo rojo, había un lobo cerca o mejor dicho un perrito poodle, en ese caso tendría que tomar el papel de cazador.

—Kagura, ¿ya tienes una respuesta? —preguntó el muchacho con un suave rubor en las mejillas.

Antes de que la joven abriera la boca, Sougo le arrebató de las manos el vaso a un chico que estaba ahí y, con suma precisión, lo depositó sobre la cabellera rojiza de ella; fue sencillo, la sobrepasaba en altura. En segundos logró su objetivo principal.

—Oh, China, ¿qué haces ahí debajo? Te confundí con la mesa.

Ni se molestó en responder, estaba empapada con una mezcla de gaseosa y leche de fresa, ninguno pensó en la clase de subnormal que podría beber ese "batido", al contrario, Sougo lo agradecía. Kagura, enfadada porque la avergonzó en un momento crucial, se limitó a darle un fuerte puñetazo en la mejilla izquierda. Okita esperaba primero un par de insultos por lo que no tuvo tiempo de defenderse.

Inexpresivo, trató de seguirle el juego, pero ella salió corriendo, previó que se había ido a limpiarse al baño más cercano.

—No se fijará en ti, no eres interesante —sentenció.

—Déjala tranquila. —El muchacho tuvo el suficiente valor para enfrentarse a esa mirada carmín, llena de desprecio.

Lo más inteligente que hizo fue retirarse, no era bueno peleando y tampoco se enfrentaría al Sádico de la institución. No quería aceptarlo pero Sougo tenía razón, aunque de todas formas lo iba intentar.

Con satisfacción, sonrió como villano de película, aunque desapareció enseguida cuando un furioso "permanentado" lo jaló por el cuello de la camisa, pensó que quizás no debió tomar ese vaso.

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Kondo regresó a la bodega con la gaseosa para Hijikata, pero él ya no estaba ahí, marcó su número en el móvil un par de veces aunque fue inútil, ya que lo tenía apagado. Con lo estresado que estuvo Toushirou, durante los últimos días, evitaría los lugares que frecuentaba. Entonces, dándole el espacio que necesitaba, decidió ir en busca de Sachan, se suponía que sería el día en que Ginpachi la notara.

No tuvo que esforzarse demasiado, la acosadora atraía bastantes miradas por vestir un atrevido traje negro de látex.

—Oye, ¿no crees que exageraste? —preguntó, sorprendido.

—Gorila, ¿por qué no trajiste disfraz?

—No seas estúpida, empecemos. Creo que vi al "permanentado" en la mesa de bebidas.

Caminaron por un largo rato sin dar con su paradero, era como si hubiera desaparecido de la faz de la tierra. Fueron a la biblioteca para tocar algunos puntos de cómo alejarlo de la multitud, encontrándose con una inesperada sorpresa, él estaba ahí con Tsukuyo. No les parecía que estaban en plan "románticos" pero se podía sentir algo en el aire, ella le estaba colocando una bandita adhesiva en el puente de la nariz. Los ojos de pez muerto de Sakata siempre daban la impresión de restarle importancia a todo, pero los amatistas de la rubia expresaban más de lo que ella jamás admitiría.

—Profesor —llamó Kondo—, lo necesitan en la entrada.

—Bien —respondió, desganado—. ¿Qué hacen aquí? Espero que no hayan pensado en algo sucio. Salgan, tengo que dejar cerrado.

Los maestros fueron donde eran "requeridos", dejando a sus alumnos atrás.

—Gracias, Gorila —la voz baja de Sachan era una muy mala señal, las cosas estaban demasiado claras.

—Son cerca de las once de la noche, Zaki, nos espera en la azotea con los demás.

Una vez más el grupo se reunió, había algunas miradas avergonzadas y otras enojadas. Eso no fue un impedimento para disfrutar la vista, hablar y compartir un par de cervezas que el ingenioso Yamazaki metió a escondidas.


Hola. Un regalito para Catanoe n.n

El chico de la carta es el mismo de los ejercicios del radio, es el único que a hecho sonrojar a Kagura en toda la serie… ¡vamos a darle algo de protagonismo!, nótese que tiene un parecido con Sougo pero su personalidad es todo lo contrario XD

En Fin espero que les gustara el capítulo y no se olviden de comentar.

[EDITADO]