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Agridulce
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Capítulo VII: Todos Tercera Parte.
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Luego de que la fiesta de la institución acabara, el grupo fue a casa de Kondo por un poco más de diversión. Yamazaki obtuvo la peor parte al verse obligado a encargarse de un borracho vicepresidente, Hijikata no mencionó en ningún momento que su primera y última comida fue su desayuno, razón por la cual se quedó dormido sentado en el suelo de la azotea. Sagaru y Sachan lo sacaron a escondidas, mientras que los demás miembros del comité daban la despedida con sus maestros tras finalizada la actividad.
Pasadas las cuatro de la mañana, regresó a su casa, evitando hacer cualquier tipo de ruido para no despertar a su madre. Pasó el tiempo en el sofá, se sentía algo mareado y las escaleras en ese momento se veían eternas.
Despertó por culpa de los ladridos de un perro, estiró sus brazos (estaban bastantes doloridos por culpa de Hijikata) y se incorporó algo entumecido, pues el sofá no era el lugar más cómodo para dormir.
Sacó su celular del bolsillo de sus jeans —en la pantalla la hora indicaba las doce y cinco minutos— y bostezó, era extraño que a esas horas estuviese tan silencioso, se suponía que su madre tendría el fin de semana libre.
Aventurándose por algo de comer, fue a la cocina, su estómago rugía por un sándwich. Alzó una ceja al ver una nota pegada en la puerta del refrigerador, no se animó a quitarla mientras la leía.
"Zaki, cielo. Conocí a alguien divertido, vuelvo para el lunes. Dejé dinero bajo tu almohada. Besos. Te quiere, mami."
—Tiene suerte de que no me haya convertido en un delincuente —dijo, arrugando el papel para luego echarlo al basurero.
Resignado, fue a su cuarto, tendría que ir a la tienda por algunas provisiones para los próximos días, conformarse con sopas instantáneas y comida de microondas.
Las compras fueron rápidas. Iba de camino a su domicilio cuando se encontró con Katsura, quien repartía volantes de un restaurante de comida.
—¿Desde cuándo trabajas? —preguntó algo sorprendido, creyendo que podía ser la razón por la que no quiso acompañarlos luego de que terminara la fiesta.
—No estoy trabajando, ayudo a una amiga —respondió, ofreciéndole una hoja con la publicidad.
—He comido ahí, pero la dueña es algo mayor para ser tu amiga.
—Cuando crezcas lo entenderás. —Asintió con los ojos cerrados.
—Tenemos la misma edad… ¡¿Qué quieres decir?! —gritó, exaltado.
—Prometí repartirlos pero tengo ganas de ir al baño. ¿Puedes entregarlos mientras no estoy?
El ingenuo Yamazaki aceptó, no le molestaba ayudar alguien en apuros. Lo que no sabía era que Katsura no planeaba regresar, iba a pasar algo de tiempo extra como ayudante en el restaurante, era hora de que empezara su jugada.
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Pasaba ya de la una de la tarde cuando Sougo recordó a sus histéricos padres. Definitivamente ya era tiempo de regresar a su hogar. Pasó la noche en casa de su mejor amigo con el resto de los muchachos, imaginaba que lo regañarían por perder el móvil, aunque de todas formas quería uno nuevo así que no le dio mayor importancia. Se le hacía más divertido pensar en que su padre lo estaría esperando hecho una furia, amaba hacer enojar a ese hombre, esa era una sádica forma de mostrarle su amor.
Como esperaba, él fue quien lo recibió, lo tomó con rabia del brazo, arrastrándolo hasta el living, y de un empujón lo sentó en el sillón de cuero negro.
—¿Por qué tanta violencia? —preguntó, haciéndose la víctima.
Para el menor de los Okita era un cuadro bastante común, desde que tenía memoria su padre siempre lo regañaba por nimiedades, como: "tiraste mi celular a la piscina, dibujaste bigotes en mis fotos, usaste mi camisa para limpiar las ventanas", entre otras tonterías "sin importancia".
—¡No sabes por lo que pasó tu madre anoche! Un tipo drogado contestó tu celular, diciendo que no te veríamos de nuevo y no sé qué otras estupideces.
—¡Sougo! —Se unió la mujer dándole un abrazo. Había visto muchas series policiacas donde los adolescentes morían luego de una fiesta, no fue extraño que sacara las peores conclusiones—. ¿Dónde demonios estabas? —Se levantó del sofá parándose junto a su esposo.
—En casa de Kondo.
—En casa de Kondo… —El jefe de hogar sonrió de forma sarcástica, masajeó el puente de su nariz, buscando algo de calma, pero la mirada aburrida de su muchacho lo sacaba de quicios—. ¡Vimos tus notas, vas a repetir el año! Si eso llega a pasar te vas a la escuela militar.
—Bien, subiré las notas. ¿Quieres por favor no gritar tanto?, me duele la cabeza.
El hombre tuvo un ligero tic en el ojo derecho, mientras que una vena comenzaba a marcarse en su frente, estaba bastante enojado. El menor de sus hijos, desde que tenía seis años, parecía estar empeñado en molestarlo.
—Estás por cumplir quince, ¡QUINCE MALDITOS AÑOS! y esta es la segunda vez que te emborrachas.
—Hijikata y Kondo te trajeron la vez pasada, ¡traías el pantalón lleno de vomito! No me está gustando que te juntes con esos chicos, son mayores que tú —agregó, su madre, conteniéndose para no bofetearlo.
—Por casi dos años, tienen la edad de Mitsuba —se defendió, frunciendo los labios.
—¡Por lo mismo! Son unos idiotas, solo por eso se atrasarían, y tú vas por el mismo camino. No volverás a salir con ese par, ¡y estás castigado, por si no te enteraste!
—Bien —contestó, inexpresivo.
—¡Al menos finge que te importa! —gritó, exasperado—. No entiendo cómo mi hermosa princesa salió tan bien, ganó una beca para una prestigiosa escuela, tiene notas impecables, conducta perfecta… y tú… tú te defecas sobre las reglas.
El Sádico deseaba de todo corazón haber tenido una cámara para grabar la escena, no pudo suprimir una sonrisa. Su padre era empleado público en una agencia de viajes, por lo que siempre debía ser correcto y evitar todo tipo de insultos (sin importar qué tan molestos sean los clientes), por lo que se le dificultaba bastante soltar uno que otro garabato.
—¡Sougo! —lo regañó su madre.
—Ya, ya, tranquilos, voy a pasar de curso.
El joven, sin más que decir, se levantó, pasó junto a padre, y fue a su cuarto a tomar una reparadora siesta.
El matrimonio observó cómo su hijo subía las escaleras. Indignados, cruzaron una mirada.
—Tienes que dejar de compararlo con Mitsuba, entiende que él es… diferente.
—¿Diferente? ¿Así quieres pasar por alto su flojera? Mitsuba entró a una escuela con una exigencia tres veces superior a las normales, nos rogó para que la dejáramos asistir ahí, sin importar que tuviera que irse de la ciudad, ella sí piensa en su futuro. Tú eres la que no ve la diferencia, ese mocoso malcriado lo que necesita es disciplina.
—A mí me parece que quiere llamar tu atención —finalizó, antes de salir de la casa.
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Kagura había regresado a su casa en compañía de Shinpachi la noche anterior, la chica no quería pasar tiempo extra cerca de Sougo, mucho menos luego de que la avergonzara frente al único chico amable que había mostrado interés romántico en ella.
Eran cerca de las dos de la tarde, y la pelirroja se encontraba sola en su hogar, preparando el almuerzo. No era extraño, siempre había sido de ese modo, su padre trabajaba como guardia de seguridad, por lo que no estaba en casa muy seguido. La menor de los Yato sabía que su "papi" se esforzaba mucho por ella y su hermano, lo mínimo que podía hacer era tenerle una buena comida para cuando llegara del trabajo, no importaba si terminaba siendo un clásico y simple arroz con huevo.
Abrió la llave, sirviéndose un vaso de agua, cuando escuchó la puerta abrirse.
—¡Kagura!
Pestañeó perpleja un par de veces, eso era demasiado inusual. Kamui nunca la llamaba por su nombre. Antes de acudir al llamado apagó el gas, la comida estaba lista.
—Oye, idiota, no seas tan escandaloso —guardó silencio al ver la camiseta de su hermano rasgada, y usando parte de la tela como vendaje improvisado.
El joven, con su mano izquierda, ejercía presión sobre su brazo derecho deteniendo levemente la hemorragia.
—Me debes dos favores, me cobró el primero —sonrió—. Dame treinta billetes y si no tienes, consíguetelos antes que me desangre.
—K-Kamui, ¿qué paso? —preguntó, horrorizada.
El muchacho caminaba en dirección al baño, estaba seguro de que en el botiquín de primeros auxilios había vendas limpias. Kagura, por su parte, lo seguía de cerca.
—No hagas preguntas tontas, si abres la boca le diré al viejo todo lo que sé, de mí no se decepcionará, pero si se trata de ti las cosas son diferentes.
La pelirroja sintió lastima por él, eran hermanos, no necesitaba que la chantajeara para que lo ayudara de forma altruista, después de todo lo quería, aunque el sentimiento no fuera recíproco.
Sin perder tiempo, corrió a su habitación en busca de sus ahorros, no eran muchos, la única forma de completar el dinero para la cuenta del hospital sería tomando prestado el fondo de emergencias que su padre les dejaba, aunque claro, exigía una boleta a cambio. No podía permitir eso ya que descubriría un brazo apuñalado, por otra parte, sabía que su viejo escondía dinero en el armario de su habitación, dentro de una vieja caja metálica de bombones.
Regresó al baño, donde el muchacho mordía su labio inferior mientras presionaba la herida.
—¿Vas a decirme que pasó? —preguntó una vez más, guardando el dinero en el bolsillo izquierdo del pantalón del joven.
—Te he dicho que no te metas en mis asuntos, cucaracha.
Sin más palabras, terminó de vendar su brazo, se cambió la camiseta y salió del baño dispuesto a irse. No era una herida profunda, pero sí necesitaba algunas puntadas y antisépticos.
Kagura por primera vez en mucho tiempo sintió un profundo rencor hacia él, unas cuantas lágrimas de frustración se deslizaron sobre sus mejillas. Cada día se portaba más distante, y no dudaba que cuando terminara la preparatoria se alejaría completamente de su vida. El tiempo que estarían bajo el mismo techo estaba llegando a su límite, al terminó del semestre solo quedaría un año.
Un par de sollozos fueron suficientes para que todo lo que tenía en la cabeza saliera. Hisashi, "el-bastardo-sádico-cara-de-niña", subir sus notas, además de no saber cómo reponer el dinero que tomó prestado.
De momento su principal problema era que estaba a un mes y medio para la graduación, y no podía subir sus notas sin ayuda, necesitaba apoyo, pero sus amigos no eran precisamente genios. Shinpachi debía ser el único chico con lentes que rompía el estereotipo de "los chicos con gafas son listos", pues iba igual o peor que ella con las materias.
—El mayo freak… —dijo, recordando al tutor de la clase.
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Para Kondo la fiesta fue todo lo que esperaba, excepto por el hecho de que a Sachan no le fue muy bien. Cuando llegaron juntos a la azotea le ofreció una lata de cerveza, dejando en segundo plano su objetivo principal: Otae. Primero debía animar un poco a la acosadora antes de hacer cualquier otro movimiento, además, no soportaba ver triste a las personas que lo rodeaban. Ahí fue cuando las cosas mejoraron, Hijikata, que ya estaba algo borracho, se les acercó, técnicamente cayéndole encima diciendo cosas que no se lograban entender, pero de alguna forma parecía que intentaba disculparse, o lo contrario a ello, como si le exigiera que se disculpara con él.
El presidente no se había dado cuenta de la forma extraña en que Sachan los miró, más aún cuando Tae se les unió "preocupada" por cómo sacar al vicepresidente sin que nadie lo vea. Luego de dejar a Toushi durmiendo en una esquina, Otae le habló como a una persona normal, sin insultos o golpes de por medio, por una hora completa no fue necesario actuar como un acosador para estar cerca ella.
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—Toushi, levántate. La comida está lista —dijo, tocando su hombro izquierdo.
Hijikata despertó enredado en las sabanas de su amigo. Entre gruñidos, escondió su rostro en la almohada. No podía evitar fruncir el ceño por culpa del punzante dolor de cabeza, el más mínimo ruido parecía el infierno en vida y las náuseas no tardaron en acompañarlo.
Al darse cuenta de que no estaba en su casa alzó la mirada con algo de temor. Frente a él, estaba Kondo con una sonrisa comprensiva. Antes de poder pensar en cualquier frase, se sentó en la cama con la intención de irse, pero el mareo no se lo permitió. En ese instante lo único que procesaba su cerebro era que le faltaba la gorra del disfraz, pero no perdería tiempo buscándola.
—Lo siento si causé algún problema —dijo, tocando su frente con la mano derecha.
—Me pediste quedarte, ¿no te acuerdas?
—No, no me acuerdo de casi nada —admitió, avergonzado.
—Cuando estábamos en la azotea te emborrachaste. Sachan y Sougo querían seguir, y todos vinimos aquí. Ayer estabas algo raro, querías decirme algo pero no se entendía nada.
El joven tragó pesado, no dudaba que lo supiera. No estaba seguro si empezar con una disculpa, fingir no saber de qué hablaba o, lo que sería correcto, enfrentar el problema.
—Kondo…
—Creo que sé a lo que te referías —bajó la mirada—, no he sido sincero contigo. Sabes que Mitsuba es mi mejor amiga, que ustedes hayan terminado mal no quiere decir que no siga hablando con ella. No quería decírtelo, pero cada vez que viene de visita salimos juntos…
—¿Por qué me lo dices? —interrumpió—. No me importa, eso ya pasó… —mintió.
—Bien, me alegra que no te moleste. Oye Toushi, ¿estás b…?
No pudo aguantar más, la gran mayoría de las cosas que ingirió durante la noche ya estaban en el suelo, el mal sabor de boca no le dejaba ganas ni de hablar, sin mencionar que aún sentía el suelo moverse bajo sus pies.
—Demonios, lo siento —apretó los labios, estaba enojado consigo mismo.
—Descansa, dejaré tu almuerzo en el microondas.
Sin más palabras, Kondo salió del cuarto, yendo por una cubeta y algún trapo para limpiar. Hijikata, por su parte, quería darse contra un muro, recordó vagamente por qué insistió en quedarse. Tenía un fuerte remordimiento de conciencia y quería confesarle lo ocurrido, pero finalmente se acobardó.
La gran mayoría veía a Kondo Isao como un Gorila acosador, únicamente los más selectos conocían sus buenos sentimientos, sabía a la perfección cómo ser un buen amigo, sobre todo para Hijikata. Por esas razones el único favor que el joven podía hacerle era alejarse.
Nuevamente la puerta se abrió, el presidente del comité entró con una cubeta y un trapeador.
—No, espera, yo lo haré. —No supo cómo se levantó con tanta rapidez de la cama.
—Hice lo mismo en tu casa. Acepta la ayuda alguna vez.
—¡No puedo! —gritó.
—¿Qué te pasa? —preguntó extrañado.
—Maldición. ¡Besé a Shimura! —Un silencio abrumador cayó sobre los muchachos—. Estaba enojado, ella estaba ahí, metiendo su nariz en todo, como siempre, y pasó… Si te hace sentir mejor, pégame.
—No lo haré. —En sus palabras podía escucharse más decepción que molestia.
—¡Hazlo! Fui un idiota. Primero con Mitsuba —su voz tembló tras pronunciar su nombre—, ahora contigo.
—Hijikata. Cuando te perdones a ti mismo, pídeselo a los demás.
—Kondo —dijo inútilmente, viéndolo salir de la habitación. Una mirada decepcionada era más dura que un golpe, esa fue una lección que hubiese preferido no aprender.
Dejó escapar un suspiro, al terminar de limpiar el suelo se marchó.
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El lunes a primera hora de la mañana, se podía sentir la tensión en la entrada de la secundaria Gintama, los más valientes se animaban a cruzar el umbral arriesgando sus vidas, los más listos y quienes conocían a la "pareja" prefirieron esperar a que alguno de los titanes se retirara de escena.
Kagura y Sougo se miraban fijamente, cada uno tenía la espalda apoyada en la muralla. La chica se había adueñado del lado derecho, y Okita del izquierdo. Sin necesidad de palabras sabían que iban por el mismo objetivo, viéndose obligados a mantenerse lo más alerta posible hasta que él llegara.
Los rivales distinguieron a Hijikata cuando estaba a un metro y medio de distancia. Las cosas ya no eran tan simples, necesitar un "profesor" quedó en el olvido, por el momento lo único importante era arrebatarle el tutor a su contraparte. Ambos corrieron en dirección al vicepresidente, quien, distraído, los observó sin entender qué ocurría, en ningún momento pasó por su cabeza escapar.
Sougo tenía planeado darle un golpe al "flequillo en V", si lo tumbaba le sería más difícil a la China arrastrarlo a algún otro lado, y enfrentarlo al mismo tiempo. Kagura, por su parte, creía que sería más fácil ganárselo al Sádico si abarcaba una considerable "porción" de Mayora.
Toushirou estaba a punto de darse media vuelta al verlos correr directamente hacia su persona. Antes de poder hacer cualquier movimiento, Kagura le saltó encima. Okita se apegó a su plan inicial, y en cosa de segundos los tres estaban en el suelo.
—Hijikata, tienes que hacerme pasar de curso —rompió el silencio Okita.
—¡Sádico imbécil! Mayora es mío, yo lo agarré primero… ¡Quítate de encima, bastardo! —gritó, histérica, tratando de darle un puñetazo.
—Descerebrados, ¿qué demonios hacen? —los empujó enojado, más aún al percatarse que los cigarrillos que traía en el bolsillo trasero del pantalón se arruinaron.
Ninguno quería aceptarlo pero necesitaban de su ayuda, el problema residía en que eran demasiado orgullosos como para pedir un favor, por lo mismo se les estaba dificultando empezar la "charla".
—Hijikata —se unió un tercero a la charla—, ¿puedes ayudarme con las materias? Mis notas son bajas, a este paso no llegaré a la graduación —dijo Shinpachi, extendiéndole una cajetilla de diez unidades de Mayoboro, un gesto totalmente pasivo-agresivo, ya que de alguna forma intentaba comprar su tutoría.
—Oye, cuatro ojos, eso es no es justo —interrumpió Okita.
—¡MAYORA! —gritó Sachan corriendo hacia ellos—, desde que empezó el año quería reprobar para seguir siendo alumna de Ginpachi, pero ahora cambié de opinión.
Toushirou suspiró resignado, no podía negarse, además eso lo distraería por un buen rato mientras buscaba una manera adecuada para disculparse con Kondo, realmente no quería dejar de ser su amigo…
OMFG! El capítulo de Gintama… justo en los feels, verlo animado es mucho más triste que el manga. Tampoco es lo mismo ver llorar a Toushi por una película que por su amado Shinsengumi, eso sí que es rompecorazones. Según mis cálculos Hijikata lloró cuatro veces: las dos películas, la muerte de Mitsuba y ahora :'(
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Hablando del fic. Los seis capítulos anteriores están editados, con una perfecta puntuación y acentuación. Cortesía de Kyosha012 :') grazie, grazie por la ayuda :3
Siempre que actualizaba este fic en particular me sentía culpable, este fue mi debut con Gintama y con el que abandone el fandom de mis raíces. Es chistoso porque el primer review que recibí fue de allá ñljhgfdfghjkl xD
El capítulo no es muy gracioso porque quería hacer uno de verdad "Agridulce" antes de terminar el fic, no estoy segura si me salió, pero creo que este abarca todo lo que dice el summary :v XD Al principio quería hacer un capítulo familiar, de ahí me di cuenta que eso ya estaba cubierto, después uno de "hermanos" (Mitsuba, Otae, Kamui y quizás Tamegoro) pero igual estaba medio cubierto. Al final mezcle todo y terminé con este hahaha xD.
Tengo planeado darle un final primero a esta historia antes de continuar con las demás. Tampoco es que me demore una eternidad, según mis cálculos e inspiración a medias quedaría uno largo o, dos normales (la misma extensión que los anteriores) XD
Ay, no sé qué más decir ¿Toushi te amo?
No se olviden comentar, saluditos. Bye! n.n
