Las luces de neón eran brillantes, la ciudad está llena de colores y ruido, del tipo del cual nunca descansa. Parejas ebrias caminando, propagandas parpadeando en las pantallas planas de millones de yen, rascacielos colindando con el cielo. En Tokio, uno nunca puede ver claramente el cielo, no a menos que sepas exactamente a dónde ir.

Con pantalones holgados de color negro con bolsillos en el muslo, zapatillas, una sudadera con capucha negra y verde, sus desordenados cabellos rubios cayendo sueltos sobre sus ojos cubiertos con un antifaz negro, mientras que su skateboard estaba fijo bajo su brazo, Adrien Agreste está listo para irse.

De pie en la concurrida ciudad, los peatones estaban muy ocupados como para siquiera mirarlo. Inhaló la noche, miles de miedos se escondían bajo sus verdes ojos, pero en este momento no. La noche es suya.

Adrien partió su galleta de la fortuna y la comió, lanzando el pequeño papel en el tacho de basura sin siquiera mirarlo.

Con facilidad, se subió en su skate y empezó a ir hacia su destino.

Toda una vida de práctica habían hecho a Adrien un buen skater, del tipo que evitaba chocar con las personas aún con los ojos cerrados.

Saludando a la chica que siempre le daba volantes en la esquina de esta particular calle, Adrien le quitó algunos y los fue introduciendo en los bolsos de las personas que la ignoraban cuando los repartía.

Distantes melodías hicieron eco desde un restaurante chino, por el cual Adrien pasó, junto a la deliciosa esencia de ramen y dumplings.

Si tuviera dinero, entraría a comer.

Las ventanas de las tiendas mostraban coloridas cosas; algunas colegialas con tiempo de sobra estaban gritando ante un bastante grande y rosa peluche de Hello Kitty que costaba cerca de 10,000 yen. Sin duda, algunos de sus novios tenían dinero suficiente para comprárselos como regalo de aniversario, Adrien sonrió cuando pasó por ahí.

Se detuvo en el club y saludó al de seguridad, quien le ofreció un cigarro, pero Adrien lo aceptó. Ninguna de las personas que caminaban por ahí, lucía interesada en este club en particular, quizá porque no se promocionaba en páginas web o volantes sobre la vida nocturna de Tokio. Este club es para aquellos que saben que están buscándolo.

—¿Vienes por Ladybug?— preguntó el de seguridad, arreglando el cuello de su incómoda camisa. Su nombre es Fukui pero todos le dicen 'Gato Montés', porque es delgado y felino, y frecuentemente usa aretes que cuelgan.

Adrien asintió e hizo un gesto ante el sabor del cigarro.

El 'Gato Montés' rió.

—Ella es toda tuya.— Dijo con respecto a 'Ladybug'. —Nadie viene aquí,— nadie sabe a quién le pertenece el club, el rumor dice que es de alguien que ya murió, y que el lugar se mueve a base de su dinero heredado.

No había ingresos, ni salidas, monetariamente hablando, y aun así siempre había suficientes abastecimientos si Adrien quería detenerse para beber. En el mundo de Adrien, uno nunca pregunta nada sobre lo que le sucede a otro, y eso hacía de su vida algo más divertida.

Adrien hizo el intento de entrar al club, pero el 'Gato Montés' sostuvo su brazo y lo detuvo.

—Nada de skateboards en el interior.— Dijo haciendo que Adrien bufara.

—Vete a la mierda.— Respondió con una sonrisa, provocando que luego ambos rieran. El mundo aún no había visto a ninguna persona valiente que se interpusiera entre Adrien Agreste y su skateboard.

Adrien entró al club, y fue recibido por las coloridas luces subiendo y bajando por las paredes y el techo, creando una atmósfera que contrastaba con la vacía pista de baile.

Caminó hasta el centro de la habitación y se quedó de pie, observando a la chica tras el counter del DJ.

Mientras que Adrien lucía alocado y despreocupado en su apariencia, Marinette siempre estaba impecable. Jeans negros ceñidos, con botas negras hasta medio muslo, blusa strapless negra ajustada y biker roja, gafas grandes y Macbook, todo en ella gritaba 'fashionista'.

¿Cómo era que Marinette se permitía esos lujos? Adrien no lo sabía.

Había escuchado la teoría de que los padres de Marinette eran personas de dinero, pero honestamente, a Adrien no le importaba ya que estaba muy ocupado sintiendo atracción por ella.

Marinette sonrió cuando ubicó a Adrien en la desierta pista de baile, y fue hacia él.

—Bastardo.

—Tonta.

Adrien le respondió con una sonrisa y la jaló más cerca. Las luces del club se movían por las paredes mientras Adrien se inventaba un torpe movimiento de baile, al cual Marinette al principio solo frunció el ceño, como si le dijera a Adrien que era un completo idiota, pero a Marinette le gustaba así como era, y casi como para probarlo, se unió a Adrien con un movimiento aún más torpe.

El bartender los miró con una sonrisa y movió la cabeza. Era refrescante ver a las personas jóvenes con pasión y libertad corriendo por sus venas.

Adrien tomó la mano de Marinette y se inclinó, empezando a girarlos. Y de súbito, fueron niños otra vez, riendo y mareándose.

Pero pronto, Marinette se sintió cansada, y se detuvo, resultando en ambos tambaleándose hacia atrás.

—Bastarda.— Adrien le sonrió cuando estuvo estable.

—Idiota.— Marinette respondió, y se acercó a Adrien para darle un beso.

El bartender les dejó dos margaritas de fresa en el counter, a cuenta de la casa, y se fue a la habitación posterior con el periódico de ayer.

༺༻

La ciudad tenía su propia voz y espíritu, pero solo para aquellos que tenían el valor de escucharlo.

Porque a veces, lo que uno escuchaba no era placentero.

Millones de personas definen la ciudad de Tokio y aparte de los conocidos hombres de negocios, las amas de casa, los estudiantes de secundaria y los delincuentes, había un grupo de personas que deliberadamente se quedaban en las sombras. Personas como Marinette y Adrien.

La ciudad se convertía en algo borroso cuando ellos pasaban por los callejones y aceras, por aquellos lugares por donde nadie iba a menos que así lo quisieran.

Adrien iba en su skateboard, mientras que Marinette confiaba en sus pies y hacia un pequeño parkour por los edificios o lugares pequeños. Frecuentemente molestaba a Adrien y le decía que estaba muy gordo y era muy torpe como para saltar las cercas o ir de techo en techo, pero en opinión de Adrien; Marinette era muy ágil.

Las altas paredes estaban cubiertas de graffiti, y ellos se detuvieron brevemente para pintar con spray su marca, justo al lado de la que Luka y Chloé habían dejado.

Su símbolo era un gato negro usando un sombrero de copa alta con una mariquita. Era ridículo pero Adrien y Marinette nunca se tomaban nada muy en serio, era casi una parodia de las bandas que marcaban sus territorios con símbolos fuertes como pentagramas y puños.

Cuando pasaron por Kabukicho, las luces de neón cambiaron a los sugerentes rojos y los anuncios competían por cuál era el que más llamaba la atención. Adrien y Marinette se detuvieron cuando ubicaron a Rosalie, usando un perfecto outfit de modelo de portada.

Era obvio que Rosalie no era occidental, el nombre era tan falso como la peluca rubia que estaba usando. Ella lucía más como alguien de Vietnam o Tailandia, pero nunca se molestaron en preguntar, porque no importaba.

—¿Te diviertes?— Adrien preguntó, y Rosalie rió tan alto que algunas personas giraron hacia ellos.

La pregunta de Adrien era más en son de broma que una verdadera pregunta, ya que nadie que trabajaba aquí se divertía.

La música electrónica provenía de los clubs cercanos, y Rosalie llevaba volantes, tratando de atraer a los clientes al bar.

—¿Van a entrar?— preguntó en un francés muy muy roto, y ahora fue el turno de Adrien para reír.

—Lo siento, bro.— Se disculpó.

Rosalie no entendió la jerga y por eso se señaló ofendida.

—No soy un transexual.— Dijo usando un término apropiado ya que no sabía el de la calle.

Marinette golpeó ligeramente a Adrien en el brazo, y él sonrió.

—Lo siento, lo siento.

—¿Cigarros?— preguntó, y Marinette suspiró sacando un paquete y extendiéndole uno a la chica. Rosalie es considerada de la familia, y ellos a veces le daban dinero, en caso de tener.

Los ebrios hombres de negocios caminaron con chicas igual de ebrias o fingiendo estarlo, y cuando Adrien siguió muy detenidamente con los ojos a una de las chicas, Marinette le pellizcó el trasero.

Se retiraron cuando el jefe de Rosalie los ahuyentó.

Siguieron su camino hasta que Adrien decidió que se sentía muy perezoso como para ir todo el camino hasta el muelle en su skateboard.

—Gato gordo.— Marinette bromeó y picó el abdomen de Adrien, haciendo que el mayor retirara su mano, enojado.

—Cállate a menos que quieras ir corriendo y llevar tu trasero a solas ahí.— Gruñó mientras esperaban en la parada de buses. Y cuando uno que iba en la dirección correcta apareció, Adrien rápidamente ató su skateboard con el yoyo que Marinette siempre cargaba con ella, a la parte posterior y trepó como si fuera un trineo, Marinette se sentó tras él, colocando con fuerza sus brazos alrededor del abdomen del cual acababa de burlarse.

Las leyes de la física raras veces se aplicaban cuando se trataba de Adrien y Marinette, las personas tampoco parecían notarlos.

Algunos autos tocaban la bocina, pero el conductor del bus hacía lo mismo, ofendido y seguía. Y cuando el bus se detenía para que los pasajeros subieran, nadie los señalaba, y ni Marinette ni Adrien se golpeaban con la parte posterior del bus. Para algunas personas eso sería extraño, pero para ellos todo estaba yendo tan bien como siempre.

Cuando llegaron a la parada correcta, Adrien desató el yoyo y Marinette alargo la mano para que se lo devolviera, Adrien rolo los ojos y lo guardó en su bolsillo. Algunos podrían decir que el yoyo se rompería en cualquier momento, pero Adrien y Marinette nunca se habían enfrentado a algo así.

Marinette bajó del skateboard y empezó a caminar por la calle asfaltada que los llevaba al muelle.

Pronto, Adrien la pasó de largo en su skateboard, riendo como un gran idiota, haciendo que Marinette sonriera divertida.

Rápidamente fue tras Adrien, haciendo que el asfalto se convirtiera en una mancha difusa de gris bajo sus pies.

La vida no siempre era justa con ellos, pero en noches como estas, Marinette sabía que nada podía interponerse en su camino.

Esta ciudad es suya y de Adrien.

Había una vieja fábrica en el muelle, la cual había sido abandonada hace años.

Adrien se detuvo en la pared y rápidamente sacó su botella de spray, dibujando un gato con un sombrero y la mariquita; riendo ante lo fúrica que Chloé estaría cuando note que Adrien se había atrevido a dibujar sobre su símbolo.

—Pudiste haberte rodado colina abajo.— Señaló cuando Marinette se desplomó contra la pared.

Le extendió una tiza, haciendo que ella suspirara y lo tomara.

—Sabes que odio a morir el naranja.

Adrien dibujó 9 cajas en el piso y colocó una 'x' en el centro.

Marinette aceptó el reto y dibujó una 'o' en otro cuadro.

El agua estaba muy contaminada como para nadar ahí, pero a Adrien y Marinette les gustaba estar ahí.

Marinette ganó y sonrió victoriosa.

—¿Verdad o reto?— preguntó y Adrien frunció la nariz.

—Reto.

—Enfrenta a boogieman.— Marinette ordenó, y Adrien suspiró antes de virar los ojos. Para algunas personas, boogieman era una cosa abstracta, pero para Adrien y ella, era real.

Adrien se puso de pie y le dio una mirada a Marinette, preguntándole si tenía que hacer esto, pero la traviesa mirada de ella no admitía perdón.

Con un final y dramático giro, Adrien caminó hacia la vacía fábrica, deslizándose por la puerta que estaba fija.

Boogieman era enorme, su cabeza casi tocaba el techo, y Adrien tembló, dudando de súbito.

Adrien sabía que la mayoría de personas enfrentaban a apersonas más pequeñas, un pequeño monstruo con forma clara, pero los miedos de Adrien, sobre lo que estaba atestiguando ahora que estaba a solas en la oscuridad, era mucho más intimidante ya que carecía de forma y Adrien no podía verlo del todo.

Hacer que Adrien hiciera esto, era algo que Marinette hacía a menudo, y eso frustraba a Adrien, casi tanto como su esperanza de que algún día pudiera darle un nombre a este monstruo y pudiera derrotarlo.

Pero sin importar cuantas veces sucediera, esto es lo que Adrien aún encontraba, la mirada con profundos y calmados ojos.

Adrien quería preguntar '¿quién eres?', pero sabía que no obtendría respuesta.

Se preguntaba si esto era lo que más temía; lo desconocido, las cosas a las que no podía darle nombre, la sensación de inseguridad. Color, forma, voz, nombre, esta criatura carecía de ello, y Adrien se sentía sumamente pequeño.

Por mucho que Tokio era brillante, luminoso y vívido, en este momento era oscuro y el tiempo se detenía alrededor de Adrien. Pero, aun así, él no se echó para atrás.

—Estoy aquí para enfrentarte.— Adrien anunció con tono claro, y una vana mirada fue todo lo que recibió en retorno.

༺༻

Cuando Adrien regresó, tembloroso pero valiente, Marinette estaba recostada en el suelo. Las horas habían pasado lentas para ella, miró el cielo y dibujó el gato de Cheshire en la pared con las tizas. Marinette sabía que no debía reconfortar a Adrien, cuando lo vio acurrucarse contra la pared. Había cosas en las que ella no podía interferir, y esta era una de ellas.

Adrien es un alma libre, pero no tan libre de preocupaciones y miedos.

De cualquier forma, en cuanto estuvo aquí, rodeado por el seguro murmullo de la ciudad otra vez, el silencio siendo reemplazado por los autos y por Marinette tarareando 'Midnight city', sus nervios se calmaron un poco, y en cuanto encendió un cigarro, se relajó.

—Te amo, Adrien.— Marinette dijo en voz baja, mirando el claro cielo sobre ellos.

—Anda a 'meterte los dedos'.— Adrien bufó y trató de echarle cenizas a la ropa de Marinette, pero falló. —Yo también te amo.— Respondió apropiadamente después de un momento de tranquilo silencio.

—Bastardo.— Debía agregar.

—Tonta.

༺༻

Transportarse a grandes velocidades era verdaderamente su fuerte, todo parecía ser hecho sin esfuerzo, casi como en una película mientras ellos iban por las calles.

Adrien en su skateboard, era sorprendentemente hábil, y sobre él, Marinette corría por los techos, saltando entre los edificios y en lugar de lucir como una mera habilidad callejera, Marinette lucía como una súper heroína yendo a ayudar a la damisela en peligro.

Adrien bufó de sí mismo ante el pensamiento.

La cosa en su vida es que el mundo exterior apenas lucía real, la vida diaria de ir a trabajar, luego ir a casa, nunca había ocurrido; sus vidas eran inconsistentes, inestables y se sentía más como que ellos eran las estrellas de su propia e irreal película llena de imágenes bizarras y cosas cuestionables a las cuales nunca dejaban de acercarse.

'¿Por qué?' no es parte de su vocabulario, los mantiene a ambos contentos y tranquilos con sus vidas actuales, pero también los hace vulnerables.

Por ello, Adrien no preguntó '¿Por qué?' cuando vio a una mujer siendo atacada en el callejón, ni tampoco preguntó '¿Por qué?' cuando el farol parpadeó y se apagó.

Adrien miró a Marinette, quien también había notado a esas dos personas, y su mirada se endureció. Adrien, a pesar de la cosa horrible que estaba sucediendo, no pudo evitar sonreír ante el gesto de la menor.

Marinette es sensible a la injusticia, y Adrien encontraba eso increíblemente encantador.

Ágilmente, Marinette bajó del techo y ambos fueron hacia los otros.

Ellos eran del tipo de personas que son difíciles de ser notados.

Por ello, aún si no había nadie más, el asaltante no se dio cuenta que algo andaba mal, ya que estaba muy ocupado tratando de bajarle los pantalones a la chica. Pero cuando notó que algo andaba mal, ya era tarde ya que Adrien había llegado a él y 'casualmente' envió su skateboard para que golpeara exactamente su entrepierna.

Marinette, por otro lado, rápidamente sujetó la muñeca de la chica y la escoltó hacia la parte bulliciosa de las calles mientras Adrien lidiaba con el asaltante.

Lo que Adrien dejó cuando regresó a la concurrida calle en donde Marinette estaba fumando con la shockeada mujer, fue un lastimero desperdicio con marcas de ruedas en la frente.

—Hey~, ¿cómo estás?— le preguntó a la chica, quien lo miró con los ojos bien abiertos, Adrien podía ver que estaba muy asustada, casi como Adrien lo había estado en la fábrica.

La mano de la chica tembló cuando llevó el cigarro a sus labios.

—Si te hace sentir mejor, ese tipo no usará lo que le cuelga entre las piernas por algún tiempo. —Adrien sentenció y la chica rió incrédula. —¿Necesitas ir a algún lado? ¿Puedes llamar a alguien?— preguntó y ella pareció regresar a la realidad y notar que no podía quedarse ahí.

—Tomaré un taxi a casa.— Musitó y se puso de pie, temblorosamente. —Gracias por su ayuda.— Hizo una apropiada reverencia, y Adrien y Marinette ondearon la mano al mismo tiempo, antes de chocar los puños.

La chica desapareció entre las personas y ellos fueron dejados a solas.

Adrien sonrió y se inclinó para codear a la menor.

—Regresemos al callejón.— Sugirió.

Marinette quiso protestar pero en cuanto vio la mirada de deseo en el rostro de Adrien, sonrió.

—¿Te has excitado al verme salvando a esa chica?— preguntó secamente haciendo que Adrien sonriera tímidamente.

—Me gusta cuando eres agradable con las personas.— Sentenció y Marinette pateó su muslo.

—Cuidado, o no tendrás nada.— Musitó, pero jaló a Adrien hacia el callejón. Con una seductora y felina sonrisa, lo besó.

Mientras que el beso carecía de duración, recompensaba en pasión ya que Marinette robó su aliento y lo atrajo para que presionara su pequeña forma contra la pared.

Las personas pasaban de largo sin notarlos entre las sombras mientras se besaban bajo el convenientemente apagado farol.

El asaltante se había ido ya, quizá había ido a las calles más oscuras para lamer sus heridas en paz.

Ambos rieron, luciendo como un par de adolescentes en lugar de jóvenes adultos, cuando Adrien deslizó una mano bajo el croptop de Marinette y tocó su abdomen. Era plano y suave, y Adrien soltaba murmullos apreciativos, los cuales Marinette recibía con una sonrisa.

—Soy sexy y lo sé.— Rió y Adrien decidió que era demasiado risueño para él por ello la calló con un beso.

Marinette tampoco estaba inmóvil, estaba aferrándose a la remera de Adrien, y de un salto, colocó sus piernas alrededor de su pareja.

Una ardiente mirada de entendimiento, y Adrien empezó a tantear sus pantalones, y a pesar de estar en una incómoda posición, logró hacer lo mismo con ella y sus bonitos shorts.

—Estás muy ansioso...— comentó Marinette, y Adrien bufó antes de penetrar a la menor después de una pequeña preparación, haciendo que ambos jadearan.

—No quiero que Luka y Chloé nos encuentren antes de que hayamos terminado aquí.— Adrien ofreció esa explicación. —Están tras nosotros. Es que robé la máquina de tatuajes de Chloé.

—¿Planeas tener un tatuaje?

—Te lo diré después de que hayamos terminado con esto.— Adrien prometió antes de embestirla. Pronto el aire estuvo lleno con pesados jadeos y aún más pesadas obscenidades, mientras se derretían en una oscura nube de pasión.

Las embestidas de Adrien no tenían descanso y Marinette empezó a moverse como si su vida dependiera de ello.

Marinette amaba la forma en la que hacían lo que quisieran. Eran invisibles para las personas aquí. Ellos aparecían entre las sombras y desaparecían entre las mismas, tan naturalmente.

Las personas tendían a pensar que los que mandaban sobre la ciudad eran los yakuza y otros delincuentes, incluso el gobierno y la policía.

Pero no.

Marinette sonrió cuando empujó sus caderas en la longitud de Adrien.

La ciudad era dominada por ellos, las fieras urbanas.

Mientras que carecían en número, lo recompensaban en efectividad. Nada pasaba por alto en su mirar, ellos sabían todo, conocían a todos los que importaban, y eran invisibles a menos que quisieran ser vistos.

—Somos los malditos reyes, Adrien, ¿lo sabías?— jadeó y besó el nacimiento del cabello de Adrien.

—Completamente, My Lady.— Adrien rió y besó amorosamente el hombro de Marinette.

Estaba literalmente entregado a su pareja, usando su propio cuerpo como instrumento para arrancar las más deliciosas reacciones de la menor, teniendo éxito ya que al finalizar Marinette estuvo gritando y empujando sus caderas hacia él de forma desesperada, echando su cabeza hacia atrás y exponiendo su cuello a los hambrientos labios de Adrien.

Adrien recostó la cabeza contra la pared y jadeó pesadamente, Marinette yacía débil en sus brazos cuando el mayor se retiró de su interior.

—Debemos vestirnos.— Marinette dijo jadeando. —Ya vienen.

—¿Ya?— preguntó Adrien, pero entonces sintió la presencia y se apresuró a bajar a la menor para subirse los pantalones.

Dos sonrientes personas aparecieron frente a ellos, y hubo un momento de medición de superioridad. Luka y Chloé no eran sus enemigos. Eran más como rivales.

—No estaba esperándolos tan pronto.— Adrien señaló cuando su concurso de miradas estuvo decayendo.

—Cortamos camino por el parque.— Luka explicó, y Adrien concluyó que debían haber estado muy ansiosos en poner sus manos sobre él y Marinette, ya que el parque era peligroso en las noches, tenebroso y oscuro.

Las personas desaparecían ahí todo el tiempo e incluso personas como Adrien y Marinette generalmente evitaban ese lugar. Había algo malo ahí, tanto que ellos mismo no podían negar.

—Robaste mi máquina de tatuajes.— Chloé señaló lo obvio y Adrien bufó.

—Lo necesitaba.— Anunció y Chloé achicó los ojos.

—¿Por qué?

—Quería tatuar nuestra marca en mi brazo.— Anunció despreocupado, y Marinette suspiró mientras viraba los ojos.

—¿Estás planeando caminar toda tu vida con un gato usando un ridículo sombrero de copa con una mariquita, tatuado en tu brazo?

—¿Y por qué carajos no?— preguntó Adrien y sonrió.

'Porque no estaremos aquí para siempre', era lo que los ojos de Marinette indicaban, pero calló.

Adrien era lo tonto suficiente como para hacer lo que quisiera aún si todo el mundo le decía que no.

—No sabes cómo se usa.— Señaló Luka y encendió un cigarro.

—Pues aprenderé.— Dijo Adrien y Chloé murmuró una confirmación, porque las cosas siempre tendían a alinearse perfectamente a favor de Adrien.

Luka soltó el humo en forma de anillo, y todos se detuvieron a mirar, pensativamente.

—No te ayudaré con eso.— Marinette suspiró, y Adrien la miró ofendido.

Los autos los pasaban de largo, las personas no parecían notar a las 4 personas en la calle, tan perfectamente de pie y solo preguntándose lo curiosa que es la vida, sus infinitas posibilidades y restricciones...

En ese momento, Chloé rompió el silencio.

—La quiero de regreso para las 5.— Informó y Adrien sonrió aunque no muy sorprendido.

—Tienes semen en tus shorts.— Luka le dijo a Marinette, y sonrió felinamente mientras tomaba la mano de Chloé y desaparecían entre las sombras.

Marinette suspiró profundamente y limpió la mancha lo mejor que podía antes de girar hacia Adrien.

—Ya está amaneciendo.

—Lo sé.— Adrien murmuró, bastante contento con la vida y todo lo demás, especialmente con su pareja, su acompañante en la jungla de concreto de Tokio. Ellos eran las fieras en este laberinto urbano, eran los depredadores de la noche.

Adrien siempre había pensado en Marinette como una pantera, una oscura y peligrosa, con ojos brillantes y una paciente y sedienta mirada, pero ella había decidido ser una mariquita.

Adrien por otro lado..., él era un león, grande y orgulloso.

—No te emociones, eres un minino negro.— Marinette dijo, viendo los pensamientos de Adrien claramente en su rostro, ya que ya habían discutido esto vez tras vez.

Adrien hizo una agria expresión.

—No me interesan menores que yo.— Bufó desaprobatoriamente.

—¿No? ¿Entonces qué soy yo?— Marinette preguntó gentilmente, y Adrien supo que había perdido esta vez.

Se rindió y rodeó la cintura de Marinette. Los primeros signos del sol aparecían en el cielo, los edificios cambiaban de oscuro y amenazantes a mostrar nueva esperanza, nuevos negocios esperando a ser movidos, nuevas mañanas para las familias felices, nuevas posibilidades para las personas que habían fallado.

—¿Esta noche?— Adrien preguntó y respiró contra la frente de Marinette, haciendo que la menor sonriera gentilmente.

—Esta noche.— Confirmó y afectuosamente mordió el mentón de Adrien antes de alejarse de él y saltar la cerca al lado de ellos.

Adrien la vio irse, y cuando la menor estuvo por girar la esquina, el mayor gritó su nombre.

El nombre de Marinette sabía tan bien y era tan significativo para él.

Marinette se detuvo y giró.

—¡Te amo!— sentenció Adrien y Marinette bufó como si dijera que era claro que Adrien la amaba.

—Bastardo.

—Tonta.

Y Tokio volvía a despertar.

THE END


Uno de mis One shots favoritos por TODA la eternidad

Irónicamente (pero ya no es raro) es uno de los que menos gusta a los lectores, ¿por qué? NO TENGO LA MÁS REMOTA IDEA

Pero definitivamente no me cansaré de leerlo mil veces si es necesario

Besitos de murciélago para todos