Kim se giró hacia Alix.

—Alix, somos amigos, ¿verdad?— Alix asintió sin dejar de leer una revista. —¿Lamerías tus dedos después de ponerlos en mi boca?

Alix miró a Kim totalmente asqueada.

—¡Qué asco! ¿Y por qué mis dedos estarían en tu boca?

—Alimentándome con snacks...— contestó Kim, sin mirarla. Los ojos de Alix fueron hacia donde Kim miraba.

Unos pasos lejos de ellos, Marinette Dupain-Cheng estaba sentada en un sofá ubicado en una de las esquinas - su rodilla izquierda elevada y la derecha doblaba debajo de ella.

Su largo y lacio cabello negro caía desordenadamente por su rostro y en sus dos coletas que usaba cuando necesitaba trabajar en algún diseño y que el cabello no le estorbara, haciéndola lucir de 16 en lugar de 23. Sus azules ojos, sin maquillaje cargado, estaban fijos en la TV. Tenía un puñado de snacks en la mano.

A su lado, estaba sentado Adrien Agreste - con sus pies, cubiertos por medias, sobre la mesa de centro, inclinado hacia - pero sin tocar - Marinette.

Sus manos estaban ocupadas con la Nintendo Switch. Sus ojos estaban entrecerrados a pesar de llevar gafas de descanso y sus labios estaban haciendo un puchero. Su cabello estaba atado en una cola, haciéndolo lucir infantil.

Marinette, aun mirando la TV, tomó un puñado de snacks y lo llevó a su boca para después estirar la misma mano y llevarla hacia la boca de Adrien.

Adrien, sin dejar de mirar su juego, abrió la boca y comió lo que la menor le estaba ofreciendo, cerrando los labios alrededor de los dedos de Marinette.

Marinette, con los dedos vacíos, llevó su mano y lamió cada dígito hasta dejarlos limpios.

Alix, aún mirando a sus dos inadvertidos compañeros, sonrió.

—No pasa nada, Kim. Son novios pero ellos todavía no lo saben.

「༻ ༺」

Adrien Agreste estaba cansado. Habían estado haciendo un Photo Shoot con la nueva colección de Marinette, aparte de las grabaciones del comercial y muchas cosas más que hacen los modelos a.k.a esclavos de su padre.

Todo lo que quería era colapsar y morir esa noche. Pero aquí estaba, en su vestidor rodeado de muchos Juniors mirándolo como perritos enfermos. Ellos eran, de hecho, perritos enfermos - perritos enamoradamente enfermos. Pero no de él. Ellos estaban enamorados de Marinette Dupain-Cheng y todos querían hablar con ella.

Los niños eran insistentes y no aceptaban un 'no' por respuesta. Adrien bien podría aventarlos por la ventana a todos, pero su padre se enojaría. Él estaba cansado y no quería hacer ningún esfuerzo físico. Además, pensaba que era algo lindo que estén enamorados de Marinette, sin mencionar, que esto le serviría como arma para fastidiarla más tarde.

Adrien se giró en su silla y vio a los expectantes niños.

—Entonces díganme... ¿qué puedo hacer por ustedes, niños?— por un momento, Adrien pensó que sonaba como su padre y eso lo hizo temblar.

—Ya sabe lo que pasa Adrien Senior. Nos gusta Marinette y queremos estar con ella.— dijo un junior de probablemente 13 años.

Adrien ya lo sabía, pero quería molestarlos.

—¿Todos al mismo tiempo?— preguntó.

—¡NO!— dijeron todos a coro antes de mirarse entre ellos. Adrien trató de mantenerse serio.

—Somos rivales y queremos conseguir el corazón de la súper diseñadora Cheng.— Dijo el más pequeño de ellos, quizá tenía 11 años. Adrien pensó que era adorable.

—Uh-huh.— Murmuró secamente, con el rostro muy serio.

—Primero lo primero, Adrien Senior. ¿Eres su novio?— preguntó otro Junior.

—No.

—¿Por qué no?— preguntó el niño que era adorable.

Todos los niños tenían el ceño fruncido, de una u otra forma, como si Adrien hubiera dicho algo tonto como preferir espinaca en lugar de helado de chocolate.

Adrien se sintió desubicado. Por un momento empezó a preguntarse por qué no era novio de Marinette. Pero peleó contra su mente. Esto no era sobre Marinette y él, se recordó. No había nada entre Marinette y él.

—No lo sé... solo... porque no...

—Genial.— Dijo el que habló primero momentos antes.

Adrien alzó una ceja ante el niño impertinente.

—¿Eso es todo? ¿Es todo lo que querían saber?

—No. De hecho, queremos saber más sobre Marinette.— Dijo uno. —¿Cómo podemos hacer para que voltee a vernos? Ya sabe... para que nos vea como algo más que a sus modelos infantiles. Para que piense en nosotros como su posible pareja...

—Y pensamos que Adrien Senior sería la mejor persona para decírnoslo.— Dijo otro.

—¿Yo?— dijo Adrien, ligeramente intrigado. —¿Por qué?

—Porque hemos hablado sobre esto y todos pensamos que si hay alguien entre los colegas de Marinette que encajaría perfecto como su novio, serías tú Adrien senior.

Algo dentro de Adrien saltó de júbilo. Estos mocosos quizá no eran del todo malos.

—¿En serio?

—Sí, algo así. Pero es bueno que no lo seas.— Otra vez, el mocoso impertinente.

¡Y encima arrogante!

—Me aseguraré que Mari se enamore de mí.

Adrien miró al niño, midiéndolo con los ojos antes de mirar a la ventana al final de la habitación.

Se sintió decepcionado de que la ventana no era del todo grande y de que el niño no sea tan pequeño como para aventarlo por ahí.

—Bueno, nuestra siguiente pregunta es: ¿Marinette es virgen?

Adrien casi se ríe pero se contuvo.

—Sí...y las vacas vuelan sobre la luna.

El niño comentó tímidamente.

—¿Esta seguro?

—Ummm... —Adrien lo pensó un rato hasta que se dio cuenta que no lo sabía. No tenía ni idea. —No lo sé.

—¿Por qué no? —preguntó el mocoso impertinente.

—¡Bueno, perdona! ¡Pero no soy la vagina de Marinette ni su cama, así que no tengo la respuesta! —contestó Adrien, enfadado.

Los niños lucían avergonzados.

—¿Crees que le gustan los chicos?

—Sí, por supuesto.— Adrien inmediatamente contestó para luego preguntarse por qué estaba tan seguro.

Fueron interrumpidos por unos golpes en la puerta.

La puerta se abrió y Marinette se asomó. Y como cuando una profesora llega al aula llena de estudiantes ruidosos, los Junior rápidamente se callaron. Eso no pasó desapercibido por Marinette. Y el verlos con Adrien hacía que todo luciera más sospechoso.

—¿Qué pasa?

—Nada.— Dijo Adrien inexpresivo.

Marinette entró pero se quedó en la puerta. Acababa de, obviamente, ducharse - su cabello húmedo se adhería a su rostro y a su pecho y espalda. Estaba usando unos shorts, una remera con una caricatura en el centro, y también unas zapatillas.

—Iremos a casa de Nino, ¿vienes?— dijo Marinette, cambiando su peso de un pie a otro, meneando las caderas.

—Sí.— Dijo Adrien aun mirando a Marinette.

Marinette se veía tan linda y adorable como los Juniors solo que mucho más sexy, pensó Adrien.

No podía culpar a los Juniors.

Alguien debía haber quitado el aire acondicionado porque estaba haciendo calor.

—Termino aquí y voy.

Marinette no se movió pero miró de Adrien hacia los Juniors y de regreso a Adrien.

—¿Pasa algo malo?

—No, solo me están pidiendo consejos.— Adrien vio como los Juniors de pronto lucieron asustados y algunos incluso se sonrojaron. Por un momento, jugó con la idea de ponerlos más nerviosos.

Marinette estaba callada. Adrien conocía muy bien la mirada en los ojos de ella.

—No los metas en problemas, Agreste. Son solo niños.

—No soy un niño.— Dijo el mocoso impertinente.

—Por supuesto que no. Eres una sabandija.— Dijo Adrien antes de mirar a Marinette. —Solo les estoy dando consejos de amor.

Marinette chasqueó la lengua y sonrió con arrogancia.

—Como dije, no los metas en problemas.

—¡No lo haré. Deja de hablar con una mamá!— dijo Adrien. —Ahora vete. Ya iré luego.

「༻ ༺」

—Preguntaron si eras virgen.

—¿Y qué les dijiste?

—Por supuesto que les dije la verdad.—Adrien hizo una pausa. —Dije que eras pura como un copo de nieve.

El resto de sus amigos se rió.

—¿Les dijiste que de ninguna forma me fijaría en ellos?— preguntó Marinette, ignorando la risa de sus compañeros.

Adrien la miró incrédulo.

—No podía romper sus pequeños corazones, ¿verdad?

Marinette bufó.

—Sí... claro... como si tú no rompieras corazones solo por diversión. ¿Qué más preguntaron?

—Querían saber si yo era tu novio.— Dijo Adrien. Pausó antes de agregar. —Les dije que sí.— Cuidadosamente miró el rostro de Marinette, sin saber exactamente qué esperaba ver.

Marinette lo miró con la expresión en blanco.

La tensión colgaba en el aire mientras que el resto del grupo contenía el aliento.

Excepto por uno, Kim, quien después de beber su cerveza y eructar, preguntó

—¿En serio?—interrumpiendo un momento vital entre ellos.

Tan ajeno estaba Kim que no vio venir el golpe por parte de Alya, ni la mirada de Nino ni los suspiros exasperados por parte de Alix.

El momento se rompió, Adrien sonrió y dijo.

—No. Les dije que no lo era.

Alix se cubrió los labios para esconder su sonrisa. Se dio cuenta que Adrien había hablado en pasado.

—Y Bichito... si alguna vez decides tener algo con uno de ellos, espero que no sea con la sabandija impertinente.

—¿Por qué no?

—Es impertinente y arrogante.

—Y qué... tú también...— Marinette murmuró antes de tensarse por lo que había dicho.

—¿Qué dijiste?— Adrien frunció al no entender.

—Nada.— Marinette soltó un imperceptible suspiro. Cuando se giró miró a Alya y Alix sonriéndole. Marinette tomó un sorbo de su cerveza, escondiendo el sonrojo de sus mejillas.

「༻ ༺」

Marinette había llegado inusualmente tarde esa mañana. Se había quedado dormida. Sin importar lo joven, fuerte y disciplinada que es, solo había logrado dormir escasamente dos horas, porque quería tener listo el nuevo diseño de Adrien.

Tenía dos horas de retraso esa mañana y cuando llegó a la Gabriel's, el resto de sus compañeros ya habían llegado.

—¡Bichito!— Adrien sonrió al verla. —Te hemos estado esperando!— fue hacia la menor abrazándola y llevándola hacia el locker lleno de regalos.

—No es mi cumpleaños.— Dijo ella, confundida, especialmente ante la mirada expectante de sus compañeros.

—¡Ábrelo, Mari!— dijo Kim y le dio a Marinette una pequeña caja rosada con un lazo del mismo color.

Marinette se sentó y tomó el regalo que le extendió Kim.

—¿Quién los envió?

—Tus admiradores, los Juniors, lo trajeron para ti.— Dijo Alix.

Marinette miró sospechosamente a Adrien y abrió la caja rosada dejando expuesto un CD de juegos. Frunció el ceño. Kim gritó de emoción y se lo quitó, dejando a Marinette con la mano vacía.

—¡Abre este!— dijo Nino y le dio una dio una caja un tanto pesada. —¡Vamos, vamos! ¡Ábrelo rápido!— dijo emocionado.

Marinette tomó la caja y aún antes de terminar de abrirlo, Nino se lo quitó gritando.

—¡Los audífonos que quería! ¡SÍ!

Kim y Nino fueron a sus mesas mirando felices a los 'regalos de Marinette'.

Marinette miró a sus tres emocionados compañeros. Al azar tomó una pequeña caja y rápidamente la abrió.

—Accesorios para patines.— Marinette murmuró cuando vio el contenido de la caja.

—Es para mí.— Dijo Alix. Marinette le dio la caja.

Cuando Alix se fue, Marinette tomó otro de colores vistosos. Se sentía suave. Sin abrirlo se lo dio a Alya.

—Gracias Mari.— Dijo sacando el cojín.

—Uno nunca puede tener suficientes cojines.— Dijo Marinette.

El que quedaba era Adrien Agreste. Marinette miró la caja sobrante.

—Es tuyo.— Dijo.

Adrien lo tomó.

—Eres tan adorable, Bichito.— Dijo Adrien y le dio un ligero beso en la mejilla.

Marinette ni se molestó en preguntar. Sabía que Adrien estaba detrás de todo esto.

Por supuesto, estaba en lo cierto porque todo el día los Juniors vinieron a preguntarle si le habían gustado los regalos que Adrien Senior, bajo su propio beneficio, les había recomendado para que se lo dieran.

「༻ ༺」

Al día siguiente Marinette vio la mesa llena de lunchs y sus compañeros estaban robándose algunas piezas de comida.

—Yu comiwa— dijo Nino con la mitad de la pieza de pollo en su boca. —De yus admiwadowes.

—Diría que la mejor manera de conquistar a una mujer es por el estómago.— Dijo Alya chocando sus nudillos con Alix.

Marinette sonrió sentándose y abriendo el lunch que Nino le había extendido. En un instante, el tenedor de Adrien dejo su lunch y fue al de Marinette para robarle el tomate. Marinette, en retorno, le robó el calamar.

—El amor es algo hermoso.— Dijo Alix.

Alya miró de Alix antes de mirar a Marinette y a Adrien, quienes seguían picando la comida del otro sin mucho preámbulo.

—¡Chicos!— dijo Kim, llamando la atención de todos. —¿Creen que los Juniors le pusieron algún hechizo de amor a la comida?

Todos se congelaron con los tenedores a mitad de camino y con sus bocas llenas de comida a medio masticar.

Adrien rápidamente le quitó el lunch a Marinette y la golpeó en la espalda para que escupiera la comida y no se la tragara.

「༻ ༺」

—O eres Blanca Nieves y nunca me lo has dicho o eres la Maestra Jedi y buscas tu sucesor. ¿Cuál de las dos eres?— preguntó Adrien. Estaba de pie en el umbral del departamento de Marinette, mirando a muchos Juniors con bolsas de dormir rodeándolos.

—Necesito hablar contigo.— dijo Marinette seriamente. —En mi habitación, a solas.— Dijo y rápidamente entró a su habitación.

Adrien pasó por la sala, sorteando las bolsas de dormir, con una expresión pagada de sí mismo en su rostro mientras miraba a los Juniors.

Pero tan pronto como entró a la habitación de Marinette y la puerta estuvo cerrada, perdió toda expresión.

—¿Qué demonios les dijiste?

—¡Nada!— dijo Adrien.

Los ojos de Marinette se achicaron.

—¡Lo juro! Solo les dije que te gustaba salir con los chicos. No es mi culpa que sus mocosas-mentes tengan la idea de que 'salir con los chicos' significa pijamada. No estoy seguro pero... ¿me pareció ver unos ositos Teddy?

Marinette suspiró.

—Sí... y también un par de Transformers.

Adrien empezó a reírse.

—¡No es gracioso!— pero Marinette no pudo evitarlo más y se rió también.

Marinette se dejó caer sobre su cama.

—¿Qué voy a hacer ahora, Adrien?

Adrien se sentó a su lado y se dejó caer también. Automáticamente tomó la almohada pero cometió el error de ponerlo en su rostro. En un instante, estaba lleno del aroma de Marinette. Su mente se nubló. Su estómago se anudó. Y su entrepierna reaccionó. Adrien sintió que estaba ahogándose. Se agitó y tiró la almohada mientras se sentaba - el pánico no le permitía respirar bien.

—¿Qué sucede?— preguntó preocupada.

Adrien la miró, su mente aún estaba nublada.

—¡N-n-nad-nada. Nada!— tartamudeó.

Marinette miró su almohada en el piso.

—¿Tiene algún olor o qué?—

—Sí...— a cielo, quiso agregar. Entonces vio la mirada indignada de Marinette. —¡No! Solo...me ahogué...

Marinette lo miró sin estar convencida.

Para sacar de la duda a su compañera, Adrien se puso de pie y tomó la almohada.

—¡Lo juro no huele mal!— la presionó contra su cara. —Hmmm.— Murmuró inhalando. Y se sintió intoxicado nuevamente.

Se tambaleó y tuvo que apoyarse en el librero. Sacudió la cabeza porque podía jurar que sus ojos estaban nublados.

Marinette se veía muy desconcertada.

Fueron interrumpidos por el sonido de la puerta.

Adrien abrió.

—¿Qué?— siseó, mirando al impertinente Junior de siempre.

—¿También te quedarás a dormir?— preguntó, con aparente disgusto en la voz.

—¿Por qué? ¿Tienes algún problema con eso?— dijo Adrien.

—No, pero ya somos muchos aquí.

—¿Y?

—Pues... si te quedas a dormir, puedes tomar mi bolsa y yo dormiré aquí en la habitación de Mari.

Adrien bufó.

—¿Y qué te hace pensar que mi idea de cielo nocturno es ser aplastado por mocosos, peluches y juguetes?

Otro Junior apareció detrás del primero.

—Tome mi bolsa de dormir, Adrien Senior. Yo dormiré aquí.

Instantes después aparecieron muchos niños y todos corearon.

—¡Yo dormiré con la Señorita Marinette!

—¡Ya! ¡Ya! ¡Suficiente!— intervino Marinette, parada en medio de muchos Juniors en pijama.

—Señorita Marinette...no puedo dormir en el piso...— se quejó el más pequeño. —Me duele la espalda...

—Oh cariño, ¿de verdad?— preguntó Marinette tocando el rostro del niño, mirándolo sinceramente preocupada.

Adrien roló los ojos.

—Mocoso manipulador.— murmuró.

—¡A mí también me duele la espalda!— dijo otro. Nuevamente, hubo otro coro de quejas con dolores en diferentes partes.

—¡Hey! ¡Hey!— gritó Adrien. —¡Nadie va a dormir en la cama de Marinette!

—Pero mi espalda de verdad me duele...— dijo el más pequeño, con voz temblorosa y ojos húmedos.

Adrien vio que la expresión de Marinette se suavizaba al mirar al más pequeño.

—Bueno, entonces deja de dormir con tu robot, así no te echaras encima de él. ¡Ahora largo! ¡O saldrán lastimados!

—¡Adrien!— lo reprendió Marinette.

—¡YO NO ME VOY!— dijo el impertinente de siempre cruzándose de brazos.

—¿Ah sí? ¿Y por qué no?— preguntó Adrien, cruzándose de brazos, imitándolo.

—No dejaré a MI Princesa a solas contigo. ¡No confío en ti!

—¡Ella no es TU Princesa! ¡Es MI Princesa!— Adrien dio un paso frente al niño pero Marinette lo frenó para evitar que lo golpeara.

—¡Adrien!— dijo seriamente.

—Solo un golpecito en la cabeza... uno chiquito...— negoció Adrien. Marinette resopló.

—¿Ves? ¡Eres violento!

Marinette se giró hacia los niños.

—Adrien no va a lastimarme.

—Sí, prometo ser gentil...— dijo con doble sentido.

Marinette lo pateó.

—Pero no es tu novio...

—Lo soy.— Dijo Adrien, abrazando a Marinette por la cintura.

—¡Dijiste que no!

—Pues~ Mentí.

—No es cierto. ¡No le gustas a Mari! ¡No eres su novio!

—¡Sí lo soy, sabandija!

—¡Solo lo dices para que nos vayamos de la habitación de la señorita Marinette!— dijo el mocoso manipulador mientras su labio inferior temblaba y sus ojos se llenaban de lágrimas. —Señorita Marinette, no estás enamorada de él, ¿verdad?

Adrien estaba enojado. Estaba pensando en aventar al Junior impertinente por la ventana de la habitación de Marinette pero ahora dudaba ya que el mocoso manipulador entraba a su lista también. O tal vez los podría aventar a los dos. Adrien midió la ventana.

Estaba tan metido en su malévolo plan que escasamente registró la respuesta de Marinette.

—¿Qué dijiste?— le preguntó pero ella se quedó en silencio, con el rostro sonrojado. Adrien se giró hacia los Juniors, quienes estaban cabizbajos. —¿Qué dijo?

—¡Dijo que está enamorada de ti!— una voz llorosa contestó.

—Oh...— dijo Adrien. Empezó a golpear el piso con su pie derecho. Se mordió los labios, tratando de reprimir el enorme deseo de gritar de felicidad.

El mocoso manipulador empezó a llorar.

—¡Te odio, Adrien Agreste!— gritó el mocoso impertinente, colocando un brazo alrededor de la cintura del que lloraba y lo sacó de la habitación de Marinette, llevándose también a los demás. El último en salir cerró la puerta.

La menor se mantuvo en silencio.

Marinette se mantuvo así, incapaz de encarar a Adrien.

—Yo...yo solo lo dije para que salieran...

—Uh-huh...— dijo Adrien sin creerle.

Marinette lo miró y lo vio sonriendo. Una animada sonrisa apareció en el rostro de ella.

—Pero para que no sospechen quizá debamos fingir que somos novios... ¿no lo crees?

Adrien elevó una ceja, presionando sus labios para no sonreír.

—Así que debes quedarte. Duerme en mi cama, yo dormiré en el piso.

Marinette sacó el cobertor y lo tendió.

—¡Oh! ¡Ya basta Marinette!— dijo Adrien. —Deja de hacerte la payasa y acepta que sí estás enamorada de mí.

Marinette se enderezó y bufó.

—¡Qué bueno que no eres impertinente!

—¡Admítelo o te tomaré la palabra y dormirás en el piso!

—¿Lo harías a pesar de saber que sufro de la espalda?

—¡Eres tan manipuladora bichito!— lo dijo pensando que la sabandija impertinente y el mocoso manipulador eran como una versión pequeña de ellos mismos.

Después de unos momentos, Adrien y Marinette estaban acurrucados en la cama de la menor, besándose y acariciándose por encima de la ropa.

—Tal vez debamos revisarlos...— dijo Marinette entre jadeos.

—Tal vez no.— Dijo Adrien besándola otra vez, no quería dejar ir a Marinette pero la menor se sentó.

—Solo...déjame ver si están bien...

—Están bien, Marinette. No te preocupes por ellos. Por hacer eso, los has enamorado.

Marinette lo ignoró y fue a la sala. Adrien suspiró y siguió a su novia.

—¿No son lindos?— dijo ella, mirando a los Juniors, completamente dormidos. Se giró hacia Adrien —¿Nos veíamos así de adorables cuando éramos niños?

Adrien no contestó. Se encontraba ligeramente paralizado. Estaba bastante oscuro y los niños estaban apenas iluminados por la luz de la habitación de Marinette.

Pero Adrien estaba casi seguro que la sabandija impertinente y el mocoso manipulador estaban durmiendo en los brazos del otro.

「༻ ༺」

—¡Odio al Adrinette!— gruñó Alix, mientras Adrien y Marinette estaban besándose en el sofá.

—¿No crees que 10 mil euros es mucho?— Alya trató de negociar.

Nino sacó los billetes completamente resignado.

—Toma.

—Una apuesta es una apuesta. Y no es mucho porque les prometí a los Juniors que los llevaría al parque de diversiones si lograban hacer que el Adrinette se confesara. ¡Y lo hicieron!— dijo Kim moviendo sus dedos con la palma hacia arriba esperando a que le den el dinero.

—Así que... ¿quién es el despistado ahora?— agregó con una sonrisa triunfante en su rostro.

THE END.


Y no podía faltar uno de mis OS favoritos este día

Ahora si, estamos completos y espero se hayan divertido hoy.

Besitos de murciélago para todos