Primero que nada quiero agradecerle a esas dos personitas que se tomaron el tiempo de dejarme sus comentarios :3
Lo agradezco realmente, no soy de las personas que escribe, más que nada me dedico a leer pero quería dar mi aporte sobre está parejita al fandom, porque no he leído muchos fics que me agradaen sobre ellos dos y disculpen la demora, había escrito la continuación hace bastante tiempo pero tuve problemas con mi pc y pensé que todo se había borrado por suerte se quedo guardado en mi cuenta de drive y lo salve.
CAPITULO 2
- Aún no sé si te amo Sanji-kun.
El beso su frente.
- Puedes pensarlo todo el tiempo que sea necesario, no me molestaría esperar un poco más. - Acarició su pelo hasta que ella se durmió.
Cuando estuvo seguro que ella no despertaría más, tomo la cajetilla de cigarros que había dejado sobre la mesita de luz y encendió uno. Estaba muy feliz y a la vez nervioso, su sueño se había hecho realidad de cierto modo pero aún le faltaba que ella concretará su amor.
Sintió como los rayos de luz golpeaban su rostro, abrió los ojos y se movió un poco bajo las sábanas, ¿estaba sola?
- ¿Sanji? - Lo busco con la mirada dentro de la habitación.
- Buenos días Nami-san, te preparé el desayuno. - Acerco una bandeja llena de frutas y jugo, todo lucia delicioso.
- Gracias, pero no podré comerme todo eso. - Le dedicó una tierna sonrisa.
- Come lo que puedas, debes alimentarte bien. - Tomo la cuchara cargada y lo acerco a su boca.
- ¿Me vas a dar de comer como a un bebe?
- Si es necesario, sí. Vamos come, elegí las mejores frutas que habían en tu cocina.
Nami tomo la cuchara y empezó a comer lo que Sanji le había preparado.
Unas horas después se encontraban ambos en el sofá mirando televisión, él estaba sentado y ella acostada, apoyando su cabeza en las piernas de Sanji. El vestía solo sus pantalones y ella una blusa sin mangas con un pequeño short, el silencio reinaba en la sala.
- Debería mandarle un texto a Robin, me olvide completamente de que anoche desaparecieron.
- ¿Habrá algo entre ellos dos? - Pregunto el rubio con el rostro serio mientras cambiaba de canal. - ¡Que película tan aburrida!
- ¿Acaso importa? ya deberías haber notado que hay algo entre ellos hace mucho. Siempre hablas con ella también... ¿cómo es que no lo sabes?
Ahí estaba de nuevo la Nami celosa, observándolo desde abajo.
- Solo pregunto, también es mi amiga y si hablo con ella a menudo pero no me habla mucho de su vida privada. Robin-swan es un chica muy dulce no deberías celar de tu mejor amiga Nami ¿acaso no te da vergüenza? - Decía en tono burlón.
- No... es que no desconfío de ella, sino de ti! - Le pego con el oso de peluche que tenía cerca. - ¿De que suelen hablar?
- jajaja... me encanta que estés celosa y solo hablábamos de ti gran parte del tiempo, es mi espía. - Enarco una ceja.
Nami se tapó el rostro con el mismo peluche que le había aventado al rostro a Sanji hace unos segundos.
- ¿Espía? qué clase de tontería es esa. - Expreso en un tono casi inaudible.
- Pues obviamente sabía que no ibas a contarme al 100% todas tus cosas, las chicas acostumbran a hacer eso con sus mejores amigas... aunque yo sea tu amigo, soy un hombre y no confiarías tanto en mi ¿no? - Saco el peluche del rostro de Nami.
- ¿Y qué era lo que te contaba?
(Nami estaba ahorcando mentalmente a Robin)
- Sobre tus citas y no te enojes con ella... era yo el que preguntaba todo eso.
- ¡Que chismoso! - Inflo sus cachetes.
- Me preocupaba, no estaba cerca para darle una paliza al idiota que intentará sobrepasarse. - El puño de Sanji estaba en llamas.
Nami tomo el control del televisor y lo apagó.
- Sanji-kun... (cambiando de tema) me gustas pero aún no creo estar preparada para una relación.
- Lo sé, te dejaré pensarlo... pero no voy a estar quieto y sin hacer nada mientras eso dure. - Apoyo sus manos en la cintura de Nami para matarla a cosquillas, juego que no tardo en convertirse en algo más.
Pasaron el resto de la mañana juntos, habían hecho el amor de nuevo, ¡en el sofá!... para luego terminar en la ducha.
Sanji cocino el almuerzo, la estaba pasando muy bien, era un caballero, la hacía sentir amada de todas formas. Las horas parecían minutos junto a él y cuando se dio cuenta ya estaba oscureciendo de nuevo.
- Nami-san te parece si vamos a cenar a algún lugar o ¿prefieres que yo cocine para ti? puedo ir a comprar lo que sea necesario mientras paso por el hotel a buscar mi equipaje. - Llevaba horas paseándose en ropa interior dentro de la casa. (XD)
- Prefiero que nos quedemos aquí ¿cuándo debes volver al trabajo?
- Tengo toda la semana libre, pero si tu deseas me quedaré para siempre. - Su bailecito de gusano se hizo presente como de costumbre.
Nami lo observó divertida y enarco una ceja.
- Podría buscar trabajo por aquí cerca y alquilar un departamento, claro si es que tú también estás de acuerdo con ello.
Él lo sabía, su amada había pasado por una decepción. Era solo su amigo, no podía meterse y el corazón de ella había sido roto por ese patán infiel. Detestaba a ese imbécil, desde un principio le había caído gordo pero como hablarle a una chica enamorada mal del hombre que le gusta, sin duda solo la alejaría de él. Así que era mejor observar y callar, hasta que la relación se derrumbó al igual que Nami.
Miles de cosas pasaron por la cabeza de la pelirroja ¿estaba bien realmente estar haciendo todo esto? el rubio le gustaba o mejor dicho le encantaba, lo tenía claro ya! pero... esos recuerdos de su mala experiencia volvían a su cabeza cuando menos los necesitaba.
Sanji se acercó y la abrazo.
- Yo no voy a decepcionarte.
- ¿Por qué siempre eres tan bueno conmigo? no creo merecerlo.
- Porque siempre te he amado... no pongas excusas para el amor de una persona.
Nami lo abrazo más fuerte.
El rubio se vistió y fue a buscar sus cosas del hotel como lo habían hablado. Por el camino se tomó el tiempo de comprar un buen vino para la cena y regresar a lo de su Nami-swan.
Nami se tomó el tiempo de arreglarse un poco y hablar por teléfono con Robin, quién se abalanzo con un montón de preguntas ¿la pasaste bien? ¿lo hicieron? ¿me vas a dar sobrinos? y un montón de preguntas pesadas e incluso graciosas para la misma Nami. Cuando escucho que la puerta hizo un pequeño ruido, se despidió de su amiga y decidió cortar. Sin duda Sanji había vuelto, dejo el celular sobre la mesita de luz y fue a ver para asegurarse que no se tratará de algún asesino serial ¿quién sabe? aunque le había dado las llaves a Sanji, igual tenía un poco de miedo.
No era fácil vivir sola, en la universidad siempre compartió cuarto con Robin y está siempre la asustaba con sus comentarios tétricos, aprovechándose de su cobardía.
- Sanji-kun ¿eres tu verdad? - Pregunto rápidamente.
- Nami-swan me estabas esperando, ¿me extrañaste? - Su tono de voz ridículo se hacía presente, corrió junto a ella.
- No, es que tenía miedo. - Respondió secamente.
- Que fría. - Se deprimió por unos segundos. - Pero mira... nos traje un buen vino para acompañar la deliciosa cena que voy a preparar, tu sólo acomódate en ese sofá, disfruta de tu serie favorita porque el chef ya está en la casa.
- Lo espero con ansias. - Respondió animada, era difícil no dejar que el rubio hiciera tantas cosas por una, después de todo él lo disfrutaba y se hecho panchamente a mirar un poco la tv.
Sanji tomo su equipaje nuevamente y fue a dejarlo en la habitación de Nami, apoyo el bolso cerca de la pequeña mesa de luz y pudo notar como el celular vibro, había una notificación en la pantalla. Tomo el celular para llevárselo a la pelirroja pero la pantalla emergente del mensaje le llamo la atención, contacto "Trafalgar" se podía ver un poco del mensaje [Te extraño...] si quería ver más debía abrirlo pero Nami se daría cuenta, ¿y esté maldito quién es? se preguntó a sí mismo. Ya podía sentir la sangre subírsela a la cabeza.
Salió de la habitación y decidió no decir nada al respecto, no quería comportarse como un posesivo y celoso esposo y mucho menos que la pelirroja se molestara con él. Tal vez debía esperar y ver si ella le hablaba del sujeto más adelante.
- Creo que te ha llegado algún mensaje, estaba vibrando cuando fui a dejar mis pertenecías a tu habitación. - Nami tomo el teléfono.
- Debe ser algún e-mail del trabajo.
Sanji fue a la cocina y puso agua a hervir, preparo todo lo que iba usar. No pudo dejar de pensar en el mensaje, le intrigaba mucho.
Tomo un cigarro y salió al balcón a fumar un rato ¿quién cojones era el tal trafalgar? vaya nombre o apellido de mierda. Ya lo estaba odiando.
Cenaron en la mesa, conversaron y bebieron del vino, el más que ella. Nami empezó a darse cuenta de que el rubio se encontraba un poco raro, no estaba siendo excesivamente romántico ni sonriendo por todo lo que ella dijera.
- ¿Sucede algo Sanji-kun?
La pregunta hizo un boom en su cabeza, detonó la bomba, ya no podía seguir esperando...
- ¿Quién es el tal trafalgar? - Su rostro estaba serio, con el ceño levemente fruncido.
Se asombró por la pregunta y pensó unos segundos antes de responder.
- ¿Por qué lo preguntas?
- Te mando un mensaje diciendo que te extraña. ¿Tienes algo con él? - Bebió todo lo que restaba en su copa.
- Ahhh, viste eso. - Sonrío, hasta celoso se veía guapo el baka. - Lo conoces un poco, es mi ex pero no tienes de que preocuparte, debe andar borracho. No es la primera vez que manda un texto así.
- Tu ex ¿estamos hablando de Law? el médico mierdero, con que cara te vuelve a escribir... - Se veía molesto.
- Si es él pero no importa realmente.
- ¿Cómo que no importa? en todo caso ¿por qué no lo has bloqueado?, según me acabas de decir recibes sus mensajes siempre, eso es raro. - Encendió un cigarro y trato de tranquilizarse, no debía verse inseguro.
- No lo sé.
- ¿Lo has visto últimamente?
- Sí. - El ambiente se tensó aún más y el silencio era terrible.
Sanji quiso romper a patadas la mesa, no le había comentado sobre eso, se lo estuvo ocultando a pesar de ser un amigo cercano. Seguramente era para evitar comerse sus sermones sobre "ese tipo no te conviene" "no lo perdones" pero aun así no podía evitar sentirse enojado.
- Voy a salir a caminar un rato Nami-san. - Se levantó de la mesa, tomo su encendedor y se dispuso a salir.
- No es lo que piensas Sanji-kun, entre nosotros ya no hay nada.
Realmente no estaba mintiendo, entre ella y Law ya no había ningún tipo de relación amorosa. No podría perdonarle su infidelidad pero si podía hablarle como una amiga a pesar de todo. Law solía escribirle y hablarle de sus cosas y cuando tenía tiempo le respondía o quedaban para tomar un café, seguramente era la culpa que no lo dejaba en paz por haber arruinado la relación pero eso a ella no le importaba. Nada podía cambiar los hechos, seguirían hablando si el así lo deseaba pero su historia de amor había acabado.
- Te creo Nami-san pero aun así no me agrada que hables con él. No puedo sentirme tranquilo con ello. - Dicho esto se fue.
Quería fumar, caminar, distraerse. Se había tensado mucho y no quería discutir con su pelirroja, "Nami eres demasiado buena como para seguir hablándole" pensó. Era tarde, casi las once de la noche, pasaron unos treinta minutos en los que decidió volver ya que se había cansado de darle la vuelta al lugar. Todo estaba cerrado "maldito seas domingo".
Durante el camino de regreso se mantuvo cerrado en sus pensamientos, no era nadie para reclamarle lo de Law, no eran novios aún pero esto le creaba inseguridad. Tal vez ella aún amaba al idiota, luego lo dejaría y no quería volver a separarse de ella.
Cuando llego al departamento pudo ver a Nami parada en la puerta esperándolo, se sintió contento pero también mal al respecto. La había hecho preocuparse y él había nacido para complacer a las damas.
- Lo siento, no quise preocuparte.
- No importa. – Ella lo abrazo. – No te vayas así estúpido, si quieres que lo bloquee entonces lo haré.
- Solo quiero que estés segura que ya no sientes nada por él.
- Sabes, creo que lo de volver a la ciudad es lo correcto, deberías vivir conmigo. - Expreso sin tapujos, ese tiempo en que Sanji se fue, le fue suficiente para darse cuenta que realmente lo quería, no debería tomarse más tiempos, debía arriesgarse porque el rubio lo valía completamente.
Sanji se asombró tanto que se le cayó el cigarrillo de la boca y cuando se dio cuenta de ello lo apago con el zapato rápidamente, junto a una sonrisa estupefacta en la cara.
- Claro que quiero vivir contigo Mellorine. – Le había vuelto el alma al cuerpo y el corazón se le acelero muchísimo.
- Vale pero no grites… vas a despertar a los vecinos, entremos. – Expreso la pelirroja haciéndose de la importante.
- Si, Nami-san. – El rubio entro a su nuevo hogar con su peculiar baile pulposo o de gusano y una inmensa felicidad.
Nami no tardo en recordarle que si venía a vivirse con ella, el 90% de sus ganancias le pertenecían ahora (recuerden que nami ama mucho el dinero xD) y todo ese dinero debía ser gastado en ropa nueva, zapatos, bolsas y que él no podría quejarse de ello... porque la contabilidad de la casa la llevaría ella misma. El rubio estaba tan feliz que no le intereso en lo absoluto, después de todo le bajaría incluso la luna si ella lo deseara.
- Todo lo que tú quieras Nami-swan, i love you.
- También te amo Sanji-kun.
*Fin*
Espero les haya gustado :3 !
