Aclaración: Escribo mientras estoy en ratos libres del trabajo (?)


Empezar un proyecto, por lo general, siempre era más difícil de hacer que el terminarlo. Siempre habían pequeñas piedras en el camino de un nuevo andar. Obstáculos imprevistos nada más comenzar con una soñadora idea.

Por eso, para la señorita Bustier, no fue sorpresa que nada más aparecer Chloé la atmósfera animada que el resto de sus alumnos habían construido en el aula de arte se fuese a pique.

—¡Exijo un cambio de libreto, ahora mismo! —Chilló la recién llegada, siendo secundada por Sabrina detrás de ella.

Aunque, a decir verdad, lo que más le molestaba a la pelirroja es que su personaje no tuviera una canción propia. Siquiera un estribillo donde solo se escuchara su voz. Tan solo eso.

La señorita Bustier fue donde la joven, componiendo una de sus usuales sonrisas amables antes de abordarla al fin.

—¿Cuál es el problema, Chloé?

Sin embargo, la apelada no sé inmutó.

—¡Todo! ¡El guión es ridículo! ¡Definitivamente ridículo!

Los chillidos de la chica empezaban a causar estragos en los tímpanos de los demás. No así para la docente.

—Seguro el guión tiene detalles, pero no puede ser todo. Para eso estamos aquí, para discutir acerca de pequeñas cosas que podemos cambiar.

—¡Pero...!

Bustier la cortó, aún conservando su tono dulce al hablar.

—Así que ¿por qué no mejor vas con tus compañeros, y empezamos la reunión de hoy?

Costaba creer que aquella mujer de temperamento tan dócil pudiera controlar una voluntad tan férrea como la de Chloé. La alumna no dijo nada más, tan solo se tragó toda su indignación y marchó adelante a un lugar recluido del resto, salvo por Lila.

—A mí me gustó el guión, —musitó la italiana, para fastidio de Chloé.

—¿Por qué lo dices? Apenas haces un par de cosas en toda la obra, —respondió la joven Bourgeois.

—Bueno, a decir verdad, me siento cómoda e identificada con el personaje. Sus motivaciones no sé saben hasta bien entrado el final, —justo cómo ella hacía las cosas, pensó la italiana sosteniendo ansiosa su copia del libreto.

Sabrina se guardó sus comentarios para sí, sin saber si estaba hablando de su papel o de ella misma.

La señorita Bustier esperó un poco más a que el resto de su elenco llegara. De hecho, solo faltaban un par de chicos.

—¡Ya llegamos! —Exclamaron al fin.

Para sorpresa de todos, tanto Luka como Zoé se presentaron en el aula.

La señorita Bustier se mostró complacida y tomó su lugar delante del grupo.

—Vamos a empezar.


Chloé fue incapaz de desviar la mirada de su media hermana, tanto así que tuvieron que llamarle su atención un par de veces a fin de hacerla atender las instrucciones de la profesora. Pero eso se le estaba haciendo particularmente imposible.

¿Qué pintaba Zoé ahí si no eran de la misma clase?

No tuvo que pasar mucho tiempo hasta que su propia mente hizo clic. Porque, sí, al final había leído aquel "estúpido" guión de principio a fin.

—¡Tu serás Allen! —Señaló, interrumpiendo una vez más la explicación de la señorita Bustier.

Ante tal dedo acusatorio, Zoé intento sonreír y asentir con la cabeza.

—¡No! ¡No puedes ser Allen! ¡Exijo que le den ese papel a alguien menos irritante!

—¡Chloé, no seas grosera con tu hermana! —La retó Alya, cansada ya de su conducta estridente.

La señorita Bustier tuvo que ponerse entre las chicas para evitar que alguien se abalanzara sobre la otra.

—Niñas, ¡niñas! Podemos discutir esto como personas civilizadas. —Repetía la docente, asombrada de la fuerza que dos jovencitas hacían gala contra ella.

—Pero no es justo. Primero tengo que ser la villana en esta obra, ¿y ahora tengo que aguantar a esta harapienta? ¡Inaceptable! ¡Totalmente inaceptable!

Se veía en la mirada de Alya que quería arrancarle los ojos a aquella chiquilla.

—Siempre tienes la opción de sacar una mala nota, Chloé.

Entonces la mentada se detuvo, mirando anonadada a su profesora.

La señorita Bustier no era conocida principalmente por amenazar de esa forma a sus estudiantes. Eso era más cosa de la señorita Mendeleiev, con la diferencia de que sus amenazas nunca caían en sacó roto. pero con la señorita Bustier nunca podía saberse. Quizá por ese halo de incertidumbre, uno que jamás se había conocido con la profesora más dulce de toda la ciudad, fue que Chloé no dijo nada más.

El resto de los muchachos decidió que era mejor no intervenir a partir de ese punto, pues el rostro serio de la maestra no auguraba nada bueno.

Y pensar que hace prácticamente nada todos admiraron cómo había sido capaz de doblegar a Chloé sin arrugar siquiera el entrecejo.

La docente de dió cuenta del ambiente, por lo que repuso su voz.

—No me malentiendan. Quiero que esto lo hagan estando todos cómodos y por voluntad propia, pero también deseo que con esto comprendan que todas sus acciones tienen consecuencias. Y todos deben valorar el aceptarlas o no. Por eso la calificación se dará en base al desempeño de todos.

Eso lo sabían todos de antemano, pero el que se lo recordara de una forma tan directa a Chloé no fue algo que hubiesen deseado ver.

—Te daré está opción, Chloé. Puedes abandonar la obra pero serás la única que recibirá una mala nota.

La rubia iba a protestar algo, pero de nuevo fue interrumpida.

—Hago el mismo llamado al resto. Si alguno de ustedes desea no participar, siéntase libres de irse. La calificación no será reprobatoria, pero es mejor que lo dejen ahora en lugar de arrastrar al resto a tener algo por debajo de lo que lograrían sin su ayuda.

Eso fue duro, pensaron todos.

Derrotada y sonrojada, Chloé se encogió en su sitio de brazos cruzados, sin dignarse a mirar a nadie.

Nadie más dijo nada, ni siquiera se movieron de su sitio por algunos segundos tras lo cual, volviendo a su actitud amable de siempre, la señorita Bustier regresó a las indicaciones.

—Es la primera vez que la profesora actúa de esa forma, —susurró Marinette a su mejor amiga.

—Mejor... escuchemos lo que tiene que decirnos. —Pues Alya en definitiva tampoco quería comerse un regaño.

Zoé, en su sitio, no pudo prestar mucha más atención que la que puso en un inicio. Sus ojos de habían entornado hacia su media hermana, quien temblaba de ira y se mordía el labio.

Casi de inmediato, registró las ventanas que daban al exterior, teniendo un mal presentimiento al respecto.


Las emociones que estaban sintiendo eran demasiadas. Imposible de resistirse. Era tentador, demasiado tentador, y fácil, pensó. Como quitarle un dulce a un bebé.

La estructura metálica que mantenía en las sombras los vitrales en forma de mariposa se abrieron, bañando la sala con su pálida luz, agitando a las pequeñas mariposas que descansaban tranquilas sobre el frío asfalto del suelo.

—Una ira desmedida. Una voluntad que se creía implacable... sabía que no me defraudarías, Chloé Bourgeois. Esta vez, tengo el poder correcto para ti.

La espera había sido suficiente y el tiempo empezaba a jugarle en contra. El bastón nunca se le hizo más pesado, así como el resto de los anillos que sostenía con su mano izquierda. Monarca sintió que su regreso triunfal había llegado.

—Vuela, mi precioso mega akuma, y maleficia esa alma perdida.

La mariposa atravesó un portal que la dirigió justamente encima de la cabeza de Chloé. Y esta vez, tuvo vía libre para soltar sobre ella su maleficio, impregnándose a sus lentes de sol.

—¡Cuidado! —Marinette fue la primera en notar la máscara de la mariposa sobre el rostro enfadado de Chloé.

De inmediato todos se alejaron de ella. Todos menos Zoé, que de alguna forma supo que esto podía ocurrir.

—¡No! ¡Chloé, lucha!

No parecía que estuviera haciéndole caso. Su media hermana apretaba los dientes y se encogía sobre sí misma mientras monarca hablaba.

—¡No te dejes influenciar!

No tenía idea de que estaba discutiendo, pero por alguna razón, Chloé no estaba respondiendo a ninguna de las palabras que el Monarca ofrecía. Tampoco es que hiciera mucho caso a las de su media hermana.

En realidad, la batalla era consigo misma.

En un solo instante dos personas diferentes, dos seres con aparente más poder que ella querían conducir de un modo u otro sus decisiones. Fuese manipulando su voluntad por la vía de la razón o la del deseo. Y en ningún caso ella quería ceder.

Nadie era dueña de su destino, más que ella misma.

Ni su profesora, ni Monarca, ni nadie más debía entrometerse en su forma de vida. Ella estaba bien así. Ella debía ser quien controlara a los demás, no al revés.

Ella siendo la hija mayor del alcalde debía ser tratada como lo que era: una princesa.

—¡Silencio, ridículo! —Gritó Chloé, liberando toda su furia y al mismo tiempo liberándose de la posesión de Monarca.

Jadeaba, temblaba. Toda esa fuerza expulsada la dejó completamente agotada, por lo que estuvo a punto de caer, de no ser porque Zoé la atrapó en el acto.

Y todos se quedaron sorprendidos.

Chloé Bourgeois se había negado a cooperar con Monarca, increíble. Y razones no le faltaban para hacerlo, y tampoco sería la primera vez que aceptaría con gusto un trato con ese demonio. Por eso, todos quedaron estupefactos.

Hubo un pesado silencio. Nadie movía un músculo. La clase entera intentaba pensar en cosas positivas para evitar cualquier otro intento de posesión por parte de Monarca, pero este nunca llegó para alivio de todos.

Aún intentando componer sus fuerzas, Chloé encontró la forma de levantarse por su propio pie. Y pensó que si iba a hacer las cosas, las haría a su manera. No había otra forma. Su modo sería el correcto y nada más.

Y al encontrar que sus motivaciones, su libertad y la fuerza de su voluntad coincidían con las de otra princesa, sonrió confiada.

—Si vamos a hacer esta estúpida obra, pues prepárense, porque yo la haré grandiosa, —declaró, dirigiéndole una mirada altanera a sus compañeros y profesora.

Les demostraría a todos de lo que era capaz en realidad.

Tan entusiasmada quedó con la idea, que no pudo evitar componer una sonrisa que medio mundo desconoció como propia de Chloé (incluida Sabrina), recordando una línea del libreto que de inmediato se había vuelto su favorita.

—¡Ahora, bien! ¡Todos de rodillas!


Notas finales: Y las cosas prometen ponerse turbias (?)