Aclaración: Las cosas como son... esto será bastante turbio ~
El segundo día de ensayo llegó. Durante el transcurso del mismo, nadie daba crédito a la paz que pudo disfrutarse aquel día, y todo porque Chloé parecía incapaz de despegar sus ojos del libreto de la obra.
No entendían por qué tanta concentración. El proyecto de la señorita Bustier no era el único que entregar a lo largo del año, y aunque sabían que la pobre Sabrina se iba a encargar del resto, les pareció demasiado que aquella rubia volcara todas sus fuerzas en ese precisamente.
No iban a quejarse en voz alta ni mucho menos, claro. Un día sin las constantes burlas maliciosas de Chloé era lo mismo que un oasis en un desierto.
—Parece que quiere entrar a Broadway, —comentó Alya desde su asiento.
Marinette, a su lado, asintió.
Ambas esperaban a que sonara la campana para empezar clases de nuevo.
—¿Crees que se haya aprendido toda la obra de memoria?
—¿Chloé Bourgeois? Lo dudo, —se burló la morena.
Aunque en realidad, no estaba muy segura de sus propias palabras. En todo caso, lo verían a la hora del ensayo.
—¿Y tú? ¿Ya te vas a animar a decirle a la señorita Bustier lo que piensas sobre la canción de las cebolletas?
Marinette suspiró derrotada.
—No. La señorita Bustier se ve muy animada. Y se ve que le está poniendo mucho empeño a la obra... no quisiera romperle la ilusión.
Alya entornó los ojos y negó con la cabeza. Eso era algo típico de Marinette, pensó. Su buen corazón le hacía constantemente aceptar cargas que no estaba obligada a llevar. Y temía que en algún momento ya no pudiera más y se desmoronara con todo encima.
Claro que en ese momento no iba a estar sola. Ella estaría a su lado, como su fiel guardian. Siempre.
—¿Zoé?
La llegada de la rubia al aula llamó la atención de las chicas.
—¡Ah, hola! Marinette, Alya.
A la recién llegada le costó un poco apartar la mirada de Marinette sin sentir sus orejas enrojecer. Afortunadamente, su gorro cubría lo necesario.
—¿Buscas a alguien?
Zoé negó.
—La tengo a la vista, —respondió y se despidió del par agitando la mano.
Alya y Marinette de quedaron con la boca abierta, viendo hablar al par de hermanas sin gritos o miradas de asco de por medio.
Sabrina se les unió poco después, y las tres parecían estar hablando de forma bastante amigable.
—Mafinette, pellízcame para saber si no estoy soñando...
El pellizco le dolió, por supuesto. Pero quizá Marinette pudo hacerlo no tan fuerte, pensó.
—¿Soy yo o las cosas se están torciendo un poco por aquí?
—¡Kim, no!
De pronto, gritos y risas empezaron a escucharse por el pasillo. Pero no tuvieron que salir del aula para ver lo que estaba ocurriendo, la acción se trasladó justo al frente del salón.
Kim lanzaba estocadas usando una regla de madera, contra un pobre Adrien Agreste que no podía sino defenderse malamente con una cartulina enroscada.
—¡En guardia, Marlon! ¡No avanzarás en tu revolución contra mi princesa!
Eran las exclamaciones del bromista del grupo, ensanchando una sonrisa divertida.
—Quizá las dos estamos soñando juntas... —sugirió Marinette.
Aunque al instante siguiente soltó un agudo chillido.
—Yo creo que no, —se burló Alya, ya habiéndose desquitado del pellizco anterior.
Nino corrió detrás del par, y al ver a su novio entrando en escena, Alya rápidamente fue a exgirle que detuviera aquel espectáculo.
Sin embargo, quien se adelantó a todos fue Chloé, mirando desafiante a Kim.
—Me encantaría saber qué intentas hacerle a mi Adrichú, —dijo, con una voz tan calmada y fría que a Kim se le heló la sangre.
—Bueno... este... ¿ensayamos la parte de la batalla para la obra?
Su respuesta le hizo soltar un bufido.
—¿Siquiera has leído el librero, cerebro de chimpancé? ¡Tú en ningún momento peleas con Adrien! Es con Zoé con quién deberías estar practicando en todo caso. —Su tono de voz se mantuvo calmado, sin embargo, la dureza de su mirada transmitía todo lo que Chloé necesitaba en ese momento. —Espero que corrijas tu ineptitud, Kim... aún no es tarde para echarte de MÍ obra, ¿quedó claro?
La campana sonó finalmente, salvando al muchacho de un reclamo aún mayor. Que se veía venir en los ojos de Chloé.
Zoé se despidió rápido de Sabrina y abandonó el aula. Al pasar al lado de Marinette hizo igual, pero solo Alya le respondió.
La señorita Mendeleiev entró al salón de pronto, viendo a varios estudiantes aún fuera de sus lugares. Cosa que no le agradó en lo más mínimo.
Echando gruñidos, mandó a todos a sus asientos antes de empezar las clases.
Al final del periodo, todo mundo se reunió en el salón de artes, dónde la señorita Bustier ya los estaba esperando con su su usual ánimo.
—Hoy vamos a continuar con la ronda de diálogos, pero antes quisiera aclarar unas cuantas cosas.
Todos menos Chloé, prestaban atención en ese momento.
—Primero y principal, ¡anunciarles que conseguimos un productor para patrocinar la obra! Con ustedes, el señor Gabriel Agreste.
Se contuvo el aliento de pronto. Incluso Adrien, que no estaba al tanto de esa movida de su padre, se quedó tieso en su sitio. Aunque, para sorpresa nadie, el diseñador no hizo una aparición pública, sino más bien gracias al proyector que había colocado de antes la profesora.
—Excelente tarde, chicos. señorita Bustier, —saludó Agreste con una media sonrisa.
—Muchas gracias de nuevo por ofrecerse a producir la obra, señor Agreste. Le prometo que no se defraudará.
—Así lo espero.
—Y cómo pueden estar pensando, la marca GABRIEL también se encargará del vestuario.
—Con una condición, —atajó el diseñador desde la pantalla. —Quisiera que la señorita Marinette Dupain-Cheng participara en el desarrollo creativo para los atuendos.
Todas las miradas se pusieron en torno a la mencionada. Algunas con emoción contenida, cómo el caso de Alya y Nino, otras, con la más absoluta de las sorpresas. Inclusive, indignación.
—¿Será prudente? Quiero decir, ya es mucha responsabilidad la que tiene con respecto a la obra y...
De nuevo, Gabriel la interrumpió.
—Estoy seguro. De acuerdo a la obra, la señorita Dupain-Cheng solo tiene participación en el segundo acto. Si prescindimos de su número musical y de un par de diálogos, podrá trabajar conmigo sin comprometer a mal la obra.
La señorita Bustier no supo que decir en ese momento, pero tampoco tuvo tiempo a procesar nada.
Gabriel continuó.
—También, para mantener el tono dramático, quisiera sugerir un cambio más.
—¿Cómo? —La señorita Bustier estaba temblando de forma apenas perceptible en su lugar.
Acaso Marinette se había dado cuenta, creyendo que su profesora iría a caerse de un momento a otro.
—El caballo, Josephyne, no me parece un personaje tan importante como para dedicarle tanto tiempo como indica el libreto. Además de que creo que se le haría un favor a Luka Couffaine quitándole ese papel para darle otro.
Las palabras de Gabriel le estaban cayendo como ladrillos a la docente. Incluso Chloé dejó de ser indiferente a la escena.
—Creo que se puede reemplazar por Gast Venom, cumpliendo un papel similar.
—Verá, señor Gabriel, la obra está pensada para que los chicos puedan expresar libremente su ser. Yo no ...
—Es lo que pienso también, señorita Bustier. Me complace que haya visto en mi hijo el principe que está destinado a ser, sin embargo, si quiere que produzca su obra, lo único que le pido es un total compromiso con la misma mientras se respeta el tono.
La voz de Nathalie se escuchó al fondo, pero solo Gabriel entendió perfectamente lo que dijo.
—Lo dejo a su consideración, señorita Bustier. Espero una respuesta favorable a más tardar el día de mañana.
La conexión se cortó en ese momento. Y, finalmente, la profesora no aguantó más y cayó sobre sus rodillas.
Demasiado evidente resultó para todos, que la docente no quería hacer cambios demasiado bruscos para lo que tenía pensado originalmente en su obra. Como si hubiera sido atacada desde todos los frentes imaginables sin posibilidad de defenderse. Y de hecho la mayoría estaba dispuesta a mostrar apoyo a su más querida maestra, sin embargo esta se puso de pie y de acercó a la puerta.
—Hoy no habrá ensayo... pueden retirarse. Los veré mañana para decirles lo que haremos al final.
En el peor de los casos, pensó, daría por cancelado el proyecto. Antes prefería hacerlo que perder la visión de lo que quería hacer con los muchachos, solo por darle el gusto a un estirado hombre de negocios.
Cómo en otras ocasiones, Gabriel seguro pensaba en cuidar la imagen de su marca y también la de su hijo, eliminando por completo los momentos de alivio cómico para reducir la historia a la tragedia que realmente era. Si era así, qué poco permisivo se estaba mostrando aquel hombre que se hacía llamar amante de la cultura en sus entrevistas.
La señorita Bustier no alcanzó a detener aquel tren del pensamiento a tiempo para darse cuenta de que, en realidad, estaban manipulando sus emociones.
Nathalie veía con desaprobación el rostro satisfecho de Gabriel, antes de que este le diera la espalda para dirigirse al cuadro de su esposa.
—Le recuerdo que Adrien sigue en la escuela. Es peligroso que quiera akumatizarla, —recordó la asistente, incapaz de dar un solo paso para detenerlo.
De todas formas, sabía que no podría hacerlo. Ya no. Nunca.
—El Gorila debe estar afuera del edificio. No te demores y llámalo. Dile que debe volver de inmediato a la escuela.
—¿Y qué hay de los otros chicos?
Sin embargo, aún así lo intentaba, bajo la débil luz de la esperanza de que el amoroso Gabriel seguía ahí, oculto bajo una nube oscura de rencor y locura.
Gabriel tan solo se giró para dedicarle una sonrisa confiada.
Su respuesta, otra pregunta, la dejó helada.
—¿Desde cuándo nos importaron los daños colaterales?
Viendo que por lo visto ya nada tenían que hacer ahí, casi todos los alumnos se fueron a sus hogares a excepción de los grupos de Chloé y Marinette, y Kim y Luka. Más que nada, porque Chloé se los impidió.
—Tú vas a quedarte a repasar el libreto, —le dijo a Kim, pinchando en su pecho. Luego se acercó a Luka, —y tú... —pero se lo quedó mirando de pies a cabeza. Creía reconocerlo de algún otro lado, pero su memoria no cooperaba, —no basta con que seas un niño lindo. Quiero ver de lo que eres capaz.
Luka abrió los ojos con sorpresa. Iba a responder algo, pero Marinette intervino. Claro que no iba a permitir que nadie, mucho menos Chloé, se diera esas confianza de jefe con su amigo.
—Nadie te nombró directora para que estés dando órdenes, Chloé.
—No necesito ser directora para dar órdenes, Dupain-Cheng. Por si no lo recuerdas, cerebro de mono casi golpea a mi Adrichú por no saberse el libreto.
Ahí tenía un punto.
—En cuanto a tu amiguito, —señaló con el pulgar, —no sé si de el ancho. No quiero que la mediocridad de nadie opaque mi perfecta interpretación. ¿Entendiste, Dupain-Cheng?
Marinette apretó fuerte los puños. Y estaba a punto de ensuciar su boca de señorita, hasta que se dió cuenta de que en realidad, no había dicho nada malo.
Seguro que sus palabras fueron las menos amables, pero en cuanto a Kim no estaba equivocada. Respecto a Luka, tampoco lo habían visto actuar, siendo que lo suyo era más la música. Aunque, siendo sinceros, dudaban mucho que fuese malo en ello.
—Entonces... ¿quieres hacer un ensayo grupal? ¿Nosotros solos? —Nino se rascó la cabeza.
—¡Ha! Estás loca si crees que voy a trabajar contigo sin la supervisión de la señorita Bustier, Chloé, —exclamó Alya, cruzándose de brazos.
Si no las detenían, podían empezar tranquilamente una batalla campal antes de llegar a la obra.
—Ya que me decanté por participar en esta tonta obra, lo menos que pueden hacer es mostrar el mismo compromiso que yo.
—¿Por qué tú lo dices?
—Piensa lo que quieras, Césaire. Pero estamos a mitad de semana y solo hemos tenido un ensayo como tal. Y no me extrañaría que el resto esté igual de perdido que Kim. Al menos intento arreglarlas a ustedes también.
Zoé y Adrien se pusieron en medio de las chicas que cada vez estaban más cerca la una de la otra, con intenciones asesinas.
—Tal vez no sea tan malo... —Quiso negociar Adrien, en compañía de Nino para sujetar a Alya.
—Ademas, estamos casi todos los que abrimos la obra, —agregó Zoé, siendo más tarde ayudada por Sabrina para contener a una hambrienta Chloé de violencia.
—¡Oh! ¡Es cierto!
Kim, en todo ese tiempo, había abierto su libreto para leer con calma la obra. Era algo lento, pero cuando menos se había dado cuenta de su error.
—Lo siento, Adrien, se supone que debo practicar con Zoé está escena.
Eso fue suficiente para hacer soltar un bufido a Chloé. Al menos fue una interrupción lo suficientemente tonta como para romper la tensión del ambiente.
Cosa que Luka aprovechó para plantarse frente al grupo. Cogió aire. Y relinchó.
—...
Había sido un ruido tan gratuito que Kim no aguantó las ganas de reírse. Y más tarde fue seguido por Zoé, Sabrina y Nino, terminando por enfriar las cosas.
Marinette sonrió agradecida a Luka, en tanto Adrien suspiraba de alivio.
—¿Qué les parece si comenzamos de una buena vez? —Animó Zoé, posando una mano sobre el hombro de su hermana.
Pero antes de que nadie pudiera responder nada, el teléfono de alguien sonó.
—¿Hola, Nathalie?
—¡Adrien, regresa de inmediato a casa!
—¿Por qué? ¿Qué ocurre?
Del otro lado, Nathalie ya no estuvo dispuesta a guardar más las mentiras de su jefe.
—¡Tu padre...!
Pero la llamada se cortó.
—¿Mi padre? ¡Nathalie, ¿qué ocurre?!
Otro temblor sacudió los cimientos de la escuela.
—¡Un akuma!
Señalando a la ventana del salón, vieron la enorme figura de algo similar a una musa griega, haciendo temblar todo a su paso.
—¡GABRIEL AGRESTE! ¡MUÉSTRATE!
Notas finales: Vamos a seguir con este ritmo, lunes y jueves porque me sale más natural escribir desde el celular JAJAJAJAJ
