Aclaración: Eh... aun no se me da bien escribir batallas épicas del rap (?)
Sepan disculpar~
En cierta forma, tanto Adrien cómo Marinette debieron esperar que esto pasaría. Ambos sabían que las emociones negativas volvía un blanco fácil a las personas ante la influencia de Monarca. Y al tener a su querida profesora abatida, delante de sus narices, ambos pecaron de confiados.
Quizá el tiempo que el supervillano pasó inactivo los volvió permisivos, haciéndolos creer que como en días anteriores, este mal trago no pasaría a mayores. Y ahora pagaban la consecuencia.
Ópera, cómo se hacía llamar la gigante, tenía el poder de alterar las emociones de todo aquel que escuchará su canto. Algo en verdad complicado de no hacer, considerando su tamaño y alcance de su voz.
Las calles de todo París se llenaron de gente llorando desconsolada, o quizá conmovida, por la trágica melodía que entonaba Ópera al pasar. Dentro de algunos edificios, los ciudadanos confundían aquel canto de sirena como una invitación al baile. Y más allá, en la rivera del Sena, otros más creían escuchar un grito de batalla, enfrentando a los unos con los otros bajo la maligna influencia de la gigante.
Ladybug y Cat Noir no pudieron ser indiferentes ante su embrujo, en tanto ideaban una forma de detener su paso infranqueable hacia la mansión Agreste.
—Esta batalla podría ser la última, milady...
Sollozaba el gato negro, incapaz de contener las lágrimas al encontrarse frente al climax de su carrera. Conmovido por lo que creía, sería el momento más recordado por todos los parisinos. El gran sacrificio de Cat Noir.
—¡No digas tonterías! ¡Esto no ha terminado, aún tenemos que derrotar a Monarca!
Sin embargo, Ladybug sentía su sangre hervir y sus músculos tensos, ansiosos por derribar aquella mole que no dejaba de entonar su demencial canto.
Giraba su yo-yo con rapidez, mientras pensaba en un plan. No quería derrotarla rápido, sino más bien deseaba disfrutar cada instante de su batalla.
—¡Cat, quítate!
Pero era difícil si cada vez que desviaba la mirada del akuma, Cat Noir se plantaba delante de ella con los brazos abiertos y los ojos cerrados, esperando ser aplastado para un final trágico.
Chloé bufó. Por lo visto, nada le saldría aquella tarde.
Porque aunque le hubiera gustado ver a Ladybug y Cat Noir perdiendo frente a la villana, para variar, se vio obligada a evacuar la escuela junto al resto a fin de evitar verse inmiscuida en la batalla. Por lo tanto, su plan de ensayar junto al resto se redujo a nada.
Para colmo de males, también estuvo bajo la influencia del canto de Ópera junto a Sabrina y Zoé, con quiénes había huido hacia el lado contrario a dónde se dirigía el akuma. Juntas, experimentaron emociones diferentes.
Mientras que Sabrina reclamaba todas las injusticias que Chloé había hecho en su contra a lo largo de los años, Zoé lloraba apenada la tragedia de no haber conocido a su media hermana hasta hace realmente poco. El contraste curioso entre ambas chicas fue destrozado completamente con la tercera en discordia, siendo Chloé la única que parecía feliz con la situación, esquivando las amenazas de su mejor amiga y bailando sobre las lágrimas de su media hermana, agradecida con ambas por permanecer a su lado pese a lo mala que era en su corazón.
Cuando las mariquitas volaron por la ciudad para reparar los daños, el trío se encontró en el parque afuera de la escuela, recordando lo sucedido con emociones contenidas.
—No se habla de esto en el futuro, ¿quedó claro? —Amenazó Chloé sin mirar a ambas, cruzada de brazos y sentada sobre la fuente del parque.
Ambas chicas asintieron. Una realmente temerosa y la otra totalmente avergonzada. Ninguna de ellas sabía que en Chloé había una mezcla de tales sentimientos.
Cada una quiso convencerse de que solo estaban bajo la influencia de un peligroso akuma, ¿pero qué tan cierto era eso?
—Vámonos, —ordenó Chloé, poniéndose de pie, —iremos a mi casa a ensayar un poco me niego a perder este día por algo totalmente ridículo como un akuma.
Así también se negó a dejar que Sabrina llevara sus cosas, cosa que la extrañó. Chloé acomodó bien su bolso sobre el hombro y empezó a marchar, pero a los pocos metros se detuvo, viendo que solo la pelirroja la estaba acompañando.
Atrás, Zoé todavía se encontraba sentada sobre la fuente, con la mirada gacha y las mejillas coloreadas.
—¿Estás sorda, tú? He dicho que nos vayamos. —Le increpó, haciendo que su media hermana se pusiera de pie de inmediato.
A paso tímido, la alcanzó, haciendo que la mayor bufara con fastidio.
—¿Qué les pasa a ustedes dos? Esto nunca ocurrió, ¿entendido? No hay razón para actuar raro. Andando.
Eso decía, sin embargo, Chloé se aseguró de mantenerse cerca de Zoé, pero no tan alejada de Sabrina, en todo el camino de regreso a casa.
Gabriel Agreste regresó a su despacho, furioso. Una vez más, había sido derrotado. Ni siquiera otorgando el poder del Alboroto a su akuma fue capaz de obtener una ventaja sobre los héroes de París. Incluso, él se había visto afectado.
Y de qué forma...
Prefiriendo ignorar el resultado de su más reciente plan, salió de su oficina en dirección al cuarto de Adrien para asegurarse de que estaba a salvo tal y como se lo ordenó a Nathalie. Sin embargo, lo que vio a los pies de las escaleras le heló la sangre.
—¡Nathalie!
Su asistente estaba tendida en el suelo boca abajo, inconsciente.
Y no había nadie en casa que pudiera socorrerla.
—¡Nathalie! ¿Me escuchas?
Gabriel se arrodilló a su lado, teniendo tocarla y producirle más daño del que seguramente ya había sufrido. Con sumo cuidado de no aplastarla, acercó la oreja hacia el rostro de la fémina para escuchar su respiración. Era débil, pero constante.
—Resiste, Nathalie... —Suplicó Gabriel, tomando su teléfono, pero no llamó a urgencias.
Una hora después, una ambulancia y un auto rojo se encontraban estacionados afuera de la mansión Agreste. Adrien miraba suplicante a los paramédicos, que le dijeran lo que había ocurrido con la asistente de su padre, pero ninguno le hizo caso.
Tan solo Gabriel sabía lo ocurrido, y había ordenado total discreción al respecto.
La señora Tsurugi y su hija también llegaron al recinto, para sorpresa del rubio, pero también para su confort. Kagami se mantuvo a su lado, intentando darle ánimos y también presionando a los paramédicos a que dieran respuestas, aunque no sirvió de mucho esto último.
Acaso, lo único que le aseguraron a Adrien es que Nathalie despertaría pronto y no había necesidad de llevarla al hospital. Claro que eso lo animaba, pero no dejaba de sentirse desplazado. Nathalie era una persona importante para él y como tal, tenía derecho a saber qué había ocurrido con ella.
Cuando su padre terminara su reunión con la señora Tsurugi y otra persona, definitivamente lo enfrentaría.
—¿Entonces me están diciendo que es un error de diseño? —Increpó Gabriel con un rostro, más que serio, enfadado.
—No es tan simple. Irina ya se lo explicó. —La actitud reservada de la señora Tsurugi contrastaba perfectamente con el estado de ánimo de Gabriel.
Sus ojos se desviaron hacia la persona de baja estatura que acompañaba a Tsurugi. Una mujer que debía atravesar sus treinta, de cabello rojizo tirando al rizado y vistiendo un uniforme de paramédico.
—¿Qué fue lo que sucedió con Nathalie? —Demandó saber.
Irina suspiró.
—Es lo que pasa cuando se usa un prototipo, no un error de diseño. Las fallas pueden ocurrir. El motor situado en la cadera de la prótesis sufrió un corto circuito a causa de una caída sufrida anteriormente, esto liberó toda la corriente de la batería, paralizado las piernas. Tan mala suerte tuvo la señorita Sançoeur que se cayó hasta el final de las escaleras.
Gabriel se frotó los ojos.
—¿Por qué no ha despertado?
—Lo hará, aunque no puedo asegurar qué tan pronto.
Irina no sé inmutó ante el golpe que Gabriel dió sobre su escritorio. Mucho menos la señora Tsurugi.
—Ella va a despertar, —aseguró Irina, echando las manos tras la espalda y desviando la mirada un poco, —me aseguraré de eso.
Sus ojos de habían entornado sobre el cuadro a espaldas de Gabriel. Le pareció una pieza preciosa, a la vez que pretenciosa.
Lo que hacía el amor, supuso.
Gabriel adivinó hacia donde estaba viendo, haciendo que siseara.
—¿Cómo está ella?
No le hacía falta ver a Tomoe para analizar el ambiente. Era una habilidad que consiguió perfeccionar con el tiempo. Y el gruñido de derrota que Gabriel exhaló solo hizo que sus sospechas se confirmaran.
—Irina puede hacer una revisión rápida a los sistemas de enfriamiento.
—¿Tanta confianza le tienes a esta niña? —Gabriel, evidentemente, no la tenía.
La chica se rió entre dientes.
—No fui contratada por Tsurugi-sama para diseñar o construir sus cacharros, pero sí para darles el debido mantenimiento. —Respondió la fémina, retirándose los guantes de rescatista.
—Ha pasado casi un año desde la última revisión, ¿no? Deberías dejar que Irina se encargue. —Terminó por convencer la mayor.
Gabriel ni supo si ese día fue el más desafortunado de todos. Quizá se estaba lamentando demasiado pronto.
—Está bien, pero yo bajaré con ella para supervisarla.
—Es así como lo indica el protocolo, señor Agreste.
Notas finales: Con tantos cambios de escena me siento como el Jorge Lucas xd
Pero vaya, vaya, aquí está ocurriendo algo turbio tras bambalinas.
Lu li la...~
