Soy puntual como reloj Suizo.
No intenten esto en casa niños.
Btw, los personajes no son míos, por si las dudas. Sólo el malhumor y las malas ideas.
4.- Matsun x Maki: A diez mil metros sobre el nivel del mar, pocas son las cosas que se pueden hacer para despejar la mente. Maki siempre tiene buenas ideas.
Matsukawa Issei se enorgullece de varias cosas de sí mismo. Su temperamento tranquilo, su forma de jugar voleibol de manera impecable, de mantenerse sereno aún en el peor de los escenarios, de no dejar que casi nadie conozca esa parte retorcida en su interior y otras tantas cosas que no se enlistan para no enaltecer su ego.
Pero, e ignorando el intento completamente inútil de su compañero por no romper en carcajadas, no sabe cómo es que está en medio de un vuelo internacional temblando como una hoja y rezando a toda deidad o demonio que pase por su mente.
—Los humanos fuimos creados para estar sobre la tierra —masculla entre dientes, moviendo desesperadamente las piernas para no intentar pensar en la tonelada de metal sobre la que está, ni en todas las posibilidades que hay de que eso salga completamente mal.
—Fue tu idea —replica Hanamaki a su lado, limpiando una lagrimilla imaginaria—. Te dije que podíamos ir a Hokkaido en automóvil y disfrutar el viaje. Tú te empeñaste en ir a Europa —vio que sus palabras caían en oídos sordos, por lo cual puso una mano sobre la rodilla de su acompañante, en señal de apoyo—. El despegue es lo peor, intenta relajarte.
—Quería que esto fuera especial —volvió a mascullar Matsun entre dientes, poniendo su mano sobre la de Maki—. Son 10 años juntos.
Otra de las cosas que podían agregarse a la lista por las cuales Matsun -o Maki, según se vea- podía sentirse orgulloso, era ese lado tierno que no dejaba que nunca saliera a flote.
Hanamaki piensa en ello a menudo. La forma en que Issei se las arregla para tener pequeños detalles que le hacen enloquecer pero que vistos desde a fuera no son para nada lindos o románticos. Tiene la vaga sospecha que sus amigos los ven sólo como una pareja rara llena de fetiches que les gusta follar en la primera superficie semi plana con la que se llegan a topar. Y sí, no va a desmentir eso, por supuesto. Porque lo son. Pero el caso es que después de 10 años juntos, Matsukawa aún se las arregla para hacerle sonreír como estúpido y pensar que no desearía hacer el montón de estupideces que hacen con nadie más.
Así que ahí están, en medio de un vuelo internacional a sabrá Buda cuántos miles de pies sobre el nivel del mar, con las luces apagadas, la mayoría de los pasajeros dormidos, un desconocido del lado izquierdo de Maki, quien perdió en piedra, papel o tijera y debe ir en el asiento de en medio. Matsun con un ataque de pánico y aún seis horas para llegar a su destino.
Lo crean o no, Takahiro también es un muy buen novio.
—Issei —susurra en su oído, pegando sus labios a la oreja de su compañero, intentando que nadie en el avión escuche lo que está a punto de hacer—. ¿Sabes? —continúa hablando mientras su mano, antes de la rodilla de Matsun, serpentea hasta su entrepierna—. Había escuchado que muchas parejas tienen la fantasía de hacerlo en el baño de un avión —deja caer deliberadamente su aliento contra el cuello de Issei, lamiendo un poco.
—Ahí no cabe ni tu trasero —masculla Matsukawa, sin detener los avances de esa mano que de alguna forma liberan el botón de sus pantalones y lentamente baja el cierre hasta encontrar el miembro semi erecto que ahí se encuentra.
Y mucho terror a eso de volar en una tonelada de metal a miles de metros sobre el nivel del mar, pero Hanamaki se complace al ver que Issei nunca pierde el entusiasmo por sus manos.
—Sí, bueno, conozco algo que cabe mucho mejor en mi trasero —responde con un apretón a la polla de Issei, quien a duras pena retiene el jadeo de placer—. Pero no me refería a ir al baño, puedo darte una mano… o dos aquí mismo si prometes estar calladito.
Los movimientos de su mano comenzaron desde el primer momento que entró en contacto con el pene de Matsun, subiendo y bajando hasta lograr que estuviera por completo erecto. Su pulgar se movía distraídamente por la punta, tomando todo el líquido seminal que por ahí escapaba, esparciéndolo en su mano para ayudar con los movimientos.
—Sabes que no te hago promesas sino te las puedo cumplir —jadeó lo más bajo que pudo, mordiendo sus labios e intentando no soltar maldiciones porque, mieeeeeeerda, Maki siempre había sabido cómo hacerle enloquecer y disfrutaba hacerlo sufrir un poco de paso.
—Bueno —respondió Maki de forma distraída, haciendo más presión en su agarre y volviendo el movimiento mucho más lento y tortuoso—. Si nos atrapan tendrás que compensarme cuando aterricemos.
Y como prueba de lo que deseaba, bajó su mano hasta encontrar los testículos de Matsun y darles un fuerte apretón que le hizo ver estrellas y morder su labio interior hasta sacarse sangre. Sin un minuto de tregua, la mano volvió al tronco de su miembro, Hanamaki usando sus dedos índice y medio para sujetar la punta de su polla y hacer movimientos circulares antes de volver a subir y bajar con fuertes apretones.
Issei logró liberar, a duras penas, su brazo izquierdo para poder rodear los hombros de Maki, tomarlo de su nuca y colisionar sus bocas en un fogoso beso que, aunque no se dieran cuenta, era más ruidoso que los jadeos de Matsun. El sonido húmedo de sus lenguas al chocar, el chupeteo de sus labios, el sabor metálico de la sangre, Maki rogando para que esa mierda de avión aterrizara y poder hacer algo mejor que una paja a su novio como si fueran adolescentes cachondos.
—En cuando esta mierda se detenga voy a follarte en los baños de aeropuerto —jadeó Issei cuando se separaron por unos segundos—. Cuando logremos llegar al hotel te voy a volver a follar contra todo lo que pueda hasta que no puedas moverte. Voy a hacer que me la chupes en cada lugar de interés si se da la oportunidad. Eso es algo que puedo cumplir sin problema.
—Issei —ronroneó Maki contra su hombro, tratando de esconder lo cachondo que esa promesa lo ponía y maldiciendo no poder tener una mejor posición para desahogarse él también. Ya era lo suficientemente arriesgado pajear a su novio en ese momento como para que los encontraran a los dos con las pollas fuera de los pantalones—. Se supone que venimos de vacaciones y descansar.
—Yo vengo a follarte —volvió a replicar Issei antes de besarle de nuevo con fuerza, con más urgencia, más lengua y más saliva. Hanamaki sabía que era señal de su próximo orgasmo y rogaba por que llegara pronto. Porque estaba a nada de bajarse los pantalones y comenzar a montarlo ahí mismo.
La lengua de Matsukawa se hundió con mucha más fuerza dentro de la boca de Hanamaki justo en el momento en que llego a su clímax con fuerza, como si intentara que Takahiro se ahogara en el mismo placer que estaba sintiendo en ese momento, la palma de Hanamaki cubriendo la cabeza de su pene para no hacer un desastre. El cuerpo del moreno quedo laxo sobre el asiento, con la respiración agitada, los labios hinchados y un repentino sueño que le nublaba la mente. Fue a penas consiente de cómo Maki sacó unos pañuelos para poder limpiarse un poco y limpiarle a él y después cerrar sus pantalones.
—Sabes que te amo ¿verdad? —masculló Matsun antes de dejarse vencer por el sueño, con una mueca complacida y olvidando que aún quedaba como cinco horas de vuelo.
Ignorando también la sonrisa de estúpido en cara de Maki, quien, ignorando su propia erección, si su vecino de asiento -o el avión en general- estaba despierto o no, quedó gratamente complacido. Sabía sin duda alguna que Matsun lo amaba y éste sabía que el sentimiento era mutuo. Pero no eran una pareja que lo externaran con palabras en ningún momento. Matsukawa le estaba diciendo a gritos que lo amaba al haber subido a un avión para ir a una ciudad que ni quería conocer sólo porque Takahiro siempre había querido ir.
Tenía que pensar una forma de recompensarlo en el avión de regreso a Japón.
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