Se nos hizo el milagrito y logré terminar hoy la historia, así que, juasjuas, ya no voy atrasada. ¿Seguiremos en racha? ¿Eh? ¿EH? Sólo el tiempo lo dirán.
Yo quería hacer un drabble simple, pero estos dos siempre se niegan a mis deseos. ¡Son drabbles Maribel! ¿Por qué siempre te vas a más de 2 mil palabras?
No lo sé, no lo sé ;A;
En fin, recién salido del horno *finge que no está trabajando como la adulta irresponsbale que es*
Ay niños, nunca sean tan patéticos como yo.
El tema es "de balcón a balcón" pero a estas alturas del partido ya saben que los temas me los paso por el forro.
Tengo hambre :'(
PD: no está beteado, cuando haces estas cosas a la carrera es difícil tener una. Sobre todo si la que pone los retos le da por poner excusas -Sí, TÚ Steff, coño- así que disculpen mis horrores ortográficos. Y no me dejen de amar por eso. Quiero amor, necesito amor :'(
9.- Iwaizumi x Oikawa: Hajime sabe que si Tooru se lo pide, la ventana siempre estaría abierta. Pero no debe dejarle saber sobre ese poder que tiene sobre él.
Visto desde retrospectiva, el problema realmente no fue tener de vecino a Oikawa, ni siquiera que el balcón de sus habitaciones estuviera uno frente al otro y el muy idiota saltara de vez en cuando porque "que pereza bajar y entrar por la puerta". Como si no hubiera estado a punto de matarse en más de una ocasión.
No, el verdadero problema, considera Iwaizumi de forma distraída, es que esa cercanía a veces era bastante jodida. Como cuando Oikawa llevaba de visita a la novia de turno. No es que Tooru fuera un mujeriego, pero cuando la cosa fue más seria con alguna de ellas, Hajime nunca había deseado tanto como en ese momento no haber sido vecino de Oikawa, o al menos tener su habitación en la otra punta de la casa.
En algún punto de su infantil mente creyó que todas las primeras veces de Tooru serían suyas, pues la frase que siempre les acompañaba era:
—¡Es la primera vez que vengo aquí! —cuando Hajime le había llevado de excursión por el bosque—. ¡Es la primera vez que atrapo insectos! —cuando le mostró orgulloso un escarabajo al que primero había visto con miedo y asco—. ¡Es la primera vez que me quedó a dormir en casa de alguien! —e Iwaizumi debió esconder su vergüenza al sentirse tan especial. Oikawa estaba lleno de amigos y aun así parecía negarse a despegarse de él—. ¡Es la primera vez que alguien me golpea, joder! —cuando Iwaizumi vio que un poco de disciplina física ayudaba en su comportamiento.
Hubo muchas primeras veces juntos, hasta se habían masturbado juntos por primera vez un día que Oikawa se quedó a dormir en su casa.
—¡Está duro Iwa-chan! —exclamó como si eso fuera culpa de Hajime, quien también estaba un poco duro sin saber por qué.
Hubo tantas primeras veces juntos que la verdad fue un poco chocante cuando Oikawa le presentó a su novia y no mucho después vinieron esos molestos sonidos de la otra habitación. Cerró su ventana a cal y canto, azotándola un poco más fuerte de lo necesario y poniendo música a un volumen considerable.
No hizo comentarios al respecto al día siguiente ni cuando Tooru intentó sacar el tema pidiendo disculpas.
—No me importa —gruñó irritado, porque sí le importaba, pero ¿qué más daba? Él no era dueño de la vida de Oikawa y jodía darse cuenta de ello de esa forma.
Por primera vez Tooru no insistió en el tema.
La cosa es que esa situación se repitió un par de veces. Iwaizumi se tragaba su frustración y hacía menos evidente su enojo. Evitaba el tema con maestría cada que el idiota de Oikawa intentaba disculparse gruñendo sus respuestas o simplemente sin decir nada.
—No me importa —contestaba porque necesitaba convencerse de eso.
Pidió de diferentes formas cambiar de habitación en su casa, alegando razones un poco ridículas. Pero no era algo posible en realidad. Así que cuando se presentó la oportunidad, tuvo su pequeña venganza.
La chica no era especialmente bonita, pero era simpática, cocinaba bien y la verdad sólo quería pensar en otras cosas y experimentar un poco. Se le había declarado en su segundo año de preparatoria y fue sincero desde el comienzo.
—No tengo una razón para negarme, pero no me gustas. Si estás bien con eso…
Y le sorprendía lo fácil que cedían las chicas con una promesa tan vaga. Es decir, Iwaizumi podía decidir dejarla la siguiente semana, pero ella simplemente dijo "me esforzaré" y sonrió de forma bobalicona. ¿Esforzarse en qué exactamente? En gustarle a una persona que no tenía sentimientos por ella y a la que apenas conocía. ¿Oikawa aceptaba eso también? Le parecía frívolo y aterrador no sentirse ni la mitad de culpable como debería.
No le contó a Oikawa al respecto, no tenía porque ya que este nunca le decía nada. Se tenía que enterar de otras formas y no es como que fuera su madre para estarle contando los detalles.
Fue al mes de estar saliendo que ella misma lo sugirió.
—¿Puedo ir a tu casa? —preguntó después de saber que los padres de Iwaizumi saldrían esa noche.
Fue insulso, le costó mantener la concentración y nunca creyó que besar a alguien se sentiría así de desagradable. Era muy ruidosa al más mínimo toque e Iwaizumi iba a detenerse a la mitad porque joder, no. Pero hubo una maligna satisfacción que no le hizo detenerse cuando escucho la ventana frente a su balcón cerrarse con fuerza. No, él no había olvidado cerrar la ventana de su habitación. La dejó abierta, con el cálido aire de otoño entrando por ella.
Entonces al segundo mes terminó con la chica. El interés y la novedad del inicio fueron rápidamente calmándose. Oikawa parecía ofuscado y furibundo cada día que pasaba w Iwaizumi no recordaba haber peleado con él de esa forma desde que había intentado golpear a Kageyama en secundaria. Le había reclamado por su novia y el ruido que habían hecho aquella tarde y Hajime no podía creer lo hipócrita que el idiota era. Y se lo hizo saber.
Oikawa terminó nuevamente sangrando por la nariz y ellos no se hablaron todo ese mes. Y pensó llevar nuevamente a la chica a su casa sólo por joder, pero la sola idea le era un poco desagradable. Así que al segundo mes termino con ella entre un mar de lágrimas, reclamaciones por la primera vez y mucho drama innecesario que no le toleraba ni a Oikawa.
Y como por arte de magia, Tooru estaba nuevamente a su lado, sonriendo como estúpido y lloriqueando "Iwa-chan esto, Iwa-chan aquello". El orden natural de las cosas estaba reestablecido. O algo por el estilo.
Quizás Hajime no era la persona más perceptiva del mundo, pero cuando se trata de Tooru es el primer en notar las cosas. Es casi un don natural que ha ido desarrollando con los años. Tardó un poco, pero después de una semana notó que Oikawa pasaba demasiado tiempo en su casa, saltando del balcón porque nuevamente le daba pereza entrar por la puerta. Diariamente saltaba hacía su balcón y tocaba la ventana para que le abriera y le dejara entrar. Había días en los que se quedaba ahí a dormir y su madre le gritaba enfadada por no avisar, de nuevo, que estaría con Iwaizumi. Fue una rutina que se extendió por varios días. No más chicas ni ruidos sospechosos desde la otra ventana. Ahora eran toques impacientes para que le dejara entrar y quedarse con él hasta altas horas de la noche que les valían varios regaños.
Pero, por alguna razón, Hajime se sentía tranquilo de esa forma. La cosa dentro de él ya no gruñía ni parecía enfadada todo el tiempo. Era más como un cachorrito mimoso moviendo la cola cada que escuchaba los nudillos de Tooru tocar la ventana.
—¿Por qué no dejas la ventana abierta? —lloriqueaba el castaño después de haber entrado y acaparado su cama.
—Porque yo decido si te dejo entrar o no.
Y la verdad eso era una vil mentira. Si Tooru tocaba, el abriría sin hacer preguntas. Pero no era cuestión de dejárselo saber y que abusara de ese poder que tenía sobre él. Muchos pensaban que en su amistad Iwaizumi era quien dictaminaba las reglas por el carácter dominante y la poca paciencia que mostraba ante Oikawa. Pero nadie se detenía a ver que eran pocas las veces que le negaba algo a su amigo. Le sorprendía que Tooru no lo notara o, en caso de sí hacerlo, no hiciera uso de ello. Podría jurar que si en su pelea Oikawa hubiera exclamado algo como "¡Termina con tu novia!" lo habría hecho y eso le asustaba un poco.
Casi a las dos semanas de haber terminado con su novia, Iwaizumi notó algo raro. Había cuchicheos a su alrededor y aunque eran pocas las personas que se atrevían a meterse con él -es decir, ¿hola? El mejor en todos los deportes en esta escuela, gracias- pero pocos lograban disimular la risa a su paso.
—¿Qué ellos qué? —gruñó durante el entrenamiento, cuando Hanamaki casualmente hizo un comentario al respecto.
—Parece que alguien anda diciendo que la tienes pequeña y que eres eyaculador precoz —a Iwaizumi le daba un poco de miedo que pudiera soltar ese comentario con un rostro tan plano, pero agradecía no estuviera riendo. Nadie en el equipo la hacía, son como familia y meterse con uno de ellos era hasta peligroso.
Es decir, sólo debían ver la cara agría de Oikawa para perder toda gana de reír. Hajime no lo había visto tan enojado desde su época con Kageyama en el equipo.
Sabía perfectamente convencido de quién había comenzado el rumor y porque, no se debía ser un genio para descubrirlo, pero no podía importarle menos. El rumor moriría rápido al ver su poco interés y la cara de mala leche que ponía todo el equipo cuando alguien si quiera se atrevía a murmurar al respecto. Aunque debía imaginar que Oikawa, tan infantil como es, se tomaría la justicia por su propia mano. Sacó a la luz varias relaciones que había tenido la chica -tan tímida que se veía- y las cosas que era capaz de hacer aun estando en la escuela.
Así que las aguas se calmaron en ese aspecto. O eso pensó al menos, hasta una tarde en la que nuevamente Oikawa estaba en su casa. Hajime leía tranquilamente una revista acostado en la cama cuando un peso extra se instaló en sus caderas. Tooru estaba sentado a horcajadas sobre él, viéndole muy fijamente con una expresión concentrada.
—¿Qué? —gruñó intentando no pensar en que el trasero de Oikawa estaba justo sobre su polla.
Por toda contestación obtuvo un balanceo de caderas por parte del castaño, quien puso las manos en su pecho después de lanzar la revista lejos, inclinándose hasta dejar sus rostros muy cerca.
—Me estaba preguntando… —continuó balanceando su trasero, frotándose descaradamente contra su miembro y Hajime no es de piedra, pero intentaba por todos los medios no pensar en ello—. Qué tan cierto son los rumores sobre ti.
Hajime como toda respuesta puso sus manos en las caderas de Tooru, intentando detener sus movimientos. Se balanceaba en círculos, frotaba con fuerza y pronto pudo notar que al igual que su miembro, el de Oikawa estaba duro contra él.
—Quítate —ordenó sin ser muy convincente, adorando cada balanceo contra su cuerpo y añorando no tener el jodido pantalón puesto.
—Tócame —fue la orden de Oikawa, nada impresionado por su molestia.
Y Hajime al fin confirmó que, definitivamente, él seguiría cada una delas órdenes de Oikawa, como un caballero a su rey. Sus manos se perdieron bajo la playera holgada que llevaba Tooru, subiendo por sus caderas hasta su espalda y bajando hasta colarse por el pantalón y estrujar su trasero con fuerza.
Invirtió posiciones hasta quedar sobre Oikawa, justo entre sus piernas y aumentar la fricción entre sus miembros. Sus labios colisionaron en un beso húmedo que les arrancó a ambos un jadeo necesitado. Los jadeos de Oikawa eran un latigazo directo a su polla, la cual temblaba ante cada sonido estrangulado por sus labios, como si la vibración viajara por todo su cuerpo y terminara justo ahí. No ayudó cuando la mano de Tooru se coló dentro de su pantalón hasta llegar a su miembro y darle un buen apretón que él respondió estrujando más su trasero y pegando sus cuerpos hasta casi fusionarse.
—Diosssss… esto no es nada pequeño —gimió Oikawa separando sus labios, rojos y húmedos, lamiéndolos con gula antes de que Hajime volviera a asaltarlos con los suyos.
Ni él es precoz. Agregó en su mente el armador, porque él se sentía al borde frotándose contra la pierna del otro e Iwaizumi parecía tener energía para estar así toda su vida, restregando sus cuerpos con fuerza, besando sus labios hasta beberse su último aliento. Oikawa se preguntó vagamente por qué no habían hecho eso antes y cómo es que había permitido que alguien más lo disfrutara.
Tooru fue el primer en correrse, con la lengua de Iwaizumi casi hasta la garganta, abrumado porque éste seguía moviéndose con fuerza contra su mano y su pierna restregando su polla húmeda de semen, sin dejarle recuperarse de su orgasmo. Hajime mordió y lamió todo lo que quiso los maltratados labios de Oikawa, con un poco de saña la verdad, hasta que logró alcanzar su orgasmo, potente y brutal. Lo sintió vibrar en cada fibra de su cuerpo y se preguntó si cada orgasmo era igual de genial. El último que había tenido fue más bien insulso y algo tardado, para ser sinceros, porque le faltaba concentración.
Dejó ir los labios de Oikawa con un sonido húmedo, recibiendo un jadeo ahogado como respuesta y viendo al castaño bastante agitado bajo su cuerpo, intentando recuperar el aliento después de todo lo que había pasado.
No sabía qué seguía después, pero estaba poco dispuesto a quitarse de donde estaba, entre las piernas de Tooru, tratando de recuperar el aliento y sintiendo su semen secarse entre sus pantalones, pues le cabrón de Oikawa se había limpiado con ellos. Un poco incómodo, pero no lo cambiaría por nada.
—Iwa-chan —lloriqueó Oikawa debajo de su cuerpo, subiendo la mano con la que no le había estado frotando la polla hasta su cabello, haciendo que volviera a unir sus cuerpos, dejando caer todo el peso de Iwaizumi sobre su cuerpo—. Bésame —jadeó a pesar de aun no poder respirar con normalidad y tener tan hinchados los labios que debía doler.
Sin embargo, Iwaizumi obedeció, porque si antes era difícil negarse a los deseos de Oikawa, ahora sería imposible.
La verdad, no sé si lo han notado y no es que importe, pero tengo una forma de escritura muy desordenada. Me han regañado por eso. Pero me gusta, es la forma en que pienso, rápido y desordenado.
Así que sorry not sorry.
