Capítulo doble porque vengo atrasada. Espero pasaran una feliz navidad.
11.- Iwaizumi x Oikawa: Fue Tooru diciendo "tienes una voz sexy" sólo por joder, para recibir como respuesta un "tienes una voz que me gustaría hacer gemir".
Oikawa fijó de forma distraída su mirada en la mesita de noche, donde tenía una caja de pañuelos, un bote de lubricante y el teléfono celular. Mordisqueó sus labios de forma impaciente. La llamada se retrasaba y eso comenzaba a ponerle nervioso. Después de la primera vez siempre pensaba que no habría una siguiente, que todo era un error y que sería el otro el primero en darse cuenta de ello.
Había comenzado hace poco más de un mes, estaba aburrido en casa después de un agotador día en la universidad y sin poder quedarse dormido. Todos los vídeos de voleibol que tenía se los sabía de memoria y por una vez no tenía ganas de matar el tiempo con eso. Estaba tan absorto en sus pensamientos que casi le da un infarto cuando su celular comenzó a sonar.
La voz al otro lado del teléfono sonaba tosca y malhumorada a pesar de hablar con cortesía y a Oikawa le agradó desde el primer instante. Al final era sólo una llamada equivocada, alguna confusión con los dígitos al marcarlos. Y aún así, no recuerda cómo fue que se quedaron charlando, el motivo de la llamada olvidado en algún rincón.
Fue Tooru diciendo "tienes una voz sexy" sólo por joder, para recibir como respuesta un "tienes una voz que me gustaría hacer gemir".
El chico al otro lado del teléfono le había dicho las cosas más sucias y sexys que podía imaginar que se le puso dura al instante, imaginando cada palabra y respondiendo con el mismo ímpetu para terminar ambos con un jadeo que avisaba del orgasmo que habían tenido.
Ahora recibía una llamada a la misma hora cada cierto tiempo. Había colgado abruptamente la primera vez, un poco asustado por la situación, pero arrepintiéndose en el mismo instante porque había sido la experiencia más alucinante de su vida. Pensó en regresar la llamada pero al final no lo hizo por cobarde. No esperó que el chico le siguiera llamando después de aquello.
Pero ahí estaba, expectante y con todo lo que necesitaba después de experimentar unas cuantas veces.
El tono de llamada le regresó a la realidad, esperando unos cuantos tonos sólo para no parecer tan desesperado. Verificó el número en la pantalla y tomando un respiro profundo, respondió.
—Iwa-chan —canturreó el apodo que le había puesto al chico del otro lado de la línea después de saber su nombre.
—Oikawa —y aunque sólo era su nombre en un susurro grave e impersonal, Tooru sintió el conocido cosquilleo en su vientre, anunciando la inevitable erección—. Pensé que ya estarías dormido.
—Lo pensé, ya es algo tarde —vio que era una hora y media más tarde de lo que solía llamarle, lo cual ya era de por sí bastante tarde—. ¿Ya te aburriste de mí? —se acomodó un poco más en la cama al estar hablando.
—Sabes que no, nunca me cansaría de ti.
Se sentía un poco patético al sentir su corazón palpitaba furioso en su pecho cuando Iwaizumi hacía comentarios de ese tipo.
Soy sólo una buena paja. Se decía para no engancharse más al otro.
Más de lo que ya estaba.
Nunca habían descrito cómo era el otro, ellos mismos dejaban que todo fuera una fantasía. Cada que describían cómo era el cuerpo del otro en su imaginación, no se corregían en nada. Querían que todo fuera lo más perfecto que pudieran, aunque fuera una mentira.
—Eres lo mejor de mi día —continuó Iwaizumi, ajeno a sus pensamientos—. Llegar a casa y pensar que puedo escuchar tu voz hace que se me ponga dura desde que estoy en la puerta. Saber que esperas por mí.
—Me hiciste esperar mucho hoy, Iwa-chan —contestó como si fuera un puchero infantil aunque era un poco de reclamo mal disimulado—. Pensé que tendría que aliviarme yo solo…
—Ni se te ocurra —gruñó Iwaizumi, interrumpiendo lo que tuviera que decir—. Sólo yo puedo hacer que te corras, Tooru.
Oikawa no pudo evitar el jadeo. Su polla vibró al sentir como su nombre, dicho por esa voz, acariciaba sus oídos. Rara vez se llamaban por sus nombres de pila, Tooru era simplemente Oikawa e Iwaizumi era Iwa-chan la mayor parte del tiempo.
—Me gusta que digas mi nombre —susurró comenzando a frotar su miembro—. Iwa-chan, te necesito…
—Hoy te hice esperar mucho, ¿debería saltarme los preliminares? Quiero enterrarme ya en tu culo…
—Iwa-chan…
—Pero me gusta mucho juguetear contigo, abrirte de piernas y ver cómo te contraes, palpitando a la espera de que mis dedos o mi lengua jueguen un poco contigo. Deberías verte, todo sudado y tu perlada piel sonrojada. Tu mirada ansiosa porque te toque, suplicándome que te folle con fuerza.
Al tiempo que Iwaizumi relataba todo, como si realmente lo estuviera haciendo, Oikawa había tomado un poco del lubricante entre sus dedos y rodeaba con ellos su entrada.
—Me gusta saborearte con mi lengua y sentir cómo te contraes en cada lametón. Podría enterrarme en tu perfecto culo por siempre. Mover mis dedos hasta lo más profundo para sentir cada contracción. Podría saborear tu polla hasta sentir tu corrida entre mi lengua.
No estaba seguro si el gemido que soltó fue por haber metido uno de sus dedos en su cuerpo o por el sonido del cierre bajando del otro lado del teléfono o imaginar toda la escena como si realmente la estuviera viviendo. Tooru tiene lo dedos delgados y un poco largos, pero le gusta fantasear con dedos gruesos y ásperos, poco delicados, entrando de golpe en su cuerpo hasta hacerle delirar, imaginar también la lengua recorriendo de arriba abajo su miembro, jugueteando con la punta, sorbiendo con fuerza.
—Quiero que muevas tus dedos más rápido Iwa-chan, quiero que también sea tu lengua. Sabes que me gusta que sea todo a la vez…
—Sé lo que te gusta Tooru. Sé que te gusta comerme la polla mientras yo me divierto con tu culo. Te gusta estar sobre mi cuerpo mientras te como el culo y tengo mis dedos hasta lo más profundo. Que mi lengua se pasee entre tu polla y ese agujero que se contrae a cada lametón.
—Sí… por favor, sí… me gusta dejarte húmedo para que resbale bien, me gusta que palpite en mi boca hasta que casi te corras, pasar mi lengua por la punta, sentirte duro por mí.
—Ponte en cuatro para mi Oikawa, ábrete bien, como me gusta.
Y aunque no sabía si era parte de la fantasía o lo que realmente quería, Oikawa obedeció como bien pudo, sacando los dedos de su cuerpo e intentando no alejar demasiado el teléfono de su oído. Levantó las caderas todo lo que pudo, regresando los dedos al interior y moviéndolos con fuerza. Con su otra mano puso el alta voz para también poder atender su erección.
—Rápido, rápido, Iwa-chan —urgió Tooru cómo si realmente estuviera ahí con él, como si realmente fuera la polla del otro lo que le iba a profanar y no un dedo adicional ni el movimiento desesperado de su mano sobre su pene.
Imaginó la polla del otro restregarse entre sus nalgas, humedeciendo con el líquido seminal, chorreando lubricante para que resbalara bien y con fuerza.
—Me gusta tanto enterrarme en ti Tooru, es como si tu cuerpo estuviera hecho para mí —gruñó con fuerza, imaginaba que por estarse masturbando él también—. Te embestiría hasta partirte en dos, joder…
La imagen era tan clara en su mente, él anclado de rodillas y manos a la cama, aferrando las sábanas mientras Hajime le embestía a lo bruto desde atrás, tomándole de las caderas para coordinar sus movimientos, dejando marcas en su piel por la fuerza con la que lo tomaba. Casi imaginaba la polla del otro enterrada en lo más profundo de su cuerpo, en vez de sus dedos ese cilindro de carne caliente embistiéndole hasta casi hacerle daño. Y aún así, imaginaba lo mucho que lo disfrutaría.
—Puedes hacerlo Iwa-chan —contestó acelerando los movimientos de sus dedos y de su mano—. Puedes follarme como quieras, por favor, sólo hazlo.
Era más un ruego por hacerlo realidad que el seguir sus fantasías, pero poco le importó cuando sentía el orgasmo tan cerca.
—Grita mi nombre mientras te follo Tooru, grítalo mientras mi polla te parte en dos.
—Hajime… Hajime —repitió como un mantra antes de sentir su semen chorrear entre sus dedos y gemir con tal fuerza que tuvo que enterrar el rostro en la cama para no ser tan delatador a pesar de vivir solo.
Sentía la respiración acelerada y su corazón latir en sus oídos, pero eso no evitaba que escuchara el gemido al otro lado del teléfono y el delatador jadeo que le avisaba que Iwaizumi también había alcanzado el clímax. Se quedó tendido en la cama, observando el teléfono, ya un poco más tranquilo y esperando que su compañero se tranquilizara también.
Debería estarse limpiando y acomodando su ropa. Pero estaba demasiado absorto en sus pensamientos. Esos encuentros eran geniales y la verdad tenía orgasmos muy buenos. Pero últimamente le sabían a poco. Era un riesgo y tendría que sacrificar esos encuentros si todo salía mal, pero necesitaba más. Las llamadas ya le sabían a poco y no quería limitarse a fantasías y pensamientos.
Pensamientos que desembocaban a cosas como, "¿Con quién estará poniendo en práctica todo lo que me quiere hacer?" "¿Dónde lo aprendió?" "¿Quién le ha enseñado?" "¿Cuándo alguien se lo dé en la vida real me va a dejar?" ¿Y si ya tiene a alguien?" y demás incógnitas que le carcomían el alma pero que a la vez le daba miedo responder.
—Iwa-chan… —gimió un poco lastimero después de un rato, abrumado, enojado y queriendo colgar sin atreverse.
—¿Qué sucede? —respondió el otro chico, más tranquilo y con la voz un poco más plana.
Era de esas mil cosas que lo confundían. A veces parecía que Iwaizumi quería colgar nada más terminar, un poco hastiado, un poco aburrido.
—Nada —respondió al final, sin atreverse a decir más porque tampoco se trataba de salir con el corazón roto. Era una paja con algo de ayuda y ya. Que él estuviera medio estúpido y medio enamorado, eran cuestiones muy diferentes.
Se planteaba por milésima vez dejar de contestar esas llamadas.
—Buenas noches, Iwa-chan —agregó a modo de despedida limpiando sus manos con los pañuelos y tomando el teléfono para quitar el altavoz, listo para colgar e irse a la ducha por algo de autocompasión.
—Tooru —habló rápidamente Iwaizumi antes de que colgara—. No quiero seguir con estas llamadas.
Oh mierda. Pensó Oikawa intentando que eso no le afectara tanto como lo hacía. Iwaizumi pudo simplemente dejar de llamarle y que todo terminara de forma tranquila. No pisotearle de esa forma después de un orgasmo tan brutal. Eso lo hacía aún más miserable.
—Oh… —se mordió la lengua antes de agregar el mierda, no muy seguro de qué responder.
¿Qué se supone que debía decir ahora? ¿Gracias por las pajas increíbles? ¿Por favor no me dejes intentaré ponerme más creativo?
Alejó un momento el teléfono de su oído, dándose de topes con la otra mano por ser tan idiota hasta en sus pensamientos. Regresó el aparato a su oído cuando escuchó nuevamente la voz del otro.
—Quiero verte… —fue lo que alcanzó a escuchar en un susurro algo tímido.
El teléfono resbaló de entre sus dedos por la impresión, atrapándolo en el vuelo de forma casi cómica.
—¡Sí! —chilló antes de procesar cualquier otra cosa.
—Puedo no ser lo que esperas.
—Y yo soy seguramente la persona que más odiaras en la vida, tengo mala personalidad y me gusta burlarme de la gente y posiblemente me golpearás más de una vez y me terminarás odiando por siempre pero, por favor, Iwa-chan…
Estaba de rodillas en la cama, inclinando su cuerpo en una súplica, pensando que si Iwaizumi pudiera verlo le compadecería aún más, como si el tono lastimero no fuera suficiente.
Acordaron la cita para el día siguiente, decidiendo la hora, el lugar y la forma de identificarse.
Y tenía toda la pinta de salir horrible. No ser lo que esperaban, odiarse desde el primer momento y arruinar algo tan bueno. Pero algo dentro de Tooru le decía que eso era lo correcto, que era mejor que vivir día a día con la incertidumbre y correría el riesgo pasara lo que pasara.
Tengo hueva de explicar porqué el atraso, sinceramente.
